lunes, 29 de febrero de 2016

Menos educación, ¡más cultura!

"Sería injusto en este caso responsabilizar a la falta de capacidad del personal de facultades o ministerios de una situación que posibilita a muchos mediocres tener un papel destacado en las universidades. Esto reside más bien en las leyes de la cooperación humana, especialmente de la cooperación entre varios organismos; entre la facultad que propone los candidatos y el ministerio." Max Weber



Algunas aclaraciones



La razón del título es la misma que logra una comparación chocante, y es generar interés, o al menos, impacto para que se hable de esto, creo que no tendría ni que aclarar que el uso de la metáfora no es exclusivo de los poetas, sino también de quien quiere dejar algo en claro, a lo que voy es: no tomar literal lo que se dice (digo) y tratar de comprender qué es lo que deja. En lo que refiere a la educación de ninguna manera pretendo señalar a los profesores y maestros, a ellos el mayor reconocimiento por su sacrificio constante y su auténtica vocación, en cambio, me propongo marcar el discurso politiquero barato, que basa un 80% de su campaña en educación, siendo los resultados evidentes y se ve que la cultura en Argentina ha sufrido un deterioro tremendo desde hace más de 2 décadas, profundizándose más en esta última, ahondando en préstamos del Banco Interamericano y en esa estupidez de la inclusión, que como bien dijo Abraham, no es un problema educativo sino de seguridad, ¿de qué sirve incluir si lo que hay para "compartir" es la miseria cultural? Y todavía queda el vestigio de los intentos de educación proselitista, lo que nos deja en una incómoda conclusión, la educación que han fomentado en estos últimos años fue precisamente la anti-cultural, con lo cual plantear esta dicotomía (educación-cultura) a modo de metáfora no resulta demasiado descabellado. Es decir, si esta es la educación que prometieron, ¡cómo sería si no la prometieran!




Anomalía nacional



Mucho se ha hablado de la decadencia de una cultura, desde Spengler, pasando por Évola, en fin, nombres sobran, pero poco se ha hablado de cómo actúa la decadencia, o al menos, en términos filosóficos cómo se configura socialmente la decadencia desde una perspectiva filosófica. Como bien analizó Guillermo O'Donnell desde el lado de la Ciencia Política, la insuficiencia institucional es lo que provoca formas demasiado imperfectas de práctica del régimen político, lo cual a su vez genera una desconfianza atroz, también parafraseándolo a Rosanvallon, la desconfianza se organiza para elegir un candidato cada 4 años y otros que los representen en un parlamento, lo cual hay una tendencia hacia la fracción y la fragmentación social, lo cual es el verdadero síntoma de la decadencia, que no es otra cosa que el fragmento yendo por su lado, no conformando la organización del todo. Ahora bien, conviene profundizar el aspecto que O'Donnell describe detalladamente, empezando por el origen de la cuestión. Hubo una desidia de parte de la clase política que gobierna hace 40 años, en promover todo lo que no fuera cultura y dejarse arrastrar por todo tipo de corrientes absurdas y "de moda", dándole poca o nada de atención a estimular aspectos que conciernen a la curiosidad por el pensamiento, la ciencia y mismo el arte, salvo algunos casos contados que -nuevamente- no nombraré para no ser tildado de proselitista político de fulano o sultano; y a su vez, olvidar el aspecto constitutivo de un pueblo, que es su constitución y su cultura, la cual está incluída en el principio de supremacía constitucional, al menos en el caso nuestro, lo cual subordina a ella las propias leyes. Muchos estaríamos de acuerdo en que la llamada supremacía constitucional no es un ente divino ni inmutable, se puede discutir en determinado momento cuando no representa en absoluto una entelequia que pueda dar una guía para una comunidad, a esto se lo conoce como crisis, y es perfectamente normal, el problema reside en la falta de planteo de dicha crisis, y más aún, en el planteo de los posmodernos que pretenden que todo dé igual y que no ordenemos nada, son la representación de la desidia a nivel personal y social, lo más decadente a lo que se puede llegar, y peor aún, dejan abierto el terreno para la acción de los demagogos que se aprovechan de una sociedad embrutecida.




La universidad..también está en cuarentena



El ámbito del que formo parte como estudiante y que presencio buena parte del año, se nota en algunas autoridades -afortunadamente no todas- y sobre todo, como una tendencia importante en una gran parte del estudiantado, el dejarse engatusar por esa charlatanería pseudo-científica de la teoría de género, la cultura de la violación, el feminismo matriarcal y el uso y abuso de la aplicación del enfoque marxista en disciplinas científicas (algunas) que hoy dominan en su programa educativo, y luego hay asombros cuando se ve el descenso de la UBA en cuanto a universidades de otros países en los rankings de calidad educativa, mi pregunta entonces sería: ¿dónde está el asombro? Los intentos por ejemplo, de la "antropología social" -si es que eso existe- de adaptar el discurso marxista a las teorías de cómo se conforman las culturas. Hacen reivindicaciones absurdas de las culturas indígenas como si fuesen superavanzadas y hacen la vista gorda en cuanto a los sacrificios humanos que los imperios más grandes del continente efectuaban, pero a su vez se escandalizan cuando recuerdan la masacre de los fascismos en Europa, a eso le llaman relativismo cultural, donde se relativiza lo que conviene para justificar una idea, un rasgo típico del posmodernismo. Esa obsesión de muchos absurda hasta en lo filosófico, carente de fundamento y de base ontológica aparece no sólo en la Antropología, que solía ser una noble disciplina que ayudaba al entendimiento propio, pero se vio contaminada por ese "dejar hacer", la pasividad, ese seguir la moda vulgar del momento. Citando a un personaje de la famosa serie nacional de "Los simuladores", la década del 90 fue la segunda década infame en nuestro país, sobre todo en el aspecto cultural, donde el mal gusto y lo vulgar tomó rango de jerarquía, y por debajo la cultura (en los ámbitos correspondientes) se tiene que disputar una pelea contra la posmodernidad, si al menos fuese una pelea contra los retrógradas, que aún hoy dan batalla en un tono quijotesco con sus absurdos antisemitas y ultra-religiosos, ¡pero disputar con posmodernos! Hasta acá hemos llegado con la ineptitud de nuestras autoridades, que como siempre permiten estas cosas, que no impulsan el aspecto cultural, ni tratan de actualizarlo y conformar uno más fresco (genuinamente, no intentos demagogos). No se encuentra en ninguno la iniciativa de cargarse al hombro la tarea de culturizar, la cual han tomado nuestros líderes históricos más respetados que ellos mismos dicen reivindicar, total ¿qué importa la cultura? ¡Si se les puede prometer educación!


Lucas Cianfagna.-

martes, 23 de febrero de 2016

No tengamos miedo a la voluntad

"Poder es esa nueva virtud; un pensamiento dominante es, y en torno a él, un alma inteligente; un sol de oro, y al rededor de él, la serpiente del conocimiento." Así habló Zaratustra


Confusiones en torno al filósofo



Muchas veces leemos el término "voluntad de poder" y no podemos evitar como con muchos términos compuestos, separarlo sintácticamente, lo cual constituye el primer y quizás más importante error que modifica totalmente el modo de ver el término, y termina convirtiéndose en motivo de calumnia o de malentendidos. En primer lugar, como dije, no es posible hacer una separación en sentido de sujeto y predicado del término "voluntad (sujeto) - de poder (predicado)", sino que hay que entenderlo como la famosa "oración unimembre", o sea, como un predicado completo; esto es, la voluntad no quiere, la voluntad es querer, y tampoco conviene tomar el poder como sustantivo, ya que no refiere al poder en torno a lo que se conoce como un despotismo o una tiranía, muy que le pese a los lectores frívolos de la obra de Nietzsche, "voluntad de poder" es justamente lo contrario, y teniendo en cuenta la palabra "poder" como la "posibilidad" en términos de Gustavo Trifiló, pero para ampliar esa postura, propongo tratar el tema en mayor profundidad respecto de la "posibilidad" entendida como "poder". Una cosa es necesaria, nos decía el maestro de esta doctrina, "dar estilo al propio carácter", y eso se traduce en varias cosas: para empezar, tiene que ver con la disposición del propio cuerpo, lo cual significa que el cuerpo en nuestra natural falta de entendimiento hacia él, respecto de los impulsos y de las reacciones que éste tiene los cuales condicionan buena parte de nuestro pensar, podamos comenzar tomándolo como algo de lo cual disponemos para organizarnos. La falta de una noción del impulso condicionando la razón termina derivando en consecuencias no deseadas, por tanto el primer paso, es aceptar el propio cuerpo, y disponer de él para entenderlo y poder asimilar todo lo que acontece a nuestro alrededor, esto es, incluso aquello que podría sernos perjudicial, así como el cuerpo asimila una enfermedad en el momento en que la supera y logra salir de ella; lo mismo ocurre con las contradicciones, se trata de asimilarlas y sacar de ello lo que sirva para el cuerpo, lo que se llama tarea de "in-corporar", lo cual atañe a las naturalezas sanas, a diferencia de las naturalezas agotadas, quienes no pueden incorporar o asimilar, por tanto no les queda otra que tratar de eliminar la contradicción, y esto se aplica en cualquier orden de la vida. Por otro lado, dar estilo al carácter se trata de pulir aquello que está en bruto, habiendo superado la etapa primera de disponer del cuerpo, se comienza a trabajar sobre los propios gustos y sobre aquello en lo que solemos trabajar (en un sentido de dedicación), que conlleva a la refinación de los gustos y de las acciones, lo cual tiene que ver también con aquellas pasiones bajas, como la crueldad, que deviene en una cultura altiva, como un refinamiento, lo cual llamamos "prisión", o "condena por delito"; allí donde se instala un camino y una cultura, existe refinamiento y todo el proceso previo tiene que ver con la "voluntad de poder", lo cual volviendo al principio del mismo, se trata del impulso hacia organizarse, para luego organizar el propio entorno.




Algunas desmitificaciones



Hay una moda dentro de cierta izquierda más extrema, que apunta al odio sobre el orden o las jerarquías, lo cual es en realidad un desconocimiento mismo del caos y del valor de ordenar sobre él. En primer lugar, se considera al orden como propio de dictadores, tiranos o déspotas, cuando en realidad quien analiza un poco la composición de dichos regímenes, la reivindicación del caos como elemento organizativo se vuelve la regla común y hasta el medio para garantizar su posición en el tiempo. Es justamente, tomando lo anterior, que el tirano es una persona que ha decidido desconocerse, al punto tal, que en lugar de organizar su caos, prefiere trasladarlo hacia su entorno, ya que al ser una naturaleza débil o agotada, considera todo lo que no puede asimilar como una amenaza hacia su vida, lo cual es comparable a una persona que trágicamente sufre los embates del virus HIV -haciendo una salvedad obvia, en el sentido en que estas personas no deciden lo que les pasa-, y por causa de ello, el tirano no tiene las herramientas para asimilar, puesto que el sólo hecho de intentar hacerlo pone en riesgo la propia vida, y es justamente esa la predisposición que tienen los tiranos y los déspotas, y de ahí reside su en realidad amor...hacia el caos. Lejos de concretar una utopía de izquierda, el caos es favorable para estos demagogos y déspotas, que de izquierda tienen muy poco, o podrán tener mucho, pero de reaccionario les sobra, porque vivir sobre los cimientos de la nada les resulta más cómodo, y su naturaleza enferma no les permite disponer de sí mismos, y si nos detenemos en un país como el nuestro, donde la fragmentación a nivel social ha llegado a niveles insospechados, la idea de caos no puede resultar nunca una idea amigable, sino más bien lo contrario. Existe de parte de cierta juventud una reivindicación hacia la militancia de los 70, lo cual no es sino un síndrome de patología social, y teniendo en cuenta que algunos lo hacen desde una supuesta perspectiva peronista (lo cual es irreconciliable con la idea de Perón de organizar la comunidad), vuelve a reinar el absurdo, y esa idea de caos ha servido bien para unos cuantos demagogos y oportunistas, lo cual también ha logrado que se termine en un gobierno vaciado de contenido ideológico, como el que tenemos actualmente; tomando al buen Tomás Abraham, quien ha comprendido el rol de la política que viene, y quien entiende también esta necesidad de organización para vencer las dificultades y contratiempos de la Fortuna, dijo en una brillante frase "dividir es debilitar", y tiene que ver nuevamente, con la fragmentación y la idea de átomos dispersos, en lugar de conformar el todo organizado.




Constitución de una cultura



La voluntad de poder, además del término de "posibilidad", nos habla de una voluntad de disponer de uno mismo, organizarse y poder así organizar el entorno, lo cual se condice con la vieja idea de Aristóteles respecto de la política en la cual establece que para ser un buen gobernante se necesita ser un buen ciudadano. Es allí donde pongo la marca y donde establezco este concepto para evitar confusiones en torno al "hambre de poder" o "voluntad de despotismo", lo cual es sino todo lo contrario a la propuesta original. Todo pueblo se enfila detrás de una cultura que establece quien tiene voluntad de organizarlo. Por eso no podemos dejar de darle valor a nuestros próceres y a quienes se han encargado de construir y modernizar una sociedad más rica en diversidad, amplia e integrada en un todo, ejemplos sobran, pero recordemos como hito importante el establecimiento de una Constitución Nacional, más allá de las ideologías que eran parte de su época, la idea de establecer una no debería ser objeto de discusión, no lo fue para los unitarios y federales, en pleno siglo XXI no debería serlo para nosotros, en todo caso, la discusión sería qué constitución queremos. Para ello se empieza aprendiendo a aceptar las contradicciones, aprendiendo a asimilar y a incorporar, y esto es experiencia y aprendizaje, lejos de ser una idea violenta, es la noción de poder no como sujeto -como expliqué antes- sino de poder como un "querer" libre de un agente previo, sino que ese agente se establece luego de dejar a la acción librada a su voluntad de organizar, y aquello que llamamos "sujeto" o "agente", no es más que el resultado de la organización y el refinamiento del caos primero en un orden bien formado, lo cual solemos llamar "pueblo", "cultura", y sobre todo, aquello que erróneamente consideramos como algo pre-establecido, siendo en realidad una consecuencia histórica de las acciones de quienes nos pusieron delante de una cultura, la llamada identidad.


Lucas Cianfagna.-

lunes, 15 de febrero de 2016

Tradición en la modernidad

"Un buen gobierno no está asegurado por la liberalidad de sus principios, pero sí por la influencia que tiene en la felicidad de los que obedecen". José de San Martín

Decadencia posmoderna

En torno al tradicionalismo, surgen debates de todo tipo de "cómo debería ser" planteada la cuestión de la tradición, y lejos de encontrar respuestas viables, observo demasiadas respuestas nostálgicas, que caracterizan el proceso nihilista que Occidente viene experimentando hace dos siglos, y tiene que ver con la voluntad de "nada" en la que se convierten las formas decadentes, esto es, la tradición concebida desde quienes tratan de salvarla en sus formas anteriores, como si fuera posible, y pretenden  -citando a Évola- canalizar su "ser", como si tal cosa existiese. Quiero decir, en todo caso, no existe actualmente, y eso se debe a la falsa conciencia que caracterizó la concepción de la tradición, lo cual provocó que la posmodernidad la ingiriese en su maremoto de sinsentido y de irracionalidad. El posmodernismo es una realidad, consecuencia de la misma decadencia cultural, lo que los tradicionalistas de hoy no comprenden es que en lugar de plantear una tradición que deviene, se adapta y sobrevive en el tiempo, plantean un concepto eterno, un ídolo, un tótem; y fue justamente aquello lo que permitió al posmodernismo triunfar, por ser los supuestos tradicionalistas una suerte de reaccionarios tan irracionales como los posmodernos actuales, por lo cual, los reaccionarios de hoy no son más que parte de la realidad decadente de la posmodernidad. El enojo de los reaccionarios sobre lo que es científico, sobre el pensamiento renovado y actualizado, su historiografía infame y carente de fundamento, su resentimiento antisemita y racista que pudre todo lo que toca. Su rechazo hacia una religiosidad concebida de una forma nueva y el rechazo de una espiritualidad variable, es lo que le permitió valerse a los defensores de posturas posmodernas, ya que se identifican en la contradicción a estos primeros. Esta pasividad que engloba la consigna "Deus ex machina", es lo que constituye el utilitarismo social, la real consecuencia del optimismo racionalista, cuyo desprecio por lo que potencie la vida y la existencia, condujo a esta "voluntad de nada", compartida tanto por posmodernos, como por reaccionarios, ¡ya que "nada" es a lo que se dirigen reivindicando algo muerto!


Lejos de una idea clásica

El pensamiento renacentista planteaba una actualización en cuanto al tradicionalismo y a las formas nuevas de política, cultura y filosofía, adaptando la tradición a un nuevo porvenir, Maquiavelo, Spinoza, Descartes, Pascal y otros comprendieron esto, y supieron adaptar el nuevo pensamiento a la cultura, es decir, captaron el natural agotamiento de las formas anteriores, y se produjo el mejor resultado, que es la convivencia de las formas nuevas (modernidad) con la constitución cultural de los pueblos (tradición). El avance del pensamiento les queda grande a los pseudo-defensores de la tradición, porque no piensan modificar un sólo aspecto de su arcaica postura, y la razón por la cual no hay un apego hacia la tradición como constitutivo de una cultura altiva, es precisamente el tomar una postura anti-moderna en cuanto a su totalidad, en lugar de resaltar sus aspectos positivos; paradójicamente, los tradicionalistas -que se declaran anti-marxistas por su enfoque dialéctico- optaron por realizar un enfoque similar pero invertido, donde ponen como contradicciones irreconciliables a la tradición vs modernidad, lo cual no resulta sino un suicidio absoluto de parte de la tradición, que en lugar de adaptarse, captar el devenir histórico y aceptar el rol moderno en la historia, prefirió negarlo, esto es, negar la realidad, y por tanto no subsistir. 
En cuanto a nuevas formas políticas, me permito un crítica de actualidad: la democracia actual lejos está de la idea original, que planteaba una ciudadanía activa, en cambio se percibe una ciudadanía que no se reconoce en términos reales como tal, tienen el sentimiento de la esclavitud la cual no conoce de obligaciones y de compromiso sobre las decisiones políticas. La igualdad planteada por Aristóteles como la que aparece entre semejantes no ha dejado de ser una realidad, en la medida en que quien no se compromete, no tiene derecho a reclamos póstumos; es por esto que los reclamos de igualdad desde "abajo" surgen en general de parte de quienes no tienen intención alguna por comprometerse, pero las tienen todas para recibir un beneficio de parte del resto. Es por eso que la noción de igualdad "entre iguales" es tan perseguida, porque lejos de ser sólo una oposición moral, esa moralidad es la perfecta excusa para esconder una fuerte conveniencia pasiva, que se llama inacción, entonces se condena lo activo y dominante, lo cual es absurdo, ya que conmovidos por el accionar de demagogos fragmentarios como los que hemos experimentado en la última parte del siglo pasado y en el actual, son consecuencia de considerar la acción y la dominación un mal en sí, ¿cómo se espera combatir tal cosa si no es con acción y dominación entonces?

Adaptación al nuevo siglo

Superado el contexto de sociedad de masas, así como su organización de partidos, la transformación de la burocracia estatal y la modernización del Estado como medio de organización nacional, queda entender que estas formas no pueden ser abandonadas a la suerte de quienes hacen del Estado un objeto de saqueo, incluso los estatistas, que en su misión de que "el Estado es todo", dicha entelequia pasa a subordinar a la población a una tiranía disimulada, lo cual ya se ha vivido en la historia en numerables ocasiones, y en otras no fue nada disimulada. El problema del estatismo es subordinar a la población a la voluntad del Estado, siendo que éste debiera ser el medio de realización de la comunidad y su organización proyectada hacia el porvenir, lo cual evitaría el potenciamiento de quienes buscan destruirlo, ya que las supuestas formas progresivas de anti-jerarquía conduce a las jerarquías más viejas y a las formas más rancias de organización, lejos de concretar el sueño de la sociedad "sin clase y sin Estado", se deja el camino libre a los que lo usufructúan. Es por esto que la tradición no puede significar nunca combatir lo que ya está instalado, sino adaptarse a ello y poder postularse de una manera que constituya el fundamento de un pueblo, lo cual conlleva también la organización y el reconocimiento de jerarquías, tal y como plantea la idea tradicional, a diferencia de los reaccionarios, que plantean la necesidad de una forma expirada de jerarquía. La profesionalización de las funciones públicas se vuelve algo necesario para ir comprendiendo la experiencia y la necesidad de una nueva noción de jerarquía basada en mérito, la noción de jerarquía que triunfa es aquella que conoce aceptación social, lo cual no es otra cosa que el concepto de dominación: es la probabilidad de encontrar obediencia de quien busca organizar la sociedad.

Lucas Cianfagna.-

domingo, 7 de febrero de 2016

El eslabón vocacional perdido




"¿Qué misión tiene (hoy día) toda enseñanza superior? Hacer al hombre una máquina. ¿Cuál es el medio para conseguirlo? enseñarle al hombre a aburrirse." Friedrich Nietzsche


Restos de pensamiento gregario

En nuestra historia educacional, hablando precisamente de la ciencia, el mundo como lo conocemos es complejo y cambiante, y requiere esta actualización de contenidos, pero también de formas y estructuras, agendas, y modos de enseñanza; pero hay otro problema más importante, y esto tiene que ver con el contexto nacional en que se vive, y ya no con cuestiones que sean responsabilidad de un Ministro de Educación, o tal vez sí, pero en todo caso, el error viene de parte de todos. Hay un exceso de moralidad gregaria, o mejor dicho, de imperativo "nivelador" que nivela hacia "abajo", esto es, existe una consigna moral que toman muchos jóvenes hoy, y que tiene que ver quizás con la visión de los propios padres, cuya generación ha sufrido la famosa "crisis de los 40". Lo curioso sería analizar por qué ocurre esta crisis, y de esto ya hay suficientes trabajos en psicología que lo detallan, pero siendo concretos, se debe a una falta de pensar a futuro y de razonar a futuro, lo cual condujo a que las personas se decidan por buscar un trabajo lo más rápido posible -excluyendo de la cuestión a quienes se vieron obligados por necesidades económicas delicadas- de lo que sea, y en un contexto en que había una gran contención del Estado en perfeccionamiento laboral y en garantías, se optaba por conseguir el primer trabajo que se pueda, y luego tomar un cierto perfeccionamiento y aprendizaje en el mismo, y dedicarse a ello, cuidando el puesto como si fuera oro, con la idea de seguir en él incluso hasta el momento de jubilarse. Esta concepción de garantizarse el porvenir, daba muchos interrogantes, principalmente "si se iba a seguir en ese trabajo" y a medida que se va haciendo más grande uno, las formas de Estado cambiaron, y por ende más difícil conseguir un trabajo cuanto más avanzada es la edad, lo cual hace entendible una incertidumbre en ese aspecto y una crisis "de época" que haga caer en la cuenta a la persona, de que no ha reflexionado lo suficiente sobre su situación actual antes de llegar a ella, esto es, se dio el lujo de no reflexionar, y a raíz de ello, hoy no se puede dar el lujo de quedarse tranquilo. Esta visión a corto plazo y de instalar una necesidad -sin hablar de quienes realmente la tengan- sobre jóvenes que tienen posibilidad de dedicarse a estudiar, cultivar una profesión y garantizarse un mejor porvenir, se desdibuja en el hecho de considerar el trabajo una necesidad inmediata, sin importar la carrera, e incluso en casos, terminar o no el secundario. Quienes toman partido por el trabajo inmediato y de tiempo completo, en lugar de dedicarse al estudio, normalmente se debe a que los padres les han ordenado aquello, como si de lo contrario estuvieran siendo las personas más inmorales; y así la mente de los jóvenes cae en el mismo esquema de pensamiento "corto-plazo" de los padres, quienes habiendo tenido oportunidad de planificar a largo plazo, decidieron ir por el dinero, porque "me quiero comprar tal o cual cosa", "garantizarse la independencia" o traducido:"la independencia de culpa de reclamar menos dinero mientras se estudia", ¿no era eso lo que querían? Pero entonces se modifica la sentencia, y si se ve a quienes sí pueden estudiar, dedicarse a su carrera y cultivar algo mucho más importante que el deseo de comprarse cosas, que es la vocación; se opta por lanzar sentencias morales, se señala con el dedo a quien se quiera especializar y dedique su tiempo a lo que ama. Se usan sentencias como "Si trabajaras me llegarías a entender", "a la universidad se puede faltar cuando uno quiere", o "estudiar no es para tanto" curiosamente nunca he visto sentenciar a aquellos que forman parte de los trabajos pesados de fuerza y que requieren moverse mucho y desgastar una gran cantidad de energía, sino que en gran parte, quienes dicen esto resultan los cómodos empleados de oficina, quienes en gran parte del tiempo -admitido por ellos- no tienen gran cantidad de responsabilidades, las pueden delegar o incluso postergar, ya que además, tienen la suerte de conseguir un empleo en el cual no se requiera mucho más que un poco de energía y ganas de recibir un incentivo a fin de mes. 



Eco en Tomás Abraham: "Estudiar es un trabajo"

Siendo uno el acusado, resulta chistoso que el empleado de pocas funciones, de responsabilidades postergables y de incentivo económico sea el capaz de juzgar moralmente, pero esto evidencia el carácter utilitario de la moral de la mayoría, es decir, de una situación de no-necesidad, se establece una conveniencia en dedicar tiempo completo a un empleo, se invierte el origen de esto y se establece un imperativo en ello, siendo que originalmente se eligió por conveniencia, pero como resulta inmoral para la mayoría buscar "lo conveniente", se inventa la moral. El considerar el estudio algo sencillo también tiene otro origen moral, y se sitúa en la virtud gregaria de la humildad, "yo no soy lo suficientemente hábil para esto, por lo cual tendré que justificarlo mediante una elección moral aceptable", "¿aquel tiene posibilidad de dedicarse en tiempo completo a su futuro? ¡Cómo se atreve!", "Seguro lo hace porque es lo más fácil, cualquiera podría estudiar y no hacer nada más", lo cual resulta fácilmente invertible: El hecho de poder estudiar y saber qué es lo que uno ama, constituye hoy una virtud de pocos, y es por esto que quien no la posea condene al que sí, desde la conveniencia del empleo fácil -de quienes no tienen necesidad- se pasa a una moral del empleo que resulta la verdadera opción de comodidad y deja en evidencia realmente, quienes pueden o no saber qué es lo que aman hacer, esto es, convertir la falta de un "cómo" para su vida, en una virtud que le dé un "por qué" a su mediocridad, quienes no soportan la incertidumbre de tener que actualizarse constantemente en sus saberes -la vida vocacional- porque plantearse esto les resulta abrumador, se opta por el trabajo por cumplimiento de jornada, y es allí donde la sentencia más fuerte llega a su origen contradictorio: "no estás aportando nada"es una forma de hacerse una auto-crítica, porque quien se dedica a su vocación, tiene millones de formas de aportar a su comunidad mediante su desborde de talento y creatividad, quien no posea ninguna de estas dos cosas, sabe que no aporta gran cosa realmente, no importa cuántas horas de trabajo ocupe, puesto que en el empleo de fácil realización subsiste el que lo ejerce más por la buena voluntad del empleador que por el empleado, quien es fácilmente reemplazable, lo cual deja ver que no se aporta más que lo que hubiera hecho otro. Principio de valoración de lo impersonal.


Falta de una ética de progreso

La cultura que permitió el "no-aprendizaje" es decadente. Los principios gregarios por los cuales decidir hacer lo que a uno le gusta parecieran resultar convenientes e inmorales, siendo que lo moral es buscar lo verdaderamente conveniente, que es "no saber lo que me gusta, ni interesarme por ello", pero entonces, ¡con orgullo soy un inmoral, yo sí sé lo que me gusta! Nuestra cultura no ha experimentado el contagio de una mentalidad que emprenda, y no me refiero al ámbito privado empresarial, sino a la vida. La vocación no es más que un "sí" a las vicisitudes de la fortuna, así como también decir "sí" a un desafío nuevo, porque si hay algo desalentador es esperar una gran vida haciendo siempre lo mismo, es un "no" a la crisis que muchos padres han sufrido por haber reflexionado sobre su futuro en medio de la marcha, es un "sí" eterno a encontrar nuevos retos y nuevos aprendizajes, a la actualización constante, el que se dedica a alguna ciencia como vocación o a trabajos de ingeniería o diseño porque es lo que se ama, se tiene que aceptar desde el comienzo la idea de que uno no deja de estudiar hasta que se muera, no se deja de aprender, no se deja de ser curiosos ni de esperar algo rutinario, ¡es precisamente eso lo que nos asusta! La virtud "impersonal" no es otra cosa que nombrar virtud a la carencia de una personalidad completa, es la reacción de quienes no pueden decir "sí", lo cual es un "no" eterno. Nosotros, los espíritus curiosos y decididos, no nos doblegamos con consignas morales y desalentadoras, y reitero: Quien dice que algo no se puede, es aquel que admite tácitamente que no se le ocurre un cómo, y ese cómo varía, lo importante es tener siempre un por qué para vivir.

Lucas Cianfagna.-

jueves, 4 de febrero de 2016

Estado, libertad y democracia: Perspectiva de un final




"Estudiar es un trabajo, es lo que hacemos los docentes y los estudiantes: estudiar. Y es algo que requiere cierto aislamiento, soledad, desconectarse, es un encuentro con la propia soledad." Tomás Abraham



Stuart Mill: ¿Qué es la libertad?

El objeto del autor es la libertad social o civil, la naturaleza y los límites del poder que puede ejercer legítimamente la sociedad sobre el individuo. Hay una lucha entre libertad y autoridad. Se entendía por libertad la protección contra la tiranía de los gobiernos políticos, concepto que tomaron los griegos para evitar la concentración y el apego al poder de los tiranos que se encontraban en una posición antagónica a la del pueblo que gobernaban. El poder de los gobernantes es necesario pero también altamente peligroso, el fin de los patriotas era fijar los límites del poder que al gobernante le estaba consentido ejercer sobre la comunidad, y esta limitación era lo que entendían por libertad. Se intentaba de dos maneras: por un lado, obteniendo el reconocimiento de los derechos políticos, y por otro, el establecimiento de frenos constitucionales. Llegó un momento en el progreso de los negocios humanos en el que los hombres cesaron de considerar una necesidad natural el que sus gobernantes fuesen un poder independiente, con un interés opuesto al suyo. Se exigía que los gobernantes estuviesen identificados con el pueblo, que sus intereses fueran la voluntad e interés de la nación. Cuando la república democrática ocupo gran parte de la tierra se hablaba del poder de los pueblos sobre sí mismos. No expresaban la verdadera situación de las cosas. El pueblo que ejerce el poder no es siempre el mismo pueblo sobre el cual es ejercido. Y el gobierno de sí mismo no es el gobierno de cada uno por sí, sino el de cada uno por los demás. La voluntad del pueblo significa la voluntad de la porción más numerosa del pueblo.

La limitación del poder del gobierno sobre los individuos no pierde nada de su importancia aun cuando los titulares del Poder sean regularmente responsables hacia la comunidad. Es la tiranía de la mayoría, la sociedad misma es el tirano. Sus medios de tiranizar no están limitados a los actos que pueden realizar por medio d sus funcionarios políticos. Se necesita protección contra la tiranía de la opinión. Todo lo que da algún valor a nuestra existencia, depende de la restricción impuesta a las acciones de los demás. El principio básico que guía en sus opiniones sobre la regulación de la conducta humana es la idea de que debería obligarse a los demás a obrar según el gusto suyo y de aquellos con quienes el simpatiza. En dondequiera que hay una clase dominante, una gran parte de la moralidad del país emana de sus intereses y de sus sentimientos de clase superior. Otro gran principio determinante de las reglas de conducta impuestas por las leyes o por la opinión, tanto respecto a los actos como a las opiniones, han sido el servilismo de la especie humana hacia las supuestas preferencias o aversiones de sus señores temporales o de sus diosas. Así, los gustos o disgustos de la sociedad o de alguna poderosa porción de ella, son los que principal y prácticamente han determinado las reglas impuestas a la general observancia con la sanción de la ley o de la opinión. El único fin por el cual es justificable que la humanidad, individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de acción de uno cualquiera de sus miembros es la propia protección. Que la única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de una comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano.




Hannah Arendt: ¿Qué es la política?


Hannah Arendt nos cuenta que hay perjuicio de la gente hacia la política, y que por eso la política siempre ha tenido que ver con aclarar y disipar los prejuicios. El prejuicio está presente como criterio de la vida cotidiana, y no depende de un vínculo personal, sino que representa un gran papel en lo puramente social. En el ámbito político, no podemos movernos sin juicios porque el pensamiento político se basa esencialmente en la capacidad de juzgar. La eficacia y peligrosidad de los prejuicios ocultan una parte del pasado. Para disolver los prejuicios debemos re-descubrir los juicios pretéritos que muestran su contenido de verdad; esto es, hacer una especie de genealogía. Juzgar, tiene en nuestra lengua dos significados totalmente diferenciados, según nos dice Arendt: En primer lugar, se alude al subsumir clasificatorio de lo singular y particular bajo algo general y universal, al medir acreditar y decidir lo concreto mediante criterios regulativos. En segundo lugar, cuando nos enfrentamos a algo que no hemos visto nunca y para lo que no disponemos de ningún criterio, presupone la capacidad humana del juicio, que tiene que ver con la capacidad para diferenciar aquello que nos parece, de lo que se evidencia. La capacidad del juicio no es más que la amplitud para clasificar correcta y adecuadamente lo particular según lo general que por común acuerdo le corresponde, la pérdida de los criterios del mundo moderno es una catástrofe para el mundo moral si se acepta que los hombres no están en condiciones de juzgar las cosas en sí mismas. El punto central de la política es siempre la preocupación por el mundo y no por el hombre. Si se quiere cambiar una institución, sólo se puede renovar su constitución, sus leyes, sus estatutos y esperar que todo lo demás se dé por sí mismo. Surge entre los hombres un espacio que los une y los separa a la vez (privado o social y público). Los hombres son capaces de producir algo que no son ellos mismos, a saber, cosas, e incluso los ámbitos anímicos o espirituales son para ellos realidades duraderas. Este mundo de cosas en que los hombres actúan los condiciona y por este motivo toda catástrofe que sufre repercute sobre ellos y les afecta. El mundo humano, el resultado de producir y actuar humanos entendidos comúnmente es la esencia del hombre. Si fracasan deberían pensar en cambiar la esencia del hombre antes de cambiar el mundo, puesto que el mundo está profundamente "antropomorfizado".

La política se justifica como un medio para alcanzar un fin más elevado. La política es una necesidad ineludible para la vida humana. El hombre depende en su existencia de otros, y la misión y fin de la política es asegurar la vida en el sentido más amplio. Donde los hombres conviven, hay política. Es una particularidad del hombre que pueda vivir en una polis y su organización representa la forma de convivencia humana. La convivencia es una forma de vida marcada por la necesidad. Lo que distingue la convivencia humana en la polis era la libertad, y dicha libertad está garantizada por la idea de ciudadanía, esto es, de compromiso y responsabilidad frente a las decisiones públicas que se tienen que tomar, así como lo pensaron los griegos cuando constituyeron la polis, como una forma de librarse del mito y de la tiranía, decidieron poner su voluntad en la libertad de la ciudadanía.



Max Weber: El político y el científico

Lo propio de Occidente es el “caudillaje político”, que surge con la figura de un demagogo. El cuadro administrativo que representa hacia el exterior a la empresa de dominación política está vinculado por dos medios que afectan directamente al interés personal: la retribución material y el honor social. Las organizaciones estatales deben ser clasificadas en dos categorías:
-En primer lugar, el equipo humano, con cuya obediencia a de contar el titular del poder posee en propiedad los medios de administración.
-En segundo lugar, el cuadro administrativo está separado de los medios de administración en el mismo sentido en que hoy en dia el proletariado o el empleado están separados de los medios materiales de producción dentro de la empresa capitalista.

La administración política en la que los medios de administración son propiedad del cuadro administrativo dependiente, la llamaremos asociación “estamentalmente” estructurada. En el Estado moderno se realiza pues, al máximo, la separación entre el cuadro administrativo y los medios materiales de la administración. El Estado moderno es una asociación de dominación con carácter institucional que ha tratado, con éxito, de monopolizar dentro de un territorio la violencia física legítima como medio de dominación y que ha reunido todos los medios materiales en manos de su dirigente y ha expropiado a todos los funcionarios estamentales que antes disponían de ellos por derecho propio, sustituyendo con sus propias jerarquías supremas. Inicialmente, los servidores del príncipe eran gente que no quería gobernar por sí mismos, actuaban al servicio de jefes políticos. Se puede hacer política (tratar de influir sobre la distribución del poder entre las distintas configuraciones políticas y dentro de cada una de ellas) como político ocasional. Políticos ocasionales lo somos todos nosotros cuando depositamos nuestro voto o aplaudimos o protestamos en una reunión política. Políticos semi-profesionales son los delegados y directivos de asociaciones políticas que desempeñan esas actividades por necesidad, sin vivir principalmente de ellas. Hay dos formas de hacer de la política una profesión. Quien vive para la política hace de ello su vida en un sentido íntimo; o goza del ejercicio del poder, o alimenta su conciencia dándole un sentido a su vida. Quien vive de la política trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos, y es acá donde se relaciona aquello que Arendt decía sobre los prejuicios, y cómo hoy se considera este único aspecto como la regla en política. Quien vive para la política tiene que ser además económicamente libre. La dirección de un Estado o partido por gente que vive para la política significa un reclutamiento plutocrático de las capas políticamente dirigentes. Los políticos profesionales de esta clase no están obligados a buscar una remuneración por sus trabajos políticos. Con el ascenso del funcionario profesional, se opera también la evolución de los políticos dirigentes. La transformación de la política en una empresa, hizo necesaria una preparación de los individuos para la lucha por el poder y sus métodos y determinó la división de los funcionarios públicos en dos categorías: funcionarios profesionales y funcionarios políticos. Éstos últimos pueden ser trasladados o destituidos a placer. El ministro era simplemente el representante de la constelación de poderes políticos existente, y su función era defender las medidas políticas que estos poderes determinasen. Una vez que consiguieron desposeer a la nobleza de su poder político estamental, los principales la atrajeron a la Corte y la emplearon en el servicio político y diplomático. La función de los abogados es dirigir con eficacia los asuntos que los interesados le confían. 

El auténtico funcionario no debe hacer política, sino limitarse a administrar, sobre todo imparcialmente. El funcionario ha de desempeñar su cargo sin ira y sin prevención. Parcialidad, lucha y pasión constituyen el elemento del político y sobre todo del caudillo político. Toda actividad de éste es colocada bajo un principio de responsabilidad. El funcionario ejecuta precisa y concienzudamente una orden de la autoridad. El honor del caudillo político está en asumir personalmente la responsabilidad de todo lo que hace, responsabilidad que no puede ni debe rechazar o lanzar sobre otro. Los funcionarios son malos políticos, irresponsables en sentido político y por tanto éticamente detestable. Desde la instauración de la democracia, el demagogo es la figura típica del jefe político en Occidente, el boss no tiene principios políticos firmes, carece totalmente de convicciones y sólo pregunta cómo pueden conseguirse los votos. Sólo nos queda elegir entre la democracia caudillista con maquinaria o las democracias sin caudillos, es decir, la dominación de políticos profesionales sin vocación, sin esas cualidades íntimas y carismáticas que hacen al caudillo. Son tres las cualidades decisivamente importantes para el político: pasión, sentido de la responsabilidad y mesura. Pasión en sentido de posibilidad de entrega apasionada a una causa. La pasión no convierte a un hombre en político si no está al servicio de una causa y no hace de la responsabilidad para con esa causa la estrella que oriente la acción. Mesura es la capacidad para dejar que la realidad actúe sobre uno sin perder el recogimiento y la tranquilidad, para guardar la distancia con los hombres y las cosas.



Guillermo O'Donnell: Democracia, Estado y agencia

Trata sobre la crisis de los Estados en países recientemente democratizados, cuyos regimenes no parecen encaminarse a democracias representativas e institucionalizadas, a diferencia de lo que sucedió con los países democratizados en las últimas dos décadas, cuyos regimenes son verdaderas democracias políticas. Puede decirse que en ambos casos se trata de poliarquías, pero que las primeras no son institucionalizadas, que no se ha teorizado aún sobre ellas por tratarse de un tipo diferente de poliarquías. Como ejemplos presenta los casos de Argentina, Brasil y Perú que, a pesar de haber pasado por modalidades diferentes de transición democrática, comparten características que convergen a dar como resultado una situación no institucionalizada. La idea de la que parte el autor para afirmar la crisis de estos estados es que los estados se relacionan de modo complejo con sus respectivas sociedades, y como consecuencia de dicha relación y de las características de cada estado y cada sociedad, surge un tipo de democracia que habrá de consolidarse, y que Estado no debe asimilarse al aparato estatal o al sector público o burocracia estatal, ya que esas son sólo partes del estado, pero no son él en su totalidad, lo cual podría considerarse en buena medida, una continuación del trabajo de Weber respecto de la burocracia y la conformación de los Estados, adaptado al continente. El Estado es un conjunto de relaciones sociales que establecen un determinado orden, al cual respalda con la coerción centralizada o monopolizada, sobre un territorio dado. Dicho orden no es igualitario ni imparcial, sino que sustenta relaciones de poder asimétricas; pero es un orden en tanto que representa una base de normas y expectativas estables o predecibilidad social. Una dimensión constitutiva del estado y como consecuencia de dicho orden es el sistema legal. La legalidad del sistema democrático incluye los derechos y garantías constitucionales y poderes públicos capaces de hacer cumplir esa legalidad. En los estados autoritarios la legalidad es trunca y el cumplimiento de las órdenes reproduce el orden social existente.

La crisis de los estados de Argentina, Brasil y Perú se manifiesta en las tres dimensiones del estado que plantea el autor: Primero, la del Estado como conjunto de burocracias capaces de cumplir sus funciones de manera eficaz. Segundo, la de la efectividad de la ley. Tercero, la del estado como agente autorizado de los intereses nacionales y el bien público. O'Donnell sostiene que la grave crisis socio-económica que sufre la mayoría de los países recientemente democratizados fomenta el crecimiento de zonas marrones, que son descritas como aquellas en las cuales se presentan restricciones extra-poliárquicas, como el respeto por los derechos participativos y democráticos, pero la violación al mismo tiempo del componente liberal de la democracia. Este proceso proviene de la crisis del estado en tanto sistema legal efectivo, en tanto conjunto de burocracias y en tanto agente legitimado del bien común. Los estados ineficaces son incapaces de asegurar la efectividad de sus leyes y sus políticas a lo largo del territorio y la sociedad, y ésta es la crisis de un modelo de acumulación de capital orientado hacia adentro y centrado en el estado.

Es también consecuencia de las políticas neo-liberales (disminución de los ingresos personales, limitación en las perspectivas profesionales, malas condiciones laborales, ámbito político hostil), que genera un caldo de cultivo favorable a la corrupción. Además, al estar desesperados, los gobiernos recurren a medidas que aportan soluciones temporarias y que generan consecuencias fuertemente negativas para la distribución. De esta manera la crisis se prolonga y crece la desconfianza en que el gobierno pueda resolverla, por lo que para cada agente el camino más razonable es actuar, en primer lugar, en niveles desagregados, en segundo lugar, con horizontes temporales extremadamente cortos y en tercer lugar, con la expectativa de que todos harán lo mismo. El resultado de esta situación es un gigantesco dilema del prisionero, cuya consecuencia inmediata es una des-solidarización generalizada (donde cada agente actúa pensando en lo que es más eficaz y racional para sus movimientos defensivos). Las opciones más razonables son dos: actuar en forma individual o aliándose con el menor conjunto de agentes que puede garantizar el resultado esperado, o colonizar los organismos estatales que puedan ofrecer los beneficios deseados. Inmediatamente aparece la otra cara de la moneda de la crisis del estado, que es la atomización de la sociedad, que ya ni siquiera ve al estado como garante de un orden que otorga predecibilidad a las acciones.



Pierre Rosanvallon: "Desconfianza y democracia"

Rosanvallon inicia el análisis señalando la discordancia en aquello que la teoría de los regímenes representativos habían ligado al proceso electoral: la legitimidad y la confianza. Aquí se resalta y se describe el carácter fundamental de estas cualidades políticas, su diferente naturaleza y su disociación, que ha sido la constante en los regímenes democráticos, constituyéndose en un problema central en la historia de los mismos. Señala el autor que en las cuestiones de la legitimidad se han centrado los principales estudios de historia y teoría política, al tiempo que la mayor parte de los esfuerzos se han realizado en búsqueda de ella, a través de una mayor participación en las urnas u otros mecanismos de democracia directa. No obstante, de manera paralela, se han venido desarrollando un conjunto de prácticas, de contrapoderes, que intentan compensar la erosión de la confianza mediante la organización de la desconfianza. Si bien esta dimensión ha sido objeto de análisis puntuales, estos no han sido resituados en un conjunto articulado dentro del propio sistema democrático, de su historia y su teoría, lo cual constituye parte de la novedad de la propuesta de Rosanvallon.

Dentro de lo que el autor plantea como expresión de la desconfianza a lo largo de la historia, señala dos grandes vías, la liberal y la democrática. En la primera, distingue algunos pensadores liberales del siglo XVIII, en cabeza de Montesquieu, los cuales ven en la desconfianza un “poder de prevención”, mostrando un interés central por la forma de contener la acumulación de poderes y no por la constitución de un gobierno bueno y fuerte. En cuanto a la vía democrática, en la cual se inscribe el análisis de Rosanvallon, la expresión de la desconfianza busca como objetivo el velar porque el poder sea fiel a sus compromisos, centrándose en la puesta a punto de mecanismos de control y veeduría ciudadana que actúen como contrapoderes. Esta desconfianza democrática se expresa, según el autor, de múltiples maneras, entre las que distingue tres modalidades principales: Primero, los poderes de control; Segundo, las formas de obstrucción, y tercero, la puesta a prueba a través de un juicio. Así vista, la contrademocracia no es lo contrario de la democracia, sino una forma de democracia que se antepone a la otra, con la cual conforma un sistema, y que está constituida por poderes indirectos diseminados en la sociedad. Para Rosanvallon, la importancia y amplitud de estos poderes indirectos hace de esta condición una verdadera forma política, bajo la cual se organiza la desconfianza frente a la democracia de la legitimidad electoral.

Si bien la dimensión más evidente del principio democrático la constituye el derecho de sufragio, mediante el cual se intenta dar legitimidad a los gobiernos, este vínculo electoral no ha sido prerrogativa para obligar a los elegidos a mantener sus compromisos. Frente a esta condición se superpuso la práctica efectiva de un cuestionamiento permanente y una presión organizada de manera más difusa y más exterior que sirviera de contrapoder. Señala Rosanvallon que desde los años próximos a la revolución francesa se designa esta forma complementaria de soberanía como el “Control”; cuando se habla de control estamos hablando de mantener una mirada permanente sobre los actos de los gobernantes, un estado de alerta que permita la vigilancia sistemática de sus actuaciones. Este control trata de encastrar la legitimidad electoral con la legitimidad social, haciendo de la reputación un factor determinante de la confianza en los individuos o en los regímenes. Entre las modalidades de estos poderes de control, Rosanvallon destaca la vigilancia, la denuncia y la calificación. La idea de vigilancia de las actuaciones de los gobernantes se da, en primera instancia, como una vigilancia cívica, la cual es directamente política, manifestándose en intervenciones de prensa, de asociaciones, de sindicatos, huelgas, etc. Después aparece otra forma de vigilancia, llamada por el autor como vigilancia de regulación, que se manifiesta como un flujo continuo de evaluaciones y críticas a un nivel muy descentralizado, y que opera a través de canales como encuestas o informes, intervención en las comisiones especializadas o la publicación de reportajes, influenciando los debates sobre la sociedad y estableciendo al público como una suerte de termostato regulador de las decisiones políticas. De esta manera, la figura del ciudadano-vigilante se superpone a la del ciudadano-elector.

Fuentes: 

http://www.elaltillo.com.ar/

http://www.estudiantesuba.com/

http://www.scielo.unal.edu.co/

Lucas Cianfagna.-

lunes, 1 de febrero de 2016

La misión del Estado


"El destino de nuestra época se caracteriza por la racionalización e intelectualización, y sobre todo, por el desencantamiento del mundo." Max Weber

Los que fueron "nuevos" trajeron lo viejo

Lo que concierne a los problemas de hoy, no dejan de ser los grandes problemas que ha tenido la política moderna a lo largo de su historia, desde que comenzó hasta ahora mismo. El problema que considero más importante es el de garantizar la fuerza del Estado-Nación y su eficiencia a la hora de organizar y resolver los problemas de la comunidad. Su creación parte de la idea del Renacimiento de unificar en un Estado integrador a todas las comunidades nacionales en una gran entelequia que hoy conocemos como Estado-Nación, el cual permitiría sintetizar las heterogeneidades, planificar una organización de conjunto de las fuerzas nacionales y conducir dicho proceso; sin estas funciones, el Estado no es soberano en ninguna medida, puesto que estas son sus funciones vitales sin las cuales no se puede hablar de una soberanía, es decir, de la última decisión de quien fuere jefe de Estado, entonces se estaría hablando de un mero ente de administración imperfecto cooptado por intereses que remiten a lo que caracteriza la historia misma del Estado-Nación y su fundamento de combatir respecto a algo. En un contexto de guerras entre naciones, e incluso entre comunidades de una misma nación, fomentadas por grupos oligárquicos diseminados por toda Europa, que hicieron quebrar previamente el Imperio Romano, así como anteriormente habían sumido a Grecia a la decadencia y la miseria, su nuevo centro lo ocupaba Venecia; se volvió necesaria la organización de una política que unifique a todos los pequeños estados para formar un gran Estado a nivel nacional, que logre agrupar los distintos intereses y los ponga en sintonía, frente a quienes usufructuaban los recursos y ocupaban el territorio debilitándolo y sumiéndolo en la miseria. ¿Qué es entonces lo importante? ¿Cómo se relaciona esto con la política actual? Bueno, para empezar, tal problema que atañe al fudamento del Estado sigue vigente, y tiene que ver con las prácticas de grupos de familias y caudillismos, que haciéndose con un territorio pequeño, perciben con mayor provecho un territorio fragmentado que pueda entrar en conflicto con el territorio total o con otro fragmento, no necesariamente de derecho, pero sí de hecho, y es allí donde sus autoridades una vez cooptado el Estado, sirve sólo para el vaciamiento del mismo, así como también para garantizar la debilidad misma del Estado frente a las otras diversas amenazas que ronden cerca de él. 
¿Sigue sin quedar claro? Tengo varios ejemplos que podrían ayudar a dilucidar esto como un problema de actualidad: 
-"Los barones del Conurbano" representan un estilo totalmente mafioso de política, un estilo viejo además y muy similar a aquel modo en que se disputaban por el poder Sforza, Della Rovere, Savonarolla, entre otros, problema que Maquiavelo estudió muy bien y nos dejó una teoría sobre un Príncipe que aún hoy se torna de vital importancia; estos barones compiten sin importar la línea interna del partido que representan, en este caso, hablando del Partido Justicialista, el cual se llenó de personalidades repudiables en todo aspecto que han permitido el uso bastardeado de los elementos constitutivos de la doctrina Justicialista a tal punto que hoy terminan representando lo contrario a la idea del mismo Perón, es decir, el planteo de una nueva forma de hacer política que reúna los elementos de un Estado fuerte y modernizado, se ven hoy tergiversados en las prácticas de fragmentación, demagogia caudillesca y cooptación de voluntades por parte de pequeños liderazgos.
-En el triunfo del poder total de estos liderazgos en lugares de escasa o nula industria y formación de ciudades con gran nivel de desarrollo -sin intención de discriminar, simplemente mostrando cómo ocurre esto- se puede ver plasmado en los liderazgos de Carlos Menem y Néstor Kirchner, cuya similitud con las antiguas formas de política oligárquica no dejan de sorprendernos, por ejemplo, en la privatización de recursos que atañen a la acción política concreta, la devolución de los recursos políticos en manos de familias apoderadas y pequeñas es la misma estrategia planteada por los reaccionarios que se oponían a la formación del Estado mismo, allí el objetivo plasmado de parte de quienes son enemigos del Estado como formación moderna organizativa, limitándolo a una suerte de administración económica con mayor o menor presencia en los negocios (según cada mandatario), garantiza la actividad para ellos y sus allegados de negocios; esto es, el buscar el enriquecimiento mediante el Estado y luego usufructuarlo lo más que se puede, en el "mientras tanto" se brindan discursos sobre la efectividad de la mayor o menor presencia del Estado en la participación empresarial, lo cual es una falta total de conocimiento para quienes toman postura por una u otra (el famoso debate privatismo vs estatismo), desviando la atención de lo principal, que es la práctica de política fragmentaria, el vaciamiento del Estado y la desarticulación de sus mecanismos de defensa contra los agentes que lo ponen en peligro, por ejemplo: el narcotráfico, en vista a la alianza de los mismos sectores políticos y autoridades de seguridad respecto de este gran negocio. 


Desmitificación del "anti-capitalismo"

El mito anti-capitalista instalado por parte del gobierno que se fue hace un mes atrás debería ser analizado con mayor profundidad y en vista de las acciones que han producido y qué efectos devastadores dejaron en el Estado como mencioné anteriormente. La posición contra un cierto empresariado y ciertas "corporaciones" además de darme risa, me deja preocupado su nivel de adhesión de parte de quienes apoyaron al gobierno anterior, cuyo derecho a apoyarlo es legítimo, lo que no tengo por qué soslayar es la falta de análisis real del asunto y la falta de información, a veces se busca lo que conviene. Respecto al empresariado, su discurso se reduce a la guerra contra "los medios hegemónicos", los cuales curiosamente nunca comprenden DirecTV, Telefónica y otros; luego recordamos el convenio con el grupo Telefónica, la instalación del 3G y el 4G, por ejemplo, o bien, el convenio con DirecTV en Fútbol Para Todos; y ambos medios sin adecuarse ni siquiera en lo normativo a la famosa Ley de Medios, ni siquiera figuran en ella, mientras que se trató de hacer una guerra contra el multimedio Clarín en vano, se los perseguía por evasión impositiva y cautelares, mientras que los medios anteriores, incluídos los afines como Spolzski y Garfunkel, Grupo 23 y Prisa, no se los perseguía bajo ningún concepto habiendo tenido denuncias por incumplimiento de pago a empleados, sobre todo a los grupos afines. ¿Cómo funciona entonces esta contradicción en el discurso? La conclusión resulta evidente: no se es "anti-empresarial", se es "anti-empresas que no puedan tener una pauta o un convenio conmigo". Lo mismo ocurre con el campo y los pequeños y medianos productores, arrasados por la política de exportación de soja como materia prima beneficiando los grandes pooles sojeros de Groboscopatel y otros, ¿no se estaba contra el campo? No, se estaba "contra el campo que a mí no me daba rédito inmediato". Lo mismo ocurre con el discurso acerca de los poderes concentrados de la economía, donde se estaba en contra de ellos, pero al mismo tiempo aplicando políticas de atraso cambiario, asfixiando la economía real con CEPO y plan de consumo de clase media sustentado con....más emisión monetaria, mientras que por otro lado, los grandes grupos permanecen con sus ganancias intactas, incluso incrementadas, sobre todo los que provienen de capital exterior.

Otra cuestión importante respecto a la moda anti-capitalista adoptada por ciertas personalidades de la política y otros lugares en Argentina, es que es tan contagiosa como nociva, porque aquel deseo de descapitalizar la economía de producción termina por engrandecer la economía financiera/especulativa, y así ocurre también en la práctica, donde se quiebran economías regionales y se deja paso a la concentración, lo cual es de hecho, una traba al desarrollo del capitalismo, entendido éste como la libertad de las fuerzas productivas en un contexto de competencia legítima vigilada por un Estado fuerte. Si lo que se hizo hasta ahora es debilitar las funciones del Estado, vaciarlo y debilitar sus defensas, adoptar encima una postura anti-capitalista resulta en términos prácticos devastadora, y lejos de parecer revolucionario, se está siendo harto reaccionario, y esto va en particular para quienes defienden el accionar de Milagro Sala, es éste el ejemplo perfecto de lo que significa retrasar la política 5 siglos, y sobre todo retrasar el desarrollo de una economía productiva, sumado a la aplicación de la propiedad comunitaria, lo cual resulta inadmisible para el siglo XXI, y más aún, para el fundamento del Estado argentino tal y como fue concebido..más que inadmisible, diría vergonzoso.


Nueva política: Hacia la desoligarquización

¿Qué podemos sacar de todo esto? El planteo de que el problema central que define esta nueva época que se abre, atañe al fundamento mismo del Estado desde su concepción, y la tarea sería librarlo de todas las fuerzas que buscan debilitarlo; esto es, evitar la oligarquización de la política, y resulta algo de primera necesidad, ya que sin Estado fuerte no se pueden resolver los problemas que nos preocupan a diario, ¿acaso los neo-caudillos demagogos van a hacer algo por nosotros? Su accionar está más que probado, y no es algo de ahora, así se ha dado en la historia de todos los Estados y la puja por los liderazgos locales que buscaban fragmentar su poder en pos de la ventaja de poner las fuerzas en tensión constante. El liderazgo nuevo del Estado debe comprender las necesidades de una organización política moderna, con profesionales preparados y recursos que le permitan al Estado resolver los problemas nacionales y prevenir estos embates de los privados que busquen hacerse con la fortuna, ya sea quienes nos prometen no defraudarnos, o quienes son abogados exitosos y exitosas.

Lucas Cianfagna.-