martes, 23 de febrero de 2016

No tengamos miedo a la voluntad

"Poder es esa nueva virtud; un pensamiento dominante es, y en torno a él, un alma inteligente; un sol de oro, y al rededor de él, la serpiente del conocimiento." Así habló Zaratustra


Confusiones en torno al filósofo



Muchas veces leemos el término "voluntad de poder" y no podemos evitar como con muchos términos compuestos, separarlo sintácticamente, lo cual constituye el primer y quizás más importante error que modifica totalmente el modo de ver el término, y termina convirtiéndose en motivo de calumnia o de malentendidos. En primer lugar, como dije, no es posible hacer una separación en sentido de sujeto y predicado del término "voluntad (sujeto) - de poder (predicado)", sino que hay que entenderlo como la famosa "oración unimembre", o sea, como un predicado completo; esto es, la voluntad no quiere, la voluntad es querer, y tampoco conviene tomar el poder como sustantivo, ya que no refiere al poder en torno a lo que se conoce como un despotismo o una tiranía, muy que le pese a los lectores frívolos de la obra de Nietzsche, "voluntad de poder" es justamente lo contrario, y teniendo en cuenta la palabra "poder" como la "posibilidad" en términos de Gustavo Trifiló, pero para ampliar esa postura, propongo tratar el tema en mayor profundidad respecto de la "posibilidad" entendida como "poder". Una cosa es necesaria, nos decía el maestro de esta doctrina, "dar estilo al propio carácter", y eso se traduce en varias cosas: para empezar, tiene que ver con la disposición del propio cuerpo, lo cual significa que el cuerpo en nuestra natural falta de entendimiento hacia él, respecto de los impulsos y de las reacciones que éste tiene los cuales condicionan buena parte de nuestro pensar, podamos comenzar tomándolo como algo de lo cual disponemos para organizarnos. La falta de una noción del impulso condicionando la razón termina derivando en consecuencias no deseadas, por tanto el primer paso, es aceptar el propio cuerpo, y disponer de él para entenderlo y poder asimilar todo lo que acontece a nuestro alrededor, esto es, incluso aquello que podría sernos perjudicial, así como el cuerpo asimila una enfermedad en el momento en que la supera y logra salir de ella; lo mismo ocurre con las contradicciones, se trata de asimilarlas y sacar de ello lo que sirva para el cuerpo, lo que se llama tarea de "in-corporar", lo cual atañe a las naturalezas sanas, a diferencia de las naturalezas agotadas, quienes no pueden incorporar o asimilar, por tanto no les queda otra que tratar de eliminar la contradicción, y esto se aplica en cualquier orden de la vida. Por otro lado, dar estilo al carácter se trata de pulir aquello que está en bruto, habiendo superado la etapa primera de disponer del cuerpo, se comienza a trabajar sobre los propios gustos y sobre aquello en lo que solemos trabajar (en un sentido de dedicación), que conlleva a la refinación de los gustos y de las acciones, lo cual tiene que ver también con aquellas pasiones bajas, como la crueldad, que deviene en una cultura altiva, como un refinamiento, lo cual llamamos "prisión", o "condena por delito"; allí donde se instala un camino y una cultura, existe refinamiento y todo el proceso previo tiene que ver con la "voluntad de poder", lo cual volviendo al principio del mismo, se trata del impulso hacia organizarse, para luego organizar el propio entorno.




Algunas desmitificaciones



Hay una moda dentro de cierta izquierda más extrema, que apunta al odio sobre el orden o las jerarquías, lo cual es en realidad un desconocimiento mismo del caos y del valor de ordenar sobre él. En primer lugar, se considera al orden como propio de dictadores, tiranos o déspotas, cuando en realidad quien analiza un poco la composición de dichos regímenes, la reivindicación del caos como elemento organizativo se vuelve la regla común y hasta el medio para garantizar su posición en el tiempo. Es justamente, tomando lo anterior, que el tirano es una persona que ha decidido desconocerse, al punto tal, que en lugar de organizar su caos, prefiere trasladarlo hacia su entorno, ya que al ser una naturaleza débil o agotada, considera todo lo que no puede asimilar como una amenaza hacia su vida, lo cual es comparable a una persona que trágicamente sufre los embates del virus HIV -haciendo una salvedad obvia, en el sentido en que estas personas no deciden lo que les pasa-, y por causa de ello, el tirano no tiene las herramientas para asimilar, puesto que el sólo hecho de intentar hacerlo pone en riesgo la propia vida, y es justamente esa la predisposición que tienen los tiranos y los déspotas, y de ahí reside su en realidad amor...hacia el caos. Lejos de concretar una utopía de izquierda, el caos es favorable para estos demagogos y déspotas, que de izquierda tienen muy poco, o podrán tener mucho, pero de reaccionario les sobra, porque vivir sobre los cimientos de la nada les resulta más cómodo, y su naturaleza enferma no les permite disponer de sí mismos, y si nos detenemos en un país como el nuestro, donde la fragmentación a nivel social ha llegado a niveles insospechados, la idea de caos no puede resultar nunca una idea amigable, sino más bien lo contrario. Existe de parte de cierta juventud una reivindicación hacia la militancia de los 70, lo cual no es sino un síndrome de patología social, y teniendo en cuenta que algunos lo hacen desde una supuesta perspectiva peronista (lo cual es irreconciliable con la idea de Perón de organizar la comunidad), vuelve a reinar el absurdo, y esa idea de caos ha servido bien para unos cuantos demagogos y oportunistas, lo cual también ha logrado que se termine en un gobierno vaciado de contenido ideológico, como el que tenemos actualmente; tomando al buen Tomás Abraham, quien ha comprendido el rol de la política que viene, y quien entiende también esta necesidad de organización para vencer las dificultades y contratiempos de la Fortuna, dijo en una brillante frase "dividir es debilitar", y tiene que ver nuevamente, con la fragmentación y la idea de átomos dispersos, en lugar de conformar el todo organizado.




Constitución de una cultura



La voluntad de poder, además del término de "posibilidad", nos habla de una voluntad de disponer de uno mismo, organizarse y poder así organizar el entorno, lo cual se condice con la vieja idea de Aristóteles respecto de la política en la cual establece que para ser un buen gobernante se necesita ser un buen ciudadano. Es allí donde pongo la marca y donde establezco este concepto para evitar confusiones en torno al "hambre de poder" o "voluntad de despotismo", lo cual es sino todo lo contrario a la propuesta original. Todo pueblo se enfila detrás de una cultura que establece quien tiene voluntad de organizarlo. Por eso no podemos dejar de darle valor a nuestros próceres y a quienes se han encargado de construir y modernizar una sociedad más rica en diversidad, amplia e integrada en un todo, ejemplos sobran, pero recordemos como hito importante el establecimiento de una Constitución Nacional, más allá de las ideologías que eran parte de su época, la idea de establecer una no debería ser objeto de discusión, no lo fue para los unitarios y federales, en pleno siglo XXI no debería serlo para nosotros, en todo caso, la discusión sería qué constitución queremos. Para ello se empieza aprendiendo a aceptar las contradicciones, aprendiendo a asimilar y a incorporar, y esto es experiencia y aprendizaje, lejos de ser una idea violenta, es la noción de poder no como sujeto -como expliqué antes- sino de poder como un "querer" libre de un agente previo, sino que ese agente se establece luego de dejar a la acción librada a su voluntad de organizar, y aquello que llamamos "sujeto" o "agente", no es más que el resultado de la organización y el refinamiento del caos primero en un orden bien formado, lo cual solemos llamar "pueblo", "cultura", y sobre todo, aquello que erróneamente consideramos como algo pre-establecido, siendo en realidad una consecuencia histórica de las acciones de quienes nos pusieron delante de una cultura, la llamada identidad.


Lucas Cianfagna.-

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