mi茅rcoles, 30 de noviembre de 2016

Del reino de Melusina al Reino de la Soberan铆a


"Lo que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar en lo colectivo." Juan D. Per贸n

En base al t铆tulo, me propongo tratar algunas cuestiones fundamentales que conciernen al orden pol铆tico, y a las imperfecciones que hoy d铆a se viven en dicho 谩mbito. Aquello que me propongo a tratar concierne a tres cosas: por un lado, el famoso "problema de egos" que se vive en la dirigencia pol铆tica dentro de un partido que podr铆a ser aquello que llevara a la imposibilidad de concretar un liderazgo marcado; por otra parte, hacer referencia a la famosa noci贸n del "pathos de la distancia", a modo de entender que tiene un significado m谩s pr谩ctico de lo que parece; y por 煤ltimo referirme al concepto de Soberan铆a para tratar de entender de qu茅 se habla cuando se refiere a esto.

En cuanto al repetido fen贸meno de la "guerra de egos" que conciernen a lo pol铆tico, hay varios errores con los cuales se pretende abordar el problema. En primer lugar, se concibe la lucha por el ego como algo igual a la exaltaci贸n de personalidad individual, lo cual es un error tremendo. Continuando como en una ecuaci贸n matem谩tica, el error se arrastra, y luego de confundir las dos nociones anteriores, se pasa a concluir que la soluci贸n es mayor democracia, a lo cual se agrega la supuesta necesidad de que la persona que dirija el espacio sea alguien igual a quienes lo apoyan. Nada m谩s infantil que esto, ya que pretender que un liderazgo es bueno por constituir un anonimato administrativo y ser parecido "a los que apoyan" es ya rozar con la idiotez y la brutalidad. El hecho de que se engrandezca las personas que pasan desapercibidas y que gobiernan "con humildad", es una forma de decir "cualquier Fulano puede conducir un espacio, basta que sea igual a todo el resto", para lo cual, se genera instant谩neamente el problema que se busca combatir "Yo tambi茅n quiero echar los dados, y ver si puedo ser tan igual como los dem谩s y poder al fin conducir", y as铆 comienza verdaderamente la "guerra de egos", lo cual de ninguna manera ocurre cuando el liderazgo posee una formaci贸n en car谩cter, principios, experiencia y conocimiento, ya que al ser tal, no es reconocido como un igual, sino como alguien que ve m谩s all谩 del resto, que logra ponerse por encima. Esto viene a cuento con la f谩bula de Goethe que he citado en el t铆tulo, de la misma manera que Per贸n lo hiciera en el a帽o 1949 en aquel famoso Congreso de Filosof铆a en Mendoza; en esta f谩bula, Melusina invita a un desgraciado a reducir su tama帽o y acompa帽arla al reino de los enanos, donde 茅l ser铆a rey, tendr铆a riquezas y ser铆a venerado, pero claro, s贸lo entre enanos. El resultado es que aquel hombre que hab铆a aceptado al principio, comienza a a帽orar su altura originaria, sabe que por m谩s autoridad que tenga en ese reino, nunca tendr铆a la altura que ten铆a anteriormente, lo cual nos recuerda bastante bien que no es de liderazgos "iguales a la gente" los que engrandecen a dicha gente, sino que por el contrario, es el liderazgo y la autoridad rebajada, mientras que en un liderazgo cuya tendencia sea ascendente, hace participar a los gobernados de un ascender semejante y acorde a cada uno. Por tanto, la guerra de egos no es producto de un liderazgo personalizado y cuya individualidad engendre nuevas individualidades, sino que es incluso la soluci贸n a dicho problema, ya que la guerra de egos no ocurre sino por falta de aquel liderazgo distinguido que pueda conducir de una manera superior.

En este conducir de forma superadora, tiene que ver mucho aquella noci贸n conocida como el "pathos de la distancia", lo cual muchas veces es confundida con establecer del liderazgo un hermetismo casi del estilo azteka con Quetzalcoatl. La noci贸n de Nietzsche por supuesto que no deja de tener aquel sesgo aristocr谩tico, pero es all铆 donde se suele confundir aristocracia con oligarqu铆a, ya que no se trata de apoyar los lujos desenfrenados en un l铆der ni justificar modos de vida extremadamente ex贸ticos, aquello es m谩s propio de reg铆menes con tendencia olig谩rquica, los ha habido de izquierda y de derecha, ning煤n espectro pol铆tico est谩 exento. Ahora bien, se trata en cambio de marcar una diferencia respecto a la forma de manejarse, puesto que no debe ser alguien que repita est谩ndares de conducta de la poblaci贸n, sino que los eleve, en esto es clave el arquetipo, y la b煤squeda del ejemplo. Con ello no debe entenderse el otro extremo el cual afirma que s贸lo es un buen gobernante aquel que vive pr谩cticamente en una choza construida con sus manos y que renuncia a todo sueldo, tal es otra muestra de infantilismo a la hora de analizar algo tan importante como el arte de conducir y c贸mo se debe presentar un conductor. De nada sirve que un gobernante viva pobre, si otro tanto de la poblaci贸n lo hace tambi茅n pero de forma no elegida por ellos, lo cual es hasta cierto punto una tomada de pelo, puesto que las necesidades de la poblaci贸n que sufre pobreza no se ver谩n cubiertas porque el gobernante renuncie a sus bienes, all铆 la virtud real parte de la efectividad de conducir, y no precisamente en "redondear para abajo", la idea es elevar las formas de vida y multiplicar las perspectivas de c贸mo vivir, no ser orgullosamente despose铆dos. Esta actitud de diferenciaci贸n de un conductor no hace venir a menos a quienes lo siguen, puesto que si es efectivo en su labor de conducir, va a poder volver a sus seguidores tan dignos de ser gobernados como lo es el gobernante al ejercer; por otra parte existe otro aspecto positivo en esto, y es que precisamente aquello que se habl贸 antes, la guerra de egos, es aplacada por una autoridad profundamente fundada en un principio, lo cual tambi茅n producir谩 las reacciones consecuentes de un grupo que no quiere ceder privilegios mal-habidos, es entonces para lo que uno se tiene que preparar tambi茅n si quiere conducir. Combatir las tendencias oligarquizadoras es fundamental para establecer un orden equilibrado, que el fundamento sea la virtud y el sentido de libertad y justicia, nunca el capricho mezquino.

Resulta sumamente importante retomar la cuesti贸n de la Soberan铆a, ya que en los aniversarios de la gloriosa gesta de Vuelta de Obligado, se suele entender este concepto como la defensa del territorio nacional, lo cual es err贸neo. La Soberan铆a no tiene que ver con cuestiones dependientes de factores materiales como lo es lo geogr谩fico, lo natalicio, la clase, ni siquiera el demos, muy con el pesar de los rousseaunianos, sino que la Soberan铆a refiere a la justificaci贸n de la Autoridad basada en un principio independiente. La Soberan铆a como tal, es un principio ascendente, de ninguna manera va a depender su definici贸n de los condicionamientos materiales y f铆sicos, contingentes, sino de su propia justificaci贸n, por supuesto que se encarna en un medio f铆sico y material, ah铆 es cuando substancialmente existe lo que se conoce como una autoridad soberana. La Soberan铆a se relaciona con un principio fundamental que vale no s贸lo incluso, sino sobre todo en la conducci贸n, que es el principio de libertad, entendida como aquella fuerza positiva capaz de doblegar los condicionamientos recibidos, superar obst谩culos, es una virtud que est谩 absolutamente ligada a la vitalidad, a la vida y su ejercicio; a su vez que la vida queda fuertemente ligada al ejercicio pol铆tico, debido a que como se dijo, "donde hay vida hay voluntad de poder", de manera en que no podemos persistir en un esquema existente en donde la vida es reducida a la mera reproducci贸n biol贸gica y de placeres, aquello debe ser organizado en aras de dar un sentido mayor, y all铆 es donde entra la pol铆tica en su sentido m谩s pleno. Aquella Soberan铆a tiene un fundamento concreto cuando se da a partir de una conducci贸n que practique el sentido de libertad, lo cual nos hace volver a la f谩bula de la Melusina, puesto que su autoridad estaba fundada de manera err贸nea sobre algo que volv铆a impotente a quien acced铆a a ella, es decir, la autoridad se fundaba sobre la renuncia de la propia voluntad, a lo cual se refer铆a el poeta Victor Hugo cuando afirmaba que "la autoridad de arriba (la verdadera) pierde todo cuando gana la autoridad de abajo (la falsa)", y a lo cual el mismo Per贸n habiendo citado esto, agrega m谩s adelante "Una suma de ceros es cero siempre, una jerarquizaci贸n estructurada sobre la abdicaci贸n personal, es productiva s贸lo para aquellas formas de vida en que se producen asociados el materialismo m谩s intolerante, la deificaci贸n del Estado, el Estado Mito y una secreta e inconfesada vocaci贸n de despotismo". Esto deja ver de manera contundente a lo que se apunta, aquella falsa autoridad, fundada en la impotencia, es aquella que no s贸lo funda una soberan铆a ficticia, sino que conduce al resto a una disoluci贸n total, es aquella soberan铆a que se funda con una voluntad de destruir las libertades, por m谩s "asamble铆stas" y "populares" que se digan, aquella vocaci贸n de despotismo nace con la falta de voluntad propia, en consecuencia, se la quiere llevar a escalas m谩s grandes, lo cual se traduce en "Si yo no puedo darme libertad, ¡nadie m谩s deber铆a tampoco!".

Lucas Cianfagna.-

lunes, 21 de noviembre de 2016

Genealog铆a ontol贸gica: subjetividad y libertad


"S贸lo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada d铆a." Fausto.-

El proceso por el cual la subjetividad se ha construido en el Occidente Moderno es harto complejo, del cual Foucault ha tratado de establecer la sucesi贸n de discontinuidades -como le gusta llamar- que explican de alguna manera la construcci贸n de subjetividad en las pr谩cticas sobre uno mismo. En estas pr谩cticas, Foucault ha demostrado entre otras cosas, que que aquellos valores hel茅nicos que en sus comienzos ten铆an que ver con la tradici贸n socr谩tico-plat贸nica de gnothi seauton y de ocupasi贸n de s铆 que hab谩n comenzado como una afirmaci贸n de s铆, una definici贸n de s铆 a partir de reconocerse parte de la naturaleza, que le es heredada, y que por tanto, tiene la voluntad de constituir verdad a partr de la participaci贸n en la realidad; hab铆an terminado por volcarse hacia algo opuesto que de alguna manera pretend铆a sostener la misma base incurriendo en una contradicci贸n de base, que tiene que ver con la auto-renuncia de s铆, negaci贸n de s铆, y hasta el sacrificio s铆. En esto se refiere al per铆odo entre el cristianismo primitivo, luego las pr谩cticas mon谩sticas y por fin la constituci贸n moderna de subjetividad que busca auto-negarse, lo lleva a una conclusi贸n de que se ha elegido perderse ante corrientes fatales y pasivas.

En una circunstancia recuerdo en una reuni贸n p煤blica, a un Fulano que dec铆a promover y querer hacer resurgir la amplia aceptaci贸n de la escuela tomista, alegando que "el realismo parte de la realidad, y que la realidad parte de Dios, no de los hombres". M谩s all谩 de mi carcajada mezclada con verg眉enza ajena, no es un tema menor el de la escuela tomista y su influencia sobre la construcci贸n de subjetividad, sobre todo desde el 谩mbito de la reflexi贸n ontol贸gica, lo tragi-c贸mico ser铆a entonces ver qu茅 papel ocupa respecto de aquello que parec铆a haber desplazado a dicha escuela, es decir, aquellas escuelas que desplazaron el tomismo. Veamos, en primer lugar existe de parte del tomismo una preocupaci贸n por diferenciar esencia de existencia, lo cual ya conlleva un error de base en cuanto a reivindicaci贸n de una filosof铆a sobre Arist贸teles, puesto que para el fil贸sofo tal distinci贸n no tiene sentido alguno, ya que por ejemplo, la potencia y el acto se justifican desde la materia hacia lo inmaterial, mientras que el tomismo considera la potencia como una pre-existencia esencial individualizada, y a su vez, esa individualidad es sostenida por Arist贸teles s贸lo en el 谩mbito de la materia. En segundo lugar, la existencia es brindada 煤nica y exclusivamente por Dios, pero la esencia se define tambi茅n a partir de Dios, con lo que -y esto es muy bien explicado por Evola- termina siendo tal distinci贸n una cuesti贸n de definici贸n a partir de lo que se nombra y respecto a qu茅 se nombra, lo que significa que no conforme a intentar dar una distinci贸n que para el mismo Arist贸teles era absurda, sino que incluso esa distinci贸n no apunta sino a justificar una misma cosa. En tercer lugar, la contradicci贸n establecida entre las Sagradas Escrituras y la filosof铆a de Arist贸teles, tratando de conciliar ambas, por ejemplo, cuando se comprende la contingencia y distinci贸n s贸lo en el 谩mbito material (para Arist贸teles) y luego para las escrituras los 谩ngeles y almas desencarnadas que pertenecen a formas puras, terminan siendo sostenidas de manera sutil o en m铆nima relaci贸n a la materia, lo cual para Arist贸teles significar铆a que estos como formas puras pertenecen a las identidades simples, mientras que para las Escrituras, aquello que pertenece de alguna forma al mundo de la materia es mera creaci贸n, lo cual explica la contradicci贸n entre el tomismo y su intento obstinado por conciliar dos tipos filos贸ficos esencialmente diferentes como lo son la teolog铆a cristiana y la filosof铆a aristot茅lica. El tomismo entr贸 as铆 en su propio dilema: o se dedicaban a mantener las antinomias irreconciliables e irracionales de base, pese a todo, o encontrarse superados por la insociabilidad entre fe y raz贸n. Por supuesto que han optado por la primer opci贸n, la reacci贸n de aquel Fulano que presenci茅 lo resume, dejando ver con lo expuesto, que el tomismo no es m谩s que un intento desesperado por racionalizar los dogmas, en lugar de juzgar los dogmas por su racionalidad.
¿Cu谩l ser铆a entonces la relaci贸n entre la escuela tomista y lo que le sigui贸? En primer instancia, este problema de base, los anti-tomistas lo trataron de formular no teniendo 茅xito a pesar del rigor, por todas las calificaciones y acusaciones de herej铆a habidas y por haber, siendo en realidad, la Reforma la que pudo dar el salto cualitativo, no de agrado por supuesto, aunque el camino trazado no fue por ellos, sino que continu贸 siendo hecho por el tomismo, que aunque parezca extra帽o, marcar铆a el proceder positivista del siglo XVIII en adelante e inclusive de los sistemas racionales metaf铆sicos, hacia una metaf铆sica est茅ril. Para explicar esto, hay que volver a mencionar c贸mo se dio el presupuesto del "objeto", el cual a pesar de estar en una posici贸n anti-t茅tica, guardaba la misma coherencia que el "concepto" en la idea racionalista dogm谩tica. El concepto o el objeto equivalen a aquel contraste absoluto entre dos supuestas realidades, marcando la verdadera como aquella donde se encuentra Dios, ahora bien, esa 煤nica conexi贸n con esa realidad verdadera existe s贸lo y 煤nicamente a partir del objeto o el concepto, dependiendo de la escuela. Nuevamente, el hombre se vuelve a plantear como apartado de la realidad, por ende tambi茅n de su conformaci贸n, no siendo m谩s que un instrumento existencial de una realidad que lo ha de superar. Por otro lado, al hacer esto se est谩 disgregando a la persona de toda su integraci贸n, su pensamiento separado de una realidad con la que se relaciona, y luego, de la propia voluntad de interceder en ella, que como dije antes, genera un individuo aislado, con un razonar mutilado y con una impotencia absoluta. El error de base all铆 que se arrastr贸 como si se tratase de un silogismo matem谩tico -yendo a Arist贸teles en serio-, es el de confundir la realidad con una falsedad a priori de la cual no tenemos certeza, mientras que el presupuesto creado por el racionalismo como 煤nico mediador se comprende como aquello que es 煤nicamente verdadero, es decir: la realidad se presume como ilusoria, pero el presupuesto con el que artificialmente me aislo y uso de conexi贸n, es lo verdadero. Este sue帽o dogm谩tico del cual Kant afirma despertar y el empirismo por otro lado, son superados por este autor mediante la fundaci贸n de la escuela germana del Idealismo.
El Idealismo, parte como una rebeli贸n del hombre contra aquella realidad externa que lo quiere resolver de manera anticipada, pero con Kant empieza siendo inicialmente un Idealismo limitado, porque se puede moldear el objeto, pero no la realidad, aquello ya viene dado independientemente de la voluntad. Pero no conforme a eso, se cometen otros dos atropellos a la voluntad humana: por un lado, se considera que lo que se conoce pertenece puramente a lo emp铆rico o sensorial, mientras que lo noum茅nico o 谩mbito metaf铆sico es s贸lo pensable, y por otro lado, plantear el "en s铆" que constituye la gran impotencia de conocer admitida por Kant, de lo cual s贸lo tenemos pista nuevamente por el objeto. Fichte va a tratar de conciliar ambos planos, estableciendo que la consciencia no tiene justificaci贸n externa, tratando de brindar una cuota de libertad al asunto, e incluso brindando una nueva justificaci贸n de la subjetividad a partir de la interacci贸n, el problema, es que aquello iba a estar dirimido en 煤ltima instancia por aquello que iba a sintetizar la interacci贸n entre el Yo y el No-Yo, lo cual le iba a dejar el campo abierto a Hegel. El fil贸sofo del Zeitgeist habr铆a propuesto una libertad capaz de conocer de manera metaf铆sica, pero cuya interacci贸n quedar铆a cancelada a partir de entender la sucesi贸n de hechos como si poseen una racionalidad propia, lo cual brinda el car谩cter totalmente contemplativo que vendr铆a nuevamente a traicionar el postulado idealista.
Curiosamente, quienes m谩s han sabido proponer un idealismo, criticando el idealismo vigente e intentando hacer otra cosa, fue desde el existencialismo de Kierkegaard y Nietzsche, al poner sobre la mesa la farsa de la metaf铆sica est茅ril constru铆da en relaci贸n con la subjetividad moderna que ha llegado luego de todo lo anterior. Estos autores dieron un radical giro subjetivo hacia la capacidad creadora en base a crear valor, no negando el mundo, ni estableci茅ndose como descubridores de una racionalidad escondida en las cosas, sino entendiendo esta racionalidad como lo que nos lleva a significar las cosas en su proceder ling眉铆stico, lo cual vendr铆a a restituir la integraci贸n del individuo con su realidad en cuanto a la creaci贸n e interacci贸n con la misma, revisando las ra铆ces ontol贸gicas de la moral, de lo absoluto y de la misma teolog铆a como fundante de las filosof铆as seculares. Evola continu贸 este legado yendo algo m谩s lejos en su b煤squeda arqueol贸gica de ra铆ces orientales en la filosof铆a occidental que encontr贸 en gran medida en el Idealismo germ谩nico, y a partir de las cuales, brind贸 su propuesta combinando los elementos esenciales del idealismo sin contaminaci贸n, en conjunto con la cr铆tica existencial y el tantrismo hind煤, re-definiendo la ontolog铆a, as铆 como la forma de entender la filosof铆a y la ciencia misma, que parec铆an distanciadas por estas brechas racionales. En esto, Evola brind贸 un car谩cter positivo a la filosof铆a, tendiente hacia lo activo y la afirmaci贸n, y tambi茅n retomando la vieja e infalible tradici贸n neo-plat贸nica que supo contener los elementos hel茅nicos unificados en una s贸la escuela, principalmente de Plotino, quien supo encuadrar mejor todo ello, y brindando una a煤n implacable actualidad de aquellos preceptos plat贸nicos, los direccion贸 hacia una filosof铆a afirmativa. Explicando el concepto de potencia que hab铆a sido formulado por el Idealismo germ谩nico anteriormente, pero rectific谩ndolo hacia un car谩cter positivo y hasta brindando una gran conciliaci贸n entre la actividad filos贸fica y la ciencia. La definici贸n de potencia refiere a la posibilidad de llevarse a s铆 misma al acto, por tanto no posee una justificaci贸n exterior, y en esto hay una fuerte similitud o semejanza con el concepto de lo Uno de Plotino, de lo cual no se puede hablar sino an谩logamente, porque no puede ser definido m谩s all谩 de su propia demostraci贸n. Con la potencia ocurre lo mismo, aquella no puede ser jutsificada m谩s que en la realizaci贸n propia del acto, es decir, cuando se realiza a s铆 misma, y aquello comprende la fuerte reconciliaci贸n que posee esta filosof铆a afirmativa con respecto a la ciencia, en que al ser la potencia la posibilidad de llevarse al acto a s铆 misma, la pre-existencia de hechos no se explica por m茅todos supersticiosos y delirantes, sino exclusivamente en el car谩cter positivo que tiene la potencia, ya que al demostrarse s贸lo en el acto, siempre se estar谩 hablando de pre-existencia una vez consumado el acto, lo cual no deja espacio para la especulaci贸n ni el chantaje. Aquella posibilidad de concretarse a s铆 misma en acto, define la potencia como una instancia infinita y no menos real, ya que la posibilidad de que algo pase existe desde siempre, con la salvedad de que adquiere un significado substancial cuando por fin se concreta.
Lucas Cianfagna.-

domingo, 13 de noviembre de 2016

Rosas: Autoritas, Imperium y Soberan铆a



"El verdadero fin del Estado: la existencia ol铆mpica y la g茅nesis y preparaci贸n constante del genio, respecto del cual todos los dem谩s hombres s贸lo son instrumentos, medios auxiliares y posibilidades, es descubierto en aquella gran obra y descrito con firmes caracteres por una intuici贸n po茅tica. Plat贸n hundi贸 su mirada en el campo espantosamente devastado de la vida del Estado y adivin贸 la existencia de algo divino en su interior. " Friedrich Nietzsche

Juan Manuel de Rosas fue sin duda un restaurador, ¿pero por qu茅? Se suele resumir todo el bagaje en torno a su tan c茅lebre apodo al simple acto de devolver un orden en una situaci贸n digna de un an谩lisis hobbesiano de bellum omnium contra omnes, donde el caudillismo era la moneda corriente, y los conflictos de tipo econ贸mico parec铆an explicar todo el escenario en que se viv铆a. No obstante esto es insuficiente, y por ello me propongo hacer la correspondiente reivindicaci贸n de la figura de Rosas, pero no de la manera convencional, sino m谩s bien profundizando cuestiones que van m谩s all谩 de lo superficial y de lo repetido hasta el cansancio. As铆 como tambi茅n, a fin de aclarar ciertas cosas que hoy resultan confusas para muchos, sobre todo teniendo exponentes del campo progresista que de alguna forma trata de hacer una reivindicaci贸n, pero brindando las herramientas necesarias, se podr谩 constatar que dicha reivindicaci贸n no es m谩s que absurda y cosm茅tica, y hasta guarda un sentido de usurpaci贸n respecto a reivindicaciones hist贸ricas m谩s grandes, pero eso es para otra ocasi贸n. En cada aniversario de Rosas conviene recordar en qu茅 consisti贸 lo realmente grande de su figura y su arquetipo para la identidad nacional y la cultura en un sentido que va m谩s all谩 de su 茅poca, ya que tiene una clara proyecci贸n hacia el futuro.

Para empezar, podr铆a contestar a la pregunta que formul茅 al principio: ¿por qu茅 Rosas fue un restaurador? Por una raz贸n m谩s que contundente. Lejos de ser un mero restaurador de un orden cualquiera, fue un restaurador de aquella idea org谩nica de ordenamiento fijada en el reconocimiento de una autoritas y de un imperium, que no se proyecta hacia adelante, sino hacia arriba. El fundamento de autoridad reconoc铆a un apoyo popular sin duda, pero aquel no era el centro de la idea, sino m谩s bien la proyecci贸n hacia algo m谩s grande, lo cual se traduce en una autoridad que proporcione aquella organizaci贸n que ubicara a cada grupo social en su respectivo lugar de acci贸n. En la oposici贸n, se encontraba la bestializaci贸n y degradaci贸n humanas a la cual adher铆an las teor铆as progresistas de su 茅poca, que parad贸jicamente -aparente contradicci贸n- suscrib铆an a los intentos brit谩nicos de tergiversaci贸n antropol贸gica racista, que lejos de entender una cultura en su diversidad y sus composiciones propias, la juzgaba de manera biol贸gica, lo cual a煤n tiene su sello por el dominio cultural vigente, en expresiones que pertenecen a la disciplina a la que me aboco: "ciencias sociales", "ciencia pol铆tica", "sociedad y estado", "sociolog铆a", t茅rminos de laboratorio, ¡casi que imagino polit贸logos con bata blanca! En cambio, Rosas ten铆a una concepci贸n totalmente diferente de aquella que entend铆a la sociedad como un conglomerado de seres biol贸gicos en interacci贸n mutua, 茅l no le quitaba bajo ning煤n concepto la dignidad al g茅nero humano, su valor altivo, su nobleza, expres谩ndose de hecho con repulsi贸n y rechazo absoluto a los presupuestos racistas que pretend铆an insultar toda sociedad que no fuera de arquetipo anglosaj贸n. En esta valoraci贸n superior que ten铆a Rosas respecto de la sociedad, entend铆a el fundamento del poder pol铆tico en base a esta dignidad humana, m谩s all谩 de ser seres dedicados al comercio, se encontraban personas provenientes de una cultura y un arraigo com煤n m谩s all谩 de las diferencias entre distintas provincias, aquel origen integrado de un Estado en sentido ascendente como se hab铆a vivido anteriormente. Esta integraci贸n cultural hacia un sentido ascendente del poder en el plano jer谩rquico, y la integraci贸n de la cultura al plano popular fue lo que converg铆a a ser la gran aspiraci贸n de Rosas y por la cual combati贸 hasta la 煤ltima batalla, a pesar de no haber concretado esta idea, su legado y arquetipos est谩n, y aquello es innegable.

En cuanto a la Soberan铆a Nacional, tambi茅n debiera profundizarse sobre tal noci贸n, ya que se entiende la defensa de aquello como simplemente una batalla defendiendo un territorio y un canal de navegaci贸n comercial. Como dijimos antes, esto no es falso, pero es totalmente insuficiente. Veamos, la defensa de la Soberan铆a Nacional no es de ninguna manera una pura defensa territorial, tiene que ver con aquello que vengo mencionando del concepto de autoridad fundada ascendentemente y de la integridad cultural general m谩s all谩 de las particularidades regionales. La soberan铆a, m谩s all谩 de lo territorial, comprende el concepto de autoritas y su fundamento de manera integrada con el reconocimiento en la posibilidad, es decir, en la capacidad de Rosas, en este caso, de ser quien tenga en claro los principios por los cuales se pretende nuclear el conjunto de manera org谩nica tanto horizontal como verticalmente, y aquello se ve expresado en su deseo por establecer la paz entre provincias antes de llamar a un Congreso Constituyente, pero no por eso dejar de reconocer la necesidad de fundar un imperium en su sentido cl谩sico, encarnado en las leyes que de 茅l emanaban. La continuidad en el tiempo de aquel mandato soberano se encontraba en la ley, que lejos de rechazar la noci贸n de constituci贸n como pretenden algunos, peleaba activamente por una, pero no en los meros sentidos naturales y positivos los cuales err贸neamente entraban en puja, sino que en su intenci贸n tambi茅n pretendi贸 integrar ambos aspectos. Por un lado, el derecho natural que proviene de las costumbres y los buenos usos culturales, por otro lado, un aspecto de derecho positivo, donde se redacten con erudici贸n las leyes y atendiendo a los puntos de pericia y tecnicismos propios de la disciplina jur铆dica; por otra parte, hab铆a un tercer elemento que es la fundaci贸n de la autoridad de la ley en un principio supremo respecto de las mismas leyes. Todo aquello se vio no obstante expresado en la constituci贸n de 1853, y contin煤a hoy en nuestra actual constituci贸n, pero de manera err贸nea e imperfecta, la desactualizaci贸n y ambig眉edad propios de una constituci贸n de car谩cter liberal y decimon贸nica con arreglos de siglo XXI, pero cuya estructura que acabo de describir no tiene por qu茅 ser modificada en esencia, sino m谩s bien en su contenido para alcanzar aquel anhelo del Restaurador.

Culturalmente Rosas es fuertemente combatido por sectores de una supuesta "derecha" liberal, y por otro lado, la amplia izquierda que se expresa en socialismos reciclados y tendencias troskistas, las cuales presentan mayores afinidades con aquellos preceptos que ofrec铆an las fuerzas del "progreso" y las "luces", hoy tan s贸lo se diferencian entre ellos por aspectos puramente ideol贸gicos, pero en lo fundamental se encuadran todos bajo el mismo rechazo. Ahora bien, existe una supuesta reivindicaci贸n progresista que tiene que ver con el ambiente intelectual de los gobiernos que fueron kirchneristas. En tal ambiente, se reduce a Rosas a una mera reivindicaci贸n accesoria hecha por Per贸n, la cual si bien reconozco como v谩lida, pero hecha por estos sectores progresistas de manera desvirtuada y hasta como dije, en forma de usurpaci贸n, ya que la concepci贸n defendida por dichos sectores no comulga en absoluto con aquella que Rosas defendi贸; esto mismo se vio con autores como Arturo Jauretche y Ra煤l Scalabrini Ortiz, a los cuales pretenden barnizar con una izquierda que nunca tuvieron, no comprendiendo sus ra铆ces filos贸ficas, ni mucho menos el contexto en el que debat铆an, tratando de forzar una burda e insultante comparaci贸n de aquellas 茅pocas con las actuales, intentando poner en un mismo plano al gobierno con aquellas reivindicaciones hist贸ricas, lo cual produce como resultado, que personas ajenas al pasado gobierno sientan rechazo por tales reivindicaciones sin siquiera conocerlas. Esta inclinaci贸n progresista que trat贸 de tomar a Rosas, intenta hacer una reconciliaci贸n de dos elementos irreconciliables, por un lado, el economicismo sociol贸gico y cultural de Gramsci, y luego, la idea de Soberan铆a Nacional defendida por Rosas pero mal entendida. Sin mencionar los aspectos de Rosas obviados por estos sectores, como el de una autoridad soberana nucleada de forma org谩nica y una ley central que nucleara las peque帽as constituciones provinciales, ideas que iban m谩s en favor de un Estado como el que dirig铆a Bismarck, a quien Rosas expres贸 su admiraci贸n y su adhesi贸n a la forma organizativa y esquema legal el cual el Canciller alem谩n hab铆a dado a su imperio, ambos en total desacuerdo con los intentos disolutivos que presentaban las supuestas alternativas al liberalismo.

En la realidad el federalismo contin煤a siendo tan imperfecto como lo fue antes del surgimiento de la figura de Juan Manuel de Rosas, como tambi茅n lo fue defendido por los infames movimientos disolutivos como lo fue el urquizismo y aquel "Libres del Sur", que representaba un caudillismo en el peor sentido de la palabra. Con esto podemos arribar a otro aspecto malentendido de Rosas, que es el caudillismo. El caudillismo no era particular de Rosas, sino que propiamente era el escenario que reinaba toda la conflictiva situaci贸n vivida por las "Provincias Unidas del R铆o de la Plata", calificativo disolutivo si los hay, puesto que no hay una composici贸n nacional y estatal de manera integral, sino m谩s bien un conjunto de provincias que se unen por beneficios econ贸micos, lo cual deriva en un inmenso conflicto cuando esos beneficios entran en tensi贸n, como naturalmente ocurri贸. Pero profundizando en esta revisi贸n, el caudillismo del que es acusado Rosas no s贸lo es injusto, sino que incluso es incorrecto. Veamos, el intento de Rosas era precisamente el contrario, restaurar la paz entre provincias, pero a su vez generando un fundamento de naci贸n que fuera m谩s all谩 de las voluntades provinciales, incluso ha sido 茅l mismo que no se reconoc铆a como partidario del federalismo sino como un medio para lograr un fin mayor que es el de una naci贸n integrada de manera real y no meramente legal como se pretend铆a, con las arbitrariedades que pretend铆an negociar aquellos caudillos separatistas y la autoridad porte帽a que s贸lo pensaba en funci贸n de los negocios aduaneros. Es precisamente un caudillo (Urquiza) el que derroca a Rosas, y m谩s a煤n, defendiendo dicha posici贸n caudillista es como pacta de manera tragi-c贸mica el traspaso de poder al mando unitario, conservando fortunas, mientras que quien fue acusado de caudillo termin贸 exiliado y sin nada de dinero, brutal paradoja si las hay. Volviendo al tema de las Provincias Unidas, es importante destacar otro aspecto, que es la constituci贸n de nuestra unidad pol铆tica -en un sentido hist贸rico de acci贸n- se funda a partir de la voluntad de pactos pre-existentes, es decir, lo que prima no es el principio central de autoridad y de naci贸n, sino el principio de provincia unida bajo intereses en com煤n; no una naci贸n fundada que le da sentido a sus estados provinciales, sino los estados provinciales que le dan sentido a lo nacional en base a una imperfecta y arbitraria uni贸n que genera problemas de gobernabilidad y un excesivo federalismo provincial que es capaz de vetar proyectos de ley nacionales si as铆 lo desean y corresponde a sus intereses. Nuevamente hace falta la idea de imperium, que vaya m谩s all谩 de los deseos particulares de autoridades que, en mi opini贸n, tienen demasiado poder de decisi贸n diluyendo toda posible Soberan铆a Nacional, esto es, aquella defensa de la Soberan铆a que en su amplio sentido Rosas hab铆a hecho, queda s贸lo redimida a un feriado m谩s, donde descansan aquellos caudillos actuales que en casos, usufructuando su territorio desde hace a帽ares, modificando leyes nacionales a antojo y placer, desintegran la posibilidad de un mandato a nivel nacional sin que pase por la negociaci贸n previa con 茅stos. Raz贸n es esa por la cual, hemos tenido presidentes que se vieron en necesidad de intervenir incluso hasta la totalidad de provincias debido a que les era imposible consolidar una mayor铆a que les garantice gobernabilidad, lo cual para peor, ha sido modificado en la Reforma del '94, necesitando apoyo de Diputados para hacer una maniobra tal. Este era otro aspecto que me parec铆a pertinente marcar, la diferencia entre el federalismo de Rosas que era relativo respecto a la autoridad central, y el federalismo que tenemos actualmente que representa a grupos familiares que se instalan en el poder durante d茅cadas, grupos los cuales eran fuertemente combatidos por Rosas.

Continuando con el plano cultural, no hay duda de que Rosas reconoc铆a con orgullo la herencia hispana que hab铆a sido uno de los pilares constitutivos de la identidad regional americana, pero no limit谩ndola a ello, la supo entender integr谩ndola junto con el nativo en la expresi贸n m谩s contundente que fue el gaucho y el criollo, haciendo de su figura un arquetipo alejado de aquel gaucho derrotado, desganado y altanero que dibujaban muchas veces la literatura del "progreso" y las "luces", reproduciendo no menos que un esquema basado en aquellos peores rasgos que eran propios de cualquier per铆odo de decadencia y lucha intestina. Por otro lado, el gaucho reivindicado por Rosas es aquel que reconoce en su trabajo de campo no s贸lo un medio de subsistencia, sino tambi茅n una dignidad de poder dedicarse a ello, de all铆 su reconocimiento inmediato de su trabajo como dignidad y la necesidad de organizar tales esfuerzos en un resultado conjunto que sirviera para desarrollar productivamente las estancias, brindar normas de trabajo, y a su vez, recompensar el esfuerzo seg煤n correspond铆a, de forma muy severa, pero entendiendo el contexto de aquel entonces. Un ejemplo concreto de aquel arquetipo guerrero encarnado en la figura del gaucho, fue el de Antonio Rivero, que no s贸lo encarnaba un tipo de guerrero de identidad americana, sino que tambi茅n ten铆a el aditamento de la sana rebeld铆a, aquella que reconociendo un principio violado, no duda en actuar contra quienes habr铆an perpetrado dicha violaci贸n, en este caso, el territorio de las Islas Malvinas del Atl谩ntico Sur que hab铆a sido usurpada por brit谩nicos. Aquel gaucho pele贸 en el ej茅rcito de Rosas demostrando su buen sentimiento nacional en la Batalla por la Vuelta de Obligado, por la que se reconoce el 20 de noviembre como D铆a de la Soberan铆a Nacional, defendiendo aquella concepci贸n criolla, m谩s all谩 de los motivos econ贸micos que no fueron menos reales, pero que en verdad no representaban el trasfondo mayor en el que se dirim铆an dos visiones distintas del mundo, donde desgraciadamente triunf贸 aquella que ata帽e al dominio anglosaj贸n, pero que no nos debe mantener inm贸viles, sino por el contrario, inconmovibles ante el paso del tiempo, rectific谩ndonos en nuestra conciencia nacional y en nuestra acci贸n por devolver aquel estado de cosas que nuestro gran h茅roe y Restaurador pretendi贸 con firmeza y decisi贸n.


Lucas Cianfagna.-