"Ser铆a injusto en este caso responsabilizar a la falta de capacidad del personal de facultades o ministerios de una situaci贸n que posibilita a muchos mediocres tener un papel destacado en las universidades. Esto reside m谩s bien en las leyes de la cooperaci贸n humana, especialmente de la cooperaci贸n entre varios organismos; entre la facultad que propone los candidatos y el ministerio." Max Weber
Algunas aclaraciones
La raz贸n del t铆tulo es la misma que logra una comparaci贸n chocante, y es generar inter茅s, o al menos, impacto para que se hable de esto, creo que no tendr铆a ni que aclarar que el uso de la met谩fora no es exclusivo de los poetas, sino tambi茅n de quien quiere dejar algo en claro, a lo que voy es: no tomar literal lo que se dice (digo) y tratar de comprender qu茅 es lo que deja. En lo que refiere a la educaci贸n de ninguna manera pretendo se帽alar a los profesores y maestros, a ellos el mayor reconocimiento por su sacrificio constante y su aut茅ntica vocaci贸n, en cambio, me propongo marcar el discurso politiquero barato, que basa un 80% de su campa帽a en educaci贸n, siendo los resultados evidentes y se ve que la cultura en Argentina ha sufrido un deterioro tremendo desde hace m谩s de 2 d茅cadas, profundiz谩ndose m谩s en esta 煤ltima, ahondando en pr茅stamos del Banco Interamericano y en esa estupidez de la inclusi贸n, que como bien dijo Abraham, no es un problema educativo sino de seguridad, ¿de qu茅 sirve incluir si lo que hay para "compartir" es la miseria cultural? Y todav铆a queda el vestigio de los intentos de educaci贸n proselitista, lo que nos deja en una inc贸moda conclusi贸n, la educaci贸n que han fomentado en estos 煤ltimos a帽os fue precisamente la anti-cultural, con lo cual plantear esta dicotom铆a (educaci贸n-cultura) a modo de met谩fora no resulta demasiado descabellado. Es decir, si esta es la educaci贸n que prometieron, ¡c贸mo ser铆a si no la prometieran!
Anomal铆a nacional
Mucho se ha hablado de la decadencia de una cultura, desde Spengler, pasando por 脡vola, en fin, nombres sobran, pero poco se ha hablado de c贸mo act煤a la decadencia, o al menos, en t茅rminos filos贸ficos c贸mo se configura socialmente la decadencia desde una perspectiva filos贸fica. Como bien analiz贸 Guillermo O'Donnell desde el lado de la Ciencia Pol铆tica, la insuficiencia institucional es lo que provoca formas demasiado imperfectas de pr谩ctica del r茅gimen pol铆tico, lo cual a su vez genera una desconfianza atroz, tambi茅n parafrase谩ndolo a Rosanvallon, la desconfianza se organiza para elegir un candidato cada 4 a帽os y otros que los representen en un parlamento, lo cual hay una tendencia hacia la fracci贸n y la fragmentaci贸n social, lo cual es el verdadero s铆ntoma de la decadencia, que no es otra cosa que el fragmento yendo por su lado, no conformando la organizaci贸n del todo. Ahora bien, conviene profundizar el aspecto que O'Donnell describe detalladamente, empezando por el origen de la cuesti贸n. Hubo una desidia de parte de la clase pol铆tica que gobierna hace 40 a帽os, en promover todo lo que no fuera cultura y dejarse arrastrar por todo tipo de corrientes absurdas y "de moda", d谩ndole poca o nada de atenci贸n a estimular aspectos que conciernen a la curiosidad por el pensamiento, la ciencia y mismo el arte, salvo algunos casos contados que -nuevamente- no nombrar茅 para no ser tildado de proselitista pol铆tico de fulano o sultano; y a su vez, olvidar el aspecto constitutivo de un pueblo, que es su constituci贸n y su cultura, la cual est谩 inclu铆da en el principio de supremac铆a constitucional, al menos en el caso nuestro, lo cual subordina a ella las propias leyes. Muchos estar铆amos de acuerdo en que la llamada supremac铆a constitucional no es un ente divino ni inmutable, se puede discutir en determinado momento cuando no representa en absoluto una entelequia que pueda dar una gu铆a para una comunidad, a esto se lo conoce como crisis, y es perfectamente normal, el problema reside en la falta de planteo de dicha crisis, y m谩s a煤n, en el planteo de los posmodernos que pretenden que todo d茅 igual y que no ordenemos nada, son la representaci贸n de la desidia a nivel personal y social, lo m谩s decadente a lo que se puede llegar, y peor a煤n, dejan abierto el terreno para la acci贸n de los demagogos que se aprovechan de una sociedad embrutecida.
La universidad..tambi茅n est谩 en cuarentena
El 谩mbito del que formo parte como estudiante y que presencio buena parte del a帽o, se nota en algunas autoridades -afortunadamente no todas- y sobre todo, como una tendencia importante en una gran parte del estudiantado, el dejarse engatusar por esa charlataner铆a pseudo-cient铆fica de la teor铆a de g茅nero, la cultura de la violaci贸n, el feminismo matriarcal y el uso y abuso de la aplicaci贸n del enfoque marxista en disciplinas cient铆ficas (algunas) que hoy dominan en su programa educativo, y luego hay asombros cuando se ve el descenso de la UBA en cuanto a universidades de otros pa铆ses en los rankings de calidad educativa, mi pregunta entonces ser铆a: ¿d贸nde est谩 el asombro? Los intentos por ejemplo, de la "antropolog铆a social" -si es que eso existe- de adaptar el discurso marxista a las teor铆as de c贸mo se conforman las culturas. Hacen reivindicaciones absurdas de las culturas ind铆genas como si fuesen superavanzadas y hacen la vista gorda en cuanto a los sacrificios humanos que los imperios m谩s grandes del continente efectuaban, pero a su vez se escandalizan cuando recuerdan la masacre de los fascismos en Europa, a eso le llaman relativismo cultural, donde se relativiza lo que conviene para justificar una idea, un rasgo t铆pico del posmodernismo. Esa obsesi贸n de muchos absurda hasta en lo filos贸fico, carente de fundamento y de base ontol贸gica aparece no s贸lo en la Antropolog铆a, que sol铆a ser una noble disciplina que ayudaba al entendimiento propio, pero se vio contaminada por ese "dejar hacer", la pasividad, ese seguir la moda vulgar del momento. Citando a un personaje de la famosa serie nacional de "Los simuladores", la d茅cada del 90 fue la segunda d茅cada infame en nuestro pa铆s, sobre todo en el aspecto cultural, donde el mal gusto y lo vulgar tom贸 rango de jerarqu铆a, y por debajo la cultura (en los 谩mbitos correspondientes) se tiene que disputar una pelea contra la posmodernidad, si al menos fuese una pelea contra los retr贸gradas, que a煤n hoy dan batalla en un tono quijotesco con sus absurdos antisemitas y ultra-religiosos, ¡pero disputar con posmodernos! Hasta ac谩 hemos llegado con la ineptitud de nuestras autoridades, que como siempre permiten estas cosas, que no impulsan el aspecto cultural, ni tratan de actualizarlo y conformar uno m谩s fresco (genuinamente, no intentos demagogos). No se encuentra en ninguno la iniciativa de cargarse al hombro la tarea de culturizar, la cual han tomado nuestros l铆deres hist贸ricos m谩s respetados que ellos mismos dicen reivindicar, total ¿qu茅 importa la cultura? ¡Si se les puede prometer educaci贸n!
Lucas Cianfagna.-





