domingo, 17 de enero de 2016

Paremos de robar con "cuántico" por dos años




"Examine fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. Y, ¿qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!" Isaac Asimov
 




De dudosa procedencia..


Muchas veces tratamos de buscar ciertas respuestas que a priori no poseemos sobre algo, buscamos una explicación que nos remueva la duda sobre cómo ocurre un fenómeno, cómo se ocasiona tal efecto, o bien tratar de buscar información sobre cierto tema de modo que podamos tomar una postura al respecto. En base a un debate reciente que tuve, he presenciado una vez más la moda de querer sonar "sabio", esto es, fingir tener cierto grado de ciencia en la explicación que uno da, lo cual al ser descubierto como una máscara, no resulta otra cosa que la tan conocida sofisma. Cuando nos topamos con un artículo escrito en un portal o un periódico, debemos tener cuidado sobre aquello que quiere pasar por científico, ya que si bien un portal tiene algo más de seriedad que un blog, cuando el objetivo es causar controversia, publicar cualquier cosa sirve de todas formas desde la lógica económica de los medios, les basta con nombrar a un fulano cualquiera que se adjudique ser de alguna universidad más o menos de renombre para que uno diga ciegamente "Wow, ¡qué bárbaro, debe ser la verdad!". La gente común, al no tener mucho contacto con este tipo de información, confunde cualquier artículo con conocimiento, en los casos de mayor fanatismo como es con los antisemitas o con las teorías posmodernas o conspirativas, son hasta capaces de creer cualquier blog que les proporcione un supuesto fundamento a la teoría que tratan de justificar. Por supuesto que resulta harto arbitrario, puesto que los blogs son espacios donde cualquiera escribe lo que le venga la gana (como hago yo inclusive), aquellos blogs que derriben la teoría que estos fanáticos defienden resulta "mentira manipulada por los medios hegemónicos para ocultar la verdad (de la cual sólo los que piensan como nosotros sabemos)", lo traduzco nuevamente: "Nosotros, los iluminados por la Providencia, poseemos la verdad y la vamos a defender con uñas y dientes", ¿resulta conocido esto? Bueno, a esto llamo, vestigios de la filosofía dogmática y del idealismo preconcebido. Este tipo de ideas se pusieron de moda, y a esto se le sumó algo interesante, como no bastaba con decir estupideces sin fundamento, necesitaron introducir un elemento más, algo que resulte creíble. Pues bien, aquellos que han pertenecido al ámbito científico, pero en su calidad de resentidos han experimentado un profundo desprecio por los expertos, se han dedicado a fundamentar teorías absurdas que los han llevado a la expulsión de la propia comunidad científica, entre ellas, está la "homeopatía", la teoría de que "las vacunas producen autismo", la supuesta "atracción de la psiquis", y como si fuera poco, las clásicas teorías sobre extraterrestres y de supuesto conocimiento de los "confines del universo", las cuales sólo necesitan de un aditamento extra para triunfar entre un público poco preparado. Este aditamento consiste en articular a la explicación -no importa qué tan delirante suene- las palabras "cuántico", "gravedad cero", "cosmología", "disco galáctico" u otras palabras que a oídos que no conocen resultan "agradables", proporcionan cierta "tranquilidad" o "seguridad" respecto a la duda que se tenga, por lo tanto son aceptadas, así como triunfaba la psicología de "la causalidad anterior" o "el fin último" para justificar el desenvolvimiento de algo a lo que sólo hemos llegado a ver el efecto.



El problema con la estadística


En el debate que he mencionado, se me ha fundamentado un artículo en base a estadística que sólo proporcionaba datos respecto de situaciones específicas, las cuales por supuesto ayudaban al defensor de la teoría en cuestión a fundamentar su postura. La cereza del postre consistía en decir "ante la duda sobre el artículo que acabo de pasarte, conviene que lo compares con la realidad", esto es, "con la realidad que yo -colmado de limitaciones y de poco estudio- percibo y concibo como la única posible", agregando datos de la propia experiencia, que en rigor de verdad, no es más que una parte de la realidad cuya conclusión toma de forma equivocada como la explicación de la totalidad. Las estadísticas resultan un arma peligrosa, y de esto los sociólogos saben bien, y hasta establecen una especie de culto sagrado en torno a las mismas; ya que en los conteos, se establecen categorías que responden a grupos muy específicos o situaciones puntuales, lo cual resulta arbitrario si el tema es complejo de analizar. Toda categorización es en sí arbitraria, ya que los grupos son arbitrarios y los números abstractos, cuya representación muchas veces resulta totalmente disfuncional respecto de la cosa que se estudia. Siguiendo el ejemplo de este debate, terminó el contrincante dándome la razón cuando le proporcioné un estudio más detallado, sin estadísticas, pero con la información de lo que producía en la realidad y qué efectos tenía aquello que estábamos discutiendo, con bibliografía de los estudios y citas de sobra, cosa que el artículo anterior no tenía, basándose en una especie de cuento que con un pequeño gráfico de barras, alcanza para satisfacer un periódico de tendenciosa línea ideológica, más aún, partidaria, lo cual no hacía más que agravar la dudosa fundamentación. Y una vez más, tenemos otra tendencia pseudocientífica que se ha vuelto demasiado común. 




La ciencia..algo verdaderamente inmoral


Quienes pretenden justificar ciertas teorías o manías psicológicas, asumen la necesidad de que lo moral debe constituir un fundamento científico, o al menos, debe tenerlo en algún lado; "ah, pero..¿y si no lo encontramos? -¡Bueno, inventémoslo!". Uno de los grandes problemas que se tiene a la hora de razonar, es analizar hechos como morales, siendo que los morales seremos nosotros, en todo caso, y no el hecho en cuestión. Buscar un fundamento moral, es hacer una idealización previa de lo acontecido, y es ahí cuando se llega a buscar cualquier fundamentación que logre articular aquello que tenemos por incuestionable y certero. Naturalizamos el entorno, atribuyendo un sujeto que no resulta más que una foto tomada de algo a modo de sujetarlo; "¡y que no se nos escape! ¿Lo dejaste ir? Bueno..entonces inventemos algo que nos proporcione algo seguro sobre la realidad..¡ya sé! Tengo una gran idea, lo llamaré sujeto". Ha resultado el mecanismo perfecto para tratar de estirar toda realidad a las manos de uno, pretender hacerla maleable y darle la forma que uno pretende, como si se tratase de una masa de plastilina amorfa, pero esa masa no es más que una representación de lo que nos gustaría que fuese la realidad; entonces la mentira del sujeto previo y de la causalidad anterior, es nuevamente, otro artificio para brindarnos seguridad respecto de lo otro para no admitir que toda percepción es una imagen creada por nosotros mismos en base a un estímulo de parte de esa realidad, esto es, la realidad como tal no es objetivamente visible para nosotros, podemos ajustarlos y poder ver esa realidad de mejor forma. Pero aún así padecemos de la natural miopía que el humano posee, y que en su orgullo, la llena con conceptos absolutos, verdades incorrompibles y vicios racionales que no constituyen más que un pasaje de la estructura lógica del lenguaje hacia la estructura de explicación sobre lo que experimentamos, ¿y a qué se debe esto? Volvamos a la cuestión del principio: el "deber ser", el "tiene que ser de esta manera y no de otra", constituye la mayoría de vicios que enturbian el saber sobre las cosas, por no entender cómo razonamos.

Lucas Cianfagna.-



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