lunes, 29 de octubre de 2018

El maestro sigue teniendo razón


"En estos conflictos se pone de manifiesto que el Estado no ha nacido por el miedo a la guerra y como una institución protectora de intereses individuales egoístas, sino que, inspirado en el amor a la patria y del príncipe, constituye, por su naturaleza eminentemente ética, la aspiración hacia más altos ideales."
Friedrich Nietzsche


Para hablar del fenómeno político tanto en Argentina como en el mundo, no por casualidad elegí una imagen que representa a Nicolás Maquiavelo y César Borgia en una serie conocida, quienes hoy tienen una vigencia, creo yo, intachable. Maquiavelo (de quien hago referencia en el título por ser el padre de la ciencia política) presenció y describió un problema que hoy se vuelve a dar en otros lugares, con otros personajes, pero siendo la misma temática y la misma solución posible. 

Un poco de repaso. En la Italia de principios del Renacimiento había una situación de división total y de enfrentamiento entre los principados, algo así como si se tratara de hipótesis de conflicto entre provincias de una misma patria. El escenario político estaba dominado por una casta de politiqueros que se habían vuelto oligarcas mediante el constante ejercicio de la función pública, siendo los únicos que podían aspirar a una esperanza de vida generosa, condenando a la población a la miseria más o menos homogénea en los distintos estados. Éstos eran auténticos clanes políticos, ya que se agrupaban por familia y conformaban una pelea de linajes cuyos escudos eran la población que padecía los humores de política fiscal que iban de mala a peor y de leyes que cambiaban todo el tiempo según qué familia ocupara los principados.

En cuanto a lo económico existía un ahogo impositivo hacia una población que entregaba lo que podía producir a las arcas públicas según cada lugar, y aquello servía para el despilfarro y la fiestas ceremoniales de un grupo que en connivencia con el Vaticano disputaban territorio e influencia. Luego del intento fallido de los Medici por hacer la diferencia, le tocó el turno a los Borgia, en especial César, en quien Maquiavelo puso sus fichas para que pudiera cumplir con el destino de unificar a Italia en un Estado para combatir estas oligarquías regionales que ganaban mediante la división de Italia en conflictos separatistas de estados provinciales que no paraban de exprimir a la población, y poder reducir la carga fiscal sobre la población para que pueda tener una mejor calidad de vida. 

Pareciera que estuviese hablando de la actualidad, y si, efectivamente esto que pasó hace 4 siglos, vuelve a repetirse con actores nuevos y en otros lugares. Los Estados soberanos fueron perdiendo capacidad de acción a lo largo del proceso globalista de privatización del poder por medio de organismos multilaterales y de O.N.G. de dudosa procedencia, corporaciones internacionales que parasitan a los Estados y  se nutren del separatismo, no sólo territorial, sino también social y cultural de los pueblos. Toman demandas de grupos minoritarios y los vuelven banderas que buscan imponerse a lo largo y ancho de la población como verdades incuestionables, y aquel que se le ocurra decir "Esto me parece mucho", ya recibe de buenas a primeras la desaprobación de los fiscales mediáticos que reproducen estos discursos las 24 hs. El resultado electoral de Brasil nos da una muestra gratis (no para ellos) de qué es lo que pasa cuando los lobbistas que representan intereses de minorías tratan de imponerse de forma totalitaria ante una mayoría silenciosa, y cuando a ésta le dan voz se expresa sin dudarlo un segundo. 

Que la opción ganadora en estos casos nos guste o no, no depende de nosotros, sí depende de nosotros en todo caso presentar una alternativa real y patriótica para hacer frente a este globalismo que está entrando en crisis, ya que las varias potencias lo han abandonado hace rato, como los casos de Rusia y Estados Unidos, y podemos nombrar ejemplos europeos como Austria, Polonia y Hungría. Mientras tanto en Argentina pareciera que la solución la tienen los liberales, según dicen, ya que se presentan como los abanderados de la reducción de impuestos, pero esa reducción de impuestos significa la menor existencia posible del Estado, lo cual ya ocurre de hecho, porque el Estado en lo esencial no está, que es defender el interés nacional y el bien común del pueblo en su conjunto. Que a ello le sumemos reducción en su administración no significa solucionar los problemas, sólo significaría reducir lo innecesario, pero lo necesario en que el Estado debe estar todavía brillaría por su ausencia. Maquiavelo también planteaba que era necesaria una reducción drástica de impuestos innecesarios a la población que se había vuelto esclava tributaria, ahora bien, él entendía bien que el Estado no es un mero ente de administración fiscal como pretende nuestra casta politiquera socialdemócrata, sino la herramienta política de unidad nacional y de síntesis de intereses divergentes.

El Estado es una herramienta de la comunidad nacional para garantizarse la representación y la conducción del conjunto mayoritario. La política sólo se garantiza cuando se representa al sujeto político nacional, cuando los intereses individuales o privados se ponen por encima del interés nacional, se extingue la política y lo que queda es la burocracia que toma al Estado por asalto y lo gangrena al punto en que sólo se convierte en un recaudador compulsivo de impuestos, lo cual va consumiendo la energía de la economía nacional que no puede despegar ni desarrollarse como podría. Como dice Santiago Abascal, presidente del Partido VOX en España, el Estado de bienestar de la población sólo es posible cuando se termina con el Estado de bienestar de los políticos, y eso significa que el Estado recupere su soberanía en los puntos esenciales: sintetizar los intereses divergentes, planificar políticas a largo plazo y conducir dicho proceso. La realidad de nuestra casta "política" es que no es política, porque los intereses que representa siempre son privados, ya sea de mercado o de ideologías minoritarias.

La defensa de la constitución no se da en la defensa de un papel escrito, sino en la defensa de la unidad nacional y del interés común, porque en un proceso de fragmentación nacional ninguna ley será respetada al fin y al cabo. Al separatismo globalista de los intereses privados se lo debe reconocer como enemigo público del sujeto político argentino, y se lo combate con unidad nacional, promoviendo el bien común y con un Estado realmente soberano, que en vez de generar burócratas, genere políticos de carrera y estadistas, que es lo que necesitamos para pensar a futuro y recuperar nuestro destino. Recuperar la política significa volver a priorizar la representación de las mayorías, y esto no quiere decir ir en desmedro de las minorías, significa que más allá de que existan grupos, se reconozca como prioridad, que todos somos argentinos, y que nuestro destino común patrio está por encima de cualquier ideología o interés privado, ya sea de izquierda o de derecha.

Lucas Cianfagna.-

viernes, 18 de mayo de 2018

Nacionalismo cultural y política en el siglo XXI

"Ya era tiempo de poner término a tantos males de tal tamaño y para conseguir tan loable objetivo, yo miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable, y no dudo que su opinión y la de todos los hombres que amen a su país pensarán como yo.." General José de San Martín
La estrategia de los medios de comunicación para impulsar una serie de ideas viene sirviendo sólo a los que no se toman dos minutos para pensar con el cerebro propio. Entre ellas, un tema que es el gran tema de nuestro tiempo, como diría Ortega y Gasset, que es la lucha cultural entre lo que llamaríamos un progresismo y un nacionalismo. Tal lucha cultural se ve cada vez más fuertemente reflejada en Europa, debido a que el sistema actual de tendencia global no ha sabido hacer frente a unos cuantos problemas estructurales, que muchas veces no tienen que ver con lo económico, sino más bien con el criterio posmoderno de caprichos y pataleo. Hay que tener en cuenta algo importante, nada de esto tiene sentido si no se afronta con las herramientas indicadas. La prensa en general y la corrección política se esfuerzan en convencer de que una alternativa a todo esto sólo trae un estadío de retroceso y oscurantismo, puede ser así, o no, depende de nosotros y cómo planteemos nuestra alternativa.

Para hablar de este contexto, la socialdemocracia se define desde la derecha a la izquierda en un esquema progresista y desarrollista, como bien menciona Jorge Rulli, que tanto en Argentina como en el mundo fue consolidándose: progresismo en lo cultural, desarrollista en lo económico y centrista en lo político-institucional. Problemas como inmigración ilegal o "crisis de refugiados", minorías separatistas, feminismo radical y la creciente islamización son algunos de los problemas que la socialdemocracia no ha querido resolver. Tenemos por otra parte grupos nacionalistas de tendencia moderada y realista, lejos de los extremistas y trasnochados de siempre que sólo piensan en conspiraciones y videos de YouTube poco serios; lo que podríamos llamar un "nacionalismo de liberación", lo cual se propone reclamar un respeto irrestricto por la propia comunidad y hacia las otras comunidades, esto es, proponen una realización nacional en conjunto con una integración continental paulatina y a su tiempo, sin violencia, sin imposición. Casos como los de "VOX" en España, que constituye un grupo nuevo pero pujante, así como también gobiernos electos en Polonia con "Ley y Justicia", y el más aún emblemático caso de Victor Orban en Hungría con el partido "Fidesz", con un gran éxito en la mejor de bienestar, con políticas coherentes, un plan a largo plazo y una perspectiva de futuro que no habían tenido hace tiempo.

¿Qué es lo que ofrece este último grupo? Un destino, objetivos a largo plazo y una idea de trascendencia, lo cual compone quizás el elemento más importante a la hora de diseñar políticas para un estadista. Cuando hablamos de un verdadero estadista no lo podemos reducir al que "gestiona un gabinete" o "manda al jefe de gabinete a que haga lo suyo y lo miro a ver qué hace", un estadista tiene la visión más amplia dentro de su comunidad nacional y ofrece su perspectiva integral para conducir una acción de conjunto y brinda a su pueblo un destino, una idea realizable en tanto y en cuanto nos movamos todos y pongamos a funcionar lo orgánico como comunidad. La misión de un estadista en el mundo de hoy es la batalla cultural contra el progresismo, oponiendo a él un nacionalismo cultural, del cual nos ha hablado nuestro referente como argentinos, Juan Domingo Perón. Allí tenemos las herramientas bien precisas, que no se trata de copiar lo que se hizo en el pasado, sino retomar la idea de un Proyecto Nacional que se expresa en la frase: "La organización vence al tiempo, en el marco de un objetivo trascendental", que es lo que precisamente lo que se ha olvidado, lo más esencial.

Retomando lo del principio, ¿de qué manera se puede afrontar como alternativa nacionalista la lucha contra el progresismo cultural sin caer en la tipificación de los progresistas de que "somos unos fóbicos"? Nuevamente el compañero Rulli vuelve a dar en el clavo cuando critica esta tendencia, aclarando que no se trata de combatir a los individuos que la componen, sino en todo caso, a la tendencia a crear identidades ficticias más allá de lo que nos une como comunidad nacional, es decir, las cuestiones de minorías no pueden ser la prioridad ante un panorama nacional de profundos problemas en lo político por falta de propuestas, de una economía basada en el amiguismo y una falta total de pensamiento a largo plazo. Dentro de una propuesta integral es que se puede arribar a una solución incluso para grupos minoritarios, soluciones que no vayan en detrimento de las mayorías y que logren finalmente lo que con la violencia no logran nunca, que es la integración y armonía social. 

Es entender de una vez por todas que la realización de individuos aislados nunca puede arribar a una realización de la comunidad en su conjunto, pero a su vez entendiendo en nuestra tarea, de que debemos ser soberanos primero nosotros como personas, para poder lograr la soberanía nacional. Siendo que la política es la "ética de la polis", al ser la ética la práctica de libertad de la persona diferenciada, la política vendría a ser la integración de personalidades diferenciadas en lo suyo pero reconociendo un interés común. Por lo tanto, para no caer en la trampa progresista, lo mejor es dar soluciones concretas a los problemas reales que arriben a comprender la realidad en su conjunto, para que tanto minorías como las mayorías que hoy reclaman representación, sean integradas en una idea a futuro. Lejos de reclamar volver al pasado, decimos más que nunca: ¡FUTURO O NADA!

Lucas Cianfagna.-

miércoles, 9 de mayo de 2018

Política como ética de la polis

 
"La máxima de la antigua sabiduría fue en vez: suum cuique tribuere (dar a cada uno lo suyo). Y, según la misma concepción platónica, la suprema misión de los jefes es la de proveer que la justicia, entendida en tal sentido, sea la que reine." 
Julius Evola


En la antigüedad clásica se hablaba más sencillo y se iba a lo importante sin tapujos, no porque fueran más machos, sino porque había otras condiciones que garantizaban a ciertos individuos la posibilidad de dedicarse pura y exclusivamente a la cosa pública. ¿De qué individuos estamos hablando? Básicamente de los varones mayores de edad con el problema de la economía resuelto. ¿Cómo era la economía en ese entonces? De carácter puramente familiar, o bien, de hogar como su raíz etimológica lo indica "oiko-nomia" ("la norma del hogar", o el "orden del hogar"), con lo cual la actividad económica lejos de ser una cuestión social, quedaba puertas para adentro, como bien marcó Hannah Arendt en La promesa de la política. Esto tiene una importancia no menor, ya que realmente se podía definir con claridad lo que significa hacer política, ser un ciudadano y en qué medida se es libre.

La libertad para personas como Aristóteles se vinculaba con la capacidad de ser un ciudadano, pero no cualquiera era ciudadano, lo eran aquellos que estaban librados de la responsabilidad del quehacer económico, lo cual les brindaba el tiempo suficiente para dedicarse de lleno a la polis. Otro término interesante que usa Aristóteles es el de la ética, y lo vincula directamente con la práctica de la libertad, tema retomado por Foucault en sus conferencias de La hermenéutica del sujeto, donde se retoma en la antigüedad clásica lo imprescindible que es la ética para entender la política, ya que la definición correcta también lo tiene la palabra misma, sería "ética de la polis".

Existe una confusión común de lo que es ética y se lo mezcla con moral, pero nuevamente podemos ir a las palabras en su origen para aclarar tantos. "Moral" viene de "mores", que significa "usos y costumbres", con lo cual la moral, tal y como menciona Nietzsche en su calidad de filólogo, se erosiona con el tiempo y va cambiando según las prácticas sociales. Ahora, la ética tiene que ver directamente con el individuo diferenciado, detalle no menor. Así como la economía y la política estaban bien diferenciados, a diferencia de la actualidad, también había una diferencia notable entre ética y moral, pero también sabían unir lo que había que unir. 

Los antiguos entendían que lo individual y lo colectivo no debía estar disociado, sino integrado armónicamente, cosa que a duras penas recordamos, porque vemos que las principales riñas ideológicas hoy van (llevado al absurdo) libertarios individualistas contra expropiadores marxistas, y ambos coinciden en algo, en que el individuo no se diferencia de otro, sino que conforman o un átomo disperso o una agregación como por ósmosis, casi como si fuéramos células. En cambio era imprescindible entender que la ética parte del individuo, pero como personalidad diferenciada de lo general, partiendo de esa base podía integrar una práctica social que tienda a que la persona se realice en la polis como ejercicio de libertad, que vendría a ser el ejercicio correcto de "ciudadanía", más profundo y distinto del que prometen los socialdemócratas que gritan en nombre de lo "cívico" y que poco lo entienden.  

¿Qué situación tenemos en la modernidad? Hablando mal y pronto, un quilombo. Sin embargo, el desafío nos motiva todos los días a buscarle la vuelta a estas cosas, y nos damos cuenta que después de 2 milenios y medio, los clásicos siguen teniendo vigencia. La situación de la economía está ligada necesariamente con lo social hoy día lo cual produce que la economía se ponga por encima de la política, así como tenemos la confusión de moral y ética, y por si fuera poco, pensamos que hay un muro infranqueable entre individuo y sociedad, ya que "sociedad" no es más que la relación de individuos que no se diferencian mucho y que establecen relaciones de beneficiencia puramente comercial; allí no hay ética, pues no se necesita, tampoco hay diferenciación, ni mucho menos realización de las personas. 

¿Cómo se soluciona esto? Volviendo a las fuentes, tan simple como eso. Devolverle a la política su sentido originario, poniéndose por encima de la economía para poner el sentido común de nuevo sobre la mesa, sin ignorar que la economía tiene sus leyes duras al ser una práctica social distinta de lo que era antiguamente, pero sin perder el foco de la importancia que tiene la armonía social y la cooperación entre individuos diferenciados. Como he mencionado varias veces, sin soberanía personal no puede haber en nuestro suelo soberanía nacional, es por eso que se parte de la ética para acercarse a la polis, es decir, para volver de una vez por todas a hacer verdadera política. Poner la política por encima de la economía garantiza volver a un sano ordenamiento, donde se resuelvan las necesidades básicas, con aspiración al bienestar individual y colectivo, y se pueda retomar la política con la libertad que caracterizaba a los clásicos. Esto sería, liberarnos de lo que nos ata al "aquí y ahora" para arribar a una política en sentido trascendente.

Lucas Cianfagna.-