miércoles, 16 de marzo de 2016

Incursiones sobre el pensamiento trágico


"Así que el Laberinto se presenta como creación humana, del artista y del inventor, el hombre de conocimiento, del individuo apolíneo, pero al servicio de Dionisos, del animal-dios." Giorgio Colli

Charla sobre lo apolíneo y lo dionisíaco

En esta oportunidad me aparto del lugar cotidiano de escritura y pasaré a comentar sobre una charla de filosofía a la cual asistí el sábado 5 de marzo dada por Diego Singer, sobre la estética apolínea y dionisíaca que marca Nietzsche en su obra primera "El nacimiento de la Tragedia", su relación con la filosofía y la política en cuanto a los mitos griegos que son constitutivos de nuestra tradición occidental, un poco olvidados por una buena parte de la gente, cuyo fundamento se encuentra en la Tragedia griega. Este resumen y reflexión que me propongo hacer, se basa en los cuatro pilares de la charla, y me lo propongo con el fin de esclarecer conceptos que sirvan para una perspectiva política que rompa con un dogmatismo filosófico que nos viene ahogando hace siglos, y que encuentra en su desahogo (como consecuencia) este relativismo absurdo y profundamente nihilista.


Pesimismo de la fortaleza

Como he explicado en otros escritos tendientes a criticar restos de un pensamiento que resultan carentes de fundamento, y basados en una lógica del lenguaje -siempre arbitraria- cuyo modo de razonar no conoce más que proposiciones, tamaño vicio ha resultado para la humanidad este proceder, y aún persiste en las mentes menos preparadas la incapacidad de reconocer grados, de escepticismo y de rechazo a los conceptos absolutos, que no son más que una abstracción arbitraria de lo que se desea convertir en un valor universal; me propongo ampliar esta perspectiva para la consideración trágica. El optimismo racionalista traído por Sócrates, significó la muerte súbita de la Tragedia, trayendo la mirada calculadora sobre la vida, el optimismo que abraza una voluntad que resulta en "nada", puesto que dicho optimismo lo que abraza es la idea de un progreso lineal dado por el conocimiento, que traerá sino la posibilidad de transformar el ser mediante el objeto del mismo conocimiento, pero al ser una filosofía basada en principios que hoy vemos reciclados y muertos, debido a que su aspecto propositivo y dialéctico no es más que una forma baja de conseguir una supuesta "verdad" sobre algo, y además, hemos visto gracias al trabajo de varios filósofos contemporáneos mediante los nuevos enfoques hermenéuticos, que el ser, la esencia, la substancia y la "cosa en sí", no son más que vestigios de una metafísica que ha encontrado un fundamento sobre el error, y ello recae en, como mencioné, una lógica del lenguaje que conoce sólo un nivel de razonamiento básico propositivo, al analizar el lenguaje y hacer un análisis más allá de éste, se ve que el "sujeto", el "ser", la "esencia" no son más que ilusiones y metáforas, así como lo es también la idea de verdad y falsedad, por tanto podemos concluir con la idea original: el optimismo racionalista conduce a una voluntad de nada, por eso es que recuperar el aspecto de la filosofía de la Tragedia resulta algo de gran aporte al pensamiento, aprovechando semejante herencia que nos brinda una infinidad de herramientas para pensar más allá en afirmaciones contundentes y absolutas. Es por ello que el pesimismo nihilista es una consecuencia palpable de este optimismo racionalista, luego de caer en la cuenta de que hemos tratado de comprender un mundo antropomorfizado creyendo que descubríamos un mundo antropomórfico; es por ello que el planteo de esta primera parte es el de un pesimismo de la fortaleza, aceptando el aspecto trágico de la vida y brindarle una vivencia que refiera a su potenciamiento, y no a un mero cálculo utilitario. 


Justificación estética de la existencia

Dentro de los baches que se han encontrado en la postura del optimismo racionalista, también se ha detectado un aspecto fundamental, y es el deseo de la realidad fuera de tal o cual forma transformado (disfrazado) en un "debiera ser", que ha caracterizado la lente moral sobre los hechos. La moral es una rudimentaria producción utópica que postula su idea como pura racional, pero que en realidad tiene en su fundamento ontológico un principio irracional, una aversión hacia la realidad y un miedo hacia de lo que ella pueda salir, por eso se busca fabricar una realidad estable, buena, verdadera, segura y ordenada; cuando en lo real encuentra variación, degradación de la verdad, peligro y caos, y es por esto que la aceptación de un pesimismo de la fortaleza comienza por aceptar los aspectos más oscuros de la realidad y disponer de ella de la mejor forma, lo cual requiere una valoración estética, y esto va en contraposición a la valoración moral de la vida que no parece conseguir nada sin querer designar "cómo se debe ser, vivir y hacer", catalogando todo lo que encuentra en "bueno", "malo", "falso" y "verdadero", allí otro vestigio del uso arbitrario de la lógica del lenguaje. La causa y efecto resulta otro motivo de este abuso lógico, el cual parece sino segregar acontecimientos como si fueran aislados unos de otros, y pretende una causa y un efecto determinantes y concluyentes, cuando en lo real, el hilo de acontecimientos es infinito, por tanto, las nociones mencionadas responden sólo a la limitación de ver ciertas causas y ciertos efectos, lo cual no nos permite ver de forma total la sucesión de acontecimientos como un todo que conforma la realidad, y en ello también prima la aceptación de ella en todos sus grados, por ello la filosofía trágica resulta en una consideración estética de la existencia, que propone la propia apreciación de la perspectiva que no tenga que encajar en presupuestos morales, sino en los propios que cada cultura crea para sí. 


Política apolínea y dionisíaca

Dentro del hilo que vengo marcando respecto de la ruptura que hicieron varios filósofos con el optimismo racionalista, es importante marcar qué conceptos se crearon para desarrollar las corrientes contractualistas, las cuales serían el costado apolíneo de la política, así como el disertante de la charla mencionó el lado dionisíaco de la misma como aquellos aspectos donde la política no interfiere como es el caso de la fiesta (gran símbolo dionisíaco) donde se suprimen las jerarquías establecidas y los contratos. En cuanto a lo apolíneo, el contractualismo resulta una consecuencia de parte de esta filosofía dogmática en un contexto determinado donde se fundan los dos conceptos más importante de la ciencia política: el Estado y el Sujeto, que se mantienen como una antinomia en la cual cada uno tensiona a costa del otro, y acá es donde conviene poner un énfasis como centro de la cuestión:
-En primer lugar, el Estado es en sí mismo endiosado por el transcurso de la modernidad por su avance a nivel político y civilizatorio en cuanto a las formas organizativas, yo mismo lo sostengo, sin embargo, el problema ha sido el culto al Estado por el Estado, lo que es igual al culto de la política interfiriendo en cada cuestión de la realidad sin descanso alguno, lo cual ha sido el miedo pues tal cosa sería producto de la servidumbre de los pueblos hacia el Estado, o lo que se conoce como Estado total (advertencia de Zaratustra con respecto al Estado cuando éste quiere pretender hacerse pasar por el pueblo).
-En segundo lugar, el Sujeto ("sub-jectum": por debajo de lo que se evidencia) planteado como la otra parte de la antinomia, se basa en la idea de que nos determina un "Yo" (ego) que marcará el comportamiento a partir de nuestra sujeción a un supuesto contrato que determina costos y beneficios, toda idea contractualista se basa sobre este principio. La idea del Sujeto, parte de la determinación de algo previo a toda acción -de lo que he escrito infinidad de veces-, y el error reside en que la acción es la que luego va a dar forma a un sujeto que luego se toma por inversión de la conclusión, como lo que determina las acciones y es así cuando por costumbre, se piensan -en términos tocquevillianos- instituciones como necesarias e invariables, imposibilitando cualquier reforma sobre ellas.
Por otra parte, en cuanto a lo dionisíaco, además de la razón que mantiene cierto equilibrio para que no se llegue a un Estado total o a una política total, el aspecto dionisíaco concede el aspecto creativo, la pérdida del individuo (sujeto) y la posibilidad de una organización en un Todo, que evite por un lado la alienación individual, pero al mismo tiempo, que obtenga una armonía donde se encuentre la realización de la personas -ya que individuo es sólo lo indivisible- mediante su despliegue potencial (voluntad de poder) y a su vez no quede  toda su acción subordinada al puro interés de un Estado total, sino la consideración del Estado como herramienta o medio de la convivencia y el ordenamiento de una comunidad.


La importancia del enigma

Como mencioné antes, la importancia de un razonamiento más allá de las burdas proposiciones son la base para una consideración trágica de la existencia, que guarda el corazón de la filosofía trágica en el enigma. La Tragedia griega nos ofrece una gama muy completa de reflexiones filosóficas, por ejemplo, en Edipo, incluso según algunos estudiosos del tema, se encuentra el primer gesto filosófico. En una conversación muy agradable que tuve luego de asistir a la charla, surgieron dos perspectivas sobre Edipo que al principio parecerían diferentes, pero que juntas convergen en una conclusión común, y eso se debe a la posibilidad -como mencioné antes- de establecer un razonamiento a un nivel mayor que el lenguaje, en el cual, se pudo a partir de dos afirmaciones, reconocer ambas verdaderas o válidas, cosa que sería imposible en una lógica puramente proposicional. En dicha conversación se establecieron dos posturas:
-El enigma en la esfinge, a partir de que Edipo logra pensar más allá del razonamiento convencional, lo resuelve, considerándose la esfinge como símbolo de simbolismos èsta se suicida ante la ruptura con dicho pensamiento, queda entonces la posibilidad de reflexión más allá de lo formal, por tanto, se lo tomaría como el primer gesto filosófico.
-El enigma como el mismo Edipo, quien al resolver el problema de la esfinge, se vuelve él mismo enigma en base a su respuesta, como primer gesto filosófico de expresar la cuestión trágica y lo terrible de ser el primer héroe trágico que como su respuesta, sufre la determinación del destino.
La convergencia de ambas posturas radica en que si bien se podría tomar la interpretación de Edipo como resolviendo el enigma mostrando el primer gesto filosófico rompiendo con el pensamiento formal, por la respuesta misma de Edipo, que es "el hombre", no plantea el fin del enigma, sino por el contrario, la apertura hacia un enigma muchísimo más profundo y determinante en la filosofía posterior hasta el día de hoy, esto es, "el hombre" deja de ser la respuesta, para pasar a ser la pregunta de toda filosofía, alrededor de la cual tal respuesta comienza a ser la pregunta en mayor o menor medida, pero sin la cual, no habría gesto filosófico, y aquello es lo que se podría destacar como genialidad en la tragedia de Edipo. La esfinge parecería ser un simbolismo resuelto con un primer gesto filosófico, pero la pregunta no es cerrada, y es por eso mismo, que dicho gesto filosófico que tuvo como respuesta "el hombre", pasaría a ser una pregunta que, como Edipo, está determinada desde el comienzo, a nunca ser contestada del todo.

Lucas Cianfagna.-

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