martes, 19 de enero de 2016

Vocación: Más allá de la mediocridad profesional



"Es por esa razón que todo está casi siempre subordinado a la observación de las aulas llenas y a los beneficios que aportan las grandes cantidades de alumnos. (...) Pero la cuestión de si es buen o mal profesor queda resuelta por la frecuentación con la que los señores estudiantes lo honren. (...) La democracia que actúe como convenga, pero la educación científica, como debe ser llevada acabo según la tradición universitaria, es una cuestión de aristocracia de espíritu." Max Weber



Promesas de algo que no se habla


Cuando se habla de la necesidad de mejorar la educación, siempre se hace desde un lugar demagógico, desde partidos de izquierda a derecha, se pueden encontrar discursos bellos y poéticos de una supuesta preocupación por el tema educativo, pero en rigor de verdad, ninguno se propone abordar el tema con seriedad, salvo casos muy precisos que no nombraré para no ser tildado de proselitista político de fulano o sultano. La derecha en un rango general, habla de la educación como si estuviésemos en la plena declaración de Constitución de 1853, sigue bajo el mismo discurso alberdista que no va más allá de las generalidades respecto de la educación, como si se tratase de un proyecto en el cual la educación se fuera a instaurar por primera vez, si analizamos sus discursos van más o menos por ese lado, y al mismo tiempo, se empeñan por mantener la misma lógica que era aplicable a ese momento histórico, es decir, al siglo XIX. Por otra parte, la izquierda en su propia involución se ha vuelto dogmática y carente de análisis real, proponiendo la "democratización" del anillado para el cuaderno, la asamblea para tratar la violencia que sufren los resaltadores y cuestiones de ese estilo; dejando de lado -un poco- el humor, la izquierda argentina en su propuesta de mejorar la educación, carece totalmente de racionalidad cuando en lugar de atacar los contenidos educativos y la forma en que se enseña, plantea que haya "mayor inclusión". Es decir, traduzco en lenguaje no-demagogo: "Ya que nuestro sistema educativo va de mal en peor, persisten formas deterioradas y poco prácticas de enseñanza, ¡ya sé, incluyamos a más personas para que suframos todos juntos el deterioro!", esto es, "igualdad de decadencia". ¿Les ha divertido este formato de poder reírse con la realidad? Es sano reírse cada tanto, pero en esto, pondré sobre la mesa el tema con seriedad también, porque reírse sirve para que el mensaje cale hondo, pero es necesario al mismo tiempo tomar el asunto para buscar una solución posible y que se plantee un debate en serio, y no una discusión de qué eslogan suena más bello para una propaganda; esto es, estamos hablando de los problemas que atañen a lo que luego condiciona el modo de vida de la población en general, no se puede tomar a la ligera y conformarse con una promesa de campaña, en esto, hay que permanecer firmes.



Disculpas por...2 siglos de retraso



La principal causa del deterioro educativo tiene que ver con el estancamiento que la educación tiene hace dos siglos en todos sus niveles. En el nivel inicial, que es donde la creatividad, la imaginación y el gusto propio se desarrolla de la forma más enérgica, se aplican nuevos métodos de pedagogía que estimulan este aspecto, pero desgraciadamente la educación que falla en el nivel inicial no es la del Estado, es la de la casa; donde se ven en muchos casos el miedo de los padres por el cual quieren que sigan una profesión y así planifican más allá de la voluntad de su propio hijo tratando de buscarles una materia que les sea afín para encerrarlo allí, ¡y que ni piense en el arte y todas esas cosas que no dan de comer! Esto ocurre a menudo en consonancia con el inicio de la educación primaria, donde toda esa oportunidad de desarrollo creativo, se ve apagada y totalmente sofocada por la aparición tan temprana de la enseñanza formal (lógico-matemática), la cual cercena todo interés y curiosidad sobre el aprendizaje, conforman así la sociedad utilitarista de "lo que no da plata ni lo aprendo". Luego en el nivel secundario -medio-, ya venidos a menos con el error previo, se trata de enseñar en algunos casos filosofía, pensamiento y opinión, cuyo interés está totalmente erosionado, salvo por casos muy específicos de jóvenes con alguna infuencia inculcada de sus padres en el tema. Y por si fuera poco, a modo de moralizar, establecen la famosa "educación cívica" donde enseñan los valores del respeto, de la tolerancia y de la crítica, pero resulta arbitrario si se trata de enseñar tal cosa en un contexto de pésimo manejo de contenidos y de una falta de entendimiento de las etapas madurativas del joven en general, sin mencionar que su orientación personal pasa desapercibida en el tumulto de la enseñanza en masa: "¡Démosles algo para leer, un poco de todo y ya están preparados! Digámosles frases bellas que calmen su curiosidad y su incertidumbre respecto de lo que les depara el futuro, digámosles entonces que el futuro son ellos, y que los sueños son inquebrantables". ¿Cómo esperan que se llegue a una mejora de la sociedad si se miente y se encubre de esa manera? Es simplemente inconcebible el experimento que se realiza con los jóvenes y la poca responsabilidad que tiene la sociedad del "libre albedrío", el peor cuento mejor contado.



Espíritu científico


En calidad de enseñanza, lo que prima siempre es la excelencia, y por ende, tal cosa no conoce virtudes gregarias ni soluciones morales o sentimentales de "inclusión", esa farsa debería ser puesta en tela de juicio, puesto que en condiciones deplorables, la inclusión resulta hasta un insulto para las personas que aún no tienen que experimentar este deterioro, y por tanto, la frustración que eso conlleva; esto es, la inclusión es una forma bien disimulada de egoísmo y de flagelo colectivo. La lógica universitaria del "buen profesor" como aquel que llena las aulas, demostró hace un siglo ser una mentira, justamente, visto por quien he citado al comienzo, quien se preocupaba por el estado de la enseñanza, pero también se dedicaba a alentar a aquellos espíritus curiosos e insaciables de conocimiento, aquellos a quienes el lucro no constituye una barrera para dejar o no de aprender, sino que por el contrario, encuentran en ese conocimiento lo que realmente atañe al desarrollo y el potenciamiento de la vida, esto es, de su propia voluntad de expansión personal, aquello que haga que su vida sea mejor vivida. Lo que todo emprendedor científico debe proponerse, no olvidar nunca lo realmente importante que podría ser el "espíritu" científico, cualquiera sea su profesión, aquel impulso curioso y altivo, ese que no deja a uno perder el tiempo de ocio en otra cosa que no sea lo que vivifica y hace al aprendizaje.  La ciencia ha sido una parte importante, pero se ha venido a menos en un contexto de sociedad de masas; afortunadamente hemos superado en gran parte ese contexto, pero aún nos queda superar la formación de enseñanza de la comunidad, que sigue siendo para esa sociedad de masas destinada a la mecanización y al utilitarismo social. Si queremos realmente cambiar algo en nuestro modo de organizarnos socialmente, se debe empezar por esto, por adaptar todo el sistema educativo comprendiendo las edades de formación del joven promedio y alentar siempre un escalón más de lo que se puede. La solución de la miseria, nunca podría ser incluir a todos en ella, sino erradicarla, para ello necesitamos recuperar la importancia de lo científico para libertarnos de los dogmas de la mayoría, de las virtudes gregarias y de la razón sentimental; una búsqueda de excelencia en enseñanza no puede ser otra cosa..que la valoración de la vocación, más allá de la profesión que se tenga.



Lucas Cianfagna.-



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