viernes, 20 de mayo de 2016

Nueva búsqueda de lo elevado

"El mal no es nunca 'radical', sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie. Es un 'desafío al pensamiento', como dije, porque el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada. Eso es la 'banalidad'. Solo el bien tiene profundidad y puede ser radical." Hannah Arendt




Reinterpretación de lo biológico


Como había dicho anteriormente, la forma en que las relaciones humanas se fueron consolidando desde el siglo XVIII, tiene que ver con mecanismos y tecnologías de gobierno que fueron más allá de la mera administración ejercida sobre riquezas, finanzas y una ley rigurosa que acompañe todo lo demás, mientras ésta iba tomando otra forma, más ambigua, menos rigurosa y con mayor carácter subjetivista (interpretativa), comenzó a tomarse en cuenta con mayor detenimiento aquellas áreas donde los gobiernos anteriormente no prestaban demasiada atención. La modernidad, el crecimiento demográfico y el incremento de esperanza de vida significó tener que calibrar de nuevo la forma de concebir la política, sobre todo durante el desarrollo de un Estado que, ya no sólo debía velar por el mantenimiento de la vida y la seguridad física de los individuos, sino que habiéndolo garantizado, requiere plantearse una serie de interrogantes que tienen que ver con la complejidad que las relaciones sociales iban teniendo cada vez. Y a esto, sumado un contexto de avance positivista de la ciencia y el método, nació una percepción de las sociedades a partir de cómo incrementar y satisfacer las demandas de vida, asegurar una política amplia, tomar los espacios como "ecosistemas", para lo cual el concepto de biopolítica encaja muy bien, ya que a partir de las tecnologías de poder e instituciones del orden liberal, se estableció una matriz que condicionaría (para ser bueno y no decir "determinar") la forma de vivir, la forma de percibirse a sí mismo como individuo, y la forma en que la sociedad se percibe a sí misma, la forma en la cual establece sus relaciones sociales, desarrolla sus artes, su ciencia, organiza sus saberes, etc. En fin, lo que atañe a la cultura, no es algo meramente que se ve a diario, sino que incluso queda grabado en el inconsciente por ser una conducta habitual y organizada para un fin, por supuesto que en cuestiones de poder no se dan nunca todos los efectos deseados, ni todos los efectos que se dan lo son, puesto que nadie puede prever todo, ni tampoco orientar de manera total una conducta, por más tiránico que sea el régimen, siempre habrá resistencia de algún tipo, menor o mayor; y con esto, lamento pinchar el globo de los conspiracionistas, pero era necesario aclararlo, ¡no vaya a ser cosa que me crean uno de ellos!





De la biología a la medicina, el poder justifica lo miserable



En este desarrollo de la complejidad de las relaciones sociales bajo la nueva perspectiva de la biología que buscaría orientar las conductas hacia un tipo de sujeto, se establecen instituciones nuevas, o bien, se retoman algunas viejas pero con una importancia que resulta novedoso como lo es el caso de la medicina, la psiquiatría y la sexualidad, como bien explicaba Foucault, a modo de mostrar cómo condicionan aquellas tecnologías el comportamiento humano. En esto, lo que resulta más importante y quizás lo que intente marcar -que continúa al día de hoy- es la cuestión que atañe a la normalidad, que si bien la relación comienza con el desarrollo de los roles de estas ciencias biológicas, me interesa más marcar el aspecto sintomático, a modo de que se entienda mejor. La normalidad constituye la mejor forma de establecer un control totalizante, los normales se desarrollan por las vías comunes, y los anormales (quienes pueden llevar a cabo un intento de superar los prejuicios de la normalidad de la mayoría) quedan a la suerte de las otras instituciones, quizás incluso, al margen de lo legal, en donde se los trata y con ello se reafirma la orientación conductual que se pretende de una masa, logrando así que en respuesta exista luego lo que la sociedad pasaría a querer condenar (los parias, los renegados, los criminales, etc). Resulta gracioso cuando un liberal critica a un marxista porque lo considera parte de una masa boba, siendo que el concepto de masa boba fue una innovación moderna que le debe al liberalismo, mediante estas mismas instituciones y prácticas de poder. El liberalismo no afirma un individuo dotado de fuerza y capacidad de autonomía, muy por el contrario, conduce bajo preceptos morales muy marcados y nocivos, que coartan todo tipo de plenitud de la personalidad y de su posible creatividad. Esta normalidad ha constituído para las formas de vivir modernas, la derrota de la excelencia de espíritu, de todo intento organizador de una comunidad que prepararía el terreno para un tipo de hombre realmente libre. El error primordial de un liberal cuando critica a un marxista, o un populista, es que no sabe que tales expresiones se dan en un marco de victoria cultural e institucional de siglos, del liberalismo, es decir, que el marxismo o el populismo sean de tal forma y no de otra, significa que constituyen en sí una reacción provocada por el mismo fenómeno liberal. Lo que los liberales critican como un hecho aislado, es en realidad una abstracción errónea, puesto que ese populacho enardecido que dicen despreciar, nació en el seno de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad; el jacobinismo tiene varias vertientes (entre las cuales expresiones jurídicas del comunismo y el fascismo han adherido, como son los casos de Marx y Schmitt), y si algo es seguro, es que constituyó la perfecta reacción contraria de la acción que le dio inicio, esto es, la idea liberal. Teniendo en cuenta que el Estado moderno atraviesa tres etapas constitutivas para garantizar su desarrollo, la tercera es la del Estado de Derecho, y en ella se fija la creación de un cuerpo legal que acompañe el ejercicio de gobierno y pueda limitarlo, ya que por la naturaleza misma del Estado, éste tiende a ser totalitario cuanto más disociado esté el gobierno de las formas jurídicas.





Bueno es todo aquello que potencie el vivir



Para abordar una propuesta sobre una forma que cree personas libres, es indispensable reemplazar las instituciones liberales, y con ello no me refiero a un ministerio, sino a aquellas formas existentes en nuestra manera de percibir la sociedad que pueda proyectar otro modo de vivir. La normalidad constituye un ejercicio aberrante de guiar la conducta, a esto me refiero -haciendo una pertinente aclaración- a un concepto absoluto de normalidad, ya que no es en sí algo malo establecer el análisis de una norma, el problema es cuando esa norma se establece de antemano o se utiliza para embrutecer y para crear un entorpecimiento, o incluso un impedimento de la evolución humana en su cultura y su desarrollo, sería buen momento entonces comenzar a plantearse la tarea de organizar el Estado y disponer de él no como un fin, sino como la herramienta para el mejoramiento de la vida en comunidad. Y lo volveré a afirmar, para quienes se les pudo ocurrir el absurdo de que la libertad se garantiza sin leyes y sin gobiernos, están muy equivocados, incluso quienes plantean una supresión de las jerarquías, ya que podemos discutir en qué medida una jerarquía está agotada y crear una estructura nueva, pero no se puede atacar la razón misma de ordenamiento, la cual garantiza un desarrollo guiado para que se pueda vivir de otro modo. Organizar no significa coartar la pluralidad, por el contrario, los impulsos humanos son muy diversos y negarlos puede constituir un error gravísimo en el cual ha incurrido esta práctica de la normalidad, ya que no hay libertad de impulso, el impulso condiciona el escenario, la libertad consiste en decidir qué hacemos con él, dejarlo florecer sin auto-control significaría el paralelismo de esa idea absurda de vivir sin leyes, lo cual dejaría el terreno apto para la tiranía, donde la búsqueda de negación del impulso logra que éste acabe con la persona. La organización de uno mismo, es lo que podríamos llamar una soberanía personal, la cual hace posible, expandiendo la frontera de posibilidad, una soberanía grupal. Esta organización es nada menos que disponer de uno, atender las necesidades y canalizar los impulsos que a priori podrían significar un peligro, de manera más efectiva.





En reivindicación de la excelencia



Entendiendo este desarrollo de las relaciones sociales y habiendo atacado la raíz del problema, me propongo realizar una revisión de los conceptos de bueno y malo. En las formas que estamos acostumbrados a pensar las cosas, incide notablemente esta cuestión que mencioné anteriormente de la normalidad, ya que lo moral es una cuestión personal, se podría hablar de lo ético en todo caso como un tema que nos compromete a todos. Ahora bien, no resulta muy difícil darse cuenta que la opinión mayoritaria está condicionada fuertemente por esta práctica normalista, aunque ha variado y se ha diversificado esto, el grueso de las personas consideran pertinentes sus juicios sobre algo por su relación con lo establecido como normal o anormal. El problema de esta práctica, es que la reflexión moral que resulta un aspecto esencialmente personal, se trata de imponer como una regla colectiva, y allí se obtiene un juicio fuertemente condicionado por el establecimiento de dicha normalidad, es decir, se establece una relación de juicio "normal = bueno", "anormal = malo", o bien, siguiendo este mismo esquema se invierte creyendo que se pone un nuevo esquema sobre la mesa, y en verdad, resulta lo mismo, ya que esta tecnología de poder no se encarga de guiar la conducta sólo de los normales, sino -e incluso precisamente- la de los anormales también. Retomando la idea de Hannah Arendt, quien proporcionó una reflexión sumamente interesante cuando abordó el caso del juicio a Adolf Eichmann, logró establecer una conclusión relativamente novedosa (y la cual le valió perder unos cuantos amigos de su misma comunidad), esta es; que erróneamente se creyó que el mal es un producto de personas excepcionales, como si se tratase de un fenómeno espiritual dotado de significado el cual se combate una vez que éste aparece. Lo que nos vino a demostrar, es que de la normalidad absoluta e instrumentalizada es que surge dicho mal, lo cual significaría, que el mal proviene de lo mediocre y de lo enfermo (incapacidad de asimilación), por tanto, lo radical y lo profundo queda para el bien, y esto nos deja en un escenario distinto del pensado hasta entonces como en una posibilidad de pensar el bien y el mal desde otro lugar, ya no como lo que es normal o anormal, sino como una propuesta fáustica, un desafío hacia el pensamiento y hacia poder engañar al propio diablo, esto es, pensar el bien y el mal sobre lo que empobrece o potencia la acción de vivir misma.




Lucas Cianfagna.-

viernes, 13 de mayo de 2016

¡Soltemos al muerto y levemos anclas!

"Las instituciones liberales dejan de ser tales cuando se conquistan: a partir de ese momento, no hay nada que ocasione daños más nocivos y radicales a la libertad que dichas instituciones." Friedrich Nietzsche

Terminemos de enterrar al sujeto moderno

La doctrina de la "libertad" del sujeto o "libre albedrío" se basa en una confusión no sólo conceptual, sino metodológica de consideración sobre lo que el sujeto mismo significa, y a su vez constituye al día de hoy algo insostenible, se lo confunde con un bienestar fisiológico, considerando éste como una consecuencia espiritual de su accionar, cuando de hecho, es la causa del accionar mismo, que es de hecho su consecuencia, he ahí el error de confundir causa con efecto, y muchas veces (al igual que este caso) este error se debe a la falta de conocimiento sobre el funcionamiento de la mente, o sobre el cuerpo, entre otras cosas. Aún hay quienes se mantienen en la vieja pregunta de "¿Qué es la verdad?" en lugar de preguntarse si la racionalidad empleada para contestar la pregunta es la adecuada, cómo se compone, cómo llegamos a considerar verdad tal o cual cosa, o bien, racional. La pregunta de qué es la ilustración no se contesta sino a partir de establecer un análisis retrospectivo de cómo llegamos a considerar verdad tal o cual cosa, esto es, el conocimiento desde el sujeto -sujeto de conocimiento- se construye mediante una hermenéutica del sujeto, que pretende mediante el error de la consciencia y la causa espiritual de la "buena obra"alcanzar una verdad que se encuentra en lo profundo de uno. Esto constituyó el error base de toda la hermenéutica del sujeto, y su método se basaba en una auto-supresión, o bien, la negación de sí. el sacrificio del sí mismo en función de la suposición de una verdad que se encuentra en el interior del alma, y para la cual, había que abandonar todo y encontrar la verdad única. Mediante esto se produce la interiorización del hombre y el sacrificio de sí mediante la obligación de conocerse a sí mismo y el establecimiento moral de los propios fenómenos fisiológicos como tratándose de una prueba de verdad o falsedad, y este pensamiento comienza más o menos a partir de la irrupción del medioevo y de la desaparición de la formas interpretativas de Alejandría. El sujeto moderno es claramente una consecuencia de las prácticas de confesión, de conocimiento de sí y que luego pasaría a constituirse como el propio sacrificio en función de dicho conocimiento, mediante estas bases, se fundaron los principios que cimentaron al sujeto moderno. La interpretación y la forma de hermenéutica había retomado el rumbo de Alejandría mediante la filología y la exégesis de textos religiosos, brindando una mirada que busque interpretar mediante el empleo de la metáfora, entre otras cosas, y así se barrió con el último vestigio de egocentrismo humanista, la consideración de la libertad de consciencia; en cuanto al nihilismo y al vacío de existencia, se lo consideró un problema del cual no hay continuación, yo digo que sí la hay, en la medida en que se busque avanzar en lugar de desenterrar al muerto.




Crítica a la cuarta teoría política


El análisis de Alexandr Dugin suena prometedor, pero carece de abordaje metodológico. Dugin se dedicó a recopilar hechos históricos y sociales y más o menos tratar de abordar una conclusión retomando la cuestión del Ser en Heiddegger. Hay un exceso de teoría política como esqueleto, pero carente de sustento metodológico y con una filosofía que en partes carece de actualidad, y en otras toma enfoques nuevos como el de Alain de Benoist y otros escritores afines. Explicar la historia del liberalismo y de cómo se superpuso como hecho social ante las otras ideologías que le disputaban la hegemonía global no es en absoluto realizar un análisis completo, sino justamente, dedicarse a realizar una explicación histórica, que si bien es necesaria, vuelvo a decirlo, no resulta suficiente para aportar una teoría política que se presente como superadora, y menos aún con errores de comprensión. El liberalismo se había desarrollado bajo la base de tecnologías de poder bien precisas y direccionadas sobre la base de su concepción, a saber: el individuo, al cual se le destinaron instituciones de lo más diversas y cada vez más complejas, constituyeron un modo de concebir a la familia, a la actividad humana, al trabajo, al saber..en fin, la cultura. La aparición de las teorías marxistas y luego del fascismo, se lo toma como hechos aislados del contexto y de la concepción liberal de la modernidad, el absurdo de pensar estas ideologías como contrarias a la modernidad es debido a la falta de un análisis serio del Estado y de la constitución liberal, de esto Dugin es bien consciente, lo que señalo es que el análisis histórico y filosófico es insuficiente. Las instituciones liberales configuran un tipo de relación social y se proyectan en el futuro, tales se instalaron como formas de ver la sociedad de manera inconsciente, por tanto las teorías que surgieron y que habían tratado de anteponer al liberalismo, nacieron de su seno. La visión de Dugin se reduce a relatar el aspecto sintomático de las guerras mundiales y la guerra fría, pero en verdad, la victoria del liberalismo no se debe a cuestiones bélicas, sino al triunfo de sus instituciones que proyectadas hacia el porvenir, modificarían la conducta de las personas, lo cual no se resuelve ni se modifica con un cambio de sistema político. Por otra parte, el liberalismo contiene una contradicción interna que se constituye a partir de la eficacia de sus instituciones y el fracaso de sus formas jurídicas en cuanto a los problemas que se presentan. Por su propia dinámica, el Estado moderno tiende al totalitarismo si se produce disociación de las formas jurídicas de las formas de gobierno, y esto se debe al fracaso liberal, lo cual produce de aquello, tendencias totalitarias como el comunismo o el fascismo, que incurriendo en el error de obviar la transversalidad de las instituciones liberales, hace a dichos sistemas ineficientes, además de las obvias consecuencias de la guerra y lo que conlleva un sistema totalitario. Lo que Dugin plantea es válido en cierto punto como explicación de los síntomas y cómo el Occidente moderno no es necesariamente representación del Occidente que había sido, el problema estaría en que la explicación filosófica aborda la reflexión, no el análisis mismo de lo que aconteció.



Evolución en el pensamiento político actual

El darwinismo social como fenómeno se debe a una interpretación superficial de los aportes de Darwin a las ciencias biológicas, transferido a las ciencias sociales. Pero esto no es, como se suele decir, un mero monopolio del fascismo en su práctica, sino que de hecho constituyó a la práctica y teoría de las tres ideologías modernas que se disputaron el dominio de la modernidad misma. El liberalismo desde la supervivencia del individuo en el mercado, y el marxismo incluso, mediante la supervivencia de la clase que sobreviviría por su peso histórico y depondría a la otra. Esta aparición de la interpretación darwinista de las ciencias sociales significó un error no por su intencionalidad, sino por su accionar. Veamos, no hay un error en sí en pretender dar una interpretación darwinista a los fenómenos, de hecho, el concepto que Foucault desarrolla para entender esto como biopolítica significa que las tecnologías de poder y de organización social ya no dependían de la voluntad del soberano, sino de lo dinámico de una sociedad, de consideraciones como el urbanismo, el espacio, el ambiente, el avance médico, la psiquiatría y la salud como agendas de primera necesidad en el ejercicio político; esto bien podría ser una interpretación alternativa del fenómeno darwinista. Más allá de la banal interpretación de la sociedad como organismo vivo, es más que eso, pero también resulta posible incluir una interpretación del postulado de Darwin, pero no como se ha hecho de incurrir en el determinismo de individuo, de clase, raza o nación, ya que no se refiere al más fuerte sino al que mejor responda al cambio el que logre la adaptación. Esto bien podría ser explicado mediante la evolución de las tecnologías de poder, de instituciones y de la adaptación de la sociedad misma ante estas prácticas, cómo responden, y cómo se modifica la conducta social. Las instituciones liberales vuelven a entrar en contradicción con sus formas jurídicas, las cuales en el caso de Argentina, son decimonónicas, por tanto, si buscamos cambiar algo, la revolución no puede consistir nunca en un cambio de sistema, sino que comienza por instalar instituciones nuevas, no sólo desde el aspecto legal, sino modificar la forma en la cual la sociedad misma se reconoce, y por supuesto, esto también requiere modificar las formas jurídicas para evitar los problemas que se han mencionado: la tendencia totalitaria del Estado cuando se disocian las formas jurídicas de las de gobierno, por otro lado, el pretender un cambio de sistema sin modificar los aspectos en que una sociedad se percibe a sí misma, y por último, evitar en lo posible la contradicción entre instituciones que determinan el comportamiento humano y sus formas jurídicas, de modo en que los problemas se resuelvan de forma eficaz, y no mediante alternativas extremas, que lejos de solucionar algo, retrotraen a lo mismo.


Lucas Cianfagna.-

jueves, 5 de mayo de 2016

El porvenir de las Ciencias Sociales

"Presuponen que hay un interés de participar, por medio de estos conocimientos, en la comunidad de los 'hombres civilizados'. Pero aún cuando éste sea el caso, no están en condiciones de probarlo 'científicamente' a nadie, y que lo presupongan no demuestra en ningún momento que sea evidente. Y de hecho, no lo es en absoluto." Max Weber

Carencia de vocación

No pretendo hablar de los problemas presupuestarios por los que venimos pasando hace bastante tiempo dentro de la universidad, pero que ahora se agravó debido al cambio de gobierno y al ajuste de presupuesto destinado a la educación, voy hacia algo más sustancial que el dinero, y tiene que ver con la calidad misma, que si bien, como expliqué está deteriorada, y resultados aún obtenemos a pesar de ello, casi de milagro. Sin embargo, cuando muchas veces nombramos el agotamiento de un modelo de enseñanza no se apunta hacia una respuesta concreta, sino que se alzan consignas políticas, y se adquiere un tono fundamentalista en la cual obligan a uno moralmente a tomar partido (por supuesto, partido por su opinión, ni creamos que encima nos dan la posibilidad de elegir), para entonces organizar una asamblea, una marcha, una idea novedosa y una propaganda idealista y llena de color. Ahora bien, cuando a alguien se le ocurre siquiera nombrar la posibilidad de que la inclusión no sea la solución a los problemas es cuando se vuelve a la tan vulgar dialéctica como estrategia cuasi sofista de anular el argumento del otro, lo cual evidencia algo, más que voluntad de resolver problemas, es voluntad de coleccionar discusiones. El criterio con el que se manejan en la Facultad de Ciencias Sociales, carece de fundamento científico, y guay que se intente mencionar esas palabras, deberíamos entonces llamar a la institución "Facultad de Opiniones Sociales", ya que para ellos lo más importante es la opinión y no el criterio, pero siendo que una opinión no define un carácter científico, el criterio sí lo hace.




El suicidio de la cultura


Muy que les pese a los amigos posmodernos, que en su tentativa por sonar "cultos" -a su manera- o bien, su estandarte de iluminados por un porvenir que no tienen la menor idea de cómo será, ya que si hasta la realidad del presente niegan, tampoco les podemos pedir que miren hacia el porvenir, sería absurdo; su desprecio por lo realmente científico, por todo lo que conlleve un método y un enfoque epistemológico da miedo, ¡¿cómo nos atrevemos a pedir semejante cosa?! Es ahí cuando aparecen los representantes de la "cultura" vulgar, que han ganado un lugar en los medios por bochornos como "el posporno" o la invitación del "Gigoló" a un taller, e invocan su derecho a la libertad plena, la expresión y todas esas sandeces que introduce en un debate serio una persona que no tiene absolutamente nada que aportar, porque su enfoque no es científico, es "de opinión y de interpretación social", o sea, sentimentalismo barato. Otra moda de nuestros amigos posmodernos, es que les encanta usar la "X" reemplazando palabras que tengan en su constitución semántica género masculino, lo interesante es que no reemplazan aquellas que pertenecen al género femenino, pareciera que la igualdad se la olvidaron en la casa; pero demasiado han contaminado la lengua madre con esas idioteces, demasiado tenemos con la periodización y la mediatización constante de todo lo que representa "cultura" de estos señores de los talleres de escritura. La pregunta sería, ¿para qué se tiene un taller de escritura, si ni siquiera aprendieron correctamente a escribir en su propio idioma? Ya sé, ¿muy conservador, no? Voy de nuevo, ¿para qué quieren aprender a escribir, si ni siquiera saben hablar correctamente? No, qué va..para la vanguardia de género y de militancia religiosa, la ciencia no es más que una de las tantas opiniones igualmente válidas (la propia siempre es más igual que las demás, por supuesto) a las que someten la cultura auténtica a un suicidio académico. Es demente que la queja sea sobre una mera cuestión de dinero, cuando es la cultura la que se ha deteriorado por décadas, pero como lo que importan son los sentimientos..aconsejo busquen terapia entonces, la universidad está para cultivar, no para desprestigiar todo tipo de conocimiento y cultura elevados, aquel infame debería ser ajusticiado con el debido modo.



Desconsideraciones varias

Cuando se habla de las ciencias sociales, muchos suelen mezclar los enfoques dependiendo para qué, también hay una degradación misma de la episteme, por otro lado, también existe la confusión de aplicar un enfoque para algo que no sirve y olvidarlo cuando más se lo necesita. Empezando por la confusión de enfoques, podemos señalar, por ejemplo, confundir el uso probabilístico y estadístico como el único recurso metodológico a la hora de analizar una realidad de gobierno, lo cual es sino una vieja artimaña que muchos la conocen y se le llama mentir con estadísticas, lo cual consiste en tomar un dato abstraído y ubicarlo como un dato concluyente, lo cual en apariencia hace irrefutable el argumento, pero los hechos y más aún los hechos sociales, requieren algo más que números, con lo cual los sociólogos tendrían que encargarse de que no ocurran estas cosas entre sus filas. En segundo lugar, cuando se habla de enfoques que no sirven, suelo nombrar el historicismo, bien, ¿qué ocurre con esta práctica? El historicismo suele situar a la persona con un criterio único en un status en el cual se atribuye a sí mismo mirar los hechos desde arriba (esto es, fuera de toda relación entre la persona y el objeto), y buscando una resolución desde la historia, cuando la historiografía no resuelve, sino que cuenta, dice, enumera, prueba, documenta, pero no resuelve; he ahí uno de los errores más comunes, y es en aplicar un enfoque histórico para un problema que requiere una aplicación metodológica, es decir, una dosis de positivismo, a modo de establecer una forma de desempeño y adquirir un criterio propio, no se trata de que haya un criterio definitivo ni una aplicación única, pero al menos fijar uno puede ser un buen punto para comenzar a resolver los problemas. El objeto de estudio de las ciencias sociales, es algo que al día de hoy resulta bastante discutido, pero de algo podemos estar de acuerdo todos, o al menos varios (los que nos damos el lujo del escepticismo), en que la prioridad es resolver problemas, esto es, no podemos limitarnos a la mera interpretación como lo querían los filósofos de la metafísica añeja, o a explicar como lo quieren los positivistas ortodoxos, la combinación de ambos aspectos constituyen la esencia misma de la ciencia; ahora bien, si queremos incluso tener un compromiso, lo cual ha propuesto la Escuela de Frankfurt con un fracaso atroz en cuanto a la comprensión y la hermenéutica, debemos entonces buscar la resolución de problemas, lo cual no es más que lograr que el compromiso no esté determinado por la militancia política -que es importante, pero no suficiente-, sino que también pueda darse a partir de avocarse a la auténtica práctica científica, y con ello me refiero a la mejora de las instituciones, ya que si se busca una solución, bien podríamos empezar por ahí. Muchos de los opinólogos despreciadores de la ciencia auténtica hablan de que "cómo vas a opinar tal cosa, sos un futuro cientista social", bueno, esa actitud merece el mismo trato, porque así como no vale un análisis simplista de la realidad, tampoco se es científico defendiendo una postura de reducción de la cultura a la demagogia política.




Un último olvido


En cuanto a las instituciones, resulta un objeto interesante como un problema real y actual, pero que no se limita al ejercicio jurídico, más allá de que la solución se encuentre en reformar ciertos aspectos de las formas jurídicas y estructuras políticas, El problema institucional, radica en que no se limita a la mera estructura visible o bien consciente, sino que existe un reflejo inconsciente de lo que las instituciones significan para nosotros, sumado a la acumulación y ejercicio constante de la reproducción de esos esquemas. Las prácticas de poder a nivel social llevan un desarrollo y complejización de al menos 3 siglos, lo cual resulta bastante embrollado de tratar, pero en la medida en que podamos detectar los problemas, podemos buscar una forma alternativa de vivir. En distintos comentarios sobre un tema dado en una cátedra determinada, se oyó alguna que otra vez comentarios despreciando la psicología, descolocándola de su carácter científico, pero obviando una cuestión aún más importante, y aquello va a mi tercer punto de lo anterior refiriéndome a cuando un enfoque necesario se olvida. La historia de la ciencia y el desarrollo de las formas epistemológicas bien podrían servir a modo de recordar cómo ha evolucionado la psicología, más que como una ciencia, como una expresión cultural del mundo occidental en el cual se piensa a sí mismo. A través de la filosofía como disciplina madre de las ciencias, y como reflejo de Occidente sobre sí mismo, se encuentra la psicología que logró introducir un método a la reflexión filosófica, desmitificando y volviendo las preguntas más esenciales con un carácter positivo. Varios autores respetables han tratado de huir de la "psicologización" dentro de su metodología, lo cual también significaba un retroceso a nivel de reputación entre sus pares, la pregunta sería: ¿por qué? A la cual agrego, las ciencias humanas como formas de la cultura occidental de entenderse a sí mismo, fueron contenidas bajo la estructura de la psyche consciente pasando de ciencias más duras como la fisiología, hacia ciencias sociales como la sociología y la economía, la antropología más adelante con el enfoque de Kant y la pregunta de "¿Qué es el hombre?". Allí el pensamiento occidental comenzó a transitar un terreno lleno de novedades y nuevos obstáculos, esto es, la formulación y el descubrimiento del insconsciente reformuló totalmente el enfoque mismo de las humanidades, al punto en que no volverían a retomar el camino anterior. Por tanto, si se busca reconocer las estructuras e instituciones que determinan nuestro modo de vida, es preciso primero, dejar en claro los enfoques aplicables a cada situación, ya sea comprensión, explicación y resolución de problemas; luego, descartar o re-organizar aquellos enfoques que no aportan al aspecto en cuestión, y por último, considerar el desarrollo de los enfoques mismos para poder dar un marco coherente mediante el cual, fijado el objeto de estudio (el problema), se pueda empezar a abordar algo más nítido. ¿Se jactan de "ser futuros cientistas sociales"? Entonces comencemos a actuar como corresponde.


Lucas Cianfagna.-