martes, 22 de diciembre de 2020

Cabalgar la post-modernidad ✳️


"En una época de disolución éste es pues el fondo esencial de una concepción de la vida apropiada para el hombre referido a sí mismo que debe dar prueba de la propia fuerza. Ser centrales o convertirse en centrales a sí mismos, constatar o descubrir la suprema identidad consigo mismos, es la contrapartida de todo esto."
Julius Evola

La trampa de la post-modernidad comienza a verse hoy, al igual que con su nacimiento se había visto la trampa de la modernidad misma, como quien descubre que ante conductas aparentemente contradictorias, un hijo termina comportándose sin saberlo, como su padre. 

Los relatos de la modernidad ya fueron duramente rebatidos por una gran cantidad de pensadores y filósofos de todo tipo de orientación incluso ideológica. Pero lo que la modernidad nunca se esperaría es que su propia profundización ("post" ya no en un "luego de", sino en un "ultra" de la modernidad) llevaría a la destrucción de sus mismos postulados, algo equivalente a la mística figura del ouroboros, aquella serpiente que girando sobre sí misma acababa devorándose su cola.

Aquellos postulados que invitaban a evaluar lo más sombrío del pasado y proyectar un futuro de luz, aquello es finalmente derribado como un castillo de naipes, donde este paradigma actual termina deconstruyendo el presente y borrando toda posibilidad de futuro cierto. Pero antes de hablar de categorías en sí mismas, es preferible en todo caso ir de la praxis filosófica a la idea, y no viceversa, para asegurarse de no contaminar la realidad con intentos etiquetadores, es decir, ver las cosas como son y en todo caso de la elaboración que surja, podremos luego definir. Por supuesto que no faltará quien me diga que esa es una definición, y es cierto, pero eso no hace menos necesario el enfoque.


En primer lugar, primero descartemos los intentos retardatarios por hacer una crítica a la post-modernidad con el ideal de volver al pasado, tal cosa simplemente no existe. Ni tampoco la actitud apropiada sería el de "retrasar" el tipo de devenir que esta época brinda, porque además de ser imposible, resulta en una pérdida de energías que no conduce a ningún lado. 

En segundo lugar, convendría en todo caso analizar el estado de cosas y sobre todo entender cuáles son las fuerzas que traccionan a la humanidad en lo general para que incluso el caos generalizado siga, irónicamente, algún tipo de sistema global, identificarlo, y tomar sus mismas herramientas para hacerlas propias, y valernos de esa misma fuerza para su superación. En resumen no sería más que identificar lo real, y hacerlo propio.

La época pre-anunciada por Nietzsche es la consecuencia del latente nihilismo occidental a partir de aquel proceso iniciado con la modernidad, y tal vez un poco antes, donde los valores absolutos que habían caracterizado a este hemisferio se verían cuestionados finalmente para llegar a una relatividad "absoluta" de los valores. La premisa deconstructiva no es más que una burda interpretación de Heidegger, quien trató de advertir y generar una vía para esta época. Al igual que con Nietzsche, los apologistas de la post-modernidad se jactan de terminar de barrer con todo vestigio de valores y tradiciones que han hecho de Occidente lo que fue.

Al punto es la negativa de aceptar todo lo que signifique "ser" para estas personas, que hasta su propio paradigma se define desde su nombre de forma retórica. Creo que acá estamos entrando en un punto importante para hacer una caracterización dual, no absoluta en sentido abstracto, pero sí sirve a modo de "tipos ideales", como lo puntualizó Carlo Michelstaedter: por un lado existen los retóricos, quienes precisan un punto de apoyo exterior para definir una identidad, y por otro lado, los persuadidos, quienes encuentran ese punto de apoyo en sí mismos.

La post-modernidad parte de una noción que bien podría considerarse de puros "retóricos", donde buscan definiciones a partir de lo que "no son", lo cual en principio no sería un problema, excepto en la falta total de direccionalidad, en su activismo irracional y su culto al vitalismo que no va más allá del racionalismo, sino que decae y va hacia lo infra-racional, en una especie de "retorno a la caverna". Los irracionalistas de hoy, como hijos de su autoritario padre "racionalidad", son el vivo ejemplo del engaño que significó la modernidad en cuanto a "evolución" de la humanidad y "progreso" hacia el cual teóricamente íbamos, sino por el contrario, fue un terrible regreso, una regresión que ha fragmentado las distintas dimensiones de la realidad para hablar de "razón-no razón", donde el resultado de esa dialéctica terminó dando el resultado inesperado: triunfó la no-razón, cuando en todo caso se debería tratar de un triunfar más allá de la razón, más allá de las pequeñas dualidades que nos quieren resolver en una indiferenciada identidad.

Luego, la trampa de la post-modernidad queda entonces a la vista, el culto por lo irracional y por la fuga del sí mismo, la evasión al auto-conocimiento, viéndolo en perspectiva, parece más un retroceso lento pero sin pausa desde el saber de nuestros padres de Occidente, al completo caos e indiferenciación de los sujetos, sujetos que fueron producidos en serie bajo el dogma racionalista anteriormente, y que luego serían producidos en una "auto-percepción" que no es más que un perderse más en las brumas de lo general, un no-ser que es defendido y militado, la pesadilla de cualquier filósofo de algunos siglos atrás se haría realidad.


Ahora bien, hay otro problema que no tiene que ver ya con las fuerzas propias de esta época y de este paradigma cosmológico, sino que atañen directamente a quienes han tratado de dar soluciones. Como mencioné al principio de nada sirve la actitud de retrasar un tal proceso, ni mucho menos pretender volver al pasado, esa es otra ilusión propia de esta época donde la auto-percepción se zambulle de lleno en el absurdo. Tampoco es la respuesta de algunos que proponen aceptar la situación  tal cual es y simplemente dedicarse a surfear la interminable serie de olas, como si se tratase de un nuevo "fin de la historia" donde el apocalipsis ha llegado y sólo nos queda ver si sobrevivimos a un nuevo cataclismo. 

Si bien la actitud inicial de aceptar las cosas como son es viable, se deben tener consideraciones: por un lado, aceptar el nihilismo y reconocer que estamos en una época de abismo donde el vacío también a menudo mira dentro de nosotros, como diría Nietzsche, pero también, entender que no debemos identificarnos de modo alguno con las corrientes anímicas y emocionales de la época. La ansiedad y la angustia son síntomas prácticamente universales en este tiempo, pero no debemos identificarnos con ellos, sino reconocerlos en nosotros como algo a combatir y aceptarlos hasta el fondo, porque sólo con una fuerza tal se puede poner fin a esto en nosotros mismos.

El vacío, que es algo que compone el núcleo de la esencia de las cosas, el núcleo donde las cosas se crean y el punto en el cual las cosas fueron destruidas. De cualquiera de las dos maneras, se trata de un punto cero, el cual nos da la clave desde el mismo origen del universo y de las constelaciones, de que el vacío lejos de ser un callejón sin salida, representa la clave para generar nuestra propia edad de oro, constituye la esencia de las cosas (el famoso sunyatta). Pero entendiendo que nunca será posible una tal cosa en lo exterior hasta que no hallamos hecho el recorrido interiormente, de lo contrario, seguiremos conformando la indeterminada identidad, como la fuerza de un mortero que muele todo formando una misma "cosa", proyectando la fuga del sí mismo en ese proceso colectivo disolutorio.


El punto cero puede verse como paisaje en las horas clave previas, tanto al amanecer como al atardecer. El punto cero del día que representaba la hora propicia para meditar y contemplar para muchas tradiciones, es una referencia distante pero no menos importante de que aceptar el vacío es la clave de usar la misma fuerza nihilista, ya no con fines destructivos, sino como impulso de aquella fuerza que todo lo tracciona, para llegar al resultado sin que la mente se rompa. Aquella falsa dualidad de fuerzas que ha quedado como herencia no deseada en esta época, es lo que nos hizo caer en primer lugar como Occidente, de lo que nos tenemos que levantar desde el vacío.

Cabalgar este gran tigre de fuerzas elementales y caóticas es la mayor prueba que se nos pueda presentar, donde quienes pueden permanecer sin que su mente se rompa, puedan exclamar con calma imperturbable: "me he probado a mí mismo, y en ese probar, he probado ser yo en toda circunstancia".


Lucas Cianfagna.-

jueves, 28 de mayo de 2020

🌎 Biopoder y Relaciones Internacionales





"Esta nueva forma de dominación de personas y de pueblos es mucho más eficaz que la dominación por la disciplina que se impone desde afuera de las personas o de los pueblos. Porque cuando una nación o una persona se ve agredida desde afuera, sus convicciones íntimas, sus sentimientos más entrañables, sus ideales más elevados, suele tomar distancia del agresor, atrincherarse en sí misma y disponerse a la resistencia."
Marcelo Gullo - ("Relaciones Internacionales: Una teoría crítica desde la periferia sudamericana")




Habiendo transcurrido casi 3 meses que se declarara esta enfermedad pandémica, necesitamos ajustar la visión y tener en cuenta que toda perspectiva de futuro tiene que ser por un lado tratando de comprender el fenómeno en todas las dimensiones posibles (enfoque integral en lo posible), y por otro lado, no olvidarnos nunca que nacemos en un lugar, tenemos un rol y una situación particular la cual nos obliga a poner siempre los pies sobre la tierra (situarnos).


Si hablamos de las relaciones internacionales no podemos obviar todo lo que ya se vino hablando antes de la pandemia inclusive, como lo es la guerra comercial entre China y Estados Unidos, por un lado, y todo el contexto de rechazo progresivo hacia las instituciones globales, las cuales no eran tan neutrales ni desinteresadas como se creían, algunos ya lo pensábamos, pero esto empezó a cobrar más sentido y relevancia. Este rechazo al globalismo como paradigma o "interdependencia compleja" en el cual "todos dependemos de todos de forma cada vez más equitativa, y los organismos son entidades neutrales que velan por esos valores cooperativos" vino hace tiempo nutriendo las posturas oficiales para tratar el tema y los lugares comunes de todo el que opinara algo sobre el sistema internacional. Pero con la pandemia se hizo evidente que aquello no era así, por ejemplo, a causa de las mentiras de la Organización Mundial de la Salud y el encubrimiento que realizó al Estado chino, lo cual logró que hasta un país adepto al orden internacional como Alemania pidiera explicaciones de forma enfática. 

Podemos también mencionar el caso de cómo Taiwán trató de aportar información sobre el origen del virus y la negativa constante de escucharlos por parte de la OMS a pedido expreso de China, se suma a otra de las contundentes evidencias que muestran que los organismos no son ni neutrales, ni desinteresados, menos aún con el expreso interés de Bill Gates en todo esto marcando el terreno y no sólo ofreciendo una vacuna patentada para la venta, sino incluso su inquietud por "reducir población a nivel mundial al menos en un 15%". Dejando de lado posturas conspirativas, no es exagerado decir que quienes tienen intereses y los han defendido hasta cierto punto "disimuladamente" hoy cuando se juega el sistema internacional, salen a la luz porque peligra su credibilidad.


Las teorías oficiales mismas explican esto sin necesidad de recurrir a fuentes conspirativas, el paradigma de "interdependencia compleja" o conocido como globalista, expresa que las mismas instituciones tienden a equiparar las condiciones que son cada vez más desiguales, y ayudar a que los países subdesarrollados puedan tener una compensación concreta, económica, por medio de las instituciones; traducción: las instituciones globales están para ayudar a los Estados más desfavorecidos. Eso dice la teoría, si vemos los números o si quiera la situación de los países, la realidad es todo lo contrario. Ahora bien, ¿cómo se puede sostener tales premisas de forma seria habiendo una contradicción tan grande? Si tomamos como base que la población mundial tiene un crecimiento que tiende a ser cada vez mayor (se acelera) la única forma de mantener una premisa de "equiparar las condiciones con compensaciones" al menos nos dice algo, que los recursos alcanzan cada vez menos, y si no hay voluntad en que cambien las condiciones para la producción y la distribución de recursos, queda por tocar una variable: la población.

Aún suponiendo que podamos descartar la intención de reducción poblacional o incluso el desestímulo a la reproducción en países subdesarrollados, ¿en qué condiciones nos van a dejar seguir aumentando la población? ¿Cómo será la "nueva normalidad" luego de que todo termine peor para los aparatos productivos nacionales que se han dejado engatuzar por la interdependencia y que ahora necesitan más de ellos mismos que nunca? ¿De qué forma podemos esperar a que el sistema internacional nos muestre un escenario más optimista? Si la nueva potencia que se perfila no va a compartir los valores morales de la democracia liberal como se la conoce, sino incluso el control y la vigilancia por medio del gobierno/partido oficial, como lo es China. Teniendo en cuenta de quién estamos hablando y qué volumen de población tiene, ¿no notamos una relación directa entre la población y la capacidad productiva/industrial y como factor de poder a nivel inernacional? Casualmente los países que pertenecemos al "subdesarrollo" tenemos déficit poblacional, y en casos como el de Argentnia puntualmente, pésima distribución.
 
 
Yendo a lo concreto, los dos grandes tipos ideales que se pueden identificar como denominador común en la historia de la humanidad respecto de las relaciones políticas han sido siempre las unidades políticas con o sin territorio, como lo marcó brillantemente Marcelo Gullo. La evolución de la humanidad ha ido siempre hacia integraciones mayores, con períodos de retroceso o con casos de excepción, pero las integraciones humanas corresponden a un mismo proceso geológico, de lo que fue la Tierra como una unidad de espacio, fragmentada en los continentes y luego el ser humano creando cultura y unidades políticas a partir de lo poco que encontró en un comienzo para ir relacionándose con las otras unidades, con todo lo conflictivo que eso representa. Estos dos tipos ideales los podemos identificar hoy, del lado de las unidades políticas territoriales como los Estados-nación y las no territoriales como los organismos internacionales, ONG y empresas transnacionales. El comportamiento de ambos ha sido históricamente el mismo, más allá de las formas particulares: las unidades polícas con territorio han tratado de asentarse, crecer y expandirse, mientras las unidades políticas sin territorio (antiguamente los nómades) han tratado sistemáticamente de vivir de aquellas primeras sin necesidad de hacer lo mismo y soportar las reglas que una unidad política impone.

La universalización de la "humanidad" y el "encuentro" entre culturas hoy pareciera que quiere ser garantizado por las unidades que históricamente no tienen territorio y han querido vivir siempre de las que sí, ¿no resulta llamativo? Siendo que en realidad han sido las unidades políticas territoriales las que han buscado expandirse y con ello extender cultura, con mejores o peores resultados, pero al menos siempre ha sido un proceso natural de evolución de la cultura, y no una imposición arbitraria y violenta de los que nunca han desarrollado nada, como ocurre actualmente con los supuestos "organismos neutrales". A esto habría que agregar el enfoque que comenzó a traer Michel Foucault en su momento llamado "biopoder", porque tiene que ver puntualmente con algo civilizacional en Occidente, y su causa se encuentra en el fundamento de la modernidad. 

La misma causa de desintegración de las grandes unidades tiene como origen la ausencia de objetivos, y esto vale para una unidad política llamada "Estado", como para un individuo llamado "persona". La ausencia de un horizonte que trascienda la mera preocupación por el "acá y ahora" es lo que convierte en desesperación y abandono de sí tanto a una nación como a una persona. ¿A qué voy con esto? Los pueblos que integramos esta civilización hemos perdido toda idea de futuro y de un destino propio, pero de esa situación se ha hecho un sistema internacional, entonces nos cabe preguntarnos: ¿de qué manera estamos viviendo? ¿Somos siquiera dueños de nuestra forma de vida "animal" o más bien somos llevados hacia ella de forma pasiva? El biopoder se nutre específicamente de esto, de nuestro olvido de que no sólo podemos vivir, sino también tenemos la capacidad de crear cultura, o sea, de "vivir bien". El biopoder definido como la interferencia en la libertad de las personas por el gobierno directo hacia sus vidas y sus cuerpos, se ve manifestado en este paradigma de las relaciones internacionales, que han hecho del ser humano un animal de consumo y una bestia a domesticar, lejos de la idea de derechos humanos, estamos ante un paradigma de vigilancia y control que tiende a la bestialización de la especie. Lo cual también está lejos de una humanidad re-encontrada e integrada en lo universal.


Lo que se juega en esta época es aquella contradicción civilización vs cultura, donde a la primera la caracteriza la técnica independiente del dominio humano como paradigma, y a la segunda la voluntad y libertad humana de conocerse a sí mismo y emplear la técnica como lo que fue en su origen, un arte (techné en griego). La civilización es lo que conocemos hoy como el impulso hedonista por satisfacer placeres inmediatos, nos comportamos como animales sin el freno instintivo que ellos tienen por costumbre para sobrevivir, y esto es porque no entendemos la verdadera potencia que significa la dimensión humana. Como diría Nietzsche, el humano es una cuerda entre lo bestial y lo que es superior a lo humano (superhombre), la civilización ha tratado de vivir en esa cuerda, sin darse cuenta que estar en la cuerda dura poco y que más temprano que tarde, se termina cayendo en lo bestial, por no elegir superarnos a nosotros mismos. 

Si en cambio nos planteamos recuperar los objetivos, conocernos a nosotros mismos y descubrir qué significa ser argentino, sudamericano, occidental, es mucho más probable que entendamos a nuestra propia manera, qué es ser humano, pero si no empezamos por casa, nunca vamos a poder abarcar todo. ¿Vamos a decidirnos entonces construir cultura, tener voluntad de poder (posibilidad) y decidirnos que como nación, como continente y como hemisferio, ser la mejor versión de nosotros mismos? Alguien podría decir, ¿qué tiene esto que ver con las relaciones internacionales? Pues diría que tiene todo que ver, porque las relaciones internacionales entre países hoy está construída mediante la civilización de la técnica exacerbada, sin ética. La posibilidad de cultura no la podemos esperar de los organismos que viven de este estado de cosas, sino de nosotros mismos aceptando de dónde venimos para plantearnos a dónde queremos ir, y en esa confluencia de voluntades habrá una integración, no ideal ni antojadiza, sino real.
 


Lucas Cianfagna.-

viernes, 22 de mayo de 2020

🏰 El origen realista del Estado


"Sólo en función del Estado la nación existe, posee un conocimiento de sí, una voluntad, una superior realidad." Julius Evola


¿Por qué cuando se habla de "nacionalismo" suele haber un rechazo que surge de forma natural? ¿Por qué se habla de "nación" de forma autónoma y ligada solamente a su historia y costumbres? ¿Por qué se habla del Estado sólo en sentido economicista, de "cuánto recaudo" y "cuánto puedo gastar"? ¿Por qué se hace una diferencia radical entre idea y realidad? Voy a basarme en estas preguntas para ir desarrollando y revisando algunos equívocos.


Para empezar, no es de extrañarse que cuando uno escucha o lee "nacionalismo" lo primero que viene a la cabeza son personas adoctrinadas y vestidas de manera uniforme queriendo imitar alguna época pasada a la cual muchas veces ni conocieron y sólo idealizan en la historia (estudiada ésta de forma parcial y sentimental). Esto pasa porque crear conceptos y nuevas formas de abordar un principio requiere: primero conocer el principio y mantenerlo en su propio plano (alto), en segundo lugar, no confundir el principio o idea con una o varias maneras históricas en que ese principio se ha expresado en el tiempo (bajo), y tercero, tener incluso la capacidad de luchar contra los que "siempre quieren volver" a épocas que nunca volverán y atreverse a sufrir sus consecuencias para que ese principio viva una vez más.

Por otra parte, cuando se habla de "nación" se la suele asociar en sentido puramente histórico y hasta territorial (biológico), ¿y por qué no? Positivista. Cabe aclarar que no tendría ningún problema en que se defina de esta manera si no fuera por el hecho de que en teoría se está hablando de política, y para hablar de política los conceptos no admiten vaguedades ni equívocos. El sentido político de la nación se lo otorga el estatus producido por la unidad política ("status" romano, significa "modo de ser del pueblo"), o sea, el Estado, más allá de la forma contingente e histórica que tenga en el tiempo, el principio que trasciende la historia es el que nos interesa. Siendo el Estado entonces definido en su principio e idea, más allá de la forma específica que adquiera en cada momento histórico, estamos entonces ante un principio formativo, ¿y qué sería lo que forma? La nación. ¿Por qué? Porque el concepto de nación es político, y al ser el Estado lo que presupone el concepto de lo político en cuanto a unidad, la nación vendría a ser la manifestación de ese principio de unidad expresado en el tiempo y lugar que toca.
 
Continuando con esta línea, el hecho de que sea el Estado definido por lo que recauda, lo que gasta y lo que reparte, debería ser por lo menos un chiste de mal gusto. Si el Estado lo podemos definir como un principio que unifica y sintetiza lo político más allá (repito) de sus expresiones históricas, ¿qué tendría que ver esto con una función puramente administrativa y hasta a veces sólo burocrática? ¿Cómo vino a menos un concepto fundamental en una simple función mecánica? Como siempre, esto nos obliga a bajar al terreno de la historia, y en esto retomamos las líneas sobre la definición de una derecha política, y nos encontramos con que todos estos equívocos se deben a una idea común que proviene de un fundamento de izquierda, o sea, anti-estatal, anti-jerárquico y contra la legitimidad misma del Estado. ¿A quiénes me refiero? A los liberales. Principalmente por ser los primeros en ir contra la idea más fundamental del Estado, no nos engañemos, ellos mejor que nadie supieron contra qué estaban queriendo luchar, por ello el éxito ha sido rotundo y hasta persisten en el tiempo sus consecuencias, cosa que al socialismo marxista le ha costado más sostenerse, y para hacerlo no tuvo más remedio que adoptar de cierta manera el modo y pensar de liberales.


También hay que considerar una fundamental separación que se produjo con la degradación del Estado, y es la separación entre la idea y la realidad, que ha conformado prácticamente las dos columnas de los debates epistemológicos en todas las disciplinas humanísticas. Esta separación además de traer problemas, trajo consigo un equívoco del inicio, que es considerar que la idea y la realidad conforman dos planos diferentes de existencia, cuando las ideas no se tienen sino respecto a la realidad, y más aún, dentro de ella. La idea que trata de sustraerse de la realidad termina siendo aplastada por los hechos que no quiso ver, de la misma manera en que la realidad que no entiende que parte de un análisis de ideas para "ver las cosas como son", termina por no entender qué ideas confluyen y ordenan la realidad que percibe.

¿Cómo ocurre esto? Fundamentalmente porque se asocia "idea" a "sentimiento" ("cómo me gustaría que las cosas fueran"), y se asocia "realidad" a "números" o "las cosas son así y sólo podemos estudiarlas sin hacer demasiado". El hecho de que la idea no forme parte de la realidad, interpretándolo de alguna manera me está diciendo que "de la realidad mucha idea no se tiene", y que de no organizar lo que percibimos, sólo somos acumuladores de cosas sin ningún fin ni sentido. De cualquier manera, ya sea por aferrarse a la pura "idea" o a la pura "realidad, se desemboca en el fatalismo, y por tanto la libertad quedaría totalmente anulada, tanto porque la realidad no sea nunca suficientemente alta para la idea, o porque "las cosas son así y nada se puede hacer", o mejor dicho "no tengo idea de qué hacer con ellas".

El realismo político nunca deja de tomar como base principios y fundamentos, o sea ideas, por lo tanto no tendría sentido ni "realidad" separar ambas cosas. El punto de partida para una integración de la realidad en todos sus aspectos es desde las ideas, pero en forma operativa que se entienda que la única diferencia entre idea y realidad es el grado de intensidad de una respecto de la otra; en otras palabras, la idea es una realidad en potencia, mientras que la realidad es una idea en acto. Desde este mismo esquema práctico se entiende mejor la idea política de Estado, y el aspecto en que "forma" la nación que no existía sino en potencialidad, para que sea realidad pura, acto, y también la libertad tiene esa misma condición. 

Quizá entonces el punto importante sea analizar los grados mediante los cuales una idea pasa de ser pura idea a pura realidad, ya que ese intermedio es en lo que nos encontramos todos, en el día a día, en la acción cotidiana, y mucho más aún, en lo que haga o no un Estado que se precie ser soberano. La única pregunta que quedaría es, ¿qué permite recorrer los matices que existen entre una idea política y la realidad política? La respuesta es aquello que tenemos que recuperar para que haya soberanía del Estado y también libertad personal: la voluntad.


Lucas Cianfagna.-

viernes, 1 de mayo de 2020

🐍 Despertando al Leviathan



"El hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento, no encuentra obstáculos en su voluntad." 
Thomas Hobbes



Continuando la línea de lo que empecé definiendo como una derecha en sentido político autónomo y libre de determinismos económicos, me propongo continuar con algunas reflexiones en torno a la naturaleza del Estado en un sentido profundo.


¿Y a quién mejor para referirme que al maestro Hobbes en la definición concreta de Estado? Sobre todo me interesa en el antagonismo que plantea entre Estado vs Revolución personificado en las figuras míticas del Leviathan, como bestia del agua representante del orden estatal y la ley; y el Behemoth, como bestia de la tierra ligado a la anarquía y al fanatismo religioso, respectivamente. En el mito bíblico, el Leviathan siempre resulta victorioso respecto del Behemoth, siendo aquello una representación del triunfo del orden y la unidad política sobre el caos y la guerra civil permanente, que era el tema de la época de Hobbes (S. XVII).

En lo que me interesa indagar es en el fundamento del Estado, su núcleo y el concepto de libertad en que parece ser una contradicción a simple vista. La literatura economicista liberal ha tenido el atrevimiento de definir preceptos políticos y filosóficos partiendo desde la disciplina económica, herejía de la cual nos tenemos que encargar desde la filosofía política, puesto que los principios fundamentales si bien se inscriben y juegan en el campo de la materia, no están supeditados a ésta, ni al demonismo de la economía que nos tienen tan acostumbrados en esta época. A esta "guerra civil" conceptual sobre posturas antagónicas y definiciones equívocas, pondremos fin nuevamente invocando al Leviathan.




Lo que conocemos como Estado e individuo son conceptos que nacen juntos como nociones de contrato con la modernidad, es sólo un capricho de algunos revoltosos amigos de la anarquía que ponen estos dos conceptos en contradicción, cuando la noción misma de "Estado" nace para defender esta otra nueva noción llamada "individuo", que de no ser por un poder mayor al de los grupos sociales, éste quedaría absorbido completamente por ellos. Es decir, partiendo desde una base realista y no "idealista" de lo que "me gustaría que el ser humano fuera", el individuo sin Estado no sobrevive como tal.


Pero más allá de las razones prácticas, hay algunas otras que podrían llegar a servir al menos a modo interpretativo para entender por qué pasa esto en términos fundamentales. El individuo como palabra misma, expresa una entidad que no se divide, y el Estado al ser una unidad política en términos existenciales, tiene una clara similitud al individuo en un aspecto "macro" si se quiere. Podríamos decir que un Estado representa en gran proporción lo que un individuo es o aspira a ser cuando reúne y unifica todos los componentes contradictorios que lo hacen ser lo que es para mantener esa unidad o individualidad en el tiempo.



Si vamos al origen fundacional del Estado, se habla comunmente del "contrato" que existe en que los individuos renuncian al estado de naturaleza para recibir protección y seguridad, sin las cuales ni el comercio, la industria, el arte o cualquier otra forma de civilización es posible. No voy a negar eso de ninguna manera, pero sí quisiera ir más a fondo. Cuando hablamos de renunciar al estado de naturaleza en términos de nación y Estado, nos referimos a renunciar a la posibilidad de ejercer violencia dentro de la misma unidad política, ya que Hobbes escribió en una época donde el conflicto latente (por motivos religiosos) era insostenible, y digo latente porque Hobbes no habla directamente de una guerra civil desencadenada, pero sí del estado de naturaleza como esa "hipótesis de conflicto" que se da entre individuos, en los cuales la contienda está a la vuelta de la esquina y todo se vuelve inestable.

Es decir entonces, que hay una noción más bien psicológica en el posible conflicto que requiere plantear una resolución. Ahora, tampoco estoy diciendo que la solución es la de Hobbes, al menos no en su totalidad, para lo cual me gustaría traer a la mesa a otro autor que ha tratado esto, actualmente vigente en discusiones que refieren a la soberanía, el estado de excepción y la guerra civil, que es Giorgio Agamben.



Agamben señala algo de gran importancia en este sentido en su homo sacer, que es quizá el lado B de lo que implica el renunciar al estado de naturaleza en favor del poder estatal: el soberano como noción sagrada de lo que implica estar por encima de todos los grupos sociales, es de alguna manera el depositario de toda la violencia y "justicia por mano propia" a las que los individuos renuncian para otorgarle al Estado ese poder de ejercer violencia y justicia para aplacar lo conflictos.

Significa que el Estado es de alguna manera un sublimador de todo el estado de naturaleza agregado de los individuos, ¿pero qué pasa si consideramos esa noción a nivel individual? Que así como el Estado para crear orden y permitir la libertad entre individuos contiene todo lo que en potencia podría dañarlos por separado, el individuo podría tomar esa misma clave si hablamos del estado de naturaleza a nivel interno, inconsciente, que nos pondría en conflictividad con nosotros mismos y con las diversas tendencias que existen en la psique humana.



Si lo entendemos desde ese lado, un individuo sólo es libre respecto de sí mismo cuando logra unificar sus propias tendencias internas y las cohesiona en el sentido de su individualidad personal, lo que no significa negar los conflictos sino tener las herramientas "soberanas" para corregirlos e impartir "justicia" en sí mismo. De la misma manera podemos volver al Estado, para comprender que la libertad no sólo no es contraria a él, sino que incluso no podría darse sin él.

Así como la libertad es incompatible con un individuo librado a sus impulsos sin control alguno, la libertad al interior de una nación no es concebible sin un poder soberano que ordene aquel estado de naturaleza y permita la civilización y la libertad. Lejos de tomar la solución de Hobbes al pie de la letra, que ya sabemos cómo terminó en la historia, conviene tomarla desde la noción que tenemos sobre el ser humano en los aspectos más avanzados del pensamiento. Desde aquel entonces hasta ahora hemos incorporado la noción de inconsciente, la crítica a la racionalidad como objetivismo, la crítica al positivismo como un engaño; todo aquello nos tiene que hacer reemplazar el viejo paradigma hobbesiano del Estado-máquina/del hombre-máquina en el paradigma cartesiano, y tomar al ser humano en todo lo que conlleva, inclusive el aspecto negativo que estamos considerando sobre el inconsciente y el estado de naturaleza.



Como un apartado extra, ¿de qué manera podemos relacionar esto con la actualidad y el contexto que el mundo vive en las relaciones internacionales? Las naciones industriales como las conocíamos desde el desarrollo fuerte de la técnica están en franca caída por el paradigma globalista de degradación de la soberanía de los Estados, la incapacidad de decidir de un país por su propia cuenta sin que tal organismo, corporación o consejo internacional se sienta ofendido; a todo eso se le suma como mencioné anteriormente el avance Chino en la alianza explícita con estas instituciones y corporaciones, razón por la cual, debemos avanzar con nuevas reflexiones sin perder aquella herencia cultural e intelectual que hemos contruido como occidentales.

El Behemoth que simbolizaba para Hobbes en una bestia terrestre aquellas fuerzas que tienden a la anarquía y al conflicto por posturas fanáticas, todo lo que ha sido históricamente la amenaza a nuestra unidad como civilización, no es otra cosa que la expresión de nuestras propias debilidades, y hoy en el escenario político global se traduce en este declive del poder industrial y soberano de las naciones, porque como diría Marcelo Gullo, la industria es poder, y si no tenemos en cuenta esto, el conflicto latente a nivel social por la falta de empleo que ya existe, podría agravarse a escenarios de fragmentación territorial que serían irreversibles.

Esto nos tiene que llevar a recuperar las nociones de soberanía y de Estado que nos permita pensar en un mundo donde el juego político sea mucho más directo, más ligado al poder real de las naciones y no a intermediarios que no han hecho más que agravar todos los problemas que había.



El Leviathan de la soberanía, el orden y la libertad lleva dormido mucho tiempo en este lado del mundo, es momento de que despierte nuevamente.



Lucas Cianfagna.-

martes, 28 de abril de 2020

🌘 Estado de excepción

                                      
      
"Durante una emergencia...la constitución escrita de un Estado es suspendida y el parlamento no puede mantener el debate sobre qué curso de acción tomar. Este Estado de emergencia revela, no sólo quién es el soberano, sino en base a qué toma decisiones afectando la vida y la propiedad de los sujetos. De ahí en más, mientras su toma de decisiones sea efectiva, se revela la verdadera constitución existencial o el 'ethos' de su pueblo."
Jason Reza Jorjani - "World state of emergency"


Para hablar de lo que es un estado de excepción en sentido político, primero hay que barrer con algunos presupuestos de lo que es la "lógica" del positivismo jurídico, que ataca el aspecto decisionista del Estado, como también el aspecto de soberanía, ya que en los hechos poco se habla de ambas cosas, pero que son de vital importancia no sólo para entender qué pasa con algunos países a raíz de la pandemia, sino también para tener un criterio de qué se puede hacer.


Primero que nada, toda teoría y principio filosófico que se tenía supuestamente en cuenta queda barrida por el estado de excepción, claro que muchos dirán que siendo una situación de emergencia no hace más que confirmar la regla/norma o que no se condice con el resto del tiempo en una situación "normal". Como diría el buen Carl Schmitt, la excepción lo prueba todo, porque es a partir de ésta se funda una nueva normalidad, como les gusta llamar a varios. No existe normalidad que no haya sido fundada a partir de un estado anterior de excepción que puso en jaque todo lo que hasta ese momento era "lógico", "obvio" y "evidente", es decir, la norma depende del momento de decisión que se evidencia más que nunca en un estado excepcional.

Por eso se menciona que "la excepción lo explica todo", porque es condición sine qua non no existe lo que hoy asumimos y damos por sentado. Los equívocos se dan en primer lugar porque nadie nunca espera vivir o tener que ver la excepción, o ser parte la poca probabilidad estadística del 0,001%, pero siempre a alguien le toca y hay que hacerse cargo cuando pasa.

Hablar de decisión para la literatura común es hablar casi de facultades extraordinarias, casi pretendiendo que toda decisión ejecutiva (presidentes, primeros ministros, reyes, cancilleres) siempre tiene que basarse en el poder legislativo, y toda decisión jurídica del poder judicial debe estar amparada en una norma ya establecida, y lo importante es tratar de respetar "la jurisprudencia", donde la soberanía parece una discusión de siglo XVI, y donde en un supuesto "mundo de buenas intenciones" y de "paz democrática" los que tienen problemas es porque quieren, en parte es cierto, pero hay muchas otras implicancias, y tampoco el mundo es ese lugar pacífico, al menos no para quienes tienen sentido de la decisión propia.


Yendo entonces al tema de la pandemia de una vez, podemos ver cómo distintos estados en Occidente tomaron medidas que no eran exactamente medidas que hacen a una "democracia liberal", sino por el contrario, recuerda más a la "cortina de hierro" de la Europa dividida, pero los territorios del lado occidental se parecen hoy más al lado oriental, pero precisamente por eso no se trata de una tendencia oriental de europeos, sino más bien de quien se viene configurando como nueva potencia ascendente y en consonancia con grandes grupos financieros y corporaciones: China.

Su influencia es más que notable en los distintos organismos de la ONU y especialmente ahora en la OMS a raíz de los encubrimientos sobre infectados y muertos del régimen chino de los que nos estuvimos enterando las últimas semanas; y esta influencia está generando las reacciones de los estados europeos y americanos, ya sean afines o contrarios a ella. De cualquier manera, se entendió la importancia del concepto de soberanía como reafirmación del poder de tomar decisiones en estado de excepción, así como la importancia que tiene decidir para terminar de una vez con la repetición de algo que ya no tiene más aplicación, que es la vida normal.


El problema es que se entienda la decisión y la soberanía del Estado para que finalmente no haya ni decisión ni soberanía, ¿a qué me refiero? A que Occidente está en una nueva encrucijada donde todo lo que se pueda conservar, preservar o rescatar de nuestro legado está amenazado en la actualidad por formas de organización social ajenas y que nos son sumamente dolorosas a nuestro sentido de libertad que tenemos en todo el hemisferio. La decisión y la soberanía del Estado para que sean reales, deben ser retomadas en lo que hizo a la raíz primera de nuestra conformación como occidentales, nuestros padres Grecia y Roma, y todo aquel legado.

En este estado de excepción, las decisiones que se tomen serán un punto de partida nuevo, ya que no sólo se terminó la normalidad de la vida rutinaria a partir de la pandemia, se termina también la normalidad en la forma de interpretarnos y relacionarnos con nosotros mismos, y ahí la primer decisión soberana viene de nosotros como personas. Si se quiere avanzar a una "nueva normalidad" que sea más afín, que implique una reconfiguración del mundo en un escenario más equilibrado, no queda más que ampararse en la realidad, y la realidad es que las decisiones soberanas que no tomemos nosotros, las van a tomar otros por nosotros y no precisamente considerando para nosotros lo mejor y más conveniente.


La realidad nos dice también que los momentos excepcionales son grandes oportunidades para replantearnos todo lo que veníamos haciendo, y con el criterio adecuado, encarar la nueva etapa apoyándose en uno, y no siendo una hoja en la tormenta. Si seguimos con el mismo criterio anterior que nos llevó a este estado de cosas, el escenario es de absoluto pesimismo; pero al mismo tiempo si pensamos tomar la iniciativa y empezamos a pensar en "el día después", y de qué manera encarar una reconstrucción nacional, para poder incertarnos en esta realidad estratégicamente y dejar una vez de ser convidados de piedra, porque esto que quizá los argentinos padecemos hace tiempo, lo están viendo quienes parecían los mimados del modelo global, y hoy sus pueblos se juegan por la libertad o la esclavitud.

De estas decisiones excepcionales nos tenemos que hacer las preguntas fundamentales, donde las máscaras y disfraces culturales ya no tienen lugar, porque en el campo de batalla de las ideas fundamentales no existen tibiezas ni grises, ni los "si, pero..", hay que decidirnos y hay que definir qué queremos ser, qué futuro queremos construir. Nos tenemos que preguntar entonces, ¿nos decidimos a ser o no Occidentales? La pregunta es excepcional, pero también lo será la respuesta, sea cual sea.



Lucas Cianfagna.-