La humildad como soberbia disfrazada
Una de las pocas y más pobres causas de orgullo en mucha gente mediocre se debe a atribuirse una habilidad de detectar en otros "hipocresía", lo cual no habla necesariamente mal de esa persona a la cual acusa de hipócrita, ni siquiera habla bien de uno mismo por denunciarlo, por el contrario, lo considero un error muy grave de ciertas consideraciones; ésto es, lo que suelen considerar un acto de valentía al llamar hipócrita a otro, es en realidad muchas veces una soberbia encubierta. Quienes van por la vida denunciando hipocresías es porque difícilmente soporten el hecho de que haya una multiplicidad de fenómenos confluyendo entre sí y sobre todo no tolera que "palabra" y "cosa" no tengan una relación estrecha como se vive creyendo, como si la relación entre palabras y cosas fuera necesaria y perfecta, como he explicado antes, habría un sólo idioma. Por otro lado, la consideración de una verdad a nivel convencional no es un problema, si estamos buscando uno, sino el olvido de esa convención. "Blanco y negro" son "blanco" y "negro" porque convencionalmente lo hemos decidido, y por eso el blanco no puede ser negro, lo mismo que con el género masculino el cual atribuímos al sol y femenino a la luna creemos no poder encontrar que lo que llamamos masculino pueda ser femenino y viceversa, pero luego nos encontramos que en el alemán el género del sol y la luna son al revés, ¿son hipócritas? No, tienen una convención diferente, y de algo tan simple como entender la diferencia semántica e idiomática, podemos pasar a establecer códigos que se crean entre un pequeño grupo de personas que comparten cierta idea, y nosotros al tener otras, presuponemos que compartirán las nuestras, de ahí viene la palabra "hipocresía".
Desesperación ante la contradicción
Denunciar el accionar del otro en base a su propio discurso constituye un motivo de orgullo y de empoderamiento propio, como si conociésemos la intención del otro al denunciarlo y pretendemos, aún más, establecer qué es lo correcto entre lo que hace y lo que dice. El transcurso de siglos de dogmatismo filosófico nos dejó como resaca el pretender todavía establecer verdades y mentiras absolutas, y al creer que las encontramos, creemos ser la parte confiable de esa verdad respecto a los otros, otro antecedente de la "hipocresía". El concepto de la hipocresía está desenfocado y toma como punto de partida una falacia, que las contradicciones no son posibles, o bien, si se encuentran es porque necesariamente hay una verdad allí escondida, y por tanto, tendemos a denunciar la mentira. Apuntar contra la mentira parte de la base de pretender una verdad y sentirnos orgullosos de ser, nuevamente, esa parte confiable de ella. La necesidad de una verdad ante una contradicción no es sino la pretención de buscar una conclusión definitiva, de buscar una tranquilidad, ya que si nos escandalizamos de algo tan burdo como la "hipocresía" de otro, no imagino cuán difícil es para esa persona imaginarse un mundo en el cual haya más y peores contradicciones que ésta. Condenamos la contradicción, como si no hubiese duda de que ésta no puede tener lugar entre nosotros, no le damos posibilidad alguna a ello, nos sumergimos ante la farsa de un mundo verdadero y no-contradictorio, cuando lo que encontramos en lo real es erosión de la verdad y contradicción, lo cual se vuelve para muchos insoportable, porque les quita la seguridad que siempre tuvieron sobre el universo y les quita responsabilidad sobre sí mismos para responder de forma activa, pero en lugar de ello, se excusan con que debe haber una verdad, ¿sino qué sentido tiene vivir? Así piensa quien no encuentra por su cuenta una razón para vivir más allá de la contradicción, la erosión de la verdad y el constante devenir.
La importancia de un enfoque distinto
Al basar el enfoque de la hipocresía sobre el olvido de la convencionalidad de la verdad, es necesario plantearse otro. Considero que lo importante no es marcar una hipocresía, si hay un problema, sino reconocer hasta qué punto una cosa es verdadera y en qué grado lo es, no se trata de denunciar la mentira, sino devaluar el concepto de verdad. Cuando alguien actúa de una forma contraria a su propio discurso, no significa que hay una verdadera forma de actuar y un discurso falso, o viceversa, esa necesidad de una verdad establece una idea moralizante de la verdad y la mentira, la cual no permite la existencia de la contradicción; siendo la contradicción un producto de establecer conceptos convencionalmente contrarios, olvidarnos de esa convención nos lleva a creer de forma vinculante que la contradicción no puede darse nunca, entonces tenemos ese impulso de "buscar la verdad" mediante una idea previa amasada que dicta que ante una contradicción hay una necesidad de encontrar una verdad y denunciar una mentira, cuando en lo real no hay tal necesidad de una ni de otra. Nos empeñamos en buscar verdades irrefutables, cuando en el mundo del hombre no hay nada irrefutable, salvo el error propio del hombre, que una idea sea irrefutable no la hace verdadera, la hace irrefutable, ¿y qué es el hecho de que algo sea irrefutable? Sino el error irrefutable de la vanidad. Por tanto, ¿qué lleva a los hombres a buscar la verdad? No es una denuncia de la hipocresía en un mundo donde la farsa, la mentira, el engaño y el encubrimiento son corrientes, sino mostrar el error mismo de tal pretención de buscar la verdad sin un fin práctico y concreto.
Nota de apartado:
El concepto "hipócrita" lleva consigo una importante carga moral, y establece la necesidad de una verdad respecto de una falsedad entre discurso y conducta de la otra persona a la cual estaríamos juzgando:
-En el primer caso, si la persona comparte el mismo discurso moral que uno, lógicamente se opta por considerar verdadero el discurso (siendo muy difícil admitir que la moral propia no es verdadera) y por tanto, falsa la persona en su conducta. Esta apreciación, además de ser harta vanidosa, nos lleva a considerar una necesidad de verdad en un discurso, siendo el discurso una convención, y cada convención lleva consigo su propia configuración de público selecto, a veces más amplia como el idioma y a veces más reducida o hasta hermética, como un código de conducta de un grupo de personas reducido o una hermandad; la convención es verdadera sólo dentro de la convención, es decir, no tiene ninguna verdad intrínseca o universal. Pretender que algo que se represente en lo humano funcione fuera del mundo humano es absurdo.
-En el segundo caso, se puede tomar otra perspectiva con el ejemplo anterior, su verdadera conducta denota la falsedad en su discurso, por tanto, establecemos que su moralidad es errada. La cuestión se torna interesante cuando nos preguntamos "¿Por qué diablos su moralidad es errada, porque es distinta de la nuestra?", si de todas formas en el caso anterior, al compartir los mismos valores morales se criticaba al accionar como el falso frente a una supuesta "moralidad verdadera", si su moralidad no es verdadera, ¿por qué establecemos que es errada si no es verdadero el discurso? Justamente, porque no es la nuestra. Si la conducta es la verdadera, su moralidad es errada, de modo que, en cualquiera de los dos casos, la persona adicta a denunciar hipocresías se deja sumergir por esa borrachera de poder que eventualmente lo hace sentir un poco mejor y hace su vida algo más llevadero, es decir, alguien que pretende su moralidad como la única aceptable, es quien no es capaz de superar sus propias cargas para lograr un tipo de estar mejor, por tanto, necesita sentirse mejor pensando que todos deberían bajar hasta su propio terreno.
Si el accionar de la persona juzgada es el verdadero, se establece que su discurso moral es errado, no que simplemente es distinto. Otra prueba de la vanidad del ser humano promedio. Si la otra persona no posee una moralidad verdadera, ¿por qué la de uno necesariamente la es? De ser la moralidad propia la verdadera, todas las demás moralidades serían falsas, ya que no es posible considerar conceptos antagónicos o contradictorios como irreconciliables o independientes, puesto que ambos dependen del ser humano como factor más visible; por tanto la denuncia de la hipocresía no sale sino, de la consideración previa de la moralidad propia como verdadera y universal. También hay que considerar el hecho de que al devaluar la verdad, la falsedad queda devaluada por contra-partida, ya que para que haya algo falso, necesitamos negar lo verdadero; si la moralidad verdadera es devaluada, también lo es la moralidad "errada" o falsa que mencionamos antes. La falta que tenemos de aceptación de algo tan simple y tan difícil a la vez, constituye uno de los problemas que giran en torno a la manía por etiquetar hipocresías. El hecho de que haya moralidades diferentes no constituye una opción para muchos, para ellos no cabe la posibilidad de que una persona haga las cosas de forma diferente a uno, es decir, aceptar que existe lo otro.
Pero por otra parte, toda moral se constituye a partir de lo conveniente, ya que lo "conveniente" varía según la consideración propia de la persona, cada una de las ideas morales es producto de lo que la persona considera que mejor le va a servir para un fin X. Incluso quienes se jactan de tener una moral desinteresada no son honestos completamente con ellos mismos, buscar ganarse el cielo también es interesado, al igual que buscar "acercarse a Dios", así como aquel que juzgamos de burdo e interesado por perseguir un fin "material". En ambos casos la constitución de una moral se da por lo que la persona considera mejor para sí seguir. Entonces, podemos volver a la misma pregunta que hice anteriormente, ¿para qué una persona denuncia una hipocresía? ¿Para qué una persona actúa de forma que otro la pueda criticar de hipócrita? ¿De dónde surge ese impulso por la verdad, que muchas veces se jacta de ser "desinteresado"? En ambos casos el denominador común engloba la tercer pregunta: el sentimiento de poder que en ambos casos se experimenta, aunque sea una voluntad pasiva por la imposibilidad de llevarla a cabo activamente, la borrachera de poder funciona también para el fulano llamado "hipócrita" tanto como aquel que llama hipócrita a otro, y así podemos encontrar muchas fallas en los debates contemporáneos, ya que muchos dicen lo que quieren o lo defienden con lo que no creen y no quieren, ¿y por qué ocurre esto? Volvemos a lo mismo, el poder que la palabra "verdad" genera consigo.
Lucas Cianfagna.-

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