"El Estado es el poder que pretende otorgar a tales valores el peso que a los mismos les corresponde en un ordenamiento normal, realizando así la idea de 'justicia' en sentido superior." Julius Evola
El nivel de organicidad de un Estado está íntimamente relacionado con la libertad, en la medida en la cual el Estado funcione como un órgano de representación de la comunidad. Esto lo he dicho hasta el hartazgo, pero conviene que sea recordado, ya que muchas veces se olvida el fundamento del Estado, y tal olvido nos lleva a consecuencias catastróficas, como son los casos de tiranía, lo que Charles Taylor definía de los hegelianos y rousseaunianos como "aquel delirio moderno por los antiguos", que no es más que exaltar aquella concepción del Estado como una entidad divina. La razón por la cual esta concepción estatal es peligrosa es bien conocida, y varios filósofos del ámbito del Idealismo germánico lo han previsto con una gran agudeza y el caballo de Troya lo tuvieron con Hegel, donde la organización estatal se la considera de carácter divino, se pierde el carácter divino del individuo, y así se pierde también la noción de personalidad y de individuo absoluto, y el absoluto pasa a ser el Estado, cosa que le ha costado al pobre Schelling su vida académica, pero luego de un siglo demostró tener razón. Tal y como Nietzsche explicara en su texto póstumo "La lucha de Homero", la función del estado helénico no era sino la de fortalecer el vínculo social mediante el impulso al constante perfeccionamiento de sus ciudadanos, en la medida en que cada uno compita y buscase lo mejor para sí, se circunscribía en un marco de potenciar las aptitudes de todos respecto de la patria, y con ello su elevación. Allí no había una consideración divina del Estado, sino más bien una consideración divina de los potenciales de las personas que el Estado hacía posible que se diesen. Esto deja ver la razón principal por la que países como el nuestro se viesen en el problema de la dependencia sobre el Estado, y tiene que ver con que la idea del individuo absoluto brilla por su ausencia, en un sentido de auto-determinación y soberanía personal que hiciera posible que la comunidad funcione en base a ciudadanos libres, y que el Estado lo hiciera como la herramienta que permita esta convivencia y cooperación social sin encadenamientos, esto es, evitar el totalitarismo, cosa que es posible solamente en una idea orgánica y que funcione en base a la voluntad, no a la coacción.
Esta idea que potenciaba la afirmación personal en base a una organización estatal que fuera la promotora de la misma idea se vio en el período dorado del Imperio Romano, así como también en el re-establecimiento de la idea imperial durante el temprano Medioevo con Carlo Magno en el Sacro Romano Imperio, y aunque también les ha valido el período de rebelión de la Liga Lombarda en los territorios de las famosas comunas que pensaban separarse, y tras perder en el campo de batalla, Federico de Barbarroja logró negociar la recuperación de dichas comunas mediante la normalización de la autoridad las cuales anteriormente venían sumiendo en ciertas injusticias a la población, lo cual demuestra que muchas veces el problema que pareciera de raíz económica es profundamente político, y quien tenía la legítima autoridad era quien re-establecía el normal ordenamiento de la política por encima de la economía. Esto también es importante, debido a que la demagogia se produce a partir de considerar el problema meramente económico, y en lugar de abogar por el establecimiento de un orden político legítimo, se busca garantizar la prebenda para beneficiar a demagogos que hacen del Estado un botín del cual hacerse, buscando el beneplácito de una población la cual termina siendo rehén de ellos, lo cual hemos vivido en gran parte en estos últimos años de forma exacerbada, y deja ver los peligros de no renovar autoridades cuando es necesario en pequeños estados, al momento de acceder al Estado nacional ya es demasiado tarde para todos.
Evidentemente esta oligarquización de la política se da en el marco de esta concepción de Estado-dios para la población y por otro lado de Estado-botín para la clase dirigente, conforma la definición de aristocracia en decadencia, o bien, oligarquía. Maquiavelo que ha estudiado este problema en profundidad nos da las pautas necesarias, incluso reconoce los vicios del Imperio Romano que han potenciado su caída, y vio también en el ejemplo que di más arriba que los germanos habían entendido estas cuestiones, por supuesto que luego se han equivocado en otras cosas, pero el entender que la organización estatal debe potenciar las aptitudes de cada uno en lugar de esclavizar a todos de diversas formas, esto Maquiavelo ya lo había visto, y en ello basó su idea de unificar Italia y consolidar el poder estatal en desmedro de la fragmentación que pretendían los pequeños estados provinciales. En Argentina este problema es bien conocido, y acá tenemos ejemplos claros de personas que han estudiado estas problemáticas que tienen que ver con cómo los poderes provinciales actúan en desmedro no sólo del Estado nacional, sino también de aquellas provincias que se han desarrollado mejor, sufriendo la auténtica tiranía de la pobreza en las expresiones más tiránicas de oligarquías provinciales. Edward Gibson y Ernesto Calvo se han dedicado a estudiar el problema argentino relacionado con la organización federal, y han llegado a la conclusión de que el sistema federal vigente tiene como resultado la restricción de que el gobierno nacional pueda tomar decisiones de manera eficiente sin tener que contar con la aprobación de senadores y legisladores provinciales que están al acecho de no perder un abultado presupuesto con el cual pagar la mitad de la población en empleados públicos y mantener esclavizada a la otra mitad. En Argentina las provincias más castigadas por gobernadores demagogos son las que más están representadas legislativamente, a diferencia de las provincias mejor desarrolladas las cuales tienen que sufrir una peor coparticipación y las cuales se tienen que rendir ante el partido de turno con el fin de lograr mantenerse en pie, es decir, el sistema de incentivos está pésimamente diagramado y funciona como un perfecto sistema orientado al estancamiento crónico que vivimos hace años.
El ethos del Estado debiera ser entonces para la clase política, el de un órgano que represente a la comunidad en su conjunto y para la población, que promueva las propias potencialidades junto a la soberanía personal, esto requiere también una reorganización de la administración pública, que combinada con los avances tecnológicos garantizaría un Estado eficiente y mucho más abordable en términos de presupuesto, es decir, dejar de gastar más de lo que se tiene. Por otra parte, el federalismo como lo tenemos debe ser re-planteado, hay que entender claramente esto, la organización federal es totalmente restrictiva para que se respete la sub-división vertical del poder "Nación-Provincias-Municipios", y resulta restrictiva a la hora de la toma de decisiones ejecutivas. Restaurar un orden nacional y federal requiere que la concepción política sea más centralista, y en lo cultural dejar de considerar nuestra fundación nacional como un hecho pactado entre provincias, sino que por el contrario se necesita dar una concepción de nacionalidad que da identidad a sus sub-divisiones, es decir, Argentina es primero, luego las provincias. Un federalismo nacional centrado en el gobierno federal mantendría las autonomías las cuales no se pueden suprimir de manera alguna, pero que la centralidad esté en quien detenta la responsabilidad más alta, para que no sea ésta condicionada por las autoridades inferiores a la hora de tomar decisiones que afecten a la nación en su conjunto, que una parte se arrogue la potestad del todo es una anomia, y tenemos el compromiso de corregirla para que las cosas funcionen bien.
Lucas Cianfagna.-

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