jueves, 12 de octubre de 2017

Día de la Raza: Respeto a nuestra diversidad americana


“Cuando los representantes de un determinado principio se revelan indignos, se hace de modo tal que el proceso en contra de éstos se extienda en seguida contra el principio en sí mismo, es más, se lleva sobretodo contra éste. En vez de limitarse a constatar que determinadas personas no están a la altura del principio y exigir que éstas sean substituidas por hombres calificados, por lo cual la situación de normalidad sea renovada, se afirma que el principio en sí mismo es falso, corrupto o decadente, que el mismo debe ser sustituido por un principio diferente.” Julius Evola

Sobre nuestro Día de la Raza, me urgen algunas reflexiones en torno a la decadencia cultural occidental, que toma un hecho tan trascendente y culturalmente enriquecedor como el de la Conquista y lo compara con un genocidio, sin tener el menor análisis serio sobre las civilizaciones anteriores, pretendiendo que se debe festejar la negación de dicho evento. Esto no significa que no podamos reconocer civilización anterior en los imperios existentes, pero que a la llegada de España, ya presentaban profundos signos de decadencia y de auto-aniquilamiento, con el detalle de que las poblaciones estaban en constante conflicto, el cual cesó luego de la Conquista. Pero pongámoslo en criollo, el Día de la Raza, lo convirtieron en el "día del respeto a la diversidad cultural", lo cual significa como dije, un día que celebra la negación de algo, y lo que es peor, la negación de nuestra identidad. Esto significa que la gran cultura occidental de hoy festeja negar hechos o arrepentirse de hechos, tener vergüenza de los hechos. No hay aceptación de la realidad, ni síntesis, mucho menos podemos pedir reducción de conceptos significativos para la mejor asimilación, desde ya. Una actitud infantil que pretende anular todo lo que no gusta de la historia, todo lo que parece "impropio". Como lo dice la cita que elegí, resulta absurdo criticar el principio simplemente por encontrar a los representantes que no están a la altura de la cualidad que el principio requiere, entonces optan automáticamente por cambiar de principio, así ocurrió también con los regímenes políticos y los sistemas de gobierno, instituciones, modos de organizarse; no obstante, tampoco se trata de hacer una defensa de lo pasado per se, eso sería absurdo, ya que las categorías que nos interesan en este día no son las temporales o puramente anecdóticas, sino más bien qué es lo que se puede trazar a partir del momento del hecho como originación de algo que podía mantener su cualidad propia más allá de encontrar o no representantes vivos, sólo basta con que alguien alcance dicho nivel para demostrar cuán vivo puede estar un legado, un principio, una doctrina o un valor. 

La identidad americana está muy poco conformada, o mejor dicho, muy poco estructurada en nuestras mentes para poder terminar de valorar esa gran asimilación que hubo en la recién nacida modernidad de Europa. España ha extendiendo por el contrario las tradiciones intactas en el territorio de América, pero consiguiendo un resultado asombrosamente mejor del que se esperaba, ya que incluso, el objetivo de la expedición era distribuir el Imperio Español por donde se pueda, incluso teniendo intención de acercarse a Oriente, con la sorpresa de encontrar algo nuevo, una nueva posibilidad, un nuevo renacimiento cultural y hasta ontológico. Lo que trascendió quedó simbolizado en la expedición, que dio como resultado lo que tenemos hoy, que ha tenido a pesar de ciertos conflictos internos, una conservación demasiado buena en cuanto a identidad e idiosincracia, pero que no hemos tomado la consciencia necesaria para integrarlo en nosotros mismos, y en nuestros pueblos, menos que menos en nuestros líderes, que viven intentando imitar a Europa por un lado (socialdemócratas) o bien tratan de hacer una apologética del indigenismo (populistas), ambos negadores de la gran tradición de nuestra identidad,  y continuando la dialéctica de lo decadente, unos desde la culpa y otros desde la victimización, en ambos casos vergonzosa. 

La literatura nos brinda la gran herencia del Quijote en su cinismo de anti-héroe, a modo tragicómico de cuestionamiento de una época. También nos brinda al Cid Campeador en cuanto a héroe épico, que no deja de tener sus tensiones y sus luchas internas, allí no se muestra un personaje de fantasía, muy por el contrario, se ve un héroe que tiene que decidir sobre aspectos mediocres o aspectos que lo definirían como héroe, optando por éstos últimos, pero nunca negando la constante condición del hombre de tener que luchar contra lo peor de sí mismo. Es aquel gesto de no bajar la espada nunca, de siempre actuar en consecuencia y cuanta mayor la dificultad mayor es el gesto de reacción, toda esa diversidad de valores se pueden encontrar también en nuestro Martín Fierro como la gran continuidad y apropiamiento de lo mejor de España, que culminó en América, nuestra América. No es nuestra intensión continuar guerras pasadas, ni enfrentamientos nacionales que ya no tienen vigencia, como el de Unitarios y Federales, ambos de alguna manera u otra han continuado aquello que se nos legó de nuestro Padre Patrio, que en decadencia supo ser tomado por nuestros libertadores, habiendo quedado trunco su proyecto de independencia, y ésto se vio inmediatamente en la guerra civil, y más adelante en los constantes enfrentamientos de dos facciones que hemos tenido a lo largo de nuestra historia. 

Hay una infinidad de razones por las cuales hemos auto-boicoteado cualquier proyecto a futuro que pudiera conformar finalmente una identidad nacional más allá de las pasiones inmediatas, los mundiales, los actos públicos y los libros de historia. Se trata de generar un sentir y un modo de entenderse a sí mismo como individuo diferenciado entre pares que comparten un valor, un principio y una dignidad, ya que a decir verdad, jamás se nos escucha llamarnos a nosotros mismos "americanos", sino sudamericanos o latinoamericanos, pero siempre desde el condicionante despectivo, como resignándonos a ser "la pobreza y la corrupción endémicos". Quizás debamos empezar por donde empezaron siempre los grandes, y no tratar de evangelizar a las personas de alguna forma u otra con la identidad, no empezar por lo más abarcativo para no apretar poco, y empezar en cambio, a mirarnos a nosotros mismos hacia adentro, para poder entender desde dónde nos paramos y poder empezar un camino que es largo y que es difícil, pero que nos probará como personalidades que se dispusieron a crear algo grande, desde la nada misma. Ya que como se dijo muchas veces, y los homenajes son la prueba viva de esto, el ejemplo no es la mejor forma de enseñar, es la única.

Lucas Cianfagna.-



martes, 18 de julio de 2017

Necesaria inversión de valores


"Las épocas vigorosas vieron en la falta de egoísmo algo despreciable." Friedrich Nietzsche


La organización de la sociedad de masas de la cual somos hijos, ha llegado a su inminente fin hace ya unos años, incluso los sistemas electorales ya no se manejan de forma partidaria sino resaltando los espacios en base a un liderazgo o un bloque específico, inclusive supuestamente bajo una misma ideología política como pueden ser los casos de los diversos peronismos, radicalismos, o incluso diversos partidos de izquierda troskista o socialista. Aunque lo curioso, es que a pesar de esta muerte de las democracias de masas o de los liderazgos que representan a clases sociales específicas, parece que la pendiente continúa, es decir, la demagogia, la decadencia, esto es, la socialización.

¿En qué consiste la socialización? ¿Por qué podemos llamarla demagogia? ¿Por qué es decadente? Todas las preguntas deben ser respondidas debidamente, porque estamos equivocando bastante el camino hacia una mejoría, por ser generoso con las necesidades. La socialización constituye un engaño, una trampa, aquella que quiere solucionar los problemas sólo en la superficie, donde parecen que todas las soluciones simples son las que más gustan a los oídos, y que la exacerbación de las "buenas consignas", y de las "simples soluciones" conmueven a muchos ciudadanos, que viendo las complicaciones de los distintos gobiernos, desde la oposición siempre resulta cómodo plantearlas, peor aún es cuando se plantean desde el gobierno, como lo son el caso de pretender combatir la inflación poniendo una cantidad de productos a precios controlados por el gobierno mismo, ¿combate la inflación? De ninguna manera, pero simula compromiso y decisión, lo cual no hace más que enmascarar la demagogia, nuevamente. Pero de ninguna manera esto es un problema de un partido o de un espacio, o siquiera de un gobierno, de hecho, el actual gobierno también realiza este tipo de acciones demagógicas, como es el caso que pretende hacer la reforma impositiva cuando vengan inversiones y el país crezca, es absurdo, pasa justamente al revés. El problema de no querer dar saltos cualitativos y sólo se fijen en dar saltos cuantitativos (más votos para elecciones inmediatas, pensamiento a corto plazo) en nuestra historia es progresivo (negativamente), y lo viene siendo hace tiempo. Incluso aquellos movimientos que pretendían hacer algo distinto en ese aspecto, o han terminado siendo cooptados, o sus partidos fueron desgarrados desde su centro, como lo son los dos partidos más importantes de Argentina: el radicalismo y el justicialismo.

Ambos movimientos empezaron por buscar una integración a la vida de la organización nacional a distintos sectores que comenzaban a ser cada vez más productivos económicamente, pero dicha integración no se veía en sentido clasista, sino más bien, "poner las piezas que faltan" y re-ubicar lo que queda para que la rueda siga girando, el problema fue cuando por falta de estructuración de los principios y las ideas, ambos movimientos acabaron dispersos por los elementos socializantes y clasistas, mientras que sus partidos se oligarquizaron, sufrieron la gangrena de lo inmóvil, y con ello, la imposibilidad de alcanzar su propia progresividad, su propia mejora constante. En el momento en que se trató de depurar las propias ideas para salir de la contaminación de estos elementos demagógicos, ya era demasiado tarde, en el caso del radicalismo, sus más valiosas perlas dieron un salto en apoyo del naciente justicialismo, y en el caso de este último, acabó por devorarse a sí mismo en sus mejores cuadros, y hoy día hay muy poco del movimiento puro que exista (por no decir que casi nada) y en su partido se consolidan el catálogo más vasto de los peores elementos de la política, apagando el deseo de muchos de cualquier nuevo intento de devolución a su mejor senda. Fuera de esos dos ejemplos históricos, los demás partidos no conforman más que una maraña de incoherencias por un lado y de extremismo totalitario por otro. Pero más allá de las profundas diferencias, todos coinciden en algo: la socialización, la nivelación de los individuos y la mediocridad de soluciones, que como dije, apuntan al efecto y no a las causas, inclusive muchas veces se las confunde, lo cual habla de la vergonzosa calidad que tiene la clase dirigente nacional. El hombre es una cuerda, un limbo entre la bestia y el super-hombre, diría a quien cité en el comienzo, y eso se ve también en la (in)evolución de los espacios en sus propuestas y en el enfoque de las ideas, que a simple vista denota que carecen de visión general, incluso desconocen cuál es la raíz profunda de su pensamiento, no les pertenece, alguien se las dio prestada, arrendada, para luego cobrarse el peso de intereses, y los intereses suben, así como la decadencia se profundiza: una idea dejada librada a su propia suerte es la pasividad de soltarse en el limbo, la mediocridad no se mantiene mucho tiempo en su propio peso, si no se dirige uno hacia lo más alto, desciende cada vez más.

En cuanto a la nivelación de los individuos, también se dice mucho entre dirigentes y algunos periodistas, de que nuestra sociedad va al colapso por el egoísmo, ¿cómo? Si de lo único que se habla en política es de la buena caridad, las buenas intenciones sociales y la gran sensibilidad desinteresada, y para colmo se vota con ese criterio, ¿cuál egoísmo entonces? Yo diría más bien, la falsa moralidad, o el moralismo de ponderar el desinterés...en el otro, claro, ya que el desinterés de los demás es un beneficio para uno, es decir, aquellos que ponderan con más fuerzas la caridad y el altruismo son quienes buscan en aquello un beneficio, ya sea porque lo hacen y buscan su "justa retribución", o bien, cuando el otro se inmola en nombre de todos. Se constituye entonces la ponderación del sacrificio colectivista, lo cual deja ver que aquella moral del desinterés esconde un profundo interés por mantener un status mediocre, tanto por parte de los dirigentes, como por parte de quienes pierden el interés supremo en sí mismos, no ven más allá del momento inmediato, y en consecuencia, por olvidarse de su egoísmo, de ocuparse de sí mismos, olvidan también cómo ocuparse correctamente de los otros, a quienes quieren en vano, hacer un bien. En el caso de los dirigentes, esto se ve en su falta de visión a futuro, falta de planificación, y también alimentado por un sistema pésimamente diseñado, donde el incentivo es precisamente vivir pura y exclusivamente del hoy, el diseño de este funcionamiento hace que las autoridades máximas, las que forman a la población y le dan un rumbo y una cadencia, terminen contagiando y hasta obligando por instrumentar políticas fallidas que incentivan a la población a contagiarse de esta falta de futuro, ¿quiénes les han prestado a nuestros antecesores la esponja para borrar nuestro horizonte? Si bien los políticos tienen muchísima culpa en esto, las personas como individuos pudiendo re-afirmarse y luchar taxativamente contra todo este estado de cosas, eligieron la pasividad de la situación y la conformidad, que les permite cada tanto un rato de soberbia, en el cual se lavan las manos siempre diciendo "la juventud está perdida", cuando se olvidan de que la juventud la formaron ellos.

Nuestra generación al estar profundamente desconectada de la anterior, siente hasta desprecio por los caminos y por los valores ponderados por nuestros antecesores, y me incluyo, ya que al ver un conjunto cada vez más pronunciado de fracasos cada vez peores, no podemos encontrar allí ningún ejemplo a seguir. Aunque a pesar de esto, debemos tomar esta situación heredada no como una horrible contingencia, la actitud a tomar en esto es una profunda inversión de valores, y tomar esto como un reto, elegir y abrazar lo que nos ha tocado, para hacer de la situación algo elegido por nosotros, para probarnos, y demostrar que el ser humano no es un mero ser que reproduzca objetos de placer y de consumo, sino también lleva consigo lo más alto, la capacidad de crear la realidad en la que vive, y desplegar todo su potencial de libertad, la libertad que crea. No se nace libre, se elige serlo mediante una completa valorización del mundo que se encuentra ante nosotros, ya no como una cosa extraña, sino como una extensión de nosotros mismos, como un acto de dominio para con las cosas y las realidades. Es ésta entonces la base que nos permitiría salir de la absoluta incertidumbre, la afirmación de la personalidad y del individuo constituye la base para contagiar a los demás, quitarles el sentimiento gregario y socializante, desprenderlos de la demagogia de depender del otro, y enseñarles sobre soberanía personal, ya que otra forma no existe de conseguir un objetivo aún mayor como lo es la organización nacional, para los futuros dirigentes, la tarea es el culto por la realización personal, para que de una buena vez, la población no se contente con rendirle culto a un líder "X", sino también y principalmente a sí mismos, culto a la propia elección de vida, de acuerdo a la orientación de cada uno. La mejor inclusión que se puede dar no es amontonar personas como ganado para que dependan de las prebendas, sino brindar un lugar, un estamento donde cada quien dedique su vida a lo que su propia perspectiva lleve, contribuyendo al bienestar de la población en su conjunto sin conformismo, ya que no habrá mejor ejemplo que aquel en donde la búsqueda no sea de la conformidad, sino ya de la excelencia.

Lucas Cianfagna.-


miércoles, 28 de junio de 2017

Ethos del Estado




"El Estado es el poder que pretende otorgar a tales valores el peso que a los mismos les corresponde en un ordenamiento normal, realizando así la idea de 'justicia' en sentido superior." Julius Evola

El nivel de organicidad de un Estado está íntimamente relacionado con la libertad, en la medida en la cual el Estado funcione como un órgano de representación de la comunidad. Esto lo he dicho hasta el hartazgo, pero conviene que sea recordado, ya que muchas veces se olvida el fundamento del Estado, y tal olvido nos lleva a consecuencias catastróficas, como son los casos de tiranía, lo que Charles Taylor definía de los hegelianos y rousseaunianos como "aquel delirio moderno por los antiguos", que no es más que exaltar aquella concepción del Estado como una entidad divina. La razón por la cual esta concepción estatal es peligrosa es bien conocida, y varios filósofos del ámbito del Idealismo germánico lo han previsto con una gran agudeza y el caballo de Troya lo tuvieron con Hegel, donde la organización estatal se la considera de carácter divino, se pierde el carácter divino del individuo, y así se pierde también la noción de personalidad y de individuo absoluto, y el absoluto pasa a ser el Estado, cosa que le ha costado al pobre Schelling su vida académica, pero luego de un siglo demostró tener razón. Tal y como Nietzsche explicara en su texto póstumo "La lucha de Homero", la función del estado helénico no era sino la de fortalecer el vínculo social mediante el impulso al constante perfeccionamiento de sus ciudadanos, en la medida en que cada uno compita y buscase lo mejor para sí, se circunscribía en un marco de potenciar las aptitudes de todos respecto de la patria, y con ello su elevación. Allí no había una consideración divina del Estado, sino más bien una consideración divina de los potenciales de las personas que el Estado hacía posible que se diesen. Esto deja ver la razón principal por la que países como el nuestro se viesen en el problema de la dependencia sobre el Estado, y tiene que ver con que la idea del individuo absoluto brilla por su ausencia, en un sentido de auto-determinación y soberanía personal que hiciera posible que la comunidad funcione en base a ciudadanos libres, y que el Estado lo hiciera como la herramienta que permita esta convivencia y cooperación social sin encadenamientos, esto es, evitar el totalitarismo, cosa que es posible solamente en una idea orgánica y que funcione en base a la voluntad, no a la coacción.

Esta idea que potenciaba la afirmación personal en base a una organización estatal que fuera la promotora de la misma idea se vio en el período dorado del Imperio Romano, así como también en el re-establecimiento de la idea imperial durante el temprano Medioevo con Carlo Magno en el Sacro Romano Imperio, y aunque también les ha valido el período de rebelión de la Liga Lombarda en los territorios de las famosas comunas que pensaban separarse, y tras perder en el campo de batalla, Federico de Barbarroja logró negociar la recuperación de dichas comunas mediante la normalización de la autoridad las cuales anteriormente venían sumiendo en ciertas injusticias a la población, lo cual demuestra que muchas veces el problema que pareciera de raíz económica es profundamente político, y quien tenía la legítima autoridad era quien re-establecía el normal ordenamiento de la política por encima de la economía. Esto también es importante, debido a que la demagogia se produce a partir de considerar el problema meramente económico, y en lugar de abogar por el establecimiento de un orden político legítimo, se busca garantizar la prebenda para beneficiar a demagogos que hacen del Estado un botín del cual hacerse, buscando el beneplácito de una población la cual termina siendo rehén de ellos, lo cual hemos vivido en gran parte en estos últimos años de forma exacerbada, y deja ver los peligros de no renovar autoridades cuando es necesario en pequeños estados, al momento de acceder al Estado nacional ya es demasiado tarde para todos. 

Evidentemente esta oligarquización de la política se da en el marco de esta concepción de Estado-dios para la población y por otro lado de Estado-botín para la clase dirigente, conforma la definición de aristocracia en decadencia, o bien, oligarquía. Maquiavelo que ha estudiado este problema en profundidad nos da las pautas necesarias, incluso reconoce los vicios del Imperio Romano que han potenciado su caída, y vio también en el ejemplo que di más arriba que los germanos habían entendido estas cuestiones, por supuesto que luego se han equivocado en otras cosas, pero el entender que la organización estatal debe potenciar las aptitudes de cada uno en lugar de esclavizar a todos de diversas formas, esto Maquiavelo ya lo había visto, y en ello basó su idea de unificar Italia y consolidar el poder estatal en desmedro de la fragmentación que pretendían los pequeños estados provinciales. En Argentina este problema es bien conocido, y acá tenemos ejemplos claros de personas que han estudiado estas problemáticas que tienen que ver con cómo los poderes provinciales actúan en desmedro no sólo del Estado nacional, sino también de aquellas provincias que se han desarrollado mejor, sufriendo la auténtica tiranía de la pobreza en las expresiones más tiránicas de oligarquías provinciales. Edward Gibson y Ernesto Calvo se han dedicado a estudiar el problema argentino relacionado con la organización federal, y han llegado a la conclusión de que el sistema federal vigente tiene como resultado la restricción de que el gobierno nacional pueda tomar decisiones de manera eficiente sin tener que contar con la aprobación de senadores y legisladores provinciales que están al acecho de no perder un abultado presupuesto con el cual pagar la mitad de la población en empleados públicos y mantener esclavizada a la otra mitad. En Argentina las provincias más castigadas por gobernadores demagogos son las que más están representadas legislativamente, a diferencia de las provincias mejor desarrolladas las cuales tienen que sufrir una peor coparticipación y las cuales se tienen que rendir ante el partido de turno con el fin de lograr mantenerse en pie, es decir, el sistema de incentivos está pésimamente diagramado y funciona como un perfecto sistema orientado al estancamiento crónico que vivimos hace años. 

El ethos del Estado debiera ser entonces para la clase política, el de un órgano que represente a la comunidad en su conjunto y para la población, que promueva las propias potencialidades junto a la soberanía personal, esto requiere también una reorganización de la administración pública, que combinada con los avances tecnológicos garantizaría un Estado eficiente y mucho más abordable en términos de presupuesto, es decir, dejar de gastar más de lo que se tiene. Por otra parte, el federalismo como lo tenemos debe ser re-planteado, hay que entender claramente esto, la organización federal es totalmente restrictiva para que se respete la sub-división vertical del poder "Nación-Provincias-Municipios", y resulta restrictiva a la hora de la toma de decisiones ejecutivas. Restaurar un orden nacional y federal requiere que la concepción política sea más centralista, y en lo cultural dejar de considerar nuestra fundación nacional como un hecho pactado entre provincias, sino que por el contrario se necesita dar una concepción de nacionalidad que da identidad a sus sub-divisiones, es decir, Argentina es primero, luego las provincias. Un federalismo nacional centrado en el gobierno federal mantendría las autonomías las cuales no se pueden suprimir de manera alguna, pero que la centralidad esté en quien detenta la responsabilidad más alta, para que no sea ésta condicionada por las autoridades inferiores a la hora de tomar decisiones que afecten a la nación en su conjunto, que una parte se arrogue la potestad del todo es una anomia, y tenemos el compromiso de corregirla para que las cosas funcionen bien.

Lucas Cianfagna.-