domingo, 2 de octubre de 2016

Reminiscencia de lo helénico

"Nuestro afán no consiste en estar libre de pecado, sino en ser Dios."  Plotino

Retomando una gran tradición de pensamiento ligada a lo aristocrático como lo es la helénica,  tal concepto debe ser entendido correctamente como aquello que constituye la conquista de un ideal que supere las expectativas medias y logre establecer un sentido, justificar el hacer y promover un arquetipo que sirva como meta a realizar, y para quien lo re-conquiste en tiempos de necesidad, que lo supere. Pero hay algo que nos permite mantenernos en suspenso, como en eternidad, y aquello es dar sentido, como lo es nuestra capacidad humana, en fundamento sobre lo alto. En esto el maestro Julián Licastro es muy concreto y contundente, al definir un concepto que se llama "fin de la vida", hace una distinción sobre los dos posibles conceptos que se pueden desprender de aquello: por un lado, la terminación de la vida entendiéndola como la mera reproducción animal de los ciclos del mundo de la naturaleza, y por otro lado, como la finalidad que el ser humano es capaz de darse a sí mismo, suponiendo algo que sea superador a la vida en su mero estado de devenir, en su mero estado natural, es decir, la superación de la reproducción cíclica, apuntando a mantener un ideal que se adapte a los tiempos, con capacidad de reformularse pero al mismo tiempo, estableciendo aquella finalidad con la cual puede el conjunto de una población de relacionarse consigo misma y desarrollarse de la mejor manera posible, a lo cual podemos llamar con toda seguridad tradición

Ahora bien, convendría hacer una aclaración que la palabra "reminiscencia" merece respecto del título. Aquel concepto de Platón, como muchos otros re-pensándolos son más útiles de lo que parecen, siempre de manera condicional, empezando por borrar el razonamiento literal y "racionalista" en el sentido vulgar de la palabra. Resulta bastante obvio el absurdo que representa pensar en un olvido fundacional del ser sobre el conocimiento por el cuerpo y la recuperación mediante su interiorización. En esto conviene salir del esquema absoluto de negación del cuerpo, de los instintos y del mundo como denunciaba Nietzsche de las corrientes brahmánicas en las religiones, así como también lo retoma Evola cuando hace la crítica a la perspectiva guenoniana por considerarla intelectualista y contemplativa, aquello es lo que más debemos evitar. Por tanto, podemos tomar la reminiscencia, no ya desde un fundamento metafísico de un olvido real de algo absoluto que existe en otro plano, sino más bien, como aquel olvido retomado y reformulado de aquella capacidad humana de dar sentido de la que hablé anteriormente; esto es, poder reconocer que es mediante esa capacidad que logramos dar sentido al mundo, podemos justificar la existencia, y se consigue una transformación de sí mismo mediante la praxis, aquello que constituye  un sentido mucho más cercano a la realidad, y también recordar además del aspecto de crear sentido a nuestra realidad, con ello conquistar un ideal en lo concreto, y sin ir al sentido de abolición de la acción y la política por parte de la contemplación al cual muchos aluden al intentar interpretar el platonismo desde su peor sentido.

Habiendo mencionado la cuestión política, también se puede reivindicar de Platón la definición del hombre como aquel que es un "animal político", a lo cual el maestro Licastro agregó aquel razonamiento de cuya definición se desprende: siendo el hombre un animal político, resulta un animal de la polis, es decir, alguien que está abocado a la comunidad, por lo cual -nos dice el maestro- quitarle la noción política al hombre, lo convierte en un mero "animal", como habíamos dicho antes: aquel que no puede alcanzar una dimensión más allá de la mera reproducción de vida cíclica y natural, para lo cual, lo que se propone es la capacidad de razonamiento del ser humano, no como una contemplación sobre lo abstracto, sino tomar la filosofía en su mejor aspecto, como una praxis teórica que permite pensar el ahora en función de proyectar futuro y poder accionar en base a una estrategia. Para lo cual, no se puede obviar el aspecto comunitario del hombre en la definición de Platón, ya que si bien todo organizador, o más aún, todo conductor es quien lo logra en primer término desde su individualidad, sabe que no puede ser aquello su fin mayor, sino poder superar la individualidad, poder proyectar en lo otro, constituye otro aspecto fundamental de aquella filosofía helénica que tanto nos ha aportado a lo largo de toda la historia, y es el aspecto trascendental, como había hecho Heráclito, al establecer el carácter de devenir de la naturaleza, fijar una medida que nos permita superar ese devenir, esa medida nunca será eterna en términos absolutos, sino que responde a la necesidad de superar y remontarse en el cambio, y con ello organizar la polis

En cuanto al establecimiento del orden político, entendiendo las necesidades actuales y la forma en que se encuentra el actual estado de cosas, conviene remontarse en el hacer como un proceso lento pero que asegure resultados de fondo. En esto Foucault era muy claro: de ninguna manera una revolución violenta consigue cambiar algo si las estructuras con las cuales se concibe la sociedad a sí misma son las mismas, ya que lo que se logrará es replicar los problemas con un orden aparentemente distinto. En un estado actual de cosas, donde la decadencia política, social y cultural está a flor de piel, no debemos despegarnos de la reflexión, sobre todo en aquellos períodos de mayor necesidad, es cuando más podemos disponer del pensamiento para abocarnos al porvenir de la mejor manera posible entendiendo lo que se necesita hacer, pero sin desviarse del cómo y de la mejor manera de alcanzarlo. Como había dicho Perón cuando estaba en su lecho de muerte, y sus discípulos le preguntaron quién iba a ser el heredero de la conducción, él mismo llegó a decirles en tono bajo algo que resultaba inentendible, por tanto, debían acercarse cada vez más para escucharlo. Con afán de matarse entre ellos y con el puñal preparado, se acercaron a él, hasta que el conductor se pudo hacer entender: 

"Pero Gral., queremos saber quién va a ser el heredero de la conducción.", a lo que el viejo les respondió finalmente "Aristo (en griego: el mejor)", para lo cual se refería a que aquello que uno cultiva de sí, aquello que trabaja de sí, aquello que pone en práctica para transformarse a sí mismo, aquello constituye el mérito de conducir. En pocas palabras, lo que el viejo les quiso decir fue "Sólo quien más se esfuerce será el heredero de la conducción."

Lucas Cianfagna.-

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