lunes, 4 de abril de 2016

La ficción liberal: Un derecho a guillotinar



"Los hombres se engañan al creerse libres; y el motivo de esta opinión es que tienen conciencia de sus acciones, pero ignoran las causas por que son determinadas; por tanto, lo que constituye su idea de libertad, es que no conocen causa alguna de sus acciones." Baruch Spinoza

Anacronismo febril

Ante el reflorecimiento de liberales en la escena de la opinión pública y su sentido de pensar, me permito trazar una refutación de los principios básicos erigidos por ellos. Las ideas que forjaron nuestra república y que configuran una buena parte del pensar de personas hoy, se deben a ideas erróneamente comprendidas, o aceptadas sin realizar un cuestionamiento sobre sus orígenes, lo cual dejaría en descubierto que son o bien ficticias, o bien contradictorias con la propuesta misma de república. Ya que hoy los que se sienten en su propia salsa son liberales teniendo un gobierno de tales magnitudes, me posiciono nuevamente en la disidencia, ya que discutir a los demagogos del supuesto "socialismo del siglo XXI" fue divertido, me dispongo a continuar con los liberales, que critican el socialismo desde la opinión de ser una idea obsoleta, ¡como si la de ellos no! Los principios planteados por los liberales, si bien han pertenecido al campo del laicismo político, no han dejado de tener un fuerte componente metafísico residual que aún queda y que resulta indispensable remover.


Libertad: Un derecho a la egolatría

Cuando se habla de libertad, se evoca una doctrina de origen teológico llamada "libre albedrío", la cual consiste en que las acciones son determinadas por la racionalidad pura de quien la llevó a cabo, es decir, por la "conciencia" o bien, por un "sujeto" determinante. Este viejo error de ubicar al sujeto previo a la acción se vale de consideraciones lingüísticas, en el español es bastante común, que hasta por estas razones personas lleguen a decir "el relámpago relampaguea", como si hubiese necesidad de ubicar un agente a la acción de un mero relámpago, que es acción pura; pero también ocurre que la valoración de un sujeto de forma primordial se dé para justificar una voluntad libre, que está por encima de toda pulsión biológica, de todo impulso irracional y de todo condicionamiento no-racional. Nuestras acciones nos constituyen, a partir de ellas creamos nuestra identidad, pero lo que no comprendemos es que no tenemos la libertad de actuar enteramente por nuestra propia conciencia, ya que actúa lo que llamamos inconsciente, las pulsiones biológicas condicionando buena parte de nuestro comportamiento; de hecho podría señalar que existe un alto porcentaje de influencia de las pulsiones, otro alto porcentaje de influencia hereditaria en nuestra crianza y cultura, y una ínfima parte de libertad, que se limita a poder decidir de qué manera lograr canalizar los otros dos factores influyentes, con lo cual, el querer libre, lejos de ser una realidad, es un deseo caprichoso, tal como si uno pretendiera tener hambre cuando se le antoje, tener la capacidad de elegir qué comer, no significa poder elegir si comer o no comer, esa es la cuestión. La persona que pretende controlar su inconsciente está incurriendo en el narcisismo, debido a que, en un valor simbólico, siendo que la conciencia lleva el nombre de sujeto, y se representa en un "Yo", la ilusión de que el "Yo" decide por encima de los impulsos es de un absurdo atroz. El comportamiento asceta, de privación y de auto-represión no conduce al libre albedrío de un sujeto racional, conduce al desencadenamiento de los impulsos en la manera en que la persona los ha querido evitar, y esto es, porque la acción impulsiva, las pulsiones biológicas son espontáneas y creadoras, por lo tanto no hay sujeto que las determine, sino que son éstas quienes determinan al sujeto. A esto se le suma que la noción de un sujeto puro racional se cae a partir de realizar un meta-lenguaje, es decir, un análisis de cómo se origina el lenguaje, y obtenemos allí, que el procedimiento por el cual se crea el lenguaje, no es lógico, sino que responde a experiencias concretas de estímulos, interpretaciones y respuesta a dichos estímulos, que es sistematizada, transmitida y replicada a los habitantes de la cultura; por tanto los liberales estarían ante la incomodidad de encontrar que el sujeto es una ilusión, que la racionalidad pura no existe, y que por tanto la libertad entendida como un "libre albedrío" resultó la peor mentira mejor contada, ya que la ignorancia en cómo actúa el cerebro y el cuerpo, les ha concedido un principio ontológico. Freud describía las 3 heridas narcisistas por las cuales al ser humano le han dado un puntapié al ego: la primera reside en Galileo y Copérnico, quienes han demostrado que no somos el centro del universo y que simplemente somos una parte más, la segunda está en Darwin y nos da la terrible noticia de que no somos una creatura especial sino que somos mera consecuencia de un proceso evolutivo, y entonces, ¿qué nos quedaba como único bastión del ego y del culto al "Yo"? La famosa conciencia, que era plena, y que nos daba la libertad de elegir nuestras acciones. El tercer puntapié fue la terrible noticia de que el inconsciente pesa más, así como las pulsiones e impulsos influyen mucho más en nuestro comportamiento que la consecuencia de impulsos biológicos y cerebrales a las cuales llamamos "conciencia".



Igualdad: Un derecho a la psicopatía


En cuanto a la igualdad, también encontramos otra doctrina del mismo origen, y ésta se basa en la consideración de individuos iguales a sí mismos y por tanto, iguales a los demás. El fundamento ontológico de la idea de igualdad recae en la consideración de un ser estático y separado de todo, al cual muchas doctrinas metafísicas caracterizaron como "unidad", es decir, la idea de que un fragmento esté librado a su propia suerte, y que cada fragmento sea igual a otro, es la misma consideración de las matemáticas, las cuales consisten en imaginar cosas iguales a sí mismas en un plano inexistente, olvidando el sentido práctico para el cual se creó dicha ciencia formal. El fundamento dualista de un mundo ideal es el que respalda la idea de entes iguales, que luego el liberalismo ha tomado como consigna base y que fundamenta el valor de la vida de las personas por igual, lo cual es sino degradar el propio concepto de la vida, ya que toda persona sanamente constituida tiene una jerarquía de valoraciones propias que tiene que ver con su familia y su grupo social; abstraer la igualdad al plano de las relaciones afectivas al punto de tomar a las personas como número, es el principio del psicópata, aquel cuya incapacidad de empatía no le permite distinguir entre la vida de un familiar y la de un desconocido. Si bien pareciera que hoy día no es pensado en tal extremo la idea de igualdad, existe de hecho un relativismo absurdo que así como plantea que las cuestiones biológicas son meras construcciones sociales, plantea la igualdad de opinión, así como la consideración de que todos tienen razón más allá de los argumentos que expongan, al carecer de una jerarquía, se incurre al absurdo y a las justificaciones irracionales, los debates se vuelven estériles y resultan únicamente para satisfacer el deseo de los impotentes y de los incapaces, así como por contrapartida neutraliza todo florecer de excelencia y de potencialidad, condenando a la persona afirmativa y capaz a la degradación personal, por el resentimiento de un par de personas con déficit de atención.


Fraternidad: Un derecho a la intolerancia

El broche de oro para la idea fraternal es la sensación de pertenencia a un grupo, y esto constituye en otro principio que tiene que ver la fraternidad que une a las personas que se encuentran ante una misma visión, que bien podría ser el fundamento de un partido político. Ahora bien, la idea de fraternidad se postula como una propuesta moral imposible de rechazar, que se basa en la solidaridad entre las personas que integran dicha fraternidad, el problema que nos deja es pensar que la solidaridad funciona entre las personas que piensan como uno, ya que no se encontraron gestos de solidaridad respecto de las víctimas de la guillotina en la Francia de 1793, muy por el contrario la idea fraternal basa su solidaridad y su tolerancia hacia aquellos que sustentan sus mismos principios que acompañan a éste. Por tanto la tolerancia de la vida en fraternidad es en verdad un culto a la intolerancia, algo parecido la expresión "la patria es el otro (que piensa como yo)", un paréntesis similar podría ir con la idea de fraternidad, ¿con quiénes? Sólo con aquellos que se consideren libres e iguales, sino recordemos cuál era la consigna "Unión indisoluble de la república en libertad, igualdad y fraternidad...o muerte". También hay un fundamento moral de unidad entre quienes enarbolan estas banderas, es decir, es comprensible, ¿cómo se sustenta una idea mediocre y se la transforma en un supuesto noble estandarte si al menos no demuestran una cohesión? Hoy día ese agrupamiento de mediocridades conjuntas se lo ve no sólo en agrupaciones políticas, sino también en movimientos sociales post-modernos de reclamos absurdos que nada tienen que ver con problemáticas reales, sino con meros caprichos adolescentes de querer controlarlo todo. En resumidas cuentas, el gran error del liberalismo resultó, por un lado en pretender hacer una separación del cuerpo y de la mente, tal y como se propusieron los dualistas respecto a aquella vieja consigna de que "el cuerpo es la prisión del alma", a raíz de un falta de comprensión del propio cuerpo, por tanto la noción de alma iba a ser errónea también. Y al creer que hay un sujeto racional que tiene libertad completa sobre sí, sin darse cuenta que el descontento y el aborrecimiento por la aristocracia francesa se dieron gracias a la distancia que ésta guardaba de la burguesía pujante, por lo cual, dicha burguesía en rebelión no resultó de sujetos racionales y libres, sino de quienes que no veían cómo progresar económicamente como sí habían podido en Gran Bretaña donde el proceso se dio de forma paulatina. Por tanto, los sujetos racionales y libres no se dieron cuenta que estaban determinados por la necesidad de comer y de expandirse.

Lucas Cianfagna.-

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