mi茅rcoles, 30 de noviembre de 2016

Del reino de Melusina al Reino de la Soberan铆a


"Lo que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar en lo colectivo." Juan D. Per贸n

En base al t铆tulo, me propongo tratar algunas cuestiones fundamentales que conciernen al orden pol铆tico, y a las imperfecciones que hoy d铆a se viven en dicho 谩mbito. Aquello que me propongo a tratar concierne a tres cosas: por un lado, el famoso "problema de egos" que se vive en la dirigencia pol铆tica dentro de un partido que podr铆a ser aquello que llevara a la imposibilidad de concretar un liderazgo marcado; por otra parte, hacer referencia a la famosa noci贸n del "pathos de la distancia", a modo de entender que tiene un significado m谩s pr谩ctico de lo que parece; y por 煤ltimo referirme al concepto de Soberan铆a para tratar de entender de qu茅 se habla cuando se refiere a esto.

En cuanto al repetido fen贸meno de la "guerra de egos" que conciernen a lo pol铆tico, hay varios errores con los cuales se pretende abordar el problema. En primer lugar, se concibe la lucha por el ego como algo igual a la exaltaci贸n de personalidad individual, lo cual es un error tremendo. Continuando como en una ecuaci贸n matem谩tica, el error se arrastra, y luego de confundir las dos nociones anteriores, se pasa a concluir que la soluci贸n es mayor democracia, a lo cual se agrega la supuesta necesidad de que la persona que dirija el espacio sea alguien igual a quienes lo apoyan. Nada m谩s infantil que esto, ya que pretender que un liderazgo es bueno por constituir un anonimato administrativo y ser parecido "a los que apoyan" es ya rozar con la idiotez y la brutalidad. El hecho de que se engrandezca las personas que pasan desapercibidas y que gobiernan "con humildad", es una forma de decir "cualquier Fulano puede conducir un espacio, basta que sea igual a todo el resto", para lo cual, se genera instant谩neamente el problema que se busca combatir "Yo tambi茅n quiero echar los dados, y ver si puedo ser tan igual como los dem谩s y poder al fin conducir", y as铆 comienza verdaderamente la "guerra de egos", lo cual de ninguna manera ocurre cuando el liderazgo posee una formaci贸n en car谩cter, principios, experiencia y conocimiento, ya que al ser tal, no es reconocido como un igual, sino como alguien que ve m谩s all谩 del resto, que logra ponerse por encima. Esto viene a cuento con la f谩bula de Goethe que he citado en el t铆tulo, de la misma manera que Per贸n lo hiciera en el a帽o 1949 en aquel famoso Congreso de Filosof铆a en Mendoza; en esta f谩bula, Melusina invita a un desgraciado a reducir su tama帽o y acompa帽arla al reino de los enanos, donde 茅l ser铆a rey, tendr铆a riquezas y ser铆a venerado, pero claro, s贸lo entre enanos. El resultado es que aquel hombre que hab铆a aceptado al principio, comienza a a帽orar su altura originaria, sabe que por m谩s autoridad que tenga en ese reino, nunca tendr铆a la altura que ten铆a anteriormente, lo cual nos recuerda bastante bien que no es de liderazgos "iguales a la gente" los que engrandecen a dicha gente, sino que por el contrario, es el liderazgo y la autoridad rebajada, mientras que en un liderazgo cuya tendencia sea ascendente, hace participar a los gobernados de un ascender semejante y acorde a cada uno. Por tanto, la guerra de egos no es producto de un liderazgo personalizado y cuya individualidad engendre nuevas individualidades, sino que es incluso la soluci贸n a dicho problema, ya que la guerra de egos no ocurre sino por falta de aquel liderazgo distinguido que pueda conducir de una manera superior.

En este conducir de forma superadora, tiene que ver mucho aquella noci贸n conocida como el "pathos de la distancia", lo cual muchas veces es confundida con establecer del liderazgo un hermetismo casi del estilo azteka con Quetzalcoatl. La noci贸n de Nietzsche por supuesto que no deja de tener aquel sesgo aristocr谩tico, pero es all铆 donde se suele confundir aristocracia con oligarqu铆a, ya que no se trata de apoyar los lujos desenfrenados en un l铆der ni justificar modos de vida extremadamente ex贸ticos, aquello es m谩s propio de reg铆menes con tendencia olig谩rquica, los ha habido de izquierda y de derecha, ning煤n espectro pol铆tico est谩 exento. Ahora bien, se trata en cambio de marcar una diferencia respecto a la forma de manejarse, puesto que no debe ser alguien que repita est谩ndares de conducta de la poblaci贸n, sino que los eleve, en esto es clave el arquetipo, y la b煤squeda del ejemplo. Con ello no debe entenderse el otro extremo el cual afirma que s贸lo es un buen gobernante aquel que vive pr谩cticamente en una choza construida con sus manos y que renuncia a todo sueldo, tal es otra muestra de infantilismo a la hora de analizar algo tan importante como el arte de conducir y c贸mo se debe presentar un conductor. De nada sirve que un gobernante viva pobre, si otro tanto de la poblaci贸n lo hace tambi茅n pero de forma no elegida por ellos, lo cual es hasta cierto punto una tomada de pelo, puesto que las necesidades de la poblaci贸n que sufre pobreza no se ver谩n cubiertas porque el gobernante renuncie a sus bienes, all铆 la virtud real parte de la efectividad de conducir, y no precisamente en "redondear para abajo", la idea es elevar las formas de vida y multiplicar las perspectivas de c贸mo vivir, no ser orgullosamente despose铆dos. Esta actitud de diferenciaci贸n de un conductor no hace venir a menos a quienes lo siguen, puesto que si es efectivo en su labor de conducir, va a poder volver a sus seguidores tan dignos de ser gobernados como lo es el gobernante al ejercer; por otra parte existe otro aspecto positivo en esto, y es que precisamente aquello que se habl贸 antes, la guerra de egos, es aplacada por una autoridad profundamente fundada en un principio, lo cual tambi茅n producir谩 las reacciones consecuentes de un grupo que no quiere ceder privilegios mal-habidos, es entonces para lo que uno se tiene que preparar tambi茅n si quiere conducir. Combatir las tendencias oligarquizadoras es fundamental para establecer un orden equilibrado, que el fundamento sea la virtud y el sentido de libertad y justicia, nunca el capricho mezquino.

Resulta sumamente importante retomar la cuesti贸n de la Soberan铆a, ya que en los aniversarios de la gloriosa gesta de Vuelta de Obligado, se suele entender este concepto como la defensa del territorio nacional, lo cual es err贸neo. La Soberan铆a no tiene que ver con cuestiones dependientes de factores materiales como lo es lo geogr谩fico, lo natalicio, la clase, ni siquiera el demos, muy con el pesar de los rousseaunianos, sino que la Soberan铆a refiere a la justificaci贸n de la Autoridad basada en un principio independiente. La Soberan铆a como tal, es un principio ascendente, de ninguna manera va a depender su definici贸n de los condicionamientos materiales y f铆sicos, contingentes, sino de su propia justificaci贸n, por supuesto que se encarna en un medio f铆sico y material, ah铆 es cuando substancialmente existe lo que se conoce como una autoridad soberana. La Soberan铆a se relaciona con un principio fundamental que vale no s贸lo incluso, sino sobre todo en la conducci贸n, que es el principio de libertad, entendida como aquella fuerza positiva capaz de doblegar los condicionamientos recibidos, superar obst谩culos, es una virtud que est谩 absolutamente ligada a la vitalidad, a la vida y su ejercicio; a su vez que la vida queda fuertemente ligada al ejercicio pol铆tico, debido a que como se dijo, "donde hay vida hay voluntad de poder", de manera en que no podemos persistir en un esquema existente en donde la vida es reducida a la mera reproducci贸n biol贸gica y de placeres, aquello debe ser organizado en aras de dar un sentido mayor, y all铆 es donde entra la pol铆tica en su sentido m谩s pleno. Aquella Soberan铆a tiene un fundamento concreto cuando se da a partir de una conducci贸n que practique el sentido de libertad, lo cual nos hace volver a la f谩bula de la Melusina, puesto que su autoridad estaba fundada de manera err贸nea sobre algo que volv铆a impotente a quien acced铆a a ella, es decir, la autoridad se fundaba sobre la renuncia de la propia voluntad, a lo cual se refer铆a el poeta Victor Hugo cuando afirmaba que "la autoridad de arriba (la verdadera) pierde todo cuando gana la autoridad de abajo (la falsa)", y a lo cual el mismo Per贸n habiendo citado esto, agrega m谩s adelante "Una suma de ceros es cero siempre, una jerarquizaci贸n estructurada sobre la abdicaci贸n personal, es productiva s贸lo para aquellas formas de vida en que se producen asociados el materialismo m谩s intolerante, la deificaci贸n del Estado, el Estado Mito y una secreta e inconfesada vocaci贸n de despotismo". Esto deja ver de manera contundente a lo que se apunta, aquella falsa autoridad, fundada en la impotencia, es aquella que no s贸lo funda una soberan铆a ficticia, sino que conduce al resto a una disoluci贸n total, es aquella soberan铆a que se funda con una voluntad de destruir las libertades, por m谩s "asamble铆stas" y "populares" que se digan, aquella vocaci贸n de despotismo nace con la falta de voluntad propia, en consecuencia, se la quiere llevar a escalas m谩s grandes, lo cual se traduce en "Si yo no puedo darme libertad, ¡nadie m谩s deber铆a tampoco!".

Lucas Cianfagna.-

lunes, 21 de noviembre de 2016

Genealog铆a ontol贸gica: subjetividad y libertad


"S贸lo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada d铆a." Fausto.-

El proceso por el cual la subjetividad se ha construido en el Occidente Moderno es harto complejo, del cual Foucault ha tratado de establecer la sucesi贸n de discontinuidades -como le gusta llamar- que explican de alguna manera la construcci贸n de subjetividad en las pr谩cticas sobre uno mismo. En estas pr谩cticas, Foucault ha demostrado entre otras cosas, que que aquellos valores hel茅nicos que en sus comienzos ten铆an que ver con la tradici贸n socr谩tico-plat贸nica de gnothi seauton y de ocupasi贸n de s铆 que hab谩n comenzado como una afirmaci贸n de s铆, una definici贸n de s铆 a partir de reconocerse parte de la naturaleza, que le es heredada, y que por tanto, tiene la voluntad de constituir verdad a partr de la participaci贸n en la realidad; hab铆an terminado por volcarse hacia algo opuesto que de alguna manera pretend铆a sostener la misma base incurriendo en una contradicci贸n de base, que tiene que ver con la auto-renuncia de s铆, negaci贸n de s铆, y hasta el sacrificio s铆. En esto se refiere al per铆odo entre el cristianismo primitivo, luego las pr谩cticas mon谩sticas y por fin la constituci贸n moderna de subjetividad que busca auto-negarse, lo lleva a una conclusi贸n de que se ha elegido perderse ante corrientes fatales y pasivas.

En una circunstancia recuerdo en una reuni贸n p煤blica, a un Fulano que dec铆a promover y querer hacer resurgir la amplia aceptaci贸n de la escuela tomista, alegando que "el realismo parte de la realidad, y que la realidad parte de Dios, no de los hombres". M谩s all谩 de mi carcajada mezclada con verg眉enza ajena, no es un tema menor el de la escuela tomista y su influencia sobre la construcci贸n de subjetividad, sobre todo desde el 谩mbito de la reflexi贸n ontol贸gica, lo tragi-c贸mico ser铆a entonces ver qu茅 papel ocupa respecto de aquello que parec铆a haber desplazado a dicha escuela, es decir, aquellas escuelas que desplazaron el tomismo. Veamos, en primer lugar existe de parte del tomismo una preocupaci贸n por diferenciar esencia de existencia, lo cual ya conlleva un error de base en cuanto a reivindicaci贸n de una filosof铆a sobre Arist贸teles, puesto que para el fil贸sofo tal distinci贸n no tiene sentido alguno, ya que por ejemplo, la potencia y el acto se justifican desde la materia hacia lo inmaterial, mientras que el tomismo considera la potencia como una pre-existencia esencial individualizada, y a su vez, esa individualidad es sostenida por Arist贸teles s贸lo en el 谩mbito de la materia. En segundo lugar, la existencia es brindada 煤nica y exclusivamente por Dios, pero la esencia se define tambi茅n a partir de Dios, con lo que -y esto es muy bien explicado por Evola- termina siendo tal distinci贸n una cuesti贸n de definici贸n a partir de lo que se nombra y respecto a qu茅 se nombra, lo que significa que no conforme a intentar dar una distinci贸n que para el mismo Arist贸teles era absurda, sino que incluso esa distinci贸n no apunta sino a justificar una misma cosa. En tercer lugar, la contradicci贸n establecida entre las Sagradas Escrituras y la filosof铆a de Arist贸teles, tratando de conciliar ambas, por ejemplo, cuando se comprende la contingencia y distinci贸n s贸lo en el 谩mbito material (para Arist贸teles) y luego para las escrituras los 谩ngeles y almas desencarnadas que pertenecen a formas puras, terminan siendo sostenidas de manera sutil o en m铆nima relaci贸n a la materia, lo cual para Arist贸teles significar铆a que estos como formas puras pertenecen a las identidades simples, mientras que para las Escrituras, aquello que pertenece de alguna forma al mundo de la materia es mera creaci贸n, lo cual explica la contradicci贸n entre el tomismo y su intento obstinado por conciliar dos tipos filos贸ficos esencialmente diferentes como lo son la teolog铆a cristiana y la filosof铆a aristot茅lica. El tomismo entr贸 as铆 en su propio dilema: o se dedicaban a mantener las antinomias irreconciliables e irracionales de base, pese a todo, o encontrarse superados por la insociabilidad entre fe y raz贸n. Por supuesto que han optado por la primer opci贸n, la reacci贸n de aquel Fulano que presenci茅 lo resume, dejando ver con lo expuesto, que el tomismo no es m谩s que un intento desesperado por racionalizar los dogmas, en lugar de juzgar los dogmas por su racionalidad.
¿Cu谩l ser铆a entonces la relaci贸n entre la escuela tomista y lo que le sigui贸? En primer instancia, este problema de base, los anti-tomistas lo trataron de formular no teniendo 茅xito a pesar del rigor, por todas las calificaciones y acusaciones de herej铆a habidas y por haber, siendo en realidad, la Reforma la que pudo dar el salto cualitativo, no de agrado por supuesto, aunque el camino trazado no fue por ellos, sino que continu贸 siendo hecho por el tomismo, que aunque parezca extra帽o, marcar铆a el proceder positivista del siglo XVIII en adelante e inclusive de los sistemas racionales metaf铆sicos, hacia una metaf铆sica est茅ril. Para explicar esto, hay que volver a mencionar c贸mo se dio el presupuesto del "objeto", el cual a pesar de estar en una posici贸n anti-t茅tica, guardaba la misma coherencia que el "concepto" en la idea racionalista dogm谩tica. El concepto o el objeto equivalen a aquel contraste absoluto entre dos supuestas realidades, marcando la verdadera como aquella donde se encuentra Dios, ahora bien, esa 煤nica conexi贸n con esa realidad verdadera existe s贸lo y 煤nicamente a partir del objeto o el concepto, dependiendo de la escuela. Nuevamente, el hombre se vuelve a plantear como apartado de la realidad, por ende tambi茅n de su conformaci贸n, no siendo m谩s que un instrumento existencial de una realidad que lo ha de superar. Por otro lado, al hacer esto se est谩 disgregando a la persona de toda su integraci贸n, su pensamiento separado de una realidad con la que se relaciona, y luego, de la propia voluntad de interceder en ella, que como dije antes, genera un individuo aislado, con un razonar mutilado y con una impotencia absoluta. El error de base all铆 que se arrastr贸 como si se tratase de un silogismo matem谩tico -yendo a Arist贸teles en serio-, es el de confundir la realidad con una falsedad a priori de la cual no tenemos certeza, mientras que el presupuesto creado por el racionalismo como 煤nico mediador se comprende como aquello que es 煤nicamente verdadero, es decir: la realidad se presume como ilusoria, pero el presupuesto con el que artificialmente me aislo y uso de conexi贸n, es lo verdadero. Este sue帽o dogm谩tico del cual Kant afirma despertar y el empirismo por otro lado, son superados por este autor mediante la fundaci贸n de la escuela germana del Idealismo.
El Idealismo, parte como una rebeli贸n del hombre contra aquella realidad externa que lo quiere resolver de manera anticipada, pero con Kant empieza siendo inicialmente un Idealismo limitado, porque se puede moldear el objeto, pero no la realidad, aquello ya viene dado independientemente de la voluntad. Pero no conforme a eso, se cometen otros dos atropellos a la voluntad humana: por un lado, se considera que lo que se conoce pertenece puramente a lo emp铆rico o sensorial, mientras que lo noum茅nico o 谩mbito metaf铆sico es s贸lo pensable, y por otro lado, plantear el "en s铆" que constituye la gran impotencia de conocer admitida por Kant, de lo cual s贸lo tenemos pista nuevamente por el objeto. Fichte va a tratar de conciliar ambos planos, estableciendo que la consciencia no tiene justificaci贸n externa, tratando de brindar una cuota de libertad al asunto, e incluso brindando una nueva justificaci贸n de la subjetividad a partir de la interacci贸n, el problema, es que aquello iba a estar dirimido en 煤ltima instancia por aquello que iba a sintetizar la interacci贸n entre el Yo y el No-Yo, lo cual le iba a dejar el campo abierto a Hegel. El fil贸sofo del Zeitgeist habr铆a propuesto una libertad capaz de conocer de manera metaf铆sica, pero cuya interacci贸n quedar铆a cancelada a partir de entender la sucesi贸n de hechos como si poseen una racionalidad propia, lo cual brinda el car谩cter totalmente contemplativo que vendr铆a nuevamente a traicionar el postulado idealista.
Curiosamente, quienes m谩s han sabido proponer un idealismo, criticando el idealismo vigente e intentando hacer otra cosa, fue desde el existencialismo de Kierkegaard y Nietzsche, al poner sobre la mesa la farsa de la metaf铆sica est茅ril constru铆da en relaci贸n con la subjetividad moderna que ha llegado luego de todo lo anterior. Estos autores dieron un radical giro subjetivo hacia la capacidad creadora en base a crear valor, no negando el mundo, ni estableci茅ndose como descubridores de una racionalidad escondida en las cosas, sino entendiendo esta racionalidad como lo que nos lleva a significar las cosas en su proceder ling眉铆stico, lo cual vendr铆a a restituir la integraci贸n del individuo con su realidad en cuanto a la creaci贸n e interacci贸n con la misma, revisando las ra铆ces ontol贸gicas de la moral, de lo absoluto y de la misma teolog铆a como fundante de las filosof铆as seculares. Evola continu贸 este legado yendo algo m谩s lejos en su b煤squeda arqueol贸gica de ra铆ces orientales en la filosof铆a occidental que encontr贸 en gran medida en el Idealismo germ谩nico, y a partir de las cuales, brind贸 su propuesta combinando los elementos esenciales del idealismo sin contaminaci贸n, en conjunto con la cr铆tica existencial y el tantrismo hind煤, re-definiendo la ontolog铆a, as铆 como la forma de entender la filosof铆a y la ciencia misma, que parec铆an distanciadas por estas brechas racionales. En esto, Evola brind贸 un car谩cter positivo a la filosof铆a, tendiente hacia lo activo y la afirmaci贸n, y tambi茅n retomando la vieja e infalible tradici贸n neo-plat贸nica que supo contener los elementos hel茅nicos unificados en una s贸la escuela, principalmente de Plotino, quien supo encuadrar mejor todo ello, y brindando una a煤n implacable actualidad de aquellos preceptos plat贸nicos, los direccion贸 hacia una filosof铆a afirmativa. Explicando el concepto de potencia que hab铆a sido formulado por el Idealismo germ谩nico anteriormente, pero rectific谩ndolo hacia un car谩cter positivo y hasta brindando una gran conciliaci贸n entre la actividad filos贸fica y la ciencia. La definici贸n de potencia refiere a la posibilidad de llevarse a s铆 misma al acto, por tanto no posee una justificaci贸n exterior, y en esto hay una fuerte similitud o semejanza con el concepto de lo Uno de Plotino, de lo cual no se puede hablar sino an谩logamente, porque no puede ser definido m谩s all谩 de su propia demostraci贸n. Con la potencia ocurre lo mismo, aquella no puede ser jutsificada m谩s que en la realizaci贸n propia del acto, es decir, cuando se realiza a s铆 misma, y aquello comprende la fuerte reconciliaci贸n que posee esta filosof铆a afirmativa con respecto a la ciencia, en que al ser la potencia la posibilidad de llevarse al acto a s铆 misma, la pre-existencia de hechos no se explica por m茅todos supersticiosos y delirantes, sino exclusivamente en el car谩cter positivo que tiene la potencia, ya que al demostrarse s贸lo en el acto, siempre se estar谩 hablando de pre-existencia una vez consumado el acto, lo cual no deja espacio para la especulaci贸n ni el chantaje. Aquella posibilidad de concretarse a s铆 misma en acto, define la potencia como una instancia infinita y no menos real, ya que la posibilidad de que algo pase existe desde siempre, con la salvedad de que adquiere un significado substancial cuando por fin se concreta.
Lucas Cianfagna.-

domingo, 13 de noviembre de 2016

Rosas: Autoritas, Imperium y Soberan铆a



"El verdadero fin del Estado: la existencia ol铆mpica y la g茅nesis y preparaci贸n constante del genio, respecto del cual todos los dem谩s hombres s贸lo son instrumentos, medios auxiliares y posibilidades, es descubierto en aquella gran obra y descrito con firmes caracteres por una intuici贸n po茅tica. Plat贸n hundi贸 su mirada en el campo espantosamente devastado de la vida del Estado y adivin贸 la existencia de algo divino en su interior. " Friedrich Nietzsche

Juan Manuel de Rosas fue sin duda un restaurador, ¿pero por qu茅? Se suele resumir todo el bagaje en torno a su tan c茅lebre apodo al simple acto de devolver un orden en una situaci贸n digna de un an谩lisis hobbesiano de bellum omnium contra omnes, donde el caudillismo era la moneda corriente, y los conflictos de tipo econ贸mico parec铆an explicar todo el escenario en que se viv铆a. No obstante esto es insuficiente, y por ello me propongo hacer la correspondiente reivindicaci贸n de la figura de Rosas, pero no de la manera convencional, sino m谩s bien profundizando cuestiones que van m谩s all谩 de lo superficial y de lo repetido hasta el cansancio. As铆 como tambi茅n, a fin de aclarar ciertas cosas que hoy resultan confusas para muchos, sobre todo teniendo exponentes del campo progresista que de alguna forma trata de hacer una reivindicaci贸n, pero brindando las herramientas necesarias, se podr谩 constatar que dicha reivindicaci贸n no es m谩s que absurda y cosm茅tica, y hasta guarda un sentido de usurpaci贸n respecto a reivindicaciones hist贸ricas m谩s grandes, pero eso es para otra ocasi贸n. En cada aniversario de Rosas conviene recordar en qu茅 consisti贸 lo realmente grande de su figura y su arquetipo para la identidad nacional y la cultura en un sentido que va m谩s all谩 de su 茅poca, ya que tiene una clara proyecci贸n hacia el futuro.

Para empezar, podr铆a contestar a la pregunta que formul茅 al principio: ¿por qu茅 Rosas fue un restaurador? Por una raz贸n m谩s que contundente. Lejos de ser un mero restaurador de un orden cualquiera, fue un restaurador de aquella idea org谩nica de ordenamiento fijada en el reconocimiento de una autoritas y de un imperium, que no se proyecta hacia adelante, sino hacia arriba. El fundamento de autoridad reconoc铆a un apoyo popular sin duda, pero aquel no era el centro de la idea, sino m谩s bien la proyecci贸n hacia algo m谩s grande, lo cual se traduce en una autoridad que proporcione aquella organizaci贸n que ubicara a cada grupo social en su respectivo lugar de acci贸n. En la oposici贸n, se encontraba la bestializaci贸n y degradaci贸n humanas a la cual adher铆an las teor铆as progresistas de su 茅poca, que parad贸jicamente -aparente contradicci贸n- suscrib铆an a los intentos brit谩nicos de tergiversaci贸n antropol贸gica racista, que lejos de entender una cultura en su diversidad y sus composiciones propias, la juzgaba de manera biol贸gica, lo cual a煤n tiene su sello por el dominio cultural vigente, en expresiones que pertenecen a la disciplina a la que me aboco: "ciencias sociales", "ciencia pol铆tica", "sociedad y estado", "sociolog铆a", t茅rminos de laboratorio, ¡casi que imagino polit贸logos con bata blanca! En cambio, Rosas ten铆a una concepci贸n totalmente diferente de aquella que entend铆a la sociedad como un conglomerado de seres biol贸gicos en interacci贸n mutua, 茅l no le quitaba bajo ning煤n concepto la dignidad al g茅nero humano, su valor altivo, su nobleza, expres谩ndose de hecho con repulsi贸n y rechazo absoluto a los presupuestos racistas que pretend铆an insultar toda sociedad que no fuera de arquetipo anglosaj贸n. En esta valoraci贸n superior que ten铆a Rosas respecto de la sociedad, entend铆a el fundamento del poder pol铆tico en base a esta dignidad humana, m谩s all谩 de ser seres dedicados al comercio, se encontraban personas provenientes de una cultura y un arraigo com煤n m谩s all谩 de las diferencias entre distintas provincias, aquel origen integrado de un Estado en sentido ascendente como se hab铆a vivido anteriormente. Esta integraci贸n cultural hacia un sentido ascendente del poder en el plano jer谩rquico, y la integraci贸n de la cultura al plano popular fue lo que converg铆a a ser la gran aspiraci贸n de Rosas y por la cual combati贸 hasta la 煤ltima batalla, a pesar de no haber concretado esta idea, su legado y arquetipos est谩n, y aquello es innegable.

En cuanto a la Soberan铆a Nacional, tambi茅n debiera profundizarse sobre tal noci贸n, ya que se entiende la defensa de aquello como simplemente una batalla defendiendo un territorio y un canal de navegaci贸n comercial. Como dijimos antes, esto no es falso, pero es totalmente insuficiente. Veamos, la defensa de la Soberan铆a Nacional no es de ninguna manera una pura defensa territorial, tiene que ver con aquello que vengo mencionando del concepto de autoridad fundada ascendentemente y de la integridad cultural general m谩s all谩 de las particularidades regionales. La soberan铆a, m谩s all谩 de lo territorial, comprende el concepto de autoritas y su fundamento de manera integrada con el reconocimiento en la posibilidad, es decir, en la capacidad de Rosas, en este caso, de ser quien tenga en claro los principios por los cuales se pretende nuclear el conjunto de manera org谩nica tanto horizontal como verticalmente, y aquello se ve expresado en su deseo por establecer la paz entre provincias antes de llamar a un Congreso Constituyente, pero no por eso dejar de reconocer la necesidad de fundar un imperium en su sentido cl谩sico, encarnado en las leyes que de 茅l emanaban. La continuidad en el tiempo de aquel mandato soberano se encontraba en la ley, que lejos de rechazar la noci贸n de constituci贸n como pretenden algunos, peleaba activamente por una, pero no en los meros sentidos naturales y positivos los cuales err贸neamente entraban en puja, sino que en su intenci贸n tambi茅n pretendi贸 integrar ambos aspectos. Por un lado, el derecho natural que proviene de las costumbres y los buenos usos culturales, por otro lado, un aspecto de derecho positivo, donde se redacten con erudici贸n las leyes y atendiendo a los puntos de pericia y tecnicismos propios de la disciplina jur铆dica; por otra parte, hab铆a un tercer elemento que es la fundaci贸n de la autoridad de la ley en un principio supremo respecto de las mismas leyes. Todo aquello se vio no obstante expresado en la constituci贸n de 1853, y contin煤a hoy en nuestra actual constituci贸n, pero de manera err贸nea e imperfecta, la desactualizaci贸n y ambig眉edad propios de una constituci贸n de car谩cter liberal y decimon贸nica con arreglos de siglo XXI, pero cuya estructura que acabo de describir no tiene por qu茅 ser modificada en esencia, sino m谩s bien en su contenido para alcanzar aquel anhelo del Restaurador.

Culturalmente Rosas es fuertemente combatido por sectores de una supuesta "derecha" liberal, y por otro lado, la amplia izquierda que se expresa en socialismos reciclados y tendencias troskistas, las cuales presentan mayores afinidades con aquellos preceptos que ofrec铆an las fuerzas del "progreso" y las "luces", hoy tan s贸lo se diferencian entre ellos por aspectos puramente ideol贸gicos, pero en lo fundamental se encuadran todos bajo el mismo rechazo. Ahora bien, existe una supuesta reivindicaci贸n progresista que tiene que ver con el ambiente intelectual de los gobiernos que fueron kirchneristas. En tal ambiente, se reduce a Rosas a una mera reivindicaci贸n accesoria hecha por Per贸n, la cual si bien reconozco como v谩lida, pero hecha por estos sectores progresistas de manera desvirtuada y hasta como dije, en forma de usurpaci贸n, ya que la concepci贸n defendida por dichos sectores no comulga en absoluto con aquella que Rosas defendi贸; esto mismo se vio con autores como Arturo Jauretche y Ra煤l Scalabrini Ortiz, a los cuales pretenden barnizar con una izquierda que nunca tuvieron, no comprendiendo sus ra铆ces filos贸ficas, ni mucho menos el contexto en el que debat铆an, tratando de forzar una burda e insultante comparaci贸n de aquellas 茅pocas con las actuales, intentando poner en un mismo plano al gobierno con aquellas reivindicaciones hist贸ricas, lo cual produce como resultado, que personas ajenas al pasado gobierno sientan rechazo por tales reivindicaciones sin siquiera conocerlas. Esta inclinaci贸n progresista que trat贸 de tomar a Rosas, intenta hacer una reconciliaci贸n de dos elementos irreconciliables, por un lado, el economicismo sociol贸gico y cultural de Gramsci, y luego, la idea de Soberan铆a Nacional defendida por Rosas pero mal entendida. Sin mencionar los aspectos de Rosas obviados por estos sectores, como el de una autoridad soberana nucleada de forma org谩nica y una ley central que nucleara las peque帽as constituciones provinciales, ideas que iban m谩s en favor de un Estado como el que dirig铆a Bismarck, a quien Rosas expres贸 su admiraci贸n y su adhesi贸n a la forma organizativa y esquema legal el cual el Canciller alem谩n hab铆a dado a su imperio, ambos en total desacuerdo con los intentos disolutivos que presentaban las supuestas alternativas al liberalismo.

En la realidad el federalismo contin煤a siendo tan imperfecto como lo fue antes del surgimiento de la figura de Juan Manuel de Rosas, como tambi茅n lo fue defendido por los infames movimientos disolutivos como lo fue el urquizismo y aquel "Libres del Sur", que representaba un caudillismo en el peor sentido de la palabra. Con esto podemos arribar a otro aspecto malentendido de Rosas, que es el caudillismo. El caudillismo no era particular de Rosas, sino que propiamente era el escenario que reinaba toda la conflictiva situaci贸n vivida por las "Provincias Unidas del R铆o de la Plata", calificativo disolutivo si los hay, puesto que no hay una composici贸n nacional y estatal de manera integral, sino m谩s bien un conjunto de provincias que se unen por beneficios econ贸micos, lo cual deriva en un inmenso conflicto cuando esos beneficios entran en tensi贸n, como naturalmente ocurri贸. Pero profundizando en esta revisi贸n, el caudillismo del que es acusado Rosas no s贸lo es injusto, sino que incluso es incorrecto. Veamos, el intento de Rosas era precisamente el contrario, restaurar la paz entre provincias, pero a su vez generando un fundamento de naci贸n que fuera m谩s all谩 de las voluntades provinciales, incluso ha sido 茅l mismo que no se reconoc铆a como partidario del federalismo sino como un medio para lograr un fin mayor que es el de una naci贸n integrada de manera real y no meramente legal como se pretend铆a, con las arbitrariedades que pretend铆an negociar aquellos caudillos separatistas y la autoridad porte帽a que s贸lo pensaba en funci贸n de los negocios aduaneros. Es precisamente un caudillo (Urquiza) el que derroca a Rosas, y m谩s a煤n, defendiendo dicha posici贸n caudillista es como pacta de manera tragi-c贸mica el traspaso de poder al mando unitario, conservando fortunas, mientras que quien fue acusado de caudillo termin贸 exiliado y sin nada de dinero, brutal paradoja si las hay. Volviendo al tema de las Provincias Unidas, es importante destacar otro aspecto, que es la constituci贸n de nuestra unidad pol铆tica -en un sentido hist贸rico de acci贸n- se funda a partir de la voluntad de pactos pre-existentes, es decir, lo que prima no es el principio central de autoridad y de naci贸n, sino el principio de provincia unida bajo intereses en com煤n; no una naci贸n fundada que le da sentido a sus estados provinciales, sino los estados provinciales que le dan sentido a lo nacional en base a una imperfecta y arbitraria uni贸n que genera problemas de gobernabilidad y un excesivo federalismo provincial que es capaz de vetar proyectos de ley nacionales si as铆 lo desean y corresponde a sus intereses. Nuevamente hace falta la idea de imperium, que vaya m谩s all谩 de los deseos particulares de autoridades que, en mi opini贸n, tienen demasiado poder de decisi贸n diluyendo toda posible Soberan铆a Nacional, esto es, aquella defensa de la Soberan铆a que en su amplio sentido Rosas hab铆a hecho, queda s贸lo redimida a un feriado m谩s, donde descansan aquellos caudillos actuales que en casos, usufructuando su territorio desde hace a帽ares, modificando leyes nacionales a antojo y placer, desintegran la posibilidad de un mandato a nivel nacional sin que pase por la negociaci贸n previa con 茅stos. Raz贸n es esa por la cual, hemos tenido presidentes que se vieron en necesidad de intervenir incluso hasta la totalidad de provincias debido a que les era imposible consolidar una mayor铆a que les garantice gobernabilidad, lo cual para peor, ha sido modificado en la Reforma del '94, necesitando apoyo de Diputados para hacer una maniobra tal. Este era otro aspecto que me parec铆a pertinente marcar, la diferencia entre el federalismo de Rosas que era relativo respecto a la autoridad central, y el federalismo que tenemos actualmente que representa a grupos familiares que se instalan en el poder durante d茅cadas, grupos los cuales eran fuertemente combatidos por Rosas.

Continuando con el plano cultural, no hay duda de que Rosas reconoc铆a con orgullo la herencia hispana que hab铆a sido uno de los pilares constitutivos de la identidad regional americana, pero no limit谩ndola a ello, la supo entender integr谩ndola junto con el nativo en la expresi贸n m谩s contundente que fue el gaucho y el criollo, haciendo de su figura un arquetipo alejado de aquel gaucho derrotado, desganado y altanero que dibujaban muchas veces la literatura del "progreso" y las "luces", reproduciendo no menos que un esquema basado en aquellos peores rasgos que eran propios de cualquier per铆odo de decadencia y lucha intestina. Por otro lado, el gaucho reivindicado por Rosas es aquel que reconoce en su trabajo de campo no s贸lo un medio de subsistencia, sino tambi茅n una dignidad de poder dedicarse a ello, de all铆 su reconocimiento inmediato de su trabajo como dignidad y la necesidad de organizar tales esfuerzos en un resultado conjunto que sirviera para desarrollar productivamente las estancias, brindar normas de trabajo, y a su vez, recompensar el esfuerzo seg煤n correspond铆a, de forma muy severa, pero entendiendo el contexto de aquel entonces. Un ejemplo concreto de aquel arquetipo guerrero encarnado en la figura del gaucho, fue el de Antonio Rivero, que no s贸lo encarnaba un tipo de guerrero de identidad americana, sino que tambi茅n ten铆a el aditamento de la sana rebeld铆a, aquella que reconociendo un principio violado, no duda en actuar contra quienes habr铆an perpetrado dicha violaci贸n, en este caso, el territorio de las Islas Malvinas del Atl谩ntico Sur que hab铆a sido usurpada por brit谩nicos. Aquel gaucho pele贸 en el ej茅rcito de Rosas demostrando su buen sentimiento nacional en la Batalla por la Vuelta de Obligado, por la que se reconoce el 20 de noviembre como D铆a de la Soberan铆a Nacional, defendiendo aquella concepci贸n criolla, m谩s all谩 de los motivos econ贸micos que no fueron menos reales, pero que en verdad no representaban el trasfondo mayor en el que se dirim铆an dos visiones distintas del mundo, donde desgraciadamente triunf贸 aquella que ata帽e al dominio anglosaj贸n, pero que no nos debe mantener inm贸viles, sino por el contrario, inconmovibles ante el paso del tiempo, rectific谩ndonos en nuestra conciencia nacional y en nuestra acci贸n por devolver aquel estado de cosas que nuestro gran h茅roe y Restaurador pretendi贸 con firmeza y decisi贸n.


Lucas Cianfagna.-

lunes, 31 de octubre de 2016

Las propiedades del cinabrio



"Si no hay en el hombre algo m谩s que en la bestia pronuncien sin re铆r estas palabras: Derechos del hombre y del ciudadano, derecho del buey, derecho del asno, derecho de la ostra: producir谩n el mismo sonido. Reducir el hombre al tama帽o de la bestia, disminu铆rle en toda la altura del alma que se le ha quitado,  hacer de 茅l una cosa como otra cualquiera; eso suprime de un golpe muchas declaraciones acerca de la dignidad humana, de la libertad humana, de la inviolabilidad humana, del esp铆ritu humano y convierte todo ese mont贸n de materia en cosa manejable. La autoridad de abajo, la falsa, gana todo cuando pierde la autoridad de arriba, la verdadera: Sin infinito no hay ideal, sin ideal no hay progreso; sin progreso no hay movimiento; inmovilidad, pues, statu quo, estancamiento: Ese es el orden. Hay putrefacci贸n en ese orden. Pregunten a la jaula lo que piensa del ala. Les contestar谩: el ala es la rebeli贸n.." Victor Hugo

Existen en nuestra 茅poca todo tipo de discursos, de la m谩s amplia variedad, y todos ellos en com煤n, tratan de hegemonizar una idea, como lo es la defensa de la libertad en sentido abstracto, en lugar de tener un principio claro, a partir del cual se pueda definir con toda eficacia la idea que se persigue, y que incluso, de esta manera podr铆an lograr una superioridad argumentativa, pero como siempre, prefieren degradar el nivel intelectual para justificar absurdos gigantes. Tal y como dice el maestro Licastro, en 茅pocas de fuerte tensi贸n y decadencia, por captar la atenci贸n mayoritaria, el nivel intelectual baja a niveles insospechados, y asimismo se llegan a justificar contradicciones irreconciliables con tal de hacer frente -de manera parad贸jica- a una idea que realmente pueda ser superadora frente a la masa informe de estupideces repetidas para la opini贸n p煤blica. Por ejemplo, personas del 谩mbito de la supuesta izquierda como de la supuesta derecha pactan una especie de tregua donde termina uno encontrando una situaci贸n irrisoria en la cual un neo-marxista justifica a un neo-liberal, con tal de oponerse ambos a una opini贸n que vaya en contra de sus valores ilustrados, 煤ltimos y progresistas, lo cual deja ver dos cosas: por un lado, la falta de principios en la intelectualidad salvo casos que desde luego hago un rescate, y por otro lado, el fin de una dial茅ctica convenientemente ensayada entre quienes quieren "progreso" m谩s lento o m谩s r谩pido, pero al fin y al cabo ambos apuntan a lo mismo.

Ahora bien, convendr铆a primero tratar de revisar tales categor铆as defendidas de progreso e ilustraci贸n, ya que noto all铆 una inminente auto-negaci贸n a la que conducen ambos conceptos llevados por estas corrientes. En la cosmovisi贸n defendida por estos intelectualoides, se encuentran las t铆picas virtudes ilustradas: un sujeto libre que siendo superior a la naturaleza, puede conocer(la) y al conocer puede dominarla. Si conseguimos anteojos de much铆simo aumento, podremos ver que en rigor de verdad, estas tres cualidades que parecer铆an positivas esconden tres cualidades sujetas (sub-jectum) que son, de hecho, negativas. El sujeto ilustrado de ahora tiene connotaciones posmodernas y hasta termina disolvi茅ndose a s铆 mismo -como bien es de esperarse-, pero pareciera que inclusive los mismos intelectuales tratan de desligarse del absurdo posmoderno y tratan de brindar alguna cuota de racionalidad, no los culpo, aunque considero que sus intentos son vanos, porque fue el desarrollo de sus principios lo que deriv贸 en esta disoluci贸n posmoderna de la cual padecemos a煤n sus restos. Veamos: La primer cualidad supuestamente positiva vendr铆a a ser la concepci贸n de un sujeto libre, si bien ya he criticado numerosas veces esta cuesti贸n, esta vez retomo el tema para acompa帽ar una reflexi贸n m谩s general sobre el tema de esta ocasi贸n; este sujeto libre se posiciona como alguien que es superior a la naturaleza, pero ubic谩ndose separado de 茅sta, lo cual produce el primer descalabro, al ser el sujeto una designaci贸n sobre s铆 mismo como desprendido de aquello de lo cual parec铆a provenir, se acerca muy bien a modelos creacionistas donde el hombre irremediablemente es separado de la propia naturaleza por ser naturalmente pecador, lo cual produce otro descalabro, la contradicci贸n all铆 es evidente. Ahora, ¿c贸mo es esa relaci贸n entre el hombre y la naturaleza si el primero est谩 separado de lo segundo? Pues bien, el hombre s贸lo conoce la naturaleza designando un objeto, y all铆 radica la relaci贸n com煤n entre dos posturas que parecer铆an irreconciliables pero que guardan un trasfondo com煤n: empiristas y dogm谩ticos. Este trasfondo com煤n, tambi茅n lo not贸 el tr谩gico pensador Walter Benjamin, viendo que tanto las corrientes positivistas como aquellas que pod铆an acercarse a la metaf铆sica ten铆an un error com煤n, ambas eran profundamente contemplativas, y lo que es m谩s grave, lo eran en 茅pocas y contextos que como el de Benjamin requer铆a un fuerte compromiso y toma de acci贸n, a falta de los cuales, el pobre termina por suicidarse al ver su vida posiblemente diezmada por los campos de concentraci贸n.

En esta designaci贸n del objeto podemos saltar a la segunda cualidad, que es la del sujeto conocedor; en este caso, arrastrando el error previo, la designaci贸n de un objeto pone en discusi贸n la idea misma de conocimiento, que luego es reformulada a partir de la Nueva Filosof铆a de la Ciencia, en buena hora, pero de la cual ni siquiera con sus errores se atreven a incursionar estos intelectuales de fachada. Este objeto acent煤a la relaci贸n de contraste absoluto entre el hombre mismo y la naturaleza que lo vio surgir, por lo tanto, encontramos una finitud en su puesta libertad, ya que si no forma parte de la conformaci贸n de realidad, m谩s all谩 de lo que pueda contemplar de ella, la libertad del sujeto no es tal. Ahora, yendo hacia la segunda cualidad mencionada, el sujeto que conoce lo hace en base a una experimentaci贸n y a un ejercicio metaf铆sico que como miles de veces hemos dicho, relacionan directamente lenguaje con verdad, sin establecer la m谩s m铆nima revisi贸n que logre acercar aquella designaci贸n, es decir, se olvida algo que form贸 parte en la base del error: el lenguaje no designa a la cosa, pero s铆 la relaci贸n del hombre con la cosa, la cual es pr谩cticamente negada por esta corriente. Al negar la interacci贸n entre humano y realidad, lo est谩n apartando de la misma, lo que nos conduce a la tercer supuesta cualidad, que es la del hombre que se libera a partir de dominar la naturaleza (?). El hombre pretende dominar una naturaleza con la cual neg贸 relaci贸n m谩s all谩 de la conceptualizaci贸n, y de la cual no se siente parte; y a su vez, al ser ajeno por ende, a la conformaci贸n de la realidad, se ve finalmente incapaz de modificar en ella algo, y utiliza conceptos como "unidad hist贸rica", haciendo uso y abuso del historicismo como recurso que pretende ser el campe贸n de an谩lisis con el diario de hoy. A partir de este recurso historicista, se incurre en lo que el idealismo ilustrado ha llamado "raz贸n universal", pretendiendo ser una racionalidad que est茅 separada de toda actividad irracional, sentimental e incluso hasta humana, por tanto, esa racionalidad supera al hombre mismo en su intento por encontrarla, y por la cual estar铆a determinado hist贸rica y universalmente.

¿Qu茅 conclusi贸n se puede sacar de esto? Una muy penosa y alarmante. Las cualidades que podr铆an parecer a simple vista positivas, terminan guardando consigo cualidades an谩logas que ocultan un trasfondo sumamente negativo y hasta pesimista: El sujeto libre, termina convirti茅ndose en un sujeto que olvida el cuerpo, olvida lo constitutivo y heredado de la naturaleza que son las pulsiones, los impulsos irracionales y toda su historia evolutiva que le da ese recurso neutro que es su corporalidad, lo cual tiene sentido, ya que al estar escindido de la naturaleza, la primera en negar es la del cuerpo. En segundo lugar, la capacidad ps铆quica reflexiva es aquello 煤ltimo en lo cual se apoya, es decir, la racionalidad conocedora, pero aquella al no tener contacto con la naturaleza, se vuelve un contemplar interior que termina siendo irreal, al negar la propia realidad, lo que se hace es mutilar la propia habilidad reflexiva en post de inventar una realidad que sea m谩s pasable. En tercer lugar, el sujeto en su intento de liberarse dominando la naturaleza, separado de ella y negando la realidad misma, se ve en una situaci贸n de imposibilidad de cambiar algo de ella, puesto que su raz贸n contemplativa lo lleva a la conclusi贸n de la imposibilidad de alterar los procesos hist贸ricos, por tanto, s贸lo queda conocerlos y esperar que todo pase. En s铆ntesis, tenemos las tres cualidades negativas que salen a la luz: soberbia por negaci贸n, cobard铆a por aislamiento, e impotencia por resignaci贸n; aquello que parec铆a ser un hombre mejor, libre, conocedor y auto-suficiente, termina siendo un hombre que niega la realidad, mutila su capacidad reflexiva y por 煤ltimo termina destruyendo su voluntad de acci贸n otorg谩ndola a una entidad que podr铆a ser la historia o la raz贸n universal.

Podr铆amos entonces se帽alar cu谩les son las virtudes reales que debe presentar un sujeto bien constituido e integrado que hace de la actividad intelectual un baluarte libre de dogmatismos y de categor铆as absurdas. Eso se logra, en primer lugar, reconciliando las tres propiedades humanas: cuerpo, reflexi贸n y voluntad de acci贸n, lo cual se puede traducir como las tres propiedades que -libradas de superstici贸n- ser铆an cuerpo, alma y esp铆ritu. La integraci贸n es vital no s贸lo para el car谩cter argumentativo, sino tambi茅n para poder establecer conclusiones que no est茅n separadas de la realidad, sino que partan de la misma, y siendo uno parte de ella, proyectarse hacia aquello que uno quiere cambiar. Para hablar de libertad y progreso en su debida forma, primero se deben reconocer los obst谩culos, las determinaciones, las contingencias que surgen a nuestro alrededor en todos los 谩mbitos, para ejercer un aut茅ntico dominio de aquello que -en esta concepci贸n criticada- pretende dominarnos a nosotros, en una realidad que pareciera estar ya consumada. En segundo lugar conviene, en relaci贸n con la realidad realizar la reflexi贸n apropiada como personalidad que posee la cualidad de pensarse a s铆 mismo, constituir la propia personalidad se hace no en el campo excesivamente abstracto del individuo, sino reconoci茅ndose parte de una realidad, de un entorno que conforma el elemento neutro que puede ser usado en favor o en contra nuestra, la decisi贸n es la 煤ltima palabra en ello. En tercer y 煤ltimo lugar, el grado m谩s alto de libertad es finalmente alcanzado, haciendo un repaso final, cuando se logra reconocerse a s铆 mismo como una persona integrada a s铆 misma y a una realidad heredada, se proyecta un escenario nuevo posible en base a la debida reflexi贸n que d茅 lugar a la acci贸n impulsada por la voluntad de realizar aquella realidad proyectada; es por tanto, la realizaci贸n lo que en s铆 proporciona la prueba m谩xima de libertad. No siendo ya el sujeto que negaba su entorno, pensaba una realidad an谩loga y luego la contemplaba sin poder hacer nada, ya es un sujeto integrado y dotado de personalidad formada por s铆 mismo, que logra ser quien dispone de s铆 para formar la realidad que proyecta adecuadamente. A partir de este desarrollo, se puede entonces empezar a hablar intelectualmente de una corriente de libertad real y de progreso de verdad, que logre superar las determinaciones y ponerse incluso por encima de las circunstancias que buscan determinarlo.

Lucas Cianfagna.-

lunes, 24 de octubre de 2016

El mito del persuadido


"De igual modo que, como veremos, Apolo atrae al hombre a la red lisonjera del enigma, as铆 tambi茅n Dionisos lo seduce -en un juego embriagador- hasta los meandros del Laberinto, emblema del «logos». En ambos casos, el juego se transforma en un desaf铆o tr谩gico, en un peligro mortal del que s贸lo pueden salvarse, pero sin jactancia, el sabio y el h茅roe." Giorgio Colli

Nuevamente se encontraba nuestro joven fil贸sofo, esta vez en la orilla de una isla en la cual hab铆a desembarcado con sus objetos personales, entre los cuales algunos alimentos, piedras y una espada. No recuerda nada, incluso c贸mo hab铆a llegado all铆, s贸lo recuerda, como trat谩ndose de una reminiscencia, de tener que llegar all铆 y transitar aquello que el lugar depara. Result贸 algo angustiante para nuestro joven, encontrar a metros de la orilla, la inevitable entrada a un laberinto, aquello por lo cual deb铆a pasar sin ninguna otra posibilidad. Aquella angustia sopesa en la gravedad de no encontrar una respuesta, en una falta, en una laguna, en algo que lo pon铆a en esa situaci贸n, pero sin 茅l entender de qu茅 se trataba, acompa帽ado en principio solamente por la Tierra que pisaba y el Sol que le mostraba el camino, y tambi茅n algunas sombras.

Comienza con mucho pesar y algo de miedo, a transitar dentro del laberinto, necesitaba un sost茅n en el cual apoyarse, pero le resultaba dif铆cil encontrarlo. Hasta que entonces, da cuenta de la primera presencia dentro del laberinto, se hab铆a aparecido una criatura extra帽a, de poco tama帽o, con cierto aire de violencia, pero con una actitud impetuosa que de alguna forma le ven铆a bien a nuestro joven fil贸sofo. Esta criatura se le presenta como alguien que estaba a su altura, y si bien no era atractiva a simple vista, su capacidad de discurso lo sosprendi贸 un poco, tratando de seducirlo para que formasen una empresa com煤n. En el transcurso del viaje, la criatura le pedir铆a que transite por la senda del este, mientras le contaba c贸mo viv铆a 茅l y la forma en que su comunidad se organizaba. A nuestro joven aventurero le parec铆a atractiva la historia que esta criatura le contaba, sinti茅ndose quiz谩s bastante familiarizado con aquello que la criatura contaba, que era en s铆, aquello que el fil贸sofo quer铆a escuchar, ya que en la desesperaci贸n, cualquier relato con un posible final feliz reconforta de alg煤n modo. Esta criatura continu贸 dise帽ando todo tipo de artilugios para torcer la poca voluntad de nuestro viajero, y as铆 continu贸 una buena parte de su camino, si bien era lo 煤nico que pod铆a escuchar respecto a la desesperante situaci贸n en la que se encontraba, en tal criatura encontraba un confort al escuchar todo lo que inventaba para 茅l. Le contaba sobre lo injusto que era el paso por el laberinto, y que depend铆a de ellos poder destruirlo y crear un camino m谩s recto, con mayor esperanza y que genere algo mejor para quienes vuelvan a toparse con esto. A nuestro viajero le fue convenciendo con el pasar de los d铆as tal idea, y sent铆a que necesitaba llevarla a cabo de alguna manera, aunque sea empezando por algo m铆nimo, para cuando se iban a encontrar con otras criaturas existentes dentro del laberinto.

La segunda aparici贸n era de otro tipo de criatura nueva, en este caso ten铆a quiz谩s un tama帽o un poco mayor que la peque帽a criatura que acompa帽aba a nuestro fil贸sofo viajero, pero con un aspecto distinto, aunque incluso, m谩s convincente. Esta criatura entr贸 inmediatamente en disputa con la criatura que acompa帽aba al viajero, es como si se conocieran de siempre, o al menos, se ten铆an muy bien en cuenta, para lo cual la criatura que acompa帽aba a nuestro viajero pudo hacer frente a 茅sta otra sin mayor esfuerzo, ahuyent谩ndola por el momento con una simple demostraci贸n f铆sica. Nuestro viajero reafirm贸 su relaci贸n con la criatura y ambos siguieron marchando compartiendo an茅cdotas y cuestiones personales. Al cabo de algunas semanas transitando por el tortuoso e incierto sendero, otra criatura del mismo tipo que la que hab铆an encontrado hac铆a poco se les aparece, pero esta vez aquella ten铆a mayor fuerza que la que acompa帽aba a nuestro viajero. No dando el brazo a torcer, ambas se trenzan en una pelea fuerte, mientras nuestro viajero no sabe qu茅 hacer, su impostura le vali贸 el dominio de la criatura nueva que se hab铆a hecho de su presa al aniquilar a la primera criatura del viaje. Nuestro fil贸sofo estaba en una situaci贸n de necesidad, deb铆a seguir acompa帽ado para lograr salir, por lo cual debi贸 aceptar con pesar la nueva compa帽铆a a la cual le cost贸 bastante trabajo acostumbrarse; pero una vez hecho, esa criatura iba a marcar un momento en su viaje, ya que le permiti贸 ver unas cuantas cosas, entre ellas, que el impulso por destruir el laberinto, ya no le parec铆a algo leg铆timo y promovido desde un gran sentimiento, sino por el contrario, lo vio como una fuerza de auto-destrucci贸n que pretende corromper a aquellos que se aventuran, y para lo cual, la nueva criatura ya mostrada como benevolente y piadosa, le mostr贸 un nuevo camino, que iba a invadir por completo el deseo de nuestro aventurero, nuevamente en medio de la necesidad y de la angustia, esta vez, con un poco m谩s de fuerzas y de transformaci贸n de la angustia en enojo por reconocer el enga帽o que hab铆a vivido.

Esta criatura nueva lo acompa帽a en la mayor parte del viaje a nuestro fil贸sofo, consiguiendo compartir m谩s que con la anterior, y mostr谩ndole todo un despliegue de ideas que le dar铆an sentido a su viaje accidental en dicho laberinto. Con estas ideas, nuestro viajero adquiri贸 una vehemencia sin precedentes y una cierta seguridad mezclada con obstinaci贸n, pero que formar铆a el perfecto coctail para una personalidad de choque, dispuesta a enfrentarse a cualquier cosa que se le aparezca, aunque temeroso, se lanzar铆a con vanidad a la carga. Pero esta criatura que ha pasado a ser su nueva compa帽铆a de tiempo completo, ten铆a una peculiaridad, pod铆a tomar formas similares a la persona que se aventura, aquella era la habilidad que le permit铆a generar una identificaci贸n inmediata desde lo sentimental, sumada a su nueva ret贸rica de la identidad y la pureza, el estado de cosas hac铆a que todo marche en tal direcci贸n. Con el tiempo la furia de nuestro aventurero iba en crecimiento, las batallas con las distintas criaturas que habitaban en el laberinto eran m谩s que frecuentes, y hasta en un punto, buscadas. Cuando hubieron de cesar las oportunidades de pelea, el viaje por los gigantescos pasillos continuaba para ambos, y luego de un tiempo de prolongada paz, ocurri贸 algo inesperado. Nuestro viajero presenci贸 algo que nunca hab铆a conocido, pero que habr铆a de cambiar su vida para siempre. Un haz de luz lo invitaba a cambiar su recorrido pre-meditado, hasta que logra encontrar el origen de esa luz, y all铆 vio el espect谩culo: Se trataba de algo que brillaba y era amorfo, pero que luego empez贸 a adquirir para 茅l formas bien precisas. Primero fue un camello, luego se transform贸 en un le贸n, y por 煤ltimo, tom贸 la forma de un ni帽o, que se materializ贸 y empez贸 a correr alej谩ndose. Fue el espect谩culo m谩s impresionante que pod铆a haber visto, le pregunt贸 a la criatura que lo acompa帽aba desde hace ya tanto, y 茅sta le contest贸 que hab铆a cosas que pod铆a aprender de ese ser peculiar, pero que no se aleje mucho de su paso. Con el correr de los d铆as, y vac铆o por la prolongada paz, nuestro viajero comenz贸 a sentir cada vez m谩s inc贸moda su compa帽铆a, al punto de desear poder encontrar de nuevo ese ser de luz para irse con 茅l y dejar a la criatura atr谩s. En un buen d铆a, volvi贸 a encontrar el mismo espect谩culo, entonces decidi贸 seguirlo, con la criatura aceptando cambiar de recorrido por el momento.

Nuestro fil贸sofo comenz贸 a correr, y la criatura que lo ven铆a acompa帽ando empez贸 a hacer lo mismo, no quer铆a bajo ning煤n concepto perder a nuestro viajero. Entre descansos y continuaciones, ambos consiguen alcanzar a este ser devenido en ni帽o, y consiguen hablar un poco con 茅l, a medida que nuestro viajero sent铆a una cercan铆a sin igual con dicho ni帽o, la criatura comenzaba a mostrarse hostil ante esto. El viaje continu贸 con los tres yendo en una misma direcci贸n, pero con el pesar de la criatura, quien cada vez mostraba mayores conflictividades con ambos. El viaje se torn贸 pesado para nuestro viajero y el ni帽o, raz贸n por la cual, planearon una huida en momento de la vigilia. Cuando ambos echan a correr la criatura logra despertarse y comienza a perseguirlos, con una gran furia, pero ya no con la misma fuerza con la que hab铆a conocido a nuestro viajero, quien logra escapar junto con el ni帽o y perder a la criatura de vista finalmente. En lo que continu贸 el dif铆cil viaje dentro de los inmensos pasillos, nuestro viajero escuchaba atentamente al ni帽o, quien parec铆a llevar consigo una experiencia sin igual y parec铆a brindarle herramientas no para que acepte lo que 茅l le dice, sino para que el fil贸sofo pueda responderse a s铆 mismo sin recurrir a una idea pre-fijada, lo cual le brind贸 una fortaleza sin precedentes. Si bien el ni帽o lo acompa帽贸 buena parte de su viaje, 茅ste hubo de partir, ya que como le hab铆a contado a nuestro viajero, su finalidad era servir de esta manera a los que eventualmente ingresen en este inmenso y largo laberinto, en busca de interrogantes y respuestas por contestarse. El viajero lo salud贸, le agradeci贸 por todo y sigui贸 solo, pero con paso firme y seguro de s铆 mismo. Nuestro fil贸sofo aprendi贸 as铆 a valorar su soledad, y poder enfrentarse a las batallas y nuevos obst谩culos por su cuenta.

Ara帽as gigantes, espectros y serpientes fueron algunos de sus encuentros desafiantes, pero uno en particular es el que le suscit贸 entereza en su car谩cter. Se trataba de la ya tan conocida Esfinge que se le apareci贸 a Edipo en la entrada a Tebas. Como era de suponerse, la pregunta es la que ya todos conocen, con la diferencia en que nuestro fil贸sofo dej贸 salir una respuesta algo m谩s extensa que la suscitada por Edipo en su mito. El viajero expuso todo su aprendizaje previo y realiz贸 una interpretaci贸n propia del laberinto mismo, y dej贸 a la Esfinge deslumbrada por su respuesta sobre el hombre, afirmando el car谩cter enigm谩tico del mismo, llam贸 con clamor a la Esfinge como s铆mbolo de s铆mbolos, el cual viene a incomodar al hombre en su pregunta sobre s铆 mismo, y que la pregunta, lejos de ser contestada con una simple respuesta, abre el eterno interrogante sin responder que se resume en "¿Qu茅 es el hombre?". La Esfinge en este caso tiene una reacci贸n diferente de la esperada, ya que se supon铆a que ante la respuesta correcta habr铆a de suicidarse, siendo diferente el planteo de parte de nuestro viajero, la Esfinge hubo de convertirse en una estatua cuya inscripci贸n se grab贸 a sus pies en piedra "La pregunta ya la conocen, la respuesta tambi茅n, ¿pero ser铆an capaces de responder a tal respuesta que resulta pues, imposible de responder en su totalidad, a煤n m谩s all谩 del Laberinto?". Maravillado ante la reacci贸n de la Esfinge, el viajero contempl贸 por un instante el significado de lo que ser铆a aquel gesto, entendi贸 que las respuestas m谩s importantes no son nunca definitivas ni est谩n tampoco destinadas a responderse de una vez y para siempre, puesto que era la capacidad de preguntar lo que lo mantiene con fuerza, y entendi贸 la necesidad vital de adoptar una postura reflexiva y activa. As铆 sigui贸 pues, durante el resto de su viaje por el laberinto, esperando continuar encontrando grandes cosas.

Continuando con el tan extendido viaje por dentro de un laberinto del cual no sab铆a si siquiera estaba cerca o no de su final, o al menos, de saber que hab铆a tomado los caminos correctos, nuestro viajero a煤n as铆 confiar铆a en que as铆 fue. En medio de d铆as de absoluta paz, se top贸 con un libro, no ten铆a aspecto de ser antiguo, pero le llamar铆a la atenci贸n. Al abrirlo, pudo divisar una serie de dibujos, una escuela, una prisi贸n, un campo de trabajo y una torre de vigilancia; a su vez, encontrar铆a una imagen de un ni帽o parecido al que hab铆a conocido producto de tal aparici贸n y metamorfosis. Pero esta vez, el ni帽o aparecer铆a en el dibujo ubicado en un contexto familiar, donde se ven diferentes vivencias que este ni帽o tiene respecto a sus familiares, c贸mo se relaciona con ellos, qu茅 problemas y planteos aparecen; asimismo, aparecen dibujos del ni帽o ya algo crecido en un ambiente escolar, perdiendo todo aquello que es lo que 茅l hab铆a visto de puro en aquel que hab铆a conocido. Las im谩genes se tornaban cada vez m谩s escalofriantes, el crecimiento del ni帽o en adulto que iba eventualmente al campo de trabajo o en caso de mala conducta al centro de detenci贸n, le hac铆an ver que no hab铆a gran diferencia en cuanto a aquello que el ni帽o hab铆a perdido, en qu茅 se hab铆a transformado, y c贸mo de una gran y pr贸diga metamorfosis pod铆a pasar a tan miserable modo de existencia. Cierta angustia lo abrum贸, y hubo de descansar varios d铆as, puesto que sus energ铆as estaban algo debilitadas, producto de su estado de 谩nimo. Logr贸 reponerse y poder relacionar sus 煤ltimas experiencias vividas con el libro que hab铆a encontrado, decidi贸 qued谩rselo. Con el correr de los d铆as, y una vez retomado el camino, divis贸 en alg煤n pasillo a lo lejos algunos s铆mbolos que le eran familiares. Incre铆blemente, aquellos dibujos que hab铆a visto en las primeras p谩ginas del libro estaban tallados en pasillos de los muros del laberinto, supo que por ah铆 era, y present铆a que no faltaba demasiado para poder ver el final.

Avanz贸 con energ铆as recobradas, aunque con cierta pesadumbre por todo lo que hab铆a descubierto, pero su deseo de llegar al final del recorrido era m谩s que suficiente para mantener a nuestro viajero con la frente alta. Su personalidad hab铆a cambiado mucho desde que entr贸 al laberinto, y pudo configurarse a s铆 mismo de forma diferenciada y forjarse un car谩cter propio que le permiti贸 seguir con esperanzas reales, ya no con cuentos e ideas que tomara prestadas, sino con esperanzas que surgen de su propio esfuerzo. Viendo que las paredes comenzaban a verse distintas, un poco m谩s bajas, entendi贸 que estaba llegando al final. En eso, consigue ver otro destello de luces, pens贸 quiz谩s en el ni帽o, y que quiz谩s se re-encontrar铆a con 茅l. No fue as铆, pues la silueta que se formaba de la gran fuente resplandeciente no era un ni帽o, sino un monje montado a un hermoso tigre de bengala, que una vez terminado el espect谩culo de luces, se pudo divisar con claridad en su blanco con rayas caracter铆stico de un elegante animal del lejano Asia. Nuestro fil贸sofo se acerc贸 para intercambiar algunas palabras con el monje, 茅ste le respondi贸 de buena gana, y le dijo que el camino que quedaba era corto pero se volv铆a intenso, por lo cual le dio algunos consejos de utilidad. Le cont贸 la historia de sus or铆genes, le explic贸 c贸mo es la vida de monje y qu茅 formaci贸n tienen para poder transitar el camino del sabio. Nuestro viajero sent铆a que el monje hab铆a visto todo su recorrido previamente, pues le aconsejaba como si ya conociera sus pasos, su experiencia, sus pensamientos incluso. El monje se apresur贸 a decirle antes de que continuara, que tenga cuidado con los monjes que no andubiesen en alguna montura, ya que aquellos se jactan de ser los m谩s sabios, siendo que su sentimiento de nostalgia los ha vencido, y se figuran a s铆 mismos montados sobre algo que no est谩 ah铆. Si bien dijo que podr铆a aprender de ellos si eventualmente los encuentro, no aconseja tomar sus caminos, ya que su defecto los condujo a malinterpretar el camino del sabio, y por ende a tratar de confundir a los nuevos viajeros a que sigan su mismo error. Nuestro viajero le agradeci贸, y el monje entonces le pidi贸 que extendiera su mano derecha abierta con la palma hacia arriba, en posici贸n de obsequiarle algo. El monje con un movimiento de manos materializ贸 un hacha doble, estilo minoica, era una aut茅ntica labrys griega, la cual le recomend贸 que conservase, y le dijo que la espada que llevaba ya no le iba a hacer falta, el hacha ser铆a m谩s que suficiente, pero que la use bien. Finalmente, el viajero le hizo una pregunta que no pod铆a dejar pasar antes de continuar con su camino: ¿por qu茅 los monjes sabios como 茅l estaban montados hacia alguna bestia? La respuesta del monje fue simple pero muy contundente, y es que es sabio aquel que consigue dominar aquello que lo puede matar, y que por ello los monjes no desestiman ning煤n camino alterno que toman quienes no forman parte de su comunidad para lograr el mismo objetivo. Nuestro viajero se dio por satisfecho ante el monje, lo salud贸 y se fue, aunque por supuesto, aquella respuesta le dej贸 mucho de qu茅 pensar en los siguientes d铆as de soledad antes de llegar al final del laberinto.

Cuando se quiso dar cuenta, nuestro fil贸sofo logr贸 toparse con el final del recorrido, era de noche y finalmente dej贸 caer su espada y se qued贸 s贸lo con su hacha, ya no le quedaban raciones de comida desde los 煤ltimos d铆as, sin embargo a煤n almacenaba fuerzas. Pero entonces apareci贸 aquello que tem铆a que lo esperaba al final del lugar. Efectivamente, all铆 estaba la gran bestia, el minotauro de una gran altura f铆sica y con ojos rojos de fiera, esper谩ndolo para com茅rselo como sacrificio al cual acostumbraba a recibir en cierta frecuencia. Nuestro fil贸sofo se dispuso a dar la que sab铆a ser铆a la 煤ltima batalla, por lo cual puso toda su atenci贸n y esfuerzo en ella. El minotauro era muy fuerte, ten铆a una capacidad de resistencia casi divina, y el viajero ve铆a que el hacha no estaba sirviendo para hacerle siquiera un rasgu帽o. La bestia lo acorral贸 en una esquina, nuestro fil贸sofo qued贸 fr铆o y asustado, pensando que quiz谩s, no lo lograr铆a, quiz谩s, ese era el 煤nico fin del laberinto, ese era todo el sentido de todo el viaje que emprendi贸. Hasta que record贸 la 煤ltima aparici贸n que hab铆a presenciado, entonces logr贸 saltar sobre la bestia, impuls谩ndose y saltando sobre una pared del laberinto. Una vez arriba hubo de lanzarse sobre la bestia, la cual enloquece y comienza a sacudirse violentamente, como si de ello dependiese su supervivencia; as铆 fue, nuestro viajero logr贸 resistir todos los violentos y bruscos movimientos de la bestia, hasta que esta comenz贸 a cansarse. El fil贸sofo estaba tambi茅n exhausto, pero sab铆a que ese era el 煤nico momento en el cual pod铆a finalmente librarse de toda esa locura, de poder ser libre de una vez por todas. En cuanto sinti贸 que la bestia no estaba tensionando sus m煤sculos, el viajero clav贸 su hacha en la espalda de la bestia, provocando su ca铆da inmediata, una vez en el piso, cort贸 su cabeza, asegur谩ndose que no pueda volver a recobrar fuerzas por ninguna parte.

Una vez muerto el minotauro, aparecen de inmediato dos 煤ltimos personajes. Un s谩tiro con un cuerno y un hombre que lo acompa帽aba con un arco y una lira, felicitando a nuestro viajero ambos por igual. Le dijeron que se alegraban de que hubiese visto sus se帽ales, y r谩pidamente le mostraron el camino hacia la puerta de salida del laberinto. Cuando nuestro fil贸sofo hab铆a cruzado la puerta para finalmente salir, se hizo todo luz, brillante y blanco. Se despert贸 en su cama, no daba abasto con todo lo que hab铆a so帽ado, dormir lo hab铆a cansado m谩s de lo que deb铆a darle a descansar, pero not贸 que en su mano ten铆a aquel collar del hacha de labrys que hab铆a comprado hac铆a poco, y que se hab铆a quedado dormido sosteni茅ndolo. Ese sue帽o le dio mucho por reflexionar, tantas cosas vividas, tantas experiencias, tantas reflexiones, pero lo que era seguro, es que era otra persona. Con la idea fija, se apur贸 a tratar de pasar todo lo que se acordaba sin esfuerzo a un escrito. Una vez que lo termin贸, se le ocurri贸 un nombre que podr铆a englobar todo lo que en 茅l acontece, y habiendo sido algo tan grande, lo llam贸 de una forma muy peculiar, porque sab铆a que quiz谩s no iba a poder hacer un escrito como ese. Lo llam贸 entonces "El mito del persuadido".

Lucas Cianfagna.-

domingo, 2 de octubre de 2016

Reminiscencia de lo hel茅nico

"Nuestro af谩n no consiste en estar libre de pecado, sino en ser Dios."  Plotino

Retomando una gran tradici贸n de pensamiento ligada a lo aristocr谩tico como lo es la hel茅nica,  tal concepto debe ser entendido correctamente como aquello que constituye la conquista de un ideal que supere las expectativas medias y logre establecer un sentido, justificar el hacer y promover un arquetipo que sirva como meta a realizar, y para quien lo re-conquiste en tiempos de necesidad, que lo supere. Pero hay algo que nos permite mantenernos en suspenso, como en eternidad, y aquello es dar sentido, como lo es nuestra capacidad humana, en fundamento sobre lo alto. En esto el maestro Juli谩n Licastro es muy concreto y contundente, al definir un concepto que se llama "fin de la vida", hace una distinci贸n sobre los dos posibles conceptos que se pueden desprender de aquello: por un lado, la terminaci贸n de la vida entendi茅ndola como la mera reproducci贸n animal de los ciclos del mundo de la naturaleza, y por otro lado, como la finalidad que el ser humano es capaz de darse a s铆 mismo, suponiendo algo que sea superador a la vida en su mero estado de devenir, en su mero estado natural, es decir, la superaci贸n de la reproducci贸n c铆clica, apuntando a mantener un ideal que se adapte a los tiempos, con capacidad de reformularse pero al mismo tiempo, estableciendo aquella finalidad con la cual puede el conjunto de una poblaci贸n de relacionarse consigo misma y desarrollarse de la mejor manera posible, a lo cual podemos llamar con toda seguridad tradici贸n

Ahora bien, convendr铆a hacer una aclaraci贸n que la palabra "reminiscencia" merece respecto del t铆tulo. Aquel concepto de Plat贸n, como muchos otros re-pens谩ndolos son m谩s 煤tiles de lo que parecen, siempre de manera condicional, empezando por borrar el razonamiento literal y "racionalista" en el sentido vulgar de la palabra. Resulta bastante obvio el absurdo que representa pensar en un olvido fundacional del ser sobre el conocimiento por el cuerpo y la recuperaci贸n mediante su interiorizaci贸n. En esto conviene salir del esquema absoluto de negaci贸n del cuerpo, de los instintos y del mundo como denunciaba Nietzsche de las corrientes brahm谩nicas en las religiones, as铆 como tambi茅n lo retoma Evola cuando hace la cr铆tica a la perspectiva guenoniana por considerarla intelectualista y contemplativa, aquello es lo que m谩s debemos evitar. Por tanto, podemos tomar la reminiscencia, no ya desde un fundamento metaf铆sico de un olvido real de algo absoluto que existe en otro plano, sino m谩s bien, como aquel olvido retomado y reformulado de aquella capacidad humana de dar sentido de la que habl茅 anteriormente; esto es, poder reconocer que es mediante esa capacidad que logramos dar sentido al mundo, podemos justificar la existencia, y se consigue una transformaci贸n de s铆 mismo mediante la praxis, aquello que constituye  un sentido mucho m谩s cercano a la realidad, y tambi茅n recordar adem谩s del aspecto de crear sentido a nuestra realidad, con ello conquistar un ideal en lo concreto, y sin ir al sentido de abolici贸n de la acci贸n y la pol铆tica por parte de la contemplaci贸n al cual muchos aluden al intentar interpretar el platonismo desde su peor sentido.

Habiendo mencionado la cuesti贸n pol铆tica, tambi茅n se puede reivindicar de Plat贸n la definici贸n del hombre como aquel que es un "animal pol铆tico", a lo cual el maestro Licastro agreg贸 aquel razonamiento de cuya definici贸n se desprende: siendo el hombre un animal pol铆tico, resulta un animal de la polis, es decir, alguien que est谩 abocado a la comunidad, por lo cual -nos dice el maestro- quitarle la noci贸n pol铆tica al hombre, lo convierte en un mero "animal", como hab铆amos dicho antes: aquel que no puede alcanzar una dimensi贸n m谩s all谩 de la mera reproducci贸n de vida c铆clica y natural, para lo cual, lo que se propone es la capacidad de razonamiento del ser humano, no como una contemplaci贸n sobre lo abstracto, sino tomar la filosof铆a en su mejor aspecto, como una praxis te贸rica que permite pensar el ahora en funci贸n de proyectar futuro y poder accionar en base a una estrategia. Para lo cual, no se puede obviar el aspecto comunitario del hombre en la definici贸n de Plat贸n, ya que si bien todo organizador, o m谩s a煤n, todo conductor es quien lo logra en primer t茅rmino desde su individualidad, sabe que no puede ser aquello su fin mayor, sino poder superar la individualidad, poder proyectar en lo otro, constituye otro aspecto fundamental de aquella filosof铆a hel茅nica que tanto nos ha aportado a lo largo de toda la historia, y es el aspecto trascendental, como hab铆a hecho Her谩clito, al establecer el car谩cter de devenir de la naturaleza, fijar una medida que nos permita superar ese devenir, esa medida nunca ser谩 eterna en t茅rminos absolutos, sino que responde a la necesidad de superar y remontarse en el cambio, y con ello organizar la polis

En cuanto al establecimiento del orden pol铆tico, entendiendo las necesidades actuales y la forma en que se encuentra el actual estado de cosas, conviene remontarse en el hacer como un proceso lento pero que asegure resultados de fondo. En esto Foucault era muy claro: de ninguna manera una revoluci贸n violenta consigue cambiar algo si las estructuras con las cuales se concibe la sociedad a s铆 misma son las mismas, ya que lo que se lograr谩 es replicar los problemas con un orden aparentemente distinto. En un estado actual de cosas, donde la decadencia pol铆tica, social y cultural est谩 a flor de piel, no debemos despegarnos de la reflexi贸n, sobre todo en aquellos per铆odos de mayor necesidad, es cuando m谩s podemos disponer del pensamiento para abocarnos al porvenir de la mejor manera posible entendiendo lo que se necesita hacer, pero sin desviarse del c贸mo y de la mejor manera de alcanzarlo. Como hab铆a dicho Per贸n cuando estaba en su lecho de muerte, y sus disc铆pulos le preguntaron qui茅n iba a ser el heredero de la conducci贸n, 茅l mismo lleg贸 a decirles en tono bajo algo que resultaba inentendible, por tanto, deb铆an acercarse cada vez m谩s para escucharlo. Con af谩n de matarse entre ellos y con el pu帽al preparado, se acercaron a 茅l, hasta que el conductor se pudo hacer entender: 

"Pero Gral., queremos saber qui茅n va a ser el heredero de la conducci贸n.", a lo que el viejo les respondi贸 finalmente "Aristo (en griego: el mejor)", para lo cual se refer铆a a que aquello que uno cultiva de s铆, aquello que trabaja de s铆, aquello que pone en pr谩ctica para transformarse a s铆 mismo, aquello constituye el m茅rito de conducir. En pocas palabras, lo que el viejo les quiso decir fue "S贸lo quien m谩s se esfuerce ser谩 el heredero de la conducci贸n."

Lucas Cianfagna.-

domingo, 11 de septiembre de 2016

Nuevo desaf铆o pol铆tico

"Este esp铆ritu igualitario, en el seno mismo de una concepci贸n agon铆stica de la vida social, es uno de los rasgos que caracterizan la mentalidad de la aristocracia guerrera de Grecia y contribuye a dar a la noci贸n del poder un nuevo contenido. La arkh茅 no pod铆a ser ya la propiedad exclusiva de un individuo cualquiera; el Estado es, precisamente, el que se ha despojado de todo car谩cter privado, particular, el que escapando a la incumbencia de los gene, aparece ya entonces como asunto de todos." Jean-Pierre Vernant

Como hab铆a dicho anteriormente, la decadencia pol铆tica y cultural corresponde no s贸lo a una cuesti贸n de ciclos, me refer铆 sobre todo a aquellos aspectos que parecer铆an ser sintom谩ticos, pero que en realidad, sin ser la causa primera, dan cuenta de aquello que se ha perdido y  que urge retomar para brindar movilidad nuevamente a una inercia que consume la voluntad de hacer y que eventualmente resiste a todo intento de superaci贸n. Con esto no vengo de moralista a tratar de decir como todo pesimista "¡Se han perdido los valores!", cuando en realidad lo que se perdi贸 es la fluid茅s con la cual podemos darnos a nosotros mismos aquellos valores que la actualidad demanda para nuestro entorno, y principalmente para nosotros mismos. Por tanto, como siempre, enumero las nociones a tratar: En primer t茅rmino, diferenciar las nociones de poder y potencia, que nos permiten caracterizar la acci贸n desde lo individual y lo grupal de forma distinguida; en segundo lugar, retomar aquella cr铆tica que yo hab铆a hecho a las nociones modernas de igualdad y libertad seg煤n estos otros dos conceptos que estoy incluyendo, para darle un sentido m谩s efectivo a cada noci贸n; y en tercer lugar, tratar de identificar nociones que podr铆amos llamar "coaguladas o est谩ticas" del poder, provenientes de forma m谩s cercana en el proceso de burocratizaci贸n del Estado moderno y la p茅rdida inminente de la vida pol铆tica en cuanto a la acci贸n y la creaci贸n de sentido.

Haciendo menci贸n de los dos aspectos para los cuales pretendemos restaurar aquel dinamismo vital, se podr铆a empezar definiendo dos conceptos que nos ayudar铆a a identificar criterios aplicables a cada uno, y que usualmente son confundidos como lo mismo. Me valgo de un par de citas para esto, de la gran amiga Hannah Arendt, que distingue en "Sobre la violencia" dos elementos importantes para la acci贸n pol铆tica: "Poder corresponde a la capacidad humana, no simplemente para actuar, sino para actuar concertadamente (...) Potencia designa inequ铆vocamente a algo en una entidad singular, individual;es la propiedad inherente a un objeto o persona y pertenece a su car谩cter, que puede demostrarse a s铆 mismo en relaci贸n con otras cosas y con otras personas, pero es esencialmente independiente de ellos". Ac谩 la autora hace una distinci贸n sumamente importante, re煤ne los dos elementos de la acci贸n pol铆tica que conciernen a la formaci贸n personal de cada persona por un lado, y a la formaci贸n grupal por otro, que lamentablemente se las suele confundir, y esa confusi贸n nos cuesta caro, ya que considerar potencia igual a poder, nos hace creer que no hay organizaci贸n posible que pueda doblegar una potencia individual, as铆 como tampoco hab铆a posibilidad de organizar un grupo de poder si se piensa que no hay potencia alguna en el accionar humano. Para cada concepto corresponde a utilizaciones cl谩sicas, al fiel estilo de la autora, pero que nos es dada por Jean-Pierre Vernant con mayor detalle arqueol贸gico en "Los or铆genes del pensamiento griego". El autor expone, entre tantos, dos tipos de guerreros que responden a contextos diferentes de la acci贸n: por un lado, los hippeis, que se destacan por la destreza personal y las habilidades individuales que puede disputar un duelo contra uno de manera eficaz, aquello que podr铆amos trasladar al contexto de la potencia definido por Arendt, donde se destacar铆a la personalidad pol铆tica por sobre los grupos, quien ser铆a el que crea las condiciones aptas para que un grupo se forme de la mejor manera posible; por otro lado, los hoplitas son en cambio aquellos que se forman grupalmente, aquel contexto en el cual no conviene desdibujarse del colectivo para no crear fisuras en 茅l, cuyo origen se encuentra en la antigua falange. Estos grupos guerreros bien pueden tenerse en cuenta no como contrastes absolutos donde una persona debe optar por uno  o por otro, en todo grupo pol铆tico din谩mico y que busque posicionarse en el futuro, debe entonces tener de ambos, sin mencionar que resulta obvio que m谩s all谩 de la coexistencia de estos dos tipos en cada persona, siempre va a primar m谩s uno sobre el otro, aquello queda a disposici贸n individual. La falange, o los hoplitas bien pueden servir para la formaci贸n de un partido, para brindar la coherencia grupal necesaria sin la cual surge la disgregaci贸n y la atomizaci贸n, la hu铆da de los militantes, as铆 como el hippeis se vincula a aquellas potencialidades que una persona puede aportar al grupo desde su individualidad, lo cual permite a su vez que la coherencia grupal no desintegre a los sujetos, sino que les d茅 el mejor canal para que expresen sus habilidades, por lo tanto, se podr铆a decir, que resulta imposible constitu铆r grupos pol铆ticos formados correctamente sin alguna de estas dos figuras.


Estas dos figuras que emple贸 Vernant, y que me propongo hacer una analog铆a pertinente con las nociones de Arendt, me permito entonces transpolarlas a aquellos dos valores fundadores de nuestro Estado en sentido hist贸rico que son la igualdad y la libertad. Como ya hab铆a dicho, nos cuesta mucho no permitirnos reflexionar sobre c贸mo darle una aplicaci贸n pr谩ctica a esta teor铆a de la igualdad y la libertad, pero yo me propongo por otra parte, reformular la teor铆a, ya que si 茅sta no consigue su aplicaci贸n pr谩ctica, entonces es mejor reformularla en base a lo que ya se ha visto como pr谩cticas en sentido de acci贸n. Resulta evidente a cu谩l figura corresponde cada valor. En cuanto a la igualdad, la noci贸n de falange griega va muy bien con la coherencia grupal y la disciplina partidaria, lo cual no significa autoritarismo, como as铆 se lo suele asociar, muy por el contrario, es la misma idea que aplica a un funcionario de carrera que se dedica a trabajar en el Estado, de lo cual carecemos totalmente, pero que ya vendr铆a siendo hora de aplicar. La igualdad no puede ser entendida en su sentido negativo o pasivo como un derecho natural del cual disponemos todos, la igualdad debiera estar asociada al compromiso, sin el cual no existe en absoluto democracia, se transforma en otra cosa, por ejemplo, en el burocratismo que no permite funcionarios de carrera sino prevendas partidarias, o bien, en el plano partidario, meros militantes de volantes o pegatinas, lo cual sin duda es importante, pero para la formaci贸n interna que hace crecer al partido no es lo principal. Aquel compromiso resulta una idea activa o afirmativa de la vida pol铆tica, que reconoce iguales a aquellos que participan, no s贸lo en militancia, sino tambi茅n en otros posibles 谩mbitos, en ese caso, ser铆a responsabilidad nuestra modificar aquellas instituciones para que la representaci贸n pol铆tica no sea abstracta y num茅rica, sino que 茅sta sea m谩s bien funcional a la idea que se busca expresar, por tanto, la igualdad no puede sino practicarse dentro de una voluntad de hacer, en su sentido m谩s primario, y en un escal贸n mayor, organizarse en un grupo coherente. En cuanto a la libertad, ya he dicho suficiente al respecto, pero podr铆a agregar la importancia que tiene frente a cada grupo, como un elemento que equilibre la coherencia grupal con la posibilidad de explotar las habilidades propias en el lugar que el grupo proporcione. En el caso de la conducci贸n o el liderazgo, aquella libertad es entendida como formativa del mismo grupo, y es de hecho su expresi贸n m谩s acabada, ya que no hay libertad m谩s grande que aquella que crea sus propios medios de obrar.



Por 煤ltimo, cabe se帽alar un aspecto fundamental, que es el que ya he mencionado, sobre la necesidad de devolver al poder su aspecto din谩mico, y deshacernos de esa concepci贸n est谩tica del poder, aquello que supone dominaci贸n, inercia y peligro de destruir el poder mismo. El desarrollo de la burocratizaci贸n del Estado como tendencia moderna ha sido descrita por Max Weber con total claridad, y por lo cual, nos exhorta a explotar las subjetividades direccionado a la pol铆tica como la constituci贸n de instancias m谩s all谩 de lo burocr谩tico, expresando una movilidad de poderes. El t茅rmino "coagulaci贸n" fue empleado por Foucault en la entrevista titulada "Estos son mis valores", donde explica su preocupaci贸n por esto mismo que menciono. Aquello que quiero proponer respecto de la libertad y la igualdad, viene a colaci贸n con la necesidad de modificar las instituciones existentes, y crear aquellas que nos permitan realizar estas nociones en lo concreto. Para aquello conviene deshacernos del burocratismo (no del concepto de burocracia en su sentido puro) en el sentido de deshacernos de aquellas tendencias que vuelven al poder algo que tiende a su propia muerte, es decir, el burocratismo tiende a entorpecer la comunicaci贸n social y las relaciones de fuerza, por tanto, se necesitan de estructuras de poder din谩micas que correspondan a su ejercicio constante, y no a una ley de hierro. La tensi贸n de poderes constituye la natural desigualdad respecto de quienes lo disputan, por ello la igualdad debe encontrarse en estructuras partidarias y organizativas que busquen la coherencia interna y permitan a su vez la expresi贸n de la potencia personal. A su vez, es necesario comprender que la libertad no se ejerce en un 谩mbito de emancipaci贸n total del pueblo respecto a las autoridades, sino por el contrario, creando instituciones, lugares que permitan la tensi贸n de las partes sin que aquello ponga en peligro la supervivencia del Estado y del poder, sino m谩s bien que funcione como un re-vitalizador de la estructura social. Una estructura de cuerpos que garantice flexibilidad y creatividad en resoluci贸n de conflictos entre partes, evitando la tiran铆a de la autoridad por un lado, y el exceso de avance de los representados por el otro. Garantizar un contexto de expresi贸n de la libertad como auto-determinaci贸n y fortaleza, sin que vaya en desmedro con las formas grupales y colectivas, y permitiendo que 茅stas guarden la identidad, constituye la nueva tarea que tenemos por delante quienes buscamos poner las cosas en movimiento y queremos con ello constituirnos como actores.



Lucas Cianfagna.-

jueves, 1 de septiembre de 2016

Conspiraci贸n y discurso

"Para hablar del poder hay que desplazarse por los modos en que se enuncia una verdad que legitima el relato de los que mandan, y puntualizar la diferenciaci贸n 茅tica que distingue a los sujetos.(...) La verdad , adem谩s, se articula a una preocupaci贸n sobre las condiciones, los l铆mites y las pr谩cticas que un aspirante debe cumplir para estar preparado en el momento de recibirla y adoptarla." Tom谩s Abraham

Existen diversas posturas respecto de aquello que el "sistema" promueve, y en contra-partida todo lo que no promueve est谩 prohibido o silenciado. Me parece que esa explicaci贸n es insuficiente, debido a que en primera instancia existe una confusi贸n bastante generalizada que no distingue dos aspectos que son bien diferenciados: contenido discursivo y relaciones de fuerza marcadas por el discurso. Por un lado, se piensa que el contenido discursivo es inseparable de las relaciones de fuerza que el discurso mismo modela, lo cual s贸lo deja terreno apto para dos tipos de conclusi贸n: lo que d茅 tranquilidad y sea correcto (discursivamente) debe ser bueno, en caso de adherir, y por ende lo relegado de este discurso, sea aquello que naturalmente est谩 equivocado; luego, si no se adhiere al discurso, se cree a la inversa, que lo correcto es equivocado, y aquello incorrecto debe ser lo verdadero. Por ello me parece importante diferenciar ambos aspectos, ya que la discusi贸n entre "discurso opresor" o "discurso justo" no dependen m谩s que de la pura subjetividad, donde voy a encontrar argumentos tanto a favor de uno como de otro, lo cual no permite un an谩lisis serio, sino m谩s bien una pelea de gustos discursivos.

Para cortar definitivamente con la paranoia conspirativa, en primer lugar, se debe comprender c贸mo se componen los discursos, que contienen sus elementos de armado consciente y tambi茅n inconsciente -conocido como causas no reconocidas-, as铆 como las consecuencias no intencionadas, en t茅rminos de Antony Giddens, todo discurso por m谩s meticuloso que sea en su producci贸n, separaci贸n, prohibici贸n y l铆mite, va a conseguir siempre una resistencia que lo oponga; eso por un lado. Por otro, esa resistencia no se debe a que aquella guarda una verdad que el discurso nos oculta, una realidad sacra, sino que por el contrario, lo que el discurso busca ocultar m谩s bien, ser铆a aquel origen no-sacro del mismo. Como he explicado yo, y no ha sido en absoluto invenci贸n m铆a, todo discurso instalado se pretende como natural y de raz贸n universal, como si se tratara de un acontecimiento fatal, por ello es que hago tanto hincapi茅 en una postura cr铆tica que permita ver qu茅 es lo que el discurso se encarga de producir, separar, prohibir y limitar; y luego, se aplique la genealog铆a para saber cu谩les fueron las posibilidades de aparici贸n del discurso, en qu茅 momento, c贸mo se logr贸 implantar, y por 煤ltimo, c贸mo reaparece cuando pareciera haberse retirado.

Dicho esto, podemos pasar a la parte que me interesa, para librarnos de la moda conspiranoica (no digo con esto que no puedan existir conspiraciones, simplemente que de existir, no son ni perfectas, ni absolutas como se cree, ni tampoco que por ser conspiraciones pretendan ocultarnos la verdad): confundir contenido del discurso con la posici贸n en la que uno ocupa t谩cticamente frente a 茅l. En primer lugar, cuando alguien denuncia que hay una conspiraci贸n en el discurso para silenciar a la gente como 茅l, quiere decir que esa persona ocupa un lugar dentro de aquello que el discurso separa, proh铆be o delimita, no significa que esa persona es poseedora de una verdad superior que las fuerzas del mal tratan de callar (principio de ego). En segundo lugar, si fuera la postura anterior v谩lida, ¿por qu茅 no podr铆a serlo una postura exactamente igual pero ubicada dentro de la producci贸n del discurso, o bien, aquel que el discurso privilegia? Este mismo podr铆a alegar que el discurso es verdadero porque conserva, salvaguarda o protege un principio superior que trata de ser profanado por los falsificadores, de igual forma en que el contra-discurso dice que tal principio superior se trata de callar y quitar de nuestras mentes. 

El discurso produce, esto quiere decir que las relaciones de poder no se limitan a un "se proh铆be esto o aquello", sino que es "se promueve esto, esto lo descartamos, aquello otro lo prohibimos, y eso que queda est谩 al margen de lo posible". Pero ya demasiado se ha hablado de lo que el discurso separa o proh铆be, prefiero entonces centrarme en aquella voluntad de verdad, o bien, lo que el discurso considera como pensable, y por contrapartida, lo que queda como impensable. La separaci贸n entre verdadero-falso constituye el l铆mite de lo pensable para el discurso, lo cual trata de excluir cualquier tipo de grado o matiz dentro de lo verdadero o lo falso, aquello pasar铆a a quedar fuera de lo pensable. Esta es una de las principales razones por las cuales no se puede confundir contenido de discurso, de la posici贸n t谩ctica frente a 茅l (de poder), ya que un discurso en su voluntad de verdad puede hasta parecernos objetivo y verdadero en algunos aspectos, simplemente estamos en una relaci贸n de desventaja por X o por Y. Tambi茅n la imposibilidad de pensar grados de verdad o falsedad conducen a estas posturas extremas entre "el discurso es verdadero" y "el discurso es la falsedad en vida", ya que un discurso que nos mantiene materialmente en una situaci贸n de desventaja t谩ctica, puede producir dentro de su voluntad de verdad, algo real en rasgos generales, pero que al tener aspectos ambiguos que una persona puede notar, ya pretende calificarlo de falsedad "si oculta esto, debe ser todo lo dem谩s falso tambi茅n", tal cosa es absurda.


Puede ocurrir que un discurso que en relaciones de fuerza sea opresivo respecto a uno, pero su contenido no oculta objetivamente la verdad, sino que la produce, es decir, existen discursos basados en la verdad, que oprimen, lo cual puede conducir a suposiciones poco claras, vac铆os, la sensaci贸n de que "algo falta ac谩". Aquellas lagunas, ambig眉edades y vac铆os que uno encuentra, deben buscarse como m谩s all谩 de la dualidad verdad-falsedad, es decir, m谩s all谩 de la voluntad de verdad de lo que limita aquello que se debiera pensar, ya que entonces, el contra-discurso supuestamente rebelde, pasar铆a a ser una consecuencia obvia del discurso instalado que se busca criticar. Volvemos al principio, todo discurso por m谩s minucioso y complejo que pretenda ser, generar谩 su resistencia, el desaf铆o estar铆a entonces en generar una resistencia eficaz y que trascienda las fronteras discursivas, y para ello debe buscar m谩s all谩 de la dualidad verdad-falsedad, en lugar de hacer lo que el discurso espera como resistencia in煤til para asegurar su continuidad.

Lucas Cianfagna.-