domingo, 24 de enero de 2016

De vuelta al principado


"No es el debate el que impide la acción, sino el hecho de no ser instruido por el debate antes de que llegue la hora de la acción." Tucídides



Un desapego necesario



En la historia argentina, los líderes que más han podido representar el favor popular se han movido con astucia y habilidad, demostrando grandes aptitudes de conducción y persuasión, brindando una explicación más que práctica -y no pura teórica- de cómo ha de moverse un animal político en su medio, y más aún, nos han detallado estrategias que si bien, podemos decir que sirvieron para el contexto determinado de cada líder, nos dan pauta de qué hacer si se presenta alguna situación similar. Figuras como Rosas, Yrigoyen, Perón; representan para lo que es un liderazgo que se caracteriza por ser en favor del propio pueblo, la representación de momentos muy particulares en los cuales se necesitaba cierta firmeza en algunos momentos para con su masa crítica, y por otro lado cierta astucia en cuanto a lo que concierne su propio hábitat, lo cual lo podemos caracterizar como la capacidad de resiliencia, que se espera de todo político. Por supuesto que esa fue sólo la mención de los aspectos positivos de aquellos líderes, ya que su principal condición era el carisma más allá de sus tantas otras virtudes; también reside en su accionar aspectos negativos, sobre todo respecto de los hombres con los que se han rodeado dichos líderes, cuyos partidos han llegado a la miseria más última, habiéndose degradado todo principio bajo el cual se construyeron. Lo curioso es que cada partido llevó encima una corrupción de sí mismo peor cada vez, se empieza con el olvido (Partido Federal), le sigue la obsolescencia (Unión Cívica Radical) y por último, el aparato de infiltración de todas las fuerzas reaccionarias de la política vieja y rancia, cuyos principios de nueva política en los que se fundó, permanecen sepultados en la inacción de sus más leales seguidores y en la complicidad de sus traidores (Partido Justicialista). Claro que ésto no puede ser entendido en términos morales, sería absurdo plantearlo en ese aspecto, sino más bien, creo necesario brindar un aspecto que tiene que ver con la decadencia misma de toda etapa y todo orden anterior, por lo cual, muchas veces nos vemos tratando de recrear algo que ya está harto expirado, y con lo cual no se puede avanzar en ningún aspecto, esto es, el constante tropiezo de quienes pretenden aún esa maniobra demostrada inservible: volver al pasado.



El problema del absolutismo ideológico



Es preciso indicar también que aquel osadía de volver al pasado como si fuese una solución viable, nace del mismo miedo hacia el cambio y la necesidad que ello conlleva genera cierta parálisis en muchas personas, que acostumbradas a un orden anterior, tratan de hacer retornar aquello que está caduco, con la esperanza de que volviese a resolver los problemas que antes logró, siendo que los problemas podrán ser similares, pero nunca iguales, por tanto estaríamos estableciendo una conclusión a primera vista, y ésta es, que volver al pasado, podrá sonar perfectamente racional en términos argumentativos que pueda acarrear, pero su origen real es totalmente sentimental; esto es, considerar la realidad como a uno le gustaría que fuese, como uno siente que debe ser, o como uno cree que "debiera", es de una irracionalidad tremenda, y muestra el propio miedo al cambio, lo cual se traduce por consiguiente, en el miedo a que uno mismo deba cambiar. Por tanto, podemos continuar diciendo, que la evolución a nivel político, está determinada por la superación de viejas estructuras que lejos de garantizar los intereses de la plenitud de la comunidad, están más cerca de perjudicarlos, por tanto, o se puede buscar cambiar las instituciones, o crear nuevas, aunque no necesariamente debe una ser excluyente de la otra, sino más bien, debemos ubicarlas en circunstancias de aplicación diferentes.

En esta época de mayor interés de la comunidad por temas políticos, las viejas prácticas políticas se ven cada vez más amenazadas, casi en vías de extinción, y es entonces cuando se extremizan, como todo individuo que perdió el instinto creativo y se ve obligado a repetirse a sí mismo creyendo poder sobrevivir con ello, y es entonces cuando las ideas que dominaban anteriormente el campo político hoy se evidencian extremistas, y esto es porque hubo una cierta evolución de las mismas a nivel colectivo que antes no había, y por eso aquellos personajes de la escena política que se dan cuenta de esto, han optado por cambiar aquellos aspectos que representan las viejas formas de política que hoy se ven obligados a descartar, como es el ejemplo de algunos representantes de los que se han desplazado de la mirada dogmática de la década anterior, por propia consciencia o interés. De cualquier forma, saben que es lo único que los puede hacer sobrevivir en el terreno político, así como otros partidos ya lo vieron y están ganando una posición de suma ventaja para la competencia legítima por el poder; mientras que, las ideas más extremas se están fragmentando entre ellas, al mismo tiempo que la población en general, las considera cada vez más lejanas de sus intereses.


La noción del Príncipe



Debido a la inminente caída de las formas de hacer política hasta el momento, resulta en reacciones de parte de quienes se niegan a aceptar dicha caída, y por tanto recurren a la violencia, la calumnia, la irracionalidad y la falta de comprensión; mientras que quienes nos importa más la realidad que lo que podamos pensar -a priori- de ella tenemos el camino abierto para adentrarnos en lo realmente interesante y volátil, que es el ajedrez de gran magnitud y complejidad que conocemos como acción política. En este campo no tendremos piso cuadriculado, pero sí tortuoso y muy movedizo, donde lo que prima es el ingenio, la astucia, la tenacidad y la inteligencia, por encima de todo sentimiento previo, por encima de todo prejuicio sobre la realidad que podamos tener, puesto que a ella nada le importa lo que podamos imaginarnos antes, sino lo que hagamos en el terreno de la realidad. Como he mencionado antes, la virtud de la excelencia representa este nuevo florecer de formas nuevas de política, que tienen que ver con un temprano pero seguro comienzo del camino hacia la madurez y la experiencia que nos brinda parte de nuestro conocimiento, la otra parte queda para aquellos quienes nos decidimos por lanzarnos a este juego de sombras y de estrategias. Ya ha sido suficiente el tiempo de la mediocridad, el fanatismo ideológico y los sentimientos hacia el pasado "mejor" o hacia el carisma; en este renacimiento de hacer política, se evidencia el carácter altivo de esta nueva política, donde las acciones concretas y una completa revalorización del talento y la audacia caracterizan este nuevo porvenir. Para ello, es preciso prepararnos en manada, porque sólo un par de lobos pueden guiar a aquellos perros que administren el rebaño; en esto importa combinar conducciones, hacia una estrategia más integrada de acción, donde lo vulgar de la violencia y el fanatismo demagogo sólo se consumirán en sus propias cenizas, mientras que lo que renazca de ello, será la virtud y la gracia de poder hacer de la comunidad algo más grande, y esa tarea sólo está reservada para aquellos que ponen la realidad por encima de todo y se atreven a auto-superarse para aprender a ser auténticos Príncipes.



Lucas Cianfagna.-

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