lunes, 4 de abril de 2016

La ficción liberal: Un derecho a guillotinar



"Los hombres se engañan al creerse libres; y el motivo de esta opinión es que tienen conciencia de sus acciones, pero ignoran las causas por que son determinadas; por tanto, lo que constituye su idea de libertad, es que no conocen causa alguna de sus acciones." Baruch Spinoza

Anacronismo febril

Ante el reflorecimiento de liberales en la escena de la opinión pública y su sentido de pensar, me permito trazar una refutación de los principios básicos erigidos por ellos. Las ideas que forjaron nuestra república y que configuran una buena parte del pensar de personas hoy, se deben a ideas erróneamente comprendidas, o aceptadas sin realizar un cuestionamiento sobre sus orígenes, lo cual dejaría en descubierto que son o bien ficticias, o bien contradictorias con la propuesta misma de república. Ya que hoy los que se sienten en su propia salsa son liberales teniendo un gobierno de tales magnitudes, me posiciono nuevamente en la disidencia, ya que discutir a los demagogos del supuesto "socialismo del siglo XXI" fue divertido, me dispongo a continuar con los liberales, que critican el socialismo desde la opinión de ser una idea obsoleta, ¡como si la de ellos no! Los principios planteados por los liberales, si bien han pertenecido al campo del laicismo político, no han dejado de tener un fuerte componente metafísico residual que aún queda y que resulta indispensable remover.


Libertad: Un derecho a la egolatría

Cuando se habla de libertad, se evoca una doctrina de origen teológico llamada "libre albedrío", la cual consiste en que las acciones son determinadas por la racionalidad pura de quien la llevó a cabo, es decir, por la "conciencia" o bien, por un "sujeto" determinante. Este viejo error de ubicar al sujeto previo a la acción se vale de consideraciones lingüísticas, en el español es bastante común, que hasta por estas razones personas lleguen a decir "el relámpago relampaguea", como si hubiese necesidad de ubicar un agente a la acción de un mero relámpago, que es acción pura; pero también ocurre que la valoración de un sujeto de forma primordial se dé para justificar una voluntad libre, que está por encima de toda pulsión biológica, de todo impulso irracional y de todo condicionamiento no-racional. Nuestras acciones nos constituyen, a partir de ellas creamos nuestra identidad, pero lo que no comprendemos es que no tenemos la libertad de actuar enteramente por nuestra propia conciencia, ya que actúa lo que llamamos inconsciente, las pulsiones biológicas condicionando buena parte de nuestro comportamiento; de hecho podría señalar que existe un alto porcentaje de influencia de las pulsiones, otro alto porcentaje de influencia hereditaria en nuestra crianza y cultura, y una ínfima parte de libertad, que se limita a poder decidir de qué manera lograr canalizar los otros dos factores influyentes, con lo cual, el querer libre, lejos de ser una realidad, es un deseo caprichoso, tal como si uno pretendiera tener hambre cuando se le antoje, tener la capacidad de elegir qué comer, no significa poder elegir si comer o no comer, esa es la cuestión. La persona que pretende controlar su inconsciente está incurriendo en el narcisismo, debido a que, en un valor simbólico, siendo que la conciencia lleva el nombre de sujeto, y se representa en un "Yo", la ilusión de que el "Yo" decide por encima de los impulsos es de un absurdo atroz. El comportamiento asceta, de privación y de auto-represión no conduce al libre albedrío de un sujeto racional, conduce al desencadenamiento de los impulsos en la manera en que la persona los ha querido evitar, y esto es, porque la acción impulsiva, las pulsiones biológicas son espontáneas y creadoras, por lo tanto no hay sujeto que las determine, sino que son éstas quienes determinan al sujeto. A esto se le suma que la noción de un sujeto puro racional se cae a partir de realizar un meta-lenguaje, es decir, un análisis de cómo se origina el lenguaje, y obtenemos allí, que el procedimiento por el cual se crea el lenguaje, no es lógico, sino que responde a experiencias concretas de estímulos, interpretaciones y respuesta a dichos estímulos, que es sistematizada, transmitida y replicada a los habitantes de la cultura; por tanto los liberales estarían ante la incomodidad de encontrar que el sujeto es una ilusión, que la racionalidad pura no existe, y que por tanto la libertad entendida como un "libre albedrío" resultó la peor mentira mejor contada, ya que la ignorancia en cómo actúa el cerebro y el cuerpo, les ha concedido un principio ontológico. Freud describía las 3 heridas narcisistas por las cuales al ser humano le han dado un puntapié al ego: la primera reside en Galileo y Copérnico, quienes han demostrado que no somos el centro del universo y que simplemente somos una parte más, la segunda está en Darwin y nos da la terrible noticia de que no somos una creatura especial sino que somos mera consecuencia de un proceso evolutivo, y entonces, ¿qué nos quedaba como único bastión del ego y del culto al "Yo"? La famosa conciencia, que era plena, y que nos daba la libertad de elegir nuestras acciones. El tercer puntapié fue la terrible noticia de que el inconsciente pesa más, así como las pulsiones e impulsos influyen mucho más en nuestro comportamiento que la consecuencia de impulsos biológicos y cerebrales a las cuales llamamos "conciencia".



Igualdad: Un derecho a la psicopatía


En cuanto a la igualdad, también encontramos otra doctrina del mismo origen, y ésta se basa en la consideración de individuos iguales a sí mismos y por tanto, iguales a los demás. El fundamento ontológico de la idea de igualdad recae en la consideración de un ser estático y separado de todo, al cual muchas doctrinas metafísicas caracterizaron como "unidad", es decir, la idea de que un fragmento esté librado a su propia suerte, y que cada fragmento sea igual a otro, es la misma consideración de las matemáticas, las cuales consisten en imaginar cosas iguales a sí mismas en un plano inexistente, olvidando el sentido práctico para el cual se creó dicha ciencia formal. El fundamento dualista de un mundo ideal es el que respalda la idea de entes iguales, que luego el liberalismo ha tomado como consigna base y que fundamenta el valor de la vida de las personas por igual, lo cual es sino degradar el propio concepto de la vida, ya que toda persona sanamente constituida tiene una jerarquía de valoraciones propias que tiene que ver con su familia y su grupo social; abstraer la igualdad al plano de las relaciones afectivas al punto de tomar a las personas como número, es el principio del psicópata, aquel cuya incapacidad de empatía no le permite distinguir entre la vida de un familiar y la de un desconocido. Si bien pareciera que hoy día no es pensado en tal extremo la idea de igualdad, existe de hecho un relativismo absurdo que así como plantea que las cuestiones biológicas son meras construcciones sociales, plantea la igualdad de opinión, así como la consideración de que todos tienen razón más allá de los argumentos que expongan, al carecer de una jerarquía, se incurre al absurdo y a las justificaciones irracionales, los debates se vuelven estériles y resultan únicamente para satisfacer el deseo de los impotentes y de los incapaces, así como por contrapartida neutraliza todo florecer de excelencia y de potencialidad, condenando a la persona afirmativa y capaz a la degradación personal, por el resentimiento de un par de personas con déficit de atención.


Fraternidad: Un derecho a la intolerancia

El broche de oro para la idea fraternal es la sensación de pertenencia a un grupo, y esto constituye en otro principio que tiene que ver la fraternidad que une a las personas que se encuentran ante una misma visión, que bien podría ser el fundamento de un partido político. Ahora bien, la idea de fraternidad se postula como una propuesta moral imposible de rechazar, que se basa en la solidaridad entre las personas que integran dicha fraternidad, el problema que nos deja es pensar que la solidaridad funciona entre las personas que piensan como uno, ya que no se encontraron gestos de solidaridad respecto de las víctimas de la guillotina en la Francia de 1793, muy por el contrario la idea fraternal basa su solidaridad y su tolerancia hacia aquellos que sustentan sus mismos principios que acompañan a éste. Por tanto la tolerancia de la vida en fraternidad es en verdad un culto a la intolerancia, algo parecido la expresión "la patria es el otro (que piensa como yo)", un paréntesis similar podría ir con la idea de fraternidad, ¿con quiénes? Sólo con aquellos que se consideren libres e iguales, sino recordemos cuál era la consigna "Unión indisoluble de la república en libertad, igualdad y fraternidad...o muerte". También hay un fundamento moral de unidad entre quienes enarbolan estas banderas, es decir, es comprensible, ¿cómo se sustenta una idea mediocre y se la transforma en un supuesto noble estandarte si al menos no demuestran una cohesión? Hoy día ese agrupamiento de mediocridades conjuntas se lo ve no sólo en agrupaciones políticas, sino también en movimientos sociales post-modernos de reclamos absurdos que nada tienen que ver con problemáticas reales, sino con meros caprichos adolescentes de querer controlarlo todo. En resumidas cuentas, el gran error del liberalismo resultó, por un lado en pretender hacer una separación del cuerpo y de la mente, tal y como se propusieron los dualistas respecto a aquella vieja consigna de que "el cuerpo es la prisión del alma", a raíz de un falta de comprensión del propio cuerpo, por tanto la noción de alma iba a ser errónea también. Y al creer que hay un sujeto racional que tiene libertad completa sobre sí, sin darse cuenta que el descontento y el aborrecimiento por la aristocracia francesa se dieron gracias a la distancia que ésta guardaba de la burguesía pujante, por lo cual, dicha burguesía en rebelión no resultó de sujetos racionales y libres, sino de quienes que no veían cómo progresar económicamente como sí habían podido en Gran Bretaña donde el proceso se dio de forma paulatina. Por tanto, los sujetos racionales y libres no se dieron cuenta que estaban determinados por la necesidad de comer y de expandirse.

Lucas Cianfagna.-

sábado, 26 de marzo de 2016

Por mi gran deuda, por mi grandísima deuda..


"Mediante el castigo del deudor, el acreedor participa de un derecho reservado a los señores: finalmente llega a experimentar también él la exaltante sensación de poder lícitamente despreciar y maltratar otro ser como a un inferior, o al menos -en el caso de que el poder mismo de castigar, de ejecutar la pena, ya se haya puesto en manos de las autoridades- de verle despreciando y maltratando. La compensación existe por tanto en una licencia y un derecho a la crueldad." Friedrich Nietzsche

Injerencia cultural

La cuestión que atañe al desarrollo de la culpa tiene que ver con vasto acontecer cultural que se ha desarrollado durante siglos, y que por supuesto tiene su origen en la concepción judeo-cristiana. El fundamento ontológico de la llamada culpa poco tiene que ver con algo de justicia, o con lo legal, de hecho la evolución del tema en materia de derecho alcanzó su cúspide durante el Imperio Romano, y con la posterior caída de éste, cayó también la forma más avanzada hasta el momento en lo que respecta a las penas; pero aún así, este aspecto es sólo una consecuencia de la evolución social y cultural que el concepto de culpa tiene para los seres humanos. Si analizamos un poco cómo se ha extendido esta idea a lo largo de Europa y de sus naciones más influyentes (las sajonas), podemos encontrar en la etimología, una interesante transformación: la palabra "culpa" se traduce en inglés como "guilt", como evolución de la palabra "should" (verbo modal) que reside en la misma base lingüística que el término alemán "Schuld", lo cual es "culpa", pero cuyo significado no se cierra en dicho término, sino que abarca también otros como "falta", "adeudo", "débito", "deuda". Ahí se logra detectar una base etimológica que tiene que ver con la idea mercantil del sujeto acreedor/deudor, la misma idea que sostiene que toda acción puede ser equiparada y restituida por otra, la idea de que todo perjuicio es tasable por quien lo sufre, que toda posibilidad de castigo tiene que ser una compensación con la misma moneda, es decir, que no se derrame ni una gota más, ni una gota menos de una libra de carne. La evolución de Roma se ve claramente en sus avanzadas XII Tablas, donde se había establecido una ley sustentada no en la arbitrariedad de quien se considera el acreedor de imponer su pena, sino en una compensación previamente estipulada que diera un ejercicio institucional de madurez y brindar orden a la convivencia social. Recordemos que quienes se han servido de la caída de Roma, son quienes se han servido luego de la indulgencia y la gracia como una forma de mostrar poderío, con la defensa del deudor, el acreedor mostraría aún más sus dientes, y quedaría en evidencia que "los Shylock" actuaban como actuaban por el hecho de pertenecer a un estamento medio, el cual claramente en su carencia de poder se muestra inconmovible ante quien sea el deudor y reclama para sí su libra de carne sin posibilidad alguna de cambiar su parecer, mientras que los mercaderes más poderosos y acaudalados mantenían la legitimidad de su poder mediante la indulgencia de quienes caían en el contractualismo de los mercaderes medios para mostrarlos a ellos como los crueles, pero la indulgencia puede ser practicada por crueles, sólo que se verían mejor favorecidos si no se muestran como tales.


La famosa grieta en Argentina

No hemos estado ajenos a dicha concepción cultural debido a nuestras raíces religiosas, y por supuesto, gran parte de los aspectos dogmáticos de las propias culturas perduran al día de hoy, lo cual me permito decir, deberían ser posibles de revisión, al fin y al cabo, no es lo positivo lo que se busca descartar, sino aquello que podría sernos de barrera contra toda evolución de la convivencia en comunidad. En particular, este fenómeno se expresa más aún en lo que concierne a la política partidaria y los sucesivos gobiernos que acontecieron en nuestra historia más reciente, a lo cual solemos llamarlo "grieta" cuando más parece profundizarse este tipo de fenómenos. Muchas veces pareciera que en lugar de buscar la resolución de un conflicto que lleva mucho tiempo entre nosotros, se busca establecer un X a quien se le pueda descargar la cólera, lo cual es también otra forma de no hacer nada, es decir, buscar el origen histórico de un problema es un gran paso adelante para su resolución, pero de ninguna manera eso debe llevar a la segregación de una causa como la única importante, ya que abstraer una parte del todo (realidad) es una forma de decadencia conceptual, ya que se está obviando la concatenación de acontecimientos que resultaron en lo que hoy es objeto de discordia. De manera que, para la resolución de la decadencia social y cultural en Argentina, lo más conveniente no es buscar quién tiene más la culpa, sino desde dónde se originó y bajo qué circunstancias se dio dicho desarrollo, porque de lo contrario, estaríamos incurriendo en la manía de los conspiracionistas, que inventan una existencia en lo exterior que limpie su propia actuación, es decir, "existe la culpa, pero nunca es mía". El problema que vemos hoy entre los debates de los kirchneristas y los macristas, es una suerte de guerra de culpas, donde gana quien tiene mayor espacio depositario de culpas, que por tiempo transcurrido y datos a la luz, el kirchnerismo aún gana por mucho, pero el problema reside en cierto afán de revanchismo de parte del gobierno de Macri, lo cual podría poner de nuevo en jaque el rol institucional de resolución de conflictos heredados de la ya mencionada, concepción romana del derecho; esto es, en la famosa "grieta" quienes apoyan al actual gobierno reclaman con la misma espuma de la boca que sus adversarios políticos que se encrudezcan las penas y que se actúe hasta fuera de la ley de ser necesario para resolver problemas de corrupción heredada, en lugar de pedir por una reforma institucional, por supuesto, quieren todo para ayer.


Fortaleza institucional

En una entrevista que le hicieron al muy conocido actor Alfredo Casero en el programa "Animales Sueltos", no pude dejar de impresionarme ante una reflexión del entrevistado: cómo el aspecto cultural de la culpa como una deuda -que permanece intacta hasta ser saldada- cala hondo en nosotros al punto de fundamentar dicho fenómeno, y que conduce a reacciones que llevadas al extremo pueden significar la legitimación del ejercicio fáctico del poder, y no de forma legal que es como se espera en una república. Un gran jurista romano sentenció "la fuerza es el derecho de las bestias", así como un importante líder argentino del siglo XX la reprodujo en uno de sus trabajos escritos, obviamente tras haber experimentado todo el descargo de la venganza contra sí y ha mostrado un gesto de grandeza tras haber vuelto y haber aprendido de sus errores, que la altura está en el camino institucional de las reformas progresivas por las que abogaba. Claramente tal frase expresa muy bien cómo esta concepción mercantil de acreedores, deudores, culpables, perjudicados librada a su propia naturaleza conduce a atropellos de este tipo sobre los procesos pertinentes. Por supuesto que tampoco adscribo a las opiniones de los supuestos institucionalistas de este país, cuya memoria es parcial sobre varios hechos históricos y su interpretación acomodada a lo que da rating o lo que necesita su espacio político, por el contrario, reconozco la anomalía y caducidad del funcionamiento de nuestro sistema en varios aspectos, y es por eso que sostengo que toda ley, toda pena, toda cultura, es perfectible y no perfecta, por tanto, de ser el momento de avanzar, reformar incluso de forma sustancial y sacarnos un lastre de encima, soy el primero en poner la firma pero, ¿quiénes más se arremangarían y calentarían la silla y las neuronas para pensar en una mejor solución? Ah cierto..¡es más fácil culpar!

Lucas Cianfagna.-

miércoles, 23 de marzo de 2016

Nadie hace justicia en dos minutos: La importancia de los procesos



"El principal objetivo de los Príncipes es la Justicia... Resulta más agradable instruir a la humanidad que destruirla." Nicolás Maquiavelo

La gente cree que votar las condenas de forma mayoritaria significa una mayor justicia, y hace un par de milenios atrás, una mayoría votó por crucificar a Jesús, evidentemente, no se ha aprendido mucho desde entonces. La característica que separa a un juez de un ciudadano ordinario principalmente es la imparcialidad que el primero tiene, a diferencia del segundo, quien está condicionado por prejuicios y emociones que pueden tener que ver con el delito a juzgar, lo cual obstaculiza todo grado de objetividad posible. La teoría que trata de eliminar la imparcialidad, conduce a una valoración de relativismo absurdo sobre la idea de cada persona respecto a lo que es justo y cómo debería expresarse en la realidad dicha valoración; por lo tanto, la característica principal de un juez es la imparcialidad, razón por la cual se considera el Poder Judicial como un órgano contra-mayoritario, y es así como se debe mantener, ya que de estar condicionada la opinión del juez por la presión de la mayoría, su situación laboral peligraría, con lo cual, pasaría de buscar la justicia, a buscar la conservación de su fuente de trabajo, y eso sería una escribanía, más que un poder judicial, tanto que en lugar de buscar ejercer justicia, buscaría el agrado de quienes procuran su fuente de trabajo. Por ende, de buscar un perfeccionamiento en el trabajo, pasaría a ser el objetivo la mera conservación del mismo, por tanto, se estaría -además- ante una involución en el aspecto institucional mismo.

Dejando a un lado el problema desde la perspectiva del juez,  éste continúa cuando analizamos el aspecto del pueblo; ante un juez que se inclina por el voto mayoritario a actuar de determinada manera ya ni siquiera deja paso a la supuesta "libre elección" de ideales de justicia, sino a un mero ajuste de parte de los candidatos "hacia donde sople el viento". Ahora tengo una pregunta interesante para hacerle a los lectores, en especial a quienes sostienen aún la teoría de la "justicia democrática", ¿se han sentido bien representados bajo el Poder Ejecutivo los últimos 20 años? Ahora imaginen esa sensación respecto de la justicia. Curiosamente este ideal tiene su fundamento en la filosofía de Jacob Rousseau, quien fundó los principios básicos bajo los cuales se ejecutaría la toma de la Bastilla en 1789 en Francia, con la consecutiva acción de guillotina bajo el movimiento jacobino a partir de 1793. La idea que tenía como fundamento la noble libertad de un hombre "naturalmente bueno", terminó por horrorizar a buena parte de la población cuando presenció ante sus ojos la ejecución de lo que antes parecía ser un noble ideal, y que luego desencadenó en una guerra civil en la cual el absolutismo monárquico amenazaba con retomar el poder, y aquellos que posibilitaron la instauración de la república serían los primeros en destruirla de haber continuado esto,  ya sea mediante la profundización de su ideal, o bien por vía de la restauración de los reyes de antaño, lo cual se resolvió mediante la acción cesarista de Napoleón en el conflicto intentando apaciguar el problema. El juez en ese contexto se vuelve una guillotina a manos del pueblo que cortará las cabezas necesarias para mantenerlo a éste contento, y una ola de violencia sólo será remediada mediante un nuevo cesarismo, lo cual sería un retroceso sobre la construcción de una república, ya que la necesidad de una medida así, debió ser superada hace tiempo. La irracionalidad de la postura rousseauniana, se basa en un principio sentimental de concreción de la "voluntad general", lo cual deja ver sin enigma en absoluto, el carácter ambiguo de dicho objetivo, y mediante la base de un sujeto específicamente creado a imagen y semejanza de la idea de Rousseau, se mide la realidad en base a una idealización de un supuesto hombre en estado naturaleza cuyo criterio es intachable; y esto tiene nula relación con la realidad.

Existen también dos posibles razones por las cuales se llega a reclamar por una "justicia democrática":
-Por un lado, el ciudadano común, que en un contexto de corrupción generalizada y degradación social, siente que su participación en los asuntos públicos es completamente irrelevante, y por tanto, reclama una justicia democrática que le "supla" aquello que la sociedad le ha "quitado", es decir, "al menos una para nosotros" dicen algunos, como si las acciones realizadas se pudieran revertir de alguna manera mediante una tasación -el viejo ejemplo de la mentalidad acreedor/deudor- , lo cual es característico de vivir en "sociedad", es decir, en un contrato que supuestamente acuerdan las partes (las personas) en las cuales se evalúan costos y beneficios, por supuesto que así, cada uno tasaría la justicia a la manera en que le parecería mejor, según la consideración de lo que la propia persona sienta que "le debe".
-Por otro lado, si la idea proviene de uno de nuestros representantes, la cosa tomaría otro color, debido a que, más allá de revestir la demagogia más brutal, se estaría ante la invitación de quienes detentan el poder, hacia una oclocracia, es decir, el gobierno de la ineptitud mayoritaria. La muchedumbre embrutecida pensaría que detenta el poder de juzgar y de sentenciar, cuando en realidad el empoderamiento vendría de parte de quienes se han contentado con esta medida, quienes la han propuesto y que luego se verían como los beneficiarios y como los detentadores del poder de manera indefinida, lo cual no podría sino conducir a un caos inminente, el perfecto caldo de cultivo para un gobierno totalitario, que bien podría ser compuesto por las mismas autoridades que han querido introducir la supuesta noble idea de "democratizar la justicia" para impedir el abuso de la corrupción en manos de familias judiciales, quedaría a disposición entonces la corrupción disimulada, en familias nuevas.

Por tanto, se estaría perdiendo el foco real de la cuestión. Ya que la idea de democratizar la justicia surge a raíz de una justicia corrupta e ineficiente, la opción entonces no sería la mencionada, sino reformar los mecanismos de elección de jueces, es decir, el concurso y las ternas efectuadas por el Consejo de la Magistratura. En primer lugar, el modelo presidencialista nos deja en una situación de impunidad disimulada, puesto que para quien no conoce el funcionamiento mismo de las leyes, los jueces nacionales y federales que son previamente filtrados como candidatos, los designa el poder ejecutivo con acuerdo del Senado, el cual lo preside su vicepresidente, con lo cual, allí encontramos un pequeño vacío de impunidad que merece ser tratado. En segundo lugar, un estancamiento y una falta de funcionalidad de las instituciones republicanas provoca como reacción el deseo de intentar con formas inviables como la democratización de la justicia, en lugar de abogar por una reforma de la institución como tal, lo cual es el eterno retorno del mismo problema, el cual pretende solucionar un problema atacando el resultado, en lugar de la causa primera. Si el problema reside en la falta de sentido de participación de la población en los asuntos públicos (República), el ciudadano no debe tener facultad de designar un juez o un fiscal porque su imparcialidad se vería contaminada por los eventos que esa persona misma quisiera juzgar, pero por el contrario no habría problema en permitir que el ciudadano participe como veedor de la designación de jueces en las ternas y concursos, así como también, establecer las reglas de tolerancia bajo las cuales se admite la permanencia de un juez, dejando un margen lo más reducido posible para la corrupción. Porque siendo éste margen reducido a una consideración de suma benevolencia, en un contexto de corrupción generalizada, ya se estaría incluso ahí atacando gran parte de la mala praxis judicial con la mínima reducción del margen de error de los jueces y fiscales. En suma, la capacidad de veedor del ciudadano, así como el incremento de participación de los académicos jóvenes en el Consejo de la Magistratura, y un establecimiento por parte de los delegados que conducen el cuerpo de veedores de un reglamento de tolerancia respecto de las autoridades designadas, generaría la confianza suficiente del ejercicio institucional y una progresiva normalización del mismo.

Una vez más, la solución del problema sobre el resultado del problema pretende arrasar con un mecanismo cuya causa se encuentra antes. Es decir, el a-historicismo resulta como una postura absurda por no comprender el desarrollo de los acontecimientos actuales como una consecuencia de lo anterior, esto es, lo que fue solución hace dos siglos, hoy resulta un nuevo problema, debido a que la composición social ha cambiado y el paradigma lo ha hecho también, así como el presidencialismo fuerte fue una gran solución de transición de una monarquía a un república sin que eso conlleve una gran agitación social, hoy día se ve ineficiente por pertenecer a las soluciones de hace dos siglos que ha agotado las formas de resolver los conflictos de hoy. Las medidas-parche, son aquellas que, al igual que una cadena de montaje mal diseñada, pretenden arreglar cada producto nuevo que salga de ella esperando que en algún momento el producto salga bien, en lugar de arremangarse, calentar las neuronas, organizarse y cambiar el diseño de la línea y la máquina de montaje, con lo cual cabría hacerle otra pregunta al defensor de estas medidas-parche, ¿todavía está seguro de querer democratizar la justicia?


Matías Cajal García y Lucas Cianfagna.-