lunes, 20 de noviembre de 2017

Elementalismo: Nueva objetividad sobre acantilados de mármol

"Quiérase o no hablar de barbarie lo importante sin embargo es hoy constatar la nueva, indómita corriente de fuerzas elementales que se ha adueñado de nuestro mundo. En el contexto de engañosas seguridades de los viejos ordenamientos, las mismas son demasiado cercanas y demasiado destructivas como para que se pueda comprender su sentido último. Su forma de aparecer tiene elementos de anarquía, es como la irrupción de un subsuelo volcánico. Aquel que sin embargo cree, que un tal proceso pueda ser frenado con ordenamientos del antiguo estilo, pertenece a la raza de los vencidos, de aquellos que son condenados a la destrucción. Surge en vez la necesidad de ordenamientos nuevos, de ordenamientos basados no sobre la exclusión del peligro, sino sobre un nuevo connubio de la vida con el peligro." Ernst Jünger

La simultánea y sincrónica referencia a Franz Matzke y Ernst Jünger es innegable en esto que me propongo escribir, puesto que me interesa sacar aspectos clave en lo que plantean los dos: por un lado Matzke nos habla de una nueva objetividad -o "Neue Sachlichkeit"- refiriéndose a la apertura a una nueva época libre del prejuicio romántico de las cosas, donde las cosas se liberan de sentimentalismos y de valoraciones previas hechas por una mente sensiblera y débil de carácter, empezando entonces a hablar de las cosas como son, y de apreciarlas de igual forma; por otra parte, Jünger con su texto "Los acantilados de mármol" expresa una actitud futurista respecto de las nuevas tecnologías surgidas luego de la Segunda Guerra Mundial, y el impacto que eso tendría en la sociedad, entendiendo este nuevo avance como una nueva oportunidad de aprovecharlo en miras de una nueva filosofía del individuo y de la realidad. Ambos dan en la tecla con algo, y prácticamente apuntan a un mismo tiempo, o al menos, a un mismo contexto metafísico: una visión más elementalista como reconciliación entre teoría y praxis, filosofía y ciencia, realidad única en sus polos integrados, lo finito y lo absoluto como integrantes de la misma realidad, la posibilidad de percibir la misma sin sentimentalismos, sin nostalgia, sin pesimismos, ni sueños de trasnochados que esconden nostalgia no resuelta. Se trata de entendernos y de valorar el espacio propio, el dominio propio, la distancia, el amor por la distancia y por lo elemental, tanto en las personas como en las cosas.

Para continuar con la definición de mi propuesta elementalista, es necesario hacer una breve mención de algunas cosas, sobre la técnica, la ciencia y la filosofía. No por casualidad nombré en primer lugar la técnica -o la tecnología- ya que es lo más importante para entender este desarrollo de paradigmas nuevos y de reintegración de la ciencia con la filosofía, en esto la técnica es el vértice fundamental. Cuidado, de ninguna manera estoy reduciendo la realidad a una expresión material, sino por el contrario, quiero ir al significado originario de la palabra "técnica", en griego viene de techné referido a las artes en sentido de dominar los objetos y dictar libremente tanto su uso como su curso de dirección, entonces "tecnología" no sería otra cosa que el uso racional de esa técnica con fines específicos, y todo ello constituye lo primordial en el saber humano, de lo cual se puede destilar de forma más sutil la ciencia y la filosofía. De manera que sin técnica, no habría ni ciencia, ni filosofía, ni saber humano alguno. En cuanto a la destilación de la técnica que más ha caracterizado a Occidente, es la filosofía, entendida como amor por la sabiduría como su nombre lo indica, y corresponde a la mayor sutileza acuñada por la técnica, derivando luego la episteme que vendría a ser la clasificación de técnicas desde la propia lógica de cada una. Aristóteles por ejemplo, siendo un filósofo, en su academia poseía numerosos "Think Tanks" como se los llama hoy, o "Bancos de datos", donde varios investigadores se encargaban de recolectar información a nivel que hoy llamaríamos científico, no tratándose de conocimiento a nivel filosófico, sino empírico o epistemológico. Pero sin duda lo que había era una intensa interconexión entre teoría y praxis, filosofía y ciencia, aspecto físico y nouménico de la realidad.

Sin hacer un repaso de toda la historia, sería engorroso, podríamos en cambio hablar de lo que se ha terminado, o que al menos está en proceso de terminarse. Para hablar mal y pronto, la concepción cartesiana de conocimiento donde existe un hiato irreconciliable entre mente y cuerpo, o mejor dicho, entre realidad física y realidad mental, se puede finalmente terminar, mostrando que no existen dos realidades distintas, como nos quieren hacer creer los ilusionistas de la religión, o los materialistas extremos que alimentan la dialéctica interminable. Por ejemplo, Platón al estar sumergido en la concepción cíclica del paganismo antiguo, veía con pesimismo su realidad, y buscaba un "retorno a la edad de oro", alimentando también en su momento esta distinción irremediable entre dos mundos, buscando el regreso al otro; Aristóteles lo supo refutar muy bien, dominando el campo de la física, cuando planteó el fin de los conflictos duales, por medio de la metafísica, entendiéndola como integración a una única realidad las distintas dualidades que la componen. Entendiendo que conforma el mismo mundo lo concreto y lo abstracto, y que la virtud estaba en lograr establecer los grados y la progresividad entre los polos, lo cual le pone fin al pesimismo, y sin hablar de optimismo, se puede retomar esta idea elementalista de entender la realidad por cómo es, sin prejuicios, sin especulaciones y sin dramatismo, lo que es, es y punto. 

Quizás sea bueno entender que la visión cíclica o el eterno retorno sirve para comprender que todo lo que la humanidad experimenta y de lo cual no aprende, se condena a si misma a repetirlo, esto está incluso en la psicología individual más rudimentaria. Por otra parte, es importante una vez entendido esto, salir del sentido cíclico de pensamiento constreñido, y poder finalmente avocarse a hablar de un desarrollo progresivo de la realidad, diametralmente opuesto al que hemos venido haciendo hasta ahora desde el positivismo y la idea ilustrada. Ambos polos constituyen un error en sí mismos, uno se obsesiona con el principio buscando volver al pasado, y el otro se obsesiona con el futuro, buscando cambiar toda la realidad en función de una entelequia. Este elementalismo tendría como base la idea de progresividad a nivel integrado, tanto en lo material como en lo mental, lo informativo y lo formativo. Se trata de comprender la realidad en su dinamismo complejo, y cultivar una percepción de esa realidad en ese sentido, buscando posicionarse más allá del espacio y del tiempo establecidos, ya que todo proceso elemental los trasciende de forma constante. A partir de este punto se puede hablar de una verdadera inversión de valores, ya que no se puede originar un auténtico desarrollo de una idea progresiva si no se pone cabeza arriba todo lo que este estancamiento y decadencia a nivel del saber puso cabeza abajo en algún momento. La generación a la cual pertenezco sabe muy bien de todo esto, es escéptica hasta el cansancio, no por ser pesimista, sino por ver con realismo todo lo que acontece y lo juzga a su debido tiempo, con las armas en la mano. Nos vemos hartos de toda la moral sensiblera de nuestros antepasados, de toda esa degradación personal que en lugar de admitir el derrumbe de todo saber, prefirieron como dijo un amigo, acostarse bajo la cama y llorar "por los valores que se perdían". A toda esa actitud pusilánime decimos "¡No más!".

Resulta gracioso que durante la Edad Media no haya sido tal el cuestionamiento sobre la forma de la Tierra, no habiendo prácticamente referencias ni herramientas para conocer, se leía muy poco, la lectura estaba reservada a personas muy selectas, sin embargo hoy día, con la "democratización" de la información, hay gente que afirma sin pudor que la Tierra es plana, a pesar de las toneladas de evidencia y que más que hablar de evidencia, no tendría ni que ser legítima la discusión, así como quienes podrían decir que la gravedad es un "constructo social", de parte del posmodernismo más rancio, hijo directo de la angustia de los románticos, que al no tener la fuerza y firmeza para criar a sus hijos, los convirtieron en monstruos del caos buscando un nuevo totalitarismo que los ponga en fila de una vez por todas. A su vez, me apena saber que hay quienes cuestionan la evolución, más insólito aún, consideran que el hecho no tiene pruebas suficientes, lo cual me insta a abandonar el debate e irme, si una conversación así dura más de 2 minutos, es culpa de uno por sostenerla. La evolución como tal habría que entenderla no sólo desde el aporte de Darwin sobre las especies, y ni siquiera sobre su trascendencia al entendimiento del universo, sabemos que ello es real, pero además, considero invaluable lo que dice Thomas Lombardo, sobre el carácter evolutivo de la evolución misma.  Es decir, la evolución posee una dinámica de evolución, y para entenderla es imprescindible remitirse al concepto tradicional de libertad de los elementos, es decir, cada elemento tiene la libertad de determinar el curso mismo de su evolución, así como el ser humano ha sido capaz de alterar la evolución no sólo propia, sino de las mismas especies que lo rodeaban, mediante la domesticación por ejemplo, de plantas y animales, ni hablar de la tecnología o la técnica, que han servido como manifestación de esa libertad que el hombre posee. Estaríamos dando los golpes de gracia fundamentales a la idea mecanicista universal, donde se decía "Deus ex machina", que tienen estas visiones fatales del materialismo pesimista; en vez, proponemos entender la evolución como un proceso dinámico que se va descubriendo e interpretando constantemente por la libre participación de los elementos que la componen. Esto es, hay un caos inicial que va dirimiendo en sus elementos un orden que va creándose como este proceso que describo. ¿Podría entrar entonces un sentido cíclico? Por supuesto que sí, pero en espiral, no como único aspecto de la realidad, ya que la evolución requiere períodos como este donde surge el estancamiento y la decadencia como descenso que tiene la humanidad para encontrar de nuevo fuerzas para resurgir con energías completamente renovadas. Hay aspectos que se repiten, pero nunca son iguales, y a pesar de la similitud de los actores, cada individuo es distinto en lo elemental. 

Convendría entender entonces como afirma Aristóteles, que los polos duales de la realidad merecen ser integrados. Esto es, tanto lo repetitivo (cíclico) como lo nuevo (lineal) existen en la realidad, y que el acento en uno o en otro no depende de otra cosa que de la libertad humana. Entonces, la restitución de la técnica en sus derivados filosófico o científico, deberá también tener el criterio de una objetividad real, en términos de Matzke, y no de dialéctica entre concreto y abstracto. En un contexto donde la tecnología avanzó en terrenos ya inimaginables para una persona promedio, vamos a encontrar una revolución en la forma de percibir las cosas y de relacionarnos con la realidad, todo ello necesita un carácter que informe a la persona y que forme su realidad de forma eficaz. Por consiguiente, la elaboración de los paradigmas para una sociedad deben ser repensados, igualmente para las estructuras políticas, institucionales e incluso culturales. Como bien señalaba Jünger, con la mentalidad de los que yacen vencidos en el suelo y con el pesimismo que los devora como un cáncer terminal, no se puede sino ir a la propia aniquilación, y esto no es una declaración pesimista, es un hecho predecible. Es entonces que debemos aprovechar este impulso generacional por pensar y entender distinto, encausar toda esa energía en vivir peligrosamente, en ir a las cosas y tomarlas por lo que son, en que la realidad sea la expresión más viva de la propia voluntad, el querer hasta el fondo lo que es, como diría Nietzsche, en una estética de la existencia, que nos guarde de preocuparnos por la realidad del otro, y nos haga ocuparnos de una vez por todas, de la propia.

Lucas Cianfagna.-

viernes, 3 de noviembre de 2017

Superación del clasismo

"De acuerdo a tales premisas es necesario apenas decir que el primer paso a cumplir para normalizar la economía es la superación del clasismo, residiendo en ello la causa primera del desorden y de la crisis de nuestro tiempo." Julius Evola

Muy pocas veces he dedicado escritos al tema económico, y sólamente en casos aislados, pero lo considero necesario, puesto que en el ámbito de la ciencia política se ignora mucho la cuestión económica como ciencia, y al mismo tiempo hay un desembarazo de la economía entendido políticamente, quizás lo mejor sea brindar un análisis de por qué las cosas se han hecho mal, y proporcionar la solución que el tema merece. En primer lugar, librar a la economía de la política, pero no para que la economía sea salvaje o que logre negocios oscuros e ilegales, todo lo contrario, el principal objetivo de volver independientes ambas áreas en sus actividades, es que la economía y la política retornen a su sendero original, es decir, que lo público y lo privado ocupe su espacio respectivo, así se recupera también el sentido cualitativo de cada ámbito.

En el plano económico, hay una actitud economicista y mecanicista, una concepción totalitaria de la sociedad vista sólo del aspecto económico, como si se tratara de un asunto de tecnócratas, como acostumbra el actual gobierno, esperando la respuesta anticipada y racional de los habitantes, lo cual dista mucho de lo que significa entender la conducta humana y su accionar. Muchas veces los economistas cometen el error de no poner en el debido contexto político a la economía antes de hacer el análisis, lo cual se condice con este tipo de entramado tecnocrático. Así también, los analistas políticos cuando deciden opinar y mostrar su visión se ven influenciados por el germen cultural que Argentina, por ejemplo, tiene en cuanto a temas económicos, ignorando toda evidencia y regla científica, entonces incurren en que "ni mucha intervención, ni poca intervención", cuando no es de intervención que se trata, sino de formar una cadencia y un espacio que propicie la actividad en su mejor desarrollo. Los políticos debido a su entramado economicista y tecnócrata, conocen bien que es bueno para ellos meter las narices en asuntos de producción, de distribución, de precios y de regulaciones, como si eso en todos los años que se vienen haciendo hubiera tenido algún buen resultado, pero es que no interesa esto, sino que el objetivo es la ganancia inmediata, no del empresariado honesto que arriesga, sino de los políticos que amenazan o se asocian con dicho empresariado para dictar las reglas de la producción, en un esquema dirigista propio de modelos extremadamente burocráticos, como lo fue el modelo romano antes de la caída del imperio y la invasión de los bárbaros, así como tenemos el ejemplo moderno de la U.R.S.S., cuyas variables fueron las mismas y se llevaron a un extremo insostenible. Nuestro gobierno ha hablado mucho, pero no ha hecho nada a fin de cuentas por cambiar algo de esto, resulta realmente difícil ser optimista, teniendo en cuenta que muchos de sus funcionarios, inclusive el mismo presidente, han mantenido negociados con sus familiares y empresas asociadas al Estado, lo cual pareciera que la supuesta solución es cambiar el disfraz para que no cambie nada.

Este dirigismo de la economía resulta de lo más nocivo, ya que no tiene en cuenta cuestiones de conocimiento por praxis y por experimentación directa, lleva a errores groseros, estancamiento y empobrecimiento, por no comprender que la actividad tiene su dinámica y que uno no puede dictar cómo han de ser los resultados de un proceso del cual no forma parte; es como si yo pudiese obligar a un plomero a que use las herramientas que yo le disponga hablándole desde un teléfono, no teniendo idea de dónde está, qué situación tiene, qué resolución conviene, y ni siquiera teniendo conocimiento del tema, etc. Este dirigismo no es más que una actitud totalitaria y decadente, que no comprende que cuanta más unidad haya en un sentido mayor de un entramado, mayor autonomía y libertades se le pueden conceder a las partes. Continuando con la idea orgánica, el totalitarismo ocurre donde no hay un centro fuerte en el Estado que disponga de los límites necesarios y una de manera armónica sus distintos elementos, garantizándoles a cada uno la autonomía de acción. Una economía dirigida por el Estado, no puede tener otro resultado que la corrupción, el apalancamiento de empresarios inescrupulosos, privilegiados y una oligarquía creciente, que encuentre palanca de lo público a lo privado, y viceversa, así nace esa relación espuria que se debe evitar independizando el aspecto político del económico.

En cuanto a la clase política, su liberación de cualquier vínculo económico más allá de la paga que perciban, debe garantizar las condiciones para castigar los negociados, la corrupción, la evasión y promover un desarrollo competitivo de quienes busquen emprender, basado en valores, por ejemplo el de la cualificación personal, la jerarquía natural y la sana competencia en un marco de leyes firmes. El objetivo no sería otro que darle a la economía un carácter de finalidad para la plenitud del desarrollo personal en cuanto a la vocación y a la perspectiva de vida, así como la política pasaría entonces a ocupar un lugar de jerarquía respecto de la economía, no para dirigirla ni meter la nariz donde no le incumbe, sino para establecer el mejor escenario institucional y jurídico para su mejor desenvolvimiento. A partir de esto, se puede hablar sin tapujos de una idea de corporación, así como existe en algunos países escandinavos y otros modelos interesantes de trabajo, donde hay acuerdos a largo plazo y fijación de pautas entre estructuras superiores (empresariales y líderes sindicales) respecto de las estructuras de base (trabajadores y convenios autónomos). Es necesario hablar de una estructura totalmente distinta de los gremios, para devolverles la dignidad organizativa, las mismas estructurándose en la calificación y la jerarquía natural, permitiendo una relación fluida con su contra-parte empresarial en sus grados más altos, y la traducción del reclamo de los grados más bajos del trabajo, que entienda de la situación y la dinámica de la empresa, así como garantizando una férrea unión basada en acuerdos mutuos que permita el mejor desarrollo para ambas partes. Para ello, se debe cambiar de raíz la propia ley sindical, y dejar atrás un modelo socializante, de sindicalización decadente, que simula una lucha de clases a nivel salarial y representa una auténtica oligarquía laboral, un derrotero que expresa esta búsqueda de asaltar la política desde la economía, una fuente de corrupción, extorsión y más empobrecimiento, otra gangrena del normal funcionamiento de la economía. 

Quedaria entonces la política devuelta a su sendero honorable que en algún momento supo tener, y la economía devuelta al sendero de garantizar una actividad de desarrollo humana que vaya más allá del salario y de la mera cuestión estomacal, sino incluso de brindarle una perspectiva a la persona basándose en lo que anhela y en lo que quiere ser, como decía Weber, la vocación. En esto no puede haber equívocos, ya se cometieron bastantes, y es necesario entender el rol que juega cada parte para comprender hasta dónde nos han envenenado con ideología socialdemócrata, pseudo-marxista y clasista, de ningún modo se puede lograr una política y una economía sana con la subsistencia de elementos disruptores, es por ello que la solución va más allá de la economía, sino que incluso es predominantemente política, la decisión de no ceder ante quienes pretenden destruir la paz social. La jerarquía del Estado por sobre la economía  y la sociedad, deben ser la premisa, para poder otorgar a cada ámbito su autonomía, siendo la política la que toma decisiones soberanas de proyectarse hacia adelante y disponer de la economía para los objetivos, manteniendo aún así su respectiva libertad de acción.

Lu
cas Cianfagna.-

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Lo orgánico en la idea de República

"Orgánico es un Estado cuando éste posee un centro, y este centro es una idea que informa a partir de sí en modo eficaz a los diferentes dominios: es orgánico cuando el mismo ignora la escisión y la autonomización de lo particular y, en virtud de un sistema de participaciones jerárquicas, cada parte en su relativa autonomía tiene una funcionalidad y una íntima conexión con el todo." Julius Evola

Como bien menciona el maestro Denes Martos, los sistemas de Estado que la humanidad pudo crear son dos: monarquía y república, y si los analizamos bien, no hay mucha diferencia entre ambos, sino más bien en los nombres y algunas atribuciones. El problema no es elegir entre alguno de los dos sistemas, sino el criterio y la razón detrás de cómo se configura uno u otro. Las monarquías que han sobrevivido, presentan casi en su totalidad este problema de criterio, algunas configuradas desde lo partidario, como es el caso inglés, donde muchos politólogos hablarán loas del modelo inglés, y consideran un "logro" que sea el partido el centro de la cuestión, pero el problema es que la acción del Estado determinada por un partido de turno es un problema, así como lo es cuando un partido único también lo hace (regímenes socialistas), o un partido hegemónico (la lamentable experiencia del Partido Justicialista), sea en monarquía o república. Volvemos a repetir, no es el sistema el problema, sino el criterio.

Como hemos dicho en otro momento, la idea jurídica de Kelsen descansa en un equívoco que Aristóteles hubiera contestado con contundencia: de ninguna manera un ente puede ser en potencia y en acto al mismo tiempo, de manera que "gobernante" y "gobernado" no corresponden a una misma persona de ningún modo, salvo que quien gobierne sea la ley y no la persona, pero de esa manera la ley sería el único acto, la única voluntad, que surge del Estado como un dios, la vieja idea totalitaria, como dijo Taylor "la obsesión moderna por los antiguos". Este era un proyecto que Kelsen planeaba para toda la humanidad moderna, el elogio a la burocracia y al automatismo, es decir, una idea liberal en su origen, que llevaría a un modelo donde la libertad es anulada, propio del iluminismo. Por lo tanto, queda claro que el pueblo no puede ser soberano, y que esto es otro punto más en la demagogia moderna de los analistas, de los panelistas, de los que están sumergidos en la historia sin darse cuenta, quienes no pueden pararse frente a la historia y decir "¡No!", los opinólogos de hoy no tienen capacidad de decirle que no a la época, ya que viven y comen gracias al tsunami de opiniones mayoritarias, por eso faltan sabios, faltan filósofos, y sobran opiniones vacías.

Volviendo al tema que me interesa tocar, la república, siempre surgen estos clichés llamados "división de poderes", "sistema de pesos y contrapesos", y el infaltable "el partido político es lo único que puede sostener un sistema republicano". Veamos uno por uno, primero la famosa división de poderes es un equívoco incluso para la ciencia política de hoy, ya que la división de poderes se ve más acentuada en un régimen de gobierno presidencialista como es en el caso de América en su conjunto, puesto que tal división no existe más que conceptualmente en Inglaterra por ejemplo, donde tienen un régimen parlamentario de gobierno, ahí podemos conceder un punto a favor de los ingleses, a pesar de lo que mencioné más arriba. En un régimen parlamentario se ve mejor que la división no es de poderes, sino de instancias del mismo poder, cosa totalmente positiva, ya que lo importante de entender es que el poder público, o sea, el poder estatal, no pueden ser varios, sino uno sólo. Las instancias del poder estatal sí pueden separarse sólo conceptual y operativamente, pero no se sustraen de lo esencial, que es el poder de acción del Estado, desde el soberano, que es quien toma decisiones, por definición. "El pueblo no gobierna, sino a través de sus representantes", entonces no lo hace, porque gobernar/ser soberano, implica precisamente ser la última palabra en toma de decisiones, que por obviedad, el pueblo no puede hacer nunca. 

Otro problema que los panelistas no ven, es que el sistema de pesos y contrapesos es un error de base: si una instancia del poder, como son el ejecutivo o el legislativo son siempre sospechados de corrupción o de siempre "llevar agua a su molino", ¿de qué sirve los ponga a controlarse entre ellos? De la misma manera en que si sospecho que dos personas pueden ser delincuentes, no tiene sentido que diga que deben controlarse uno al otro, puesto que lo que ocurriría es que por el contrario, pueden encubrirse mutuamente, como de hecho pasa. ¿Pero cómo es posible entonces este encubrimiento? Si es precisamente por algo que está por encima de la instancia de poder ejecutiva, legislativa o judicial, ese algo es el partidismo. La tercer idea de que el partido es lo más importante para un sistema republicano, ¿de dónde salió la idea? Podríamos decir en principio que viene de Rousseau, quien trataba de sostener esa incoherencia de la soberanía del pueblo, y cuando definía pueblo nunca se terminaba de decidir, porque no era la mayoría, pero es una voluntad que ni él entendía. Esa voluntad grupal (que es una contradicción en términos) funciona como una gangrena para el Estado, como una peste mórbida que lo vuelve enfermo y degradado, porque es una parte que se arroga la potestad del todo, por tanto, no puede ser el partido lo que esté por encima de las instancias de poder, porque ahí es cuando empieza el problema de que no se cumple la tan pedida "independencia de poderes", al contrario, el partido los pone a cooperar entre ellos para que la rosca circule mejor.

La solución para configurar una república, sería entonces que la concepción de república sea con la concepción de Estado una misma cosa, es decir, un único poder, del cual se desprenden tres instancias: judicial, legislativa y ejecutiva, puesto que nada atenta contra la autonomía de cada una  más que el partido por encima del poder público; si queremos que cada instancia funcione de forma autónoma. Para resolver los pesos y contrapesos en lugar de que se controlen entre sí, lo fundamental sería establecer las exigencias propias de cada instancia, o sea, el mérito que deben cumplir para no ser removidos del cargo, para que las instancias del poder sean realmente independientes, pero integradas a la misma acción del Estado orientada a un mismo objetivo común; los pesos y contrapesos deben ser propios de cada instancia, lo cual conforma una verdadera autonomía. A esto se le puede agregar la existencia de organizaciones intermedias, que sean las que medien entre la comunidad y sus autoridades, para terminar con esa noción de "representantes" que lo único que representan es la decadencia a nivel cultural y político en la cual se vive; prefieren decir con demagogia "que el pueblo decide" mientras sólo lanza críticas por redes sociales, en lugar de que haya una auténtica expresión de la comunidad en sus necesidades y que ésta sea consciente de qué debe reclamar a sus autoridades para que resuelvan. La república no es más que la continuidad de la monarquía una vez que ésta se vio degradada y se vio sin su fundamento primordial, por eso se debe plantear un nuevo fundamento para la república, uno que comprenda que el Estado es una herramienta de la comunidad de donde surgen las autoridades que guían esa comunidad hacia un destino común y trascendente. La comunidad debe participar en las instancias correspondientes que les son presentadas, no tomando decisiones, sino en la convalidación de autoridades y en la expresión de sus necesidades y anhelos. De eso se trata la "res-pública" que no es otra cosa que poner en manifiesto qué es lo que se hace en política, rendir cuentas como se debe, y esclarecer qué es lo que se debe esperar de una autoridad. 

En cuanto a la soberanía del Estado, es una atribución que no pertenece en su origen al Estado, sino al que es Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, que pueden separarse en cargos operativamente al igual que las instancias de poder, pero lo repetimos: no en lo que forma la razón de Estado, el principio sigue siendo el mismo, y sólo es soberano quien puede decir como última palabra: "Si", "No", "esto" o "aquello". Es el soberano el que imprime una forma a la comunidad, más allá de las libertades que son propias de cada ciudadano, de ninguna manera puede poseer la misma libertad quien es soberano que quien es gobernado, por la sencilla razón de que no se disponen a decidir sobre las mismas cosas. ¿Existen autoridades incompetentes? Por supuesto, por algo nos convoca el tema, pero eso no invalida el principio, mientras haya una persona capaz de sostenerse a sí misma con arreglo a ese principio propio, quien lo hace carne, permite que el principio sobreviva, y que eventualmente pueda volver a primar el principio sobre la convicción, el valor de la personalidad de sostenerse más allá de las circunstancias, que no es más ni menos, que el valor que se espera de un auténtico soberano.

Lucas Cianfagna.-