"En estos conflictos se pone de manifiesto que el Estado no ha nacido por el miedo a la guerra y como una institución protectora de intereses individuales egoístas, sino que, inspirado en el amor a la patria y del príncipe, constituye, por su naturaleza eminentemente ética, la aspiración hacia más altos ideales."Friedrich Nietzsche
Para hablar del fenómeno político tanto en Argentina como en el mundo, no por casualidad elegí una imagen que representa a Nicolás Maquiavelo y César Borgia en una serie conocida, quienes hoy tienen una vigencia, creo yo, intachable. Maquiavelo (de quien hago referencia en el título por ser el padre de la ciencia política) presenció y describió un problema que hoy se vuelve a dar en otros lugares, con otros personajes, pero siendo la misma temática y la misma solución posible.
Un poco de repaso. En la Italia de principios del Renacimiento había una situación de división total y de enfrentamiento entre los principados, algo así como si se tratara de hipótesis de conflicto entre provincias de una misma patria. El escenario político estaba dominado por una casta de politiqueros que se habían vuelto oligarcas mediante el constante ejercicio de la función pública, siendo los únicos que podían aspirar a una esperanza de vida generosa, condenando a la población a la miseria más o menos homogénea en los distintos estados. Éstos eran auténticos clanes políticos, ya que se agrupaban por familia y conformaban una pelea de linajes cuyos escudos eran la población que padecía los humores de política fiscal que iban de mala a peor y de leyes que cambiaban todo el tiempo según qué familia ocupara los principados.
En cuanto a lo económico existía un ahogo impositivo hacia una población que entregaba lo que podía producir a las arcas públicas según cada lugar, y aquello servía para el despilfarro y la fiestas ceremoniales de un grupo que en connivencia con el Vaticano disputaban territorio e influencia. Luego del intento fallido de los Medici por hacer la diferencia, le tocó el turno a los Borgia, en especial César, en quien Maquiavelo puso sus fichas para que pudiera cumplir con el destino de unificar a Italia en un Estado para combatir estas oligarquías regionales que ganaban mediante la división de Italia en conflictos separatistas de estados provinciales que no paraban de exprimir a la población, y poder reducir la carga fiscal sobre la población para que pueda tener una mejor calidad de vida.
Pareciera que estuviese hablando de la actualidad, y si, efectivamente esto que pasó hace 4 siglos, vuelve a repetirse con actores nuevos y en otros lugares. Los Estados soberanos fueron perdiendo capacidad de acción a lo largo del proceso globalista de privatización del poder por medio de organismos multilaterales y de O.N.G. de dudosa procedencia, corporaciones internacionales que parasitan a los Estados y se nutren del separatismo, no sólo territorial, sino también social y cultural de los pueblos. Toman demandas de grupos minoritarios y los vuelven banderas que buscan imponerse a lo largo y ancho de la población como verdades incuestionables, y aquel que se le ocurra decir "Esto me parece mucho", ya recibe de buenas a primeras la desaprobación de los fiscales mediáticos que reproducen estos discursos las 24 hs. El resultado electoral de Brasil nos da una muestra gratis (no para ellos) de qué es lo que pasa cuando los lobbistas que representan intereses de minorías tratan de imponerse de forma totalitaria ante una mayoría silenciosa, y cuando a ésta le dan voz se expresa sin dudarlo un segundo.
Que la opción ganadora en estos casos nos guste o no, no depende de nosotros, sí depende de nosotros en todo caso presentar una alternativa real y patriótica para hacer frente a este globalismo que está entrando en crisis, ya que las varias potencias lo han abandonado hace rato, como los casos de Rusia y Estados Unidos, y podemos nombrar ejemplos europeos como Austria, Polonia y Hungría. Mientras tanto en Argentina pareciera que la solución la tienen los liberales, según dicen, ya que se presentan como los abanderados de la reducción de impuestos, pero esa reducción de impuestos significa la menor existencia posible del Estado, lo cual ya ocurre de hecho, porque el Estado en lo esencial no está, que es defender el interés nacional y el bien común del pueblo en su conjunto. Que a ello le sumemos reducción en su administración no significa solucionar los problemas, sólo significaría reducir lo innecesario, pero lo necesario en que el Estado debe estar todavía brillaría por su ausencia. Maquiavelo también planteaba que era necesaria una reducción drástica de impuestos innecesarios a la población que se había vuelto esclava tributaria, ahora bien, él entendía bien que el Estado no es un mero ente de administración fiscal como pretende nuestra casta politiquera socialdemócrata, sino la herramienta política de unidad nacional y de síntesis de intereses divergentes.
El Estado es una herramienta de la comunidad nacional para garantizarse la representación y la conducción del conjunto mayoritario. La política sólo se garantiza cuando se representa al sujeto político nacional, cuando los intereses individuales o privados se ponen por encima del interés nacional, se extingue la política y lo que queda es la burocracia que toma al Estado por asalto y lo gangrena al punto en que sólo se convierte en un recaudador compulsivo de impuestos, lo cual va consumiendo la energía de la economía nacional que no puede despegar ni desarrollarse como podría. Como dice Santiago Abascal, presidente del Partido VOX en España, el Estado de bienestar de la población sólo es posible cuando se termina con el Estado de bienestar de los políticos, y eso significa que el Estado recupere su soberanía en los puntos esenciales: sintetizar los intereses divergentes, planificar políticas a largo plazo y conducir dicho proceso. La realidad de nuestra casta "política" es que no es política, porque los intereses que representa siempre son privados, ya sea de mercado o de ideologías minoritarias.
El Estado es una herramienta de la comunidad nacional para garantizarse la representación y la conducción del conjunto mayoritario. La política sólo se garantiza cuando se representa al sujeto político nacional, cuando los intereses individuales o privados se ponen por encima del interés nacional, se extingue la política y lo que queda es la burocracia que toma al Estado por asalto y lo gangrena al punto en que sólo se convierte en un recaudador compulsivo de impuestos, lo cual va consumiendo la energía de la economía nacional que no puede despegar ni desarrollarse como podría. Como dice Santiago Abascal, presidente del Partido VOX en España, el Estado de bienestar de la población sólo es posible cuando se termina con el Estado de bienestar de los políticos, y eso significa que el Estado recupere su soberanía en los puntos esenciales: sintetizar los intereses divergentes, planificar políticas a largo plazo y conducir dicho proceso. La realidad de nuestra casta "política" es que no es política, porque los intereses que representa siempre son privados, ya sea de mercado o de ideologías minoritarias.
La defensa de la constitución no se da en la defensa de un papel escrito, sino en la defensa de la unidad nacional y del interés común, porque en un proceso de fragmentación nacional ninguna ley será respetada al fin y al cabo. Al separatismo globalista de los intereses privados se lo debe reconocer como enemigo público del sujeto político argentino, y se lo combate con unidad nacional, promoviendo el bien común y con un Estado realmente soberano, que en vez de generar burócratas, genere políticos de carrera y estadistas, que es lo que necesitamos para pensar a futuro y recuperar nuestro destino. Recuperar la política significa volver a priorizar la representación de las mayorías, y esto no quiere decir ir en desmedro de las minorías, significa que más allá de que existan grupos, se reconozca como prioridad, que todos somos argentinos, y que nuestro destino común patrio está por encima de cualquier ideología o interés privado, ya sea de izquierda o de derecha.
Lucas Cianfagna.-
