"Las épocas vigorosas vieron en la falta de egoísmo algo despreciable." Friedrich Nietzsche
La organización de la sociedad de masas de la cual somos hijos, ha llegado a su inminente fin hace ya unos años, incluso los sistemas electorales ya no se manejan de forma partidaria sino resaltando los espacios en base a un liderazgo o un bloque específico, inclusive supuestamente bajo una misma ideología política como pueden ser los casos de los diversos peronismos, radicalismos, o incluso diversos partidos de izquierda troskista o socialista. Aunque lo curioso, es que a pesar de esta muerte de las democracias de masas o de los liderazgos que representan a clases sociales específicas, parece que la pendiente continúa, es decir, la demagogia, la decadencia, esto es, la socialización.
¿En qué consiste la socialización? ¿Por qué podemos llamarla demagogia? ¿Por qué es decadente? Todas las preguntas deben ser respondidas debidamente, porque estamos equivocando bastante el camino hacia una mejoría, por ser generoso con las necesidades. La socialización constituye un engaño, una trampa, aquella que quiere solucionar los problemas sólo en la superficie, donde parecen que todas las soluciones simples son las que más gustan a los oídos, y que la exacerbación de las "buenas consignas", y de las "simples soluciones" conmueven a muchos ciudadanos, que viendo las complicaciones de los distintos gobiernos, desde la oposición siempre resulta cómodo plantearlas, peor aún es cuando se plantean desde el gobierno, como lo son el caso de pretender combatir la inflación poniendo una cantidad de productos a precios controlados por el gobierno mismo, ¿combate la inflación? De ninguna manera, pero simula compromiso y decisión, lo cual no hace más que enmascarar la demagogia, nuevamente. Pero de ninguna manera esto es un problema de un partido o de un espacio, o siquiera de un gobierno, de hecho, el actual gobierno también realiza este tipo de acciones demagógicas, como es el caso que pretende hacer la reforma impositiva cuando vengan inversiones y el país crezca, es absurdo, pasa justamente al revés. El problema de no querer dar saltos cualitativos y sólo se fijen en dar saltos cuantitativos (más votos para elecciones inmediatas, pensamiento a corto plazo) en nuestra historia es progresivo (negativamente), y lo viene siendo hace tiempo. Incluso aquellos movimientos que pretendían hacer algo distinto en ese aspecto, o han terminado siendo cooptados, o sus partidos fueron desgarrados desde su centro, como lo son los dos partidos más importantes de Argentina: el radicalismo y el justicialismo.
Ambos movimientos empezaron por buscar una integración a la vida de la organización nacional a distintos sectores que comenzaban a ser cada vez más productivos económicamente, pero dicha integración no se veía en sentido clasista, sino más bien, "poner las piezas que faltan" y re-ubicar lo que queda para que la rueda siga girando, el problema fue cuando por falta de estructuración de los principios y las ideas, ambos movimientos acabaron dispersos por los elementos socializantes y clasistas, mientras que sus partidos se oligarquizaron, sufrieron la gangrena de lo inmóvil, y con ello, la imposibilidad de alcanzar su propia progresividad, su propia mejora constante. En el momento en que se trató de depurar las propias ideas para salir de la contaminación de estos elementos demagógicos, ya era demasiado tarde, en el caso del radicalismo, sus más valiosas perlas dieron un salto en apoyo del naciente justicialismo, y en el caso de este último, acabó por devorarse a sí mismo en sus mejores cuadros, y hoy día hay muy poco del movimiento puro que exista (por no decir que casi nada) y en su partido se consolidan el catálogo más vasto de los peores elementos de la política, apagando el deseo de muchos de cualquier nuevo intento de devolución a su mejor senda. Fuera de esos dos ejemplos históricos, los demás partidos no conforman más que una maraña de incoherencias por un lado y de extremismo totalitario por otro. Pero más allá de las profundas diferencias, todos coinciden en algo: la socialización, la nivelación de los individuos y la mediocridad de soluciones, que como dije, apuntan al efecto y no a las causas, inclusive muchas veces se las confunde, lo cual habla de la vergonzosa calidad que tiene la clase dirigente nacional. El hombre es una cuerda, un limbo entre la bestia y el super-hombre, diría a quien cité en el comienzo, y eso se ve también en la (in)evolución de los espacios en sus propuestas y en el enfoque de las ideas, que a simple vista denota que carecen de visión general, incluso desconocen cuál es la raíz profunda de su pensamiento, no les pertenece, alguien se las dio prestada, arrendada, para luego cobrarse el peso de intereses, y los intereses suben, así como la decadencia se profundiza: una idea dejada librada a su propia suerte es la pasividad de soltarse en el limbo, la mediocridad no se mantiene mucho tiempo en su propio peso, si no se dirige uno hacia lo más alto, desciende cada vez más.
En cuanto a la nivelación de los individuos, también se dice mucho entre dirigentes y algunos periodistas, de que nuestra sociedad va al colapso por el egoísmo, ¿cómo? Si de lo único que se habla en política es de la buena caridad, las buenas intenciones sociales y la gran sensibilidad desinteresada, y para colmo se vota con ese criterio, ¿cuál egoísmo entonces? Yo diría más bien, la falsa moralidad, o el moralismo de ponderar el desinterés...en el otro, claro, ya que el desinterés de los demás es un beneficio para uno, es decir, aquellos que ponderan con más fuerzas la caridad y el altruismo son quienes buscan en aquello un beneficio, ya sea porque lo hacen y buscan su "justa retribución", o bien, cuando el otro se inmola en nombre de todos. Se constituye entonces la ponderación del sacrificio colectivista, lo cual deja ver que aquella moral del desinterés esconde un profundo interés por mantener un status mediocre, tanto por parte de los dirigentes, como por parte de quienes pierden el interés supremo en sí mismos, no ven más allá del momento inmediato, y en consecuencia, por olvidarse de su egoísmo, de ocuparse de sí mismos, olvidan también cómo ocuparse correctamente de los otros, a quienes quieren en vano, hacer un bien. En el caso de los dirigentes, esto se ve en su falta de visión a futuro, falta de planificación, y también alimentado por un sistema pésimamente diseñado, donde el incentivo es precisamente vivir pura y exclusivamente del hoy, el diseño de este funcionamiento hace que las autoridades máximas, las que forman a la población y le dan un rumbo y una cadencia, terminen contagiando y hasta obligando por instrumentar políticas fallidas que incentivan a la población a contagiarse de esta falta de futuro, ¿quiénes les han prestado a nuestros antecesores la esponja para borrar nuestro horizonte? Si bien los políticos tienen muchísima culpa en esto, las personas como individuos pudiendo re-afirmarse y luchar taxativamente contra todo este estado de cosas, eligieron la pasividad de la situación y la conformidad, que les permite cada tanto un rato de soberbia, en el cual se lavan las manos siempre diciendo "la juventud está perdida", cuando se olvidan de que la juventud la formaron ellos.
Nuestra generación al estar profundamente desconectada de la anterior, siente hasta desprecio por los caminos y por los valores ponderados por nuestros antecesores, y me incluyo, ya que al ver un conjunto cada vez más pronunciado de fracasos cada vez peores, no podemos encontrar allí ningún ejemplo a seguir. Aunque a pesar de esto, debemos tomar esta situación heredada no como una horrible contingencia, la actitud a tomar en esto es una profunda inversión de valores, y tomar esto como un reto, elegir y abrazar lo que nos ha tocado, para hacer de la situación algo elegido por nosotros, para probarnos, y demostrar que el ser humano no es un mero ser que reproduzca objetos de placer y de consumo, sino también lleva consigo lo más alto, la capacidad de crear la realidad en la que vive, y desplegar todo su potencial de libertad, la libertad que crea. No se nace libre, se elige serlo mediante una completa valorización del mundo que se encuentra ante nosotros, ya no como una cosa extraña, sino como una extensión de nosotros mismos, como un acto de dominio para con las cosas y las realidades. Es ésta entonces la base que nos permitiría salir de la absoluta incertidumbre, la afirmación de la personalidad y del individuo constituye la base para contagiar a los demás, quitarles el sentimiento gregario y socializante, desprenderlos de la demagogia de depender del otro, y enseñarles sobre soberanía personal, ya que otra forma no existe de conseguir un objetivo aún mayor como lo es la organización nacional, para los futuros dirigentes, la tarea es el culto por la realización personal, para que de una buena vez, la población no se contente con rendirle culto a un líder "X", sino también y principalmente a sí mismos, culto a la propia elección de vida, de acuerdo a la orientación de cada uno. La mejor inclusión que se puede dar no es amontonar personas como ganado para que dependan de las prebendas, sino brindar un lugar, un estamento donde cada quien dedique su vida a lo que su propia perspectiva lleve, contribuyendo al bienestar de la población en su conjunto sin conformismo, ya que no habrá mejor ejemplo que aquel en donde la búsqueda no sea de la conformidad, sino ya de la excelencia.
Lucas Cianfagna.-

No hay comentarios.:
Publicar un comentario