"Un conspiracionista es una persona que tácitamente admite no tener suficientes datos para probar su punto, hasta que obtengan la información suficiente tienen que clamar conspiración. Así que díganles que regrese cuando tenga el resto de la información, y la discusión debería durar no más de 5 minutos, si dura más, la culpa es de ambos." Neil Degrasse Tyson
Gramsci y las interpretaciones al uso
Muchos hablan de Antonio Gramsci, tanto a favor como en contra, y ambos cometen errores catastróficos a la hora de analizar historia y política. En cuanto a los defensores de Gramsci, existe una suerte de reivindicación intelectualoide, en cuanto a la sentencia del autor, diciendo que todos son intelectuales, en una suerte de igualación (hacia abajo), donde en un contexto de relativismo absurdo, cualquier opinión es válida sin importar los parámetros y la fundamentación de la misma, y por otra parte, existe la interpretación económica del lado marxista en combinación con una política maquiavélica (mal)interpretada por una filosofía rousseauniana que trata de esclarecer conceptos arbitrarios como "voluntad popular", adueñarse del término "nacional y popular" desde dicha perspectiva del filósofo francés (si algo de esto suena a la Argentina, no es pura coincidencia), reivindicando una exaltación de los sectores dirigidos bajo la bandera del resentimiento hacia los sectores dirigentes que califican desde los epítetos "oligarcas", "reaccionarios" y "anti-populares", lo cual en realidad contradice el esquema de política pragmática de Maquiavelo, quien no exaltaba la violencia sino para defender la Nación del avance de ejércitos extranjeros, pero en el ámbito político, el padre de la ciencia política fue muy claro al hablar de la astucia y de la influencia renacentista de la excelencia, la cual no es sino la antítesis de del modelo propuesto por Gramsci donde se establece una estrategia de contra-cultura y lucha armada.
En segundo lugar, existe la interpretación antitética, donde los ultra-religiosos y varios anti-semitas, exponen que la decadencia de los valores occidentales se debe a la contra-cultura impulsada por Gramsci y el marxismo en degradación de los valores que enaltecen. En primer lugar, es un absurdo sostener que la decadencia de Occidente se debe a un elemento externo que planificaba su degradación, ya que esto significa un análisis poco serio de la historia de Occidente. Es de hecho, que la causa de que el llamado "marxismo cultural" y la contra-cultura gramsciana tengan éxito en varios sectores de la vida cultural es una consecuencia de una decadencia previa, esto es, un cuerpo no perece por la enfermedad si dicho cuerpo tenía las suficientes defensas (predisposición) para combatir dicha enfermedad, la enfermedad avanza cuando el cuerpo no posee suficientes defensas, y en ese caso, cabría mencionar, que si Occidente no tenía las herramientas para vencer esta infame contra-cultura del relativismo absurdo, es porque ya se encontraba agotada desde hace siglos, y es por eso que cuando no se tienen suficientes datos sobre -como en este caso- Occidente, se inventa una conclusión en vista al miedo de admitir que se está reivindicando algo que ha perecido, a saber, un Occidente perteneciente a la Edad Media, entonces preguntaré en ese caso: ¿Realmente pretenden ganar esa batalla?
La caída de la España imperial: Distopía devenida en cuento de hadas
Otra joya de las conspiraciones, casualmente (y no tan casualmente) proveniente de las mismas interpretaciones sobre Gramsci antes expuestas, es la idea de un Imperio español resplandeciente que fue destruído por las fuerzas del mal, según ellos: Francia, Gran Bretaña y Países Bajos, en especial este último le guardan un rencor enorme porque se independizó durante el reivindicadísimo Felipe II, lo que cabría preguntarles a los hispanistas es qué país entre España y Países Bajos, resultó victorioso cultural y económicamente y cuál de los dos alberga la herencia de una crisis cultural profunda con fuga de cerebros y una serie de chistes en torno a ello, es para pensarlo. Pero yendo a lo importante, cabría destacar que se comete el mismo error que con el fenómeno gramsciano, y este es, que se vuelve a utilizar la herramienta de la conspiración por falta de datos, en la cual la conclusión queda invertida una vez más. El considerar que las independencias de las periferias de la España imperial, tales como el caso de América como los que hemos vivido como territorio, contenidas en una conspiración que dicta que las burguesías de las capitales impulsaron estas revoluciones con auspicio del Imperio británico, resulta bastante delirante. El primer problema está en que de ninguna manera una revolución o guerra de independencia hacia la España imperial pudieron haber sido la causa de la decadencia y el quiebre de dicho imperio, sino más bien, una de las tantas consecuencias de dicha decadencia que se dio previamente. El pleno funcionamiento del virreynato y de las autoridades españolas en el territorio no hubiese sido cuestionado si no hubiese un contexto desfavorable y de crisis de legitimidad hacia el Imperio y sus autoridades locales, y también resulta absurdo plantear la necesidad de que todo suceso en torno a las revoluciones ocurrió por acción británica, sabiendo el contexto internacional del Imperio era desfavorable por el cierre de su comercio con Europa posibilitado por Napoleón a principios del siglo XIX, por lo cual resulta un tanto pretencioso establecer una conspiración entre el Imperio Británico y las independencias del continente americano, sino más bien una situación favorable para ambos que posibilite entre ellos un comercio, ya que Gran Bretaña no tenía otra posibilidad de expansión comercial. Podría hablarse en todo caso, de un aprovechamiento y de ciertas conexiones con autoridades en los distintos territorios que operaban para estos intereses, pero no de forma generalizada, ya que eso sería obviar el contexto internacional y sobre todo, la decadencia que España venía sufriendo desde el lado financiero, cuya carrera Gran Bretaña ya la había ganado desde hace tiempo, es decir, entre invertir en guerras religiosas, e invertir en industria y expansión, se conoce de antemano quién resultará victorioso.
El nihilismo viene de adentro
Es más que visible la falta de sentido científico de la postura conspiracionista, así como también denota una falta de sentido político e histórico en su análisis, de hecho, su metodología no dista de la de los relativistas que tratan de combatir, ya que mantienen una conclusión sin datos previos o con falta de datos, y buscan entonces, datos que justifiquen la conclusión previamente tomada como irrefutable, en lugar de tener escepticismo, recolectar datos y buscar una conclusión viable, que es de hecho el espíritu científico. La obsesión por buscar una conclusión previa, se debe a un miedo por avanzar, por dar por terminado lo que ya lo esté, esto es, su reivindicación de una cultura pasada y extinta, es una clara "voluntad de nada", porque lo que reivindican es algo que ya está muerto, por tanto no se permiten captar el devenir hacia cualquier forma nueva de cultura, allí radica su obsesión, y su manía conspirativa es producto del propio miedo. El miedo hacia aceptar que los ciclos cierran, que lo que se degrada perece, y que eternizarlo sólo representa la nostalgia y la cobardía de no dejar morir algo. El espíritu creador sólo está para los hombres póstumos, para aquellos que se escapan de su época y logran traer una posibilidad nueva, destruir y crear es un rasgo de los hombres nuevos y afirmativos, quienes tienen una buena dosis de pesimismo respecto a la vida, pero no es un rasgo de aquellos con un falso optimismo de esperar que reviva lo que murió, y cuando no los ven están llorando en la tumba de su padre y se mienten a ellos mismos, ese es justamente el espíritu negativo de la vida y de odio hacia la realidad de los conspiracionistas.
Lucas Cianfagna.-

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