A medida en que uno se adentra al pensamiento y a la búsqueda de respuestas a sus interrogantes que van surgiendo en su vida, su entorno, su historia reciente y hechos que rodean e involucran a uno, es propio tratar de buscar una razón para lo que acontece, aunque a veces no se tiene un criterio adecuado para ello. Así como Denes Martos explicaba en alguna ocasión, por más fundamentado y lógico que sea el planteo y resolución de un problema, si el criterio está equivocado, la conclusión muy probablemente lo esté también. Ésto sucede mucho a la hora de explicar fenómenos que el ser humano experimenta en lo general con casos conocidos de su historia misma, o bien, en lo particular con experiencias vividas.
Origen de las conclusiones prematuras:
El sueño resultó para el ser humano su segundo mundo, un mundo en el cual era capaz de contemplar una serie infinita de creaciones y formas, que le permitían experimentar sensaciones tan vívidas, intensas y colosales. Durante los sueños, los órganos realizan sus funciones con movimiento constante, nuestra posición si bien es quieta, nos lleva a experimentar por las mantas que llevamos puestas y la comodidad el escenario apto para dejarnos llevar por imágenes, sonidos, incluso olores y hasta sensibilidad no cotidiana, debido a que las piernas están estiradas mayormente pero sin apoyar los pies genera dicho sentimiento extraño que nos produce todo tipo de emociones según las imágenes que experimentamos a causa de reacciones químicas y de las condiciones antes expresadas. En épocas pasadas se experimentaba todo esto, pero sin saberlo, de modo que el sueño se volvía mucho más intenso incluso luego de despertar, puesto que aquello que habíamos experimentado, pasaba por nuestros sentidos como lo real, como la esencia de lo que significa; el imperfecto reconocimiento y la errónea asimilación que produce el sueño la cual notamos luego de haber despertado, es la misma que produce un error del razonamiento, como me gusta llamarlo a mí, vicio del razonamiento, ya que es la claridad perfecta con la que uno siente y experimenta un sueño de manera en la cual uno lo cree real hasta incluso segundos después de haber despertado (si el sueño fue lo bastante intenso como para producir una emoción fuerte), esa sobre-excitación que producen los sueños eran los que producía la humanidad con frecuencia en épocas pasadas, exaltando pueblos y comunidades enteras, puesto que estos conocimientos neurológicos, no los tenía, y era entendible. Esa claridad que nos exalta sobre hechos que a priori no comprendemos y que cometemos el vicio de llenar con explicaciones inmediatas, ocurrencias, y cuestiones -metafísicas o no- que podrán tener una lógica formidable, pero que no constituyen en absoluto una respuesta empírica válida si no se estudia el fenómeno correctamente.
Error falaz de la seguridad en la experiencia:
A menudo se comete el error -el cual veo muy seguido- de afirmaciones y hasta certezas esbozadas por parte de personas que buscan una explicación de una experiencia que vivieron. Como expliqué anteriormente, el método de las conlusiones inmediatas no es otro que el método empleado en los sueños para explicar lo que se experimenta sensorialmente en ellos, lo cual nos lleva a establecer varias cuestiones. Entre ellas, no todo lo se ve es real, ni todo lo que se escucha, ni todo lo que se huele siquiera, o aún, lo que es perceptible de ser sensible al tacto, tampoco se escapa de lo que puede ser algo de lo cual no tenemos aún plena conciencia y ésto es, de lo falibles que son nuestros sentidos. Algunos ejemplos podrán dar con esto, por ejemplo, la percepción del color según la recepción de la luz sobre las córneas constituyen la raíz de la discusión del famoso vestido que recorrió las redes "blanco y dorado", "azul y negro". La poca capacidad de distinción de nuestras retinas sobre los matices grises y negros, producida por un exceso del uso de luz, nos produce una distorción sobre los colores -mediante el choque entre la luz sobre el objeto- que nos permite ver el vestido "blanco y dorado", así como el acostumbramiento a diferenciar en lo oscuro colores y a no hacer demasiado uso de la luz en lo cotidiano, lleva a divisar el atuendo en el otro par "azul y negro". Este ejemplo es propicio para explicar que nuestros sentidos fallan y que nuestras conclusiones son en su mayoría apresuradas. Supongamos que tenemos dos bandos de personas que ven de una u otra manera dicho vestido, y ambas discuten para imponer su verdad, si ponemos 3 personas que lo ven azul y negro, y se encuentran con 10 que lo ven blanco y dorado, luego de tener esta explicación, ¿es propio decir que por el número de gente y que por el hecho de que esas 10 personas experimentan lo mismo tienen razón? Sucede que no 10, sino que hasta 10 millones de personas pueden experimentar una ilusión óptica, aún así esas 10 millones, no verían más que una ilusión. Esto podría parecer burdo, pero constituye una de las razones más fuertes mediante las cuales se explican hechos metafísicos como reales.
Otro ejemplo que puede explicar ésto de forma correcta, es el caso de la "Teoría de la Tierra Plana" por parte de Tales de Mileto antes del siglo VI a.c., la cual concluye en que el planeta Tierra es una superficie plana. Uno puede comprender y muchas veces, se ríe hasta de forma inocente alegando que, después de todo, era una humanidad muy anterior, y que no había tantos avances en la ciencia, quizás no para esta época, sin embargo un siglo después comenzaron por postular lo que hasta ahora se ha acogido. Pero volviendo al mito de la Tierra Plana, esta explicación se debe a algo bastante obvio. El ser humano es capaz de ver el horizonte y trazar caminos en línea recta, de manera en que saben que pueden caminar en línea recta durante kilómetros enteros, y nunca experimentó sensación distinta que la de ir en línea recta; pero es ahí donde está el meollo del asunto, la sensación es de línea recta, mas no la conclusión a la que se llegó luego. Gracias al desarrollo de la razón aristotélica, complementada -fuertemente- siglos más tarde con la Cartografía, las expediciones y viajes, se pudo llegar a un mismo destino propuesto, por dos extremos diferentes, lo cual prueba que la Tierra no sólo no es plana, sino que se ha llegado a un principio de esfera (no perfecta).
Así como el color del vestido nos parece irrefutable a nuestros ojos, y la Tierra le pareció irrefutablemente plana a Tales de Mileto, nuestras percepciones sensoriales no probaron ser más que eso, una prueba de la imperfección humana y del propio ego, de establecer certezas, ¡ay, ese convencimiento! ¡Cuánta sangre se derramó en nombre de convencidos, cuántas torturas y mutilaciones se han celebrado en honor a la única verdad! El ser humano ha enaltecido a la seguridad y a la certeza monumentos y monolitos más grandes que los menhires mismos, estatuas de hierro más altas que los castillos más soberbios, todo para alguna vez tener que defender con uñas y dientes tal edificación, ya que tanto trabajo se ha tomado en fabricarla, no podía permitirse que se convierta en un monumento a la vanidad, o al menos, trató el ser humano siempre de ocultarlo mediante esa cosa que ha impregnado a la humanidad de explicaciones que remiten a épocas pasadas y cuestiones que tienen que ver con la pereza intelectual, la vanidad colectiva y el egocentrismo santificado. El criminal más grande que ha pisado el conocimiento, fue el filósofo moderno.
Lucas Cianfagna.-

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