lunes, 31 de octubre de 2016

Las propiedades del cinabrio



"Si no hay en el hombre algo más que en la bestia pronuncien sin reír estas palabras: Derechos del hombre y del ciudadano, derecho del buey, derecho del asno, derecho de la ostra: producirán el mismo sonido. Reducir el hombre al tamaño de la bestia, disminuírle en toda la altura del alma que se le ha quitado,  hacer de él una cosa como otra cualquiera; eso suprime de un golpe muchas declaraciones acerca de la dignidad humana, de la libertad humana, de la inviolabilidad humana, del espíritu humano y convierte todo ese montón de materia en cosa manejable. La autoridad de abajo, la falsa, gana todo cuando pierde la autoridad de arriba, la verdadera: Sin infinito no hay ideal, sin ideal no hay progreso; sin progreso no hay movimiento; inmovilidad, pues, statu quo, estancamiento: Ese es el orden. Hay putrefacción en ese orden. Pregunten a la jaula lo que piensa del ala. Les contestará: el ala es la rebelión.." Victor Hugo

Existen en nuestra época todo tipo de discursos, de la más amplia variedad, y todos ellos en común, tratan de hegemonizar una idea, como lo es la defensa de la libertad en sentido abstracto, en lugar de tener un principio claro, a partir del cual se pueda definir con toda eficacia la idea que se persigue, y que incluso, de esta manera podrían lograr una superioridad argumentativa, pero como siempre, prefieren degradar el nivel intelectual para justificar absurdos gigantes. Tal y como dice el maestro Licastro, en épocas de fuerte tensión y decadencia, por captar la atención mayoritaria, el nivel intelectual baja a niveles insospechados, y asimismo se llegan a justificar contradicciones irreconciliables con tal de hacer frente -de manera paradójica- a una idea que realmente pueda ser superadora frente a la masa informe de estupideces repetidas para la opinión pública. Por ejemplo, personas del ámbito de la supuesta izquierda como de la supuesta derecha pactan una especie de tregua donde termina uno encontrando una situación irrisoria en la cual un neo-marxista justifica a un neo-liberal, con tal de oponerse ambos a una opinión que vaya en contra de sus valores ilustrados, últimos y progresistas, lo cual deja ver dos cosas: por un lado, la falta de principios en la intelectualidad salvo casos que desde luego hago un rescate, y por otro lado, el fin de una dialéctica convenientemente ensayada entre quienes quieren "progreso" más lento o más rápido, pero al fin y al cabo ambos apuntan a lo mismo.

Ahora bien, convendría primero tratar de revisar tales categorías defendidas de progreso e ilustración, ya que noto allí una inminente auto-negación a la que conducen ambos conceptos llevados por estas corrientes. En la cosmovisión defendida por estos intelectualoides, se encuentran las típicas virtudes ilustradas: un sujeto libre que siendo superior a la naturaleza, puede conocer(la) y al conocer puede dominarla. Si conseguimos anteojos de muchísimo aumento, podremos ver que en rigor de verdad, estas tres cualidades que parecerían positivas esconden tres cualidades sujetas (sub-jectum) que son, de hecho, negativas. El sujeto ilustrado de ahora tiene connotaciones posmodernas y hasta termina disolviéndose a sí mismo -como bien es de esperarse-, pero pareciera que inclusive los mismos intelectuales tratan de desligarse del absurdo posmoderno y tratan de brindar alguna cuota de racionalidad, no los culpo, aunque considero que sus intentos son vanos, porque fue el desarrollo de sus principios lo que derivó en esta disolución posmoderna de la cual padecemos aún sus restos. Veamos: La primer cualidad supuestamente positiva vendría a ser la concepción de un sujeto libre, si bien ya he criticado numerosas veces esta cuestión, esta vez retomo el tema para acompañar una reflexión más general sobre el tema de esta ocasión; este sujeto libre se posiciona como alguien que es superior a la naturaleza, pero ubicándose separado de ésta, lo cual produce el primer descalabro, al ser el sujeto una designación sobre sí mismo como desprendido de aquello de lo cual parecía provenir, se acerca muy bien a modelos creacionistas donde el hombre irremediablemente es separado de la propia naturaleza por ser naturalmente pecador, lo cual produce otro descalabro, la contradicción allí es evidente. Ahora, ¿cómo es esa relación entre el hombre y la naturaleza si el primero está separado de lo segundo? Pues bien, el hombre sólo conoce la naturaleza designando un objeto, y allí radica la relación común entre dos posturas que parecerían irreconciliables pero que guardan un trasfondo común: empiristas y dogmáticos. Este trasfondo común, también lo notó el trágico pensador Walter Benjamin, viendo que tanto las corrientes positivistas como aquellas que podían acercarse a la metafísica tenían un error común, ambas eran profundamente contemplativas, y lo que es más grave, lo eran en épocas y contextos que como el de Benjamin requería un fuerte compromiso y toma de acción, a falta de los cuales, el pobre termina por suicidarse al ver su vida posiblemente diezmada por los campos de concentración.

En esta designación del objeto podemos saltar a la segunda cualidad, que es la del sujeto conocedor; en este caso, arrastrando el error previo, la designación de un objeto pone en discusión la idea misma de conocimiento, que luego es reformulada a partir de la Nueva Filosofía de la Ciencia, en buena hora, pero de la cual ni siquiera con sus errores se atreven a incursionar estos intelectuales de fachada. Este objeto acentúa la relación de contraste absoluto entre el hombre mismo y la naturaleza que lo vio surgir, por lo tanto, encontramos una finitud en su puesta libertad, ya que si no forma parte de la conformación de realidad, más allá de lo que pueda contemplar de ella, la libertad del sujeto no es tal. Ahora, yendo hacia la segunda cualidad mencionada, el sujeto que conoce lo hace en base a una experimentación y a un ejercicio metafísico que como miles de veces hemos dicho, relacionan directamente lenguaje con verdad, sin establecer la más mínima revisión que logre acercar aquella designación, es decir, se olvida algo que formó parte en la base del error: el lenguaje no designa a la cosa, pero sí la relación del hombre con la cosa, la cual es prácticamente negada por esta corriente. Al negar la interacción entre humano y realidad, lo están apartando de la misma, lo que nos conduce a la tercer supuesta cualidad, que es la del hombre que se libera a partir de dominar la naturaleza (?). El hombre pretende dominar una naturaleza con la cual negó relación más allá de la conceptualización, y de la cual no se siente parte; y a su vez, al ser ajeno por ende, a la conformación de la realidad, se ve finalmente incapaz de modificar en ella algo, y utiliza conceptos como "unidad histórica", haciendo uso y abuso del historicismo como recurso que pretende ser el campeón de análisis con el diario de hoy. A partir de este recurso historicista, se incurre en lo que el idealismo ilustrado ha llamado "razón universal", pretendiendo ser una racionalidad que esté separada de toda actividad irracional, sentimental e incluso hasta humana, por tanto, esa racionalidad supera al hombre mismo en su intento por encontrarla, y por la cual estaría determinado histórica y universalmente.

¿Qué conclusión se puede sacar de esto? Una muy penosa y alarmante. Las cualidades que podrían parecer a simple vista positivas, terminan guardando consigo cualidades análogas que ocultan un trasfondo sumamente negativo y hasta pesimista: El sujeto libre, termina convirtiéndose en un sujeto que olvida el cuerpo, olvida lo constitutivo y heredado de la naturaleza que son las pulsiones, los impulsos irracionales y toda su historia evolutiva que le da ese recurso neutro que es su corporalidad, lo cual tiene sentido, ya que al estar escindido de la naturaleza, la primera en negar es la del cuerpo. En segundo lugar, la capacidad psíquica reflexiva es aquello último en lo cual se apoya, es decir, la racionalidad conocedora, pero aquella al no tener contacto con la naturaleza, se vuelve un contemplar interior que termina siendo irreal, al negar la propia realidad, lo que se hace es mutilar la propia habilidad reflexiva en post de inventar una realidad que sea más pasable. En tercer lugar, el sujeto en su intento de liberarse dominando la naturaleza, separado de ella y negando la realidad misma, se ve en una situación de imposibilidad de cambiar algo de ella, puesto que su razón contemplativa lo lleva a la conclusión de la imposibilidad de alterar los procesos históricos, por tanto, sólo queda conocerlos y esperar que todo pase. En síntesis, tenemos las tres cualidades negativas que salen a la luz: soberbia por negación, cobardía por aislamiento, e impotencia por resignación; aquello que parecía ser un hombre mejor, libre, conocedor y auto-suficiente, termina siendo un hombre que niega la realidad, mutila su capacidad reflexiva y por último termina destruyendo su voluntad de acción otorgándola a una entidad que podría ser la historia o la razón universal.

Podríamos entonces señalar cuáles son las virtudes reales que debe presentar un sujeto bien constituido e integrado que hace de la actividad intelectual un baluarte libre de dogmatismos y de categorías absurdas. Eso se logra, en primer lugar, reconciliando las tres propiedades humanas: cuerpo, reflexión y voluntad de acción, lo cual se puede traducir como las tres propiedades que -libradas de superstición- serían cuerpo, alma y espíritu. La integración es vital no sólo para el carácter argumentativo, sino también para poder establecer conclusiones que no estén separadas de la realidad, sino que partan de la misma, y siendo uno parte de ella, proyectarse hacia aquello que uno quiere cambiar. Para hablar de libertad y progreso en su debida forma, primero se deben reconocer los obstáculos, las determinaciones, las contingencias que surgen a nuestro alrededor en todos los ámbitos, para ejercer un auténtico dominio de aquello que -en esta concepción criticada- pretende dominarnos a nosotros, en una realidad que pareciera estar ya consumada. En segundo lugar conviene, en relación con la realidad realizar la reflexión apropiada como personalidad que posee la cualidad de pensarse a sí mismo, constituir la propia personalidad se hace no en el campo excesivamente abstracto del individuo, sino reconociéndose parte de una realidad, de un entorno que conforma el elemento neutro que puede ser usado en favor o en contra nuestra, la decisión es la última palabra en ello. En tercer y último lugar, el grado más alto de libertad es finalmente alcanzado, haciendo un repaso final, cuando se logra reconocerse a sí mismo como una persona integrada a sí misma y a una realidad heredada, se proyecta un escenario nuevo posible en base a la debida reflexión que dé lugar a la acción impulsada por la voluntad de realizar aquella realidad proyectada; es por tanto, la realización lo que en sí proporciona la prueba máxima de libertad. No siendo ya el sujeto que negaba su entorno, pensaba una realidad análoga y luego la contemplaba sin poder hacer nada, ya es un sujeto integrado y dotado de personalidad formada por sí mismo, que logra ser quien dispone de sí para formar la realidad que proyecta adecuadamente. A partir de este desarrollo, se puede entonces empezar a hablar intelectualmente de una corriente de libertad real y de progreso de verdad, que logre superar las determinaciones y ponerse incluso por encima de las circunstancias que buscan determinarlo.

Lucas Cianfagna.-

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