"¿Qué misión tiene (hoy día) toda enseñanza superior? Hacer al hombre una máquina. ¿Cuál es el medio para conseguirlo? enseñarle al hombre a aburrirse." Friedrich Nietzsche
Restos de pensamiento gregario
En nuestra historia educacional, hablando precisamente de la ciencia, el mundo como lo conocemos es complejo y cambiante, y requiere esta actualización de contenidos, pero también de formas y estructuras, agendas, y modos de enseñanza; pero hay otro problema más importante, y esto tiene que ver con el contexto nacional en que se vive, y ya no con cuestiones que sean responsabilidad de un Ministro de Educación, o tal vez sí, pero en todo caso, el error viene de parte de todos. Hay un exceso de moralidad gregaria, o mejor dicho, de imperativo "nivelador" que nivela hacia "abajo", esto es, existe una consigna moral que toman muchos jóvenes hoy, y que tiene que ver quizás con la visión de los propios padres, cuya generación ha sufrido la famosa "crisis de los 40". Lo curioso sería analizar por qué ocurre esta crisis, y de esto ya hay suficientes trabajos en psicología que lo detallan, pero siendo concretos, se debe a una falta de pensar a futuro y de razonar a futuro, lo cual condujo a que las personas se decidan por buscar un trabajo lo más rápido posible -excluyendo de la cuestión a quienes se vieron obligados por necesidades económicas delicadas- de lo que sea, y en un contexto en que había una gran contención del Estado en perfeccionamiento laboral y en garantías, se optaba por conseguir el primer trabajo que se pueda, y luego tomar un cierto perfeccionamiento y aprendizaje en el mismo, y dedicarse a ello, cuidando el puesto como si fuera oro, con la idea de seguir en él incluso hasta el momento de jubilarse. Esta concepción de garantizarse el porvenir, daba muchos interrogantes, principalmente "si se iba a seguir en ese trabajo" y a medida que se va haciendo más grande uno, las formas de Estado cambiaron, y por ende más difícil conseguir un trabajo cuanto más avanzada es la edad, lo cual hace entendible una incertidumbre en ese aspecto y una crisis "de época" que haga caer en la cuenta a la persona, de que no ha reflexionado lo suficiente sobre su situación actual antes de llegar a ella, esto es, se dio el lujo de no reflexionar, y a raíz de ello, hoy no se puede dar el lujo de quedarse tranquilo. Esta visión a corto plazo y de instalar una necesidad -sin hablar de quienes realmente la tengan- sobre jóvenes que tienen posibilidad de dedicarse a estudiar, cultivar una profesión y garantizarse un mejor porvenir, se desdibuja en el hecho de considerar el trabajo una necesidad inmediata, sin importar la carrera, e incluso en casos, terminar o no el secundario. Quienes toman partido por el trabajo inmediato y de tiempo completo, en lugar de dedicarse al estudio, normalmente se debe a que los padres les han ordenado aquello, como si de lo contrario estuvieran siendo las personas más inmorales; y así la mente de los jóvenes cae en el mismo esquema de pensamiento "corto-plazo" de los padres, quienes habiendo tenido oportunidad de planificar a largo plazo, decidieron ir por el dinero, porque "me quiero comprar tal o cual cosa", "garantizarse la independencia" o traducido:"la independencia de culpa de reclamar menos dinero mientras se estudia", ¿no era eso lo que querían? Pero entonces se modifica la sentencia, y si se ve a quienes sí pueden estudiar, dedicarse a su carrera y cultivar algo mucho más importante que el deseo de comprarse cosas, que es la vocación; se opta por lanzar sentencias morales, se señala con el dedo a quien se quiera especializar y dedique su tiempo a lo que ama. Se usan sentencias como "Si trabajaras me llegarías a entender", "a la universidad se puede faltar cuando uno quiere", o "estudiar no es para tanto" curiosamente nunca he visto sentenciar a aquellos que forman parte de los trabajos pesados de fuerza y que requieren moverse mucho y desgastar una gran cantidad de energía, sino que en gran parte, quienes dicen esto resultan los cómodos empleados de oficina, quienes en gran parte del tiempo -admitido por ellos- no tienen gran cantidad de responsabilidades, las pueden delegar o incluso postergar, ya que además, tienen la suerte de conseguir un empleo en el cual no se requiera mucho más que un poco de energía y ganas de recibir un incentivo a fin de mes.
Eco en Tomás Abraham: "Estudiar es un trabajo"
Siendo uno el acusado, resulta chistoso que el empleado de pocas funciones, de responsabilidades postergables y de incentivo económico sea el capaz de juzgar moralmente, pero esto evidencia el carácter utilitario de la moral de la mayoría, es decir, de una situación de no-necesidad, se establece una conveniencia en dedicar tiempo completo a un empleo, se invierte el origen de esto y se establece un imperativo en ello, siendo que originalmente se eligió por conveniencia, pero como resulta inmoral para la mayoría buscar "lo conveniente", se inventa la moral. El considerar el estudio algo sencillo también tiene otro origen moral, y se sitúa en la virtud gregaria de la humildad, "yo no soy lo suficientemente hábil para esto, por lo cual tendré que justificarlo mediante una elección moral aceptable", "¿aquel tiene posibilidad de dedicarse en tiempo completo a su futuro? ¡Cómo se atreve!", "Seguro lo hace porque es lo más fácil, cualquiera podría estudiar y no hacer nada más", lo cual resulta fácilmente invertible: El hecho de poder estudiar y saber qué es lo que uno ama, constituye hoy una virtud de pocos, y es por esto que quien no la posea condene al que sí, desde la conveniencia del empleo fácil -de quienes no tienen necesidad- se pasa a una moral del empleo que resulta la verdadera opción de comodidad y deja en evidencia realmente, quienes pueden o no saber qué es lo que aman hacer, esto es, convertir la falta de un "cómo" para su vida, en una virtud que le dé un "por qué" a su mediocridad, quienes no soportan la incertidumbre de tener que actualizarse constantemente en sus saberes -la vida vocacional- porque plantearse esto les resulta abrumador, se opta por el trabajo por cumplimiento de jornada, y es allí donde la sentencia más fuerte llega a su origen contradictorio: "no estás aportando nada"es una forma de hacerse una auto-crítica, porque quien se dedica a su vocación, tiene millones de formas de aportar a su comunidad mediante su desborde de talento y creatividad, quien no posea ninguna de estas dos cosas, sabe que no aporta gran cosa realmente, no importa cuántas horas de trabajo ocupe, puesto que en el empleo de fácil realización subsiste el que lo ejerce más por la buena voluntad del empleador que por el empleado, quien es fácilmente reemplazable, lo cual deja ver que no se aporta más que lo que hubiera hecho otro. Principio de valoración de lo impersonal.
Falta de una ética de progreso
La cultura que permitió el "no-aprendizaje" es decadente. Los principios gregarios por los cuales decidir hacer lo que a uno le gusta parecieran resultar convenientes e inmorales, siendo que lo moral es buscar lo verdaderamente conveniente, que es "no saber lo que me gusta, ni interesarme por ello", pero entonces, ¡con orgullo soy un inmoral, yo sí sé lo que me gusta! Nuestra cultura no ha experimentado el contagio de una mentalidad que emprenda, y no me refiero al ámbito privado empresarial, sino a la vida. La vocación no es más que un "sí" a las vicisitudes de la fortuna, así como también decir "sí" a un desafío nuevo, porque si hay algo desalentador es esperar una gran vida haciendo siempre lo mismo, es un "no" a la crisis que muchos padres han sufrido por haber reflexionado sobre su futuro en medio de la marcha, es un "sí" eterno a encontrar nuevos retos y nuevos aprendizajes, a la actualización constante, el que se dedica a alguna ciencia como vocación o a trabajos de ingeniería o diseño porque es lo que se ama, se tiene que aceptar desde el comienzo la idea de que uno no deja de estudiar hasta que se muera, no se deja de aprender, no se deja de ser curiosos ni de esperar algo rutinario, ¡es precisamente eso lo que nos asusta! La virtud "impersonal" no es otra cosa que nombrar virtud a la carencia de una personalidad completa, es la reacción de quienes no pueden decir "sí", lo cual es un "no" eterno. Nosotros, los espíritus curiosos y decididos, no nos doblegamos con consignas morales y desalentadoras, y reitero: Quien dice que algo no se puede, es aquel que admite tácitamente que no se le ocurre un cómo, y ese cómo varía, lo importante es tener siempre un por qué para vivir.
Lucas Cianfagna.-

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