miércoles, 27 de enero de 2021

"Consenso": el nuevo totalitarismo


"En el ámbito de lo político los seres humanos no se enfrentan abstractamente como seres humanos, sino como… ciudadanos, gobernantes o gobernados, aliados políticos u opositores, por lo tanto en todo caso en categorías políticas.” Carl Schmitt


Más allá de los medios de comunicación, existe una influencia académica, principalmente desde los círculos politológicos de EE.UU., donde se puede ver una hegemonía que ha inundado a los mismos medios y a la sospechosa "opinión pública", que como diría Nietzsche, no es más que "perezas privadas". Me refiero a un concepto que se lo venera y se lo asocia con la democracia y las buenas costumbres, que es el llamado "consenso". 


No quiero dejar de resaltar el carácter totalitario que se esconde detrás de una idea que a simple vista parecería ser algo "virtuoso"; en realidad esconde muy bien el discurso del modelo de sociedad que vivimos y le da un barniz de "deseable" y cuando no "neutral". Nada más lejos de la realidad, ya que el discurso del consenso viene con letra chica y como todo contrato, no leerlo antes de aceptar las condiciones termina mal. Dejando de lado que de por sí el "consenso" suena a círculos sectarios cuyos intereses nunca son los de las mayorías, esa lógica se da desde el poder real, en sí, se puede hablar de corporaciones de bancos, empresas, gigantes tecnológicos, organismos, poder privado que ha logrado un grado de independencia nunca visto, y que aún mucho más allá de eso, logra imponer condiciones a los mismos países. En todos ellos, la idea de "consenso" es fundamental para lograr ciertos objetivos.


Ahora bien, cuando se habla de política, lo esperable es que se refiera a la discusión de ideas, por lo tanto, requiere un mínimo agonismo, una mínima confrontación que exija establecer un "ellos" y un "nosotros", sin ánimos de generar una "grieta" como se la conoce en Argentina, pero sí diciendo con todas las letras "quién es quién", dando un marco inclusive de honestidad a la hora de que se produzcan los debates a nivel público. Pero por el contrario la lógica del consenso exige que todo eso no debe formar parte de lo público, porque de esa manera "no se podría llegar a una sociedad legítima cuyas reglas sean aceptadas por todos", diría John Rawls, el mayor representante de esta idea socialdemócrata del consenso.


No hay que perder de vista el peligro de este autor, por mencionar un detalle, ha inundado la referencia del mainstream de jueces demócratas estadounidenses donde incluso se lo llega a citar textualmente a la hora de emitir un fallo. Lo peligroso es la aplicación de un pensamiento que parece estar lleno de buenas intenciones, pero que en su inconciencia vuelve a aquella aplicación lo que pasa con toda utopía, se vuelve distopía en la práctica.


El hecho de que se pretenda quitar de lo público las discusiones por llamarlas "controversiales" es cuando menos un principio de censura previa, y muy generalizado. Desgraciadamente no estoy hablando de un proyecto en avance, es una realidad cotidiana. Si vemos por ejemplo el tema vacunas, el 5G o inclusive el cuestionamiento de los métodos de cuarentena, se ve cómo incluso aquellos que en otras épocas decían que "todo es político" cuando criticaban al "neoliberalismo" por su tecnocracia, terminan siendo (socialdemócratas) los mismos tecnócratas que dicen que no se puede politizar la salud porque "está en riesgo la vida de todos". Pero tampoco es mi intención denunciar hipocresías, porque para eso la historia y la humanidad misma están colmadas de ellas, mi intención es en todo caso "deconstruir" un discurso que lamentablemente no sólo confina físicamente a las personas, sino también la posibilidad de expresarse, e incluso instalando el control sobre sí mismos, cuidándose de "decir algo que me pueda generar problemas".


Por si algún despistado no se dio cuenta, estoy describiendo la psicología de cualquier individuo sometido a un modelo totalitario. Por lo cual, considero que hay que hacer una separación fundamental entre la auténtica política, e incluso la democracia por un lado, de lo que se conoce como "consenso" y todo lo que conlleva. Más aún la democracia, que se supone que representaría el gobierno del "demos", por lo tanto, se entiende implícitamente que hace referencia a las mayorías. 

Los discursos a favor del consenso, están casi por antonomasia asociados al discurso exacerbando la representación de las minorías, lo cual no es que esté "mal" porque es perfectamente coherente con la "propuesta" de que la convivencia en sociedades modernas es problemática por la pluralidad, por lo cual se debe buscar una forma de que el orden social sea "legítimo" y la lupa siempre debe ser puesta en "aquellos más desfavorecidos". Como toda idea de "contrato", propone el reemplazo de la realidad tal cual es por la consideración de un escenario abstracto que casualmente (o no tanto) sirve a los fines de la teoría y su aplicación, ¿a qué me refiero? La realidad nos muestra que las minorías lejos están de ser el eslabón más desfavorecido por la sociedad, precisamente porque el instrumento juridico a favor de las minorías es el que permite la garantía de privilegios para los gigantes en la escala social, nada de democracia ni de igualdad a fin de cuentas.


Lo cual nos permite pensar que la exacerbación del derecho de minorías no es sólamente una pulseada de sectarios, responde a intereses concretos, que nunca son admitidos en la "sociedad de la tolerancia, la pluralidad y las buenas costumbres". Y el problema es, de nuevo, el poner un "velo" sobre la realidad para intentar hacer abstracción de una realidad que no existe para lograr fines específicos como el control de la población hasta de sus aspectos privados. Se logra un totalitarismo de hecho en el cual las opiniones disidentes son barridas por "miedo a romper el pacto de legitimidad".


La auténtica política por el contrario, representa la realidad de las ideas políticas, ya no en un marco abstracto e ilusorio, sino que invita a decir las cosas como son y en todo caso desde otra perspectiva, pero ya no partiendo de presupuestos antojadizos. Presupone la libertad de los compatriotas de decir quiénes son sus amigos y sus enemigos, y de exigir por lo tanto qué es lo que representa sus intereses nacionales. La pantomima de dibujar una pluralidad que no responde a la realidad es no reconocer que todo pueblo es en esencia plural, no existe ni existirá jamás una comunidad en donde se piense absolutamente igual, y menos aún se puede presuponer una falta de representación en el siglo XXI.


El problema del pluralismo, del cual el "consenso" se nutre, también se expresa, tomándolo al amigo Schmitt, como la imposibilidad de crear un orden jurídico que exprese una autoridad determinada, es en sus mismos términos "una ética de la guerra civil" donde por exhibir una realidad política "supuestamente poco plural" el ataque a la autoridad, y por tanto al Estado, se vuelven hasta un deber ético, siendo otra de las razones por las cuales el pluralismo, la exacerbación minoritaria y la defensa del "consenso" son en esencia el mayor peligro para la democracia y la unidad política de cualquier nación, ya que cualquiera en nombre del pluralismo y el consenso puede imponer su voluntad ante los demás grupos sociales, y allí del derecho del individuo y la libertad política de cualquier ciudadano, no queda nada.


Además de crear esquemas ilusorios para lograr un control social, también cabe destacar que la idea se sirve de las instituciones y del Estado mismo para dinamitarlos desde dentro. Instituciones que dedican presupuestos en un esquema inexistente es hacer que el Estado a fin de cuentas pierda su verdadera finalidad que es la representación de la unidad política. Es decir, lo que divide a la unidad política no es la auténtica política que permite que se diriman los conflictos en el campo de las ideas concretas, sino el hecho de producir un "aislamiento social" (muy familiar en esta época, pero ya se venía dando desde antes) que restrinja a las personas o las haga auto-restringirse de opinar distinto del "consenso" o más bien, discurso único.


No hay que dejarse engañar, cuando se dice (por ejemplo) que "se politiza la salud", se está en realidad en el colmo de la ideología, porque se llega a la pretención de que aquel discurso oficial es el único que vale y todo lo demás es falso (manual de un dogma ideológico). Por lo tanto la invitación, más allá de reconocer esto, es a no dar el brazo a torcer y redoblar la apuesta, porque el pensamiento político si es auténtico es siempre autónomo, da definiciones concretas y se planta hasta de forma existencial ante el afuera. Cuando un representante del "consenso" socialdemócrata dice que "politizamos", entonces démosle la razón, porque en eso se ve quién es quién, y qué intereses defiende en la realidad, no en abstractas e ilusorias teorías.


Lucas Cianfagna.-

martes, 22 de diciembre de 2020

Cabalgar la post-modernidad ✳️


"En una época de disolución éste es pues el fondo esencial de una concepción de la vida apropiada para el hombre referido a sí mismo que debe dar prueba de la propia fuerza. Ser centrales o convertirse en centrales a sí mismos, constatar o descubrir la suprema identidad consigo mismos, es la contrapartida de todo esto."
Julius Evola

La trampa de la post-modernidad comienza a verse hoy, al igual que con su nacimiento se había visto la trampa de la modernidad misma, como quien descubre que ante conductas aparentemente contradictorias, un hijo termina comportándose sin saberlo, como su padre. 

Los relatos de la modernidad ya fueron duramente rebatidos por una gran cantidad de pensadores y filósofos de todo tipo de orientación incluso ideológica. Pero lo que la modernidad nunca se esperaría es que su propia profundización ("post" ya no en un "luego de", sino en un "ultra" de la modernidad) llevaría a la destrucción de sus mismos postulados, algo equivalente a la mística figura del ouroboros, aquella serpiente que girando sobre sí misma acababa devorándose su cola.

Aquellos postulados que invitaban a evaluar lo más sombrío del pasado y proyectar un futuro de luz, aquello es finalmente derribado como un castillo de naipes, donde este paradigma actual termina deconstruyendo el presente y borrando toda posibilidad de futuro cierto. Pero antes de hablar de categorías en sí mismas, es preferible en todo caso ir de la praxis filosófica a la idea, y no viceversa, para asegurarse de no contaminar la realidad con intentos etiquetadores, es decir, ver las cosas como son y en todo caso de la elaboración que surja, podremos luego definir. Por supuesto que no faltará quien me diga que esa es una definición, y es cierto, pero eso no hace menos necesario el enfoque.


En primer lugar, primero descartemos los intentos retardatarios por hacer una crítica a la post-modernidad con el ideal de volver al pasado, tal cosa simplemente no existe. Ni tampoco la actitud apropiada sería el de "retrasar" el tipo de devenir que esta época brinda, porque además de ser imposible, resulta en una pérdida de energías que no conduce a ningún lado. 

En segundo lugar, convendría en todo caso analizar el estado de cosas y sobre todo entender cuáles son las fuerzas que traccionan a la humanidad en lo general para que incluso el caos generalizado siga, irónicamente, algún tipo de sistema global, identificarlo, y tomar sus mismas herramientas para hacerlas propias, y valernos de esa misma fuerza para su superación. En resumen no sería más que identificar lo real, y hacerlo propio.

La época pre-anunciada por Nietzsche es la consecuencia del latente nihilismo occidental a partir de aquel proceso iniciado con la modernidad, y tal vez un poco antes, donde los valores absolutos que habían caracterizado a este hemisferio se verían cuestionados finalmente para llegar a una relatividad "absoluta" de los valores. La premisa deconstructiva no es más que una burda interpretación de Heidegger, quien trató de advertir y generar una vía para esta época. Al igual que con Nietzsche, los apologistas de la post-modernidad se jactan de terminar de barrer con todo vestigio de valores y tradiciones que han hecho de Occidente lo que fue.

Al punto es la negativa de aceptar todo lo que signifique "ser" para estas personas, que hasta su propio paradigma se define desde su nombre de forma retórica. Creo que acá estamos entrando en un punto importante para hacer una caracterización dual, no absoluta en sentido abstracto, pero sí sirve a modo de "tipos ideales", como lo puntualizó Carlo Michelstaedter: por un lado existen los retóricos, quienes precisan un punto de apoyo exterior para definir una identidad, y por otro lado, los persuadidos, quienes encuentran ese punto de apoyo en sí mismos.

La post-modernidad parte de una noción que bien podría considerarse de puros "retóricos", donde buscan definiciones a partir de lo que "no son", lo cual en principio no sería un problema, excepto en la falta total de direccionalidad, en su activismo irracional y su culto al vitalismo que no va más allá del racionalismo, sino que decae y va hacia lo infra-racional, en una especie de "retorno a la caverna". Los irracionalistas de hoy, como hijos de su autoritario padre "racionalidad", son el vivo ejemplo del engaño que significó la modernidad en cuanto a "evolución" de la humanidad y "progreso" hacia el cual teóricamente íbamos, sino por el contrario, fue un terrible regreso, una regresión que ha fragmentado las distintas dimensiones de la realidad para hablar de "razón-no razón", donde el resultado de esa dialéctica terminó dando el resultado inesperado: triunfó la no-razón, cuando en todo caso se debería tratar de un triunfar más allá de la razón, más allá de las pequeñas dualidades que nos quieren resolver en una indiferenciada identidad.

Luego, la trampa de la post-modernidad queda entonces a la vista, el culto por lo irracional y por la fuga del sí mismo, la evasión al auto-conocimiento, viéndolo en perspectiva, parece más un retroceso lento pero sin pausa desde el saber de nuestros padres de Occidente, al completo caos e indiferenciación de los sujetos, sujetos que fueron producidos en serie bajo el dogma racionalista anteriormente, y que luego serían producidos en una "auto-percepción" que no es más que un perderse más en las brumas de lo general, un no-ser que es defendido y militado, la pesadilla de cualquier filósofo de algunos siglos atrás se haría realidad.


Ahora bien, hay otro problema que no tiene que ver ya con las fuerzas propias de esta época y de este paradigma cosmológico, sino que atañen directamente a quienes han tratado de dar soluciones. Como mencioné al principio de nada sirve la actitud de retrasar un tal proceso, ni mucho menos pretender volver al pasado, esa es otra ilusión propia de esta época donde la auto-percepción se zambulle de lleno en el absurdo. Tampoco es la respuesta de algunos que proponen aceptar la situación  tal cual es y simplemente dedicarse a surfear la interminable serie de olas, como si se tratase de un nuevo "fin de la historia" donde el apocalipsis ha llegado y sólo nos queda ver si sobrevivimos a un nuevo cataclismo. 

Si bien la actitud inicial de aceptar las cosas como son es viable, se deben tener consideraciones: por un lado, aceptar el nihilismo y reconocer que estamos en una época de abismo donde el vacío también a menudo mira dentro de nosotros, como diría Nietzsche, pero también, entender que no debemos identificarnos de modo alguno con las corrientes anímicas y emocionales de la época. La ansiedad y la angustia son síntomas prácticamente universales en este tiempo, pero no debemos identificarnos con ellos, sino reconocerlos en nosotros como algo a combatir y aceptarlos hasta el fondo, porque sólo con una fuerza tal se puede poner fin a esto en nosotros mismos.

El vacío, que es algo que compone el núcleo de la esencia de las cosas, el núcleo donde las cosas se crean y el punto en el cual las cosas fueron destruidas. De cualquiera de las dos maneras, se trata de un punto cero, el cual nos da la clave desde el mismo origen del universo y de las constelaciones, de que el vacío lejos de ser un callejón sin salida, representa la clave para generar nuestra propia edad de oro, constituye la esencia de las cosas (el famoso sunyatta). Pero entendiendo que nunca será posible una tal cosa en lo exterior hasta que no hallamos hecho el recorrido interiormente, de lo contrario, seguiremos conformando la indeterminada identidad, como la fuerza de un mortero que muele todo formando una misma "cosa", proyectando la fuga del sí mismo en ese proceso colectivo disolutorio.


El punto cero puede verse como paisaje en las horas clave previas, tanto al amanecer como al atardecer. El punto cero del día que representaba la hora propicia para meditar y contemplar para muchas tradiciones, es una referencia distante pero no menos importante de que aceptar el vacío es la clave de usar la misma fuerza nihilista, ya no con fines destructivos, sino como impulso de aquella fuerza que todo lo tracciona, para llegar al resultado sin que la mente se rompa. Aquella falsa dualidad de fuerzas que ha quedado como herencia no deseada en esta época, es lo que nos hizo caer en primer lugar como Occidente, de lo que nos tenemos que levantar desde el vacío.

Cabalgar este gran tigre de fuerzas elementales y caóticas es la mayor prueba que se nos pueda presentar, donde quienes pueden permanecer sin que su mente se rompa, puedan exclamar con calma imperturbable: "me he probado a mí mismo, y en ese probar, he probado ser yo en toda circunstancia".


Lucas Cianfagna.-

jueves, 28 de mayo de 2020

🌎 Biopoder y Relaciones Internacionales





"Esta nueva forma de dominación de personas y de pueblos es mucho más eficaz que la dominación por la disciplina que se impone desde afuera de las personas o de los pueblos. Porque cuando una nación o una persona se ve agredida desde afuera, sus convicciones íntimas, sus sentimientos más entrañables, sus ideales más elevados, suele tomar distancia del agresor, atrincherarse en sí misma y disponerse a la resistencia."
Marcelo Gullo - ("Relaciones Internacionales: Una teoría crítica desde la periferia sudamericana")




Habiendo transcurrido casi 3 meses que se declarara esta enfermedad pandémica, necesitamos ajustar la visión y tener en cuenta que toda perspectiva de futuro tiene que ser por un lado tratando de comprender el fenómeno en todas las dimensiones posibles (enfoque integral en lo posible), y por otro lado, no olvidarnos nunca que nacemos en un lugar, tenemos un rol y una situación particular la cual nos obliga a poner siempre los pies sobre la tierra (situarnos).


Si hablamos de las relaciones internacionales no podemos obviar todo lo que ya se vino hablando antes de la pandemia inclusive, como lo es la guerra comercial entre China y Estados Unidos, por un lado, y todo el contexto de rechazo progresivo hacia las instituciones globales, las cuales no eran tan neutrales ni desinteresadas como se creían, algunos ya lo pensábamos, pero esto empezó a cobrar más sentido y relevancia. Este rechazo al globalismo como paradigma o "interdependencia compleja" en el cual "todos dependemos de todos de forma cada vez más equitativa, y los organismos son entidades neutrales que velan por esos valores cooperativos" vino hace tiempo nutriendo las posturas oficiales para tratar el tema y los lugares comunes de todo el que opinara algo sobre el sistema internacional. Pero con la pandemia se hizo evidente que aquello no era así, por ejemplo, a causa de las mentiras de la Organización Mundial de la Salud y el encubrimiento que realizó al Estado chino, lo cual logró que hasta un país adepto al orden internacional como Alemania pidiera explicaciones de forma enfática. 

Podemos también mencionar el caso de cómo Taiwán trató de aportar información sobre el origen del virus y la negativa constante de escucharlos por parte de la OMS a pedido expreso de China, se suma a otra de las contundentes evidencias que muestran que los organismos no son ni neutrales, ni desinteresados, menos aún con el expreso interés de Bill Gates en todo esto marcando el terreno y no sólo ofreciendo una vacuna patentada para la venta, sino incluso su inquietud por "reducir población a nivel mundial al menos en un 15%". Dejando de lado posturas conspirativas, no es exagerado decir que quienes tienen intereses y los han defendido hasta cierto punto "disimuladamente" hoy cuando se juega el sistema internacional, salen a la luz porque peligra su credibilidad.


Las teorías oficiales mismas explican esto sin necesidad de recurrir a fuentes conspirativas, el paradigma de "interdependencia compleja" o conocido como globalista, expresa que las mismas instituciones tienden a equiparar las condiciones que son cada vez más desiguales, y ayudar a que los países subdesarrollados puedan tener una compensación concreta, económica, por medio de las instituciones; traducción: las instituciones globales están para ayudar a los Estados más desfavorecidos. Eso dice la teoría, si vemos los números o si quiera la situación de los países, la realidad es todo lo contrario. Ahora bien, ¿cómo se puede sostener tales premisas de forma seria habiendo una contradicción tan grande? Si tomamos como base que la población mundial tiene un crecimiento que tiende a ser cada vez mayor (se acelera) la única forma de mantener una premisa de "equiparar las condiciones con compensaciones" al menos nos dice algo, que los recursos alcanzan cada vez menos, y si no hay voluntad en que cambien las condiciones para la producción y la distribución de recursos, queda por tocar una variable: la población.

Aún suponiendo que podamos descartar la intención de reducción poblacional o incluso el desestímulo a la reproducción en países subdesarrollados, ¿en qué condiciones nos van a dejar seguir aumentando la población? ¿Cómo será la "nueva normalidad" luego de que todo termine peor para los aparatos productivos nacionales que se han dejado engatuzar por la interdependencia y que ahora necesitan más de ellos mismos que nunca? ¿De qué forma podemos esperar a que el sistema internacional nos muestre un escenario más optimista? Si la nueva potencia que se perfila no va a compartir los valores morales de la democracia liberal como se la conoce, sino incluso el control y la vigilancia por medio del gobierno/partido oficial, como lo es China. Teniendo en cuenta de quién estamos hablando y qué volumen de población tiene, ¿no notamos una relación directa entre la población y la capacidad productiva/industrial y como factor de poder a nivel inernacional? Casualmente los países que pertenecemos al "subdesarrollo" tenemos déficit poblacional, y en casos como el de Argentnia puntualmente, pésima distribución.
 
 
Yendo a lo concreto, los dos grandes tipos ideales que se pueden identificar como denominador común en la historia de la humanidad respecto de las relaciones políticas han sido siempre las unidades políticas con o sin territorio, como lo marcó brillantemente Marcelo Gullo. La evolución de la humanidad ha ido siempre hacia integraciones mayores, con períodos de retroceso o con casos de excepción, pero las integraciones humanas corresponden a un mismo proceso geológico, de lo que fue la Tierra como una unidad de espacio, fragmentada en los continentes y luego el ser humano creando cultura y unidades políticas a partir de lo poco que encontró en un comienzo para ir relacionándose con las otras unidades, con todo lo conflictivo que eso representa. Estos dos tipos ideales los podemos identificar hoy, del lado de las unidades políticas territoriales como los Estados-nación y las no territoriales como los organismos internacionales, ONG y empresas transnacionales. El comportamiento de ambos ha sido históricamente el mismo, más allá de las formas particulares: las unidades polícas con territorio han tratado de asentarse, crecer y expandirse, mientras las unidades políticas sin territorio (antiguamente los nómades) han tratado sistemáticamente de vivir de aquellas primeras sin necesidad de hacer lo mismo y soportar las reglas que una unidad política impone.

La universalización de la "humanidad" y el "encuentro" entre culturas hoy pareciera que quiere ser garantizado por las unidades que históricamente no tienen territorio y han querido vivir siempre de las que sí, ¿no resulta llamativo? Siendo que en realidad han sido las unidades políticas territoriales las que han buscado expandirse y con ello extender cultura, con mejores o peores resultados, pero al menos siempre ha sido un proceso natural de evolución de la cultura, y no una imposición arbitraria y violenta de los que nunca han desarrollado nada, como ocurre actualmente con los supuestos "organismos neutrales". A esto habría que agregar el enfoque que comenzó a traer Michel Foucault en su momento llamado "biopoder", porque tiene que ver puntualmente con algo civilizacional en Occidente, y su causa se encuentra en el fundamento de la modernidad. 

La misma causa de desintegración de las grandes unidades tiene como origen la ausencia de objetivos, y esto vale para una unidad política llamada "Estado", como para un individuo llamado "persona". La ausencia de un horizonte que trascienda la mera preocupación por el "acá y ahora" es lo que convierte en desesperación y abandono de sí tanto a una nación como a una persona. ¿A qué voy con esto? Los pueblos que integramos esta civilización hemos perdido toda idea de futuro y de un destino propio, pero de esa situación se ha hecho un sistema internacional, entonces nos cabe preguntarnos: ¿de qué manera estamos viviendo? ¿Somos siquiera dueños de nuestra forma de vida "animal" o más bien somos llevados hacia ella de forma pasiva? El biopoder se nutre específicamente de esto, de nuestro olvido de que no sólo podemos vivir, sino también tenemos la capacidad de crear cultura, o sea, de "vivir bien". El biopoder definido como la interferencia en la libertad de las personas por el gobierno directo hacia sus vidas y sus cuerpos, se ve manifestado en este paradigma de las relaciones internacionales, que han hecho del ser humano un animal de consumo y una bestia a domesticar, lejos de la idea de derechos humanos, estamos ante un paradigma de vigilancia y control que tiende a la bestialización de la especie. Lo cual también está lejos de una humanidad re-encontrada e integrada en lo universal.


Lo que se juega en esta época es aquella contradicción civilización vs cultura, donde a la primera la caracteriza la técnica independiente del dominio humano como paradigma, y a la segunda la voluntad y libertad humana de conocerse a sí mismo y emplear la técnica como lo que fue en su origen, un arte (techné en griego). La civilización es lo que conocemos hoy como el impulso hedonista por satisfacer placeres inmediatos, nos comportamos como animales sin el freno instintivo que ellos tienen por costumbre para sobrevivir, y esto es porque no entendemos la verdadera potencia que significa la dimensión humana. Como diría Nietzsche, el humano es una cuerda entre lo bestial y lo que es superior a lo humano (superhombre), la civilización ha tratado de vivir en esa cuerda, sin darse cuenta que estar en la cuerda dura poco y que más temprano que tarde, se termina cayendo en lo bestial, por no elegir superarnos a nosotros mismos. 

Si en cambio nos planteamos recuperar los objetivos, conocernos a nosotros mismos y descubrir qué significa ser argentino, sudamericano, occidental, es mucho más probable que entendamos a nuestra propia manera, qué es ser humano, pero si no empezamos por casa, nunca vamos a poder abarcar todo. ¿Vamos a decidirnos entonces construir cultura, tener voluntad de poder (posibilidad) y decidirnos que como nación, como continente y como hemisferio, ser la mejor versión de nosotros mismos? Alguien podría decir, ¿qué tiene esto que ver con las relaciones internacionales? Pues diría que tiene todo que ver, porque las relaciones internacionales entre países hoy está construída mediante la civilización de la técnica exacerbada, sin ética. La posibilidad de cultura no la podemos esperar de los organismos que viven de este estado de cosas, sino de nosotros mismos aceptando de dónde venimos para plantearnos a dónde queremos ir, y en esa confluencia de voluntades habrá una integración, no ideal ni antojadiza, sino real.
 


Lucas Cianfagna.-