miércoles, 29 de marzo de 2017

Una rectificación correspondiente

                           
                 Libertad summis infimisque aequanda.-

Resulta que hablar de la palabra "derecha" en términos políticos termina en una descalificación de inmediato, en parte se justifica por el actuar de elementos extremistas que, al igual que en la izquierda, y tomando el caso en Argentina, no hay nada qué rescatar de todo ello. Cuando esto sucede, lo único que se puede hacer es arremangarse y comenzar creando algo nuevo, y estableciendo una serie de conceptos, que si bien no son un invento de hoy, sí se los puede estructurar y combinar de una manera que atienda a la realidad actual y a su vez, nos libre del anacronismo de discusiones estériles, pero también nos permita saldar algunas de las cuales nombraré alguna para profundizar esto. Para introducir el tema de la derecha, es necesario aclarar todos los campos necesarios para dar cuenta de qué puede ser considerado de derecha sin tener que responder a las críticas por "liberal" o "fascista", y para ello hay que abordar dos áreas: la jurídica y la filosófica.

En lo que concierne a la cuestión de la filosofía jurídica, o incluso la ciencia jurídica me sorprende muchísimo que aún exista un debate sobre si se pueden conciliar las nociones de voluntad popular y gobierno, o mejor dicho, hacer coincidir en una misma dimensión al gobernante y al gobernado. Kelsen lo ha tratado de dejar constatado, aunque hasta sus seguidores advertían del agua que hacía su justificación en el terreno de la teoría política, no así en lo que concierne a la teoría pura del derecho, de la cual no podría casi hacerse una objeción. El problema de Kelsen es que al tratar de purificar la teoría del derecho, lo ha hecho muy bien, al costo de que al descender a ciencias menos exactas como las humanidades, acabara por no comprender muy bien los argumentos que utilizaría, o tuviera ciertos equívocos sobre ciertos conceptos filosóficos que lo llevan a hacer agua en su propuesta del parlamentarismo, o la misma noción de democracia liberal. Como diría un gran maestro mío, hay que hacerse las preguntas correctas, sobre la yuxtaposición de gobernantes y gobernados, ¿se acepta como verdad porque es una justificación de la idea, o se acepta la justificación de la idea por ser verdad? Es una pregunta retórica que siempre punza hondo en quien no responde satisfactoriamente. En cuanto a este intento por hacer coincidir gobernantes con gobernados, vuelvo a Aristóteles básico: un ente no puede ser en potencia y acto al mismo tiempo, ya que una es consecuencia de la otra, y no puede la causa ser consecuencia. Pero podemos ver también algunos de los argumentos de Kelsen respecto a esto: para empezar resulta un chiste que un autor con esa seriedad reduzca a una dictadura toda posibilidad fuera del modelo parlamentario, pero se pone mejor; el autor menciona que la voluntad popular (gobernados) produce el contenido normativo si es apropiadamente representada (gobernantes). Acá es inevitable no reir levemente, cuando se hace la salvedad de que la voluntad popular puede producir el contenido normativo "sólo si..está correctamente representada", el problema con esto es que el argumento defensor de tal idea de democracia, termina tropezándose con aquel germen anti-democrático que la misma idea suscita. Digamos, aquello de "si está correctamente representada" significa que el criterio de representatividad no viene de la voluntad popular -allí hay un problema entonces con la supuesta conciliación-, sino que en última instancia viene de un criterio que filosóficamente sea considerado superior al de la mera norma, lo cual toca otro equívoco de Kelsen al querer reemplazar la noción de Soberano por el de Norma Fundamental, lo cual vendría a ser el mismo concepto pero desprovisto de personalidad, pero en cuanto a la relación con las normas que de esta Norma Fundamental emanan, no deja de tener un carácter jerárquico, y aquello es lo que entra en contradicción con esta idea de coincidir gobernantes y gobernados, ya que al fin y al cabo, el criterio último, "la última palabra" es soberanamente de quien gobierna como ente formativo de quien es gobernado. 

Otro equívoco de Don Kelsen es su defensa del iluminismo en el marco de un sujeto que está completamente excluído, y que el accionar se reduzca a hacer "lo que se puede", la vieja y repetida noción de que "mi derecho termina donde empieza el del otro", lo sorprendente es que esto sea para él una definición de libertad. Claramente en su estrechez positivista, la libertad está subordinada siempre a otra cosa externa al sí, lo cual anula la libertad por definición. Está ahí muy claro el desprecio por las disciplinas humanas en Kelsen, lo que no se entiende de eso es, si para desarrollar la teoría jurídica debía desligarse de las nociones inexactas propias de las ciencias sociales, ¿por qué incursionó en ellas? Esa fue incluso la razón por la cual, Kelsen ha caído en el error iluminista de juzgar negativamente lo que no se conoce o no se comprende, como aquel chiste donde el hombre pierde una moneda en la oscuridad pero la busca debajo del farol porque allí hay luz. El problema no se reduce al pobre Kelsen, a quien lo dejamos un rato tranquilo, sino sobre todo a quienes fueron sus detractores, incluso en defensa de tendencia de derecha, que ha llegado a los extremos. Me refiero al señor Carl Schmitt, quien trata a su vez de catalogar de derecha a nociones colectivistas, como considerar a la nación como una entidad que pre-existe a los individuos, o incluso, hacer coincidir nociones tradicionalistas con la defensa de una democracia directa, lo cual es hasta irrisorio, su pobreza del concepto estatal le ha quitado seriedad a una noción jurídica de derecha que sea respetable. El problema principal de Schmitt, es que es todo lo que Kelsen buscaba en un adversario de ideas, un pesimista que quiera llevar la noción moderna de democracia hasta su expresión más extrema filosóficamente, cerrar el parlamento y justificar una autocracia. Acá hay que ser contundentes, no podemos seguir sosteniendo ese pseudo-debate, debemos presentar los conceptos claros y las ideas justificadas de forma racional. 

Para empezar, dejemos un poco de lado la filosofía jurídica, Kelsen bastante nos ha ayudado con su teoría pura, la cual bien podría servir si se extrae del contexto positivista, y se aplica a una verdadera idea de Estado. Un Estado, bien puede ser definido como aquel órgano formativo de la nación, traducido a términos aristotélicos, es aquella voluntad que hace posible el pasaje de potencia al acto, o bien, la acción de gobierno, dando forma al conjunto, orientándolo. Por lo tanto, la idea de que la soberanía viene del pueblo, es un dogma y hasta supersticioso, ¿de qué manera lo informe y carente de voluntad propia (individual) puede dar lugar a un ente con voluntad que forme? Aquella incoherencia no ha sido lo suficientemente analizada, lo cual no significa que el conjunto de gobernados no pueda reconocer en el gobernante una autoridad competente, puede, pero eso no determina la capacidad soberana de ejercer la última voluntad sobre la acción de Estado. Otro tema a considerar, es que república no debe ser asociada al fenómeno liberal, ya que el primer pensador de la idea de república fue Platón, y en nada se parecía a aquel ordenamiento imperfecto que el liberalismo propone. En una república, que es sino una evolución de la idea monárquica debido a circunstancias distintas, no existe tal cosa repetida como "tres poderes", la república en su sentido estatal y soberano, tiene sólo un poder, que en todo caso, se expresa en tres posibles instancias, que son: el órgano ejecutivo, el judicial y el legislativo, el problema de exacerbar la idea de que son tres, supone el hecho de que no se esté estructurando el ordenamiento estatal para que cada autoridad cumpla con los requisitos necesarios, sino que siempre se está en sospecha de falta de idoneidad y honestidad, en lugar de corregir aquellas estructuras que hacen posible la elección de autoridades y los mecanismos para seleccionarlos, se opta por un sistema de contra-pesos que en realidad, lejos está de resolver este problema, ya que si se sospecha de falta de honestidad o idoneidad, ¿de qué sirve que los sospechosos se controlen entre ellos? O mejor, si nadie está libre de sospecha, ¿de qué sirve sostener autoridades? Las organizaciones intermedias podrían solucionar en gran parte este problema, por aquella razón se las trata de borrar el mapa, ya que la demagogia política está a la orden del día, y prefieren que un ciudadano "controle" con críticas que caen al vacío a la figura máxima, quien puede escudarse en una distancia conveniente, en lugar de que al tener contacto real con organizaciones que medien entre las autoridades más altas y los ciudadanos, se pueda ver la cadena de responsabilidades, ¿se imagina alguien lo loco que sería que se sepa cuál es el error de cada quien? O peor, ¿que se encuentren soluciones reales? ¡Qué disparates dice la derecha!

Para continuar con una definición ampliada de lo que puede ser una postura de derecha en estos tiempos que esté a la altura de las circunstancias, debe tenerse en cuenta que la orientación no es en modo alguno una justificación última de la realidad, ni una lucha a muerte contra la orientación distinta; sino una tendencia, un punto de partida. Como decía el buen Nietzsche, el hombre es una cuerda que tiende hacia la bestia o el Superhombre, trasladado a términos políticos, se puede decir que los matices no se encuentran en un punto fijo intermedio, sino que al estar uno en movimiento constante, la progresividad es una regla, y los matices se hallan en cambio hacia la decadencia o hacia el ascenso, lo cual requiere una integración, tanto de derecha como de izquierda. En nuestro caso, para que la derecha no sea extrema ni anacrónica, se debe tomar con seriedad y articular el elemento faltante que la izquierda posee y que resulta de suma utilidad siempre bajo la subordinación de la postura propia, es decir, la capacidad transgresora y disruptiva de la vía izquierda bien sirve para no caer en el conservadurismo, y poder plantarse a la realidad sin prejuicios morales que condicionen nuestro análisis. Para ser realistas necesitamos tener ideales, en la medida en que logremos conciliarlos en el reconocimiento de lo determinado, para pasar a un estado de transformación mediante la idea-fuerza. Combinar la capacidad que crea, la conservación de lo creado e integrar la ruptura de elementos que ya perecieron, allí se encuentra la progresividad en donde una idea matizada y profunda es posible, tanto para quienes son de izquierda, como para quienes somos de derecha. Con lo cual, es una cuestión de integración en grados y disyunciones, la tendencia que mejor refleja a cada uno debe ser defendida, no desde una actitud sectaria, sino por el contrario, de empezar a hablar como corresponde, desde los propios principios y sin tener miedo a ello.

Lucas Cianfagna.- 

domingo, 26 de marzo de 2017

De la memoria y el destino


"La acción tiene el misterioso poder de compendiar una larga vida en la explosión de un fuego de artificio. Se tiende a honrar a quien ha dedicado toda su vida a una única empresa, lo cual es justo, pero quien quema toda su vida en un fuego de artificio, que dura un instante, testimonia con mayor precisión y pureza los valores auténticos de la vida humana.“
Yukio Mishima

Nuestro joven filósofo se encontraba aventurando en alta mar. Viajando por todo el mundo conoce lugares exóticos, tratando de aprender nuevas cosas, siempre con sus libros a mano y su inagotable ansia de no estar quieto un segundo sin incorporar algo nuevo a su existir. En una travesía que lo encuentra en el lejano Oriente, nuestro joven se encuentra con un prominente profeta de quien se tenía una remota idea en algunos lugares, quien le asegura haber concluído con su destino en su tierra, por lo cual se habría recluido sin que nadie conocido lo habría podido seguir. Tenía un nombre extraño, pero lo interesante estaba en lo que pudieron conversar, lo cual los ha mantenido una larga tarde ocupados hasta que cada uno habría de continuar su camino. 

Nuestro joven se inquietaba, ya que había oído rumores de aquel profeta, pero conocerlo le resultó más impactante aún de lo que se imaginaba de otras lenguas. El profeta le habló un poco sobre su ya terminada misión que se había propuesto, le contó sobre sus propias aventuras y aprendizajes, siempre en un tono enigmático, lo cual en absoluto desconcertaba a nuestro joven filósofo, pero sí le suscitaba nuevos interrogantes a medida que la conversación transcurría. En un momento de intercambio, nuestro joven se vio muy preocupado cuando le tocó contar la situación que vivía la tierra de la que él provenía, buscando una enseñanza del prominente anciano, que le pudieran guiar hacia qué se debe hacer.

Nuestro joven le explicó que su pueblo era originalmente muy guerrero, pero que con ciertos desgastes propios de las épocas actuales, había sufrido corrupción en varios niveles y debilitamiento interno, al punto de que en ciertos segmentos de la población cundía la idea de que la última guerra que se había vivido no tuvo sentido alguno, que no hay nada en ello que rescatar, y que incluso se llega a despreciar el esfuerzo de los guerreros que en ella combatieron alegando que eran meros jóvenes inexpertos que estaban asustados. Nuestro joven viajero conocía muy bien de qué se trató, y conocía muy bien las mentiras que en tal pueblo se habían esparcido, pero la desesperanza y la decadencia eran algo a revertir cuanto antes, así que le pidió al profeta que le brinde una opinión de sabio. El profeta quedó un minuto en silencio hasta que logró recuperar el aliento antes de comenzar a hablar: 

"-Verá, joven. Usted me habla de una situación en verdad conocida para alguien como yo, quienes vivimos una vida de contemplación activa lo sabemos, y supongo que usted está en un camino similar. Debo decir sin tapujos y en razón de lo que me ha podido ilustrar, ¿no hubo suficiente enojo de parte de los conocedores?
¿Acaso no han desperdigado demasiado bilis en sus anuncios y en sus monsergas, al punto de oscurecer toda manifestación de grandeza en una contienda como la que usted describe? 
Los pueblos no son idiotas, ni sus líderes representan siempre la experiencia y la sensatez. Muchas veces grandes figuras son enaltecidas sin ningún mérito, de la misma manera en que los héroes anónimos no se les reconoce la pureza de sus actos ni la audacia de sus tan honorables logros.  
Estos héroes abundan, joven, en las calles, en los recovecos y talleres manuales, pero también en el campo de batalla, ¿cómo es que se reconozca -con razón- la virtud en quien da todos los días de sí por la educación de nuestros hijos, y no se pueda reconocer dicha virtud en el esfuerzo de quien está siempre dispuesto a soportar un poco más por nuestra dignidad? ¿Cómo no ver ángeles luchadores a través de la mirada de los nuevos nacidos? ¿Y aún tienen el atrevimiento de decir que las peores cualidades son desatadas por la guerra? ¡Pero si tienen un buen tiempo sin un sólo combate y los problemas no han hecho más que multiplicarse cual familia de conejos!  
Pero es que estas personas no entienden que es la guerra la única capaz de santificar una buena causa y enderezar toda empresa común, la guerra que todos llevamos, algunos lo hacen activamente y otros simplemente son arrastrados a ella sin siquiera comprenderlo.

¡Y que no se me malentienda cuando hablo claramente! A mi pueblo le he recomendado la guerra, pero nunca refiriéndome a la confrontación física eterna, sino a la actitud ante la adversidad, a desear el gran camino, y no el atajo. 

¡No a los uniformes vacíos y excesivos modismos superfluos, sino a los grandes principios altivos, la moral fortalecida y la inventiva al servicio de algo mayor!

¡Y que me parta un rayo si de mí oyeran decir que lo que importa es un simple territorio, sino más aún, los sentimientos y emociones que de él han suscitado!

¿Qué son tesoros y coronas, si como rey no se puede uno dar un corazón purificado y un espíritu incorrompible?
¿Qué significa una ropa de combate presuntuosa, si no se tiene la razón y la justificación más alta para mantenerla impregnada hasta en la piel?
¿De qué sirve un perímetro más de tierra, si al final olvidamos el fértil y próspero jardín, al cual abandonamos por desidia y aislamiento propio? 
Hasta la bandera carece de sentido, si sólo esta flamea en fechas precisas y no en lo más hondo de nosotros mismos. ¿Qué ha hecho todo este regionalismo, sino ayudar a sepultar esta gran causa debido a las mezquindades de quienes enaltecieron a los mediocres, ponderaron a los infames y olvidaron a los grandes santos que en ella ardieron?

¿De qué sirve inventar conspiraciones absurdas, concentrar culpas en éste o aquél? Si al fin y al cabo, si el afuera nos afectase, no se debe a nadie más que a nosotros mismos. Y aquella inmadura intolerancia que se tiene a los otros, no nace sino de la debilidad misma de un cuerpo convaleciente que no se encuentra en fortaleza de asimilar sin intoxicarse, como si se tratase de una enfermedad degenerativa.

¿De qué sirve mantenerse fanáticos de los centros sacerdotales, si han impulsado ellos mismos la debilidad en combate, con la que enseñan hasta hoy a sus fieles? Al final, de lo que se trata es de conservar el espíritu guerrero, que los aduladores se queden con sus bellas palabras y demagógicas monsergas, ¡la verdad se impone por su propio peso y por el valor de quien actúa! 
Yo le digo joven, y se lo repetiré hasta el cansancio, el pueblo sufre de una enfermedad, y esa enfermedad es carecer de destino, ¡yo le digo, embriáguense hasta los órganos con un destino! Que sea la gran causa la que agrupe formas de existir y de sentir, un pueblo que no abraza su destino, está condenado al descenso hacia una eterna caída.
¿Tienen ídolos? ¡Supérenlos!
¿Tienen ideologías? ¡Supérenlas!
Recuerden que todo factor de caída representa el punto de donde se impulsa uno para volver a ascender, ¡asciendan entonces desde el averno mismo si ahí se encuentran!

¿Ha habido una contienda que resultó en derrota? ¡Derroten ese sentimiento y sigan, como si la batalla hubiese continuado!
¿Ha habido líderes que han flaqueado? Manténganse enderezados ustedes, la culpa de los errores las pagarán los que los cometieron, y también los que no han hecho nada cuando tuvieron la oportunidad. 
¿Qué puede hacer su pueblo por re-inventarse y por alcanzar a ver una nueva aurora? Contagiar el ejemplo y el buen actuar. Tener en cuenta todo esto, para transfigurar los propios valores, e incluso la forma en la que se aprecia a su propia gente. 
¡No más ver a jóvenes inexpertos, sino guerreros valerosos!
¡No más guerras por territorios, sino en nuestro interior y por el más perfecto y sublime sentir!
¡No más posturas anacrónicas, ni mitos oscurantistas, sino realidad en su más grandioso expresar!
¡No más identificar fuerza con violencia, sino con la capacidad de integrarse entre hermanos que buscan un renacer!
¿Quiere saber qué le transmito a usted y a su pueblo?
El coraje de mirar siempre hacia adelante y poder mirarse a sí mismo y finalmente exclamar: ¡nuestra mejor conquista territorial es en los jardines de nuestra propia dignidad!"

Así dijo el profeta, el cual se alejó para retirarse definitivamente, y nuestro joven filósofo retornó a su tierra, en búsqueda de transmitir aquello que había aprendido de su gran viaje.

Lucas Cianfagna.-