"Durante una emergencia...la constitución escrita de un Estado es suspendida y el parlamento no puede mantener el debate sobre qué curso de acción tomar. Este Estado de emergencia revela, no sólo quién es el soberano, sino en base a qué toma decisiones afectando la vida y la propiedad de los sujetos. De ahí en más, mientras su toma de decisiones sea efectiva, se revela la verdadera constitución existencial o el 'ethos' de su pueblo."
Jason Reza Jorjani - "World state of emergency"
Para hablar de lo que es un estado de excepción en sentido político, primero hay que barrer con algunos presupuestos de lo que es la "lógica" del positivismo jurídico, que ataca el aspecto decisionista del Estado, como también el aspecto de soberanía, ya que en los hechos poco se habla de ambas cosas, pero que son de vital importancia no sólo para entender qué pasa con algunos países a raíz de la pandemia, sino también para tener un criterio de qué se puede hacer.
Primero que nada, toda teoría y principio filosófico que se tenía supuestamente en cuenta queda barrida por el estado de excepción, claro que muchos dirán que siendo una situación de emergencia no hace más que confirmar la regla/norma o que no se condice con el resto del tiempo en una situación "normal". Como diría el buen Carl Schmitt, la excepción lo prueba todo, porque es a partir de ésta se funda una nueva normalidad, como les gusta llamar a varios. No existe normalidad que no haya sido fundada a partir de un estado anterior de excepción que puso en jaque todo lo que hasta ese momento era "lógico", "obvio" y "evidente", es decir, la norma depende del momento de decisión que se evidencia más que nunca en un estado excepcional.
Por eso se menciona que "la excepción lo explica todo", porque es condición sine qua non no existe lo que hoy asumimos y damos por sentado. Los equívocos se dan en primer lugar porque nadie nunca espera vivir o tener que ver la excepción, o ser parte la poca probabilidad estadística del 0,001%, pero siempre a alguien le toca y hay que hacerse cargo cuando pasa.
Hablar de decisión para la literatura común es hablar casi de facultades extraordinarias, casi pretendiendo que toda decisión ejecutiva (presidentes, primeros ministros, reyes, cancilleres) siempre tiene que basarse en el poder legislativo, y toda decisión jurídica del poder judicial debe estar amparada en una norma ya establecida, y lo importante es tratar de respetar "la jurisprudencia", donde la soberanía parece una discusión de siglo XVI, y donde en un supuesto "mundo de buenas intenciones" y de "paz democrática" los que tienen problemas es porque quieren, en parte es cierto, pero hay muchas otras implicancias, y tampoco el mundo es ese lugar pacífico, al menos no para quienes tienen sentido de la decisión propia.
Yendo entonces al tema de la pandemia de una vez, podemos ver cómo distintos estados en Occidente tomaron medidas que no eran exactamente medidas que hacen a una "democracia liberal", sino por el contrario, recuerda más a la "cortina de hierro" de la Europa dividida, pero los territorios del lado occidental se parecen hoy más al lado oriental, pero precisamente por eso no se trata de una tendencia oriental de europeos, sino más bien de quien se viene configurando como nueva potencia ascendente y en consonancia con grandes grupos financieros y corporaciones: China.
Su influencia es más que notable en los distintos organismos de la ONU y especialmente ahora en la OMS a raíz de los encubrimientos sobre infectados y muertos del régimen chino de los que nos estuvimos enterando las últimas semanas; y esta influencia está generando las reacciones de los estados europeos y americanos, ya sean afines o contrarios a ella. De cualquier manera, se entendió la importancia del concepto de soberanía como reafirmación del poder de tomar decisiones en estado de excepción, así como la importancia que tiene decidir para terminar de una vez con la repetición de algo que ya no tiene más aplicación, que es la vida normal.
El problema es que se entienda la decisión y la soberanía del Estado para que finalmente no haya ni decisión ni soberanía, ¿a qué me refiero? A que Occidente está en una nueva encrucijada donde todo lo que se pueda conservar, preservar o rescatar de nuestro legado está amenazado en la actualidad por formas de organización social ajenas y que nos son sumamente dolorosas a nuestro sentido de libertad que tenemos en todo el hemisferio. La decisión y la soberanía del Estado para que sean reales, deben ser retomadas en lo que hizo a la raíz primera de nuestra conformación como occidentales, nuestros padres Grecia y Roma, y todo aquel legado.
En este estado de excepción, las decisiones que se tomen serán un punto de partida nuevo, ya que no sólo se terminó la normalidad de la vida rutinaria a partir de la pandemia, se termina también la normalidad en la forma de interpretarnos y relacionarnos con nosotros mismos, y ahí la primer decisión soberana viene de nosotros como personas. Si se quiere avanzar a una "nueva normalidad" que sea más afín, que implique una reconfiguración del mundo en un escenario más equilibrado, no queda más que ampararse en la realidad, y la realidad es que las decisiones soberanas que no tomemos nosotros, las van a tomar otros por nosotros y no precisamente considerando para nosotros lo mejor y más conveniente.
La realidad nos dice también que los momentos excepcionales son grandes oportunidades para replantearnos todo lo que veníamos haciendo, y con el criterio adecuado, encarar la nueva etapa apoyándose en uno, y no siendo una hoja en la tormenta. Si seguimos con el mismo criterio anterior que nos llevó a este estado de cosas, el escenario es de absoluto pesimismo; pero al mismo tiempo si pensamos tomar la iniciativa y empezamos a pensar en "el día después", y de qué manera encarar una reconstrucción nacional, para poder incertarnos en esta realidad estratégicamente y dejar una vez de ser convidados de piedra, porque esto que quizá los argentinos padecemos hace tiempo, lo están viendo quienes parecían los mimados del modelo global, y hoy sus pueblos se juegan por la libertad o la esclavitud.
De estas decisiones excepcionales nos tenemos que hacer las preguntas fundamentales, donde las máscaras y disfraces culturales ya no tienen lugar, porque en el campo de batalla de las ideas fundamentales no existen tibiezas ni grises, ni los "si, pero..", hay que decidirnos y hay que definir qué queremos ser, qué futuro queremos construir. Nos tenemos que preguntar entonces, ¿nos decidimos a ser o no Occidentales? La pregunta es excepcional, pero también lo será la respuesta, sea cual sea.
Lucas Cianfagna.-
Primero que nada, toda teoría y principio filosófico que se tenía supuestamente en cuenta queda barrida por el estado de excepción, claro que muchos dirán que siendo una situación de emergencia no hace más que confirmar la regla/norma o que no se condice con el resto del tiempo en una situación "normal". Como diría el buen Carl Schmitt, la excepción lo prueba todo, porque es a partir de ésta se funda una nueva normalidad, como les gusta llamar a varios. No existe normalidad que no haya sido fundada a partir de un estado anterior de excepción que puso en jaque todo lo que hasta ese momento era "lógico", "obvio" y "evidente", es decir, la norma depende del momento de decisión que se evidencia más que nunca en un estado excepcional.
Por eso se menciona que "la excepción lo explica todo", porque es condición sine qua non no existe lo que hoy asumimos y damos por sentado. Los equívocos se dan en primer lugar porque nadie nunca espera vivir o tener que ver la excepción, o ser parte la poca probabilidad estadística del 0,001%, pero siempre a alguien le toca y hay que hacerse cargo cuando pasa.
Hablar de decisión para la literatura común es hablar casi de facultades extraordinarias, casi pretendiendo que toda decisión ejecutiva (presidentes, primeros ministros, reyes, cancilleres) siempre tiene que basarse en el poder legislativo, y toda decisión jurídica del poder judicial debe estar amparada en una norma ya establecida, y lo importante es tratar de respetar "la jurisprudencia", donde la soberanía parece una discusión de siglo XVI, y donde en un supuesto "mundo de buenas intenciones" y de "paz democrática" los que tienen problemas es porque quieren, en parte es cierto, pero hay muchas otras implicancias, y tampoco el mundo es ese lugar pacífico, al menos no para quienes tienen sentido de la decisión propia.
Yendo entonces al tema de la pandemia de una vez, podemos ver cómo distintos estados en Occidente tomaron medidas que no eran exactamente medidas que hacen a una "democracia liberal", sino por el contrario, recuerda más a la "cortina de hierro" de la Europa dividida, pero los territorios del lado occidental se parecen hoy más al lado oriental, pero precisamente por eso no se trata de una tendencia oriental de europeos, sino más bien de quien se viene configurando como nueva potencia ascendente y en consonancia con grandes grupos financieros y corporaciones: China.
Su influencia es más que notable en los distintos organismos de la ONU y especialmente ahora en la OMS a raíz de los encubrimientos sobre infectados y muertos del régimen chino de los que nos estuvimos enterando las últimas semanas; y esta influencia está generando las reacciones de los estados europeos y americanos, ya sean afines o contrarios a ella. De cualquier manera, se entendió la importancia del concepto de soberanía como reafirmación del poder de tomar decisiones en estado de excepción, así como la importancia que tiene decidir para terminar de una vez con la repetición de algo que ya no tiene más aplicación, que es la vida normal.
El problema es que se entienda la decisión y la soberanía del Estado para que finalmente no haya ni decisión ni soberanía, ¿a qué me refiero? A que Occidente está en una nueva encrucijada donde todo lo que se pueda conservar, preservar o rescatar de nuestro legado está amenazado en la actualidad por formas de organización social ajenas y que nos son sumamente dolorosas a nuestro sentido de libertad que tenemos en todo el hemisferio. La decisión y la soberanía del Estado para que sean reales, deben ser retomadas en lo que hizo a la raíz primera de nuestra conformación como occidentales, nuestros padres Grecia y Roma, y todo aquel legado.
En este estado de excepción, las decisiones que se tomen serán un punto de partida nuevo, ya que no sólo se terminó la normalidad de la vida rutinaria a partir de la pandemia, se termina también la normalidad en la forma de interpretarnos y relacionarnos con nosotros mismos, y ahí la primer decisión soberana viene de nosotros como personas. Si se quiere avanzar a una "nueva normalidad" que sea más afín, que implique una reconfiguración del mundo en un escenario más equilibrado, no queda más que ampararse en la realidad, y la realidad es que las decisiones soberanas que no tomemos nosotros, las van a tomar otros por nosotros y no precisamente considerando para nosotros lo mejor y más conveniente.
La realidad nos dice también que los momentos excepcionales son grandes oportunidades para replantearnos todo lo que veníamos haciendo, y con el criterio adecuado, encarar la nueva etapa apoyándose en uno, y no siendo una hoja en la tormenta. Si seguimos con el mismo criterio anterior que nos llevó a este estado de cosas, el escenario es de absoluto pesimismo; pero al mismo tiempo si pensamos tomar la iniciativa y empezamos a pensar en "el día después", y de qué manera encarar una reconstrucción nacional, para poder incertarnos en esta realidad estratégicamente y dejar una vez de ser convidados de piedra, porque esto que quizá los argentinos padecemos hace tiempo, lo están viendo quienes parecían los mimados del modelo global, y hoy sus pueblos se juegan por la libertad o la esclavitud.
De estas decisiones excepcionales nos tenemos que hacer las preguntas fundamentales, donde las máscaras y disfraces culturales ya no tienen lugar, porque en el campo de batalla de las ideas fundamentales no existen tibiezas ni grises, ni los "si, pero..", hay que decidirnos y hay que definir qué queremos ser, qué futuro queremos construir. Nos tenemos que preguntar entonces, ¿nos decidimos a ser o no Occidentales? La pregunta es excepcional, pero también lo será la respuesta, sea cual sea.
Lucas Cianfagna.-