Pintura de Cesare Borgia y Niccolo Machiavelli
Los teóricos del poder nos han enseñado grandes conceptos que se aplican muy bien a la política y al arte de gobernar, esto es, la dominación en términos políticos. Weber, Maquiavelo, Foucault, son grandes ejemplos de quienes han estudiado las relaciones de poder y nos han dado incluso elementos no sólo para entender la política, sino también las relaciones humanas, como en el caso de Nietzsche, que muchas veces puede resultar confuso a la hora de examinar si se refiere a las relaciones humanas personales o a la cuestión del poder público, pero en ambos casos, suelen ser aplicables de igual manera, ya que una forma se relaciona con la otra.
El poder...también está en el afecto y el amor
"Por poder se entiende cada oportunidad o posibilidad existente en una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad." Max Weber nos definía el poder desde la Sociología en uno de sus más célebres trabajos, preocupado por la sociedad alemana de la época que le tocó vivir y analizando la evolución de las formas de gobierno y el ejercicio del poder en la historia. Podemos aplicar este tipo de conceptos a la vida personal, puesto que acá mismo me propongo meter no un dedo, sino un dardo caliente en la llaga de más de uno y desentrañar algo que consideramos comúnmente como negativo, pero que en realidad no tiene por qué serlo, ya que conforma el común de las personas. La búsqueda de culminar la propia voluntad se expresa en el ejercicio del poder, y de nuevo, no estoy hablando de política, pero tampoco me refiero a casos específicos de ejercicio de autoridad en un ambiente laboral o de alguna institución; lo que a muchos les va a resonar hasta en los huesos es, el hecho de que las personas aplicamos este principio no sólo incluso, sino sobre todo con aquellas personas de nuestras relaciones más cercanas. El poder es una cosa que no muchos quieren comprender, prefieren hablar mal de él y desentenderse como si nunca hubiesen tenido acercamiento alguno con él (lo que se entendería por búsqueda pasiva del poder), por ejemplo, cuando un padre aconseja a un hijo, o una persona trata de ayudar a alguien o un amigo incluso desde la excusa del "desinterés" (ese cuento ya demasiado viejo del cual muchos no se desprenden) y esto se traduce en la necesidad de empoderamiento de la persona que ofrece dicho consejo o ayuda. Así como prácticamente todos llaman a la forma de empoderamiento rutinario en el cual, se trata de compartir algo con lo que uno ya está saturado y necesita expandirse, en forma más duradera y que tiende a buscar el crecimiento propio y lograr a su vez el crecimiento de la otra persona que estimule el de uno: el amor. Teniendo el poder una connotación social tan negativa, no se entiende su necesidad extrema de divinizar algo que analizado en su proceder, como es el amor, debiera ser objeto de repugnancia. Pero eso bien se explica, en la costumbre de eternizar o absolutizar todo sentimiento de placer como algo "verdadero", lo cual muchas veces puede hacernos confundir gravemente en el clásico error de "creer que tal o cual era el amor verdadero" hasta el punto de no admitirse a sí mismo la terrible desilusión de su idea sobre el otro.
Sentimiento de vergüenza invertido
Es necesario para seguir con esto, dejar en claro qué es lo que se entiende por bueno o malo en torno al poder, y para ello seguimos con su apicación a lo cotidiano. Hacer el bien, en una relación de poder es respecto de alguien que necesita de uno, así como hacer el mal es respecto de alguien a quien uno necesita. En el primer caso, encontramos haciendo el bien en las relaciones en las cuales buscamos empoderar al otro para empoderarnos nosotros, y establecer así una cierta necesidad en tal persona de estar bajo nuestra ala; parte del poder tiene que ver con saber cuando ceder ante una imposibilidad, ya que las relaciones de poder siempre son de a dos, y el primer paso para obtener poder respecto de algo, es admitir que no se tiene, por tanto, sería bueno dejar atrás el mito de que es fuerte aquel que consigue todo solo. Al ser la fortaleza y el poder algo que rige entre más de uno, ¡de ninguna manera puede uno empoderarse si no es gracias a que existe el otro! Por tanto, estaríamos ante otra cuestión: no sólo no es posible obtener poder sin nadie, sino que es hasta necesario apoyarse en otro, así como ante la necesidad de alcanzar una altura de un lugar físico sin poder elevarse por cuenta propia, es necesario valerse de un impulso externo que nos ayude a llegar al objetivo propuesto, de ahí surge el ascensor.
Tomando el segundo caso, hacer el mal, es justamente buscar empoderarse a costa de quienes necesitamos marcarle la frente en el momento en que tratan de hacerlo con nosotros, siendo algo de total naturalidad en la vida de cualquiera que se precie, por tanto, todo empoderamiento sin establecer una cercanía afectuosa (e incluso con marcada enemistad) implica un "hacer el mal", algo de lo cual nos debemos una cierta revalorización para no ahogarnos sobre cosas que diariamente hacemos. Curiosamente, sentimos un exceso de placer cuando "hacemos el bien", sabiendo que tal cosa implica insertar en el otro la necesidad de que el poder lo busque en quien se lo ofrece, y por otra parte, consideramos de poco agrado el "hacer el mal", lo cual significa tomar partido por el respeto propio y el dominio de uno mismo para poder establecer límites e incluso crecer y poder ser mejor de lo que uno era, ya que empoderarse significa justamente una cuestión que pertenece a aquellos que tienen vida qué derrochar y expandir; esto es, tenemos un gracioso concepto de lo que significa la vergüenza para nosotros, y lo aplicamos en base a cosas que no entendemos del todo.
Quienes se oponen al concepto de poder
Con respecto a lo que habíamos mencionado respecto a la forma pasiva de poder, conviene desarrollarla de forma más completa. Por un lado, tenemos un tipo de persona que ejerce la búsqueda de poder de forma pasiva, es decir, no entiende cuál es la raíz de sus actos, sin embargo en respuesta a ello actúa; en estos casos se suelen sorprender cuando se les dice algo como eso, muchas de las respuestas suelen ser en lo afirmativo "Ahhh con que eso era, pues bien, me gusta." o en lo negativo "¡De ninguna manera, yo no soy así!", y luego ocurre una secuencia graciosa en la cual uno le explica la conducta arquetípica de la doctrina de poder y no ven más que un espejo de sus actos diarios, con lo cual, o se admiten asustados, o continúan con su obstinación. Por otro lado, existe quienes directamente tienen un problema con el poder, y esto proviene de la falta de entendimiento de su propia naturaleza o más aún, influenciados por cierto dogmatismo filosófico y moral que no les permite ver nada de eso como positivo. Nuevamente le debemos al moralismo racional un entorpecimiento del pensar y una domesticación de la conducta humana, al punto de convertir al hombre en un ser básico que no puede pensar más allá de lo que le han enseñado. La influencia de la moral se puede ver en muchas doctrinas políticas, pero también se ve en movimientos sociales e incluso valores que imposibilitan un desmenuzamiento de este estilo:
-El feminismo rechaza desde su teoría misma toda manifestación de poder entre un sexo o el otro, incluso hasta en los casos más íntimos de una relación amorosa, lo cual deja ver su elemento totalitario, sea dicha consigna aparentemente llevada o no al extremo. Ese es otro punto, el feminismo siendo o no extremista, plantea la negación del poder en la relación de sexos en base a la suposición de que el poder es malo, lo cual no denota otra cosa que una fuerte carga moral por no entender que el poder puede ser utilizado en casos de una forma u otra, generaliza ante los casos que ha decidido bajo su capricho engrandecer y recordar. Creen que cediendo cierta decisión al otro están siendo débiles o sumisos, cuando de hecho, como hemos visto antes, el querer construir sin ayuda es un capricho, por no decir un absurdo. La verdadera fortaleza se construye a partir de admitir que por el momento no se tiene, así como para resolver cualquier problema, el primer paso es reconocerlo como tal; y así, ceder cierta parte de las decisiones al otro, no es sino un signo de grandeza, quien busca mejorarse a sí mismo, debe admitir primero, que no es perfecto, y segundo, tener la dignidad de querer aprender de quien sí puede enseñarle.
-La humildad es considerara un valor entre muchas personas, y debo admitir que cada uno tiene su concepto de lo que significa esa palabra, pero aún así, podemos promediar como humildad una confusión. Se considera humildad a la falta de soberbia y el admitir la propia imperfección a pesar de los logros obtenidos. Pero por otro lado, la humildad plantea un modo asceta de vida, en el cual obviamente cualquier visión de empoderamiento es vista en el mejor de los casos de reojo y en el más extremo con un gran resentimiento. La persona que se jacta de ser humilde es normalmente aquella que no tiene grandes aspiraciones ni es capaz de admitir su propia búsqueda de empoderamiento, lo cual le causa rechazo, y al no superar esto, se ve obligado a maldecir toda manifestación semejante, y acá entramos en una tamaña contradicción, pero que no niega el carácter real de la humildad, sino que por el contrario, desenmascara su concepto, haciendo ver que aquel que se jacta de ser humilde, es porque quiere convertir su miedo al poder o su resignación en una virtud, y una muy perjudicial podría decir, ya que si el empoderamiento tiene que ver con incrementar la propia vida, la resignación y la humildad, tienen que ver entonces con empobrecerla, y como un curioso agregado, convertir una falta en virtud es harto soberbio, y ahí encontramos la confusión de la definición que la mayoría da a la humildad, sin saberlo realmente.
¿Por qué es importante esto? Porque un manejo prudente y consciente del poder en nuestras vidas es lo que permite luego tener mayor posibilidad de manejo en el ámbito político a quien se quiera encomendar a ello. Quien ve la virtud en la excelencia (al mejor estilo renacentista) aplica aquello que necesita para el crecimiento de la vida, tanto en términos personales como en los que conciernen a la comunidad, y eso conlleva un manejo consciente del poder. Quien ve la virtud en la miseria personal y en el ascetismo, es en sí miserable. La virtud devenida de la humildad y la caridad es la misma que obtiene uno de esos animales que toman una presa agotada para exprimirles la última gota de voluntad, como lo hace un insecto o un gusano, en el caso de las personas, lo llaman "ser caritativo"; y con esa misma humildad se retuercen cuando algo más grande se acerca. De esa misma forma, son los hombres de más valía los que buscan desafíos, aquello que pueda hacerlos probar poder ser realmente grandes, más de lo que ya eran, y por eso no se detienen en la cobardía de disputar batallas absurdas, sino que al considerar eso un insulto a su persona, buscan enemigos competentes que les permitan demostrar cuánto derroche hay en ellos y cuanto control tienen sobre sí mismos, esto es, cuán Príncipes pueden llegar a ser.
Lucas Cianfagna.-







