El 10 de junio es el dia del reclamo por nuestros derechos soberanos sobre Malvinas, islas del Atlántico Sur y el sector de proyección en la Antártida.
Tenemos nuestra historia entera marcada por la expansión hacia el Sur. La conquista del desierto y la Patagonia argentina, nuestra incipiente pero firme proyección naval y de presencia antártica, las diligencias diplomáticas que nos ubicaron en el reclamo antártico desde 1958.Hoy, ante un mundo que se re-ordena en bloques de influencia geopolítica, es decir, la geopolítica vuelve a marcar la tónica del debate internacional, esto sumado a los bloques conformados: Eurasia, Este de Asia y América para americanos; esto nos lleva a sostener las posiciones actuales pero también a profundizar las acciones de Estado sobre nuestras posiciones.En 2048 vence el Tratado Antártico, y si algo no podemos dejar pasar es la oportunidad que nos dan esto 23 años para seguir equipando y diversificando el potencial de nuestras FF.AA., ampliar nuestra presencia en el Atlántico Sur para un dominio efectivo de nuestro mar, y expandir nuestras actividades en el sector antártico que aún nos corresponde para que el día de mañana podamos sentarnos en la mesa de los grandes, por fin, a que nuestra voz sea escuchada y no nos quedemos en el lamento y la declaración eterna ante la ONU.Estos son nuestros intereses vitales, nuestros códigos geopolíticos, los que deberían ser la columna vertebral de la articulación de toda política de Estado y de defensa, porque la estrategia nacional en defensa no implica sólo a los sectores militares, sino logísticos y contempla incluso la necesidad de una economía robusta, con fuerzas productivas que tengan libertad de acción por un lado, pero con el rumbo trazado hacia armonizar esa libertad con nuestros intereses nacionales.Son estos códigos geopolíticos, los que nos tiene que recordar que más allá de cualquier situación regional o mundial, nuestra prioridad somos nosotros mismos, porque entendiendo esto hacemos el mejor aporte a la civilización que honramos en los mejores momentos de nuestra historia. Son estos códigos geopolíticos lo que nos tiene que hacer recordar esta simple pero esclarecedora frase: Nuestro norte es el Sur.Lucas Cianfagna.-
martes, 10 de junio de 2025
Nuestro norte es el Sur
miércoles, 4 de junio de 2025
4 de junio: Argentina es Occidente a su manera
Revuelta de Argentina contra el status quo mundial
El Grupo Obra de Unificación (G.O.U.), un grupo de jóvenes oficiales decidió tomar el poder ante una sucesión de gobiernos que habían socavado las instituciones mismas del Estado argentino y habían puesto en peligro a la institución misma de las Fuerzas Armadas (FFAA). Imbuidos en aspiraciones nacionalistas y de forjar un destino de país industrial y tecnológico, decidieron que no había mejor sector que el militar para encargarse de aquellos segmentos productivos que se identificaban como estratégicos, era otra época.
Esta rebelión contra el "sentido de la historia" significó también establecer una hipótesis de conflicto seria: el avance del comunismo y de los "frentes populares" que desde Chile instigaban secesiones territoriales. Al igual que previendo el resultado de la SGM, intentarían liderar un proceso político que dejara a la Argentina en una mejor posición a nivel geopolítico.
Argentina estaba dispuesta a combatir el comunismo y ser occidentales, pero a nuestra manera, con nuestras propias aspiraciones, y sin atender discursos únicos, algo similar a lo que podría pasar hoy, con otra tónica y otras ideas. Cosa que tiempo después de aquel evento significó el proyecto de inserción e integración de Argentina a nivel regional desde su propio liderazgo como país en el Fin del Mundo, encabezado por uno de aquellos jóvenes oficiales del 43, el entonces Cnel. Perón.
La herencia en Argentina
Significó el comienzo de un antes y un después, en lo bueno y lo malo para la política argentina, sin dudas. Porque con aquel acontecimiento surgiría el peronismo, y ese particular modo de hacer política que sería objeto de amores y odios vicerales. Surgiría también algo no menor, que es el nacionalismo argentino desligado de esa reivindicación puramente religiosa y se abriría una vertiente que estuviera más preocupada por los temas de interés nacional y de valor estratégico, así como también de todo aquello que hace a la identidad argentina, más allá de la religión católica. De igual manera podemos decir que fue uno de los tantos y extendidos intentos en todos los países hispanohablantes del continente de depurar, reformar o revolucionar sus FF.AA. y darles, según el caso, el rol que la situación y el contexto de época les reclamaría.
La lucha por la integración y la presencia soberana efectiva sobre el territorio ha sido una bandera de aquellos años, y que por decisiones o negligencias ha resultado en el tiempo aún una deuda pendiente para el pueblo argentino. Con la vuelta de la democracia hemos confundido el repudio a los años más oscuros de la historia con el desarme, la indefensión y el camino hacia la irrelevancia geopolítica que tantas veces hemos mencionado en este espacio, por el cual no queda otra alternativa que reajustar el criterio más allá de ideologías del momento (o momentos anteriores) y actuar con las herramientas que tenemos.
Actualidad geopolítica
El mundo ante el cual nos perfilamos es similar al de Yalta, podríamos decir a la manera del especialista Guillermo Lafferriere que es su versión 2.0. La estrategia propuesta por Kissinger en 2021 al entonces presidente estadounidense Biden de generar un ordenamiento de tipo tripolar con Rusia y China en posiciones más o menos equidistantes no fue oída por el demócrata (o por quienes tomaban las decisiones en realidad), llevando la tensión con Rusia a niveles muy elevados, mientras que se buscaba por otro lado mantener la disputa comercial con China, haciendo que ambas potencias se unan por el espanto.
Si bien el gobierno de Trump buscaría desde antes de asumir bajar las tensiones con el gigante de Moscú, tratando de mediar un alto al fuego con Ucrania y hasta aceptando culpar a Zelensky (no sin razón) del endeudamiento sin ningún horizonte real de victoria ante la avanzada de Putin; hoy día la imposibilidad de frenar los esfuerzos bélicos europeos de la OTAN y del mismo Zelensky han resultado notablemente frustrados. Esto se ve en las operaciones con drones y ataques varios a puntos clave en territorio ruso por parte de Ucrania, lo que estaría logrando tensar los ánimos en Eurasia, por lo cual se estaría dando el escenario advertido tanto por Aleksandr Dugin como por el presidente argentino Milei de que Rusia lideraría ese bloque y China el Este asiático, con el diferencial de que ahora sería una suerte de repartición de sus respectivas zonas de influencia pero sin que Occidente logre explotar alguna de las tensiones entre ambos, por lo cual, terminarían más bien unidos que distanciados.
En este escenario, resultaría difícil que el advenimiento del Yalta 2.0 con otra Guerra Fría no ocurra. Razón por la cual, nos conviene rever qué se hizo en el pasado, qué tipo de acciones de política exterior estuvieron bien y cuáles tendríamos que evitar en pos de que Argentina saque el mayor provecho posible. Desde haber adherido a la alianza con el EE.UU. de Trump resultaría en un problema menos para nosotros, pero aún queda ver si los vínculos existentes con China nos llevan a alguna posición comprometida o no. Si Argentina va a ser nuevamente Occidente, lo tiene que ser como en aquella Guerra Fría, buscando garantizar sus códigos geopolíticos en lo que hace al gran largo plazo de nuestros intereses, y no apuntar a un nuevo Consenso de Washington, sabiendo que no podemos ni debemos de ninguna manera volver a la postura de décadas anteriores de un latinoamericanismo adolescente, del cual afortunadamente hemos salido.
Conclusiones
Teniendo en cuenta que estamos ante un escenario geopolítico de bipolaridad 2, conviene apoyarse en todo tipo de alianzas que nos permitan el contrapeso necesario para lograr que aquellos objetivos de largo plazo que hacen a nuestros códigos geopolíticos no se vean comprometidos, pero para ello, primero hay que hablar de cuáles son y por qué son irrenunciables, esto es: Malvinas, presencia en el Atlántico Sur y la proyección antártica. Rivalizar a nivel regional con EE.UU. no sólo sería innecesario al día de hoy sino incluso contraproducente, por lo que la estrategia debiera ser, a nuestro modesto criterio, la de equilibrar la lucha occidental por los valores de la soberanía y la libertad, mientras se mantiene la exigencia en nuestros reclamos. Esto nos tendría que llevar a hacer un fuerte hincapié en lo que parece ser el perfilamiento internacional, bloques de influencia regional; si en el Norte lidera EE.UU., nosotros debemos hacer lo propio en el Sur, de manera conjunta.
De esto podemos aprender de la historia de los años 40 y 50, tomar lo que nos sirve y descartar lo que no, entendiendo que más allá de las similitudes cada momento tiene lo propio y se debe a sus propias circunstancias. Sin duda podemos dividir a la historia caprichosamente en momentos económicos distintos, aciertos y errores, bandos ideológicos, como ya estamos acostumbrados. Pero más allá de eso, no deberíamos dejar de recordar aquellos momentos clave en el quehacer geopolítico de Argentina, y del cual podemos hoy rescatar aquel sentido soberanista y de construcción del poder nacional que se proyectaba, y aún más importante, entendiendo que hoy al igual que en aquel entonces, podemos y debemos exclamar que los argentinos somos Occidente, pero a nuestra manera.
Lucas Cianfagna.-
domingo, 20 de abril de 2025
🔥 Somos Occidente, porque somos la Luz de la mañana
sábado, 11 de enero de 2025
🚫🗡 RETÓRICA ANTI-FASCISTA, ¿de dónde viene?...
La retórica "anti-fascista" viene de la propaganda de guerra stalinista como arma no sólo frente a la invasión efectiva de Alemania al territorio soviético, sino que fue más útil aún al comenzar la Guerra Fría, más teniendo a su favor la existencia de Gladio, de lo cual los soviéticos sabían muy bien y lo emplearon como arma de disciplinamiento interno y combate de la disidencia dentro del campo socialista.
Caído el Muro de Berlín esta retórica fue curiosamente adoptada por la socialdemocracia para apuntar contra cualquier disidente del "consenso" político establecido de partidos de centro. En este mismo contexto surge la famosa agrupación Antifa, cuyo dinero de grandes banqueros y magnates es bien conocido, precisamente de los mismos que integran el staff permanente de Davos.
Ahora bien, ¿contra qué combaten? La respuesta obvia y automática sería "contra el fascismo", pero como tal el fenómeno fue propio de la Europa de entre-guerras, ante un contexto cultural prácticamente irrepetible (Sternhell,1998). ¿Entonces?
Muy simple, su único y verdadero enemigo es el de quienes los financian, es decir, todo lo que representa ser OCCIDENTAL, desde lo más profundo. No me refiero a un aspecto religioso, sino civilizatorio, y como toda civilización, sus enemigos se gestan adentro y utilizan cualquier retórica para lograr sus fines.
A este enemigo hay que resistir, porque es el enemigo de la libertad y la identidad que tenemos dentro.
Lucas Cianfagna.-
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