miércoles, 30 de diciembre de 2015

Consideraciones sobre el peronismo y la verdad devaluada



"¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas, poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal." 
Friedrich Nietzsche



Con esta frase podemos empezar a plantear la necesidad de adquirir un enfoque actualizado sobre el entendimiento de nuestra historia y de forma tal, que podamos poner en juicio los conceptos que hasta ahora hemos considerado inmutables y perfectos, lo cual resulta algo pretencioso y vano, debido a que los seres humanos no somos ni una cosa, ni la otra. Esta definición de verdad conviene retomarla aplicada a una época determinada de nuestra historia desde donde se remonta y donde aún al día de hoy, nos viene faltando definir: el peronismo.
En la Argentina, una gran parte -por no decir- el 95% de los argentinos, se considera peronista o adhiere al pensamiento peronista, que en realidad es justicialista, ya que la doctrina no se llama peronismo, peronismo es sólo el período de gobierno de Juan Domingo Perón. Por más que alguien gobierne utilizando o diciendo utilizar sus banderas políticas, no sería considerado peronismo por el simple hecho de que Perón no está gobernando, el justicialismo al que muchos adhieren, por razones familiares, estudio de la historia, política, o bien, por conveniencia (como es el caso de los dirigentes, gobernantes y otras autoridades), en la inmensa mayoría de los casos, se tiene poca comprensión del sentido político de Perón, y más aún se tiene una vaga idea de lo que significa ser realista, pragmático o tener cintura política. Perón tuvo todo lo que tiene que tener una persona -teniendo en cuenta las necesidades actuales- para ser considerado un estadista: capacidad de síntesis, conducción y planificación, lo cual no quita que pueda cometer errores en el camino, pero la buena base estuvo, de la cual carecen todos prácticamente hoy.
En vista a las necesidades nacionales de poner el país en marcha, se vio obligado a acoger a los sectores que no tenían posibilidades de producir, siendo él militar, debía encarnar un modo de hacer política que tenga que ver con la persuación, de hecho, comprendió la forma de hacer política moderna de la manera más maquiavélica posible, lo cual fue indispensable, aplicando el sentido práctico, y logrando el acercamiento por parte de dichos sectores que tenían mucha desconfianza hacia los militares, teniendo sus razones. El objetivo de Perón para la Argentina era incluír productivamente a sectores terriblemente postergados, para ello se valió de hablarles directamente, y por supuesto, se vio en la necesidad de ajustar su lenguaje a la media de ese sector, razón por la cual los símbolos creados en la práctica justicialista son símbolos que fácilmente pueden ser difundidos y tomados por personas de cualquier sector social, esto es, bajar su discurso al idioma de la masa, de la muchedumbre, para organizarla y lograr solidaridad y cooperación de su parte. Retomando la definición de verdad antes proporcionada, podemos indicar que los símbolos, las usanzas y las adjetivaciones de dicha época no servían más que para dicha época, o mejor dicho, los términos "gorila", "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista" (sacado de la escuela de cadetes), "5x1, no va a quedar ninguno", caracterizó una época determinada en la cual se definía un modelo de país en contraposición al otro. Al retorno de Perón desde el exilio luego de 17 años, esas palabras y esos insultos políticos que se habían creado, él los abandonó, porque su misión de instaurar un pensar diferente ya lo logró antes, pero había una nueva necesidad, que fue la de crear un proyecto nacional que sintetizara todo el pensamiento argentino en algo superior, de ahí la consigna se actualizó y mejoró "para un argentino, no puede haber nada mejor que otro argentino", y al quedar ese Proyecto Nacional inconcluso, nos quedó pendiente terminar dicho legado, con el objetivo de avanzar y traer una sociedad mejor, una comunidad superior, que pueda ver más allá de cadenas pasadas como "gorilas o peronchos", "populismo o republiqueta". La crisis de la Argentina respecto a su forma de pensar tan binaria y chata es lo que produce fenómenos que vemos como divisorios, y por supuesto, nunca falta la maliciosa voluntad de la clase dirigente que lo usa a su propio beneficio, con fines asquerosos. La definición de verdad nos proporciona una visión de comprensión histórica y de génesis sobre los problemas, la cual nos falta y nos urge tener, para poder determinar qué cosas son necesarias y qué otras no lo son y hasta son un impedimento para adaptarse, esto es, la terminología, el comportamiento y los conceptos dentro del peronismo, son verdades que perdieron su troquelado como las monedas las cuales ahora no son más que metal. La banalización del justicialismo y reducción al "choripán", al lío, a la movilización sin objetivos claros constituye en muchos dirigentes lo que sería un disfraz de corderos. Ellos critican a los que siguen la doctrina sin comportarse de dicha manera, los llaman "gorilas afeitados", "chetos", cuando en realidad no he visto dirigentes que por más comportamiento popular que tengan anden con su billetera delgada, y sino más, nunca he visto a Perón comportarse como se comportan los actuales dirigentes, a lo que me refiero, es a la falta de comprensión histórica y falta de estudio sobre el tema libre de pre-conceptos, lo que provoca que todo se vuelva tan extremo y fanático que parece que, para ser peronista se deba competir para ver quién es más "pueblo", lo cual es una idiotez, Perón nunca practicó eso, simplemente les hablaba ajustando y devaluando su lenguaje para que la masa lo entendiera. Un hombre como Perón con aspiraciones grandes y de las más nobles no se le puede reducir a ello, le estaríamos faltando el respeto.
Es por ello que una actualización del justicialismo para una reconstrucción de un movimiento nacional es necesaria para conseguir una transformación total de nuestra sociedad y nuestra concepción de la misma. La libertad del hombre nuevo amerita, al igual que lo hizo Perón, limitarse a organizar, pero nunca a contentarse con los placeres de la manada. Perón fue un gran luchador contra el exitismo burgués y plasmó un pensamiento de vista hacia el porvenir y trató de plasmarlo en todos los sectores sociales, cuando lamentablemente hemos reducido una doctrina tan eficaz al aumento de salario, paritarias y convenios colectivos como la más grande aspiración. Nuestra clase dirigente es tan vulgar y vanidosa como lo es un simple ladrón de mercado, con la diferencia de que poseen medios para no tener que realizar sus mismas prácticas, y eso se debe al esquema burgués exitista de sociedad del momento inmediato, donde no hay más aspiraciones que tener un mejor sueldo. Transpolar ese esquema banal al justicialismo debería ser condenado por una buena parte de sus adherentes, sino es por todos.
El hombre libre lo reclama, reclama esta personalización del justicialismo, esta aristocratización para lograr un justicialismo que no dependa siempre de una sóla figura, sino que por su propia disciplina logre los cometidos que ha logrado sólo con Perón, las veces que lo necesite. Una comunidad organizada no se puede dar en un marco de esclavitud de espíritu y de conciencia, las ataduras y dogmas pasados no son para los nobles, son para los corderos; los lobos y las aves rapaces son las únicas que se pueden dar el lujo de criticar hasta lo que ellos mismos piensan con el fin de elevarse, para traer un nuevo valor, un nuevo concepto y poder guiar y dar la herramienta para pensar, ellos al romper con la vulgaridad de la muchedumbre, son los auténticos inmorales, aquellos que reciben la reprobación de los resentidos y el aplauso de quienes realmente quieren avanzar y dejar atrás los formalismos estúpidos para alcanzar la verdadera libertad de espíritu.

Lucas Cianfagna.-

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