miércoles, 30 de diciembre de 2015

Estilo y hermenéutica



Consideraciones previas
Podemos continuar mencionando un aspecto importante dentro de cualquier pieza musical o escrito que deseemos analizar, que es el aspecto de la interpretación, pero antes no podemos dejar de revisar categorías importantes para tener en cuenta y poder estructurar aunque sea mínimamente una serie de criterios que considero necesarios, más que nada en este contexto post-moderno donde el relativismo se manifiesta en todos los órdenes como la filosofía absolutista (paradójicamente), y el pensamiento único bien disimulado se torna en el nuevo dios de las sociedades occidentales, y genera por tanto, el mito de que cualquier producción escrita o artística es válida sin necesidad de criterio alguno. Curiosamente, resulta paradójico esto, ya que al no introducir una voluntad en uno cuando hace algo, se le está otorgando una voluntad de forma pasiva a eso que creen producir "sin criterio alguno", el criterio será en todo caso, lo decadente.

Repaso histórico
La hermenéutica, que surge como un esfuerzo de generar una estructura a partir del conocimiento de la filología, o mejor dicho, una rama de la misma, nos ayuda a contar con varias cosas a la hora de realizar una interpretación. Teniendo en cuenta ésto, se puede comprender que su forma más primitiva e incipiente haya tenido fuertes rasgos filológicos en el sentido más clásico, buscando una interpretación según un sentido intrínseco del mensaje, es decir, la búsqueda del discurso oral para entender la intencionalidad del autor fue lo primordial en la primera forma de hermenéutica, derivada como bien dije, de los esfuerzos filológicos, que por cierto muy pocos estudiosos hay sobre dicha disciplina. La hermenéutica clásica se caracteriza por establecer una interpretación muy ligada a la simbología inmediata, o lo que en semiótica más específicamente se conoce como "ícono", que es la imagen que más rápido remite a algo, por sus características de semejanza, y a partir de allí, considerar lo que se conoce como "índice", el cual pretende establecer una significancia, remitiendo a la intención del autor, como se dijo antes. Ésto ha servido muy bien para tener un conocimiento sobre el mensaje de -por ejemplo- las Sagradas Escrituras. Por supuesto que éste primer método de la hermenéutica no hacía más que abarcar una de las dos propiedades científicas, la comprensión, sin posibilidad de explicar, se tenía en cuenta sólo el criterio del autor tratando de realizar un acto de presencia en el espacio y tiempo en que fue pensado, como si se tratase de alguien que viaja en el tiempo y asistiese a una cátedra universitaria de su autor favorito para escuchar en primera mano qué trataba de decirnos, tratando de dilucidar la "conciencia" auténtica del mismo.
Este enfoque se vio fuertemente criticado, gracias al protagonismo de los "maestros de la sospecha", debido a que su postura era crítica de lo que se concebía como "verdadera conciencia", y por tanto, sospechosos de lo que algo parecía ser de tal manera u otra a simple vista, representó una ampliación del enfoque que consideraba "buena conciencia", y la comprensión por lo "inmediato". Ricoeur por supuesto, introdujo la ampliación definitiva que daría forma a un segundo modelo hermenéutico, ya mucho más maduro, el cual tiene que ver con ampliar el rango científico hacia la comprensión agregando la explicación, y por otro lado, tomar el enfoque en el rasgo escrito, que nos permite realizar una interpretación desde un horizonte previamente establecido, con la ayuda de la voluntad de objetividad, poder utilizar criterios válidos para comprender y explicar un escrito, siguiendo la obra de dicho autor, realizando una tarea más minusciosa, que tienda a lo mediato. Desgraciadamente hoy día, la consideración de la hermenéutica por muchos está más cercana a la idea primitiva, teniendo enfoques muy condicionados ideológicamente, e interpretando hechos históricos incluso de forma que "más le guste a uno". Muchos hablan de hermenéutica, pero pocos realmente conocen esta ampliación del enfoque, o al menos, fingen no conocerla.

Hermenéutica del estilo
Ésto se torna de vital importancia, ya que necesitamos tener en cuenta este enfoque ampliado a la hora de interpretar arte, estilo de escritura o ciencias. Como expliqué anteriormente, la necesidad de un buen estilo es hacer una comprensión total del arte de los gestos, y poder realizar una interpretación propia, sin reparar en la intencionalidad del autor, ya que no tenemos forma alguna de comprobar dicha intención, incluso teniendo al autor vivo y en presencia, su afirmación o negación de nuestra forma de interpretar no constituye siquiera una prueba definitiva, ya que puede cambiar su propio enfoque y hasta maldecir lo que él mismo escribe, lo cual nos pasa bastante seguido cuando uno trata de escribir algo, el arte de rumiar es la regla. Es por eso que es recomendable tener una idea previa de lo que se escribe antes de volcarlo, la escritura debe ser un dibujo de lo pensado previamente, aunque tampoco debemos caer en la estupidez del método para descubrir, no existe tal cosa. La creatividad y la imaginación no tienen método, lo que sí debe ser metódico es su ordenamiento y su análisis antes de obtener una forma aceptable, por tanto, no es sugerible permanecer horas sentado frente a la hoja o el documento en Word, es más viable desarrollar algo que ya surgió previamente.


Pero cuidado, con esto no me propongo limitar la explicación a la interpretación, sino también a la creación de nuevas piezas, nuevas composiciones de música, poesía, prosa e incluso ensayos como éste, que considero necesarias: primero para tener un enfoque claro sobre los autores que nos sirven de inspiración y de influencia; y segundo, para lograr adquirir esa perspectiva nueva que se posicione dentro de una obra auténticamente nueva y jovial, de lo contrario, si seguimos basando nuestro entendimiento y nuestro accionar en la hermenéutica primitiva, lo más probable es que terminemos escribiendo pasajes nuevos de la Biblia, o nuevas sagradas escrituras, pero al fin y al cabo, de nuevo no tendría nada.

Lucas Cianfagna.-

La necesaria caída del pensamiento moralizante



Sobre el cuerpo y la mente
En diversos debates y conversaciones cotidianas que nada tiene que ver con lo intelectual, surgen pruebas del resto del optimismo racionalista y del odioso legado del empirismo lógico y toda su verborrágea estéril y tan falta de sentido real. Parménides aún persiste en el inconsciente de muchos, en el sentido de lo estático, de lo infinito, de lo formal, de lo ideal, fuera de eso, está la realidad, la cual una buena parte de filósofos ha ignorado por completo. El gran pecado de los filósofos ha sido cercenar la cabeza del cuerpo, considerar la mente y el alma como los importantes, y en consecuencia y no tan en consecuencia, al cuerpo y me remito a Platón, una carga que el alma busca liberar. Muchos aún en su afición por la filosofía plantean semejante cosa al día de hoy, habiendo tecnología de sobra con la cual pueden desconectar su cuerpo entero y vivir en estado vegetativo, digo, ¿no era que querían liberar la conciencia y ser uno con ella? ¿No que tanto desprecian el cuerpo? No podrían, a pesar de sus pensamientos. Ellos sienten odio, asco por el cuerpo, ¡pero a qué le tendrían que agradecer si no es a su cuerpo de poder experimentar el sentimiento de propio asco hacia él!

Personas, no individuos
Recientemente he tenido un par de conversaciones interesantes con familiares y seres queridos, y uno ha parafraseado a otra persona, diciendo "La humanidad evoluciona, pero no cambia", lo cual me ha dejado sorprendido en cierta medida, ya que fue otro indicio que me permite ver cuánto egiptismo tiene atravesada a la filosofía aún el día de hoy y a pesar de los cambios de perspectiva, método, modelo, cuesta hacer llegar dicha forma de pensar a todos y es cierto, tardará otro buen tiempo más, sobre todo en una época donde la información es tal que sobrecarga a cualquiera, no los culpo por eso. Pero volviendo a la frase citada antes, es menester explicar ciertas cosas. Para empezar, un individuo es en términos abstractos algo indivisible, es decir, un "ente" del cual no se pueden desprender más cosas, y es entendido según se ha explicado en el racionalismo clásico como "igual a sí mismo", de manera que lo que se ha hecho es transpolar una abstracción al terreno de lo real, lo cual es harto peligroso, ya que se presta a confusiones que al día de hoy siguen vigentes, como quien dice que "somos individuos". Tal sentencia es falsa, si bien es cierto que un individuo es igual a sí mismo, invariable y por tanto infinito, eso sólo es posible en un mundo de ideas, un mundo de abstracción y de verdades absolutas, no lo es nunca en el mundo real, el único que queda para vivir. Las personas no son de ninguna manera individuos, ya que poseen muchas cosas para "dividir" o "extraer" sin las cuales no pueden vivir, como lo son influencias de todo tipo: genéticas, de entorno, propias, etc. De manera que establecer la permanencia de algo que no es permanente es vano, pretencioso y constituye un error del razonamiento. La "causalidad" de "el ser en sí", antes de la persona es una ocurrencia de filósofos que encuentra en el lenguaje una fuente de conocimiento que no puede dar nunca, como he explicado en otro escrito, el lenguaje no es sino un mero sistema de nombres que constituyen relaciones entre el humano y las cosas, y es designado por el ser humano en un momento determinado, como una forma de abreviar una explicación, no constituye la explicación misma, error fatal. Dicha forma de pensar basada en una permanencia infinita del ser, o el mismo concepto de esencia, sustancia, ser, son propios del razonamiento egiptista que la filosofía ha tenido por siglos. El hombre bajo su pensamiento moralizante crea conceptos considerándolos dioses, eternos, cuando son invenciones suyas. No existe tal cosa como el ser en sí, ni la cosa en sí, la realidad cambiante nos muestra su propia forma, la cual deviene constantemente y en ella estamos inmersos, un buen ejemplo de ello es el agigantado paso que la humanidad da durante cada era, para lo cual su fuerza se deriva de su propia inteligencia.

De los animales y las personas
El hombre al carecer de cuernos, garras, colmillos y otros atributos de la fuerza, se ve obligado a utilizar la inteligencia como supervivencia y conquista de su espacio. El animal común en cambio está atado corto al poste de lo inmediato, es decir, es guiado constantemente por su propio pathos de su instinto. Ésto se expresa en una metáfora en la cual el hombre se encuentra con el animal y el primero trata de establecer una conversación con él:
Hombre: ¿Por qué nunca me dices el secreto de tu felicidad, y te limitas a mirarme?
El animal en ese momento sólo atina a pensar "Es que siempre se me olvida lo que voy a decir", pero derrepente, olvida ésto también.
El hombre mediante su capacidad de comprensión y de interpretación de los hechos, está condenado a vivir su vida en diferido, a poder estirar conceptos, hechos, razonamientos en el tiempo a pesar de que hayan muerto ya, lo cual es comparable a la mayoría de estrellas que vemos en el cielo que hace años dejaron de brillar. Así de limitada es la percepción humana que tiene que contentarse con analizar realidades que ya sucedieron y ya devinieron en otras nuevas, ¿acaso no es suficiente motivo éste para entender que no se puede pensar en una realidad invariable, en un concepto infinito y mucho menos en el ser humano como alguien que no cambia?

De la lógica y la experiencia
El hombre al inventar el lenguaje le ha hecho una estatua gigante a su vanidad cuando olvida ésto, ya que por su ciega confianza hacia el lenguaje, lo formal, lo lógico, olvida que de ninguna manera el lenguaje explica hechos, sólo los ordena de una forma inteligible. De manera que así como es necesario revalorizar ciertos conceptos y establecer nuevos, es necesario entender que la necesidad de adaptación es más que imperiosa y no podemos prescindir de ello, así como lo que fue necesario para el hombre en una época, deja de serlo incluso más rápido de lo que se cree. Otra argumentación común al hablar sobre ciertos temas de política es la falta de sentido histórico y de cambios, por lo cual muchos esbozan "Esto no va a cambiar, va a seguir así siempre", y cuando se les piden razones, se limitan a hablar de sus edades, como si fuera ésa la pregunta que se les hizo: "Tengo 60 años", "70", "80", "viví demasiado y he visto demasiado", como si la humanidad no hubiese vivido más y experimentado más. Si bien es muy común, resulta excesivamente arbitrario y vano hablar en tales términos, ya que considerando los años que la humanidad lleva viviendo sobrepasan millones de veces la edad de dichas personas, es decir, se establece una conclusión tan absoluta y tajante sobre un hecho que como cualquier otro (incluso hechos que ya se han presentado en el pasado con formas peores y más terribles), requiere para su resolución de su tiempo de maduración y de la voluntad de las personas, no de sentencias arbitrarias que sirven más de excusas que de explicaciones. Decir que algo no cambia porque "se vivió muchos años" es una sentencia propia del ego, ya que, ¿quién podría establecer un número tan corto, tan ínfimo en comparación a la historia humana como una cifra de absoluto valor y valedera para justificar una sentencia? Sólo aquellos que se contentan con lo fácil, con saber menos.

Falta de un análisis histórico
La falta de un análisis histórico se hace visible ante conclusiones vanas, sin evaluación previa, como dije antes, no culpo a quienes no tienen idea de cómo usar la tecnología, pero sí a aquellos que son lo demasiado soberbios para hablar de cuanto no saben pero no son lo suficientemente ávidos para sentarse unos minutos a comprender cómo se origina aquello que da por sentado como algo que surge puramente del ahora, teniendo acceso a una computadora, a un libro y sobre todo, tiempo libre para dedicarlo a ello. La comodidad intelectual de esta época da asco, pero ese asco me produjo un sentimiento de reacción que me llevó a la acción, es decir, a la búsqueda de ese pathos de la distancia, necesario para no dejar nunca de elevarme y siempre buscar hasta la propia crítica sobre cosas que uno piensa y que se da cuenta que debe dar el salto hacia adelante. Muchas de las sentencias pesimistas y carentes de voluntad al tener el olor a la impotencia, se perciben más como autocríticas bien disimuladas que como críticas a otro. Con lo cual, volviendo al problema inicial, soy capaz de contestar a la cita del principio, "la humanidad evoluciona, pero no cambia", por una cita de mi propia autoría:
"La persona que asegura que la humanidad no cambia, no está hablando de la humanidad, sino de sí misma."

Lucas Cianfagna.-

Consideraciones sobre el peronismo y la verdad devaluada



"¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas, poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal." 
Friedrich Nietzsche



Con esta frase podemos empezar a plantear la necesidad de adquirir un enfoque actualizado sobre el entendimiento de nuestra historia y de forma tal, que podamos poner en juicio los conceptos que hasta ahora hemos considerado inmutables y perfectos, lo cual resulta algo pretencioso y vano, debido a que los seres humanos no somos ni una cosa, ni la otra. Esta definición de verdad conviene retomarla aplicada a una época determinada de nuestra historia desde donde se remonta y donde aún al día de hoy, nos viene faltando definir: el peronismo.
En la Argentina, una gran parte -por no decir- el 95% de los argentinos, se considera peronista o adhiere al pensamiento peronista, que en realidad es justicialista, ya que la doctrina no se llama peronismo, peronismo es sólo el período de gobierno de Juan Domingo Perón. Por más que alguien gobierne utilizando o diciendo utilizar sus banderas políticas, no sería considerado peronismo por el simple hecho de que Perón no está gobernando, el justicialismo al que muchos adhieren, por razones familiares, estudio de la historia, política, o bien, por conveniencia (como es el caso de los dirigentes, gobernantes y otras autoridades), en la inmensa mayoría de los casos, se tiene poca comprensión del sentido político de Perón, y más aún se tiene una vaga idea de lo que significa ser realista, pragmático o tener cintura política. Perón tuvo todo lo que tiene que tener una persona -teniendo en cuenta las necesidades actuales- para ser considerado un estadista: capacidad de síntesis, conducción y planificación, lo cual no quita que pueda cometer errores en el camino, pero la buena base estuvo, de la cual carecen todos prácticamente hoy.
En vista a las necesidades nacionales de poner el país en marcha, se vio obligado a acoger a los sectores que no tenían posibilidades de producir, siendo él militar, debía encarnar un modo de hacer política que tenga que ver con la persuación, de hecho, comprendió la forma de hacer política moderna de la manera más maquiavélica posible, lo cual fue indispensable, aplicando el sentido práctico, y logrando el acercamiento por parte de dichos sectores que tenían mucha desconfianza hacia los militares, teniendo sus razones. El objetivo de Perón para la Argentina era incluír productivamente a sectores terriblemente postergados, para ello se valió de hablarles directamente, y por supuesto, se vio en la necesidad de ajustar su lenguaje a la media de ese sector, razón por la cual los símbolos creados en la práctica justicialista son símbolos que fácilmente pueden ser difundidos y tomados por personas de cualquier sector social, esto es, bajar su discurso al idioma de la masa, de la muchedumbre, para organizarla y lograr solidaridad y cooperación de su parte. Retomando la definición de verdad antes proporcionada, podemos indicar que los símbolos, las usanzas y las adjetivaciones de dicha época no servían más que para dicha época, o mejor dicho, los términos "gorila", "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista" (sacado de la escuela de cadetes), "5x1, no va a quedar ninguno", caracterizó una época determinada en la cual se definía un modelo de país en contraposición al otro. Al retorno de Perón desde el exilio luego de 17 años, esas palabras y esos insultos políticos que se habían creado, él los abandonó, porque su misión de instaurar un pensar diferente ya lo logró antes, pero había una nueva necesidad, que fue la de crear un proyecto nacional que sintetizara todo el pensamiento argentino en algo superior, de ahí la consigna se actualizó y mejoró "para un argentino, no puede haber nada mejor que otro argentino", y al quedar ese Proyecto Nacional inconcluso, nos quedó pendiente terminar dicho legado, con el objetivo de avanzar y traer una sociedad mejor, una comunidad superior, que pueda ver más allá de cadenas pasadas como "gorilas o peronchos", "populismo o republiqueta". La crisis de la Argentina respecto a su forma de pensar tan binaria y chata es lo que produce fenómenos que vemos como divisorios, y por supuesto, nunca falta la maliciosa voluntad de la clase dirigente que lo usa a su propio beneficio, con fines asquerosos. La definición de verdad nos proporciona una visión de comprensión histórica y de génesis sobre los problemas, la cual nos falta y nos urge tener, para poder determinar qué cosas son necesarias y qué otras no lo son y hasta son un impedimento para adaptarse, esto es, la terminología, el comportamiento y los conceptos dentro del peronismo, son verdades que perdieron su troquelado como las monedas las cuales ahora no son más que metal. La banalización del justicialismo y reducción al "choripán", al lío, a la movilización sin objetivos claros constituye en muchos dirigentes lo que sería un disfraz de corderos. Ellos critican a los que siguen la doctrina sin comportarse de dicha manera, los llaman "gorilas afeitados", "chetos", cuando en realidad no he visto dirigentes que por más comportamiento popular que tengan anden con su billetera delgada, y sino más, nunca he visto a Perón comportarse como se comportan los actuales dirigentes, a lo que me refiero, es a la falta de comprensión histórica y falta de estudio sobre el tema libre de pre-conceptos, lo que provoca que todo se vuelva tan extremo y fanático que parece que, para ser peronista se deba competir para ver quién es más "pueblo", lo cual es una idiotez, Perón nunca practicó eso, simplemente les hablaba ajustando y devaluando su lenguaje para que la masa lo entendiera. Un hombre como Perón con aspiraciones grandes y de las más nobles no se le puede reducir a ello, le estaríamos faltando el respeto.
Es por ello que una actualización del justicialismo para una reconstrucción de un movimiento nacional es necesaria para conseguir una transformación total de nuestra sociedad y nuestra concepción de la misma. La libertad del hombre nuevo amerita, al igual que lo hizo Perón, limitarse a organizar, pero nunca a contentarse con los placeres de la manada. Perón fue un gran luchador contra el exitismo burgués y plasmó un pensamiento de vista hacia el porvenir y trató de plasmarlo en todos los sectores sociales, cuando lamentablemente hemos reducido una doctrina tan eficaz al aumento de salario, paritarias y convenios colectivos como la más grande aspiración. Nuestra clase dirigente es tan vulgar y vanidosa como lo es un simple ladrón de mercado, con la diferencia de que poseen medios para no tener que realizar sus mismas prácticas, y eso se debe al esquema burgués exitista de sociedad del momento inmediato, donde no hay más aspiraciones que tener un mejor sueldo. Transpolar ese esquema banal al justicialismo debería ser condenado por una buena parte de sus adherentes, sino es por todos.
El hombre libre lo reclama, reclama esta personalización del justicialismo, esta aristocratización para lograr un justicialismo que no dependa siempre de una sóla figura, sino que por su propia disciplina logre los cometidos que ha logrado sólo con Perón, las veces que lo necesite. Una comunidad organizada no se puede dar en un marco de esclavitud de espíritu y de conciencia, las ataduras y dogmas pasados no son para los nobles, son para los corderos; los lobos y las aves rapaces son las únicas que se pueden dar el lujo de criticar hasta lo que ellos mismos piensan con el fin de elevarse, para traer un nuevo valor, un nuevo concepto y poder guiar y dar la herramienta para pensar, ellos al romper con la vulgaridad de la muchedumbre, son los auténticos inmorales, aquellos que reciben la reprobación de los resentidos y el aplauso de quienes realmente quieren avanzar y dejar atrás los formalismos estúpidos para alcanzar la verdadera libertad de espíritu.

Lucas Cianfagna.-