miércoles, 30 de diciembre de 2015

Lo que los argentinos estamos perdiendo


Foto tomada en el Centro Cívico. Bariloche, provincia de Río Negro, Argentina.

En un contexto de decadencia de valores y de arquetipos en la sociedad argentina, se expresan las formas más extremas y raras del nihilismo y del relativismo. El nihilismo como fenómeno palpable puede tener tres reacciones posibles de las que se conocen, dos de ellas provienen del mismo problema y mantienen una misma actitud pasiva, la tercera no:

-Mientras en algunos casos el nihilismo toma forma de pesimismo desde la misma raíz del problema en la falta de una cultura superior, una cultura que enaltezca los valores de la superación y de las más nobles virtudes -parafraseando a Denes Martos una vez más-, el criterio que caracteriza este momento viene atravesado desde una concepción filosófica anterior que contemplaba la seguridad intelectual y la conclusión definitiva en lo que siempre menciono como valores y conceptos absolutos. El pesimismo se manifiesta como una sensación de falta de continuidad con aquello que sentíamos que nos daba confort, seguridad y estabilidad, a saber, el conocer la verdad como algo palpable y como un fin alcanzable, lo cual es imposible de lograr, así como también es imposible determinar con absoluta seguridad y certeza, lo que es "verdad". Más aún, esperamos del mundo que nos rodea algo seguro, verdadero, no-contradictorio y estable, y nos encontramos con la dureza real: inseguridad, falsedad de lo verdadero, contradicción e inestabilidad, naturalmente esto es lo que nos lleva al siguiente planteo: o la realidad está equivocada, o nosotros estamos esperando ingenuamente todo lo que antes mencioné demostrado erróneo.

-Otra de las formas, y quizás la más problemática, es la que deriva en el romanticismo y en el amor por el pasado, a veces un pasado vivido, y en el caso más absurdo, de un pasado relatado por otra persona. Este afán por épocas anteriores muchas veces proviene del mismo problema que tienen muchos de no poder separar lo racional de lo sentimental, acaban entonces justificando posturas absurdas, muchas veces con un gran bagaje lógico, pero cuyo criterio inicial está equivocado. Es a lo que llamó un gran conocido mío usar argumentos racionales para defender un pensamiento de origen no-racional, como ejemplo, se puede ilustrar una persona que no puede evitar quebrar en llanto por ver una propaganda política donde ve la bandera nacional flameando, siendo víctima del vil engaño que conlleva ese patriotismo decadente que lleva a un nacionalismo artificial, el cual es harto peligroso, puesto que las formas más fanáticas y violentas de ese nacionalismo artificial, han llevado a contiendas nefastas, y enfrentamientos de naciones hermanas avalado por una inmensa mayoría gracias a la prensa local, en beneficio de un grupo muy reducido que sustenta un interés económico en disputa con otro grupo reducido de igual forma. Es decir, el nacionalismo artificial toma un patriotismo decadente de una nación sumida en la miseria de todo tipo para hacerse con cualquier iniciativa, incluso, llevan a convencer a un sector de la población entero de que no hacen lo que efectivamente sí hacen, y que nunca harían lo que ya hicieron. Cualquier parecido con la realidad nacional reflejado en este escrito, es mera coincidencia.

-La tercer y distinguida forma de reacción, ya comprende una forma no-pasiva, incluso más aún, una que es activa, que plantea abandonar el pesimismo y superar el romanticismo, desde una visión realista, sumado a una actitud superadora y autónoma. Esta autonomía se basa en la capacidad de poner toda creencia, valor heredado e ideología a un lado, para poder pensar con claridad y establecer un criterio válido para un correcto análisis de la realidad, y recién ahí se podrá dilucidar un ideal. Pero no nos confundamos, este idealismo no se trata de regresar a la vieja concepción filosófica de valores eternos y absolutos, sino de considerar los nuevos valores perceptibles de ser evaluados constantemente así como se evalúa la realidad cambiante, poder someter estas ideas a revisión y en momentos en que no logren responder de forma favorable al contexto en que se vive, se descartarán o se modificarán de forma que sí lo hagan. En una realidad -como describí antes- inestable, insegura y casi siempre poco confortante, es menester hacer el esfuerzo por sobrellevarla y dejar atrás todas las soluciones decadentes que quieren imponer algunos por un capricho personal, que evaluadas desde su origen, no resisten análisis alguno.

Habiendo abandonado el pesimismo y superado el romanticismo absurdo, ¿somos capaces de dar el salto desde la fina cuerda que separa lo anterior hacia lo nuevo? Sólo así se puede plantear un nacionalismo auténticamente viable y adaptado a la visión de este siglo y nuevo milenio que recién nace. Una vez más, los ideales y los proyectos son para aquellos que se atreven a soportar un poco más de historia sobre sí, y pueden sentirse aliviados una vez que lo hacen, ya que ésto les garantiza la autonomía necesaria respecto de sus propios valores, creencias e ideologías, que no es abandonarlas, sino que es al fin y al cabo, la 

Lucas Cianfagna.-

No hay comentarios.:

Publicar un comentario