miércoles, 30 de diciembre de 2015

Errores milenarios del razonamiento



Para continuar con la enumeración de vicios del razonamiento, me propongo abordar el tema de la lógica y del erróneo uso del razonamiento, ya que trae muchas veces conclusiones erróneas por tener, como he mencionado anteriormente, un criterio equivocado.

Razonamiento primitivo: 
"La ley general original del sujeto conocedor consiste en la necesidad interior de reconocer todo objeto en sí, en su esencia propia, como idéntico a él, existente por él mismo, y que permanece en el fondo siempre semejante e inmóvil; en resumen, como una sustancia." dijo un ilustre lógico, y es allí donde propongo hacer énfasis y considerarlo como la forma más primitiva de razonamiento, comparable a la de un topo, quien no ve sino "cosas" iguales a él mismo, según su propia limitación visual. La lógica se compone a sí misma por grados, el primero de ellos consiste en la creencia. La cual se basa en el fundamento de la sensación de lo agradable o desagradable, lo cual constituye el segundo grado de lógica. El tercero resulta de dos sensaciones anteriores y a su vez aisladas, consiste en el razonamiento más básico de no buscar explicación ni origen a los sentidos, simplemente tomarlos como tales de forma aislada, como cuando uno tiene hambre y no se pone a reflexionar sobre los nutrientes que el cuerpo le está pidiendo, aísla el sentimiento y lo convierte en arbitrario, como si se tratase de algo incondicional. La metafísica ha cometido el error de ocuparse de estas dos cuestiones como disciplinas auténticas, cuando de hecho son errores fatales: tanto la incondicionalidad sustancial (la famosa "libertad de querer"), como la sensación de semejanza (siendo producto de una primitiva comprensión de los propios sentidos); los cuales no constituyen más que la herencia de una forma de razonar muy primitiva.

Error fatal del empirismo lógico: 
Otra gran equivocación surge de considerar el lenguaje como fuente de conocimiento, y esto se ve claramente en las matemáticas, el ejemplo más acabado del "logos". El error en lo matemático reside en su propio carácter de considerar cosas "idénticas", cuando no hay nada idéntico en lo real, estamos obligados a imaginar repetidos casos de "lo mismo", cuando ningún caso se repite de igual forma y con exactitud respecto a otro. Así mismo, el lenguaje ha servido muy bien para explicar de la manera más convincente y para convencer a otras personas sobre ideas delirantes y fenómenos que en un correcto análisis demuestran ser incorrectos. ¿Por qué ocurre esto? Porque el lenguaje no constituye más que una herramienta para nombrar a las cosas, pero no se debe nunca hablar de una cosificación de las cosas, como plantean en su ego los exponentes del Hombre "con mayúscula", sino que el lenguaje remite a una relación del humano con la cosa. Ésto adquiere mayor complejidad cuando entra en vigencia el racionalismo moralizante, y crea del lenguaje un código de sabios, que establece verdades únicas o explicaciones irrefutables, cuando de hecho una explicación irrefutable no es verdadera, sólo es irrefutable. El hecho de crear una expresión o una metáfora generalizada de las cosas, y olvidarse de ello, constituye otro de los saltos al vacío de la humanidad naufragando en su propio ego al considerar arbitrariedades y falacias como verdades. Este naufragio llega a su punto cúlmine cuando aparece el gran maestro de la moral racionalista y exclama aquel conjunto de palabras que no hacen más que envenenar el razonamiento: "la cosa en sí". Analicemos un poco esto, el lenguaje, cuyo origen remite a la expresión más prioritaria que logramos conseguir sobre las cosas para nombrarlas, establecido como sistema que al poco tiempo olvida que es una relación humana con respecto a las cosas, y que luego -como si fuera poco- pretenden decirnos que por ejemplo, el vaso en el que tomamos agua, no existe como tal, sino que es una copia, o más aún, que "el vaso en sí" viene antes que "el vaso". Error fatal de siglos considerar este tipo de razonamiento como correcto, ya que el lenguaje surge después de interactuar con la cosa, no antes; el lenguaje no puede ser nunca una justificación de un fenómeno, ya que como tal, corresponde a las ciencias formales, no empíricas. No existe una relación estrecha ni perfecta entre la cosa y el nombre, porque de ser así, habría un único idioma. El lenguaje es arbitrario, porque es un retrato de un contexto y una situación muy específica que se extiende a lo largo del tiempo para ahorrarnos el tener que crear un nuevo nombre para cada cosa, pero al olvidar ésto, cometemos el error de incurrir en una misma foto como la explicación verdadera, esto suena bastante familiar si lo piensan. El ego del Hombre "con mayúscula" se expresa en la necesidad de crear un sistema que considera que el universo actúa como espectador anonadado, mientras que en realidad, dicho sistema sólo sirve en una representación exclusivamente por y para el hombre, perdiendo su mayúscula, y demostrando que para ser humano, no se necesita esfuerzo, pero serlo demasiado es demente.

Figuras de "Chladni": 
Un físico alemán llamado Ernst F. F. Chladni, realizó un experimento que consiste en verter una sustancia granular (arena, sal, azúcar, etc) sobre una base -de metal en lo posible para mayor perfectibilidad- y ocasionar una vibración en el objeto, que puede ser con un arpa de violín, o si se usa un tubo cilíndrico, se puede causar una vibración soplando otro tubo perpendicularmente hacia el tubo base. Los resultados de la experimentación brindan el estudio de las ondas sonoras, formando figuras geométricas. Este experimento sirve muy bien para explicar que muchas veces otorgamos a los sentidos un saber que no lo tienen, y llegamos entonces a conclusiones apresuradas, en su mayoría, erróneas; lo cual es comparable al ejemplo de un sordo, que al presenciar este experimento cree entender sobre música por las formas que logra ver en la sustancia vertida. Las formas, no constituyen entonces, sino una mera conjunción de metáforas que consideramos verdaderas muchas veces, y que cometemos la equivocación de tratar de probar empíricamente algo mediante la lógica ("logos"), lo cual es totalmente inútil, ya que la lógica sólo explica el proceso según las formas de las cosas, y no el proceso mismo de las cosas. Es por eso que la ciencia ha querido desligarse de todo vestigio metafísico posible, empezando por la "esencia", la "sustancia", lo cual le tomó más o menos el mismo tiempo, pero triunfó. Lo que aún no ha podido desprenderse de ella, es "la causalidad" y "el fin último" de las cosas, derivadas también de "la cosa en sí" anterior, y "el ser en sí" ulterior, que aunque a muchos les pese, es también un vestigio de la metafísica sobre la ciencia la cual lleva cargando por varios siglos, es decir, sobre la filosofía antigua triunfante. El optimismo racionalista que no deriva sino en el pesimismo, es decir, un optimismo imaginario acaba llevando al pesimismo real, aunque se presenten de manera inversa ambas, es como una serpiente mordiéndose su cola, en algún momento, el veneno termina por actuar y todo lo que creíamos deriva entonces, en la nada. Lo cual se torna en algo tragi-cómico: "la cosa en sí" inalcanzable anterior, y el "ser en sí" ulterior, no deriva sino en el nihilismo, por no encontrar ni una, ni otra.


Lucas Cianfagna.-

Consideraciones sobre la metafísica de los sueños



A medida en que uno se adentra al pensamiento y a la búsqueda de respuestas a sus interrogantes que van surgiendo en su vida, su entorno, su historia reciente y hechos que rodean e involucran a uno, es propio tratar de buscar una razón para lo que acontece, aunque a veces no se tiene un criterio adecuado para ello. Así como Denes Martos explicaba en alguna ocasión, por más fundamentado y lógico que sea el planteo y resolución de un problema, si el criterio está equivocado, la conclusión muy probablemente lo esté también. Ésto sucede mucho a la hora de explicar fenómenos que el ser humano experimenta en lo general con casos conocidos de su historia misma, o bien, en lo particular con experiencias vividas.

Origen de las conclusiones prematuras: 
El sueño resultó para el ser humano su segundo mundo, un mundo en el cual era capaz de contemplar una serie infinita de creaciones y formas, que le permitían experimentar sensaciones tan vívidas, intensas y colosales. Durante los sueños, los órganos realizan sus funciones con movimiento constante, nuestra posición si bien es quieta, nos lleva a experimentar por las mantas que llevamos puestas y la comodidad el escenario apto para dejarnos llevar por imágenes, sonidos, incluso olores y hasta sensibilidad no cotidiana, debido a que las piernas están estiradas mayormente pero sin apoyar los pies genera dicho sentimiento extraño que nos produce todo tipo de emociones según las imágenes que experimentamos a causa de reacciones químicas y de las condiciones antes expresadas. En épocas pasadas se experimentaba todo esto, pero sin saberlo, de modo que el sueño se volvía mucho más intenso incluso luego de despertar, puesto que aquello que habíamos experimentado, pasaba por nuestros sentidos como lo real, como la esencia de lo que significa; el imperfecto reconocimiento y la errónea asimilación que produce el sueño la cual notamos luego de haber despertado, es la misma que produce un error del razonamiento, como me gusta llamarlo a mí, vicio del razonamiento, ya que es la claridad perfecta con la que uno siente y experimenta un sueño de manera en la cual uno lo cree real hasta incluso segundos después de haber despertado (si el sueño fue lo bastante intenso como para producir una emoción fuerte), esa sobre-excitación que producen los sueños eran los que producía la humanidad con frecuencia en épocas pasadas, exaltando pueblos y comunidades enteras, puesto que estos conocimientos neurológicos, no los tenía, y era entendible. Esa claridad que nos exalta sobre hechos que a priori no comprendemos y que cometemos el vicio de llenar con explicaciones inmediatas, ocurrencias, y cuestiones -metafísicas o no- que podrán tener una lógica formidable, pero que no constituyen en absoluto una respuesta empírica válida si no se estudia el fenómeno correctamente.

Error falaz de la seguridad en la experiencia: 
A menudo se comete el error -el cual veo muy seguido- de afirmaciones y hasta certezas esbozadas por parte de personas que buscan una explicación de una experiencia que vivieron. Como expliqué anteriormente, el método de las conlusiones inmediatas no es otro que el método empleado en los sueños para explicar lo que se experimenta sensorialmente en ellos, lo cual nos lleva a establecer varias cuestiones. Entre ellas, no todo lo se ve es real, ni todo lo que se escucha, ni todo lo que se huele siquiera, o aún, lo que es perceptible de ser sensible al tacto, tampoco se escapa de lo que puede ser algo de lo cual no tenemos aún plena conciencia y ésto es, de lo falibles que son nuestros sentidos. Algunos ejemplos podrán dar con esto, por ejemplo, la percepción del color según la recepción de la luz sobre las córneas constituyen la raíz de la discusión del famoso vestido que recorrió las redes "blanco y dorado", "azul y negro". La poca capacidad de distinción de nuestras retinas sobre los matices grises y negros, producida por un exceso del uso de luz, nos produce una distorción sobre los colores -mediante el choque entre la luz sobre el objeto- que nos permite ver el vestido "blanco y dorado", así como el acostumbramiento a diferenciar en lo oscuro colores y a no hacer demasiado uso de la luz en lo cotidiano, lleva a divisar el atuendo en el otro par "azul y negro". Este ejemplo es propicio para explicar que nuestros sentidos fallan y que nuestras conclusiones son en su mayoría apresuradas. Supongamos que tenemos dos bandos de personas que ven de una u otra manera dicho vestido, y ambas discuten para imponer su verdad, si ponemos 3 personas que lo ven azul y negro, y se encuentran con 10 que lo ven blanco y dorado, luego de tener esta explicación, ¿es propio decir que por el número de gente y que por el hecho de que esas 10 personas experimentan lo mismo tienen razón? Sucede que no 10, sino que hasta 10 millones de personas pueden experimentar una ilusión óptica, aún así esas 10 millones, no verían más que una ilusión. Esto podría parecer burdo, pero constituye una de las razones más fuertes mediante las cuales se explican hechos metafísicos como reales.
Otro ejemplo que puede explicar ésto de forma correcta, es el caso de la "Teoría de la Tierra Plana" por parte de Tales de Mileto antes del siglo VI a.c., la cual concluye en que el planeta Tierra es una superficie plana. Uno puede comprender y muchas veces, se ríe hasta de forma inocente alegando que, después de todo, era una humanidad muy anterior, y que no había tantos avances en la ciencia, quizás no para esta época, sin embargo un siglo después comenzaron por postular lo que hasta ahora se ha acogido. Pero volviendo al mito de la Tierra Plana, esta explicación se debe a algo bastante obvio. El ser humano es capaz de ver el horizonte y trazar caminos en línea recta, de manera en que saben que pueden caminar en línea recta durante kilómetros enteros, y nunca experimentó sensación distinta que la de ir en línea recta; pero es ahí donde está el meollo del asunto, la sensación es de línea recta, mas no la conclusión a la que se llegó luego. Gracias al desarrollo de la razón aristotélica, complementada -fuertemente- siglos más tarde con la Cartografía, las expediciones y viajes, se pudo llegar a un mismo destino propuesto, por dos extremos diferentes, lo cual prueba que la Tierra no sólo no es plana, sino que se ha llegado a un principio de esfera (no perfecta).

Así como el color del vestido nos parece irrefutable a nuestros ojos, y la Tierra le pareció irrefutablemente plana a Tales de Mileto, nuestras percepciones sensoriales no probaron ser más que eso, una prueba de la imperfección humana y del propio ego, de establecer certezas, ¡ay, ese convencimiento! ¡Cuánta sangre se derramó en nombre de convencidos, cuántas torturas y mutilaciones se han celebrado en honor a la única verdad! El ser humano ha enaltecido a la seguridad y a la certeza monumentos y monolitos más grandes que los menhires mismos, estatuas de hierro más altas que los castillos más soberbios, todo para alguna vez tener que defender con uñas y dientes tal edificación, ya que tanto trabajo se ha tomado en fabricarla, no podía permitirse que se convierta en un monumento a la vanidad, o al menos, trató el ser humano siempre de ocultarlo mediante esa cosa que ha impregnado a la humanidad de explicaciones que remiten a épocas pasadas y cuestiones que tienen que ver con la pereza intelectual, la vanidad colectiva y el egocentrismo santificado. El criminal más grande que ha pisado el conocimiento, fue el filósofo moderno.

Lucas Cianfagna.-

El cosquilleo del pasado, ¿vergüenza, nostalgia o superación?






Claramente a todos nos ha pasado, o al menos me atrevería a decir que a casi todos, el experimentar una leve sensación rara y confusa que uno siente entre el hoy y el ayer de la propia vida, esa conexión entre el presente y el pasado de uno, provocan un sentimiento de cosquilleo, en el cual uno puede sentir varias cosas dependiendo del presente y del momento en que encara uno el presente. Este abanico de sentimientos los experimenta también los pueblos, las sociedades en general de igual forma, aunque en medidas más borrosas y desvanecidas.
I. Negación: La negación hacia el propio pasado es muy común de aquellos que pretenden desconocerse a sí mismos, quienes pretenden hacerse con una imagen hecha por otros, o por un <<Otro>>. Lo mismo pasa con un pueblo, cuando desconoce su propia historia, o no la quiere recordar con precisión, o decide omitir algún recuerdo que le cause dolor o que le cause una sensación de angustia en relación a un descubrimiento que ha hecho de sí mismo, pero que aún no ha tenido el coraje de admitir ni mucho menos dejarlo a la vista de todos.
II. Nostalgia: Un residuo común sobre muchos, ¿quién no ha experimentado alguna vez ésto? ¿Quién no se ha dejado conmover por aunque sea un minuto, por aquello que pensamos que fue mejor o que dejó de ser por alguna razón terrible, o que pensamos que necesariamente debe volver porque fue un error el que se haya ido? Suele pasar, cuando uno se plantea si lo que ha hecho hasta el momento fue algo positivo o bueno para sí. Lo mismo pasa con los pueblos, cuando añoran un pasado que conocieron, o cuando admiran un pasado que ni llegaron a saborear, pero que los relatos de fogata le han bastado para despertar en él un deseo de vuelta atrás, de romanticismo. Todos lo hemos tenido alguna vez, la diferencia está en poder superarlo o no, y eso es justamente lo que se deben plantear muchos de los cuales ven valores del pasado como rescatables, o verdades como absolutas e inmutables, siendo que las verdades no son más que un conjunto de metáforas y metonimias que con el tiempo se gastan cual moneda cuyo valor se pierde hasta convertirse en puro metal. ¿No sería hora de crear nuestras propias monedas, nuestras propias metonimias y metáforas, es decir, nuestros propios valores?
III. Inocencia: La eterna inocencia del animal de nobles aspiraciones, aquella que hace y deshace y no se arrepiente ni por lo hecho ni por lo deshecho, todo para él es una experiencia, una vivencia, y puede darse el lujo de llevar a cabo los actos más honorables por sus propios impulsos naturales, que no son más que la aceptación de sí mismo, para darle un canal positivo a los impulsos. No es el ascetismo ni la represión, sino la aceptación de dichos impulsos lo que hacen que sea una fuerza creativa, una voluntad de crear, destruir y reconstruir, según sea necesario y se desee. La inocencia de los animales con grandes aspiraciones, aquel humano que dejó de valorar lo viejo, añorarlo o sentirse avergonzado, para aceptarlo, aceptar todo lo que venga de la existencia para poder ser UNO con la EXISTENCIA. Aceptar la carga del pasado, no renegar de él, llevar a cabo la propia existencia, sin negarse a sí mismo, un auténtico medidor de valor:  ¿Cuánta historia es capaz de soportar sobre sí? Se convierte en el peso más liviano una vez que se acepta tal carga, y es cuando uno puede poner su memoria en suspenso y así elegir qué es lo que necesita de ella, al mismo tiempo que pone su memoria en suspenso, pone sus recuerdos en suspenso, teniéndolos como simples retratos de algo que fue, de algo que necesitó saber para avanzar, para poder comprendernos a nosotros mismos. Como pueblo se dan también tales cosas, pero no le hablo principalmente a los pueblos, le hablo a aquellos individuos de grandes aspiraciones, de los más nobles ideales, de la personalidad más fuerte y capaz de crear aquello que dicen que ya vino creado.
Es ésa la idea de un nuevo hombre, un hombre que el Renacimiento necesitó para dar a luz a los nuevos ideales que traerían consigo la modernización política, el más dichoso arte y las expresiones más acabadas de lo que es la creatividad y el genio. La ciencia y el avance de la jovialidad frente a lo viejo y lo caduco, frente al dogma religioso y el cientificismo optimista-racionalista, oponemos un saber alegre y un arte que convierta al hombre en Dios. Son aquellos de nobles ideales los que sienten esa necesidad del espíritu de la manera más ontológica posible lo cual obliga a uno a la embriaguez, a esa necesidad de sufrir un letargo en el que temporalmente, los recuerdos se desvanecen para dar espacio a lo nuevo, a lo creativo, a lo sublime. Son épocas quizás excepcionales, como se vivió en su momento en Grecia con la Tragedia, en Italia con el Renacimiento, en Francia con el Neo-Clasisismo. La Argentina como foco de América debe guiar esa reconstrucción de unidad cultural que permite una civilización superior en todos los órdenes, pero no puede hacerlo, sin este tipo de aspiraciones de una sociedad de inquietudes diferentes, de aspiraciones diferentes y de personalidades diferentes que logren aspirar hacia una conquista de su propia existencia, para ser uno con ella.


Lucas Cianfagna.-