La retórica "anti-fascista" viene de la propaganda de guerra stalinista como arma no sólo frente a la invasión efectiva de Alemania al territorio soviético, sino que fue más útil aún al comenzar la Guerra Fría, más teniendo a su favor la existencia de Gladio, de lo cual los soviéticos sabían muy bien y lo emplearon como arma de disciplinamiento interno y combate de la disidencia dentro del campo socialista.
Caído el Muro de Berlín esta retórica fue curiosamente adoptada por la socialdemocracia para apuntar contra cualquier disidente del "consenso" político establecido de partidos de centro. En este mismo contexto surge la famosa agrupación Antifa, cuyo dinero de grandes banqueros y magnates es bien conocido, precisamente de los mismos que integran el staff permanente de Davos.
Ahora bien, ¿contra qué combaten? La respuesta obvia y automática sería "contra el fascismo", pero como tal el fenómeno fue propio de la Europa de entre-guerras, ante un contexto cultural prácticamente irrepetible (Sternhell,1998). ¿Entonces?
Muy simple, su único y verdadero enemigo es el de quienes los financian, es decir, todo lo que representa ser OCCIDENTAL, desde lo más profundo. No me refiero a un aspecto religioso, sino civilizatorio, y como toda civilización, sus enemigos se gestan adentro y utilizan cualquier retórica para lograr sus fines.
A este enemigo hay que resistir, porque es el enemigo de la libertad y la identidad que tenemos dentro.
Lucas Cianfagna.-
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