"De igual modo que, como veremos, Apolo atrae al hombre a la red lisonjera del enigma, as铆 tambi茅n Dionisos lo seduce -en un juego embriagador- hasta los meandros del Laberinto, emblema del «logos». En ambos casos, el juego se transforma en un desaf铆o tr谩gico, en un peligro mortal del que s贸lo pueden salvarse, pero sin jactancia, el sabio y el h茅roe." Giorgio Colli
Nuevamente se encontraba nuestro joven fil贸sofo, esta vez en la orilla de una isla en la cual hab铆a desembarcado con sus objetos personales, entre los cuales algunos alimentos, piedras y una espada. No recuerda nada, incluso c贸mo hab铆a llegado all铆, s贸lo recuerda, como trat谩ndose de una reminiscencia, de tener que llegar all铆 y transitar aquello que el lugar depara. Result贸 algo angustiante para nuestro joven, encontrar a metros de la orilla, la inevitable entrada a un laberinto, aquello por lo cual deb铆a pasar sin ninguna otra posibilidad. Aquella angustia sopesa en la gravedad de no encontrar una respuesta, en una falta, en una laguna, en algo que lo pon铆a en esa situaci贸n, pero sin 茅l entender de qu茅 se trataba, acompa帽ado en principio solamente por la Tierra que pisaba y el Sol que le mostraba el camino, y tambi茅n algunas sombras.
Comienza con mucho pesar y algo de miedo, a transitar dentro del laberinto, necesitaba un sost茅n en el cual apoyarse, pero le resultaba dif铆cil encontrarlo. Hasta que entonces, da cuenta de la primera presencia dentro del laberinto, se hab铆a aparecido una criatura extra帽a, de poco tama帽o, con cierto aire de violencia, pero con una actitud impetuosa que de alguna forma le ven铆a bien a nuestro joven fil贸sofo. Esta criatura se le presenta como alguien que estaba a su altura, y si bien no era atractiva a simple vista, su capacidad de discurso lo sosprendi贸 un poco, tratando de seducirlo para que formasen una empresa com煤n. En el transcurso del viaje, la criatura le pedir铆a que transite por la senda del este, mientras le contaba c贸mo viv铆a 茅l y la forma en que su comunidad se organizaba. A nuestro joven aventurero le parec铆a atractiva la historia que esta criatura le contaba, sinti茅ndose quiz谩s bastante familiarizado con aquello que la criatura contaba, que era en s铆, aquello que el fil贸sofo quer铆a escuchar, ya que en la desesperaci贸n, cualquier relato con un posible final feliz reconforta de alg煤n modo. Esta criatura continu贸 dise帽ando todo tipo de artilugios para torcer la poca voluntad de nuestro viajero, y as铆 continu贸 una buena parte de su camino, si bien era lo 煤nico que pod铆a escuchar respecto a la desesperante situaci贸n en la que se encontraba, en tal criatura encontraba un confort al escuchar todo lo que inventaba para 茅l. Le contaba sobre lo injusto que era el paso por el laberinto, y que depend铆a de ellos poder destruirlo y crear un camino m谩s recto, con mayor esperanza y que genere algo mejor para quienes vuelvan a toparse con esto. A nuestro viajero le fue convenciendo con el pasar de los d铆as tal idea, y sent铆a que necesitaba llevarla a cabo de alguna manera, aunque sea empezando por algo m铆nimo, para cuando se iban a encontrar con otras criaturas existentes dentro del laberinto.
La segunda aparici贸n era de otro tipo de criatura nueva, en este caso ten铆a quiz谩s un tama帽o un poco mayor que la peque帽a criatura que acompa帽aba a nuestro fil贸sofo viajero, pero con un aspecto distinto, aunque incluso, m谩s convincente. Esta criatura entr贸 inmediatamente en disputa con la criatura que acompa帽aba al viajero, es como si se conocieran de siempre, o al menos, se ten铆an muy bien en cuenta, para lo cual la criatura que acompa帽aba a nuestro viajero pudo hacer frente a 茅sta otra sin mayor esfuerzo, ahuyent谩ndola por el momento con una simple demostraci贸n f铆sica. Nuestro viajero reafirm贸 su relaci贸n con la criatura y ambos siguieron marchando compartiendo an茅cdotas y cuestiones personales. Al cabo de algunas semanas transitando por el tortuoso e incierto sendero, otra criatura del mismo tipo que la que hab铆an encontrado hac铆a poco se les aparece, pero esta vez aquella ten铆a mayor fuerza que la que acompa帽aba a nuestro viajero. No dando el brazo a torcer, ambas se trenzan en una pelea fuerte, mientras nuestro viajero no sabe qu茅 hacer, su impostura le vali贸 el dominio de la criatura nueva que se hab铆a hecho de su presa al aniquilar a la primera criatura del viaje. Nuestro fil贸sofo estaba en una situaci贸n de necesidad, deb铆a seguir acompa帽ado para lograr salir, por lo cual debi贸 aceptar con pesar la nueva compa帽铆a a la cual le cost贸 bastante trabajo acostumbrarse; pero una vez hecho, esa criatura iba a marcar un momento en su viaje, ya que le permiti贸 ver unas cuantas cosas, entre ellas, que el impulso por destruir el laberinto, ya no le parec铆a algo leg铆timo y promovido desde un gran sentimiento, sino por el contrario, lo vio como una fuerza de auto-destrucci贸n que pretende corromper a aquellos que se aventuran, y para lo cual, la nueva criatura ya mostrada como benevolente y piadosa, le mostr贸 un nuevo camino, que iba a invadir por completo el deseo de nuestro aventurero, nuevamente en medio de la necesidad y de la angustia, esta vez, con un poco m谩s de fuerzas y de transformaci贸n de la angustia en enojo por reconocer el enga帽o que hab铆a vivido.
Esta criatura nueva lo acompa帽a en la mayor parte del viaje a nuestro fil贸sofo, consiguiendo compartir m谩s que con la anterior, y mostr谩ndole todo un despliegue de ideas que le dar铆an sentido a su viaje accidental en dicho laberinto. Con estas ideas, nuestro viajero adquiri贸 una vehemencia sin precedentes y una cierta seguridad mezclada con obstinaci贸n, pero que formar铆a el perfecto coctail para una personalidad de choque, dispuesta a enfrentarse a cualquier cosa que se le aparezca, aunque temeroso, se lanzar铆a con vanidad a la carga. Pero esta criatura que ha pasado a ser su nueva compa帽铆a de tiempo completo, ten铆a una peculiaridad, pod铆a tomar formas similares a la persona que se aventura, aquella era la habilidad que le permit铆a generar una identificaci贸n inmediata desde lo sentimental, sumada a su nueva ret贸rica de la identidad y la pureza, el estado de cosas hac铆a que todo marche en tal direcci贸n. Con el tiempo la furia de nuestro aventurero iba en crecimiento, las batallas con las distintas criaturas que habitaban en el laberinto eran m谩s que frecuentes, y hasta en un punto, buscadas. Cuando hubieron de cesar las oportunidades de pelea, el viaje por los gigantescos pasillos continuaba para ambos, y luego de un tiempo de prolongada paz, ocurri贸 algo inesperado. Nuestro viajero presenci贸 algo que nunca hab铆a conocido, pero que habr铆a de cambiar su vida para siempre. Un haz de luz lo invitaba a cambiar su recorrido pre-meditado, hasta que logra encontrar el origen de esa luz, y all铆 vio el espect谩culo: Se trataba de algo que brillaba y era amorfo, pero que luego empez贸 a adquirir para 茅l formas bien precisas. Primero fue un camello, luego se transform贸 en un le贸n, y por 煤ltimo, tom贸 la forma de un ni帽o, que se materializ贸 y empez贸 a correr alej谩ndose. Fue el espect谩culo m谩s impresionante que pod铆a haber visto, le pregunt贸 a la criatura que lo acompa帽aba desde hace ya tanto, y 茅sta le contest贸 que hab铆a cosas que pod铆a aprender de ese ser peculiar, pero que no se aleje mucho de su paso. Con el correr de los d铆as, y vac铆o por la prolongada paz, nuestro viajero comenz贸 a sentir cada vez m谩s inc贸moda su compa帽铆a, al punto de desear poder encontrar de nuevo ese ser de luz para irse con 茅l y dejar a la criatura atr谩s. En un buen d铆a, volvi贸 a encontrar el mismo espect谩culo, entonces decidi贸 seguirlo, con la criatura aceptando cambiar de recorrido por el momento.
Nuestro fil贸sofo comenz贸 a correr, y la criatura que lo ven铆a acompa帽ando empez贸 a hacer lo mismo, no quer铆a bajo ning煤n concepto perder a nuestro viajero. Entre descansos y continuaciones, ambos consiguen alcanzar a este ser devenido en ni帽o, y consiguen hablar un poco con 茅l, a medida que nuestro viajero sent铆a una cercan铆a sin igual con dicho ni帽o, la criatura comenzaba a mostrarse hostil ante esto. El viaje continu贸 con los tres yendo en una misma direcci贸n, pero con el pesar de la criatura, quien cada vez mostraba mayores conflictividades con ambos. El viaje se torn贸 pesado para nuestro viajero y el ni帽o, raz贸n por la cual, planearon una huida en momento de la vigilia. Cuando ambos echan a correr la criatura logra despertarse y comienza a perseguirlos, con una gran furia, pero ya no con la misma fuerza con la que hab铆a conocido a nuestro viajero, quien logra escapar junto con el ni帽o y perder a la criatura de vista finalmente. En lo que continu贸 el dif铆cil viaje dentro de los inmensos pasillos, nuestro viajero escuchaba atentamente al ni帽o, quien parec铆a llevar consigo una experiencia sin igual y parec铆a brindarle herramientas no para que acepte lo que 茅l le dice, sino para que el fil贸sofo pueda responderse a s铆 mismo sin recurrir a una idea pre-fijada, lo cual le brind贸 una fortaleza sin precedentes. Si bien el ni帽o lo acompa帽贸 buena parte de su viaje, 茅ste hubo de partir, ya que como le hab铆a contado a nuestro viajero, su finalidad era servir de esta manera a los que eventualmente ingresen en este inmenso y largo laberinto, en busca de interrogantes y respuestas por contestarse. El viajero lo salud贸, le agradeci贸 por todo y sigui贸 solo, pero con paso firme y seguro de s铆 mismo. Nuestro fil贸sofo aprendi贸 as铆 a valorar su soledad, y poder enfrentarse a las batallas y nuevos obst谩culos por su cuenta.
Ara帽as gigantes, espectros y serpientes fueron algunos de sus encuentros desafiantes, pero uno en particular es el que le suscit贸 entereza en su car谩cter. Se trataba de la ya tan conocida Esfinge que se le apareci贸 a Edipo en la entrada a Tebas. Como era de suponerse, la pregunta es la que ya todos conocen, con la diferencia en que nuestro fil贸sofo dej贸 salir una respuesta algo m谩s extensa que la suscitada por Edipo en su mito. El viajero expuso todo su aprendizaje previo y realiz贸 una interpretaci贸n propia del laberinto mismo, y dej贸 a la Esfinge deslumbrada por su respuesta sobre el hombre, afirmando el car谩cter enigm谩tico del mismo, llam贸 con clamor a la Esfinge como s铆mbolo de s铆mbolos, el cual viene a incomodar al hombre en su pregunta sobre s铆 mismo, y que la pregunta, lejos de ser contestada con una simple respuesta, abre el eterno interrogante sin responder que se resume en "¿Qu茅 es el hombre?". La Esfinge en este caso tiene una reacci贸n diferente de la esperada, ya que se supon铆a que ante la respuesta correcta habr铆a de suicidarse, siendo diferente el planteo de parte de nuestro viajero, la Esfinge hubo de convertirse en una estatua cuya inscripci贸n se grab贸 a sus pies en piedra "La pregunta ya la conocen, la respuesta tambi茅n, ¿pero ser铆an capaces de responder a tal respuesta que resulta pues, imposible de responder en su totalidad, a煤n m谩s all谩 del Laberinto?". Maravillado ante la reacci贸n de la Esfinge, el viajero contempl贸 por un instante el significado de lo que ser铆a aquel gesto, entendi贸 que las respuestas m谩s importantes no son nunca definitivas ni est谩n tampoco destinadas a responderse de una vez y para siempre, puesto que era la capacidad de preguntar lo que lo mantiene con fuerza, y entendi贸 la necesidad vital de adoptar una postura reflexiva y activa. As铆 sigui贸 pues, durante el resto de su viaje por el laberinto, esperando continuar encontrando grandes cosas.
Continuando con el tan extendido viaje por dentro de un laberinto del cual no sab铆a si siquiera estaba cerca o no de su final, o al menos, de saber que hab铆a tomado los caminos correctos, nuestro viajero a煤n as铆 confiar铆a en que as铆 fue. En medio de d铆as de absoluta paz, se top贸 con un libro, no ten铆a aspecto de ser antiguo, pero le llamar铆a la atenci贸n. Al abrirlo, pudo divisar una serie de dibujos, una escuela, una prisi贸n, un campo de trabajo y una torre de vigilancia; a su vez, encontrar铆a una imagen de un ni帽o parecido al que hab铆a conocido producto de tal aparici贸n y metamorfosis. Pero esta vez, el ni帽o aparecer铆a en el dibujo ubicado en un contexto familiar, donde se ven diferentes vivencias que este ni帽o tiene respecto a sus familiares, c贸mo se relaciona con ellos, qu茅 problemas y planteos aparecen; asimismo, aparecen dibujos del ni帽o ya algo crecido en un ambiente escolar, perdiendo todo aquello que es lo que 茅l hab铆a visto de puro en aquel que hab铆a conocido. Las im谩genes se tornaban cada vez m谩s escalofriantes, el crecimiento del ni帽o en adulto que iba eventualmente al campo de trabajo o en caso de mala conducta al centro de detenci贸n, le hac铆an ver que no hab铆a gran diferencia en cuanto a aquello que el ni帽o hab铆a perdido, en qu茅 se hab铆a transformado, y c贸mo de una gran y pr贸diga metamorfosis pod铆a pasar a tan miserable modo de existencia. Cierta angustia lo abrum贸, y hubo de descansar varios d铆as, puesto que sus energ铆as estaban algo debilitadas, producto de su estado de 谩nimo. Logr贸 reponerse y poder relacionar sus 煤ltimas experiencias vividas con el libro que hab铆a encontrado, decidi贸 qued谩rselo. Con el correr de los d铆as, y una vez retomado el camino, divis贸 en alg煤n pasillo a lo lejos algunos s铆mbolos que le eran familiares. Incre铆blemente, aquellos dibujos que hab铆a visto en las primeras p谩ginas del libro estaban tallados en pasillos de los muros del laberinto, supo que por ah铆 era, y present铆a que no faltaba demasiado para poder ver el final.
Avanz贸 con energ铆as recobradas, aunque con cierta pesadumbre por todo lo que hab铆a descubierto, pero su deseo de llegar al final del recorrido era m谩s que suficiente para mantener a nuestro viajero con la frente alta. Su personalidad hab铆a cambiado mucho desde que entr贸 al laberinto, y pudo configurarse a s铆 mismo de forma diferenciada y forjarse un car谩cter propio que le permiti贸 seguir con esperanzas reales, ya no con cuentos e ideas que tomara prestadas, sino con esperanzas que surgen de su propio esfuerzo. Viendo que las paredes comenzaban a verse distintas, un poco m谩s bajas, entendi贸 que estaba llegando al final. En eso, consigue ver otro destello de luces, pens贸 quiz谩s en el ni帽o, y que quiz谩s se re-encontrar铆a con 茅l. No fue as铆, pues la silueta que se formaba de la gran fuente resplandeciente no era un ni帽o, sino un monje montado a un hermoso tigre de bengala, que una vez terminado el espect谩culo de luces, se pudo divisar con claridad en su blanco con rayas caracter铆stico de un elegante animal del lejano Asia. Nuestro fil贸sofo se acerc贸 para intercambiar algunas palabras con el monje, 茅ste le respondi贸 de buena gana, y le dijo que el camino que quedaba era corto pero se volv铆a intenso, por lo cual le dio algunos consejos de utilidad. Le cont贸 la historia de sus or铆genes, le explic贸 c贸mo es la vida de monje y qu茅 formaci贸n tienen para poder transitar el camino del sabio. Nuestro viajero sent铆a que el monje hab铆a visto todo su recorrido previamente, pues le aconsejaba como si ya conociera sus pasos, su experiencia, sus pensamientos incluso. El monje se apresur贸 a decirle antes de que continuara, que tenga cuidado con los monjes que no andubiesen en alguna montura, ya que aquellos se jactan de ser los m谩s sabios, siendo que su sentimiento de nostalgia los ha vencido, y se figuran a s铆 mismos montados sobre algo que no est谩 ah铆. Si bien dijo que podr铆a aprender de ellos si eventualmente los encuentro, no aconseja tomar sus caminos, ya que su defecto los condujo a malinterpretar el camino del sabio, y por ende a tratar de confundir a los nuevos viajeros a que sigan su mismo error. Nuestro viajero le agradeci贸, y el monje entonces le pidi贸 que extendiera su mano derecha abierta con la palma hacia arriba, en posici贸n de obsequiarle algo. El monje con un movimiento de manos materializ贸 un hacha doble, estilo minoica, era una aut茅ntica labrys griega, la cual le recomend贸 que conservase, y le dijo que la espada que llevaba ya no le iba a hacer falta, el hacha ser铆a m谩s que suficiente, pero que la use bien. Finalmente, el viajero le hizo una pregunta que no pod铆a dejar pasar antes de continuar con su camino: ¿por qu茅 los monjes sabios como 茅l estaban montados hacia alguna bestia? La respuesta del monje fue simple pero muy contundente, y es que es sabio aquel que consigue dominar aquello que lo puede matar, y que por ello los monjes no desestiman ning煤n camino alterno que toman quienes no forman parte de su comunidad para lograr el mismo objetivo. Nuestro viajero se dio por satisfecho ante el monje, lo salud贸 y se fue, aunque por supuesto, aquella respuesta le dej贸 mucho de qu茅 pensar en los siguientes d铆as de soledad antes de llegar al final del laberinto.
Cuando se quiso dar cuenta, nuestro fil贸sofo logr贸 toparse con el final del recorrido, era de noche y finalmente dej贸 caer su espada y se qued贸 s贸lo con su hacha, ya no le quedaban raciones de comida desde los 煤ltimos d铆as, sin embargo a煤n almacenaba fuerzas. Pero entonces apareci贸 aquello que tem铆a que lo esperaba al final del lugar. Efectivamente, all铆 estaba la gran bestia, el minotauro de una gran altura f铆sica y con ojos rojos de fiera, esper谩ndolo para com茅rselo como sacrificio al cual acostumbraba a recibir en cierta frecuencia. Nuestro fil贸sofo se dispuso a dar la que sab铆a ser铆a la 煤ltima batalla, por lo cual puso toda su atenci贸n y esfuerzo en ella. El minotauro era muy fuerte, ten铆a una capacidad de resistencia casi divina, y el viajero ve铆a que el hacha no estaba sirviendo para hacerle siquiera un rasgu帽o. La bestia lo acorral贸 en una esquina, nuestro fil贸sofo qued贸 fr铆o y asustado, pensando que quiz谩s, no lo lograr铆a, quiz谩s, ese era el 煤nico fin del laberinto, ese era todo el sentido de todo el viaje que emprendi贸. Hasta que record贸 la 煤ltima aparici贸n que hab铆a presenciado, entonces logr贸 saltar sobre la bestia, impuls谩ndose y saltando sobre una pared del laberinto. Una vez arriba hubo de lanzarse sobre la bestia, la cual enloquece y comienza a sacudirse violentamente, como si de ello dependiese su supervivencia; as铆 fue, nuestro viajero logr贸 resistir todos los violentos y bruscos movimientos de la bestia, hasta que esta comenz贸 a cansarse. El fil贸sofo estaba tambi茅n exhausto, pero sab铆a que ese era el 煤nico momento en el cual pod铆a finalmente librarse de toda esa locura, de poder ser libre de una vez por todas. En cuanto sinti贸 que la bestia no estaba tensionando sus m煤sculos, el viajero clav贸 su hacha en la espalda de la bestia, provocando su ca铆da inmediata, una vez en el piso, cort贸 su cabeza, asegur谩ndose que no pueda volver a recobrar fuerzas por ninguna parte.
Una vez muerto el minotauro, aparecen de inmediato dos 煤ltimos personajes. Un s谩tiro con un cuerno y un hombre que lo acompa帽aba con un arco y una lira, felicitando a nuestro viajero ambos por igual. Le dijeron que se alegraban de que hubiese visto sus se帽ales, y r谩pidamente le mostraron el camino hacia la puerta de salida del laberinto. Cuando nuestro fil贸sofo hab铆a cruzado la puerta para finalmente salir, se hizo todo luz, brillante y blanco. Se despert贸 en su cama, no daba abasto con todo lo que hab铆a so帽ado, dormir lo hab铆a cansado m谩s de lo que deb铆a darle a descansar, pero not贸 que en su mano ten铆a aquel collar del hacha de labrys que hab铆a comprado hac铆a poco, y que se hab铆a quedado dormido sosteni茅ndolo. Ese sue帽o le dio mucho por reflexionar, tantas cosas vividas, tantas experiencias, tantas reflexiones, pero lo que era seguro, es que era otra persona. Con la idea fija, se apur贸 a tratar de pasar todo lo que se acordaba sin esfuerzo a un escrito. Una vez que lo termin贸, se le ocurri贸 un nombre que podr铆a englobar todo lo que en 茅l acontece, y habiendo sido algo tan grande, lo llam贸 de una forma muy peculiar, porque sab铆a que quiz谩s no iba a poder hacer un escrito como ese. Lo llam贸 entonces "El mito del persuadido".
Lucas Cianfagna.-