"Esta nueva forma de dominación de personas y de pueblos es mucho más eficaz que la dominación por la disciplina que se impone desde afuera de las personas o de los pueblos. Porque cuando una nación o una persona se ve agredida desde afuera, sus convicciones íntimas, sus sentimientos más entrañables, sus ideales más elevados, suele tomar distancia del agresor, atrincherarse en sí misma y disponerse a la resistencia."
Marcelo Gullo - ("Relaciones Internacionales: Una teoría crítica desde la periferia sudamericana")
Habiendo transcurrido casi 3 meses que se declarara esta enfermedad pandémica, necesitamos ajustar la visión y tener en cuenta que toda perspectiva de futuro tiene que ser por un lado tratando de comprender el fenómeno en todas las dimensiones posibles (enfoque integral en lo posible), y por otro lado, no olvidarnos nunca que nacemos en un lugar, tenemos un rol y una situación particular la cual nos obliga a poner siempre los pies sobre la tierra (situarnos).
Si hablamos de las relaciones internacionales no podemos obviar todo lo que ya se vino hablando antes de la pandemia inclusive, como lo es la guerra comercial entre China y Estados Unidos, por un lado, y todo el contexto de rechazo progresivo hacia las instituciones globales, las cuales no eran tan neutrales ni desinteresadas como se creían, algunos ya lo pensábamos, pero esto empezó a cobrar más sentido y relevancia. Este rechazo al globalismo como paradigma o "interdependencia compleja" en el cual "todos dependemos de todos de forma cada vez más equitativa, y los organismos son entidades neutrales que velan por esos valores cooperativos" vino hace tiempo nutriendo las posturas oficiales para tratar el tema y los lugares comunes de todo el que opinara algo sobre el sistema internacional. Pero con la pandemia se hizo evidente que aquello no era así, por ejemplo, a causa de las mentiras de la Organización Mundial de la Salud y el encubrimiento que realizó al Estado chino, lo cual logró que hasta un país adepto al orden internacional como Alemania pidiera explicaciones de forma enfática.
Podemos también mencionar el caso de cómo Taiwán trató de aportar información sobre el origen del virus y la negativa constante de escucharlos por parte de la OMS a pedido expreso de China, se suma a otra de las contundentes evidencias que muestran que los organismos no son ni neutrales, ni desinteresados, menos aún con el expreso interés de Bill Gates en todo esto marcando el terreno y no sólo ofreciendo una vacuna patentada para la venta, sino incluso su inquietud por "reducir población a nivel mundial al menos en un 15%". Dejando de lado posturas conspirativas, no es exagerado decir que quienes tienen intereses y los han defendido hasta cierto punto "disimuladamente" hoy cuando se juega el sistema internacional, salen a la luz porque peligra su credibilidad.
Las teorías oficiales mismas explican esto sin necesidad de recurrir a fuentes conspirativas, el paradigma de "interdependencia compleja" o conocido como globalista, expresa que las mismas instituciones tienden a equiparar las condiciones que son cada vez más desiguales, y ayudar a que los países subdesarrollados puedan tener una compensación concreta, económica, por medio de las instituciones; traducción: las instituciones globales están para ayudar a los Estados más desfavorecidos. Eso dice la teoría, si vemos los números o si quiera la situación de los países, la realidad es todo lo contrario. Ahora bien, ¿cómo se puede sostener tales premisas de forma seria habiendo una contradicción tan grande? Si tomamos como base que la población mundial tiene un crecimiento que tiende a ser cada vez mayor (se acelera) la única forma de mantener una premisa de "equiparar las condiciones con compensaciones" al menos nos dice algo, que los recursos alcanzan cada vez menos, y si no hay voluntad en que cambien las condiciones para la producción y la distribución de recursos, queda por tocar una variable: la población.
Aún suponiendo que podamos descartar la intención de reducción poblacional o incluso el desestímulo a la reproducción en países subdesarrollados, ¿en qué condiciones nos van a dejar seguir aumentando la población? ¿Cómo será la "nueva normalidad" luego de que todo termine peor para los aparatos productivos nacionales que se han dejado engatuzar por la interdependencia y que ahora necesitan más de ellos mismos que nunca? ¿De qué forma podemos esperar a que el sistema internacional nos muestre un escenario más optimista? Si la nueva potencia que se perfila no va a compartir los valores morales de la democracia liberal como se la conoce, sino incluso el control y la vigilancia por medio del gobierno/partido oficial, como lo es China. Teniendo en cuenta de quién estamos hablando y qué volumen de población tiene, ¿no notamos una relación directa entre la población y la capacidad productiva/industrial y como factor de poder a nivel inernacional? Casualmente los países que pertenecemos al "subdesarrollo" tenemos déficit poblacional, y en casos como el de Argentnia puntualmente, pésima distribución.
Yendo a lo concreto, los dos grandes tipos ideales que se pueden identificar como denominador común en la historia de la humanidad respecto de las relaciones políticas han sido siempre las unidades políticas con o sin territorio, como lo marcó brillantemente Marcelo Gullo. La evolución de la humanidad ha ido siempre hacia integraciones mayores, con períodos de retroceso o con casos de excepción, pero las integraciones humanas corresponden a un mismo proceso geológico, de lo que fue la Tierra como una unidad de espacio, fragmentada en los continentes y luego el ser humano creando cultura y unidades políticas a partir de lo poco que encontró en un comienzo para ir relacionándose con las otras unidades, con todo lo conflictivo que eso representa. Estos dos tipos ideales los podemos identificar hoy, del lado de las unidades políticas territoriales como los Estados-nación y las no territoriales como los organismos internacionales, ONG y empresas transnacionales. El comportamiento de ambos ha sido históricamente el mismo, más allá de las formas particulares: las unidades polícas con territorio han tratado de asentarse, crecer y expandirse, mientras las unidades políticas sin territorio (antiguamente los nómades) han tratado sistemáticamente de vivir de aquellas primeras sin necesidad de hacer lo mismo y soportar las reglas que una unidad política impone.
La universalización de la "humanidad" y el "encuentro" entre culturas hoy pareciera que quiere ser garantizado por las unidades que históricamente no tienen territorio y han querido vivir siempre de las que sí, ¿no resulta llamativo? Siendo que en realidad han sido las unidades políticas territoriales las que han buscado expandirse y con ello extender cultura, con mejores o peores resultados, pero al menos siempre ha sido un proceso natural de evolución de la cultura, y no una imposición arbitraria y violenta de los que nunca han desarrollado nada, como ocurre actualmente con los supuestos "organismos neutrales". A esto habría que agregar el enfoque que comenzó a traer Michel Foucault en su momento llamado "biopoder", porque tiene que ver puntualmente con algo civilizacional en Occidente, y su causa se encuentra en el fundamento de la modernidad.
La misma causa de desintegración de las grandes unidades tiene como origen la ausencia de objetivos, y esto vale para una unidad política llamada "Estado", como para un individuo llamado "persona". La ausencia de un horizonte que trascienda la mera preocupación por el "acá y ahora" es lo que convierte en desesperación y abandono de sí tanto a una nación como a una persona. ¿A qué voy con esto? Los pueblos que integramos esta civilización hemos perdido toda idea de futuro y de un destino propio, pero de esa situación se ha hecho un sistema internacional, entonces nos cabe preguntarnos: ¿de qué manera estamos viviendo? ¿Somos siquiera dueños de nuestra forma de vida "animal" o más bien somos llevados hacia ella de forma pasiva? El biopoder se nutre específicamente de esto, de nuestro olvido de que no sólo podemos vivir, sino también tenemos la capacidad de crear cultura, o sea, de "vivir bien". El biopoder definido como la interferencia en la libertad de las personas por el gobierno directo hacia sus vidas y sus cuerpos, se ve manifestado en este paradigma de las relaciones internacionales, que han hecho del ser humano un animal de consumo y una bestia a domesticar, lejos de la idea de derechos humanos, estamos ante un paradigma de vigilancia y control que tiende a la bestialización de la especie. Lo cual también está lejos de una humanidad re-encontrada e integrada en lo universal.
Lo que se juega en esta época es aquella contradicción civilización vs cultura, donde a la primera la caracteriza la técnica independiente del dominio humano como paradigma, y a la segunda la voluntad y libertad humana de conocerse a sí mismo y emplear la técnica como lo que fue en su origen, un arte (techné en griego). La civilización es lo que conocemos hoy como el impulso hedonista por satisfacer placeres inmediatos, nos comportamos como animales sin el freno instintivo que ellos tienen por costumbre para sobrevivir, y esto es porque no entendemos la verdadera potencia que significa la dimensión humana. Como diría Nietzsche, el humano es una cuerda entre lo bestial y lo que es superior a lo humano (superhombre), la civilización ha tratado de vivir en esa cuerda, sin darse cuenta que estar en la cuerda dura poco y que más temprano que tarde, se termina cayendo en lo bestial, por no elegir superarnos a nosotros mismos.
Si en cambio nos planteamos recuperar los objetivos, conocernos a nosotros mismos y descubrir qué significa ser argentino, sudamericano, occidental, es mucho más probable que entendamos a nuestra propia manera, qué es ser humano, pero si no empezamos por casa, nunca vamos a poder abarcar todo. ¿Vamos a decidirnos entonces construir cultura, tener voluntad de poder (posibilidad) y decidirnos que como nación, como continente y como hemisferio, ser la mejor versión de nosotros mismos? Alguien podría decir, ¿qué tiene esto que ver con las relaciones internacionales? Pues diría que tiene todo que ver, porque las relaciones internacionales entre países hoy está construída mediante la civilización de la técnica exacerbada, sin ética. La posibilidad de cultura no la podemos esperar de los organismos que viven de este estado de cosas, sino de nosotros mismos aceptando de dónde venimos para plantearnos a dónde queremos ir, y en esa confluencia de voluntades habrá una integración, no ideal ni antojadiza, sino real.
Lucas Cianfagna.-


