"Por mà mismo descubrà que la antigua animalidad del hombre, incluyendo la totalidad de la época originaria y del pasado de todo ser sensible, continuaba dentro de mà poetizando, amando, odiando, extrayendo conclusiones. Me desperté de pronto en medio de mi sueño, pero sólo para tomar consciencia de que estaba soñando y de que necesitaba seguir haciéndolo para no morir, de la misma forma que el sonámbulo precisa seguir soñando para no caerse(...). El que está 'en trance de conocer' no es, sino un medio para prolongar la danza terrenal y, en este sentido, figura entre los maestros de ceremonia de las fiestas de la existencia, ya que la consecuencia y el vÃnculo primordiales de todos los conocimientos constituyen y consituirán, tal vez, el medio supremo de asegurar la universalidad del sueño y la comprensión mutua de todos los soñadores y, por consiguiente, de prolongar la duración del sueño." Friedrich Nietzsche
Con respecto a la cuestión del vacÃo existencial, noté a mi alrededor un cierto "furor" o "fiebre", respecto de religiones orientales, de gente adoptándolas como una filosofÃa de vida y hasta como una práctica psÃquica. La palabra que acabo de usar no es casual, ya que pretendo expresar una consecuencia de la decadencia misma de la cultura occidental y su miedo a todo lo que tenga que ver con la realidad, y es por ello que se ve en necesidad de incurrir a la interiorización de sà misma, la abstracción que pretende tener un enfoque ampliado sin siquiera levantarse del lugar en que se está y que tienen acceso a conocer por medio de la mera interiorización, y por consiguiente, la verdad como un todo en el cual somos meros espectadores, y si se quiere, herramientas de Él. Con esto no se me debe entender como un ataque hacia las personas, inclusive he tenido el agrado de conocer quienes la llevan adelante desde la acción y la afirmación, pero con esto planteo una reflexión genealógica de cómo se llegaron a constituir en este suelo estas corrientes religiosas que actualmente tienen mucha cabida, sobre todo en la juventud, y brindar también, una reflexión para que se sepa lo que se está adoptando.
Muchos autores han planteado este debate con sus dos posturas encontradas, ya sea de parte de los fatalistas de una Voluntad total de la cual no se sale, como Platón, Guénon, Hegel, Schopenhauer, o bien, aquellos que desarrollan la potencia y la primacÃa de la acción, como lo fueron Aristóteles, Evola, Weber y Nietzsche, entre muchos otros. Por supuesto que Evola nos explicaba que estas dos posturas no nacen como meras corrientes filosóficas, sino que tienen un punto de partida muy preciso, que es el de la cultura y filosofÃa hindúes, donde un gran conflicto planteado en el tiempo entre dos castas se llevó a cabo a menudo y lo cual dio también origen, como contacto cultural entre Occidente y Oriente, a las tendencias filosóficas con sus respectivos matices y sin ser una lÃnea divisoria absoluta, pero evidentemente existe una predominancia entre una u otra, dependiendo del pensamiento del autor y del discurso histórico que lo acompaña. La casta sacerdotal mantenÃa su filosofÃa basada en el Vedanta, de procedencia lunar, la cual establece una realidad total (totalizante) en la cual toda contingencia y accidente no está sino, determinado por la voluntad de Brahman. La contemplación es el valor más importante, aplicando como método la interiorización de sÃ, conocida también como postura psÃquica, en la cual tratan de acceder a la Verdad de Brahman canalizada en su propio alma, siendo por ende su postura dependiente respecto al otro para la definición y determinación propia; esto resulta un tanto irónico, porque si bien componen su personalidad y su misma existencia en base al otro, pero a su vez no pueden disponer del afuera para conocer, lo cual es claramente una abstracción de la realidad en su intento por negarla, para poder conocerla.
Claramente se puede detectar en esto la raÃz sacerdotal de esta corriente hinduista, que influyó tanto en las religiones como en las distintas corrientes filosóficas de Occidente y Oriente mismo, por ejemplo, en las posturas deterministas, ya sea Hegel con la dialéctica histórica, las posturas de determinismo racista de Gobineau, o bien, la decadencia burguesa de determinar un valor respecto del precio del mercado y de la utilidad, esto es, nuevamente, la decadencia contemplativa y el constantemente compararse con el otro. ¿Acaso esta es la libertad que nos pretenden asegurar los liberales? Una libertad que se pierde una vez conquistada, ya que no exaltan la necesidad ni la obligación, sino un merecido "natural", un derecho por el cual no hay que hacer nada, un derecho a la contemplación y a la interiorización del "individuo" igual a otro; la tranquilidad suprema de dejar que la realidad suceda frente a nuestros ojos, la tranquilidad de haber accedido a la Verdad en base a uno mismo, y de definirse por medio de los otros. Aquella materialidad moderna no debe ser entendida en sentido metafÃsico de planos de existencia, sino más bien, en un sentido de dependencia con lo otro para la auto-definición, siendo que el otro es una ilusión de verdad, la consigna serÃa definirse en contraste a la ilusión, es decir, la exaltación de un "Yo" el cual se ven en necesidad de negar en beneficio del acceso a la Verdad, pero el cual se convierte en el mismo ego reconocido finalmente por haberlo logrado primero, principio de la salvación y del renunciamiento de sÃ. Esto viene acompañado también por otras modas de mucha actualidad, entre las cuales se encuentra la numerologÃa, la astrologÃa y autores de auto-ayuda como Jodorowsky, Coelho y otros difusores de la contemplación más decadente, la idea burda de que "el universo conspira a nuestro favor", total, hacer algo es cosa de soberbios y pedantes, entonces no tengo problema alguno en aceptar el peso de esas sentencias.
En contraposición, la casta guerrera desarrolló una corriente totalmente distinta, llamada Tantra, de procedencia solar, la cual constaba del culto a la acción, al espÃritu (en contraste con lo psÃquico), y a la búsqueda de la verdad en afirmación de la realidad exterior. Esta postura fue desarrollada, como hemos visto en variados autores, como el mismo Evola, tomando posición de la corriente tántrica, y también vemos su influencia como filosofÃa antigua en Nietzsche, con la unidad de lo interno y lo externo, la afirmación de la realidad única como plano en que se vive, y plantea a su vez su propuesta sin doctrina sobre cómo sobrellevar la modernidad y el vacÃo existencial que el mismo conocimiento ilustrado trataba en vano de ocultar. Aquella voluntad de nada que habÃa sido dispuesta por la casta sacerdotal, oponer a ella una voluntad de poder hacer, un nuevo culto a la acción y a la guerra, no como violencia fÃsica necesariamente, sino como una metáfora de vivir peligrosamente, de aceptar esta condición de la realidad, afirmarla, quererla y desearla repetitivamente. Dicho en su propio lenguaje estético, lo apolÃneo nos mantiene en el velo de los sueños para no caernos por ver desnuda la verdad terrible de lo dionisÃaco, pero aceptando también ésta, y utilizando la metáfora de la humanidad cabalgando dormida a lomos de un tigre. Evola retoma esta metáfora de mucha antigüedad, como la afirmación de la realidad para superarla y realizarla como tal. Es aquella realización que Aristóteles va a llamar felicidad, en relación con la vida polÃtica; o que Weber va a caracterizar en su definición de carisma, bajo la práctica de la vocación en relación con la práctica de la profesión y de la acción polÃtica como el gobierno de los hombres hacia otros.
Retornando al problema del vacÃo existencial y la voluntad de nada que produjo esta corriente sacerdotal, ¿qué nos queda, volver al sujeto absoluto? Mi respuesta es un definitivo no. Sino sà tomar esta apreciación estética de la realidad, no moral; el ethos de la acción, no el psiquismo contemplativo, es decir, no la negación de la realidad como ilusión y la introspección, sino su afirmación y su aceptación como existencia. No como una determinación que no acepta accidentes o contingencias, sino incluso queriendo el accidente y la contingencia, porque se comprende el existir en base a ello. Como Dioniso, asà como también lo es para la tradición, cabalgar al lomo de un tigre simboliza el poderÃo respecto de una realidad para superarla, el señorÃo hacia lo que nos puede destruir, el gobierno sobre nuestros instintos, y finalmente, la trascendencia propia hacia lo exterior del propio cuerpo, lo que constituye, sin recurrir a un dogma de verdad interiorizada, a una auténtica doctrina de espÃritu.
Lucas Cianfagna.-


