"En el ámbito de lo político los seres humanos no se enfrentan abstractamente como seres humanos, sino como… ciudadanos, gobernantes o gobernados, aliados políticos u opositores, por lo tanto en todo caso en categorías políticas.” Carl Schmitt
Más allá de los medios de comunicación, existe una influencia académica, principalmente desde los círculos politológicos de EE.UU., donde se puede ver una hegemonía que ha inundado a los mismos medios y a la sospechosa "opinión pública", que como diría Nietzsche, no es más que "perezas privadas". Me refiero a un concepto que se lo venera y se lo asocia con la democracia y las buenas costumbres, que es el llamado "consenso".
No quiero dejar de resaltar el carácter totalitario que se esconde detrás de una idea que a simple vista parecería ser algo "virtuoso"; en realidad esconde muy bien el discurso del modelo de sociedad que vivimos y le da un barniz de "deseable" y cuando no "neutral". Nada más lejos de la realidad, ya que el discurso del consenso viene con letra chica y como todo contrato, no leerlo antes de aceptar las condiciones termina mal. Dejando de lado que de por sí el "consenso" suena a círculos sectarios cuyos intereses nunca son los de las mayorías, esa lógica se da desde el poder real, en sí, se puede hablar de corporaciones de bancos, empresas, gigantes tecnológicos, organismos, poder privado que ha logrado un grado de independencia nunca visto, y que aún mucho más allá de eso, logra imponer condiciones a los mismos países. En todos ellos, la idea de "consenso" es fundamental para lograr ciertos objetivos.
Ahora bien, cuando se habla de política, lo esperable es que se refiera a la discusión de ideas, por lo tanto, requiere un mínimo agonismo, una mínima confrontación que exija establecer un "ellos" y un "nosotros", sin ánimos de generar una "grieta" como se la conoce en Argentina, pero sí diciendo con todas las letras "quién es quién", dando un marco inclusive de honestidad a la hora de que se produzcan los debates a nivel público. Pero por el contrario la lógica del consenso exige que todo eso no debe formar parte de lo público, porque de esa manera "no se podría llegar a una sociedad legítima cuyas reglas sean aceptadas por todos", diría John Rawls, el mayor representante de esta idea socialdemócrata del consenso.
No hay que perder de vista el peligro de este autor, por mencionar un detalle, ha inundado la referencia del mainstream de jueces demócratas estadounidenses donde incluso se lo llega a citar textualmente a la hora de emitir un fallo. Lo peligroso es la aplicación de un pensamiento que parece estar lleno de buenas intenciones, pero que en su inconciencia vuelve a aquella aplicación lo que pasa con toda utopía, se vuelve distopía en la práctica.
El hecho de que se pretenda quitar de lo público las discusiones por llamarlas "controversiales" es cuando menos un principio de censura previa, y muy generalizado. Desgraciadamente no estoy hablando de un proyecto en avance, es una realidad cotidiana. Si vemos por ejemplo el tema vacunas, el 5G o inclusive el cuestionamiento de los métodos de cuarentena, se ve cómo incluso aquellos que en otras épocas decían que "todo es político" cuando criticaban al "neoliberalismo" por su tecnocracia, terminan siendo (socialdemócratas) los mismos tecnócratas que dicen que no se puede politizar la salud porque "está en riesgo la vida de todos". Pero tampoco es mi intención denunciar hipocresías, porque para eso la historia y la humanidad misma están colmadas de ellas, mi intención es en todo caso "deconstruir" un discurso que lamentablemente no sólo confina físicamente a las personas, sino también la posibilidad de expresarse, e incluso instalando el control sobre sí mismos, cuidándose de "decir algo que me pueda generar problemas".
Por si algún despistado no se dio cuenta, estoy describiendo la psicología de cualquier individuo sometido a un modelo totalitario. Por lo cual, considero que hay que hacer una separación fundamental entre la auténtica política, e incluso la democracia por un lado, de lo que se conoce como "consenso" y todo lo que conlleva. Más aún la democracia, que se supone que representaría el gobierno del "demos", por lo tanto, se entiende implícitamente que hace referencia a las mayorías.
Los discursos a favor del consenso, están casi por antonomasia asociados al discurso exacerbando la representación de las minorías, lo cual no es que esté "mal" porque es perfectamente coherente con la "propuesta" de que la convivencia en sociedades modernas es problemática por la pluralidad, por lo cual se debe buscar una forma de que el orden social sea "legítimo" y la lupa siempre debe ser puesta en "aquellos más desfavorecidos". Como toda idea de "contrato", propone el reemplazo de la realidad tal cual es por la consideración de un escenario abstracto que casualmente (o no tanto) sirve a los fines de la teoría y su aplicación, ¿a qué me refiero? La realidad nos muestra que las minorías lejos están de ser el eslabón más desfavorecido por la sociedad, precisamente porque el instrumento juridico a favor de las minorías es el que permite la garantía de privilegios para los gigantes en la escala social, nada de democracia ni de igualdad a fin de cuentas.
Lo cual nos permite pensar que la exacerbación del derecho de minorías no es sólamente una pulseada de sectarios, responde a intereses concretos, que nunca son admitidos en la "sociedad de la tolerancia, la pluralidad y las buenas costumbres". Y el problema es, de nuevo, el poner un "velo" sobre la realidad para intentar hacer abstracción de una realidad que no existe para lograr fines específicos como el control de la población hasta de sus aspectos privados. Se logra un totalitarismo de hecho en el cual las opiniones disidentes son barridas por "miedo a romper el pacto de legitimidad".
La auténtica política por el contrario, representa la realidad de las ideas políticas, ya no en un marco abstracto e ilusorio, sino que invita a decir las cosas como son y en todo caso desde otra perspectiva, pero ya no partiendo de presupuestos antojadizos. Presupone la libertad de los compatriotas de decir quiénes son sus amigos y sus enemigos, y de exigir por lo tanto qué es lo que representa sus intereses nacionales. La pantomima de dibujar una pluralidad que no responde a la realidad es no reconocer que todo pueblo es en esencia plural, no existe ni existirá jamás una comunidad en donde se piense absolutamente igual, y menos aún se puede presuponer una falta de representación en el siglo XXI.
El problema del pluralismo, del cual el "consenso" se nutre, también se expresa, tomándolo al amigo Schmitt, como la imposibilidad de crear un orden jurídico que exprese una autoridad determinada, es en sus mismos términos "una ética de la guerra civil" donde por exhibir una realidad política "supuestamente poco plural" el ataque a la autoridad, y por tanto al Estado, se vuelven hasta un deber ético, siendo otra de las razones por las cuales el pluralismo, la exacerbación minoritaria y la defensa del "consenso" son en esencia el mayor peligro para la democracia y la unidad política de cualquier nación, ya que cualquiera en nombre del pluralismo y el consenso puede imponer su voluntad ante los demás grupos sociales, y allí del derecho del individuo y la libertad política de cualquier ciudadano, no queda nada.
Además de crear esquemas ilusorios para lograr un control social, también cabe destacar que la idea se sirve de las instituciones y del Estado mismo para dinamitarlos desde dentro. Instituciones que dedican presupuestos en un esquema inexistente es hacer que el Estado a fin de cuentas pierda su verdadera finalidad que es la representación de la unidad política. Es decir, lo que divide a la unidad política no es la auténtica política que permite que se diriman los conflictos en el campo de las ideas concretas, sino el hecho de producir un "aislamiento social" (muy familiar en esta época, pero ya se venía dando desde antes) que restrinja a las personas o las haga auto-restringirse de opinar distinto del "consenso" o más bien, discurso único.
No hay que dejarse engañar, cuando se dice (por ejemplo) que "se politiza la salud", se está en realidad en el colmo de la ideología, porque se llega a la pretención de que aquel discurso oficial es el único que vale y todo lo demás es falso (manual de un dogma ideológico). Por lo tanto la invitación, más allá de reconocer esto, es a no dar el brazo a torcer y redoblar la apuesta, porque el pensamiento político si es auténtico es siempre autónomo, da definiciones concretas y se planta hasta de forma existencial ante el afuera. Cuando un representante del "consenso" socialdemócrata dice que "politizamos", entonces démosle la razón, porque en eso se ve quién es quién, y qué intereses defiende en la realidad, no en abstractas e ilusorias teorías.
Lucas Cianfagna.-
