jueves, 30 de junio de 2016

Discurso, reflexión y acción


"Cuando se habla de 'Humanidad', se piensa en lo que 'separa' y distingue al hombre de la Naturaleza. Pero tal separación no existe en realidad; las propiedades 'naturales' y las propiedades 'humanas' son inseparables. El hombre, aún en sus más nobles y elevadas funciones, es siempre una parte de la Naturaleza y ostenta el doble carácter siniestro que aquella. Sus cualidades terribles, consideradas generalmente como inhumanas, son quizás el más fecundo terreno en el que crecen todos aquellos impulsos, hechos y obras que componen lo que llamamos Humanidad."
Friedrich Nietzsche


Como lo señala la cita al comienzo, el problema ha sido arrojarnos a los brazos del positivismo irreflexivo, que dio luz a una serie de formulaciones teóricas -llámese ideales ilustrados-, que pretendían trazar un esquema reciclado del viejo humanismo renacentista, pero que por el dominio del discurso anglosajón lejos estuvo del mismo, sino más bien, el discurso humanista ha tratado de reaparecer a partir de un dominio que le era ajeno, en un terreno desconocido y cuyos resultados terminaron volviendo a los ideales que se pretendían humanos, en tiranías totalitarias, donde el Estado lejos del ideal de ordenamiento social acabó por ser el epicentro de una seguidilla de actos de barbarie. Pero no podemos de ninguna manera disociar este escenario terrible de lo que es una discontinuidad histórica y ciertas tendencias que pretenden pasar desapercibidas, pero que han constituido la base de grandes desmadres en la humanidad.

Para empezar, estudiar a los griegos está lejos de ser un mero capricho estético en cuanto a su arte, su teatro, su concepción jurídica, su política, su filosofía, etc; sino que también conviene analizar con precisión qué ha ocurrido con aquellos discursos que pretendían justificar un dominio específico de personajes anónimos, pero bien peligrosos, como lo fue la oligarquía griega y el accionar sofista, por ejemplo, en Roma igual, luego devenidos en venecianos, luego neerlandeses, londinenses y hoy washingtonianos, suena bastante familiar la escena si se la compara prudentemente. Y en esto no hay casualidad cuando se busca un patrón común, el desarrollo del Renacimiento fue para quienes señalaba Maquiavelo como los culpables de la convulsión italiana como una piedra en el zapato. Sus financiamientos en base a conflictos religiosos -que ni siquiera era de su debida incumbencia, sino de su debido negocio- fue debidamente amenazado una vez se identifique alguien que empeñe la ardua tarea de la re-unificación italiana mediante un paradigma nuevo, lo que llamamos Estado en el sentido moderno de la palabra, Medici o Borgia, lo importante es la tarea, que a priori resultó frustrada. Toda esa potencia que se le llamó humanismo resultó refrenada y reconvertida nuevamente, en las manos de quienes luego se arrogaron el título civilizatorio, pero que claramente dejan ver su barbarismo vestido de cultura, y para colmo de una cultura que les es ajena, pero que debieron adoptar, al igual que los bárbaros del norte que invadieron Roma habrían destrozado lo que quedaba de su imperio, pero las formas culturales que adoptaron no podían ser otra que la de los vencidos, lo cual nos deja ver quienes se han opuesto a una idea real de civilización: los mismos salvajes de siempre.

El discurso triunfante de un humanismo gangrenado y envenenado hasta la médula se puede notar cuando en lugar de establecer el equilibrio entre la apreciación reflexiva del ser humano, su actividad como científico, como artista, como poeta, como dramaturgo, como ser político y social, quedó totalmente disociado de sí, el científico estudia a sus pares como si fueran ratas en un laboratorio, y dentro del mismo contexto, el humanismo se llevaba consigo a sus muertos por cada siglo, ya sea mediante revoluciones, tiranías, disciplinamiento o hambre. Los tres gigantes ideológicos devenidos del ideal ilustrado de igualdad tiránica han arrastrado consigo una serie de tragedias avaladas por el mismo discurso que los vio nacer, como si se tratase de una novela de Frankenstein, o del mito del Golem. Basta con ver la situación europea para comprobar las raíces de este discurso, no en un sentido étnico, pero sí estratégico, donde a pesar del triunfo hegemónico de lo que bastardean en nombre de lo "occidental", les duele la realidad de que culturalmente no se domina si no se tiene como base aquello que supo ser culturalmente elevado, y me refiero a la cultura clásica, que ha marcado un camino en cuanto al pensamiento, las artes, ciencias y todo tipo de disciplinas.

Actualmente en Argentina se sigue reproduciendo aquel discurso de humanismo gangrenado, basta con ver las "eminencias" en ciencias "sociales" (término de raíz positivista que aún no pensamos largar) para darse cuenta que seguimos marcados por la pedantería pedagógica del siglo XIX y XX, por el disciplinamiento conformista y por la decadencia discursiva, que ya no sólo contempla a estos señores de los datos y las hipótesis, sino también sus hijos bobos que llamamos "relativistas", los cuales causan una carcajada cuando todavía se disponen a adquirir seriedad en un debate. Pero no nos enojemos con los nuevos engendros del facilismo y de la pseudo-ciencia, miremos mejor a quienes contemplan con un privilegio discursivo, aquellos que contribuyen a que nada cambie, y que toda actitud disruptiva y creativa pase para ellos a ser "una etapa adolescente". Aquellos que alejan a los futuros científicos del interés filosófico, a los futuros filósofos del interés científico, o a los futuros políticos del interés científico y filosófico, contra ellos es que tenemos que apuntar, porque nos ha costado un par de generaciones que habiéndolas disociado de las prácticas que conciernen a la humanidad y la cultura, acaban prácticamente por no interesarse en ninguna.

Evidentemente hay una relación asimétrica de fuerzas -como lo es en todo orden-, donde los conceptos y las aplicaciones están orientadas a la eficiencia del mercado y a la alimentación del Estado como una máquina autosustentable, misión peligrosa si las hay, puesto que hemos visto lo que es capaz de hacer un Estado aplicado a una burocracia que se aceita a si misma y cuyo fin es únicamente su propia preservación, mientras que la preservación de la comunidad y de la cultura pasa a quedar en el olvido. Por eso vuelvo al inicio, no es un mero capricho estético la inquietud por los griegos -más allá de que eventualmente se vuelve también eso, no voy a mentir- siendo más aún, presentan problemas y conflictos que son de actualidad, y ni siquiera es necesario remontarse a la historia de la edad de hierro, basta con ver los mitos para darse cuenta de la infinidad de problemas que se plantean, no para copiar las soluciones, sino al menos para dar cuenta de la composición misma del problema.

Las reflexiones en torno a la creación de polis dan cuenta de las necesidades jurídicas y políticas de administrar comunidades donde los conflictos de intereses alcanzaban planos cada vez mayores y contradictorios. Dentro del discurso que me ensaño en denunciar, existen caracterizaciones facilistas de los conceptos como igualdad, sin que exista realmente una reflexión en torno a la misma, así como su relación con el concepto de ciudadanía. Tal relación resulta hasta ajena, como si la responsabilidad de la vida política no tuviese importancia, pero los esclavos gustan de llamarse "personas con derechos", porque así continuarían cumpliendo la función de esclavos, pero con nombres pomposos que les sirvan de soma, de relajación, de estímulo constante; al fin y al cabo, ¿qué es sino un hombre que produce para otros y no le interesan los asuntos públicos? La antigüedad tenía tal nombre para esa condición, ahora ese término nos estremece, pero parece que si no es con un concepto, la realidad nos es ajena.

La organización de los individuos aislados es la perfecta resistencia a este orden de cosas, porque el problema no es la libertad, el problema en todo caso, es el concepto abstraído de toda realidad posible, es decir, la tiranía del concepto que nos hace imaginar una realidad en otro plano, sin actuar en éste. La libertad, como bien decía Foucault es imprescindible, pero se practica incondicionalmente de un modo ético, ya que tratar de invertir un esquema discursivo requiere trabajo, organización y disposición, pero sobre todo, practicar todo aquello que se busca dentro de lo posible, y para esto, requiere que aquello que pensamos, reflexionamos y proponemos gire en torno a las aplicaciones posibles. La flexibilidad de conceptos vale para dar un marco de revisión y aplicación práctica a los mismos, para lo cual es imperioso entonces movernos de lugar, ya que es imposible salir de la abstracción inerte, si no se mira el problema desde un sitio distinto.

Lucas Cianfagna.-


miércoles, 22 de junio de 2016

Biopolítica: Escenario y propuesta


"La Esfinge impone a los tebanos el desafío mortal del dios, formula el enigma sobre las tres edades del hombre. Sólo quien resuelve el enigma puede salvar a la ciudad y a sí mismo: el conocimiento es la instancia última, respecto a la cual se libra la lucha suprema del hombre." Giorgio Colli


Un discurso sutil pero devastador

Mucho se ha hablado del discurso científico tradicional, en torno al mismo se habla de la ruptura de la posmodernidad en forma de crítica del mismo. Ahora bien, propongo en cambio plantear una suerte de discontinuidad en base al discurso que uno cree que es derrotado, porque un discurso a pesar de ser vencido en un contexto específico, partes de él se reciclan, se extrapolan y se adaptan al tiempo, quizás cuando se trata de un discurso que es vencido por una voluntad que se impuso, podemos afirmar que dicho discurso adopta la forma y la estructura del discurso que triunfó. Sin embargo, a pesar de la discontinuidad de los discursos cientificistas y posmodernos, se encuentra un patrón de discontinuidad que atraviesa a ambos, y este es, el discurso de identidad anglosajona. Bien podríamos decir que se trata de un tipo de discurso que se ha manifestado a favor de ciertas prácticas de dominio internacional, el salto discursivo es discontinuo, pero quienes se hacen nuevamente sujetos privilegiados de discurso son claramente los mismos. Quienes ayer sostenían una noción positivista de la sociedad, considerando la biología, la medicina y la psiquiatría como únicas verdades de la cual se debiera desprender todo, esos mismos sujetos son quienes hoy desujetan, o bien, tratan de desligar toda identidad más allá de la individual, abogando por un subjetivismo vacío y relativista hasta el absurdo, si bien las autoridades recicladas del viejo paradigma del discurso científico como lo son en Argentina las "eminencias" que se encargaron de borrar toda noción realmente de identidad, coexisten con los posmodernos -quizás con algo de tensión- pero que ambos se encargan de una misma misión discursiva dada en distintas tareas, la cual es, que todo siga igual. Lo que triunfa como paradigma, y me llevó a reflexionar sobre el asunto, es la noción de ciencias "sociales", ¿pero somos en primer lugar seres sociales o humanos? En esta actitud genealógica que suelo tener, no realizo excepción alguna en este tema, y es ahí donde me propongo ver cómo a pesar de un discurso que vence sobre otro en términos de aceptación social, uno más importante se mantuvo, que es la noción de la sociedad como el abordaje de un grupo de vegetales, de seres vivos, ¿o acaso no resultan familiares las nociones como "comportamiento social", "analizar el fenómeno social", "analizar la conducta de los individuos" por no decir especies? El hedor ya no pasa desapercibido ante mí, se huele algo que habíamos naturalizado un buen tiempo y que ahora bien podríamos revisarlo, pero ya no simplemente como un abordaje más y una charla en un simposio, sino como un aspecto del cual los que nos interesamos por la ciencia y la filosofía, que fueron las dos disciplinas más importantes de un Occidente fundado en lo clásico, no olvidar qué nos constituyó, quiénes violentaron tras haber perdido la contienda cultural contra Roma, ahora se alzan en victoria por haber reclamado un supuesto imperio civilizatorio, que respecto a nuestra cultura madre, no tiene nada, pero que pudo mucho. La pérdida de palabras como "humanidades", y otros términos latinos nos llevaron a adoptar terminología disciplinaria anglosajona, por un lado y positivista por el otro, lo cual hace que uno no se extrañe cuando ve el mismo compromiso de parte de los neo-positivistas y de los posmodernos por igual respecto de aquello que se impuso sin cuestión, la nada misma, mientras que los postulados de la Escuela de Frankfurt planteaban una supuesta actitud crítica, la propuesta terminó siendo más convalidación y menos crítica, por tomar aquel ideal iluminista que pereció, pero que aún varios no tienen el valor de enterrar al muerto, leer unas palabras y seguir.


Instituciones viejas y estancamiento sostenido

Lo que hemos tenido las últimas décadas de gobiernos ha sido devastador desde varios puntos de vista. En primer lugar, la transición a una mayor adaptación a los cambios que el mundo experimentaba se hicieron con total improvisación y con toda falta de idoneidad, sin mencionar la corrupción y la continuidad de órganos de poder real oscuros y silenciosos como son servicios de inteligencia y atentados mafiosos, lo cual ha ocurrido las últimas 3 décadas con diferentes casos y magnitudes sin excepción. Por otro lado, las instituciones que más urgía reformar se han mantenido iguales desde hace ya 2 siglos, lo cual me hace pensar que; o no se tiene idea de lo que se hace, o se es demasiado malicioso, de cualquier forma, el problema persiste, y está enquistado en instituciones que aún continúan aplicando criterios de sociedad de masas como lo son la escuela, la cárcel, el reformatorio, con la diferencia de que ya no existe la fábrica, ni la capacidad de emplear a tanta gente para un trabajo general, y esto se debe precisamente a que las instituciones que harían posible ello, siguen pensando en poner un aplazo o no, mientras el resto del mundo se debaten fuentes de trabajo que ni hemos llegado a conocer todavía, se aplica biotecnología para clonar órganos, o imprimirlos, se está viendo la posibilidad de estirar la vida, y todo en dirección a este nuevo tipo de sociedad que se enfoca en individuos felices y contentos, que no saben qué quieren ni a dónde van, pero que seguro "algo buscan", entonces en medio se le pone cualquier tipo de "algo", total, mientras no lo encuentren, seguirán buscando. Nuestro atraso a nivel político y nuestro estancamiento que todavía sigue vigente, me recuerda a la sociedad presocrática, donde los demagogos usaban la sofisma para engañar, saquear y dominar con la ingeniería de un par de magnates. El escenario es muy similar si se enfoca en el aspecto en que ganó la doxa por la doxa, o mejor dicho, la crítica por la crítica misma, la opinión sin reflexión y repetir el discurso estéticamente más sonoro. Cuando hablé previamente de discurso cientificista anglosajón, no me refiero a la categoría identitaria de los anglosajones, sino a la ubicación en la cual históricamente se encuentra una fuente de discurso que tiene pretenciones internacionales, por tanto, la acción concreta y organizada es más que un imperativo, es una necesidad.



Proyecto Nacional y biopolítica

Al hablar de acción organizada me refiero al compromiso activo, pero veamos a qué va esto. Como habíamos mencionado, el discurso cientificista y pseudo-científico se plantea como una suerte de humanismo deshumanizado, donde somos individuos, no personas que pueden estar sujetas a derecho, o bien, meros agentes de consumo de cosas, la mera reproducción de la vida es el mismo esquema de la sociedad industrial, pero como mencioné antes, sin la misma posibilidad de respuesta que se tuvo antes con la organización de un Estado-Nación fortificado, hoy la tarea organizativa requiere un esfuerzo mayor, su refundación pero no como razón de Estado en el sentido absoluto que tuvo anteriormente, sino como la herramienta indispensable para la fundación de una comunidad, de una biopolítica. A diferencia de la vegetativa reproducción del esquema de vida, la biopolítica se presenta como una forma de afrontar los problemas que emergen en esta nueva sociedad orientada a individuos, para lograr una organización y una identidad que nos permita una forma de vida más allá de la burda reproducción de sí misma, como lo pretendía el positivismo anteriormente, y hoy en discontinuidad el posmodernismo socialmente aceptado en varias regiones, y esta forma requiere incluso una revalorización y refundación de la identidad, la que reconoce el esfuerzo civilizatorio de filósofos, científicos, poetas, dramaturgos, músicos; aquellos que hicieron de Occidente la producción y expansión de cultura, la voluntad de la excelencia y la refinación, en contraposición a la pseudo-civilización de lo estéril, de lo que embrutece, de lo salvaje. La noción de un Proyecto Nacional es para nuestro contexto específico, la mejor forma de abordar esta biopolítica, que se trata de hacer de la vida una cuestión activa, de organizar la potencia y orientarla hacia algo superador, de adoptar una actitud vital de la política, una forma de retornar a la raíz más antigua sin perder noción de lo presente. Para eso debemos ser en parte como lo fue Edipo, según la mención de Giorgio Colli respecto a los eruditos en mitos, quien marca el primer gesto filosófico al plantear una respuesta a la Esfinge más allá del discurso, una respuesta fundadora de polis. El exilio de un tirano derrotado por la verdad más terrible representa el gesto de la apertura hacia un compromiso conjunto que se debió tomar ante una situación que lo ameritaba, la organización y el establecimiento de criterios para vivir en comunidad fueron esenciales para lo que luego aconteció como desarrollo cultural de Occidente, ¿pensamos realmente tirar todo ese esfuerzo por la borda? O bien podemos adoptar la misma actitud ante este nuevo pero familiar escenario; organizándonos y actuando, podemos nosotros también, fundar nuestra polis.


Lucas Cianfagna.-

miércoles, 8 de junio de 2016

La virtud que enmienda


“Las prácticas sociales pueden llevar a engendrar dominios de saber que no solo hacen que aparezcan nuevos objetos, conceptos y técnicas, sino que hacen aparecer, además, formas totalmente nuevas de sujetos y sujetos de conocimiento. El mismo sujeto de conocimiento posee una historia” Michel Foucault


Prejuicio sobre la ciencia

Sin pretender una generalización o establecer un estereotipo de persona de este tipo, es preferible contar con las actitudes que definan este comportamiento. Pero en primer lugar es necesario también enfocarse sobre el modelo científico tradicional, que ha devenido en una suerte de neo-positivismo, o positivismo reciclado, cuyo fundamento es que sólo se considera científico lo que provenga del saber técnico, lo cual diría Habermas que es violencia ideológica para ocultar el resto de la realidad. Pero yendo a algo un poco más allá de eso, la discontinuidad, como diría Foucault, que se produjo a partir de la irrupción de la Nueva Filosofía de la Ciencia, y las revisiones de Riccoeur del método hermenéutico para las Ciencias Sociales, ha producido un planteo distinto, que en buena hora, ha logrado reconciliar aspectos importantes. Claramente no se trata de culpabilizar el pasado, sino de tratar de explicar por qué todavía se piensa de esta manera sobre lo científico, y debemos decir que en parte, se debe al científico mismo. La imagen de las personas que no integran ese ámbito es de algo totalmente ajeno a su quehacer, como si se tratase de una especie de alien, una persona dotada de capacidades sobrehumanas que lleva adelante algo que no se sabe muy bien para qué sirve, ni qué hace, pero que algo debe significar. El escepticismo respecto a la ciencia, y no aplicado a ella, es el que conduce al no-escepticismo respecto de los distorsionadores como lo son el sueño, la superstición, la imaginación sin criterio, el delirio, etc. Las personas tienen una imagen del científico como la de un hombre recluido en una caverna en la cual se encierra para escribir cosas, pensar, reflexionar y luego salir y decir "¡Voila, tengo este descubrimiento!", como si la composición teórica fuese un universo y el mundo experimental fuera otro; esto sería más o menos como, un filósofo encerrándose en una caverna viviendo como ermitaño por un lado y un químico loco haciendo explotar cosas por otro. Esta imagen distorsionada no es producto de la mera imaginación de las personas que son ajenas a ese entorno, en ellas ha influido -demasiado, diría- el modelo de observador neutral que para los fenómenos sociales y de otra índole tiene un peso sobre el aspecto técnico, que no alcanza para comprender la realidad social como tal. Ni que hablar sobre la falta absoluta de interés en la filosofía, disociándola de la ciencia, siendo que el avance de la ciencia parte de la reflexión del filósofo, lo que la ciencia da por hecho, la filosofía se atreve a repreguntar, para que esta marcha continúe de forma equilibrada. Por tanto, queridos amigos positivistas, guarden un poco el microscopio, ¡no sea cosa de que los terminemos analizando a ustedes!



La estupidez es teórica y práctica

En debates de redes sociales existe una gran parte de personas que tienen una necesidad hasta neurótica de separar teoría de práctica, lo cual me lleva a pensar en algo bastante simple: nunca se han dispuesto formular una u otra. Existen los teóricos absolutos, esos que a la primer señal de llamado a la acción les da alergia, no pueden con su propio sistema inmunológico, a estos compulsivos de la reflexión impoluta les parece hasta una aberración pensar en atravesar un proceso entre la realidad que tienen y la que quieren, por tanto, nunca ejercen realmente el primer paso, porque es tal el rechazo hacia la realidad actual, que no pueden concebirse inmersos en ella, y entonces prefieren seguir cabalgando dormidos al lomo de un tigre con un miedo atroz de lo que puedan encontrar si exploran el pasillo de afuera. Por otro lado, están también los soberbios de la práctica, quienes con decisiones apresuradas han configurado medianamente su vida -porque no requiere de demasiado planificar, eso está claro, o bien se han dedicado a coleccionar problemas bajo la cama-, sin demasiado problema, les parece totalmente falta de utilidad la reflexión y trazar cualquier esquema, lo consideran hasta contrario a conseguir resultados, lo cual me hace pensar que le tienen miedo a tomar una reflexión sobre sí, consideran de esta manera un acto de contaminación de la toma de decisiones momentáneas para las cuales su mediocre vida no requiere mucho tampoco, de su utilidad establecen una norma, una moral, en consecuencia, hablan de "menos abstracto y más concreto", ¿y cuál sería el sentido de considerar ambas cosas como contrarias e irreconciliables, o sea, como dialécticas? Si es justamente lo concreto lo que puede dar pie para lo abstracto y establecer un esquema para evaluar futuros concretos, la diferencia entre este tipo de personas y el positivista, es que el positivista sí reflexiona, pero aún así no se da cuenta y termina cayendo en el mismo error que la persona de la vida "concreta y simple". El optimismo racionalista del iluminismo ha creado un conocimiento que se ha encargado de nihilizar la vida, volverla una entelequia puramente material por un lado y virtual por otro. A diferencia de quienes nos acusan de ser nosotros los nihilistas, mas les digo a ellos que se miren al espejo, pues según su propia premisa el ser, como la muerte y el miedo en la vejez no son objeto de conocimiento por su imposibilidad de transformación, lo cual hace que sus valores ilustrados no sean más que un velo hacia algo terrible, la caída de consciencia de que dichos valores, nos han llevado a la nada misma.




Sobre la Nueva Filosofía de la Ciencia


En el contexto post-empirista en el que aún vivimos, si se quiere, existen varios aportes desde, principalmente tres perspectivas que han sabido aportar un nuevo sentido hermenéutico y de interpretación de lo social, tomando el trabajo de los comprensivistas como Weber y Schütz, y del estructuralismo como Merton, Levi-Strauss, y también de la Escuela de Frankfurt, como el trabajo previo de Adorno, Horkheimer, Fromm, etc. De cada una ha surgido un aporte sobre la hermenéutica, ya sea de Giddens en cuanto a la doble hermenéutica de la acción, la interpretación de lo sagrado que está oculto desde Habermas, o la desacralización genealógica desde Foucault. De todas formas, lo que acá importa, es la labor por unir de nuevo la filosofía con la ciencia, pero no sólo eso, sino librarse del aspecto moderno de sujeto-conocedor como se propuso Foucault, quien creo que establece un mejor enfoque de recorrido histórico del sujeto moderno, a diferencia de Habermas que ha reciclado más o menos la Teoría Crítica y la ha vuelto un iluminismo frankesteiniano, cuyos resultados se asemejan a aquellos que de teoría viven, pero que de vida carecen. El enfoque de revisar la historia del saber y por otro lado, una filosofía de duda y de escepticismo, considero que es una tarea interesante para marcar a futuro, ya que menospreciar la filosofía no tiene que ver con un espíritu científico, sino por el contrario, con el espíritu de un anticuario que colecciona, el deber es conseguir datos y resolver problemas, pero también poder dejar abierto un nuevo interrogante. Por otro lado la genealogía ha constituido un elemento interesante, que le debemos en gran parte a Nietzsche, y que nos permite quitar el velo embellecedor y apolíneo de un proceso lineal y continuo, y darnos el lujo de analizar lo contingente, lo que violenta y se impone, aquello que se establece no por un camino prefijado e inexorable, sino por un impulso que ha sido victorioso. Estudiar la naturaleza de lo originario, naturaleza violenta -no en un sentido moral- de todo lo que se impone, como lo es el discurso mismo, la verdad radical que se ubica dentro de lo dionisíaco -estéticamente hablando- como aquello que permite un conocimiento que no sólo no nihilice, sino que también potencie y nos ponga en acción, y que nos permita tomar partido de mejor forma, y por supuesto, mayor compromiso con la práctica. Hacer de la teorización una actitud práctica es una tarea fundamental, y es acá donde me propongo que la teoría y la práctica no formen más que el mismo proceso de generar respuestas y nuevos interrogantes, ¿acaso no era ese el objetivo? Ya que nos queremos proponer algo para hacer los que nos interesamos en plantear estos temas, prestemos oídos sordos a quienes se quedaron en la neutralidad valorativa y los posmodernos a quienes todo les da lo mismo. Sabemos que la determinación absoluta de valores y la carencia total de ellos son un proceso discontinuo pero que mantienen una estrecha relación, por tanto, propongo evadir esto que ya sabemos cómo termina. Escindir la teoría de la práctica no sólo atienta contra el ejercicio mismo de la filosofía y la ciencia, atientan contra la vida como acontecer, ya que no es posible salir de la mediocridad si no es pasando a la acción, mientras que se reflexiona sobre lo que hacemos, por lo tanto, muertos los ídolos iluministas y la rigurosidad tecnocrática, queda el camino librado a quienes no sólo queremos vivir, sino reflexionar para vivir mejor.


Lucas Cianfagna.-