martes, 26 de julio de 2016

El cortejo de Dioniso


"Por mí mismo descubrí que la antigua animalidad del hombre, incluyendo la totalidad de la época originaria y del pasado de todo ser sensible, continuaba dentro de mí poetizando, amando, odiando, extrayendo conclusiones. Me desperté de pronto en medio de mi sueño, pero sólo para tomar consciencia de que estaba soñando y de que necesitaba seguir haciéndolo para no morir, de la misma forma que el sonámbulo precisa seguir soñando para no caerse(...). El que está 'en trance de conocer' no es, sino un medio para prolongar la danza terrenal y, en este sentido, figura entre los maestros de ceremonia de las fiestas de la existencia, ya que la consecuencia y el vínculo primordiales de todos los conocimientos constituyen y consituirán, tal vez, el medio supremo de asegurar la universalidad del sueño y la comprensión mutua de todos los soñadores y, por consiguiente, de prolongar la duración del sueño." Friedrich Nietzsche 

Con respecto a la cuestión del vacío existencial, noté a mi alrededor un cierto "furor" o "fiebre", respecto de religiones orientales, de gente adoptándolas como una filosofía de vida y hasta como una práctica psíquica. La palabra que acabo de usar no es casual, ya que pretendo expresar una consecuencia de la decadencia misma de la cultura occidental y su miedo a todo lo que tenga que ver con la realidad, y es por ello que se ve en necesidad de incurrir a la interiorización de sí misma, la abstracción que pretende tener un enfoque ampliado sin siquiera levantarse del lugar en que se está y que tienen acceso a conocer por medio de la mera interiorización, y por consiguiente, la verdad como un todo en el cual somos meros espectadores, y si se quiere, herramientas de Él. Con esto no se me debe entender como un ataque hacia las personas, inclusive he tenido el agrado de conocer quienes la llevan adelante desde la acción y la afirmación, pero con esto planteo una reflexión genealógica de cómo se llegaron a constituir en este suelo estas corrientes religiosas que actualmente tienen mucha cabida, sobre todo en la juventud, y brindar también, una reflexión para que se sepa lo que se está adoptando.

Muchos autores han planteado este debate con sus dos posturas encontradas, ya sea de parte de los fatalistas de una Voluntad total de la cual no se sale, como Platón, Guénon, Hegel, Schopenhauer, o bien, aquellos que desarrollan la potencia y la primacía de la acción, como lo fueron Aristóteles, Evola, Weber y Nietzsche, entre muchos otros. Por supuesto que Evola nos explicaba que estas dos posturas no nacen como meras corrientes filosóficas, sino que tienen un punto de partida muy preciso, que es el de la cultura y filosofía hindúes, donde un gran conflicto planteado en el tiempo entre dos castas se llevó a cabo a menudo y lo cual dio también origen, como contacto cultural entre Occidente y Oriente, a las tendencias filosóficas con sus respectivos matices y sin ser una línea divisoria absoluta, pero evidentemente existe una predominancia entre una u otra, dependiendo del pensamiento del autor y del discurso histórico que lo acompaña. La casta sacerdotal mantenía su filosofía basada en el Vedanta, de procedencia lunar, la cual establece una realidad total (totalizante) en la cual toda contingencia y accidente no está sino, determinado por la voluntad de Brahman. La contemplación es el valor más importante, aplicando como método la interiorización de sí, conocida también como postura psíquica, en la cual tratan de acceder a la Verdad de Brahman canalizada en su propio alma, siendo por ende su postura dependiente respecto al otro para la definición y determinación propia; esto resulta un tanto irónico, porque si bien componen su personalidad y su misma existencia en base al otro, pero a su vez no pueden disponer del afuera para conocer, lo cual es claramente una abstracción de la realidad en su intento por negarla, para poder conocerla.

Claramente se puede detectar en esto la raíz sacerdotal de esta corriente hinduista, que influyó tanto en las religiones como en las distintas corrientes filosóficas de Occidente y Oriente mismo, por ejemplo, en las posturas deterministas, ya sea Hegel con la dialéctica histórica, las posturas de determinismo racista de Gobineau, o bien, la decadencia burguesa de determinar un valor respecto del precio del mercado y de la utilidad, esto es, nuevamente, la decadencia contemplativa y el constantemente compararse con el otro. ¿Acaso esta es la libertad que nos pretenden asegurar los liberales? Una libertad que se pierde una vez conquistada, ya que no exaltan la necesidad ni la obligación, sino un merecido "natural", un derecho por el cual no hay que hacer nada, un derecho a la contemplación y a la interiorización del "individuo" igual a otro; la tranquilidad suprema de dejar que la realidad suceda frente a nuestros ojos, la tranquilidad de haber accedido a la Verdad en base a uno mismo, y de definirse por medio de los otros. Aquella materialidad moderna no debe ser entendida en sentido metafísico de planos de existencia, sino más bien, en un sentido de dependencia con lo otro para la auto-definición, siendo que el otro es una ilusión de verdad, la consigna sería definirse en contraste a la ilusión, es decir, la exaltación de un "Yo" el cual se ven en necesidad de negar en beneficio del acceso a la Verdad, pero el cual se convierte en el mismo ego reconocido finalmente por haberlo logrado primero, principio de la salvación y del renunciamiento de sí. Esto viene acompañado también por otras modas de mucha actualidad, entre las cuales se encuentra la numerología, la astrología y autores de auto-ayuda como Jodorowsky, Coelho y otros difusores de la contemplación más decadente, la idea burda de que "el universo conspira a nuestro favor", total, hacer algo es cosa de soberbios y pedantes, entonces no tengo problema alguno en aceptar el peso de esas sentencias.

En contraposición, la casta guerrera desarrolló una corriente totalmente distinta, llamada Tantra, de procedencia solar, la cual constaba del culto a la acción, al espíritu (en contraste con lo psíquico), y a la búsqueda de la verdad en afirmación de la realidad exterior. Esta postura fue desarrollada, como hemos visto en variados autores, como el mismo Evola, tomando posición de la corriente tántrica, y también vemos su influencia como filosofía antigua en Nietzsche, con la unidad de lo interno y lo externo, la afirmación de la realidad única como plano en que se vive, y plantea a su vez su propuesta sin doctrina sobre cómo sobrellevar la modernidad y el vacío existencial que el mismo conocimiento ilustrado trataba en vano de ocultar. Aquella voluntad de nada que había sido dispuesta por la casta sacerdotal, oponer a ella una voluntad de poder hacer, un nuevo culto a la acción y a la guerra, no como violencia física necesariamente, sino como una metáfora de vivir peligrosamente, de aceptar esta condición de la realidad, afirmarla, quererla y desearla repetitivamente. Dicho en su propio lenguaje estético, lo apolíneo nos mantiene en el velo de los sueños para no caernos por ver desnuda la verdad terrible de lo dionisíaco, pero aceptando también ésta, y utilizando la metáfora de la humanidad cabalgando dormida a lomos de un tigre. Evola retoma esta metáfora de mucha antigüedad, como la afirmación de la realidad para superarla y realizarla como tal. Es aquella realización que Aristóteles va a llamar felicidad, en relación con la vida política; o que Weber va a caracterizar en su definición de carisma, bajo la práctica de la vocación en relación con la práctica de la profesión y de la acción política como el gobierno de los hombres hacia otros.

Retornando al problema del vacío existencial y la voluntad de nada que produjo esta corriente sacerdotal, ¿qué nos queda, volver al sujeto absoluto? Mi respuesta es un definitivo no. Sino sí tomar esta apreciación estética de la realidad, no moral; el ethos de la acción, no el psiquismo contemplativo, es decir, no la negación de la realidad como ilusión y la introspección, sino su afirmación y su aceptación como existencia. No como una determinación que no acepta accidentes o contingencias, sino incluso queriendo el accidente y la contingencia, porque se comprende el existir en base a ello. Como Dioniso, así como también lo es para la tradición, cabalgar al lomo de un tigre simboliza el poderío respecto de una realidad para superarla, el señorío hacia lo que nos puede destruir, el gobierno sobre nuestros instintos, y finalmente, la trascendencia propia hacia lo exterior del propio cuerpo, lo que constituye, sin recurrir a un dogma de verdad interiorizada, a una auténtica doctrina de espíritu.

Lucas Cianfagna.-

jueves, 21 de julio de 2016

Herramientas para la acción y el discurso


"Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito." Aristóteles

En cuanto a la acción política, también es importante tener en cuenta las prácticas discursivas, pero no sólo como identificación de un discurso a combatir, sino también, poner énfasis en las herramientas que los discursos, o bien, las tradiciones discursivas proporcionan como elementos tácticos y estratégicos para la acción política. Los discursos son más que meros enunciados que promueve quien ejerce poder, constituye una serie de prácticas sociales que tienden a considerarse naturales una vez instaladas, y por contra-partida, consecuentemente, surgen contra-discursos que tienden a desacralizar lo que está vigente como práctica social. Ahora bien, es importante tomar las herramientas discursivas que se han practicado en la historia occidental, para salirse de la consideración abstracta y contemplativa del discurso, y entender que tiene que ver con algo bien concreto y preciso. Si bien, parece bastante engañoso lo que digo, puesto que podría ser interpretado rápidamente como una toma de posición definitiva sobre la desnaturalización del discurso; pues bien, hablando a priori podría decir que sí, sin embargo, en la medida en que uno toma posiciones sobre algo no se vuelve una suerte de bipolar o esquizofrénico cambiando de forma diaria de postura porque "nada es natural", tampoco es eso lo que se busca plantear, sino tomar las herramientas de desacralización que ofrece la genealogía y la crítica por un lado, y las herramientas de fluidez del poder cuando estratégicamente se ha triunfado a fin de cuentas.

Para esto propongo varias cosas a tener en cuenta para pensar la acción política: en primer lugar, considerar los tipos de discursos a lo largo de la historia como herramientas a tomar para la acción, y no como una justificación de un baluarte de Verdad y de contemplación inerte de la realidad, necesitamos guerreros, para monjes de la contemplación estamos plagados; en segundo lugar, entender que los discursos y su relación con el poder no significan una prueba de verdad o falsedad, hay que desligarnos de esa precaria forma de razonar, un discurso dominante que somete puede estar en lo cierto, lo que se busca entonces es revertir las relaciones de poder, no su contenido; en un tercer aspecto no demonizar ni sacralizar el concepto mismo de poder, sino abordar su misma dinámica, y su relación con el acceso a la realidad, es decir, plantear jerarquías organizativas que tienen que ver con lo móvil, con lo dinámico, con lo fluido y con lo meritorio, no con lo estático, con lo "naturalmente heredado por ser Fulano o Zutano", el liderazgo se respeta cuando existe una correspondencia con el ejemplo y con la acción constante, no con una constante soberbia inerte de quien nada hace pero todo reclama, lo cual se lo conoce con el calificativo de "resentido".

En primer término, los discursos aplicados a lo largo de la historia comprenden variantes de todo tipo, pero existe una reducción simplificada hacia dos tipos, teniendo en cuenta el desarrollo del Imperio Romano y los Estados que se fueron creando en la modernidad: por un lado, el discurso jurídico-filosófico tiene un valor de trascendencia, busca algo similar al concepto mismo de Kant de razón universal, es decir, considerar el desarrollo histórico como necesario, natural, pre-establecido y pre-fijado, basado en dos conceptos antagónicos para nombrar aquello que pertenece al dominio, que lo llaman sociedad, y aquello que no pertenece al dominio, que llaman salvaje. Esta relación resulta de una mera conceptualización de un proceso efectuado entre la sociedad, y lo que constituye la naturaleza del hombre previo a ella (salvaje). Esta relación de conceptos no supone conflicto alguno, y es incluso por el motivo de que necesita establecer la relación natural entre sociedad y salvaje, para establecer un derecho en base al concepto de naturaleza humana empleada por ellos. Teniendo en cuenta que su justificación es jurídico-política, como habíamos mencionado, la definición de salvaje va a ser fundamental para el establecimiento de formas jurídicas basadas en un derecho natural, del cual se valió Roma, así como los contractualistas del siglo XVII en adelante, y su método radica en el estudio de las formas jurídicas precedentes y su razón de Estado será por consiguiente, la paz. Por otra parte existe otro recurso discursivo, que se asemeja al otro concepto que fue luego desarrollado por Kant como lo es la ontología del presente, empleado previamente por la nobleza en decadencia del siglo XVIII, que se conoce como discurso histórico-político, el cual su método radica en un rastreo arqueológico y genealógico de las batallas que han surgido, las victorias, las derrotas, el viejo concepto de la continuación de la guerra por otros medios, cuya justificación evidentemente recae en la razón de Estado como la guerra misma. Este proceder histórico-político, se vale de mostrar que todo hombre está sujeto a la historia, y cuyo estado "salvaje" no representa más que una ilusión, o bien, un deseo de quienes buscan un fundamento natural para justificar su poder, ya que lo que se creía natural no resultaba más que un producto de la historia anterior. He allí una táctica que busca no mantener el proceso vigente, sino restaurar un poder en decadencia, recuperar un poder perdido, o bien, conquistar uno que nunca se ejerció; para ello los conceptos de los cuales se vale este discurso son nuevamente dos, por un lado el de cultura, para referirse a aquello que se establece en defensa del ataque que uno quiere realizar, y por otro lado, el bárbaro para conceptualizar aquello que la cultura relega, excluye, deja afuera de sí. Es curioso cómo el discurso histórico-político comenzó a tomar suma importancia, hasta el día de hoy mismo, ya que como argentinos conocemos bien aquella separación entre lo civilizado y lo bárbaro, referido a aquello que es anglófilo, y aquello que es autóctono.

En segundo término, habiendo descrito los tipos de discurso empleados en la historia (sin haber mencionado sus respectivas discontinuidades), es importante tener en cuenta que éstos no deben ser tomados como relación común dominador-falsedad, dominados-verdad, o viceversa. Como dije anteriormente, lo que proporcionan los discursos son herramientas de acción dependiendo el contexto en el que se esté, y sirve como toma de acción, no como mero acto contemplativo, tenemos a la población entera contemplando lo que pasa, si queremos dar el ejemplo, dejemos de hacer lo que ya se viene haciendo, que resultado no ha dado en absoluto. Es importante entender que el discurso no es abstracto y tiene su materialidad en un política de gobierno, el discurso mismo constituye su propia materialidad al ser el que marca las reglas, los usos y las producciones en las relaciones de poder, por ende, no se lo debe tomar como un mero eslogan de campaña, sino incluso como aquello que nos atraviesa en nuestra forma de relacionarnos socialmente con la realidad misma. Dentro de lo que el discurso hace además de lo que produce, es excluir, incluir, y establecer reglas de acceso, y su justificación será siempre jactarse de ser un discurso natural, por lógica, para que algo se acepte, debe sonar como algo que no podría haber sido de otra forma, y quienes resisten al discurso lo desacralizan, allí están plasmadas ambas nociones discursivas y sus respectivas aplicaciones, está en nosotros luego, ponerlas en juego.

En tercer término, es importante entender que no hay una maldad o bondad intrínseca en el poder, dependiendo de estratégicamente dónde uno se pare y cómo se organice, para ello, propongo no abordar las viejas formas de soberanía natural de organización estática, donde manda quien tiene "la mejor idea", o "quien fundó tal o cual organización", ni por experiencia de miles de años de acción, teniendo en cuenta que varios tienen experiencia de puros fracasos, y por último no moralizar sobre la noción misma de poder, sino más bien evaluar su eficacia y dinámica. En consecuencia, lo realmente útil es abordar las formas organizativas en base a cómo se construye el poder en lo concreto, tomar jerarquías no en base a derechos naturales, sino a criterios meritorios, esto es, quien más demuestra acción, trabajo, compromiso y mérito en acción es quien se percibe como alguien más apto para conducir, no el que propone, sino el que lleva a cabo, proponer es importante, pero si no se trabaja en lo que se propone, la idea se la lleva el viento. Siendo que las relaciones mismas de poder son dinámicas y fluidas, no existe tal cosa como un poder en forma de herramienta a explotar que es uso privilegiado del que domina, el poder fluye y se ejerce por quien domina, pero como la energía, genera acciones iguales y contrarias, por tanto, genera su propia resistencia, el resultado no es predecible, pero sí es indeterminado, lo cual nos deja en la incómoda realidad -para algunos-, de que quien no se posiciona, quien no lucha, quien no se mueve, va a ver el poder moverse frente a sus ojos, y en lugar de trazar una estrategia organizativa, se va a seguir quejando junto con el tumulto de personas que piensan que son libres por el mero hecho de votar cada 2 años. Adaptarse para evolucionar resulta más provechoso que pensar "todo esto está mal y nada se puede hacer", es decir, que a alguien no se le ocurra qué hacer, no significa que no lo haya, el auto-engaño también produce estas formas organizativas inservibles, ya que parte de ese tumulto de personas también va a intentar -en vano- ser una autoridad, pero cuando la autoridad se impone por su propio peso es que comienzan las críticas.

Lucas Cianfagna.-

lunes, 11 de julio de 2016

Libertad como excelencia de conducta


"La libertad es pues en sí misma política. Y además, es también un modelo político en la medida en que ser libre significa no ser esclavo de sí mismo ni de los propios apetitos, lo que implica que uno establece en relación consigo mismo una cierta relación de dominio, de señorío, que se llamaba arché, poder, mando." Michel Foucault

 Siguiendo un poco la lógica de lo que dije anteriormente, me propongo abordar el tema de la libertad, para ahondar un poco en su significación clásica y la decadencia del concepto mismo y de la práctica misma que resulta irreflexiva al día de hoy para el común de la gente, y en consecuencia termina también resultando algo que no se practica en absoluto. Como había dicho antes, existe una falta absoluta de reflexión sobre los conceptos que se emplean, lo cual podemos calificar como simple racionalización formalista, es decir, la simple formalidad de analizar algo por lo que acostumbramos a llamar algo, en lugar de analizar dicho algo. Ahora bien, esa carencia de profundidad reflexiva también subsiste en lo que concierne a valores que solemos emplear como emblemas de conducta, pero al carecer de reflexión, análisis sobre la materialidad del concepto y a su vez convivir con la condición discursiva vigente, se termina por realizar un sujeto ajeno a una constitución propia de la identidad.

Abordando la cuestión crítica, que considero una actitud más que necesaria, es menester reflexionar sobre los valores que modernamente (soberbiamente) se enaltecen como son la igualdad y la libertad sin tener el menor reparo sobre los mismos. Comienzo presentando tres aspectos esenciales para tratar: en primer lugar, ubicar la libertad en un contexto actual y de desarrollo histórico, en segundo lugar analizar qué relación tiene la libertad y la igualdad entre sí, y por último tratar de brindar una reflexión en torno a qué hacer con estos conceptos y cómo se determina su materialidad. Algo que bien podría plantearse como las tres preguntas de Kant en la Lógica que tratarían de abordar el cuestionamiento sobre el hombre y su reflexión, pero en modo desordenado y sobre un tema concreto.

En primer lugar, hablaría del concepto de cuidado de sí como práctica normativa de la Antigüedad. El cuidado de sí resultaba para la filosofía antigua todo un baluarte de concepción individual (personal) y colectiva (política) de la forma de la acción. Este cuidado de sí como técnica fue desarrollado por todo tipo de escuelas, desde la escuela platónico-socrática hasta los estoicos, y epicúreos, etc; y consistía en el ejercicio del dominio de sí para practicar la libertad, por supuesto que esta práctica no era accesible en modo realista para cualquiera, sino para aquellos que tienen la capacidad de ejercer una autoridad sobre sí mismos, cuya virtud era fundamental para desempeñarse en lo público. En la Modernidad hubo un desarrollo continuo entre lo precedido por la Edad Media que trata de técnicas de sí referidas a la llamada exomologesis (confesión de sí) a partir de la comunidad y de prácticas de penitencia practicadas dentro del ámbito monástico, que consistían a fin de cuentas la mortificación de sí, o bien, el autosacrificio de sí por la verdad, lo cual marcaba una diferencia profunda respecto del cuidado de sí, donde la libertad se practicaba en virtud de un maestro que resultaba una mera circunstancia del cual uno se despegaba tarde o temprano, en el período medieval, existe una relación de dependencia total de vínculos con el maestro.

Con el advenimiento moderno, no hubo una ruptura respecto de estas prácticas, sino más bien una refinación de las mismas. Veamos, aquella exomologesis que consistía en la confesión de sí -antiguamente practicada en el mero ámbito personal de la conducta respecto de la libertad, en Séneca, por ejemplo- en la Modernidad y más propiamente en el contexto del avance positivista y del discurso científico, encontramos estas prácticas diseminadas en el ámbito de las disciplinas, tanto a nivel social como a nivel de los saberes, donde se seleccionan, se normalizan, se centralizan, se jerarquizan y se mantienen en un cierto secreto para conservar el aspecto técnico de estos saberes, lo que concierne a las disciplinas de ingeniería por ejemplo; se practica esta confesión de sí a partir de las instituciones que requieren una confesión de parte hacia un otro que es capaz de brindarnos un sujeto que se construye a partir de este concepto de disciplinamiento, cuya relación con la libertad resulta entonces altamente limitada y segregada a la merca conceptualización. Este disciplinamiento fue el artefacto que caracterizó todo el período de sociedad de masas, cuyas técnicas de sí aún persisten en algunos aspectos actuales, más precisamente en Argentina, donde se vive hablando del problema de la educación, pero esa educación "moderna" dicho en sentido estricto, configura hoy uno de los mayores problemas de entendimiento de la realidad, de carencia de interés sobre la cultura y falta de compromiso crítico sobre la realidad, en cuyo caso, resulta la consecuencia visible del disciplinamiento moderno que persiste, como dije, y que condiciona la posibilidad de pensar en la libertad de alguna forma distinta a la de consumir.

En segunda instancia, en cuanto a la relación de la libertad con la igualdad, si bien no es una relación estrictamente moderna, la conjugación de estos dos elementos en un contexto moderno o tardo-moderno tiene una raíz que provienen de este disciplinamiento del cual aún en nuestro país no nos hemos librado. Hablar de libertad e igualdad, resulta para nosotros de una carga más bien sentimental que reflexiva, a lo cual me refiero, que no existe realmente una práctica reflexiva y llevada a cabo en las ideas de igualdad y libertad más allá de lo jurídico, que siendo honestos, resulta en lo real un tanto ambiguo cuando se trata de resolver los problemas más importantes en torno a estas mismas prácticas de libertad e igualdad sobre la ley, y esto resulta harto paradójico. Por un lado desde el mismo acontecimiento de la Revolución francesa existieron posturas encontradas y hasta contradictorias respecto de la conjugación de estos dos valores, la razón es bastante evidente, y se debe a que no existe una armonía desjerarquizada de ambas nociones en lo concreto. Esto es, no existe una materialidad de las nociones de igualdad y libertad sin que una subordine a la otra, lo cual significa que si bien hay una relación estrecha entre ambos, no se pueden concebir al mismo nivel de jerarquía, ya que depende de cuál se priorice, se está hablando de un modelo o de otro de ordenamiento social. La libertad como práctica se debe a la reflexión y al saber crítico, combinados en una acción para el ámbito político, lo cual demanda la actualidad. En cuanto a la igualdad, resulta una relación que se practica entre personas libres, es decir, aquellos que deciden llevar para sí una práctica de libertad serán mis iguales, y cuyas consideraciones en ambos casos quedan exentas para quienes permanecen en estado pasivo, para quienes no hay interés reflexivo ni mucho menos público. Lo cual nos deja ver dos cosas: por un lado, el concepto de ciudadanía también se ha devaluado hacia el absurdo mismo por la carencia total de práctica, y por otro lado, la horrible realidad de que la ciudadanía se constituye entre quienes atienden y se comprometen respecto de los asuntos públicos, lo cual pone a la gran mayoría en el penoso aprieto de considerarse algo menos que ciudadanos, lo cual explica bastante razonablemente por qué se evita reflexionar sobre esto.

Como tercer punto, que respecta a la materialidad y la aplicación de ambos valores, es oportuno hacer hincapié en la relación de esto con el aniversario recientemente cumplido del Bicentenario de la Independencia, siendo que precisamente las personalidades destacadas en nuestra historia resultaron de la práctica de estas nociones que constituyeron nuestra república y marcarían el destino a seguir en el tiempo. Esto es lo sustancial, haber aportado una visión de objetivo a largo plazo, lo cual también se ha visto a lo largo de toda la historia en particulares casos de liderazgo, el caso más reciente fue el de Perón cuando anunciaba la necesidad de un acuerdo social en el marco de un Proyecto Nacional a nivel político y que fuera a largo plazo un objetivo realizable. Pero lo importante quizás, sea también el método que nos proporcionó resumido en una frase concreta "Gobernar es persuadir", lo cual da a entender de forma implícita, este aspecto de la práctica de libertad que él comprendió a partir de los lineamientos de conducción política. Pero también comprendiendo que la capacidad de conducir, se reserva a quienes pueden ejercer sobre sí una conducción, es decir, una auto-disposición de la propia materialidad (cuerpo) para lograr los objetivos propuestos, y luego trascenderse hacia la conducción de otros, lo cual se condice con la premisa de Aristóteles, para quien un buen gobernante es quien puede ser primero un buen ciudadano, para lo cual podemos retomar la consigna de soberanía personal previa a la soberanía nacional, como una especie de traducción de las necesidades actuales de la Argentina. En conclusión, la libertad resulta no sólo de una práctica de sí como lo era el cuidado y la exomologesis, para hoy se requiere una actitud crítica que pretenda un nuevo abordaje de la política y de la cultura, teniendo como principal objetivo brindar a la Nación un escenario diferente, para que dichas prácticas de libertad e igualdad se den en un marco coherente y por parte de la ciudadanía en su conjunto, para ello, necesitamos primero ejercerlas éticamente nosotros mismos.

Lucas Cianfagna.-