miércoles, 30 de diciembre de 2015

Doctrina del poder: Desde la política hasta la vida misma


                                
         Pintura de Cesare Borgia y Niccolo Machiavelli

Los teóricos del poder nos han enseñado grandes conceptos que se aplican muy bien a la política y al arte de gobernar, esto es, la dominación en términos políticos. Weber, Maquiavelo, Foucault, son grandes ejemplos de quienes han estudiado las relaciones de poder y nos han dado incluso elementos no sólo para entender la política, sino también las relaciones humanas, como en el caso de Nietzsche, que muchas veces puede resultar confuso a la hora de examinar si se refiere a las relaciones humanas personales o a la cuestión del poder público, pero en ambos casos, suelen ser aplicables de igual manera, ya que una forma se relaciona con la otra.

El poder...también está en el afecto y el amor
"Por poder se entiende cada oportunidad o posibilidad existente en una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad." Max Weber nos definía el poder desde la Sociología en uno de sus más célebres trabajos, preocupado por la sociedad alemana de la época que le tocó vivir y analizando la evolución de las formas de gobierno y el ejercicio del poder en la historia. Podemos aplicar este tipo de conceptos a la vida personal, puesto que acá mismo me propongo meter no un dedo, sino un dardo caliente en la llaga de más de uno y desentrañar algo que consideramos comúnmente como negativo, pero que en realidad no tiene por qué serlo, ya que conforma el común de las personas. La búsqueda de culminar la propia voluntad se expresa en el ejercicio del poder, y de nuevo, no estoy hablando de política, pero tampoco me refiero a casos específicos de ejercicio de autoridad en un ambiente laboral o de alguna institución; lo que a muchos les va a resonar hasta en los huesos es, el hecho de que las personas aplicamos este principio no sólo incluso, sino sobre todo con aquellas personas de nuestras relaciones más cercanas. El poder es una cosa que no muchos quieren comprender, prefieren hablar mal de él y desentenderse como si nunca hubiesen tenido acercamiento alguno con él (lo que se entendería por búsqueda pasiva del poder), por ejemplo, cuando un padre aconseja a un hijo, o una persona trata de ayudar a alguien o un amigo incluso desde la excusa del "desinterés" (ese cuento ya demasiado viejo del cual muchos no se desprenden) y esto se traduce en la necesidad de empoderamiento de la persona que ofrece dicho consejo o ayuda. Así como prácticamente todos llaman a la forma de empoderamiento rutinario en el cual, se trata de compartir algo con lo que uno ya está saturado y necesita expandirse, en forma más duradera y que tiende a buscar el crecimiento propio y lograr a su vez el crecimiento de la otra persona que estimule el de uno: el amor. Teniendo el poder una connotación social tan negativa, no se entiende su necesidad extrema de divinizar algo que analizado en su proceder, como es el amor, debiera ser objeto de repugnancia. Pero eso bien se explica, en la costumbre de eternizar o absolutizar todo sentimiento de placer como algo "verdadero", lo cual muchas veces puede hacernos confundir gravemente en el clásico error de "creer que tal o cual era el amor verdadero" hasta el punto de no admitirse a sí mismo la terrible desilusión de su idea sobre el otro.

Sentimiento de vergüenza invertido
Es necesario para seguir con esto, dejar en claro qué es lo que se entiende por bueno o malo en torno al poder, y para ello seguimos con su apicación a lo cotidiano. Hacer el bien, en una relación de poder es respecto de alguien que necesita de uno, así como hacer el mal es respecto de alguien a quien uno necesita. En el primer caso, encontramos haciendo el bien en las relaciones en las cuales buscamos empoderar al otro para empoderarnos nosotros, y establecer así una cierta necesidad en tal persona de estar bajo nuestra ala; parte del poder tiene que ver con saber cuando ceder ante una imposibilidad, ya que las relaciones de poder siempre son de a dos, y el primer paso para obtener poder respecto de algo, es admitir que no se tiene, por tanto, sería bueno dejar atrás el mito de que es fuerte aquel que consigue todo solo. Al ser la fortaleza y el poder algo que rige entre más de uno, ¡de ninguna manera puede uno empoderarse si no es gracias a que existe el otro! Por tanto, estaríamos ante otra cuestión: no sólo no es posible obtener poder sin nadie, sino que es hasta necesario apoyarse en otro, así como ante la necesidad de alcanzar una altura de un lugar físico sin poder elevarse por cuenta propia, es necesario valerse de un impulso externo que nos ayude a llegar al objetivo propuesto, de ahí surge el ascensor. 
Tomando el segundo caso, hacer el mal, es justamente buscar empoderarse a costa de quienes necesitamos marcarle la frente en el momento en que tratan de hacerlo con nosotros, siendo algo de total naturalidad en la vida de cualquiera que se precie, por tanto, todo empoderamiento sin establecer una cercanía afectuosa (e incluso con marcada enemistad) implica un "hacer el mal", algo de lo cual nos debemos una cierta revalorización para no ahogarnos sobre cosas que diariamente hacemos. Curiosamente, sentimos un exceso de placer cuando "hacemos el bien", sabiendo que tal cosa implica insertar en el otro la necesidad de que el poder lo busque en quien se lo ofrece, y por otra parte, consideramos de poco agrado el "hacer el mal", lo cual significa tomar partido por el respeto propio y el dominio de uno mismo para poder establecer límites e incluso crecer y poder ser mejor de lo que uno era, ya que empoderarse significa justamente una cuestión que pertenece a aquellos que tienen vida qué derrochar y expandir; esto es, tenemos un gracioso concepto de lo que significa la vergüenza para nosotros, y lo aplicamos en base a cosas que no entendemos del todo.


Quienes se oponen al concepto de poder
Con respecto a lo que habíamos mencionado respecto a la forma pasiva de poder, conviene desarrollarla de forma más completa. Por un lado, tenemos un tipo de persona que ejerce la búsqueda de poder de forma pasiva, es decir, no entiende cuál es la raíz de sus actos, sin embargo en respuesta a ello actúa; en estos casos se suelen sorprender cuando se les dice algo como eso, muchas de las respuestas suelen ser en lo afirmativo "Ahhh con que eso era, pues bien, me gusta." o en lo negativo "¡De ninguna manera, yo no soy así!", y luego ocurre una secuencia graciosa en la cual uno le explica la conducta arquetípica de la doctrina de poder y no ven más que un espejo de sus actos diarios, con lo cual, o se admiten asustados, o continúan con su obstinación. Por otro lado, existe quienes directamente tienen un problema con el poder, y esto proviene de la falta de entendimiento de su propia naturaleza o más aún, influenciados por cierto dogmatismo filosófico y moral que no les permite ver nada de eso como positivo. Nuevamente le debemos al moralismo racional un entorpecimiento del pensar y una domesticación de la conducta humana, al punto de convertir al hombre en un ser básico que no puede pensar más allá de lo que le han enseñado. La influencia de la moral se puede ver en muchas doctrinas políticas, pero también se ve en movimientos sociales e incluso valores que imposibilitan un desmenuzamiento de este estilo:
-El feminismo rechaza desde su teoría misma toda manifestación de poder entre un sexo o el otro, incluso hasta en los casos más íntimos de una relación amorosa, lo cual deja ver su elemento totalitario, sea dicha consigna aparentemente llevada o no al extremo. Ese es otro punto, el feminismo siendo o no extremista, plantea la negación del poder en la relación de sexos en base a la suposición de que el poder es malo, lo cual no denota otra cosa que una fuerte carga moral por no entender que el poder puede ser utilizado en casos de una forma u otra, generaliza ante los casos que ha decidido bajo su capricho engrandecer y recordar. Creen que cediendo cierta decisión al otro están siendo débiles o sumisos, cuando de hecho, como hemos visto antes, el querer construir sin ayuda es un capricho, por no decir un absurdo. La verdadera fortaleza se construye a partir de admitir que por el momento no se tiene, así como para resolver cualquier problema, el primer paso es reconocerlo como tal; y así, ceder cierta parte de las decisiones al otro, no es sino un signo de grandeza, quien busca mejorarse a sí mismo, debe admitir primero, que no es perfecto, y segundo, tener la dignidad de querer aprender de quien sí puede enseñarle. 
-La humildad es considerara un valor entre muchas personas, y debo admitir que cada uno tiene su concepto de lo que significa esa palabra, pero aún así, podemos promediar como humildad una confusión. Se considera humildad a la falta de soberbia y el admitir la propia imperfección a pesar de los logros obtenidos. Pero por otro lado, la humildad plantea un modo asceta de vida, en el cual obviamente cualquier visión de empoderamiento es vista en el mejor de los casos de reojo y en el más extremo con un gran resentimiento. La persona que se jacta de ser humilde es normalmente aquella que no tiene grandes aspiraciones ni es capaz de admitir su propia búsqueda de empoderamiento, lo cual le causa rechazo, y al no superar esto, se ve obligado a maldecir toda manifestación semejante, y acá entramos en una tamaña contradicción, pero que no niega el carácter real de la humildad, sino que por el contrario, desenmascara su concepto, haciendo ver que aquel que se jacta de ser humilde, es porque quiere convertir su miedo al poder o su resignación en una virtud, y una muy perjudicial podría decir, ya que si el empoderamiento tiene que ver con incrementar la propia vida, la resignación y la humildad, tienen que ver entonces con empobrecerla, y como un curioso agregado, convertir una falta en virtud es harto soberbio, y ahí encontramos la confusión de la definición que la mayoría da a la humildad, sin saberlo realmente.

¿Por qué es importante esto? Porque un manejo prudente y consciente del poder en nuestras vidas es lo que permite luego tener mayor posibilidad de manejo en el ámbito político a quien se quiera encomendar a ello. Quien ve la virtud en la excelencia (al mejor estilo renacentista) aplica aquello que necesita para el crecimiento de la vida, tanto en términos personales como en los que conciernen a la comunidad, y eso conlleva un manejo consciente del poder. Quien ve la virtud en la miseria personal y en el ascetismo, es en sí miserable. La virtud devenida de la humildad y la caridad es la misma que obtiene uno de esos animales que toman una presa agotada para exprimirles la última gota de voluntad, como lo hace un insecto o un gusano, en el caso de las personas, lo llaman "ser caritativo"; y con esa misma humildad se retuercen cuando algo más grande se acerca. De esa misma forma, son los hombres de más valía los que buscan desafíos, aquello que pueda hacerlos probar poder ser realmente grandes, más de lo que ya eran, y por eso no se detienen en la cobardía de disputar batallas absurdas, sino que al considerar eso un insulto a su persona, buscan enemigos competentes que les permitan demostrar cuánto derroche hay en ellos y cuanto control tienen sobre sí mismos, esto es, cuán Príncipes pueden llegar a ser.

Lucas Cianfagna.-

¿Verdadero o Falso? Justifique su experiencia

                              
"Quien posea ciencia y arte, tiene también religión. Quien no posea una ni otra, ¡tenga religión!" 
Johann Wolfgang von Goethe


El problema con la convención
Dentro de los problemas que más se ven en torno a la forma de razonar, está muy en evidencia el lenguaje, el comienzo y la invención del conocimiento. Podría parecer algo molesto de escuchar o leer, pero sí, el conocimiento es una invención humana que nos ayuda en cierta medida a vivir de una forma ordenada y estable. El lenguaje es la herramienta de la cual no podemos desprendernos a la hora de generar y transmitir conocimiento, de entenderlo y que sea cognoscible, pero al mismo tiempo, un olvido del origen mismo del lenguaje, puede llevar a cometer errores catastróficos para el entendimiento de muchas cosas. Para empezar, el lenguaje no sigue un procedimiento lógico en medida objetiva, las palabras no son más que la respuesta de sonido ante un estímulo externo en vista a la necesidad de nombrar algo, en respuesta a nuestra percepción e interpretación de dicho estímulo, a diferencia de lo que los filósofos moralistas creían, de que la palabra y la cosa mantienen relación estrecha, y lo repito como en muchas otras ocasiones, de ser así, habría un único idioma, o más aún, un único lenguaje. Con el lenguaje se pueden justificar muchas cosas que podrían ser en un correcto análisis, absurdas, y así, muchas veces, mediante criterios equivocados desde el inicio, se acaba hablando de una teoría que parece irrefutable, pero como ya he dicho, que una teoría sea irrefutable no la hace verdadera, y esto tiene que ver con la falta de aceptación de las contradicciones como un nivel del conocimiento superior al silogismo burdo de "verdadero = A" y "falso = lo contrario de A", pero es que la contradicción de conceptos no es más que una paradoja, no sale de lo conceptual, y de hecho, fuera de lo conceptual, tales cosas que ocurren en la realidad y que aparentemente son contradictorias, en un nivel aún mayor de conocimiento, se pueden ver como interdependientes, ya que escarbando un poco en la matriz del lenguaje, se puede ver que conceptos como "verdadero" y "falso" lo son también, ya que se designa verdadero a algo según la experiencia individual, colectiva o histórica de aquello y falso, por consiguiente, a todo lo que lo contraríe. Pero es precisamente en este punto cuando nos damos cuenta que nada puede ser considerado falso si no se ha considerado previamente algo verdadero, por tanto, la creencia en la eliminación de lo "falso", "malo", "contradictorio", contiene una carga moral que resulta nocivo para nuestro desarrollo del conocimiento de forma plena.

El difícil desapego de los sueños
El sueño sigue siendo para muchas personas un modelo de razonar correctamente, cuando de hecho, es la forma más primitiva de razonar, muchas veces ha sido la que ha conllevado a la mayoría de las supersticiones, y también ha sido la causante de muchos errores de comprensión de los distintos fenómenos que acontecen. Sin embargo, esto se debe a que se habla muy poco de cómo actúa nuestro cerebro en los sueños, y entenderlo, podría ser un buen comienzo para adoptar un razonamiento más fresco y crítico. En primer lugar, hay que entender que por la naturaleza del cerebro mismo y de las funciones del cuerpo, al estar uno tendido en la cama con pies estirados y órganos en funcionamiento diferente al diurno, la persona experimenta una gran serie de estímulos "extraños" de todo tipo, sumado a la liberación de un químico que ayuda a que las diversas imágenes que podamos experimentar sean percibidas por todos los sentidos como sumamente reales. Allí es donde radica nuestro problema con el razonamiento de los sueños, y es que en ellos, consideramos verdadero toda percepción y estímulo que hay en él, no nos detenemos a razonar lo que estamos viendo, escuchando, sintiendo; simplemente lo consideramos válido, tristemente así se razona muchas veces, y como en el sueño creemos saber qué es lo que se encuentra frente a nosotros, cuando dichos estímulos provienen de algo que en el sueño ni llegamos a divisar, que pueden ser los factores internos del cuerpo, o factores externos de cosas que pasan a nuestro alrededor y que como estímulo el sueño los canaliza con imágenes que podrían parecernos reales, pero que no son; así funcionan de hecho las teorías supersticiosas. Pero dichas teorías tienen un componente aún más importante: el mecanismo del cerebro en el sueño, es muy similar al mecanismo de razonamiento más primitivo y errático sobre un conocimiento. Éste se da a partir de la creación del propio cerebro de las imágenes que capta de los estímulos y las transforma en percepciones, es decir, el cerebro (al igual que estando despiertos, razonando de una forma burda) recibe el estímulo, lo percibe, crea la imagen y lo hace de forma tan rápida que creemos que aquello que creamos y percibimos lo estaríamos descubriendo. Y es justamente esto lo que pasa cuando conceptos como "verdadero", "falso", "bueno", "malo", son creados, percibidos por experiencias vividas, y luego lo olvidamos y creemos que descubrimos la verdad, la falsedad, lo bueno y lo malo. Desde ese punto al dogma, sólo queda un paso, y ese paso lo marca la soberbia.


La aceptación de la ignorancia, ¡es lo científico!
Tenemos una imagen muy distorsionada de lo que un hombre de ciencia es en realidad. Tendemos a creer que son un grupo de vagos que se la pasan sentados en un escritorio sin hacer nada hasta que de repente descubren algo. Habiendo visto lo anterior, podemos refutar con facilidad este estereotipo de la ciencia como algo fofo, pasivo y gris. De hecho, esa concepción de la ciencia la tenían los filósofos que nos han condenado a la rigidez lógica y a perecer ante el aplastante optimismo racionalista, pensando que se llega a la "verdad" y que puede uno encima, jactarse de haberlo hecho; por supuesto que así no resulta difícil tener una imagen tan negativa de un científico. Por el contrario, al establecer la "verdad" como una convención basada en una experiencia y al conocimiento como una invención para ordenar nuestras experiencias y relacionarlas con nosotros mismos, podemos hablar de que la ciencia toma en este punto, una misión importantísima en la vida de las personas. Alejándose de esa vana y cómoda seguridad de "conocer-lo-todo", es que puede decir "¡Si!" a la ignorancia, no como virtud, sino dejar de rechazarla y entender que un hombre de ciencia la acepta y con el suficiente escepticismo la cuestiona hasta poder encontrar una explicación que pueda ser aceptada, lo paradójico es que, el hombre supersticioso, es el que más niega la ignorancia, pues le cuesta aceptar que él es un ignorante, y en consecuencia, inventa su propia verdad de la nada misma, para poder sobrellevar el miedo a lo "desconocido". Muy bien entonces, a aquel pasivo del conocimiento como "algo que ya existe y que se descubre", al supersticioso del "me aterra no saber algo, por lo tanto lo invento", y también a aquel despreciable del "la verdad es una, y yo la conozco mejor que nadie", le declaramos la guerra, no contra sus personas, sino contra esa falta de instinto que vuelve el conocimiento algo gris y estúpido, un objeto de burla, a eso le declaramos la guerra. ¿Quiénes? Nosotros, ¡los que nos atrevemos a un saber alegre!

Lucas Cianfagna.-

Tragedia: El héroe aniquilando el éxito

  


«Por lo demás, detesto todo aquello que únicamente me instruye pero sin acrecentar o vivificar de inmediato mi actividad.» Johann W. von Goethe




El ciclo del tiempo

La modernidad ha podido lograr grandes avances científicos y técnicos, lo cual nos facilita en gran medida nuestros labores y cuestiones diarias. Sin embargo, ¿es preciso afirmar que estamos mejor que antes? Desde la perspectiva de la duración de vida sí, mas no en lo que concierne a calidad de vida, lo cual también ha sido fuertemente transfigurado por la misma idea materialista que tenemos acerca del tiempo, y del desarrollo mismo. La idea de un progreso indefinido que caracterizó el iluminismo del siglo XIX, sigue teniendo vigencia para muchos al día de hoy, se piensan grandes utopías en torno a un progreso material en el cual dicho desarrollo técnico termina por suplir "todo lo que necesitamos", la idea de un Mundo Feliz como la describía Huxley, es aterradora y espantosa, lejos está de ser siquiera algo imaginable para nosotros. De ninguna manera el progreso material puede eclipsar aquello que se manifiesta -o al menos interpretamos de esa forma- como una sucesión de ciclos similares, ésto no quiere decir, por supuesto, que se trate de que la historia se repite. No hay forma de que un hecho se repita en manera alguna, lo que sí podemos constatar son similitudes de períodos que nosotros mismos catalogamos desde nuestra propia percepción, que no es más que toda metáfora que surge de nuestra invención la cual adquiere una fuerza extraordinaria al principio, va controlando su propia fuerza y va madurando hasta que cae, y luego nos vemos en la obligación de crear otra, ¡por supuesto que tal ejercicio practicado durante siglos y hasta milenios nos trae a colación cierta "similitud" respecto de las otras veces! No hay necesidad objetiva de catalogar al tiempo en ciclos, pero sí una necesidad de tomar una convención que estructure un conocimiento, de lo contrario viviríamos en el caos. Pero volviendo a lo anterior, si realmente no podemos afirmar con certeza aquello que encasillamos dentro de un orden cíclico, pero que en gran medida nos viene sirviendo por el momento, menos aún podemos caer en el absurdo de una idea de que a mayor progreso técnico se está "mejor" que antes, puesto que "mejor" para unos no es "mejor" para otros, y lo que llamamos mejor fue la idea de alguien de llamar mejor una cosa y luego usada para llamarla de otra, ¿hasta cuándo seguiremos hablando de verdades irrefutables en lugar de errores irrefutables?


Ocaso del optimismo racionalista
La vieja idea de que "el conocimiento de un sujeto racional traerá el progreso" es una sucesión de errores tras otra. Por un lado, no todo conocimiento es racional, puesto que hay demasiadas cosas que no son cognoscibles, así como tampoco el hombre es un sujeto racional. La idea de sujeto previa a la acción es la que todavía nos mantiene presos de la identidad de cartón, el "yo" como justificación suficiente o "causal" de uno, en lugar de una identidad basada en lo que dice qué somos, que es nuestro accionar, prueba máxima de nuestra valía y es en definitiva, lo que dice más que un nombre, o al menos, lo que le da real significado. Por otra parte nos queda lo racional, que comprende sólo aquello que es perceptible de ser razonado, el cálculo y la evaluación previa no permiten concretar acciones, sino la parte irracional que resulta fundamental para vivir de forma plena, ésto es: por más probabilidad que conozcamos que poseemos, creer que podemos hacerlo siempre es irracional, porque la certeza de no y de sí no existe, por tanto, la probabilidad remota de lograr tal acto o no siempre desafía nuestra decisión, por tanto resulta siempre la creencia algo de carácter irracional, por más que la probabilidad de concretar el acto sea de 99,9%, ese 0,01% siempre estará jugando. Así como suena enfermizo calcular la distancia por la mitad constantemente y doblando siempre la distancia faltante para cruzar una calle o ir a otro extremo de una habitación, debería darnos cierta familiaridad, ya que estamos muy acostumbrados a la idea de buscar lo seguro en todo, incluso en aquello que nos demanda un salto hacia el vacío. No tenemos relaciones estables porque así no podríamos salir lastimados, nos sobre-abrigamos en invierno para no pescar ni un simple resfriado, mantenemos los ojos grabados a fuego sobre los hijos chiquitos esperando que nunca se caigan, que nunca se lastimen, lo cual los vuelve torpes y brutos con el tiempo. Así como cuando llegamos a dar cuenta de todo a lo que no nos "atrevimos" lo tenemos guardado en una caja la cual no se abrirá nunca, una caja maldita que en caso de ser abierta revela todas nuestras más bajas miserias: el arrepentimiento.



Aniquilación del éxito
En lo que concierne al éxito material, no estoy en contra en absoluto, ¿quién no desea un progreso personal en ese aspecto? He ahí el error de la "humildad" cuando un hombre mediocre de un pasar mediocre o ligeramente austero establece que él no necesita el éxito, lo que en realidad se refiere es que al no poder conseguirlo, tuvo que decir que no lo necesita, es decir, tuvo que forzar su propia necesidad, sin haber establecido el correspondiente cambio de gusto, por tanto, tiene una idea vaga de lo que es el éxito, en voz baja lo desea, pero al no poder obtenerlo por razones de fuerza mayor o falta de creatividad propia, le queda el orgullo, por tanto "no lo necesita", lo cual es bastante lógico, si orgullo es todo lo que queda es evidente que va a sacarle provecho de algún lado; por otra parte, existen quienes lo tienen en abundancia y en el cual depositan todo su orgullo de forma inversa al ejemplo anterior, alegando que se tiene el secreto de la felicidad, cuando en verdad, no se tiene más que una idea fija de lo que significa el éxito mediante la culminación de una utopía, pero al final resulta que no la culminan, ya que nunca es suficiente, de la misma forma en que el "humilde" no consigue auto-satisfacerse sino por la misma utopía, y para eso ambos tuvieron que inventarse su "más allá" para soportar la auto-destrucción de sus propias utopías en el terreno de lo real, ya que más allá del orgullo o el éxito, no tienen nada que los exalte. Vendría siendo hora de dejar de tomar la mediocridad como valor, la vulgaridad y lo que significa el agotamiento propio de necesitar cada vez más o de idealizar una realidad inexistente, y comenzar a tomar como valor, como conocimiento necesario aquello que nos haga vivir, aquello que nos dé más razones para apreciar nuestro alrededor. El absurdo está en buscar la vida eterna o en buscar una vida lo más estirada posible y esquivando la muerte todo lo que se pueda, desperdician una vida tratando de buscar cómo evadir la muerte, lo cual es estúpido y muestra la ineptitud: la muerte no puede ser evadida, por lo tanto los toma por su propia fuerza, mientras que lo que en realidad se pone en manifiesto es que aquello que evadieron todo el tiempo, fue la vida. Ahí es cuando volvemos al mito prometeico donde el hombre acepta lo trágico de la existencia, y el atreverse resulta la verdadera doctrina de vida, en la cual aspirar a lo más alto y grande siempre conlleva la caída del propio poder, ya que el poder no se posee, sólo se ejerce, y todo ejercicio de poder es momentáneo, por tanto, no es posible ejercer el poder y conservarlo, se requiere el constante ejercicio del mismo, para lo cual no se necesita otra cosa que ejercer poder sobre uno primero. Con la caída del héroe, cae la propia gloria, una gloria que con la suficiente hazaña y tenacidad salpicando este espíritu en donde se alcance, puede llevar a la verdadera eternidad, que es al menos, una página en la historia.

Lucas Cianfagna.-

Hipocresiómetro: Una mala costumbre de muchos





La humildad como soberbia disfrazada
Una de las pocas y más pobres causas de orgullo en mucha gente mediocre se debe a atribuirse una habilidad de detectar en otros "hipocresía", lo cual no habla necesariamente mal de esa persona a la cual acusa de hipócrita, ni siquiera habla bien de uno mismo por denunciarlo, por el contrario, lo considero un error muy grave de ciertas consideraciones; ésto es, lo que suelen considerar un acto de valentía al llamar hipócrita a otro, es en realidad muchas veces una soberbia encubierta. Quienes van por la vida denunciando hipocresías es porque difícilmente soporten el hecho de que haya una multiplicidad de fenómenos confluyendo entre sí y sobre todo no tolera que "palabra" y "cosa" no tengan una relación estrecha como se vive creyendo, como si la relación entre palabras y cosas fuera necesaria y perfecta, como he explicado antes, habría un sólo idioma. Por otro lado, la consideración de una verdad a nivel convencional no es un problema, si estamos buscando uno, sino el olvido de esa convención. "Blanco y negro" son "blanco" y "negro" porque convencionalmente lo hemos decidido, y por eso el blanco no puede ser negro, lo mismo que con el género masculino el cual atribuímos al sol y femenino a la luna creemos no poder encontrar que lo que llamamos masculino pueda ser femenino y viceversa, pero luego nos encontramos que en el alemán el género del sol y la luna son al revés, ¿son hipócritas? No, tienen una convención diferente, y de algo tan simple como entender la diferencia semántica e idiomática, podemos pasar a establecer códigos que se crean entre un pequeño grupo de personas que comparten cierta idea, y nosotros al tener otras, presuponemos que compartirán las nuestras, de ahí viene la palabra "hipocresía".


Desesperación ante la contradicción
Denunciar el accionar del otro en base a su propio discurso constituye un motivo de orgullo y de empoderamiento propio, como si conociésemos la intención del otro al denunciarlo y pretendemos, aún más, establecer qué es lo correcto entre lo que hace y lo que dice. El transcurso de siglos de dogmatismo filosófico nos dejó como resaca el pretender todavía establecer verdades y mentiras absolutas, y al creer que las encontramos, creemos ser la parte confiable de esa verdad respecto a los otros, otro antecedente de la "hipocresía". El concepto de la hipocresía está desenfocado y toma como punto de partida una falacia, que las contradicciones no son posibles, o bien, si se encuentran es porque necesariamente hay una verdad allí escondida, y por tanto, tendemos a denunciar la mentira. Apuntar contra la mentira parte de la base de pretender una verdad y sentirnos orgullosos de ser, nuevamente, esa parte confiable de ella. La necesidad de una verdad ante una contradicción no es sino la pretención de buscar una conclusión definitiva, de buscar una tranquilidad, ya que si nos escandalizamos de algo tan burdo como la "hipocresía" de otro, no imagino cuán difícil es para esa persona imaginarse un mundo en el cual haya más y peores contradicciones que ésta. Condenamos la contradicción, como si no hubiese duda de que ésta no puede tener lugar entre nosotros, no le damos posibilidad alguna a ello, nos sumergimos ante la farsa de un mundo verdadero y no-contradictorio, cuando lo que encontramos en lo real es erosión de la verdad y contradicción, lo cual se vuelve para muchos insoportable, porque les quita la seguridad que siempre tuvieron sobre el universo y les quita responsabilidad sobre sí mismos para responder de forma activa, pero en lugar de ello, se excusan con que debe haber una verdad, ¿sino qué sentido tiene vivir? Así piensa quien no encuentra por su cuenta una razón para vivir más allá de la contradicción, la erosión de la verdad y el constante devenir.

La importancia de un enfoque distinto
Al basar el enfoque de la hipocresía sobre el olvido de la convencionalidad de la verdad, es necesario plantearse otro. Considero que lo importante no es marcar una hipocresía, si hay un problema, sino reconocer hasta qué punto una cosa es verdadera y en qué grado lo es, no se trata de denunciar la mentira, sino devaluar el concepto de verdad. Cuando alguien actúa de una forma contraria a su propio discurso, no significa que hay una verdadera forma de actuar y un discurso falso, o viceversa, esa necesidad de una verdad establece una idea moralizante de la verdad y la mentira, la cual no permite la existencia de la contradicción; siendo la contradicción un producto de establecer conceptos convencionalmente contrarios, olvidarnos de esa convención nos lleva a creer de forma vinculante que la contradicción no puede darse nunca, entonces tenemos ese impulso de "buscar la verdad" mediante una idea previa amasada que dicta que ante una contradicción hay una necesidad de encontrar una verdad y denunciar una mentira, cuando en lo real no hay tal necesidad de una ni de otra. Nos empeñamos en buscar verdades irrefutables, cuando en el mundo del hombre no hay nada irrefutable, salvo el error propio del hombre, que una idea sea irrefutable no la hace verdadera, la hace irrefutable, ¿y qué es el hecho de que algo sea irrefutable? Sino el error irrefutable de la vanidad. Por tanto, ¿qué lleva a los hombres a buscar la verdad? No es una denuncia de la hipocresía en un mundo donde la farsa, la mentira, el engaño y el encubrimiento son corrientes, sino mostrar el error mismo de tal pretención de buscar la verdad sin un fin práctico y concreto.



Nota de apartado:

El concepto "hipócrita" lleva consigo una importante carga moral, y establece la necesidad de una verdad respecto de una falsedad entre discurso y conducta de la otra persona a la cual estaríamos juzgando:
-En el primer caso, si la persona comparte el mismo discurso moral que uno, lógicamente se opta por considerar verdadero el discurso (siendo muy difícil admitir que la moral propia no es verdadera) y por tanto, falsa la persona en su conducta. Esta apreciación, además de ser harta vanidosa, nos lleva a considerar una necesidad de verdad en un discurso, siendo el discurso una convención, y cada convención lleva consigo su propia configuración de público selecto, a veces más amplia como el idioma y a veces más reducida o hasta hermética, como un código de conducta de un grupo de personas reducido o una hermandad; la convención es verdadera sólo dentro de la convención, es decir, no tiene ninguna verdad intrínseca o universal. Pretender que algo que se represente en lo humano funcione fuera del mundo humano es absurdo.
-En el segundo caso, se puede tomar otra perspectiva con el ejemplo anterior, su verdadera conducta denota la falsedad en su discurso, por tanto, establecemos que su moralidad es errada. La cuestión se torna interesante cuando nos preguntamos "¿Por qué diablos su moralidad es errada, porque es distinta de la nuestra?", si de todas formas en el caso anterior, al compartir los mismos valores morales se criticaba al accionar como el falso frente a una supuesta "moralidad verdadera", si su moralidad no es verdadera, ¿por qué establecemos que es errada si no es verdadero el discurso? Justamente, porque no es la nuestra. Si la conducta es la verdadera, su moralidad es errada, de modo que, en cualquiera de los dos casos, la persona adicta a denunciar hipocresías se deja sumergir por esa borrachera de poder que eventualmente lo hace sentir un poco mejor y hace su vida algo más llevadero, es decir, alguien que pretende su moralidad como la única aceptable, es quien no es capaz de superar sus propias cargas para lograr un tipo de estar mejor, por tanto, necesita sentirse mejor pensando que todos deberían bajar hasta su propio terreno.
Si el accionar de la persona juzgada es el verdadero, se establece que su discurso moral es errado, no que simplemente es distinto. Otra prueba de la vanidad del ser humano promedio. Si la otra persona no posee una moralidad verdadera, ¿por qué la de uno necesariamente la es? De ser la moralidad propia la verdadera, todas las demás moralidades serían falsas, ya que no es posible considerar conceptos antagónicos o contradictorios como irreconciliables o independientes, puesto que ambos dependen del ser humano como factor más visible; por tanto la denuncia de la hipocresía no sale sino, de la consideración previa de la moralidad propia como verdadera y universal. También hay que considerar el hecho de que al devaluar la verdad, la falsedad queda devaluada por contra-partida, ya que para que haya algo falso, necesitamos negar lo verdadero; si la moralidad verdadera es devaluada, también lo es la moralidad "errada" o falsa que mencionamos antes. La falta que tenemos de aceptación de algo tan simple y tan difícil a la vez, constituye uno de los problemas que giran en torno a la manía por etiquetar hipocresías. El hecho de que haya moralidades diferentes no constituye una opción para muchos, para ellos no cabe la posibilidad de que una persona haga las cosas de forma diferente a uno, es decir, aceptar que existe lo otro.
Pero por otra parte, toda moral se constituye a partir de lo conveniente, ya que lo "conveniente" varía según la consideración propia de la persona, cada una de las ideas morales es producto de lo que la persona considera que mejor le va a servir para un fin X. Incluso quienes se jactan de tener una moral desinteresada no son honestos completamente con ellos mismos, buscar ganarse el cielo también es interesado, al igual que buscar "acercarse a Dios", así como aquel que juzgamos de burdo e interesado por perseguir un fin "material". En ambos casos la constitución de una moral se da por lo que la persona considera mejor para sí seguir. Entonces, podemos volver a la misma pregunta que hice anteriormente, ¿para qué una persona denuncia una hipocresía? ¿Para qué una persona actúa de forma que otro la pueda criticar de hipócrita? ¿De dónde surge ese impulso por la verdad, que muchas veces se jacta de ser "desinteresado"? En ambos casos el denominador común engloba la tercer pregunta: el sentimiento de poder que en ambos casos se experimenta, aunque sea una voluntad pasiva por la imposibilidad de llevarla a cabo activamente, la borrachera de poder funciona también para el fulano llamado "hipócrita" tanto como aquel que llama hipócrita a otro, y así podemos encontrar muchas fallas en los debates contemporáneos, ya que muchos dicen lo que quieren o lo defienden con lo que no creen y no quieren, ¿y por qué ocurre esto? Volvemos a lo mismo, el poder que la palabra "verdad" genera consigo.

Lucas Cianfagna.-

Ciencia Política y su encuentro con el Hombre Nuevo



"Quizás el problema fundamental de la Ciencia Política contemporánea es, precisamente, su escasa independencia científica. De hecho, la enorme mayoría de las veces esta disciplina termina siendo instrumentada para justificar, legitimar, difundir o perpetuar el dogma de una determinada filosofía, doctrina o ideología. Esto no sólo le quita a la Ciencia Política la objetividad imprescindible sino — lo que es aún más grave — la convierte en una herramienta de tergiversación de la realidad cuando, en rigor, debería ser un instrumento eficaz y confiable para su estudio sistemático." Denes Martos - Fundamentos de Política

En este punto, creo que ya venía siendo hora de que desarrollara algún descargo sobre mi propio campo, o sobre la disciplina que he elegido tomar a modo de comprender, explicar y poder ser la acción que deje una nueva explicación y habilite una nueva comprensión, esto es, comprometerse, a saber, la Ciencia Política. Y quería hacerme eco de las palabras de Denes Martos, aplicando un punto de filosofía práctica para dar mayor profundidad a esta sentencia, que quizás a simple vista parece efímera, pero que responde a un profundo análisis y comprensión de quien la esbozó.
Primero que nada, es cierto que se ha avanzado mucho en la ciencia e historia de la ciencia en cuanto a enfoques, incluso la hermenéutica ha proporcionado una comprensión desde una mirada nueva y sin limitarse a estudiar un dicho "objeto" y establecer la fría relación positivista "objeto"-"mundo". El desarrollo de la Escuela de Frankfurt proporcionó en parte estos giros hermenéuticos, así como otros autores no tan afines como Giddens y Riccoeur que dieron aspectos de entendimiento más allá de la llamada "intención", o "buena consciencia" que según los antiguos era algo necesario y latente, como si fuese algo que todos tuvieran. Con la aparición de los "maestros de la sospecha" y luego la constitución del segundo modelo hermenéutico con Riccoeur, se estableció definitivamente un criterio más allá de la "consciencia" visible, de lo inmediato, de las interpretaciones más aceleradas y la estéril búsqueda de la "intencionalidad del autor".
Claramente, a pesar de haber establecido tamaña base para poder replantearnos el rol de las Ciencias Sociales, no podía sino sufrir la contaminación de los presupuestos de la Escuela de Frankfurt. Tal escuela, se atribuye la misión del sujeto como inmerso en su propio campo de estudio, en el estudio de su propio entorno, el problema es que está volviendo a las raíces de todos los siglos de problemas desencadenados que pretende querer resolver. Fatalidad de siglos. ¿En qué medida es mejor combatir los restos de un dogma pasado con un nuevo dogma? Lo único que puede lograr esto es la repetición de lo que ya se ha dado anteriormente, y esto corresponde a la falta de análisis histórico y a la falta de consideración de una historia de la ciencia. También se debe ésto al hecho de que se ha tomado como punto de partida el fenómeno de la Revolución francesa, siendo que no pretenden ir más allá de los presupuestos que éste acarrea consigo y que los frankfurtianos arrastran como la cruz que intentan criticar. Toda su comprensión y su discurso de desligar su actividad de sus propios pre-conceptos lo más que se pueda, fundándose en la igualdad y en la acción para llevarla a cabo.
¿Acaso resulta indiscutible la idea de igualdad? ¿Qué clase de vicio nos lleva a creer que tal endiosamiento no es posible que sea siquiera cuestionado? Ésto ocurre cuando nos adentramos en el terreno del moralismo, donde se jura con una mano y se esconde la otra en la espalda. El problema fundamental de la Escuela de Frankfurt es imponer ante el mundo y ante la universalidad un valor supremo (la igualdad), ¡como si existiesen cosas iguales a otras!, y al mismo tiempo pretender torcer la realidad para que se ajuste a su presupuesto, es decir, considerar iguales a dos o más grupos de personas, y si no lo quieren reconocer, ¡la ley se los obliga!. ¿No es ésto acaso lo que perfectamente se puede llamar un dogma? No hace falta ser un genio para notarlo, la igualdad se ha convertido en el presupuesto más burdo y de origen tan poco racional fingiendo serlo, lo cual no puede sino causarme rechazo, se ha tornado la causa anterior y el fin último, han dado una nueva re-significación a la abstracción absurda, a la definición de lo que no es cognoscible. Se han convertido en los herederos de todo lo que se puede llamar resentido, con un fundamento progresista, se logra mediante estos supuestos las formas de comportamiento dogmáticas más reaccionarias, la ironía del progresismo. No pueden evitar que su boca se llene de espuma cada vez que alguien se atreve a cuestionar a su eterno Dios "Igualdad", incluso me atrevo a decir: ¡La inquisición ha vuelto, y de forma más refinada y disfrazada de saber!
La Ciencia Política sufriendo el jaque de este tipo de presupuestos dogmáticos es que no puede desarrollarse plenamente, y que aún no ha brindado soluciones más allá de la misma agenda de siempre de la Ciencia Social que está gobernada por la filosofía relativista, que en su relativismo se vuelve absoluto, y el pensamiento de igualdad de individuos acaba conduciendo a la homogeneidad de pensamiento, a la falta de creatividad, al estancamiento de la ciencia. Una vez más, la ciencia está siendo tomada por fanáticos y dogmáticos. Quizás lo que me llama a continuar con mi estudio y mi desarrollo en el mismo, es liberar a la Ciencia Política de su esclavitud llamada "Pensamiento Único". La realidad y el devenir no saben de conceptos eternos, ni de ídolos conceptuales, saben de la necesidad y de la actuación ante dicha necesidad nueva. Una necesidad cuyo entendimiento sólo es visible para un nuevo hombre, uno cuyas cadenas se han roto por su propia voluntad de crear y de resolver sus dificultades, superar sus limitaciones e ir más allá de cualquier ídolo pasado, cualquier idolatría, ya sea el "individuo", la "masa", el "pueblo" e incluso la "igualdad", en búsqueda de horizontes nuevos y peligrosos. Las soluciones en materia política sólo les son accesibles a quienes son capaces, como este nuevo hombre, de atreverse a soportar cada vez un grado más de verdad, y poder cuestionar hasta lo que hasta ahora se pensaba. Es este Nuevo Hombre quien debe hacer a un lado a los tibios y dar un paso adelante en la infinita potencialidad de su propia libertad, acompañado por quienes pueden seguir su paso. Sólo en este caso, podría aplicarse la igualdad, esto es, entre iguales -semejantes-.

Lucas Cianfagna.-

Estilo y hermenéutica



Consideraciones previas
Podemos continuar mencionando un aspecto importante dentro de cualquier pieza musical o escrito que deseemos analizar, que es el aspecto de la interpretación, pero antes no podemos dejar de revisar categorías importantes para tener en cuenta y poder estructurar aunque sea mínimamente una serie de criterios que considero necesarios, más que nada en este contexto post-moderno donde el relativismo se manifiesta en todos los órdenes como la filosofía absolutista (paradójicamente), y el pensamiento único bien disimulado se torna en el nuevo dios de las sociedades occidentales, y genera por tanto, el mito de que cualquier producción escrita o artística es válida sin necesidad de criterio alguno. Curiosamente, resulta paradójico esto, ya que al no introducir una voluntad en uno cuando hace algo, se le está otorgando una voluntad de forma pasiva a eso que creen producir "sin criterio alguno", el criterio será en todo caso, lo decadente.

Repaso histórico
La hermenéutica, que surge como un esfuerzo de generar una estructura a partir del conocimiento de la filología, o mejor dicho, una rama de la misma, nos ayuda a contar con varias cosas a la hora de realizar una interpretación. Teniendo en cuenta ésto, se puede comprender que su forma más primitiva e incipiente haya tenido fuertes rasgos filológicos en el sentido más clásico, buscando una interpretación según un sentido intrínseco del mensaje, es decir, la búsqueda del discurso oral para entender la intencionalidad del autor fue lo primordial en la primera forma de hermenéutica, derivada como bien dije, de los esfuerzos filológicos, que por cierto muy pocos estudiosos hay sobre dicha disciplina. La hermenéutica clásica se caracteriza por establecer una interpretación muy ligada a la simbología inmediata, o lo que en semiótica más específicamente se conoce como "ícono", que es la imagen que más rápido remite a algo, por sus características de semejanza, y a partir de allí, considerar lo que se conoce como "índice", el cual pretende establecer una significancia, remitiendo a la intención del autor, como se dijo antes. Ésto ha servido muy bien para tener un conocimiento sobre el mensaje de -por ejemplo- las Sagradas Escrituras. Por supuesto que éste primer método de la hermenéutica no hacía más que abarcar una de las dos propiedades científicas, la comprensión, sin posibilidad de explicar, se tenía en cuenta sólo el criterio del autor tratando de realizar un acto de presencia en el espacio y tiempo en que fue pensado, como si se tratase de alguien que viaja en el tiempo y asistiese a una cátedra universitaria de su autor favorito para escuchar en primera mano qué trataba de decirnos, tratando de dilucidar la "conciencia" auténtica del mismo.
Este enfoque se vio fuertemente criticado, gracias al protagonismo de los "maestros de la sospecha", debido a que su postura era crítica de lo que se concebía como "verdadera conciencia", y por tanto, sospechosos de lo que algo parecía ser de tal manera u otra a simple vista, representó una ampliación del enfoque que consideraba "buena conciencia", y la comprensión por lo "inmediato". Ricoeur por supuesto, introdujo la ampliación definitiva que daría forma a un segundo modelo hermenéutico, ya mucho más maduro, el cual tiene que ver con ampliar el rango científico hacia la comprensión agregando la explicación, y por otro lado, tomar el enfoque en el rasgo escrito, que nos permite realizar una interpretación desde un horizonte previamente establecido, con la ayuda de la voluntad de objetividad, poder utilizar criterios válidos para comprender y explicar un escrito, siguiendo la obra de dicho autor, realizando una tarea más minusciosa, que tienda a lo mediato. Desgraciadamente hoy día, la consideración de la hermenéutica por muchos está más cercana a la idea primitiva, teniendo enfoques muy condicionados ideológicamente, e interpretando hechos históricos incluso de forma que "más le guste a uno". Muchos hablan de hermenéutica, pero pocos realmente conocen esta ampliación del enfoque, o al menos, fingen no conocerla.

Hermenéutica del estilo
Ésto se torna de vital importancia, ya que necesitamos tener en cuenta este enfoque ampliado a la hora de interpretar arte, estilo de escritura o ciencias. Como expliqué anteriormente, la necesidad de un buen estilo es hacer una comprensión total del arte de los gestos, y poder realizar una interpretación propia, sin reparar en la intencionalidad del autor, ya que no tenemos forma alguna de comprobar dicha intención, incluso teniendo al autor vivo y en presencia, su afirmación o negación de nuestra forma de interpretar no constituye siquiera una prueba definitiva, ya que puede cambiar su propio enfoque y hasta maldecir lo que él mismo escribe, lo cual nos pasa bastante seguido cuando uno trata de escribir algo, el arte de rumiar es la regla. Es por eso que es recomendable tener una idea previa de lo que se escribe antes de volcarlo, la escritura debe ser un dibujo de lo pensado previamente, aunque tampoco debemos caer en la estupidez del método para descubrir, no existe tal cosa. La creatividad y la imaginación no tienen método, lo que sí debe ser metódico es su ordenamiento y su análisis antes de obtener una forma aceptable, por tanto, no es sugerible permanecer horas sentado frente a la hoja o el documento en Word, es más viable desarrollar algo que ya surgió previamente.


Pero cuidado, con esto no me propongo limitar la explicación a la interpretación, sino también a la creación de nuevas piezas, nuevas composiciones de música, poesía, prosa e incluso ensayos como éste, que considero necesarias: primero para tener un enfoque claro sobre los autores que nos sirven de inspiración y de influencia; y segundo, para lograr adquirir esa perspectiva nueva que se posicione dentro de una obra auténticamente nueva y jovial, de lo contrario, si seguimos basando nuestro entendimiento y nuestro accionar en la hermenéutica primitiva, lo más probable es que terminemos escribiendo pasajes nuevos de la Biblia, o nuevas sagradas escrituras, pero al fin y al cabo, de nuevo no tendría nada.

Lucas Cianfagna.-

La necesaria caída del pensamiento moralizante



Sobre el cuerpo y la mente
En diversos debates y conversaciones cotidianas que nada tiene que ver con lo intelectual, surgen pruebas del resto del optimismo racionalista y del odioso legado del empirismo lógico y toda su verborrágea estéril y tan falta de sentido real. Parménides aún persiste en el inconsciente de muchos, en el sentido de lo estático, de lo infinito, de lo formal, de lo ideal, fuera de eso, está la realidad, la cual una buena parte de filósofos ha ignorado por completo. El gran pecado de los filósofos ha sido cercenar la cabeza del cuerpo, considerar la mente y el alma como los importantes, y en consecuencia y no tan en consecuencia, al cuerpo y me remito a Platón, una carga que el alma busca liberar. Muchos aún en su afición por la filosofía plantean semejante cosa al día de hoy, habiendo tecnología de sobra con la cual pueden desconectar su cuerpo entero y vivir en estado vegetativo, digo, ¿no era que querían liberar la conciencia y ser uno con ella? ¿No que tanto desprecian el cuerpo? No podrían, a pesar de sus pensamientos. Ellos sienten odio, asco por el cuerpo, ¡pero a qué le tendrían que agradecer si no es a su cuerpo de poder experimentar el sentimiento de propio asco hacia él!

Personas, no individuos
Recientemente he tenido un par de conversaciones interesantes con familiares y seres queridos, y uno ha parafraseado a otra persona, diciendo "La humanidad evoluciona, pero no cambia", lo cual me ha dejado sorprendido en cierta medida, ya que fue otro indicio que me permite ver cuánto egiptismo tiene atravesada a la filosofía aún el día de hoy y a pesar de los cambios de perspectiva, método, modelo, cuesta hacer llegar dicha forma de pensar a todos y es cierto, tardará otro buen tiempo más, sobre todo en una época donde la información es tal que sobrecarga a cualquiera, no los culpo por eso. Pero volviendo a la frase citada antes, es menester explicar ciertas cosas. Para empezar, un individuo es en términos abstractos algo indivisible, es decir, un "ente" del cual no se pueden desprender más cosas, y es entendido según se ha explicado en el racionalismo clásico como "igual a sí mismo", de manera que lo que se ha hecho es transpolar una abstracción al terreno de lo real, lo cual es harto peligroso, ya que se presta a confusiones que al día de hoy siguen vigentes, como quien dice que "somos individuos". Tal sentencia es falsa, si bien es cierto que un individuo es igual a sí mismo, invariable y por tanto infinito, eso sólo es posible en un mundo de ideas, un mundo de abstracción y de verdades absolutas, no lo es nunca en el mundo real, el único que queda para vivir. Las personas no son de ninguna manera individuos, ya que poseen muchas cosas para "dividir" o "extraer" sin las cuales no pueden vivir, como lo son influencias de todo tipo: genéticas, de entorno, propias, etc. De manera que establecer la permanencia de algo que no es permanente es vano, pretencioso y constituye un error del razonamiento. La "causalidad" de "el ser en sí", antes de la persona es una ocurrencia de filósofos que encuentra en el lenguaje una fuente de conocimiento que no puede dar nunca, como he explicado en otro escrito, el lenguaje no es sino un mero sistema de nombres que constituyen relaciones entre el humano y las cosas, y es designado por el ser humano en un momento determinado, como una forma de abreviar una explicación, no constituye la explicación misma, error fatal. Dicha forma de pensar basada en una permanencia infinita del ser, o el mismo concepto de esencia, sustancia, ser, son propios del razonamiento egiptista que la filosofía ha tenido por siglos. El hombre bajo su pensamiento moralizante crea conceptos considerándolos dioses, eternos, cuando son invenciones suyas. No existe tal cosa como el ser en sí, ni la cosa en sí, la realidad cambiante nos muestra su propia forma, la cual deviene constantemente y en ella estamos inmersos, un buen ejemplo de ello es el agigantado paso que la humanidad da durante cada era, para lo cual su fuerza se deriva de su propia inteligencia.

De los animales y las personas
El hombre al carecer de cuernos, garras, colmillos y otros atributos de la fuerza, se ve obligado a utilizar la inteligencia como supervivencia y conquista de su espacio. El animal común en cambio está atado corto al poste de lo inmediato, es decir, es guiado constantemente por su propio pathos de su instinto. Ésto se expresa en una metáfora en la cual el hombre se encuentra con el animal y el primero trata de establecer una conversación con él:
Hombre: ¿Por qué nunca me dices el secreto de tu felicidad, y te limitas a mirarme?
El animal en ese momento sólo atina a pensar "Es que siempre se me olvida lo que voy a decir", pero derrepente, olvida ésto también.
El hombre mediante su capacidad de comprensión y de interpretación de los hechos, está condenado a vivir su vida en diferido, a poder estirar conceptos, hechos, razonamientos en el tiempo a pesar de que hayan muerto ya, lo cual es comparable a la mayoría de estrellas que vemos en el cielo que hace años dejaron de brillar. Así de limitada es la percepción humana que tiene que contentarse con analizar realidades que ya sucedieron y ya devinieron en otras nuevas, ¿acaso no es suficiente motivo éste para entender que no se puede pensar en una realidad invariable, en un concepto infinito y mucho menos en el ser humano como alguien que no cambia?

De la lógica y la experiencia
El hombre al inventar el lenguaje le ha hecho una estatua gigante a su vanidad cuando olvida ésto, ya que por su ciega confianza hacia el lenguaje, lo formal, lo lógico, olvida que de ninguna manera el lenguaje explica hechos, sólo los ordena de una forma inteligible. De manera que así como es necesario revalorizar ciertos conceptos y establecer nuevos, es necesario entender que la necesidad de adaptación es más que imperiosa y no podemos prescindir de ello, así como lo que fue necesario para el hombre en una época, deja de serlo incluso más rápido de lo que se cree. Otra argumentación común al hablar sobre ciertos temas de política es la falta de sentido histórico y de cambios, por lo cual muchos esbozan "Esto no va a cambiar, va a seguir así siempre", y cuando se les piden razones, se limitan a hablar de sus edades, como si fuera ésa la pregunta que se les hizo: "Tengo 60 años", "70", "80", "viví demasiado y he visto demasiado", como si la humanidad no hubiese vivido más y experimentado más. Si bien es muy común, resulta excesivamente arbitrario y vano hablar en tales términos, ya que considerando los años que la humanidad lleva viviendo sobrepasan millones de veces la edad de dichas personas, es decir, se establece una conclusión tan absoluta y tajante sobre un hecho que como cualquier otro (incluso hechos que ya se han presentado en el pasado con formas peores y más terribles), requiere para su resolución de su tiempo de maduración y de la voluntad de las personas, no de sentencias arbitrarias que sirven más de excusas que de explicaciones. Decir que algo no cambia porque "se vivió muchos años" es una sentencia propia del ego, ya que, ¿quién podría establecer un número tan corto, tan ínfimo en comparación a la historia humana como una cifra de absoluto valor y valedera para justificar una sentencia? Sólo aquellos que se contentan con lo fácil, con saber menos.

Falta de un análisis histórico
La falta de un análisis histórico se hace visible ante conclusiones vanas, sin evaluación previa, como dije antes, no culpo a quienes no tienen idea de cómo usar la tecnología, pero sí a aquellos que son lo demasiado soberbios para hablar de cuanto no saben pero no son lo suficientemente ávidos para sentarse unos minutos a comprender cómo se origina aquello que da por sentado como algo que surge puramente del ahora, teniendo acceso a una computadora, a un libro y sobre todo, tiempo libre para dedicarlo a ello. La comodidad intelectual de esta época da asco, pero ese asco me produjo un sentimiento de reacción que me llevó a la acción, es decir, a la búsqueda de ese pathos de la distancia, necesario para no dejar nunca de elevarme y siempre buscar hasta la propia crítica sobre cosas que uno piensa y que se da cuenta que debe dar el salto hacia adelante. Muchas de las sentencias pesimistas y carentes de voluntad al tener el olor a la impotencia, se perciben más como autocríticas bien disimuladas que como críticas a otro. Con lo cual, volviendo al problema inicial, soy capaz de contestar a la cita del principio, "la humanidad evoluciona, pero no cambia", por una cita de mi propia autoría:
"La persona que asegura que la humanidad no cambia, no está hablando de la humanidad, sino de sí misma."

Lucas Cianfagna.-

Consideraciones sobre el peronismo y la verdad devaluada



"¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas, poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal." 
Friedrich Nietzsche



Con esta frase podemos empezar a plantear la necesidad de adquirir un enfoque actualizado sobre el entendimiento de nuestra historia y de forma tal, que podamos poner en juicio los conceptos que hasta ahora hemos considerado inmutables y perfectos, lo cual resulta algo pretencioso y vano, debido a que los seres humanos no somos ni una cosa, ni la otra. Esta definición de verdad conviene retomarla aplicada a una época determinada de nuestra historia desde donde se remonta y donde aún al día de hoy, nos viene faltando definir: el peronismo.
En la Argentina, una gran parte -por no decir- el 95% de los argentinos, se considera peronista o adhiere al pensamiento peronista, que en realidad es justicialista, ya que la doctrina no se llama peronismo, peronismo es sólo el período de gobierno de Juan Domingo Perón. Por más que alguien gobierne utilizando o diciendo utilizar sus banderas políticas, no sería considerado peronismo por el simple hecho de que Perón no está gobernando, el justicialismo al que muchos adhieren, por razones familiares, estudio de la historia, política, o bien, por conveniencia (como es el caso de los dirigentes, gobernantes y otras autoridades), en la inmensa mayoría de los casos, se tiene poca comprensión del sentido político de Perón, y más aún se tiene una vaga idea de lo que significa ser realista, pragmático o tener cintura política. Perón tuvo todo lo que tiene que tener una persona -teniendo en cuenta las necesidades actuales- para ser considerado un estadista: capacidad de síntesis, conducción y planificación, lo cual no quita que pueda cometer errores en el camino, pero la buena base estuvo, de la cual carecen todos prácticamente hoy.
En vista a las necesidades nacionales de poner el país en marcha, se vio obligado a acoger a los sectores que no tenían posibilidades de producir, siendo él militar, debía encarnar un modo de hacer política que tenga que ver con la persuación, de hecho, comprendió la forma de hacer política moderna de la manera más maquiavélica posible, lo cual fue indispensable, aplicando el sentido práctico, y logrando el acercamiento por parte de dichos sectores que tenían mucha desconfianza hacia los militares, teniendo sus razones. El objetivo de Perón para la Argentina era incluír productivamente a sectores terriblemente postergados, para ello se valió de hablarles directamente, y por supuesto, se vio en la necesidad de ajustar su lenguaje a la media de ese sector, razón por la cual los símbolos creados en la práctica justicialista son símbolos que fácilmente pueden ser difundidos y tomados por personas de cualquier sector social, esto es, bajar su discurso al idioma de la masa, de la muchedumbre, para organizarla y lograr solidaridad y cooperación de su parte. Retomando la definición de verdad antes proporcionada, podemos indicar que los símbolos, las usanzas y las adjetivaciones de dicha época no servían más que para dicha época, o mejor dicho, los términos "gorila", "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista" (sacado de la escuela de cadetes), "5x1, no va a quedar ninguno", caracterizó una época determinada en la cual se definía un modelo de país en contraposición al otro. Al retorno de Perón desde el exilio luego de 17 años, esas palabras y esos insultos políticos que se habían creado, él los abandonó, porque su misión de instaurar un pensar diferente ya lo logró antes, pero había una nueva necesidad, que fue la de crear un proyecto nacional que sintetizara todo el pensamiento argentino en algo superior, de ahí la consigna se actualizó y mejoró "para un argentino, no puede haber nada mejor que otro argentino", y al quedar ese Proyecto Nacional inconcluso, nos quedó pendiente terminar dicho legado, con el objetivo de avanzar y traer una sociedad mejor, una comunidad superior, que pueda ver más allá de cadenas pasadas como "gorilas o peronchos", "populismo o republiqueta". La crisis de la Argentina respecto a su forma de pensar tan binaria y chata es lo que produce fenómenos que vemos como divisorios, y por supuesto, nunca falta la maliciosa voluntad de la clase dirigente que lo usa a su propio beneficio, con fines asquerosos. La definición de verdad nos proporciona una visión de comprensión histórica y de génesis sobre los problemas, la cual nos falta y nos urge tener, para poder determinar qué cosas son necesarias y qué otras no lo son y hasta son un impedimento para adaptarse, esto es, la terminología, el comportamiento y los conceptos dentro del peronismo, son verdades que perdieron su troquelado como las monedas las cuales ahora no son más que metal. La banalización del justicialismo y reducción al "choripán", al lío, a la movilización sin objetivos claros constituye en muchos dirigentes lo que sería un disfraz de corderos. Ellos critican a los que siguen la doctrina sin comportarse de dicha manera, los llaman "gorilas afeitados", "chetos", cuando en realidad no he visto dirigentes que por más comportamiento popular que tengan anden con su billetera delgada, y sino más, nunca he visto a Perón comportarse como se comportan los actuales dirigentes, a lo que me refiero, es a la falta de comprensión histórica y falta de estudio sobre el tema libre de pre-conceptos, lo que provoca que todo se vuelva tan extremo y fanático que parece que, para ser peronista se deba competir para ver quién es más "pueblo", lo cual es una idiotez, Perón nunca practicó eso, simplemente les hablaba ajustando y devaluando su lenguaje para que la masa lo entendiera. Un hombre como Perón con aspiraciones grandes y de las más nobles no se le puede reducir a ello, le estaríamos faltando el respeto.
Es por ello que una actualización del justicialismo para una reconstrucción de un movimiento nacional es necesaria para conseguir una transformación total de nuestra sociedad y nuestra concepción de la misma. La libertad del hombre nuevo amerita, al igual que lo hizo Perón, limitarse a organizar, pero nunca a contentarse con los placeres de la manada. Perón fue un gran luchador contra el exitismo burgués y plasmó un pensamiento de vista hacia el porvenir y trató de plasmarlo en todos los sectores sociales, cuando lamentablemente hemos reducido una doctrina tan eficaz al aumento de salario, paritarias y convenios colectivos como la más grande aspiración. Nuestra clase dirigente es tan vulgar y vanidosa como lo es un simple ladrón de mercado, con la diferencia de que poseen medios para no tener que realizar sus mismas prácticas, y eso se debe al esquema burgués exitista de sociedad del momento inmediato, donde no hay más aspiraciones que tener un mejor sueldo. Transpolar ese esquema banal al justicialismo debería ser condenado por una buena parte de sus adherentes, sino es por todos.
El hombre libre lo reclama, reclama esta personalización del justicialismo, esta aristocratización para lograr un justicialismo que no dependa siempre de una sóla figura, sino que por su propia disciplina logre los cometidos que ha logrado sólo con Perón, las veces que lo necesite. Una comunidad organizada no se puede dar en un marco de esclavitud de espíritu y de conciencia, las ataduras y dogmas pasados no son para los nobles, son para los corderos; los lobos y las aves rapaces son las únicas que se pueden dar el lujo de criticar hasta lo que ellos mismos piensan con el fin de elevarse, para traer un nuevo valor, un nuevo concepto y poder guiar y dar la herramienta para pensar, ellos al romper con la vulgaridad de la muchedumbre, son los auténticos inmorales, aquellos que reciben la reprobación de los resentidos y el aplauso de quienes realmente quieren avanzar y dejar atrás los formalismos estúpidos para alcanzar la verdadera libertad de espíritu.

Lucas Cianfagna.-