domingo, 13 de noviembre de 2016

Rosas: Autoritas, Imperium y Soberan铆a



"El verdadero fin del Estado: la existencia ol铆mpica y la g茅nesis y preparaci贸n constante del genio, respecto del cual todos los dem谩s hombres s贸lo son instrumentos, medios auxiliares y posibilidades, es descubierto en aquella gran obra y descrito con firmes caracteres por una intuici贸n po茅tica. Plat贸n hundi贸 su mirada en el campo espantosamente devastado de la vida del Estado y adivin贸 la existencia de algo divino en su interior. " Friedrich Nietzsche

Juan Manuel de Rosas fue sin duda un restaurador, ¿pero por qu茅? Se suele resumir todo el bagaje en torno a su tan c茅lebre apodo al simple acto de devolver un orden en una situaci贸n digna de un an谩lisis hobbesiano de bellum omnium contra omnes, donde el caudillismo era la moneda corriente, y los conflictos de tipo econ贸mico parec铆an explicar todo el escenario en que se viv铆a. No obstante esto es insuficiente, y por ello me propongo hacer la correspondiente reivindicaci贸n de la figura de Rosas, pero no de la manera convencional, sino m谩s bien profundizando cuestiones que van m谩s all谩 de lo superficial y de lo repetido hasta el cansancio. As铆 como tambi茅n, a fin de aclarar ciertas cosas que hoy resultan confusas para muchos, sobre todo teniendo exponentes del campo progresista que de alguna forma trata de hacer una reivindicaci贸n, pero brindando las herramientas necesarias, se podr谩 constatar que dicha reivindicaci贸n no es m谩s que absurda y cosm茅tica, y hasta guarda un sentido de usurpaci贸n respecto a reivindicaciones hist贸ricas m谩s grandes, pero eso es para otra ocasi贸n. En cada aniversario de Rosas conviene recordar en qu茅 consisti贸 lo realmente grande de su figura y su arquetipo para la identidad nacional y la cultura en un sentido que va m谩s all谩 de su 茅poca, ya que tiene una clara proyecci贸n hacia el futuro.

Para empezar, podr铆a contestar a la pregunta que formul茅 al principio: ¿por qu茅 Rosas fue un restaurador? Por una raz贸n m谩s que contundente. Lejos de ser un mero restaurador de un orden cualquiera, fue un restaurador de aquella idea org谩nica de ordenamiento fijada en el reconocimiento de una autoritas y de un imperium, que no se proyecta hacia adelante, sino hacia arriba. El fundamento de autoridad reconoc铆a un apoyo popular sin duda, pero aquel no era el centro de la idea, sino m谩s bien la proyecci贸n hacia algo m谩s grande, lo cual se traduce en una autoridad que proporcione aquella organizaci贸n que ubicara a cada grupo social en su respectivo lugar de acci贸n. En la oposici贸n, se encontraba la bestializaci贸n y degradaci贸n humanas a la cual adher铆an las teor铆as progresistas de su 茅poca, que parad贸jicamente -aparente contradicci贸n- suscrib铆an a los intentos brit谩nicos de tergiversaci贸n antropol贸gica racista, que lejos de entender una cultura en su diversidad y sus composiciones propias, la juzgaba de manera biol贸gica, lo cual a煤n tiene su sello por el dominio cultural vigente, en expresiones que pertenecen a la disciplina a la que me aboco: "ciencias sociales", "ciencia pol铆tica", "sociedad y estado", "sociolog铆a", t茅rminos de laboratorio, ¡casi que imagino polit贸logos con bata blanca! En cambio, Rosas ten铆a una concepci贸n totalmente diferente de aquella que entend铆a la sociedad como un conglomerado de seres biol贸gicos en interacci贸n mutua, 茅l no le quitaba bajo ning煤n concepto la dignidad al g茅nero humano, su valor altivo, su nobleza, expres谩ndose de hecho con repulsi贸n y rechazo absoluto a los presupuestos racistas que pretend铆an insultar toda sociedad que no fuera de arquetipo anglosaj贸n. En esta valoraci贸n superior que ten铆a Rosas respecto de la sociedad, entend铆a el fundamento del poder pol铆tico en base a esta dignidad humana, m谩s all谩 de ser seres dedicados al comercio, se encontraban personas provenientes de una cultura y un arraigo com煤n m谩s all谩 de las diferencias entre distintas provincias, aquel origen integrado de un Estado en sentido ascendente como se hab铆a vivido anteriormente. Esta integraci贸n cultural hacia un sentido ascendente del poder en el plano jer谩rquico, y la integraci贸n de la cultura al plano popular fue lo que converg铆a a ser la gran aspiraci贸n de Rosas y por la cual combati贸 hasta la 煤ltima batalla, a pesar de no haber concretado esta idea, su legado y arquetipos est谩n, y aquello es innegable.

En cuanto a la Soberan铆a Nacional, tambi茅n debiera profundizarse sobre tal noci贸n, ya que se entiende la defensa de aquello como simplemente una batalla defendiendo un territorio y un canal de navegaci贸n comercial. Como dijimos antes, esto no es falso, pero es totalmente insuficiente. Veamos, la defensa de la Soberan铆a Nacional no es de ninguna manera una pura defensa territorial, tiene que ver con aquello que vengo mencionando del concepto de autoridad fundada ascendentemente y de la integridad cultural general m谩s all谩 de las particularidades regionales. La soberan铆a, m谩s all谩 de lo territorial, comprende el concepto de autoritas y su fundamento de manera integrada con el reconocimiento en la posibilidad, es decir, en la capacidad de Rosas, en este caso, de ser quien tenga en claro los principios por los cuales se pretende nuclear el conjunto de manera org谩nica tanto horizontal como verticalmente, y aquello se ve expresado en su deseo por establecer la paz entre provincias antes de llamar a un Congreso Constituyente, pero no por eso dejar de reconocer la necesidad de fundar un imperium en su sentido cl谩sico, encarnado en las leyes que de 茅l emanaban. La continuidad en el tiempo de aquel mandato soberano se encontraba en la ley, que lejos de rechazar la noci贸n de constituci贸n como pretenden algunos, peleaba activamente por una, pero no en los meros sentidos naturales y positivos los cuales err贸neamente entraban en puja, sino que en su intenci贸n tambi茅n pretendi贸 integrar ambos aspectos. Por un lado, el derecho natural que proviene de las costumbres y los buenos usos culturales, por otro lado, un aspecto de derecho positivo, donde se redacten con erudici贸n las leyes y atendiendo a los puntos de pericia y tecnicismos propios de la disciplina jur铆dica; por otra parte, hab铆a un tercer elemento que es la fundaci贸n de la autoridad de la ley en un principio supremo respecto de las mismas leyes. Todo aquello se vio no obstante expresado en la constituci贸n de 1853, y contin煤a hoy en nuestra actual constituci贸n, pero de manera err贸nea e imperfecta, la desactualizaci贸n y ambig眉edad propios de una constituci贸n de car谩cter liberal y decimon贸nica con arreglos de siglo XXI, pero cuya estructura que acabo de describir no tiene por qu茅 ser modificada en esencia, sino m谩s bien en su contenido para alcanzar aquel anhelo del Restaurador.

Culturalmente Rosas es fuertemente combatido por sectores de una supuesta "derecha" liberal, y por otro lado, la amplia izquierda que se expresa en socialismos reciclados y tendencias troskistas, las cuales presentan mayores afinidades con aquellos preceptos que ofrec铆an las fuerzas del "progreso" y las "luces", hoy tan s贸lo se diferencian entre ellos por aspectos puramente ideol贸gicos, pero en lo fundamental se encuadran todos bajo el mismo rechazo. Ahora bien, existe una supuesta reivindicaci贸n progresista que tiene que ver con el ambiente intelectual de los gobiernos que fueron kirchneristas. En tal ambiente, se reduce a Rosas a una mera reivindicaci贸n accesoria hecha por Per贸n, la cual si bien reconozco como v谩lida, pero hecha por estos sectores progresistas de manera desvirtuada y hasta como dije, en forma de usurpaci贸n, ya que la concepci贸n defendida por dichos sectores no comulga en absoluto con aquella que Rosas defendi贸; esto mismo se vio con autores como Arturo Jauretche y Ra煤l Scalabrini Ortiz, a los cuales pretenden barnizar con una izquierda que nunca tuvieron, no comprendiendo sus ra铆ces filos贸ficas, ni mucho menos el contexto en el que debat铆an, tratando de forzar una burda e insultante comparaci贸n de aquellas 茅pocas con las actuales, intentando poner en un mismo plano al gobierno con aquellas reivindicaciones hist贸ricas, lo cual produce como resultado, que personas ajenas al pasado gobierno sientan rechazo por tales reivindicaciones sin siquiera conocerlas. Esta inclinaci贸n progresista que trat贸 de tomar a Rosas, intenta hacer una reconciliaci贸n de dos elementos irreconciliables, por un lado, el economicismo sociol贸gico y cultural de Gramsci, y luego, la idea de Soberan铆a Nacional defendida por Rosas pero mal entendida. Sin mencionar los aspectos de Rosas obviados por estos sectores, como el de una autoridad soberana nucleada de forma org谩nica y una ley central que nucleara las peque帽as constituciones provinciales, ideas que iban m谩s en favor de un Estado como el que dirig铆a Bismarck, a quien Rosas expres贸 su admiraci贸n y su adhesi贸n a la forma organizativa y esquema legal el cual el Canciller alem谩n hab铆a dado a su imperio, ambos en total desacuerdo con los intentos disolutivos que presentaban las supuestas alternativas al liberalismo.

En la realidad el federalismo contin煤a siendo tan imperfecto como lo fue antes del surgimiento de la figura de Juan Manuel de Rosas, como tambi茅n lo fue defendido por los infames movimientos disolutivos como lo fue el urquizismo y aquel "Libres del Sur", que representaba un caudillismo en el peor sentido de la palabra. Con esto podemos arribar a otro aspecto malentendido de Rosas, que es el caudillismo. El caudillismo no era particular de Rosas, sino que propiamente era el escenario que reinaba toda la conflictiva situaci贸n vivida por las "Provincias Unidas del R铆o de la Plata", calificativo disolutivo si los hay, puesto que no hay una composici贸n nacional y estatal de manera integral, sino m谩s bien un conjunto de provincias que se unen por beneficios econ贸micos, lo cual deriva en un inmenso conflicto cuando esos beneficios entran en tensi贸n, como naturalmente ocurri贸. Pero profundizando en esta revisi贸n, el caudillismo del que es acusado Rosas no s贸lo es injusto, sino que incluso es incorrecto. Veamos, el intento de Rosas era precisamente el contrario, restaurar la paz entre provincias, pero a su vez generando un fundamento de naci贸n que fuera m谩s all谩 de las voluntades provinciales, incluso ha sido 茅l mismo que no se reconoc铆a como partidario del federalismo sino como un medio para lograr un fin mayor que es el de una naci贸n integrada de manera real y no meramente legal como se pretend铆a, con las arbitrariedades que pretend铆an negociar aquellos caudillos separatistas y la autoridad porte帽a que s贸lo pensaba en funci贸n de los negocios aduaneros. Es precisamente un caudillo (Urquiza) el que derroca a Rosas, y m谩s a煤n, defendiendo dicha posici贸n caudillista es como pacta de manera tragi-c贸mica el traspaso de poder al mando unitario, conservando fortunas, mientras que quien fue acusado de caudillo termin贸 exiliado y sin nada de dinero, brutal paradoja si las hay. Volviendo al tema de las Provincias Unidas, es importante destacar otro aspecto, que es la constituci贸n de nuestra unidad pol铆tica -en un sentido hist贸rico de acci贸n- se funda a partir de la voluntad de pactos pre-existentes, es decir, lo que prima no es el principio central de autoridad y de naci贸n, sino el principio de provincia unida bajo intereses en com煤n; no una naci贸n fundada que le da sentido a sus estados provinciales, sino los estados provinciales que le dan sentido a lo nacional en base a una imperfecta y arbitraria uni贸n que genera problemas de gobernabilidad y un excesivo federalismo provincial que es capaz de vetar proyectos de ley nacionales si as铆 lo desean y corresponde a sus intereses. Nuevamente hace falta la idea de imperium, que vaya m谩s all谩 de los deseos particulares de autoridades que, en mi opini贸n, tienen demasiado poder de decisi贸n diluyendo toda posible Soberan铆a Nacional, esto es, aquella defensa de la Soberan铆a que en su amplio sentido Rosas hab铆a hecho, queda s贸lo redimida a un feriado m谩s, donde descansan aquellos caudillos actuales que en casos, usufructuando su territorio desde hace a帽ares, modificando leyes nacionales a antojo y placer, desintegran la posibilidad de un mandato a nivel nacional sin que pase por la negociaci贸n previa con 茅stos. Raz贸n es esa por la cual, hemos tenido presidentes que se vieron en necesidad de intervenir incluso hasta la totalidad de provincias debido a que les era imposible consolidar una mayor铆a que les garantice gobernabilidad, lo cual para peor, ha sido modificado en la Reforma del '94, necesitando apoyo de Diputados para hacer una maniobra tal. Este era otro aspecto que me parec铆a pertinente marcar, la diferencia entre el federalismo de Rosas que era relativo respecto a la autoridad central, y el federalismo que tenemos actualmente que representa a grupos familiares que se instalan en el poder durante d茅cadas, grupos los cuales eran fuertemente combatidos por Rosas.

Continuando con el plano cultural, no hay duda de que Rosas reconoc铆a con orgullo la herencia hispana que hab铆a sido uno de los pilares constitutivos de la identidad regional americana, pero no limit谩ndola a ello, la supo entender integr谩ndola junto con el nativo en la expresi贸n m谩s contundente que fue el gaucho y el criollo, haciendo de su figura un arquetipo alejado de aquel gaucho derrotado, desganado y altanero que dibujaban muchas veces la literatura del "progreso" y las "luces", reproduciendo no menos que un esquema basado en aquellos peores rasgos que eran propios de cualquier per铆odo de decadencia y lucha intestina. Por otro lado, el gaucho reivindicado por Rosas es aquel que reconoce en su trabajo de campo no s贸lo un medio de subsistencia, sino tambi茅n una dignidad de poder dedicarse a ello, de all铆 su reconocimiento inmediato de su trabajo como dignidad y la necesidad de organizar tales esfuerzos en un resultado conjunto que sirviera para desarrollar productivamente las estancias, brindar normas de trabajo, y a su vez, recompensar el esfuerzo seg煤n correspond铆a, de forma muy severa, pero entendiendo el contexto de aquel entonces. Un ejemplo concreto de aquel arquetipo guerrero encarnado en la figura del gaucho, fue el de Antonio Rivero, que no s贸lo encarnaba un tipo de guerrero de identidad americana, sino que tambi茅n ten铆a el aditamento de la sana rebeld铆a, aquella que reconociendo un principio violado, no duda en actuar contra quienes habr铆an perpetrado dicha violaci贸n, en este caso, el territorio de las Islas Malvinas del Atl谩ntico Sur que hab铆a sido usurpada por brit谩nicos. Aquel gaucho pele贸 en el ej茅rcito de Rosas demostrando su buen sentimiento nacional en la Batalla por la Vuelta de Obligado, por la que se reconoce el 20 de noviembre como D铆a de la Soberan铆a Nacional, defendiendo aquella concepci贸n criolla, m谩s all谩 de los motivos econ贸micos que no fueron menos reales, pero que en verdad no representaban el trasfondo mayor en el que se dirim铆an dos visiones distintas del mundo, donde desgraciadamente triunf贸 aquella que ata帽e al dominio anglosaj贸n, pero que no nos debe mantener inm贸viles, sino por el contrario, inconmovibles ante el paso del tiempo, rectific谩ndonos en nuestra conciencia nacional y en nuestra acci贸n por devolver aquel estado de cosas que nuestro gran h茅roe y Restaurador pretendi贸 con firmeza y decisi贸n.


Lucas Cianfagna.-

No hay comentarios.:

Publicar un comentario