miércoles, 30 de diciembre de 2015

Hermenéutica y fenomenología



Necesidad de interpretación

La utilización de criterios adecuados para establecer una interpretación de los hechos, nos puede dar un consenso que nos acerque más a la realidad, por supuesto, toda interpretación de la realidad es en algún grado imprecisa, puesto que no podemos dejar de pensar y comunicarnos desde el lenguaje, el cual a partir del momento en que presenciamos un fenómeno y lo interpretamos, estamos sumidos en dicho lenguaje, lo cual requiere un filtro y un recorte interpretativo, pero sabiendo esto, se puede trazar siempre un meta-lenguaje que nos proporcione una mirada de lo mediato y un rodeo necesario para establecer una opinión al respecto. Desde el esquema en que vemos la realidad, que es siempre en esquema aparente y representativo, debemos establecer para ello el criterio de consideraciones metafóricas de lo que comunmente conocemos como "verdad" y así mismo con los conceptos que empleamos, por ejemplo, bajo la tradición hermenéutica antigua, derivada de la filología, se establecía una interpretación con pretención de conocimiento incuestionable, esto es, buscar la "intencionalidad" de lo que trata de interpretar, lo cual nunca es cognoscible, aún teniendo presente a la persona que ha escrito y/o dicho lo que se busca analizar. Así pasaba con relatos de textos sagrados como la Biblia o los textos de Sófocles sobre mitología, los cuales carecen de explicación real a partir de un criterio literal, en cambio, es imperioso aplicar un criterio literario, es decir, metafórico que pueda tomar de una mejor forma lo que el texto expresa, esto es, no centrarse en lo que el texto afirma o niega, sino en lo que nos deja, al fin y al cabo, lo que llamamos verdad no es más que metáforas empleadas en un momento que acaban por perder significado con el tiempo y el uso.

Metáfora y razón
Otro de los grandes problemas que se tiene aún hoy, es esta falta de criterio interpretativo de la realidad, así como también se experimenta una falta de creatividad y de curiosidad real. Muchos fenómenos aún siguen siendo interpretados desde el supuesto incognoscible de lo desconocido, estableciendo arbitrariedades de todo tipo, y leyes que quién sabe dónde se han inventado, pero que aparecen mucho y el que carezca de dicho criterio, las reproduce sin dudar. Por un lado, la falta de criterio interpretativo más allá de lo que simula ser evidente, lleva a interpretar todo tipo de circunstancias fuera de lo común como catástrofes impulsadas por una fuerza universal que pone ojos en nuestra nuca cada vez que hacemos algo, lo que se traduce en "hicieron enojar a Dios". Partiendo de la base en que no se pueden establecer relaciones necesarias entre una causa y un efecto de algo que puede resultar evidente pero que luego puede encontrarse una explicación nueva, menos aún podemos darnos el lujo de atribuir semejante cosa a algo tan certero y concluyente como el castigo divino, lo cual claramente es un uso erróneo de la herramienta de interpretación, si nos remitimos al origen de dicho escrito y al contexto en que se pudo haber dado, podemos llegar a una interpretación, por ejemplo, del uso de la metáfora para impartir una conducta hacia la población, así como de la metáfora "no mezclar la paja con el trigo" sirve como enseñanza metafórica, ¡sería delirante pretender que acabaríamos siendo castigados de proceder a mezclarlos de forma literal! Sin embargo, ésa termina siendo la forma que muchas veces tendemos a interpretar un autor.

Fenomenología de lo desconocido
Por otro lado, la falta de creatividad y curiosidad que mencioné son las que nos llevan a atribuir causas imaginarias como reales y hasta a veces incuestionables. El hecho de que por proceder de determinada manera que arbitrariamente el ser humano puede considerar o no como "moralmente errada" (de nuevo, la cuestión de la verdad como metáfora) o "ir por donde no debimos", nos corresponde una justicia divina o un azote del universo responde a un análisis centrado muy en el "yo" y me refiero al ego, bajo el cual se olvida uno que al realizar una acción, está inmerso en un océano de acciones y de voluntades de una enorme cantidad de personas, y que cada una despliega un efecto que a nuestra vista es desconocido y que todos in suma constituyen lo que muchas veces llamamos "azar" o lo que la superstición coloca como "destino", que no es más que la falta de consideración de ese mar de posibilidades y de efectos que no somos capaces de ver y de conocer en su totalidad desplegados por otras acciones que exceden las nuestras. Así también, ante la falta de conocimientos que nos permitan explicar un hecho que hemos interpretado como desconocido, conduce a considerar causas imaginarias inventadas por uno mismo, ya que el "saber algo" es mucho más tranquilizador que la incertidumbre del "no saber nada", por ejemplo, un efecto visual creado bajo la mirada antropomorfista e inconscientemente pre-establecida de la realidad conducen muchas veces a experimentar fenómenos que comunmente titulamos como "lo paranormal" o "desconocido", pero en verdad, al momento en que alguien llega con la anécdota de haber visto algo desconocido -y parafraseando al buen Neil Degrasse- la conversación debe terminar ahí si no se tiene un criterio de búsqueda adecuado. Cuando alguien afirma ver un fenómeno desconocido, no está notando la contradicción en términos, cuando uno intenta desde el escepticismo darle un abordaje científico, surgen contra-explicaciones que figuran como leyes, esto es, "pero no entendés, pasó de tal forma porque los fenómenos desconocidos se dan de esa manera", lo cual es harto absurdo, ya que no se puede establecer una ley de algo que no se conoce, más aún, se evidencia el carácter de invención cuando se pasa de "no saber nada" a "saber todo"; o bien "sé que fue algo desconocido, porque no le encuentro explicación", lo cual no demuestra que el fenómeno sea necesariamente paranormal, sino que necesariamente la persona se vio obligada a inventar una conclusión en base a que no encuentra otras múltiples formas de explicarlo, y admitir la propia ignorancia para la mayoría de las personas, no puede ser nunca una opción.

El problema de acostumbrarse a esta forma de razonamiento, fundado en una invención tranquilizadora, es que muchas veces se considera más seria la conclusión sacada de la galera, y termina poniéndose en ridículo a quien posee curiosidad y escepticismo. Es decir, se toma por serio el absurdo y acaba siendo lo curioso, un motivo de burla.

Lucas Cianfagna.-

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