sábado, 26 de marzo de 2016

Por mi gran deuda, por mi grandísima deuda..


"Mediante el castigo del deudor, el acreedor participa de un derecho reservado a los señores: finalmente llega a experimentar también él la exaltante sensación de poder lícitamente despreciar y maltratar otro ser como a un inferior, o al menos -en el caso de que el poder mismo de castigar, de ejecutar la pena, ya se haya puesto en manos de las autoridades- de verle despreciando y maltratando. La compensación existe por tanto en una licencia y un derecho a la crueldad." Friedrich Nietzsche

Injerencia cultural

La cuestión que atañe al desarrollo de la culpa tiene que ver con vasto acontecer cultural que se ha desarrollado durante siglos, y que por supuesto tiene su origen en la concepción judeo-cristiana. El fundamento ontológico de la llamada culpa poco tiene que ver con algo de justicia, o con lo legal, de hecho la evolución del tema en materia de derecho alcanzó su cúspide durante el Imperio Romano, y con la posterior caída de éste, cayó también la forma más avanzada hasta el momento en lo que respecta a las penas; pero aún así, este aspecto es sólo una consecuencia de la evolución social y cultural que el concepto de culpa tiene para los seres humanos. Si analizamos un poco cómo se ha extendido esta idea a lo largo de Europa y de sus naciones más influyentes (las sajonas), podemos encontrar en la etimología, una interesante transformación: la palabra "culpa" se traduce en inglés como "guilt", como evolución de la palabra "should" (verbo modal) que reside en la misma base lingüística que el término alemán "Schuld", lo cual es "culpa", pero cuyo significado no se cierra en dicho término, sino que abarca también otros como "falta", "adeudo", "débito", "deuda". Ahí se logra detectar una base etimológica que tiene que ver con la idea mercantil del sujeto acreedor/deudor, la misma idea que sostiene que toda acción puede ser equiparada y restituida por otra, la idea de que todo perjuicio es tasable por quien lo sufre, que toda posibilidad de castigo tiene que ser una compensación con la misma moneda, es decir, que no se derrame ni una gota más, ni una gota menos de una libra de carne. La evolución de Roma se ve claramente en sus avanzadas XII Tablas, donde se había establecido una ley sustentada no en la arbitrariedad de quien se considera el acreedor de imponer su pena, sino en una compensación previamente estipulada que diera un ejercicio institucional de madurez y brindar orden a la convivencia social. Recordemos que quienes se han servido de la caída de Roma, son quienes se han servido luego de la indulgencia y la gracia como una forma de mostrar poderío, con la defensa del deudor, el acreedor mostraría aún más sus dientes, y quedaría en evidencia que "los Shylock" actuaban como actuaban por el hecho de pertenecer a un estamento medio, el cual claramente en su carencia de poder se muestra inconmovible ante quien sea el deudor y reclama para sí su libra de carne sin posibilidad alguna de cambiar su parecer, mientras que los mercaderes más poderosos y acaudalados mantenían la legitimidad de su poder mediante la indulgencia de quienes caían en el contractualismo de los mercaderes medios para mostrarlos a ellos como los crueles, pero la indulgencia puede ser practicada por crueles, sólo que se verían mejor favorecidos si no se muestran como tales.


La famosa grieta en Argentina

No hemos estado ajenos a dicha concepción cultural debido a nuestras raíces religiosas, y por supuesto, gran parte de los aspectos dogmáticos de las propias culturas perduran al día de hoy, lo cual me permito decir, deberían ser posibles de revisión, al fin y al cabo, no es lo positivo lo que se busca descartar, sino aquello que podría sernos de barrera contra toda evolución de la convivencia en comunidad. En particular, este fenómeno se expresa más aún en lo que concierne a la política partidaria y los sucesivos gobiernos que acontecieron en nuestra historia más reciente, a lo cual solemos llamarlo "grieta" cuando más parece profundizarse este tipo de fenómenos. Muchas veces pareciera que en lugar de buscar la resolución de un conflicto que lleva mucho tiempo entre nosotros, se busca establecer un X a quien se le pueda descargar la cólera, lo cual es también otra forma de no hacer nada, es decir, buscar el origen histórico de un problema es un gran paso adelante para su resolución, pero de ninguna manera eso debe llevar a la segregación de una causa como la única importante, ya que abstraer una parte del todo (realidad) es una forma de decadencia conceptual, ya que se está obviando la concatenación de acontecimientos que resultaron en lo que hoy es objeto de discordia. De manera que, para la resolución de la decadencia social y cultural en Argentina, lo más conveniente no es buscar quién tiene más la culpa, sino desde dónde se originó y bajo qué circunstancias se dio dicho desarrollo, porque de lo contrario, estaríamos incurriendo en la manía de los conspiracionistas, que inventan una existencia en lo exterior que limpie su propia actuación, es decir, "existe la culpa, pero nunca es mía". El problema que vemos hoy entre los debates de los kirchneristas y los macristas, es una suerte de guerra de culpas, donde gana quien tiene mayor espacio depositario de culpas, que por tiempo transcurrido y datos a la luz, el kirchnerismo aún gana por mucho, pero el problema reside en cierto afán de revanchismo de parte del gobierno de Macri, lo cual podría poner de nuevo en jaque el rol institucional de resolución de conflictos heredados de la ya mencionada, concepción romana del derecho; esto es, en la famosa "grieta" quienes apoyan al actual gobierno reclaman con la misma espuma de la boca que sus adversarios políticos que se encrudezcan las penas y que se actúe hasta fuera de la ley de ser necesario para resolver problemas de corrupción heredada, en lugar de pedir por una reforma institucional, por supuesto, quieren todo para ayer.


Fortaleza institucional

En una entrevista que le hicieron al muy conocido actor Alfredo Casero en el programa "Animales Sueltos", no pude dejar de impresionarme ante una reflexión del entrevistado: cómo el aspecto cultural de la culpa como una deuda -que permanece intacta hasta ser saldada- cala hondo en nosotros al punto de fundamentar dicho fenómeno, y que conduce a reacciones que llevadas al extremo pueden significar la legitimación del ejercicio fáctico del poder, y no de forma legal que es como se espera en una república. Un gran jurista romano sentenció "la fuerza es el derecho de las bestias", así como un importante líder argentino del siglo XX la reprodujo en uno de sus trabajos escritos, obviamente tras haber experimentado todo el descargo de la venganza contra sí y ha mostrado un gesto de grandeza tras haber vuelto y haber aprendido de sus errores, que la altura está en el camino institucional de las reformas progresivas por las que abogaba. Claramente tal frase expresa muy bien cómo esta concepción mercantil de acreedores, deudores, culpables, perjudicados librada a su propia naturaleza conduce a atropellos de este tipo sobre los procesos pertinentes. Por supuesto que tampoco adscribo a las opiniones de los supuestos institucionalistas de este país, cuya memoria es parcial sobre varios hechos históricos y su interpretación acomodada a lo que da rating o lo que necesita su espacio político, por el contrario, reconozco la anomalía y caducidad del funcionamiento de nuestro sistema en varios aspectos, y es por eso que sostengo que toda ley, toda pena, toda cultura, es perfectible y no perfecta, por tanto, de ser el momento de avanzar, reformar incluso de forma sustancial y sacarnos un lastre de encima, soy el primero en poner la firma pero, ¿quiénes más se arremangarían y calentarían la silla y las neuronas para pensar en una mejor solución? Ah cierto..¡es más fácil culpar!

Lucas Cianfagna.-

miércoles, 23 de marzo de 2016

Nadie hace justicia en dos minutos: La importancia de los procesos



"El principal objetivo de los Príncipes es la Justicia... Resulta más agradable instruir a la humanidad que destruirla." Nicolás Maquiavelo

La gente cree que votar las condenas de forma mayoritaria significa una mayor justicia, y hace un par de milenios atrás, una mayoría votó por crucificar a Jesús, evidentemente, no se ha aprendido mucho desde entonces. La característica que separa a un juez de un ciudadano ordinario principalmente es la imparcialidad que el primero tiene, a diferencia del segundo, quien está condicionado por prejuicios y emociones que pueden tener que ver con el delito a juzgar, lo cual obstaculiza todo grado de objetividad posible. La teoría que trata de eliminar la imparcialidad, conduce a una valoración de relativismo absurdo sobre la idea de cada persona respecto a lo que es justo y cómo debería expresarse en la realidad dicha valoración; por lo tanto, la característica principal de un juez es la imparcialidad, razón por la cual se considera el Poder Judicial como un órgano contra-mayoritario, y es así como se debe mantener, ya que de estar condicionada la opinión del juez por la presión de la mayoría, su situación laboral peligraría, con lo cual, pasaría de buscar la justicia, a buscar la conservación de su fuente de trabajo, y eso sería una escribanía, más que un poder judicial, tanto que en lugar de buscar ejercer justicia, buscaría el agrado de quienes procuran su fuente de trabajo. Por ende, de buscar un perfeccionamiento en el trabajo, pasaría a ser el objetivo la mera conservación del mismo, por tanto, se estaría -además- ante una involución en el aspecto institucional mismo.

Dejando a un lado el problema desde la perspectiva del juez,  éste continúa cuando analizamos el aspecto del pueblo; ante un juez que se inclina por el voto mayoritario a actuar de determinada manera ya ni siquiera deja paso a la supuesta "libre elección" de ideales de justicia, sino a un mero ajuste de parte de los candidatos "hacia donde sople el viento". Ahora tengo una pregunta interesante para hacerle a los lectores, en especial a quienes sostienen aún la teoría de la "justicia democrática", ¿se han sentido bien representados bajo el Poder Ejecutivo los últimos 20 años? Ahora imaginen esa sensación respecto de la justicia. Curiosamente este ideal tiene su fundamento en la filosofía de Jacob Rousseau, quien fundó los principios básicos bajo los cuales se ejecutaría la toma de la Bastilla en 1789 en Francia, con la consecutiva acción de guillotina bajo el movimiento jacobino a partir de 1793. La idea que tenía como fundamento la noble libertad de un hombre "naturalmente bueno", terminó por horrorizar a buena parte de la población cuando presenció ante sus ojos la ejecución de lo que antes parecía ser un noble ideal, y que luego desencadenó en una guerra civil en la cual el absolutismo monárquico amenazaba con retomar el poder, y aquellos que posibilitaron la instauración de la república serían los primeros en destruirla de haber continuado esto,  ya sea mediante la profundización de su ideal, o bien por vía de la restauración de los reyes de antaño, lo cual se resolvió mediante la acción cesarista de Napoleón en el conflicto intentando apaciguar el problema. El juez en ese contexto se vuelve una guillotina a manos del pueblo que cortará las cabezas necesarias para mantenerlo a éste contento, y una ola de violencia sólo será remediada mediante un nuevo cesarismo, lo cual sería un retroceso sobre la construcción de una república, ya que la necesidad de una medida así, debió ser superada hace tiempo. La irracionalidad de la postura rousseauniana, se basa en un principio sentimental de concreción de la "voluntad general", lo cual deja ver sin enigma en absoluto, el carácter ambiguo de dicho objetivo, y mediante la base de un sujeto específicamente creado a imagen y semejanza de la idea de Rousseau, se mide la realidad en base a una idealización de un supuesto hombre en estado naturaleza cuyo criterio es intachable; y esto tiene nula relación con la realidad.

Existen también dos posibles razones por las cuales se llega a reclamar por una "justicia democrática":
-Por un lado, el ciudadano común, que en un contexto de corrupción generalizada y degradación social, siente que su participación en los asuntos públicos es completamente irrelevante, y por tanto, reclama una justicia democrática que le "supla" aquello que la sociedad le ha "quitado", es decir, "al menos una para nosotros" dicen algunos, como si las acciones realizadas se pudieran revertir de alguna manera mediante una tasación -el viejo ejemplo de la mentalidad acreedor/deudor- , lo cual es característico de vivir en "sociedad", es decir, en un contrato que supuestamente acuerdan las partes (las personas) en las cuales se evalúan costos y beneficios, por supuesto que así, cada uno tasaría la justicia a la manera en que le parecería mejor, según la consideración de lo que la propia persona sienta que "le debe".
-Por otro lado, si la idea proviene de uno de nuestros representantes, la cosa tomaría otro color, debido a que, más allá de revestir la demagogia más brutal, se estaría ante la invitación de quienes detentan el poder, hacia una oclocracia, es decir, el gobierno de la ineptitud mayoritaria. La muchedumbre embrutecida pensaría que detenta el poder de juzgar y de sentenciar, cuando en realidad el empoderamiento vendría de parte de quienes se han contentado con esta medida, quienes la han propuesto y que luego se verían como los beneficiarios y como los detentadores del poder de manera indefinida, lo cual no podría sino conducir a un caos inminente, el perfecto caldo de cultivo para un gobierno totalitario, que bien podría ser compuesto por las mismas autoridades que han querido introducir la supuesta noble idea de "democratizar la justicia" para impedir el abuso de la corrupción en manos de familias judiciales, quedaría a disposición entonces la corrupción disimulada, en familias nuevas.

Por tanto, se estaría perdiendo el foco real de la cuestión. Ya que la idea de democratizar la justicia surge a raíz de una justicia corrupta e ineficiente, la opción entonces no sería la mencionada, sino reformar los mecanismos de elección de jueces, es decir, el concurso y las ternas efectuadas por el Consejo de la Magistratura. En primer lugar, el modelo presidencialista nos deja en una situación de impunidad disimulada, puesto que para quien no conoce el funcionamiento mismo de las leyes, los jueces nacionales y federales que son previamente filtrados como candidatos, los designa el poder ejecutivo con acuerdo del Senado, el cual lo preside su vicepresidente, con lo cual, allí encontramos un pequeño vacío de impunidad que merece ser tratado. En segundo lugar, un estancamiento y una falta de funcionalidad de las instituciones republicanas provoca como reacción el deseo de intentar con formas inviables como la democratización de la justicia, en lugar de abogar por una reforma de la institución como tal, lo cual es el eterno retorno del mismo problema, el cual pretende solucionar un problema atacando el resultado, en lugar de la causa primera. Si el problema reside en la falta de sentido de participación de la población en los asuntos públicos (República), el ciudadano no debe tener facultad de designar un juez o un fiscal porque su imparcialidad se vería contaminada por los eventos que esa persona misma quisiera juzgar, pero por el contrario no habría problema en permitir que el ciudadano participe como veedor de la designación de jueces en las ternas y concursos, así como también, establecer las reglas de tolerancia bajo las cuales se admite la permanencia de un juez, dejando un margen lo más reducido posible para la corrupción. Porque siendo éste margen reducido a una consideración de suma benevolencia, en un contexto de corrupción generalizada, ya se estaría incluso ahí atacando gran parte de la mala praxis judicial con la mínima reducción del margen de error de los jueces y fiscales. En suma, la capacidad de veedor del ciudadano, así como el incremento de participación de los académicos jóvenes en el Consejo de la Magistratura, y un establecimiento por parte de los delegados que conducen el cuerpo de veedores de un reglamento de tolerancia respecto de las autoridades designadas, generaría la confianza suficiente del ejercicio institucional y una progresiva normalización del mismo.

Una vez más, la solución del problema sobre el resultado del problema pretende arrasar con un mecanismo cuya causa se encuentra antes. Es decir, el a-historicismo resulta como una postura absurda por no comprender el desarrollo de los acontecimientos actuales como una consecuencia de lo anterior, esto es, lo que fue solución hace dos siglos, hoy resulta un nuevo problema, debido a que la composición social ha cambiado y el paradigma lo ha hecho también, así como el presidencialismo fuerte fue una gran solución de transición de una monarquía a un república sin que eso conlleve una gran agitación social, hoy día se ve ineficiente por pertenecer a las soluciones de hace dos siglos que ha agotado las formas de resolver los conflictos de hoy. Las medidas-parche, son aquellas que, al igual que una cadena de montaje mal diseñada, pretenden arreglar cada producto nuevo que salga de ella esperando que en algún momento el producto salga bien, en lugar de arremangarse, calentar las neuronas, organizarse y cambiar el diseño de la línea y la máquina de montaje, con lo cual cabría hacerle otra pregunta al defensor de estas medidas-parche, ¿todavía está seguro de querer democratizar la justicia?


Matías Cajal García y Lucas Cianfagna.- 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Incursiones sobre el pensamiento trágico


"Así que el Laberinto se presenta como creación humana, del artista y del inventor, el hombre de conocimiento, del individuo apolíneo, pero al servicio de Dionisos, del animal-dios." Giorgio Colli

Charla sobre lo apolíneo y lo dionisíaco

En esta oportunidad me aparto del lugar cotidiano de escritura y pasaré a comentar sobre una charla de filosofía a la cual asistí el sábado 5 de marzo dada por Diego Singer, sobre la estética apolínea y dionisíaca que marca Nietzsche en su obra primera "El nacimiento de la Tragedia", su relación con la filosofía y la política en cuanto a los mitos griegos que son constitutivos de nuestra tradición occidental, un poco olvidados por una buena parte de la gente, cuyo fundamento se encuentra en la Tragedia griega. Este resumen y reflexión que me propongo hacer, se basa en los cuatro pilares de la charla, y me lo propongo con el fin de esclarecer conceptos que sirvan para una perspectiva política que rompa con un dogmatismo filosófico que nos viene ahogando hace siglos, y que encuentra en su desahogo (como consecuencia) este relativismo absurdo y profundamente nihilista.


Pesimismo de la fortaleza

Como he explicado en otros escritos tendientes a criticar restos de un pensamiento que resultan carentes de fundamento, y basados en una lógica del lenguaje -siempre arbitraria- cuyo modo de razonar no conoce más que proposiciones, tamaño vicio ha resultado para la humanidad este proceder, y aún persiste en las mentes menos preparadas la incapacidad de reconocer grados, de escepticismo y de rechazo a los conceptos absolutos, que no son más que una abstracción arbitraria de lo que se desea convertir en un valor universal; me propongo ampliar esta perspectiva para la consideración trágica. El optimismo racionalista traído por Sócrates, significó la muerte súbita de la Tragedia, trayendo la mirada calculadora sobre la vida, el optimismo que abraza una voluntad que resulta en "nada", puesto que dicho optimismo lo que abraza es la idea de un progreso lineal dado por el conocimiento, que traerá sino la posibilidad de transformar el ser mediante el objeto del mismo conocimiento, pero al ser una filosofía basada en principios que hoy vemos reciclados y muertos, debido a que su aspecto propositivo y dialéctico no es más que una forma baja de conseguir una supuesta "verdad" sobre algo, y además, hemos visto gracias al trabajo de varios filósofos contemporáneos mediante los nuevos enfoques hermenéuticos, que el ser, la esencia, la substancia y la "cosa en sí", no son más que vestigios de una metafísica que ha encontrado un fundamento sobre el error, y ello recae en, como mencioné, una lógica del lenguaje que conoce sólo un nivel de razonamiento básico propositivo, al analizar el lenguaje y hacer un análisis más allá de éste, se ve que el "sujeto", el "ser", la "esencia" no son más que ilusiones y metáforas, así como lo es también la idea de verdad y falsedad, por tanto podemos concluir con la idea original: el optimismo racionalista conduce a una voluntad de nada, por eso es que recuperar el aspecto de la filosofía de la Tragedia resulta algo de gran aporte al pensamiento, aprovechando semejante herencia que nos brinda una infinidad de herramientas para pensar más allá en afirmaciones contundentes y absolutas. Es por ello que el pesimismo nihilista es una consecuencia palpable de este optimismo racionalista, luego de caer en la cuenta de que hemos tratado de comprender un mundo antropomorfizado creyendo que descubríamos un mundo antropomórfico; es por ello que el planteo de esta primera parte es el de un pesimismo de la fortaleza, aceptando el aspecto trágico de la vida y brindarle una vivencia que refiera a su potenciamiento, y no a un mero cálculo utilitario. 


Justificación estética de la existencia

Dentro de los baches que se han encontrado en la postura del optimismo racionalista, también se ha detectado un aspecto fundamental, y es el deseo de la realidad fuera de tal o cual forma transformado (disfrazado) en un "debiera ser", que ha caracterizado la lente moral sobre los hechos. La moral es una rudimentaria producción utópica que postula su idea como pura racional, pero que en realidad tiene en su fundamento ontológico un principio irracional, una aversión hacia la realidad y un miedo hacia de lo que ella pueda salir, por eso se busca fabricar una realidad estable, buena, verdadera, segura y ordenada; cuando en lo real encuentra variación, degradación de la verdad, peligro y caos, y es por esto que la aceptación de un pesimismo de la fortaleza comienza por aceptar los aspectos más oscuros de la realidad y disponer de ella de la mejor forma, lo cual requiere una valoración estética, y esto va en contraposición a la valoración moral de la vida que no parece conseguir nada sin querer designar "cómo se debe ser, vivir y hacer", catalogando todo lo que encuentra en "bueno", "malo", "falso" y "verdadero", allí otro vestigio del uso arbitrario de la lógica del lenguaje. La causa y efecto resulta otro motivo de este abuso lógico, el cual parece sino segregar acontecimientos como si fueran aislados unos de otros, y pretende una causa y un efecto determinantes y concluyentes, cuando en lo real, el hilo de acontecimientos es infinito, por tanto, las nociones mencionadas responden sólo a la limitación de ver ciertas causas y ciertos efectos, lo cual no nos permite ver de forma total la sucesión de acontecimientos como un todo que conforma la realidad, y en ello también prima la aceptación de ella en todos sus grados, por ello la filosofía trágica resulta en una consideración estética de la existencia, que propone la propia apreciación de la perspectiva que no tenga que encajar en presupuestos morales, sino en los propios que cada cultura crea para sí. 


Política apolínea y dionisíaca

Dentro del hilo que vengo marcando respecto de la ruptura que hicieron varios filósofos con el optimismo racionalista, es importante marcar qué conceptos se crearon para desarrollar las corrientes contractualistas, las cuales serían el costado apolíneo de la política, así como el disertante de la charla mencionó el lado dionisíaco de la misma como aquellos aspectos donde la política no interfiere como es el caso de la fiesta (gran símbolo dionisíaco) donde se suprimen las jerarquías establecidas y los contratos. En cuanto a lo apolíneo, el contractualismo resulta una consecuencia de parte de esta filosofía dogmática en un contexto determinado donde se fundan los dos conceptos más importante de la ciencia política: el Estado y el Sujeto, que se mantienen como una antinomia en la cual cada uno tensiona a costa del otro, y acá es donde conviene poner un énfasis como centro de la cuestión:
-En primer lugar, el Estado es en sí mismo endiosado por el transcurso de la modernidad por su avance a nivel político y civilizatorio en cuanto a las formas organizativas, yo mismo lo sostengo, sin embargo, el problema ha sido el culto al Estado por el Estado, lo que es igual al culto de la política interfiriendo en cada cuestión de la realidad sin descanso alguno, lo cual ha sido el miedo pues tal cosa sería producto de la servidumbre de los pueblos hacia el Estado, o lo que se conoce como Estado total (advertencia de Zaratustra con respecto al Estado cuando éste quiere pretender hacerse pasar por el pueblo).
-En segundo lugar, el Sujeto ("sub-jectum": por debajo de lo que se evidencia) planteado como la otra parte de la antinomia, se basa en la idea de que nos determina un "Yo" (ego) que marcará el comportamiento a partir de nuestra sujeción a un supuesto contrato que determina costos y beneficios, toda idea contractualista se basa sobre este principio. La idea del Sujeto, parte de la determinación de algo previo a toda acción -de lo que he escrito infinidad de veces-, y el error reside en que la acción es la que luego va a dar forma a un sujeto que luego se toma por inversión de la conclusión, como lo que determina las acciones y es así cuando por costumbre, se piensan -en términos tocquevillianos- instituciones como necesarias e invariables, imposibilitando cualquier reforma sobre ellas.
Por otra parte, en cuanto a lo dionisíaco, además de la razón que mantiene cierto equilibrio para que no se llegue a un Estado total o a una política total, el aspecto dionisíaco concede el aspecto creativo, la pérdida del individuo (sujeto) y la posibilidad de una organización en un Todo, que evite por un lado la alienación individual, pero al mismo tiempo, que obtenga una armonía donde se encuentre la realización de la personas -ya que individuo es sólo lo indivisible- mediante su despliegue potencial (voluntad de poder) y a su vez no quede  toda su acción subordinada al puro interés de un Estado total, sino la consideración del Estado como herramienta o medio de la convivencia y el ordenamiento de una comunidad.


La importancia del enigma

Como mencioné antes, la importancia de un razonamiento más allá de las burdas proposiciones son la base para una consideración trágica de la existencia, que guarda el corazón de la filosofía trágica en el enigma. La Tragedia griega nos ofrece una gama muy completa de reflexiones filosóficas, por ejemplo, en Edipo, incluso según algunos estudiosos del tema, se encuentra el primer gesto filosófico. En una conversación muy agradable que tuve luego de asistir a la charla, surgieron dos perspectivas sobre Edipo que al principio parecerían diferentes, pero que juntas convergen en una conclusión común, y eso se debe a la posibilidad -como mencioné antes- de establecer un razonamiento a un nivel mayor que el lenguaje, en el cual, se pudo a partir de dos afirmaciones, reconocer ambas verdaderas o válidas, cosa que sería imposible en una lógica puramente proposicional. En dicha conversación se establecieron dos posturas:
-El enigma en la esfinge, a partir de que Edipo logra pensar más allá del razonamiento convencional, lo resuelve, considerándose la esfinge como símbolo de simbolismos èsta se suicida ante la ruptura con dicho pensamiento, queda entonces la posibilidad de reflexión más allá de lo formal, por tanto, se lo tomaría como el primer gesto filosófico.
-El enigma como el mismo Edipo, quien al resolver el problema de la esfinge, se vuelve él mismo enigma en base a su respuesta, como primer gesto filosófico de expresar la cuestión trágica y lo terrible de ser el primer héroe trágico que como su respuesta, sufre la determinación del destino.
La convergencia de ambas posturas radica en que si bien se podría tomar la interpretación de Edipo como resolviendo el enigma mostrando el primer gesto filosófico rompiendo con el pensamiento formal, por la respuesta misma de Edipo, que es "el hombre", no plantea el fin del enigma, sino por el contrario, la apertura hacia un enigma muchísimo más profundo y determinante en la filosofía posterior hasta el día de hoy, esto es, "el hombre" deja de ser la respuesta, para pasar a ser la pregunta de toda filosofía, alrededor de la cual tal respuesta comienza a ser la pregunta en mayor o menor medida, pero sin la cual, no habría gesto filosófico, y aquello es lo que se podría destacar como genialidad en la tragedia de Edipo. La esfinge parecería ser un simbolismo resuelto con un primer gesto filosófico, pero la pregunta no es cerrada, y es por eso mismo, que dicho gesto filosófico que tuvo como respuesta "el hombre", pasaría a ser una pregunta que, como Edipo, está determinada desde el comienzo, a nunca ser contestada del todo.

Lucas Cianfagna.-

martes, 8 de marzo de 2016

"La mente es un imán" que atrae supersticiones



"Erraban los viejos moralistas al creer que en el punto donde estaba su espíritu en ese momento, convergía todo el espacio y todo el tiempo; para la ética moderna, libre de esa grave falacia, la relatividad de los ideales es un postulado fundamental." José Ingenieros

Lo que concierne a las supersticiones, es la increíble habilidad de generar más que un velo, una venda de color claro, en la cual a duras penas se pueda ver algo a través de ella, y siempre ese algo va a estar condicionado de lo que esperamos encontrar. Los miedos del ser humano lo llevan a que su cabeza le juegue trucos, y a veces, los trucos parecen -al igual que el show de un ilusionista- algo irrebatible e irrefutable, y eso sucede porque sólo estamos viendo el resultado de la cuestión y no todo el proceso que llevó a aquello que pensamos, y entonces al no tener los sentidos aptos para ver un proceso de acontecimientos de forma completa, el cual es de hecho infinito, tendemos a creer que se determina por la arbitraria dualidad de causa y efecto, lo cual no es más que la pretención de que hay una causa aislada del hilo de sucesos y una consecuencia que corta otra posible conjunción de causas y efectos, lo cual es comprensible, ya que nuestra inteligencia sólo puede ver limitados sucesos previos (que llamamos causas) y limitados sucesos posteriores (que llamamos efectos), pero nunca llegamos a ver todas las causas y todos los efectos, porque de ser así, dejaríamos de llamarlo "causa y efecto" y lo veríamos desde una óptica absoluta -la óptica de dios- como un proceso infinito. Por lo tanto nuestra capacidad de comprensión se limita a ver determinados acontecimientos previos y posteriores, por tanto, muchos al basarse en esa dualidad arbitraria y desde una superstición no encuentran otra forma de explicar el fenómeno , y a eso le llamo pereza racional.

Uno de las premisas más difundidas en el ámbito de la superstición, es la manía por pensar que la mente (como si se tratase de un no sé qué divino, o un ente resplandeciente) es capaz de atraer cosas con el mero ejercicio del pensamiento. Lejos de querer burlarme de quienes forman parte de este pensar, pretendo establecer una relación entre los sentimientos más comunes y el razonamiento condicionado por ellos. En primer lugar, habría que analizar -quizás psicológicamente- la formulación de la premisa "la mente es un imán" o "la mente atrae las cosas", y tiene que ver con un deseo, y esto se compara y resulta demasiada similar a la premisa "la fe mueve montañas", de cualquiera de ambas formas, la raíz es la misma, y se relaciona con el miedo a lo desconocido, o el miedo de aceptación de la realidad. Cuando alguien dice "la fe mueve montañas" o "la mente atrae cosas", es una forma tácita de establecer una objeción hacia la realidad, puesto que si yo aceptara la realidad no andaría pensando que mi cerebro es capaz de traerme en bandeja situaciones que juzgaré buenas o malas según la experiencia con ellas. La aceptación de la realidad no conoce doctrinas de "debería ser" como un principio de pasividad, en todo caso, aceptaría el disgusto hacia un aspecto de la realidad y prestaría acción para cambiarlo, pero siempre desde la base de la comprensión de la misma previamente; por tanto, establecer una capacidad del cerebro de atraer sucesos determinados es en realidad un proceso que se da de esta manera:
"Si la realidad no me gusta, quiero que se vuelva de tal manera", luego digo que "la fe mueve montañas". si obtengo un mísero resultado positivo, establezco que "la mente atrae cosas", a partir de allí comienzo a percibir los fenómenos desde la base de esa superstición, y cuando ocurre un fenómeno que contradice mi premisa, en lugar de evaluarla y ponerla a prueba, evalúo y pongo a prueba la realidad y la re-interpreto diciendo "no ocurrió lo que quería porque no me mentalicé lo suficiente", como si se tratase de la premisa que yo sostengo una constante que no merece ser evaluada en absoluto, principio de vanidad.

Allí nos encontramos en un punto interesante, cuando vemos que "la mente atrae cosas" es una forma de decir "Si no te gusta la realidad como está dada, ¡inventá la tuya! Y si no logra cambiar totalmente a como te gustaría, entonces tomá estos lentes, sirven de filtro y a partir de ellos verás lo que te gustaría ver", y es entonces donde encontramos otro aspecto interesante: "la fe mueve montañas" es una forma de establecer que a partir de un deseo, de un sentimiento, se puede evaluar, percibir y retocar la realidad a gusto y placer sin tener por qué esforzarse un poco por analizar dicha realidad que toca vivir, así como a su vez, de la premisa "la mente atrae cosas" aplicando tanto a buenas como a malas, es una forma de decir "Yo no cometo errores, simplemente no pensé con suficiente intensidad", después de todo, es más fácil inventar un universo nuevo para disfrazar un error que admitir que se cometió, y más aún, que se ha cometido el mismo error durante toda una vida, lo cual ocurre mucho incluso por parte de quienes dicen tener un odio hacia la mentira, o una "vocación por la verdad" y se los suele atrapar denunciando hipocresías por doquier, ¿son entonces hipócritas? Según su lógica es posible, mas por ello no me considero amigo de esa palabra, porque en nombre de la hipocresía se evita pensar y reflexionar sobre la conducta humana, en nombre de la hipocresía se suele disfrazar la complejidad de la mente humana y de su propia naturaleza. Encerrarse en un tipo de lógica es perjudicial y vanidoso, porque se estaría estableciendo dicha lógica como la única posible, y es justamente esa la herramienta de los supersticiosos, porque gracias a establecer un monoteísmo lógico, disfrazan un pensamiento cargado de errores como una verdad irrefutable, es decir, que si para cada posibilidad de duda se tiene una respuesta, se estaría pasando de una completa incertidumbre a una completa seguridad, y de ahí reside el miedo a lo desconocido, o hacia una realidad que no es agradable.

Lucas Cianfagna.-

lunes, 7 de marzo de 2016

Conspiracionismo como moda pseudo-científica


"Un conspiracionista es una persona que tácitamente admite no tener suficientes datos para probar su punto, hasta que obtengan la información suficiente tienen que clamar conspiración. Así que díganles que regrese cuando tenga el resto de la información, y la discusión debería durar no más de 5 minutos, si dura más, la culpa es de ambos." Neil Degrasse Tyson


Gramsci y las interpretaciones al uso



Muchos hablan de Antonio Gramsci, tanto a favor como en contra, y ambos cometen errores catastróficos a la hora de analizar historia y política. En cuanto a los defensores de Gramsci, existe una suerte de reivindicación intelectualoide, en cuanto a la sentencia del autor, diciendo que todos son intelectuales, en una suerte de igualación (hacia abajo), donde en un contexto de relativismo absurdo, cualquier opinión es válida sin importar los parámetros y la fundamentación de la misma, y por otra parte, existe la interpretación económica del lado marxista en combinación con una política maquiavélica (mal)interpretada por una filosofía rousseauniana que trata de esclarecer conceptos arbitrarios como "voluntad popular", adueñarse del término "nacional y popular" desde dicha perspectiva del filósofo francés (si algo de esto suena a la Argentina, no es pura coincidencia), reivindicando una exaltación de los sectores dirigidos bajo la bandera del resentimiento hacia los sectores dirigentes que califican desde los epítetos "oligarcas", "reaccionarios" y "anti-populares", lo cual en realidad contradice el esquema de política pragmática de Maquiavelo, quien no exaltaba la violencia sino para defender la Nación del avance de ejércitos extranjeros, pero en el ámbito político, el padre de la ciencia política fue muy claro al hablar de la astucia y de la influencia renacentista de la excelencia,  la cual no es sino la antítesis de del modelo propuesto por Gramsci donde se establece una estrategia de contra-cultura y lucha armada.

En segundo lugar, existe la interpretación antitética, donde los ultra-religiosos y varios anti-semitas, exponen que la decadencia de los valores occidentales se debe a la contra-cultura impulsada por Gramsci y el marxismo en degradación de los valores que enaltecen. En primer lugar, es un absurdo sostener que la decadencia de Occidente se debe a un elemento externo que planificaba su degradación, ya que esto significa un análisis poco serio de la historia de Occidente. Es de hecho, que la causa de que el llamado "marxismo cultural" y la contra-cultura gramsciana tengan éxito en varios sectores de la vida cultural es una consecuencia de una decadencia previa, esto es, un cuerpo no perece por la enfermedad si dicho cuerpo tenía las suficientes defensas (predisposición) para combatir dicha enfermedad, la enfermedad avanza cuando el cuerpo no posee suficientes defensas, y en ese caso, cabría mencionar, que si Occidente no tenía las herramientas para vencer esta infame contra-cultura del relativismo absurdo, es porque ya se encontraba agotada desde hace siglos, y es por eso que cuando no se tienen suficientes datos sobre -como en este caso- Occidente, se inventa una conclusión en vista al miedo de admitir que se está reivindicando algo que ha perecido, a saber, un Occidente perteneciente a la Edad Media, entonces preguntaré en ese caso: ¿Realmente pretenden ganar esa batalla?



La caída de la España imperial: Distopía devenida en cuento de hadas



Otra joya de las conspiraciones, casualmente (y no tan casualmente) proveniente de las mismas interpretaciones sobre Gramsci antes expuestas, es la idea de un Imperio español resplandeciente que fue destruído por las fuerzas del mal, según ellos: Francia, Gran Bretaña y Países Bajos, en especial este último le guardan un rencor enorme porque se independizó durante el reivindicadísimo Felipe II, lo que cabría preguntarles a los hispanistas es qué país entre España y Países Bajos, resultó victorioso cultural y económicamente y cuál de los dos alberga la herencia de una crisis cultural profunda con fuga de cerebros y una serie de chistes en torno a ello, es para pensarlo. Pero yendo a lo importante, cabría destacar que se comete el mismo error que con el fenómeno gramsciano, y este es, que se vuelve a utilizar la herramienta de la conspiración por falta de datos, en la cual la conclusión queda invertida una vez más. El considerar que las independencias de las periferias de la España imperial, tales  como el caso de América como los que hemos vivido como territorio, contenidas en una conspiración que dicta que las burguesías de las capitales impulsaron estas revoluciones con auspicio del Imperio británico, resulta bastante delirante. El primer problema está en que de ninguna manera una revolución o guerra de independencia hacia la España imperial pudieron haber sido la causa de la decadencia y el quiebre de dicho imperio, sino más bien, una de las tantas consecuencias de dicha decadencia que se dio previamente. El pleno funcionamiento del virreynato y de las autoridades españolas en el territorio no hubiese sido cuestionado si no hubiese un contexto desfavorable y de crisis de legitimidad hacia el Imperio y sus autoridades locales, y también resulta absurdo plantear la necesidad de que todo suceso en torno a las revoluciones ocurrió por acción británica, sabiendo el contexto internacional del Imperio era desfavorable por el cierre de su comercio con Europa posibilitado por Napoleón a principios del siglo XIX, por lo cual resulta un tanto pretencioso establecer una conspiración entre el Imperio Británico y las independencias del continente americano, sino más bien una situación favorable para ambos que posibilite entre ellos un comercio, ya que Gran Bretaña no tenía otra posibilidad de expansión comercial. Podría hablarse en todo caso, de un aprovechamiento y de ciertas conexiones con autoridades en los distintos territorios que operaban para estos intereses, pero no de forma generalizada, ya que eso sería obviar el contexto internacional y sobre todo, la decadencia que España venía sufriendo desde el lado financiero, cuya carrera Gran Bretaña ya la había ganado desde hace tiempo, es decir, entre invertir en guerras religiosas, e invertir en industria y expansión, se conoce de antemano quién resultará victorioso.




El nihilismo viene de adentro



Es más que visible la falta de sentido científico de la postura conspiracionista, así como también denota una falta de sentido político e histórico en su análisis, de hecho, su metodología no dista de la de los relativistas que tratan de combatir, ya que mantienen una conclusión sin datos previos o con falta de datos, y buscan entonces, datos que justifiquen la conclusión previamente tomada como irrefutable, en lugar de tener escepticismo, recolectar datos y buscar una conclusión viable, que es de hecho el espíritu científico. La obsesión por buscar una conclusión previa, se debe a un miedo por avanzar, por dar por terminado lo que ya lo esté, esto es, su reivindicación de una cultura pasada y extinta, es una clara "voluntad de nada", porque lo que reivindican es algo que ya está muerto, por tanto no se permiten captar el devenir hacia cualquier forma nueva de cultura, allí radica su obsesión, y su manía conspirativa es producto del propio miedo. El miedo hacia aceptar que los ciclos cierran, que lo que se degrada perece, y que eternizarlo sólo representa la nostalgia y la cobardía de no dejar morir algo. El espíritu creador sólo está para los hombres póstumos, para aquellos que se escapan de su época y logran traer una posibilidad nueva, destruir y crear es un rasgo de los hombres nuevos y afirmativos, quienes tienen una buena dosis de pesimismo respecto a la vida, pero no es un rasgo de aquellos con un falso optimismo de esperar que reviva lo que murió, y cuando no los ven están llorando en la tumba de su padre y se mienten a ellos mismos, ese es justamente el espíritu negativo de la vida y de odio hacia la realidad de los conspiracionistas.


Lucas Cianfagna.-