mi茅rcoles, 29 de julio de 2026

La verdadera batalla cultural: Amigos vs enemigos de un proyecto soberano




La respuesta del pueblo argentino ante las operaciones medi谩ticas globales durante la Copa del Mundo no fue un mero festejo deportivo ni un arrebato de chauvinismo irreflexivo. Como analizamos en entregas anteriores, represent贸 un s铆ntoma geopol铆tico profundo: la reaparici贸n espont谩nea de una comunidad que, ante la percepci贸n de una amenaza existencial contra su identidad, ignora las divisiones partidarias y se abroquela para defender lo propio.

Sin embargo, para encauzar esa energ铆a social hacia un proyecto de poder duradero, es indispensable dar un salto de calidad anal铆tico. Debemos abandonar la comodidad de la superficie medi谩tica para ingresar de lleno en la teor铆a del Estado: pasar del discurso ideol贸gico a la comprensi贸n real de la Forma Pol铆tica.

1. La distinci贸n Amigo-Enemigo y la lecci贸n del «Gallego» 脕lvarez

Para entender la mec谩nica de lo que ocurri贸, debemos remitirnos a la obra cumbre de Carl Schmitt, El concepto de lo pol铆tico (1932). Schmitt planteaba que as铆 como la moral se define por la distinci贸n entre el bien y el mal, y la econom铆a por lo 煤til y lo perjudicial, lo pol铆tico posee una categor铆a aut贸noma e irreducible: la distinci贸n entre el amigo y el enemigo.

Las implicaciones filos贸ficas de este criterio son tajantes: un colectivo humano puede compartir lengua, fe o relaciones comerciales, pero solo se constituye como un sujeto pol铆tico real cuando conserva la capacidad soberana de determinar por s铆 mismo qui茅n representa una amenaza para su forma de vida y est谩 dispuesto a hacerle frente. Si un pueblo pierde la voluntad de definir a su enemigo, deja de existir pol铆ticamente y pasa a ser dirigido por voluntades ajenas.

Esta premisa fue le铆da con lucidez dentro del pensamiento nacional por Alejandro «El Gallego» 脕lvarez, hist贸rico referente de Guardia de Hierro. 脕lvarez rescataba a Schmitt pero aportaba una correcci贸n fundamental para una naci贸n agredida:

«Enemigo pol铆tico no es el adversario interno ni el compatriota que piensa distinto. Enemigo es 煤nicamente aquel que no permite que vos existas».

A partir de esta m谩xima, 脕lvarez recordaba algo que la dirigencia pol铆tica contempor谩nea parece haber olvidado: la pol铆tica no comienza por la furia de destruir al enemigo, sino por la voluntad incondicional de defender al amigo, pacificando el frente interno para preservar la casa com煤n. Cuando cadenas internacionales y usinas anglosajonas intentaron cancelar la identidad argentina, la sociedad no vio un debate parlamentario o deportivo; percibi贸 un ataque existencial y actu贸 en consecuencia.

2. Del verdadero Kulturkampf al Estado prusiano: Tradici贸n y modernizaci贸n

En el debate p煤blico actual se utiliza livianamente el t茅rmino «guerra cultural», ignorando su g茅nesis hist贸rica. El Kulturkampf (literalmente, la «lucha cultural») no naci贸 como una contienda de tribunas medi谩ticas o de consumo digital, sino como la pol铆tica de Estado llevada adelante por el Canciller Otto von Bismarck para consolidar la unificaci贸n del Imperio Alem谩n en la segunda mitad del siglo XIX.

Bismarck comprendi贸 que la modernizaci贸n de la Forma Pol铆tica no exig铆a importar el dogma de la Revoluci贸n Francesa ni arrodillarse ante el modelo de la Rep煤blica liberal y unitaria. Bajo la conducci贸n del Estado prusiano, Alemania demostr贸 que era posible dar un salto industrial y tecnol贸gico masivo conservando la identidad, la tradici贸n y el principio de autoridad.

Como explicaba el economista y soci贸logo Thorstein Veblen en sus reflexiones sobre el Estado din谩stico, la Alemania bismarckiana logr贸 combinar la m谩s alta eficiencia t茅cnica e industrial de la era moderna con una estructura org谩nica previa, no atomizada por el individualismo burgu茅s.

Esta haza帽a geopol铆tica despert贸 el rechazo visceral del pensamiento liberal de la 茅poca. Como observ贸 agudamente Julius Evola, la burgues铆a liberal jam谩s le pudo perdonar a Alemania haber creado una potencia continental unificada, fuerte y tecnol贸gicamente de vanguardia, sin haber necesitado pasar por la guillotina jacobina ni por la disoluci贸n de sus jerarqu铆as tradicionales.

M谩s a煤n, Evola dejaba una reflexi贸n fundamental sobre el arquetipo militar que estructuraba esa experiencia: el esp铆ritu militar prusiano no significaba una fr铆a est茅tica de cuartel, sino una 茅tica de la responsabilidad y de la libertad aut茅ntica (incluso en la subordinaci贸n), cimentada en relaciones org谩nicas y personales, a a帽os luz de la burocracia despersonalizada e irresponsable de las democracias parlamentarias.

En la historia argentina, esa misma matriz de modernizaci贸n desde el Estado con impronta militar y visi贸n estrat茅gica tuvo sus expresiones en momentos bisagra:

  • Julio Argentino Roca, consolidando la soberan铆a territorial, el trazado ferroviario y el servicio militar obligatorio como factor de integraci贸n nacional.

  • Agust铆n P. Justo, impulsando la infraestructura estrat茅gica, la profesionalizaci贸n t茅cnica de las Fuerzas Armadas y la aviaci贸n militar.

  • Juan Domingo Per贸n, llevando esa doctrina a su m谩xima expresi贸n al articular la soberan铆a industrial, el desarrollo nuclear (CNEA), la siderurgia (SOMISA) y la proyecci贸n cient铆fica ant谩rtica.

En todos estos casos, la soberan铆a se defendi贸 integrando la tradici贸n nacional con la innovaci贸n tecnol贸gica, lejos del palabrer铆o abstracto y de la imitaci贸n servil de modelos extranjeros.

3. La trampa ideol贸gica y la falacia del pluralismo liberal

La modernidad en Occidente nos acostumbr贸 a discutir la pol铆tica como una cartilla de opciones ideol贸gicas (izquierda contra derecha, liberalismo contra progresismo). Pero en este juego de tribunas se invisibiliza la variable determinante: la Forma Pol铆tica, es decir, la estructura y la funci贸n real de organizaci贸n y decisi贸n del Estado, al margen de la doctrina que proclame.

Ya en el siglo XVII, Thomas Hobbes formul贸 una lecci贸n de realismo pol铆tico insoslayable: la funci贸n soberana en un Estado es absoluta e indelegable; si el Estado la delega, el verdadero soberano pasa a ser otro. Cuando una naci贸n entrega la gesti贸n de su econom铆a a organismos multilaterales, su defensa a alianzas extranjeras o su legislaci贸n a fundaciones transnacionales, la etiqueta ideol贸gica de su gobierno pasa a ser irrelevante: ha dejado de ser soberana.

Por su parte, Carl Schmitt expuso la falacia del pluralismo liberal al demostrar que la famosa «divisi贸n de poderes», presentada como un mecanismo para proteger al ciudadano, en la pr谩ctica no elimina el poder: lo hace invisible, irresponsable e inhallable.

El Estado es una unidad de decisi贸n; si hubiera tres poderes independientes, habr铆a en rigor tres Estados. La fragmentaci贸n liberal ha servido para que nadie asuma la responsabilidad del mando y para que el poder real lo ejerzan actores no electos tras bambalinas. Como se帽ala acertadamente Daniel Estulin, la bipolaridad ideol贸gica (las «grietas» electorales) es una herramienta de ingenier铆a psico-social dise帽ada para mantener a las sociedades peleando por lo accesorio mientras los factores de poder avanzan sobre lo estrat茅gico.

Potencias globales como China o Rusia, m谩s all谩 de sus sistemas ideol贸gicos, entienden la Forma Pol铆tica: poseen capacidad de decisi贸n centralizada y sostienen proyectos de largo plazo porque no delegan la funci贸n soberana.

Para la Argentina, la alternativa a la Rep煤blica Liberal colapsada no debe ser la copia de autocracias ajenas, sino la reconstrucci贸n de un federalismo org谩nico y estrat茅gico:

  • Descentralizaci贸n de la gesti贸n ejecutiva a nivel provincial y municipal para responder al mandato directo del pueblo.

  • Concentraci贸n indelegable de la decisi贸n estrat茅gica a nivel nacional.

  • Integraci贸n definitiva entre el 谩mbito civil y el militar en proyectos clave de infraestructura, ciberdefensa, desarrollo nuclear, vectores aut贸nomos y control territorial del Atl谩ntico Sur.


4. Jubilar el Latinoamericanismo y el Hispanismo Anacr贸nico

Desde esta misma perspectiva realista debemos revisar la pol铆tica exterior. El mito del «latinoamericanismo» o la «Patria Grande» no es solo una muletilla del progresismo contempor谩neo; es, en su origen, una pesada herencia del nacionalismo cat贸lico y del hispanismo tradicionalista de mediados del siglo XX.

Aquel tradicionalismo intent贸 proyectar la ilusi贸n de la Hispanidad (la unidad fundada en la lengua y la fe compartida) como si fuera una categor铆a de poder geopol铆tico. Se quedaron congelados en el siglo XVI o en la d茅cada de 1940, creyendo que la hermandad cultural bastaba para articular un bloque de Estados.

La geopol铆tica dura se mueve por razones de Estado, no por nostalgia colonial. La realidad emp铆rica es implacable: ante el reclamo imprescriptible de Argentina sobre las Islas Malvinas y la denuncia por la militarizaci贸n del Atl谩ntico Sur, la log铆stica demuestra que puertos y aeropuertos de pa铆ses vecinos, como Uruguay, Chile y Brasil, han funcionado hist贸ricamente como puntos de apoyo y escala t茅cnica para la Royal Air Force y la Royal Navy brit谩nicas.

Los gobiernos de la regi贸n, indistintamente de su alineamiento partidario, responden a sus propios intereses comerciales y militares con Londres. Aceptar esto no es promover la discordia regional, sino adquirir madurez estrat茅gica.

Asimismo, resulta llamativa la ingenuidad del progresismo local al proyectar empat铆a ideol贸gica sobre figuras como Lula da Silva. Lula no act煤a como un «compa帽ero de causa continental», sino como la cabeza temporal de Itamaraty, la Canciller铆a brasile帽a, cuya burocracia permanente responde exclusivamente al inter茅s nacional de Brasil. Mientras la pol铆tica argentina se enreda en fotos partidarias, Brasilia consolida acuerdos de cooperaci贸n militar y ejercicios navales conjuntos con el Reino Unido en el Atl谩ntico Sur.

Es hora de jubilar utop铆as hispanistas y latinoamericanistas que datan de hace ochenta a帽os. La integraci贸n no se implora desde el sentimentalismo; se negocia desde el poder. Argentina debe asumirse como el centro gravitatorio de su propio Proyecto Civilizatorio Austral: una potencia bicontinental fundada en su matriz patag贸nica, atl谩ntica y ant谩rtica.


Conclusi贸n: Ponernos a la altura del pueblo

El diagn贸stico es claro. La sociedad argentina no padece un d茅ficit de pertenencia ni de voluntad soberana; lo que ha quedado en evidencia es la peque帽ez de una clase pol铆tica que juega en ligas menores, atrapada en peleas de redes sociales e incapaz de comprender la din谩mica del poder global.

Salir de la par谩lisis exige abandonar la nostalgia de repetir recetas obsoletas, dejar de mendigar fraternidad a quienes velan por sus propios intereses y superar la trampa de las ideolog铆as vac铆as.

El desaf铆o es ponernos a la altura del potencial de nuestra Patria: construir un Estado inteligente, centralizado en su decisi贸n estrat茅gica y federal en su ejecuci贸n; una Forma Pol铆tica con capacidad de disuasi贸n, soberan铆a tecnol贸gica y proyecci贸n austral. La gente ya demostr贸 estar lista; 煤nicamente falta edificar el proyecto nacional que est茅 a la altura de esa demanda.

Lucas Cianfagna.-

viernes, 24 de julio de 2026

La campa帽a anti-Argentina, el "efecto Malvinas" y una lecci贸n de paciencia estrat茅gica

 

En los 煤ltimos d铆as hemos sido testigos de una serie de ataques y coberturas marcadamente sesgadas contra la Argentina en diversos medios y plataformas internacionales. No hace falta recurrir a teor铆as de la conspiraci贸n ni a especulaciones infundadas para notarlo: basta con analizar la simultaneidad de los enfoques, la agresividad de las cr铆ticas y la articulaci贸n del discurso para dar cuenta de que estamos ante una campa帽a coordinada. Hay elementos concretos que lo demuestran.

En esta oportunidad, el argumento recurrente para atacar al pa铆s ha sido la importaci贸n de la agenda woke, mediante la cual ciertos sectores medi谩ticos y pol铆ticos del primer mundo pretenden acusar a la Argentina de "racismo" o de "falta de diversidad". Resulta parad贸jico y hasta hip贸crita que este tipo de moralina inquisidora provenga precisamente de naciones con un denso historial de colonialismo, segregaci贸n racial y explotaci贸n global. Se pretende juzgar la composici贸n demogr谩fica e historia social argentina con categor铆as culturales ajenas, utilizando la correcci贸n pol铆tica como una herramienta de presi贸n geopol铆tica.

A su vez, la pasividad o complicidad de varios pa铆ses de la regi贸n ante estos ataques vuelve a dejar al descubierto algo evidente: no existe un concepto pol铆tico ni un sujeto pol铆tico unido llamado "Latinoam茅rica", tal como desde el progresismo local durante d茅cadas se nos quiso vender bajo consignas vac铆as. Frente a las din谩micas del poder global, cada naci贸n responde a sus propios lineamientos e intereses, demostrando que la pretendida "unidad continental" es m谩s un mito ideol贸gico que una realidad geopol铆tica.

Sin embargo, para entender el trasfondo real de esta hostilidad no hay que mirar 煤nicamente la agenda ideol贸gica de turno, sino la profunda incomodidad que gener贸 un hecho puntual que cal贸 muy hondo en la diplomacia internacional: la visibilizaci贸n global e intempestiva de la causa Malvinas.

La bandera que descoloc贸 a Londres

El episodio central de esta tensi贸n se produjo tras la victoria de la Selecci贸n argentina frente a Inglaterra. En medio de los festejos, los jugadores desplegaron una bandera hecha de forma artesanal sobre una s谩bana de hotel (confeccionada y entregada por un hincha en el lugar, vale aclarar para evitar confusiones) con un mensaje directo y sin rodeos: "Las Malvinas son argentinas".

Esa imagen, transmitida en vivo para cientos de millones de espectadores, rompi贸 con cualquier intento de neutralidad de los organismos internacionales. En el Reino Unido la reacci贸n fue inmediata y desmedida. Lejos de tomarlo como una manifestaci贸n espont谩nea, el aparato diplom谩tico brit谩nico inici贸 una fuerte ofensiva para lograr sanciones ejemplares contra la AFA y contra los futbolistas involucrados.

Las presiones no se limitaron al 谩mbito de la FIFA. Existieron maniobras e intentos concretos de condicionar a la UEFA y ejercer presi贸n sobre la figura de Gianni Infantino para forzar un castigo formal. Sin embargo, este despliegue de lobby choc贸 de frente con el marco legal del pa铆s anfitri贸n. Desde la propia administraci贸n de los Estados Unidos, con declaraciones expl铆citas de funcionarios como Anthony Giuliani, se dej贸 sentado que en suelo norteamericano prevalece la Primera Enmienda, la cual garantiza la libertad de expresi贸n por encima de cualquier pretensi贸n de censura diplom谩tica.

El "efecto Streisand" y las b煤squedas globales

El intento brit谩nico por acallar la manifestaci贸n termin贸 produciendo el resultado exactamente opuesto al deseado. Al intentar penalizar el mensaje, lo 煤nico que lograron fue multiplicar su alcance de manera exponencial.

Los datos de tr谩fico global son contundentes: tras el partido y la posterior controversia diplom谩tica, las b煤squedas en Google a nivel mundial sobre el conflicto de las Islas Malvinas y la historia de la soberan铆a en el Atl谩ntico Sur se incrementaron un 2300%. Audiencias masivas en Asia, 脕frica, Europa y Norteam茅rica, que quiz谩s no ten铆an en el radar la vigencia del reclamo colonial, se abocaron a investigar el origen de la disputa impulsadas por la propia histeria medi谩tica que desat贸 el reclamo brit谩nico.

La lecci贸n hist贸rica: la importancia de la paciencia estrat茅gica

Este episodio reciente nos deja una ense帽anza fundamental que trasciende el 谩mbito medi谩tico. La recuperaci贸n de la soberan铆a sobre el Atl谩ntico Sur exige paciencia estrat茅gica. El Reino Unido juega al desgaste temporal, esperando que el reclamo se enfr铆e o caiga en el olvido. Frente a esa postura, la perseverancia diplom谩tica, pol铆tica y cultural argentina ha demostrado ser la herramienta m谩s eficaz para generar quiebres reales.

La historia argentina demuestra que los mayores avances sobre el archipi茅lago se consiguieron precisamente mediante la constancia y el trabajo diplom谩tico sostenido:

  • La Resoluci贸n 2065 de la ONU (1965): Bajo la presidencia de Arturo Illia y gracias a una gran gesti贸n de la Canciller铆a argentina, se logr贸 que la Asamblea General de la ONU aprobara una resoluci贸n hist贸rica. Por primera vez, la comunidad internacional reconoci贸 formalmente la existencia de una disputa de soberan铆a, encuadr贸 el caso como una situaci贸n colonial a desmantelar e inst贸 a las partes a negociar, derribando la postura brit谩nica de negarse al di谩logo.


  • Los Acuerdos de Comunicaciones (1971): A trav茅s de una estrategia de presencia pac铆fica pero firme, la Argentina termin贸 siendo el 煤nico conector real de las islas con el continente. Se construy贸 la pista de aterrizaje en Puerto Argentino, la Fuerza A茅rea realiz贸 vuelos semanales de LADE, YPF abasteci贸 de combustible al archipi茅lago y se otorgaron becas de estudio y atenci贸n m茅dica a los isle帽os. Nunca el pa铆s estuvo tan integrado f谩cticamente a las islas como en aquel per铆odo.


  • La propuesta de co-soberan铆a a Per贸n (1974): Fruto de la firmeza del reclamo y del aislamiento diplom谩tico brit谩nico, en junio de 1974 el gobierno del Reino Unido le present贸 de manera confidencial a Juan Domingo Per贸n una propuesta de condominio o administraci贸n compartida sobre las islas. El proyecto inclu铆a el flameo de ambas banderas, el uso oficial de ambos idiomas y la alternancia de gobernadores. Como dir铆a el propio Per贸n en aquel entonces, el objetivo era "poner un pie en las islas" para no salir nunca m谩s y consolidar la soberan铆a definitiva con el paso del tiempo. Lamentablemente, la muerte del presidente pocas semanas despu茅s paraliz贸 las negociaciones.


Cada uno de estos hitos demuestra que los logros geopol铆ticos no son fruto de exabruptos improvisados, sino de sostener una causa nacional firme en el tiempo hasta forzar la apertura de ventanas de oportunidad.

Un resultado que va m谩s all谩 del juego

Si bien el desarrollo del torneo pudo haber dejado un sabor amargo en lo estrictamente deportivo tras la derrota en la final, el saldo geopol铆tico y cultural termin贸 siendo profundamente favorable para la Argentina.

La campa帽a de desacreditaci贸n y los se帽alamientos ideol贸gicos que hoy vemos operar en distintos portales no son m谩s que la respuesta a una incomodidad real. Qued贸 demostrado que, cuando la Argentina utiliza las vitrinas globales para reafirmar sus causas nacionales sagradas y mantiene una postura inflexible sobre sus derechos, las dobles varas externas quedan al descubierto. La causa Malvinas volvi贸 a posicionarse en la agenda internacional con una fuerza que no se ve铆a en a帽os, recordando a propios y ajenos que la soberan铆a no se negocia y que la historia la escriben los pueblos que tienen la paciencia, y la determinaci贸n para sostenerla.

Lucas Cianfagna.-

viernes, 17 de julio de 2026

Julio Argentino Roca y el Origen de la Argentina Austral

 


Hoy se cumplen 183 a帽os del nacimiento de Julio Argentino Roca y es una fecha clave para entender de d贸nde venimos, pero sobre todo, para pensar hacia d贸nde tenemos que ir. M谩s all谩 de los debates actuales, Roca fue el estadista que dise帽贸 la arquitectura de nuestro territorio y el que entendi贸, antes que nadie, que el destino de Argentina estaba en el sur.

Cuando hoy hablamos de que "Nuestro norte es el Sur" y defendemos nuestro proyecto civilizatorio austral, el gran antecedente hist贸rico lo encontramos en su gesti贸n. La famosa "Campa帽a del Desierto" no fue un hecho al azar: fue una maniobra de estricta necesidad estrat茅gica. Si el Estado nacional no hac铆a presencia en la Patagonia (articulando alianzas clave con los pueblos ind铆genas locales), ese territorio crucial y lleno de recursos iba a ser absorbido por Chile. Eso hubiera balcanizado el cono sur y nos habr铆a dejado sin salida bioce谩nica para siempre.

Pero el verdadero hito, el que define nuestra identidad como una Naci贸n Bicontinental, pas贸 en 1904. Fue bajo el gobierno de Roca que la Argentina inaugur贸 el observatorio meteorol贸gico en las Islas Orcadas del Sur, iniciando la ocupaci贸n civil y cient铆fica permanente en la Ant谩rtida. Ning煤n otro pa铆s del mundo tiene una presencia tan antigua e ininterrumpida en el Continente Blanco. Ese movimiento maestro de Roca no fue un capricho: fue el kil贸metro cero de nuestra proyecci贸n ant谩rtica. 脡l vio con claridad que el ser argentino no se agotaba en la pampa, sino que nuestro verdadero eje soberano exig铆a custodiar los mares del sur y los accesos interoce谩nicos frente a las ambiciones de las potencias globales de la 茅poca.

A nivel interno, Roca unific贸 los ej茅rcitos de cada provincia bajo un solo mando nacional para terminar con las divisiones que nos desangraban. Conect贸 el territorio a trav茅s del ferrocarril, cre贸 el Registro Civil (que hasta entonces manejaba la Iglesia) y sancion贸 la Ley 1420 de educaci贸n p煤blica, gratuita y laica. ¿El objetivo? Construir una matriz cultural criolla com煤n y fuerte. Bajo su mandato, el pa铆s no solo logr贸 estabilidad, sino que desarroll贸 una industria alimentaria de alta productividad que nos plant贸 con fuerza en el mapa mundial.


¿Cu谩l es el desaf铆o que nos queda hoy?

Heredamos el octavo territorio m谩s grande del mundo, una plataforma bioce谩nica y bicontinental con un potencial estrat茅gico tremendo. Lamentablemente, de 1976 en adelante, las dirigencias pol铆ticas se achicaron. Compraron un molde de "Occidente" sumiso, cortoplacista y endeudado, dictado por las finanzas abstractas de Londres o los centros del Atl谩ntico Norte, transform谩ndonos en una periferia que vive de la dependencia financiera y de d谩divas.

Mientras el hemisferio norte se desgasta en crisis de deuda y conflictos artificiales, nuestro cuadrante austral es un reservorio de estabilidad y arraigo existencial. Pero para dejar de ser espectadores pasivos en el tablero internacional, tenemos que recuperar esa visi贸n de grandeza. Una geopol铆tica propia exige rechazar los alineamientos autom谩ticos que nos lic煤an, fortalecer nuestra disuasi贸n tecnol贸gica en el Atl谩ntico Sur y defender nuestro Occidente propio: el criollo, el del trabajo y la soberan铆a del esp铆ritu.

Tener un pa铆s fuerte y soberano depende de que nos atrevamos a pensar el espacio en siglos, con paciencia estrat茅gica, tal como lo hicieron los que sentaron las bases de la patria.

Lucas Cianfagna.-

mi茅rcoles, 1 de julio de 2026

Per贸n y la Argentina prometeica




En otro aniversario de la partida del Gral. Per贸n, y lejos de la nostalgia de quienes pretenden replicar los a帽os cuarenta de manera lineal, existe una dimensi贸n de Juan Domingo Per贸n que la pol铆tica actual prefiere ignorar: su car谩cter como el 煤ltimo estadista que tuvo la Argentina. Per贸n no fue un mero administrador de la coyuntura, sino un innovador estrat茅gico que concibi贸 al pa铆s como el n煤cleo de un proyecto civilizatorio con c贸digos geopol铆ticos propios, rompiendo con los moldes del alineamiento autom谩tico.

Abordar su figura hoy exige entender qu茅 significa verdaderamente lo prometeico. Como plantea el fil贸sofo Jason Reza Jorjani, el esp铆ritu prometeico es la insurrecci贸n de la voluntad humana contra los l铆mites impuestos por los destinos preestablecidos. Ser prometeico es dominar la vanguardia cient铆fico-tecnol贸gica para forjar autonom铆a. Per贸n encarn贸 esto en el cuadrante austral: la f铆sica nuclear en la Isla Huemul, el desarrollo aeron谩utico del Pulqui y la proyecci贸n sistem谩tica hacia la Ant谩rtida y el Atl谩ntico Sur no eran respuestas folcl贸ricas, sino la certeza de que la soberan铆a real se mide en la capacidad de controlar el conocimiento y las cadenas de valor.

Esta lectura se distancia de los sectores del nacionalismo cat贸lico que intentaron subordinar el movimiento al pensamiento vaticano, olvidando que el propio Per贸n identificaba a la burocracia romana como parte de una sinarqu铆a global ajena a nuestro inter茅s. Si actualizamos ese concepto a la luz de los proyectos globales que analiza Daniel Estulin, el mapa actual nos muestra un ajedrez de escala secular. Londres opera como una "Nueva Jerusal茅n", tejiendo redes de inteligencia y balcanizaci贸n financiera; las 茅lites de Nueva York act煤an como una "Nueva Babilonia", un nihilismo tecnocr谩tico que busca licuar los Estados-naci贸n mediante flujos de capital abstracto; mientras tanto, China representa una forma revolucionaria de reactualizar su tradici贸n imperial milenaria, combinando hipertecnolog铆a y capitalismo de Estado bajo sus propios t茅rminos.

El peronismo posterior desvirtu贸 por completo esta visi贸n. En los noventa se lo intent贸 reconvertir en un ap茅ndice subordinado a la Nueva Babilonia liberal, y luego las izquierdas abstractas licuaron su sentido de arraigo en agendas globalistas de disoluci贸n identitaria. Per贸n, en cambio, entend铆a el rev茅s de la trama. La Tercera Posici贸n no era neutralidad pasiva ni aislamiento, sino una propuesta de integraci贸n continental y disuasi贸n tecnol贸gica para no ser devorados por esos proyectos supranacionales.

Argentina es Occidente, pero a nuestra propia manera: una s铆ntesis criolla, mestiza y austral. Dejar de ser espectadores pasivos en el teatro de operaciones global exige desmantelar la cartograf铆a mental de la subordinaci贸n. No se trata de volver al pasado con melancol铆a, sino de recuperar la audacia del innovador que entendi贸 que, para que el 煤ltimo pa铆s del sur sea respetado por los grandes tableros, debe consolidarse como un proyecto civilizatorio aut贸nomo, con arraigo, tecnolog铆a y soberan铆a real.

Lucas Cianfagna.-