"En general, hoy el 'hombre tradicional' se nos debe presentar como un tipo bastante libre en cuanto a vínculos y formas exteriores, pero muy sólidamente radicado en aquello que es el fondo común, invariable, perenne de toda gran tradición histórica." Julius Evola
En cuanto al intento de fortaleza que se han propuesto algunas personas de ponerle a la tradición occidental, me permito hacer la pertinente crítica, tratando de poner el acento en algunos autores modernos y contemporáneos que al menos nos dan herramientas, sino también dejando entre ver de forma explícita o implícita, una inclinación por retomar de la manera en que consideraron la adecuada la riqueza del pensamiento occidental y de la tradición en su diversidad filosófica. Para esto es imprescindible tratar de desligarnos del hermetismo de los autores que trataron de representar el tradicionalismo europeo, cuando muchos de ellos, han incurrido en prácticas totalmente anti-tradicionales, yendo al caso, como lo es del racismo en su sentido más positivista, de alimentar supersticiones antisemitas y de desprecio bien disimulado de las expresiones culturales ajenas. Después de todo, la tradición se encarga en mantener una identidad y dominio propio, ejercer un ordenamiento y establecer los vínculos con lo sagrado en sus más diversas formas, lo cual no quiere decir que se deba hacer de una única manera, porque entonces se estaría incurriendo en el costumbrismo y no en la tradición propiamente dicha, en el amor al pasado y no a lo eterno que sufre transformaciones, siendo la tradición una instancia trascendente en la historia que se busca posicionar acorde a los tiempos presentes.
Por esto mismo, propongo fijar -como es de costumbre- tres puntos para esclarecer aquello a lo que apunto: en primer lugar, desligarnos de la interpretación dogmática de la obra de Julius Evola y dejar de buscar ser apóstoles de su pensamiento, ya que si algo trataba de evitar, es el bastón existencial de considerarse "los más evolianos", y tratemos de focalizar en su aporte en un sentido lo más realista posible; en segundo lugar, esclarecer la postura de los autores modernos y más contemporáneos -desde la influencia kantiana- a modo de desmitificar su pensamiento de posmodernos y reaccionarios; en tercer lugar, ahondar sobre la ontología del presente, a modo de superar el decadentismo fatalista y el culto a la contemplación existente en el pensamiento de varios de los últimos exponentes.
En cuanto a la crítica evoliana, diría a modo esquemático que lo principal es abandonar las formas viejas del platonismo, y con esto no me refiero abandonar dicha corriente, sino soltar aquellos elementos que son más bien nocivos en cuanto a la acción y la realización humana. Para empezar, terminar con el dualismo metafísico, si algo buscaba el autor acabar, era precisamente con los contrastes existenciales y conceptuales, así como también el contraste entre humano y divino, también aplica a tradición y modernidad, inclusive a nociones como empírico e ideal. Estas formulaciones de falsas dicotomías son propias de las tradiciones fatales, que se mantienen de algún modo u otro, en base a la reducción dialéctica de los procesos históricos, de los conceptos y de la existencia misma, en cuales posiciones no hay jerarquías, sino toma de postura según lo que se postule, algo así como una actitud excesivamente retórica, y hasta a veces demagógica, respecto a posturas, lo cual deja el terreno apto para una posición contemplativa hasta el hartazgo. La tradición occidental, fundada sobre la filosofía como forma cultural más general, ve como primeros gestos, las reflexiones de los personajes en la tragedia griega, cuyas respuestas a los interrogantes, además de no considerarse cerradas, se plantean en términos de superación de la doxa y del sentido común en las formas más superficiales de pensamiento; ya sea desde la respuesta de Edipo a la Esfinge, como más adelante fue la búsqueda de la verdad en Sócrates, la elevación del alma en Platón, el abordaje de la metáfora en Aristóteles, como también estuvo en Heráclito y Parménides, con posturas encontradas, pero el trasfondo de tradición se logra ver en un primer gesto a partir de esto que se puede considerar abordar la reflexión más allá de la estructura lógica imperante, tema que retomaré más adelante. Por otra parte, en Evola el sujeto como creador y como afirmador de existencia, no debiera necesariamente ser tomado como un espíritu en su sentido más burdo quien elige existir antes de siquiera nacer, sino bien, como una aceptación existencial en toda su plenitud, es decir, nadie elige dónde y cómo nace, ni tampoco la época que se le presenta, pero sí elige cómo transitarla y cómo intervenir en ella, cuanto mayor sea su participación e intervención en los sucesos que lo circundan, mayor capacidad creadora y despliegue de voluntad habrá de realizarse, que es al fin y al cabo, el objetivo de la defensa del sujeto como potencia.
Siguiendo respecto a la cuestión de la influencia de Immanuel Kant como tradición idealista, que es el punto de partida de Evola para desarrollar el sujeto como potencia, podemos establecer dos líneas que Kant traza sobre sí a partir de la cual, su pensamiento queda dividido en dos posturas tan encontradas como distantes. Por una parte, está la corriente fundada sobre la razón universal, la cual tiene en sus exponentes los autores que se le desprenden: Georg W. F. Hegel, Karl Marx y Jürgen Habermas, como principales. Esta corriente se aboca a la búsqueda de una racionalidad que pueda ser un fundamento definitivo, se trata de encontrar un significado sacro en la historia y la razón que pueda ser vislumbrada mediante los abordajes específicos de cada autor, ya sea en Hegel con el espíritu de la historia, en Marx con el materialismo dialéctico y en Habermas con la teoría de la acción comunicativa, lo cual deja ver en los tres casos, su tendencia más cercana a lo moderno en cuanto a su actitud contemplativa y fatal en gran parte (sin ser absolutos), y de poner en contraste conceptual el espíritu de su materialidad, como si se tratase de un núcleo ubicado en un plano diferente y cuyo hallazgo siempre se halla en tela de juicio, debido a que de existir ese otro plano, no es cognoscible para nosotros, si precisamente el contraste es absoluto. Por otra parte, Kant desarrolla una segunda corriente, en mi consideración más ligada a las críticas esbozadas sobre el interrogante del hombre, que llamó ontología del presente, la cual me propongo tomar para desarrollar y mostrar su importante aporte como corriente de la cual puede uno retomar los aspectos más esenciales de la tradición filosófica occidental. En esta segunda corriente, se destacan tres principales autores que han contribuido desde sus abordajes respectivos a tratar de re-insertar la tradición en un contexto moderno y contemporáneo, tratando de fijar cómo se llega al pensamiento actual haciendo una revisión previa: Friedrich Nietzsche, Max Weber y Michel Foucault. Las principales características que agrupan a los tres es, la postura de primacía de la voluntad del sujeto frente al contexto que lo rodea, y como abordaje se utiliza principalmente la genealogía, que se encarga de estudiar en qué condiciones fueron posibles los sucesos históricos, y romper con un sentido oculto como algo sacro, sino de mostrar la naturaleza violenta de las voluntades que se disputan y eventualmente una triunfa sobre las demás.
En el caso de Nietzsche, retoma la tradición interpretativa de textos más allá de la lógica formal como lo fue con la metáfora en Aristóteles y Heráclito, como mencioné; y contribuye hacia una genealogía de los valores morales occidentales y el fruto de su decadencia ubicado en posturas decadentes de las religiones y las debidas influencias de la postura sacerdotal emanada del hinduismo, como bien ha desarrollado Evola, y proponiendo como postura una voluntad de poder que trata de fijar esta potencia del espíritu en una integración de lo externo y lo interno, y por consiguiente, del mismo con la materia (subordinándola), por ello critica el dualismo metafísico y el contraste conceptual de la mayoría de corrientes decadentes hacia las cuales Nietzsche pone el ojo, exaltando la tradición guerrera y de acción, por sobre la decadencia de la contemplación. Por otra parte Max Weber, realiza un estudio dirigido a las religiones puntualmente y a la incidencia de las mismas en las formas del capitalismo y las condiciones modernas como un proceso de racionalización, su abordaje genealógico muestra en qué condiciones surgieron las posturas religiosas, cómo nos competen y qué herramientas ofrecen para superar la determinación cultural mediante un sujeto-actor, y para lo cual se sirve de la vocación como una forma de explotar las propias potencialidades, lo cual presenta características comunes con la conducta y el cultivo propio de las virtudes en la antigüedad clásica. Michel Foucault se emprende en una tarea mucho más ambiciosa, logrando abarcar la empresa genealógica de estos autores precedentes y logrando agregar una empresa crítica como modo de llevar este estudio genealógico a la práctica en cuanto al discurso. Foucault emprende la genealogía del sujeto moderno mismo, fijando sus raíces luego de la caída del Imperio Romano y cómo este sujeto continúa como una variación secular de las formas de conocimiento medieval ligados a la dependencia fatal del aprendiz y el maestro, degradando las formas clásicas de acceso a la verdad. Es muy importante resaltar esto, ya que se lo suele enmarcar a Foucault como un autor posmoderno, y lejos de ello, se postula como un gran recuperador del espíritu de la antigüedad como prácticas de acceso al conocimiento, rescatando tres aspectos esenciales de la tradición clásica: en primer lugar, retomar la interpretación literaria y buscar una reflexión en la literatura traspasando las fronteras entre lo pensable y lo impensable, esto es, interpretar problemáticas que atraviesan a la humanidad como lo son la locura, la razón, la sexualidad y el saber mismo. En segundo lugar, rescata el cuidado de sí propio del gnothi seauton -conócete a tí mismo- que caracterizó el período desde la intervención socrática, hasta inclusive las prácticas romanas epicúreas y estoicas; en las técnicas de cuidado reivindica la actitud autónoma de los clásicos frente a la actitud más bien monástica y moderna de la dependencia y el contraste absoluto entre aprendiz y maestro. En tercer lugar, rescata el sentido de libertad como práctica ligada a la comunidad y aplicada en un sentido ético de responsabilidad; en este aspecto Foucault resalta lo inseparable que se vuelve la libertad de la ética, siendo en sus palabras "libertad es la condición ontológica de la ética, pero la ética es la forma reflexiva que adopta la libertad".
Para seguir la premisa original, es importante no soslayar el papel de estos autores contemporáneos de la ontología del presente, y su posibilidad de re-insertar la tradición bajo las condiciones de posibilidad actuales, como modo de resolver la angustia existencial y el nihilismo pasivo de una realidad supuestamente consumada. Si queremos que lo tradicional prime sobre lo moderno, no debemos establecer contrastes absolutos, sino más bien designativos, a modo de generar las pertinentes jerarquías puestas en un mismo plano, y no posturas dialécticas separadas por supuestos planos diferentes. La aceptación de la realidad y la postura activa de mantener la tradición de filosófica más allá de las contingencias de la historia es lo que nos ubica como tradicionales. No queremos adoradores de una costumbre pasada, ni de una única forma espiritual, más aún si esa forma ha demostrado ser decadente por ponernos en una situación de contraste y dependencia, necesitamos para ello una espiritualidad ante todo actualizada, que nos ubique dentro de una verdadera concepción de tradición que se vuelva a ubicar como privilegiada, de autonomía, libertad y voluntad, frente a formas que han querido mostrarse tradicionales pero que han resultado inertes, fatales y dependientes, o sea, modernas.
Lucas Cianfagna.-
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