miércoles, 30 de diciembre de 2015

Justicia: Un concepto de nobles



Desde la antigua Grecia que podemos encontrar el origen de nuestros conceptos, nuestros términos y etimologías, más allá de su origen en el latín, éste claramente tuvo su razón de ser gracias a la previa valoración griega de las cosas. Los conceptos que hoy vemos reflejados en el resumen de valores los cuales muchas veces tendemos a defender a capa y espada -aunque sea sólo de palabra- tienen un origen griego, pero aún así, no basta con saber esto, sino también saber desde qué perspectiva el griego ha hecho de los valores de nuestra civilización, un modelo a seguir.

Claramente la valoración clásica no empezó sino en el período presocrático, cuando los nobles designaban las cosas según su propia voluntad y su propia perspectiva de lo que cada cosa significaba. Tal es así, que valores como "bueno", "verdadero", "justo" no podía derivar sino de la aristocracia griega. El sentimiento de nobleza y de vitalidad, que no reparaba en abstracciones innecesarias, sino en la propia realidad que ellos interpretaban y de esa forma, tenían la excelencia de brindar significados a las cosas y nombres que durante el correr de la historia se ha apropiado el más vil resentimiento y se le ha transvalorado de tal forma que hoy nos resulta una idea difusa definir tales valores sino por la utilidad propia, de nuestro sector social, o como bien solemos llamar "moral". El carácter utilitario de la consideración de valores sólo es dada por los sectores más bajos de la sociedad, los cuales necesitan una justificación de su propia impotencia, por tal, han llamado -por ejemplo- "justo" a todo lo que derive de su condición, lo mediocre, lo bajo, lo que no se adapta, lo estéril, lo espiritualmente vengativo, lo rencoroso, lo impotente; en aras de alcanzar una nobleza inventada, que de noble no tiene nada, por considerarse "los únicos justos", de hecho, se puede ver este esquema bien detallado en los ejemplos de los populismos que hoy se viven en el continente. Ésto se puede ver muy bien en casos en que la criminalidad avanza, y la justificación de aquellos que cometen crimen es siempre "es lo justo ya que no tengo lo que otros sí", o bien, por contrapartida, quienes se retuercen en su propio morbo de contentarse con el sufrimiento ajeno cuando piden que maten, que torturen, que desmembren a quien lo ha cometido, su respuesta no es distinta "es lo justo ya que me sacó lo que tenía". Casos tan individuales se pueden agravar a situaciones como las que vivimos actualmente en cuanto a la delincuencia y aquellos que realizan la tamaña contradicción llamada "justicia por mano propia", y deciden hasta organizar cuadrillas de linchamientos que se tornan excesivamente violentas y por tanto, conducen muchas veces, a despedazar por error de una persona, a otro que no ha siquiera cometido una infracción.

Hagamos un énfasis en esto, los conceptos y valores que hemos defendido se han transvalorado por las formas más decadentes de los mismos, ¿se podría entonces, decir que es viable seguir adelante en este esquema? Por supuesto que no, ya que lo que todos estaríamos de acuerdo es en evitar previamente el delito, la falta o la infracción, pero la pereza intelectual del hombre promedio sólo se contenta con debatir posibles remedios, en lugar de buscar una prevención a la enfermedad que azota a una comunidad. La valoración de la justicia de parte de los sectores dirigidos en la sociedad sólo genera estadíos de una humanidad anterior donde su más bruto salvajismo se expresa como medio de comunicarse y exclamar por que su pérdida sea pagada, pero el pago exigente es el de la vida del malhechor, como si la valoración se pueda dar en términos lógico-matemáticos, ¿quién puede sino la persona más vulgar tomar valoraciones en concepto a lo que le puede otorgar precio? Estos casos son comparables a los de un animal de circo que ha sufrido el maltrato durante mucho tiempo de parte de los domadores, y tras el descuido de éstos, encuentra un buen día la jaula abierta, ¿creen que el sentimiento que emana de ese rugido es de justicia? Existe también la obsesión por considerar el lado rousseauniano de la justicia, y considerar que ésta es estéril e imposible de poner en práctica, debido a que la sociedad misma es la que corrompe al individuo naturalmente bueno. Curiosamente, esta pretención del "buen salvaje" responde a un incorrecto y falaz análisis antropológico de las sociedades más primitivas, considerándolas "naturales" y "puras", cuando no son ni una cosa ni la otra, en términos de Denes Martos, ¿en qué medida una sociedad por ser más primitiva es más o menos natural que una con mayor evolución y experiencia histórica?

Ésto surge de la obsesión con considerar una sociedad de individuos -por tanto iguales entre ellos- y no de personas, es por ello que contamos con un sistema judicial totalmente despersonalizado y desprovisto de valor como para establecer una ley, una consideración real y una acción concreta sobre los delitos y contravenciones. Se hace urgente establecer una escala de valores que vuelva a surgir del más noble ideal y del más noble sentimiento, el verdadero creador de valores, más allá de toda utilidad y de toda racionalidad enfermiza, una justicia que establezca penas claras y busque la corrección, pero al mismo tiempo la prevención del delito. Si hay un punto en que los más extremistas abolicionistas o linchadores estarían de acuerdo sería en el accionar previo de una comunidad bien organizada que evite la menor cantidad de posibilidades de que se desaten hechos delictivos.

Sólo en el marco de una justicia realmente personalista se logra establecer una igualdad posible emanada de quienes establecen la dirección a seguir, como un derecho ante la ley, y es de esta forma en que se puede obtener un criterio más allá de moralidades utilitarias para establecer un sistema de penas, al fin y al cabo lo que se busca es que haya mayor paz social, y no mayor conflicto, como es que se está dando actualmente por desgracia. Una justicia sólo puede ser entendida en términos aristocráticos, de forma tal, que recuperemos la valoración más real que se le pueda dar a tal concepto, en virtud de una excelencia que caracterice un buen grupo dirigente, quitar el carácter individual de la justicia es lo que le dará el estatus necesario para actuar con determinación y creatividad ante la infinidad de conflictos que puedan presentarse a resolver.



Lucas Cianfagna.-

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