"Erraban los viejos moralistas al creer que en el punto donde estaba su espíritu en ese momento, convergía todo el espacio y todo el tiempo; para la ética moderna, libre de esa grave falacia, la relatividad de los ideales es un postulado fundamental." José Ingenieros
Lo que concierne a las supersticiones, es la increíble habilidad de generar más que un velo, una venda de color claro, en la cual a duras penas se pueda ver algo a través de ella, y siempre ese algo va a estar condicionado de lo que esperamos encontrar. Los miedos del ser humano lo llevan a que su cabeza le juegue trucos, y a veces, los trucos parecen -al igual que el show de un ilusionista- algo irrebatible e irrefutable, y eso sucede porque sólo estamos viendo el resultado de la cuestión y no todo el proceso que llevó a aquello que pensamos, y entonces al no tener los sentidos aptos para ver un proceso de acontecimientos de forma completa, el cual es de hecho infinito, tendemos a creer que se determina por la arbitraria dualidad de causa y efecto, lo cual no es más que la pretención de que hay una causa aislada del hilo de sucesos y una consecuencia que corta otra posible conjunción de causas y efectos, lo cual es comprensible, ya que nuestra inteligencia sólo puede ver limitados sucesos previos (que llamamos causas) y limitados sucesos posteriores (que llamamos efectos), pero nunca llegamos a ver todas las causas y todos los efectos, porque de ser así, dejaríamos de llamarlo "causa y efecto" y lo veríamos desde una óptica absoluta -la óptica de dios- como un proceso infinito. Por lo tanto nuestra capacidad de comprensión se limita a ver determinados acontecimientos previos y posteriores, por tanto, muchos al basarse en esa dualidad arbitraria y desde una superstición no encuentran otra forma de explicar el fenómeno , y a eso le llamo pereza racional.
Uno de las premisas más difundidas en el ámbito de la superstición, es la manía por pensar que la mente (como si se tratase de un no sé qué divino, o un ente resplandeciente) es capaz de atraer cosas con el mero ejercicio del pensamiento. Lejos de querer burlarme de quienes forman parte de este pensar, pretendo establecer una relación entre los sentimientos más comunes y el razonamiento condicionado por ellos. En primer lugar, habría que analizar -quizás psicológicamente- la formulación de la premisa "la mente es un imán" o "la mente atrae las cosas", y tiene que ver con un deseo, y esto se compara y resulta demasiada similar a la premisa "la fe mueve montañas", de cualquiera de ambas formas, la raíz es la misma, y se relaciona con el miedo a lo desconocido, o el miedo de aceptación de la realidad. Cuando alguien dice "la fe mueve montañas" o "la mente atrae cosas", es una forma tácita de establecer una objeción hacia la realidad, puesto que si yo aceptara la realidad no andaría pensando que mi cerebro es capaz de traerme en bandeja situaciones que juzgaré buenas o malas según la experiencia con ellas. La aceptación de la realidad no conoce doctrinas de "debería ser" como un principio de pasividad, en todo caso, aceptaría el disgusto hacia un aspecto de la realidad y prestaría acción para cambiarlo, pero siempre desde la base de la comprensión de la misma previamente; por tanto, establecer una capacidad del cerebro de atraer sucesos determinados es en realidad un proceso que se da de esta manera:
"Si la realidad no me gusta, quiero que se vuelva de tal manera", luego digo que "la fe mueve montañas". si obtengo un mísero resultado positivo, establezco que "la mente atrae cosas", a partir de allí comienzo a percibir los fenómenos desde la base de esa superstición, y cuando ocurre un fenómeno que contradice mi premisa, en lugar de evaluarla y ponerla a prueba, evalúo y pongo a prueba la realidad y la re-interpreto diciendo "no ocurrió lo que quería porque no me mentalicé lo suficiente", como si se tratase de la premisa que yo sostengo una constante que no merece ser evaluada en absoluto, principio de vanidad.
Allí nos encontramos en un punto interesante, cuando vemos que "la mente atrae cosas" es una forma de decir "Si no te gusta la realidad como está dada, ¡inventá la tuya! Y si no logra cambiar totalmente a como te gustaría, entonces tomá estos lentes, sirven de filtro y a partir de ellos verás lo que te gustaría ver", y es entonces donde encontramos otro aspecto interesante: "la fe mueve montañas" es una forma de establecer que a partir de un deseo, de un sentimiento, se puede evaluar, percibir y retocar la realidad a gusto y placer sin tener por qué esforzarse un poco por analizar dicha realidad que toca vivir, así como a su vez, de la premisa "la mente atrae cosas" aplicando tanto a buenas como a malas, es una forma de decir "Yo no cometo errores, simplemente no pensé con suficiente intensidad", después de todo, es más fácil inventar un universo nuevo para disfrazar un error que admitir que se cometió, y más aún, que se ha cometido el mismo error durante toda una vida, lo cual ocurre mucho incluso por parte de quienes dicen tener un odio hacia la mentira, o una "vocación por la verdad" y se los suele atrapar denunciando hipocresías por doquier, ¿son entonces hipócritas? Según su lógica es posible, mas por ello no me considero amigo de esa palabra, porque en nombre de la hipocresía se evita pensar y reflexionar sobre la conducta humana, en nombre de la hipocresía se suele disfrazar la complejidad de la mente humana y de su propia naturaleza. Encerrarse en un tipo de lógica es perjudicial y vanidoso, porque se estaría estableciendo dicha lógica como la única posible, y es justamente esa la herramienta de los supersticiosos, porque gracias a establecer un monoteísmo lógico, disfrazan un pensamiento cargado de errores como una verdad irrefutable, es decir, que si para cada posibilidad de duda se tiene una respuesta, se estaría pasando de una completa incertidumbre a una completa seguridad, y de ahí reside el miedo a lo desconocido, o hacia una realidad que no es agradable.
Lucas Cianfagna.-

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