En otro aniversario de la partida del Gral. Per贸n, y lejos de la nostalgia de quienes pretenden replicar los a帽os cuarenta de manera lineal, existe una dimensi贸n de Juan Domingo Per贸n que la pol铆tica actual prefiere ignorar: su car谩cter como el 煤ltimo estadista que tuvo la Argentina. Per贸n no fue un mero administrador de la coyuntura, sino un innovador estrat茅gico que concibi贸 al pa铆s como el n煤cleo de un proyecto civilizatorio con c贸digos geopol铆ticos propios, rompiendo con los moldes del alineamiento autom谩tico.
Abordar su figura hoy exige entender qu茅 significa verdaderamente lo prometeico. Como plantea el fil贸sofo Jason Reza Jorjani, el esp铆ritu prometeico es la insurrecci贸n de la voluntad humana contra los l铆mites impuestos por los destinos preestablecidos. Ser prometeico es dominar la vanguardia cient铆fico-tecnol贸gica para forjar autonom铆a. Per贸n encarn贸 esto en el cuadrante austral: la f铆sica nuclear en la Isla Huemul, el desarrollo aeron谩utico del Pulqui y la proyecci贸n sistem谩tica hacia la Ant谩rtida y el Atl谩ntico Sur no eran respuestas folcl贸ricas, sino la certeza de que la soberan铆a real se mide en la capacidad de controlar el conocimiento y las cadenas de valor.
Esta lectura se distancia de los sectores del nacionalismo cat贸lico que intentaron subordinar el movimiento al pensamiento vaticano, olvidando que el propio Per贸n identificaba a la burocracia romana como parte de una sinarqu铆a global ajena a nuestro inter茅s. Si actualizamos ese concepto a la luz de los proyectos globales que analiza Daniel Estulin, el mapa actual nos muestra un ajedrez de escala secular. Londres opera como una "Nueva Jerusal茅n", tejiendo redes de inteligencia y balcanizaci贸n financiera; las 茅lites de Nueva York act煤an como una "Nueva Babilonia", un nihilismo tecnocr谩tico que busca licuar los Estados-naci贸n mediante flujos de capital abstracto; mientras tanto, China representa una forma revolucionaria de reactualizar su tradici贸n imperial milenaria, combinando hipertecnolog铆a y capitalismo de Estado bajo sus propios t茅rminos.
El peronismo posterior desvirtu贸 por completo esta visi贸n. En los noventa se lo intent贸 reconvertir en un ap茅ndice subordinado a la Nueva Babilonia liberal, y luego las izquierdas abstractas licuaron su sentido de arraigo en agendas globalistas de disoluci贸n identitaria. Per贸n, en cambio, entend铆a el rev茅s de la trama. La Tercera Posici贸n no era neutralidad pasiva ni aislamiento, sino una propuesta de integraci贸n continental y disuasi贸n tecnol贸gica para no ser devorados por esos proyectos supranacionales.
Argentina es Occidente, pero a nuestra propia manera: una s铆ntesis criolla, mestiza y austral. Dejar de ser espectadores pasivos en el teatro de operaciones global exige desmantelar la cartograf铆a mental de la subordinaci贸n. No se trata de volver al pasado con melancol铆a, sino de recuperar la audacia del innovador que entendi贸 que, para que el 煤ltimo pa铆s del sur sea respetado por los grandes tableros, debe consolidarse como un proyecto civilizatorio aut贸nomo, con arraigo, tecnolog铆a y soberan铆a real.
Lucas Cianfagna.-
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