lunes, 11 de enero de 2016

La divina gracia de lo impune

 

"La justicia que comenzó con 'todo es pagable, todo debe ser pagado'acaba de hacer la vista gorda y dejar escapar al insolvente, acaba -como toda cosa buena en la tierra- suprimiéndose a sí misma. Esta autosupresión de la justicia: sabido es con qué hermoso nombre se la denomina - gracia-; ésta continúa siendo, como ya se entiende de suyo, el privilegio del más poderoso, mejor aún, su más-allá del derecho." Friedrich Nietzsche


Origen "malo" de lo "bueno"

En tiempos anteriores, precisamente en el medioevo, se trató siempre de criar un hombre, bajo el presupuesto de mejorarlo, brindándole cualidades de lo que hoy se conoce como un "buen hombre", claro que para aquello se tuvo que recurrir a cosas que hoy resultan totalmente repudiables por casi la totalidad de las personas. En su misión de criar a un hombre bueno, se ha necesitado instalar la culpa como algo que habita en todos y se desprende en determinadas ocasiones, como una causalidad anterior, cuando de hecho la culpa tiene un origen histórico, y esto se debe a la hazaña de querer mejorar la humanidad, aplicando imágenes vivas y fuertes de torturas, mutilaciones, descuartizamientos, el carro con el caballo que desmembraba, y otros métodos más que introdujeron en nuestra mente un "no quiero" instantáneo que luego pasó a traducirse en un "no debo" por lo cual, todo posible juicio que esté más allá de la moralidad o de lo establecido resultaba algo que producía una auto-represión a causa de estas imágenes violentas instaladas en el cerebro previamente, esto es, la culpa tiene aún hoy un fuerte olor a sangre, y es precisamente este aspecto lo que impidió a las futuras generaciones buscar causas históricas u originales de un hecho o un accionar humano específico, por lo cual no resulta difícil instalar el concepto de sujeto anterior a la acción, en el cual toda persona está predeterminada a actuar de determinada manera, o bien, cuando se dice que "nació bueno" o "nació malo" como si se tratara de un asunto hereditario, obviando todas las circunstancias previas que motivaron y definieron las acciones que luego devinieron en lo que llamamos "sujeto", invertimos una vez más la conclusión, y se puede justificar el absurdo de "bueno" o "malo" por herencia, y esto..surge de la necesidad de transformar la duda en culpa, y la curiosidad en algo prohibido. La indulgencia se practicaba únicamente hacia aquellos que tenían alguna cercanía con los grados más altos de la sociedad, concepto que luego se llamaría "gracia divina".


Origen mercantil de la pena

Para continuar con el hilo anterior, podemos remontarnos a la famosa obra de Shakespeare "El mercader de Venecia", donde se muestra el tipo de pena que un mercader imponía debido a que no pertenecía al extracto más alto de la sociedad en que vivía. El mercader Shylock le imponía al deudor insolvente la pena por una libra de su propia carne, lo cual deja en vista varias cosas. Por un lado la necesidad de la búsqueda del "todo se paga" como una capacidad que se atribuye este tipo de persona respecto del otro, la capacidad de volver todo "tasable", "calculable" y proceder de esa manera ante cualquier evento de alguien que infringe un contrato. Así ocurre, cuando se pretende tomar el derecho y las penas desde el punto de vista de un comerciante, donde se pretende el bienestar de poder cobrar al otro lo que éste le debe, pero ya no por la clásica retribución del derecho romano de las XII Tablas -el cual se basaba en un ideal noble de justicia de retribución del daño en otra especie-, sino de la forma más degradante de pena, surgida de individuos colmados de miseria propia, que obtienen placer mediante el sufrimiento, suponiendo que éste fuera a suplir o a sanar aquello que el infractor cometió. Este ideal de justicia de muy dudosa procedencia, se adquiere desde la reacción de este grupo debido a la necesidad propia de empoderarse donde aún la nobleza tenía una influencia mayor en la sociedad, razón por la cual le fue necesario a esta clase mercader el derrocamiento de dicha nobleza, y en base a su resentimiento, imponer un tipo nuevo de derecho, debido a que su rol era de mediano alcance a nivel social. Lo que resulta irónico, es que en el caso de la obra de Shakespeare, la Corte mostraba aquella "gracia" hacia Antonio típica de la indulgencia aristocrática que podía permitirse liberar al insolvente porque éste le sería más útil defendiéndolos, y así, aprovecharon el resentimiento del mercader para descargar el poder sobre él por su condición de judío, lo cual era en Venecia un objeto de persecución. Por tanto, esta concepción mercantil de Shylock respecto a la justicia, significaba un tipo de empoderamiento que iba en detrimiento del poder de la Corte, por tanto la indulgencia -con ayuda también del conocido "abogado"- de la misma significaba un reafirmar el poder sobre aquel mercader que por su religión significaba un motivo de burla, y así una vez más se justificaba la "gracia divina", que quizás por esta ocasión, sea más aceptada que otras veces.


Explicación del garantismo

Luego del derrocamiento de la nobleza las clases mercaderes lograron imponerse como dominantes en una sociedad que había sido acostumbrada a otras formas de dominio y sobre todo del derecho, por lo cual, debieron hacerse con un nuevo derecho, y para ello pudieron inventarse los vacíos legales que necesitaban, y también podrían -mediante la nueva concepción social- comprar voluntades de la Corte para que actúen una vez más con la indulgencia que tanto poder les restringía anteriormente a esta nueva clase en ascenso. Cabría poner en cuestión la problemática que hoy día se tiene respecto de la impunidad de los infractores, la cual es sino una consecuencia de la misma concepción anterior de que todo debe pagarse, y que todo tiene un precio, de buscar placer en el sufrir del infractor como la compensación que "redime", allí se ubica la antigua relación mercantil "acreedor-deudor" de la cual se han basado para buscar empoderarse como una reacción colmada de resentimiento hacia el que en ese momento era poderoso. Hoy día, al ser esta nueva clase la poderosa, aprendió del valor en cuanto al poder que tiene la indulgencia, como una forma de mantener cierto orden, buscando que los elementos más bajos en la escala social sientan simpatía por quienes detentan el poder, por lo cual no es extraño ver que haya jueces que sean extremadamente permisivos con un malhechor separando la acción de la persona, y por contrapartida, haya personas que vuelven a esta concepción mercantil "acreedor-deudor" donde reclaman la tortura y desollar al criminal, como si aquello fuese a restituir la pérdida. 

Y acá podemos volcar la conclusión de que: la concepción mercantil siempre es una consecuencia de los sectores dirigidos de la sociedad, así como la actitud indulgente es de los sectores que la dirigen, por tanto, ¿cuál sería la mejor solución? Volviendo a la cuestión del sujeto, podemos establecer que el denominador común de ambos comportamientos ha sido el error de considerar un sujeto previo a la acción, cuando debería ser la acción la que evalúe el tipo de sujeto, ¿no sería conveniente este procedimiento para la consideración de las penas y de los delitos? Evitaríamos toda posible indulgencia de una clase empoderada y todo posible resentimiento de la "retribución por el dolor", para ello, la justicia debe ser garantizada por los sectores dirigentes, como lo hizo Roma con sus XII Tablas, asegurando así una justicia ágil y precisa.

Lucas Cianfagna.-

No hay comentarios.:

Publicar un comentario