"Mediante el castigo del deudor, el acreedor participa de un derecho reservado a los señores: finalmente llega a experimentar también él la exaltante sensación de poder lícitamente despreciar y maltratar otro ser como a un inferior, o al menos -en el caso de que el poder mismo de castigar, de ejecutar la pena, ya se haya puesto en manos de las autoridades- de verle despreciando y maltratando. La compensación existe por tanto en una licencia y un derecho a la crueldad." Friedrich Nietzsche
Injerencia cultural
La cuestión que atañe al desarrollo de la culpa tiene que ver con vasto acontecer cultural que se ha desarrollado durante siglos, y que por supuesto tiene su origen en la concepción judeo-cristiana. El fundamento ontológico de la llamada culpa poco tiene que ver con algo de justicia, o con lo legal, de hecho la evolución del tema en materia de derecho alcanzó su cúspide durante el Imperio Romano, y con la posterior caída de éste, cayó también la forma más avanzada hasta el momento en lo que respecta a las penas; pero aún así, este aspecto es sólo una consecuencia de la evolución social y cultural que el concepto de culpa tiene para los seres humanos. Si analizamos un poco cómo se ha extendido esta idea a lo largo de Europa y de sus naciones más influyentes (las sajonas), podemos encontrar en la etimología, una interesante transformación: la palabra "culpa" se traduce en inglés como "guilt", como evolución de la palabra "should" (verbo modal) que reside en la misma base lingüística que el término alemán "Schuld", lo cual es "culpa", pero cuyo significado no se cierra en dicho término, sino que abarca también otros como "falta", "adeudo", "débito", "deuda". Ahí se logra detectar una base etimológica que tiene que ver con la idea mercantil del sujeto acreedor/deudor, la misma idea que sostiene que toda acción puede ser equiparada y restituida por otra, la idea de que todo perjuicio es tasable por quien lo sufre, que toda posibilidad de castigo tiene que ser una compensación con la misma moneda, es decir, que no se derrame ni una gota más, ni una gota menos de una libra de carne. La evolución de Roma se ve claramente en sus avanzadas XII Tablas, donde se había establecido una ley sustentada no en la arbitrariedad de quien se considera el acreedor de imponer su pena, sino en una compensación previamente estipulada que diera un ejercicio institucional de madurez y brindar orden a la convivencia social. Recordemos que quienes se han servido de la caída de Roma, son quienes se han servido luego de la indulgencia y la gracia como una forma de mostrar poderío, con la defensa del deudor, el acreedor mostraría aún más sus dientes, y quedaría en evidencia que "los Shylock" actuaban como actuaban por el hecho de pertenecer a un estamento medio, el cual claramente en su carencia de poder se muestra inconmovible ante quien sea el deudor y reclama para sí su libra de carne sin posibilidad alguna de cambiar su parecer, mientras que los mercaderes más poderosos y acaudalados mantenían la legitimidad de su poder mediante la indulgencia de quienes caían en el contractualismo de los mercaderes medios para mostrarlos a ellos como los crueles, pero la indulgencia puede ser practicada por crueles, sólo que se verían mejor favorecidos si no se muestran como tales.
La famosa grieta en Argentina
No hemos estado ajenos a dicha concepción cultural debido a nuestras raíces religiosas, y por supuesto, gran parte de los aspectos dogmáticos de las propias culturas perduran al día de hoy, lo cual me permito decir, deberían ser posibles de revisión, al fin y al cabo, no es lo positivo lo que se busca descartar, sino aquello que podría sernos de barrera contra toda evolución de la convivencia en comunidad. En particular, este fenómeno se expresa más aún en lo que concierne a la política partidaria y los sucesivos gobiernos que acontecieron en nuestra historia más reciente, a lo cual solemos llamarlo "grieta" cuando más parece profundizarse este tipo de fenómenos. Muchas veces pareciera que en lugar de buscar la resolución de un conflicto que lleva mucho tiempo entre nosotros, se busca establecer un X a quien se le pueda descargar la cólera, lo cual es también otra forma de no hacer nada, es decir, buscar el origen histórico de un problema es un gran paso adelante para su resolución, pero de ninguna manera eso debe llevar a la segregación de una causa como la única importante, ya que abstraer una parte del todo (realidad) es una forma de decadencia conceptual, ya que se está obviando la concatenación de acontecimientos que resultaron en lo que hoy es objeto de discordia. De manera que, para la resolución de la decadencia social y cultural en Argentina, lo más conveniente no es buscar quién tiene más la culpa, sino desde dónde se originó y bajo qué circunstancias se dio dicho desarrollo, porque de lo contrario, estaríamos incurriendo en la manía de los conspiracionistas, que inventan una existencia en lo exterior que limpie su propia actuación, es decir, "existe la culpa, pero nunca es mía". El problema que vemos hoy entre los debates de los kirchneristas y los macristas, es una suerte de guerra de culpas, donde gana quien tiene mayor espacio depositario de culpas, que por tiempo transcurrido y datos a la luz, el kirchnerismo aún gana por mucho, pero el problema reside en cierto afán de revanchismo de parte del gobierno de Macri, lo cual podría poner de nuevo en jaque el rol institucional de resolución de conflictos heredados de la ya mencionada, concepción romana del derecho; esto es, en la famosa "grieta" quienes apoyan al actual gobierno reclaman con la misma espuma de la boca que sus adversarios políticos que se encrudezcan las penas y que se actúe hasta fuera de la ley de ser necesario para resolver problemas de corrupción heredada, en lugar de pedir por una reforma institucional, por supuesto, quieren todo para ayer.
Fortaleza institucional
En una entrevista que le hicieron al muy conocido actor Alfredo Casero en el programa "Animales Sueltos", no pude dejar de impresionarme ante una reflexión del entrevistado: cómo el aspecto cultural de la culpa como una deuda -que permanece intacta hasta ser saldada- cala hondo en nosotros al punto de fundamentar dicho fenómeno, y que conduce a reacciones que llevadas al extremo pueden significar la legitimación del ejercicio fáctico del poder, y no de forma legal que es como se espera en una república. Un gran jurista romano sentenció "la fuerza es el derecho de las bestias", así como un importante líder argentino del siglo XX la reprodujo en uno de sus trabajos escritos, obviamente tras haber experimentado todo el descargo de la venganza contra sí y ha mostrado un gesto de grandeza tras haber vuelto y haber aprendido de sus errores, que la altura está en el camino institucional de las reformas progresivas por las que abogaba. Claramente tal frase expresa muy bien cómo esta concepción mercantil de acreedores, deudores, culpables, perjudicados librada a su propia naturaleza conduce a atropellos de este tipo sobre los procesos pertinentes. Por supuesto que tampoco adscribo a las opiniones de los supuestos institucionalistas de este país, cuya memoria es parcial sobre varios hechos históricos y su interpretación acomodada a lo que da rating o lo que necesita su espacio político, por el contrario, reconozco la anomalía y caducidad del funcionamiento de nuestro sistema en varios aspectos, y es por eso que sostengo que toda ley, toda pena, toda cultura, es perfectible y no perfecta, por tanto, de ser el momento de avanzar, reformar incluso de forma sustancial y sacarnos un lastre de encima, soy el primero en poner la firma pero, ¿quiénes más se arremangarían y calentarían la silla y las neuronas para pensar en una mejor solución? Ah cierto..¡es más fácil culpar!
Lucas Cianfagna.-

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