"El ethos implica también una relación para con los otros, en la medida en que el cuidado de sí convierte a quien lo posee en alguien capaz de ocupar en la ciudad, en la comunidad o en las relaciones inter-individuales el lugar que conviene -ya sea para ejercer una magistratura o para establecer relaciones de amistad-." Michel Foucault
En cuanto a la acción política, es menester establecer algunos criterios básicos, para entender la dinámica de la comunidad y distinguir fácilmente los mecanismos que dan vida a la política y la acción en torno a la ciudad. Como prioridad se debe establecer el criterio con el cual se forma políticamente a otra persona, entendiendo como principal definir la libertad, con el fin de dar aportes a la formación como una disciplina personal y de una filosofía doctrinal que sirva para difundirse de manera efectiva; en segundo lugar, establecer el tipo de autoridad necesaria para evitar concepciones que se liguen a un esquema dependiente y tiránico; en tercer lugar, en base a los criterios comunes de estas tradiciones filosóficas, marcar un ethos en torno a la misión argentina en la actualidad desde el ámbito más cercano a uno después de la familia, que es el del distrito, la ciudad o el barrio, donde uno pretende organizar; en cuarto lugar, definir una idea de república como forma de gobierno que estimule mediante el estado, la libertad como una práctica previamente definida y guiada hacia la realización de la comunidad.
Podemos comenzar por desplegar "sobre la mesa" un fragmento del inmenso aporte efectuado por Julián Licastro en su Formación de cuadros, donde deja en claro una teoría sobre la libertad ligada a su misma práctica, es decir, tratar de salir de la abstracción carente de realización que actualmente se considera respecto de la libertad como un simple "hacer lo que venga en gana" al no existir actualmente una reflexión al respecto, cuando la libertad resulta de una práctica que se vuelve la propia teoría para fijar criterios de acción y de disciplina propia: "La libertad de acción imprescindible para hacer y obrar exige autodeterminación, es decir, decisión sobre lo propio, y esta es imposible sin tener poder, al menos la 'cuota de poder' que nos deja elegir entre distintas alternativas, en una situación configurada por la presencia de voluntades contrapuestas". En esto es importante hacer un paréntesis que tiene que ver con la noción de poder a la que Licastro hace mención; en contra de la noción establecida de poder como una continuidad ad eternum hasta el momento en que es derrocada la continuidad actual para producirse un salto y emprender en otra con la trampa del recurso historicista que pretende un acontecer pre-fijado e inmodificable, sorteamos dicha trampa con el recurso de la discontinuidad que bien ha traído Foucault en diversos trabajos, dando a entender el carácter contingente de aquello que parece fatal, pero que resultó de una lucha de voluntades previa al resultado obtenido, el ya tan conocido recurso genealógico. Por otro lado, es menester brindar la diferenciación entre dicho concepto de poder ligado a lo estático e inerte, y al concepto de poder en su carácter más real, es decir, dinámico, fluido y cambiante que refleja en sí las relaciones de fuerza entre personas, y la voluntad por detentar un auto-dominio y hacer de esas relaciones a priori presentadas como estáticas, un juego de tensiones constante que invite a la acción conjunta y a la práctica sobre uno mismo. Para esto resulta también interesante traer a colación el concepto empleado por Guattari y Deleuze que titularon en su obra "El Anti-Edipo", como un tratado ético donde se puntualiza, entre otros adversarios, aquella concepción estática del poder como aquello que tiende a lo muerto, y a ello oponen lo móvil, lo dinámico y lo activo, lo cual se puede entender no como un ataque hacia el poder en un sentido absoluto, sino como un intento de reemplazar una concepción de poder por otra; para aquello relacionan la noción de deseo con los mecanismos totalitarios empleados para el dominio de los otros, entendiendo la noción de dominación no como despliegue de relación masoquista, sino más bien, como una tecnología de dominio que surte efecto mediante la pasividad de quien es dominado. Por ello es que se hace hincapié en el complemento ético de la libertad, practicada primero garantizando el auto-dominio, para luego poder ejercer poder en su sentido nuevo, es decir, activo.
Para establecer este sentido activo, es menester establecer en qué condiciones se encuentra la autoridad y en qué contexto es aplicable esto. Veamos, todo aquel que aspire a gobernar no puede lanzarse a la techné de lo posible (Aristóteles) sin antes posibilitar el propio campo de acción previo a asumir. Para aquello es imprescindible primero tomar contacto con la praxis de la libertad y la acción, para evitar la inexperiencia en el caso más leve, y en el más grave, la tiranía pasional de uno mismo, aquel deseo que por no querer conocerlo se nos impone y nos domina, aquel tirano que el Anti-Edipo busca combatir, para formar una autoridad que provenga de una justificación alta, es decir, ésta no se impone por la fuerza, sino que se realiza por medio de la propia acción. Esta noción resulta contraria a la idea liberal, y para esto me sirvo de un fragmento seleccionado de la obra de Evola: "(...) en el sistema (liberal) en el cual el problema social es resuelto de modo de asegurar determinados privilegios a un grupo pequeño, al precio de la mayor sujeción de todos los otros; y el tipo del tirano sería por lo tanto la concreción más perfecta de tal concepto o ideal de una libertad informa, si es que se lo piensa hasta el fondo. Distinta de esto es la libertad para hacer algo, la cual se liga a la naturaleza propia y a la función específica de cada uno, significando sobre todo el poder de actuar las propias posibilidades y de alcanzar la propia y particular perfección dentro de un determinado marco político y social (...) Se encuentra bajo el signo del clásico aserto sé tú mismo, por ende también de la cualidad y de la diferencia."; en esta ocasión el joven Evola en "Los hombres y las ruinas" nos brinda una definición precisa de lo que significa una libertad plenamente practicada, y en consecuencia, una autoridad plenamente ejercida en base a dicha práctica, lo cual da lugar indefectiblemente a la desigualdad inherente de las relaciones de fuerza, pero también a las cualidades personales explotadas hacia un fin mayor, que puede ser en nuestro caso, el de la práctica de la libertad en sentido ético. A ello debemos agregar que el "sé tú mismo", no significa encontrar un origen oculto en uno mismo, sino constituirse por la misma praxis de la transformación propia para alcanzar la verdad, traducida como la realización de sí.
Pero en esto no debemos soslayar el carácter político que confiere esta práctica de la libertad, y para ello me permito traer otro fragmento, en este caso de Foucault de su entrevista titulada "La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad", en la cual hace una reivindicación del cuidado de sí antiguo como un intento de revalorizar la práctica de la libertad en un contexto político: "Me parece que en la medida en que la libertad significa, para los griegos, la no-esclavitud -lo que constituye sin duda una definición de la libertad bastante alejada de la nuestra-, el problema es un problema totalmente político. Es político en la medida en que la no-esclavitud es a los ojos de los demás una condición: un esclavo no tiene ética. La libertad es pues en sí misma política. Y además, es también un modelo político en la medida en que ser libre implica no ser esclavo de sí mismo ni de los propios apetitos, lo que implica que uno establece en relación consigo mismo una cierta relación de dominio, de señorío que se llamaba arché, poder, mando."; además del ya mencionado principio de auto-dominio como imprescindible en la práctica de la libertad, hago un paréntesis importante respecto de la afirmación "un esclavo no tiene ética", debido a que puede prestarse a interpretaciones catastrofistas. De ningún modo se puede interpretar como una determinación fatal el concepto esclavo empleado por el autor, ni mucho menos aún revisando la historia griega, ya que la caracterización del esclavo trasciende el mero plano material o socio-económico como tenemos el vicio de exaltar una y otra vez en la actualidad. Se trata más bien de un concepto que remite a la impotencia y a la consideración del poder en su forma estática, pues si es un notorio error tratar de comprender relaciones de dominio abusivas por medio del recurso masoquista como "me gusta lo que me lastima", también es un error tratar de comprender el fenómeno de la esclavitud en los antiguos como una aceptación proveniente de la mera fuerza bruta. Al esclavo se lo relaciona principalmente a aquel que no puede tener dominio sobre sí, y por tanto, necesita que otros lo ejerzan sobre él. ¿No resulta entonces algo embarazoso pensar que al no habernos darnos una reflexión pertinente de libertad, estamos adoptando pasivamente la práctica de la esclavitud como la huida del deseo hacia lo fácil que implica no ejercer dominio sobre uno mismo? Esa inquietud ya la había planteado antes, pero lo vuelvo a hacer debido a que lo molesto resuena y pide motivos, lo cual aunque sea por bronca, consigue hacer mover un poco a quienes se han sentido punzados por mi definición de esclavitud.
Nos queda por tanto, definir un posible ethos ligado al contexto nacional, o más bien, local si se quiere empezar a hacer algo, lo mejor es buscar el primer ámbito cercano, que suele ser el barrio, la ciudad o el distrito. Y a colación de la realización de los Juegos Olímpicos, que se llevaron a cabo en Brasil, podemos establecer una relación metafórica y hasta quizás, por qué no, estética en cuanto a la fijación de un ethos, teniendo en cuenta en que el ser humano tiende a repetirse en aquello de lo cual no ha aprendido, o bien, que ha desaprendido. Para esto vuelvo a traer una cita de Nietzsche de "La lucha de Homero", de su prólogo a un libro nunca escrito: "Por medio de la lucha es como se ha de acreditar toda cualidad sobresaliente, esto es lo que dice la pedagogía popular helénica,(...) Cada ateniense, po ejemplo, debía desarrollar su individualidad en aquella medida que podía ser más útil a Atenas y que menos la pudiera perjudicar(...); cada jovenzuelo pensaba en el bienestar de su ciudad natal; cuando se lanzaba, o bien, a la carrera, o a tirar o a cantar, quería aumentar su fama entre los suyos; su infancia ardía en deseos de mostrarse en las luchas ciudadanas como un instrumento de salvación para su patria; esto es lo que alimentaba la llama de su ambición, pero al mismo tiempo lo que la enfrentaba y la circunscribía."; las palabras del autor nos resultan sumamente cercanas si pensamos sobre todo en el esfuerzo invaluable que han tenido nuestros deportistas representándonos en los Juegos Olímpicos, y de lo cual podemos estar orgullosos sin ninguna duda. Ahora bien, es posible sólo sentir orgullo por y para los logros en deporte, pero quizás esos logros en medallas nos sirven más bien como un baluarte de inspiración muy concreta para exigirnos a nosotros mismos, no sólo en el deporte para quienes lo practican, sino también para las disciplinas del saber como la ciencia y la técnica, así como las artes, ya sea la música, el teatro o la plástica, como también el gobierno entendido debidamente como una techné muy precisa que relaciona una theoresis que se reinventa constantemente en base a una praxis que permite el reflujo de experiencias que amplían el conocimiento mismo. Esta misma valoración de la competencia es perfectamente adaptable al ejercicio de la libertad como una práctica de la cual requerimos constancia, esfuerzo y creatividad, sobre todo si lo que se pretende es constituir una acción política en el ámbito local; generar grupos donde las ideas y las formas de organización sean afines resulta lo primordial, pero primero ejercer en el seno del grupo para luego trascenderse a sí mismo: la disciplina de la libertad en sentido ético, la técnica del auto-dominio, y el arte de conducir ambas prácticas en el deseo de gobernar, librado ya de la tiranía de sí y de la esclavitud como falta de dominio propio.
Lucas Cianfagna.-

No hay comentarios.:
Publicar un comentario